Libardo Gómez Sánchez, Neiva, abril 30 de 2018

Apenas han transcurrido diez  años desde que el gobierno decidió intervenir la pirámide de DMG y sus copias, que se apropiaron del ahorro de miles de ingenuos e improvisados inversionistas, tal parece que la gente no aprende la lección; si los datos de las encuestas coinciden con el resultado electoral el próximo 27 de mayo, no tendremos más remedio que aceptar que los colombianos estamos acostumbrados a   ignorar el sabio adagio que reza: “de eso tan bueno no dan tanto”. Las elecciones presidenciales se convertirían en la Pirámide de mayores proporciones en mucho tiempo.

 

Los candidatos del establecimiento, en especial, Duque y Vargas Lleras prometen que arreglaran el país  ahora sí, lo que en ocho años cada uno, no hicieron Uribe ni Santos y para eso mantienen el modelo de Libre Comercio; prebendas para el capital extranjero, en grado sumo si es explotando nuestros recursos naturales; concesiones del territorio a granel; subasta a menos precio de las pocas empresas del Estado que aún nos quedan; salud y educación de pacotilla; subsidios mientras el desfalcado erario lo permita y garrote si alguien se atreve a reclamar.

 

Pero por otro lado, el candidato de la Colombia Humana que se presenta como el cambio que tanto esperan los atribulados ciudadanos de las ciudades y el campo, ofrece sin sonrojarse: educación gratuita, paneles solares en todas las casas, generación de energía sin consecuencias ambientales y hasta propuso comprar los ingenios azucareros en problemas de Ardila Lule, ahora apretado por las importaciones de edulcorantes, etanol , sanciones de las superindustria y comercio y campañas mundiales contra el consumo de azúcar; así hasta el magnate de las gaseosas podría pensar en darle el voto; sin embargo los recursos económicos que se requieren para poder cumplir con estos ofrecimientos no los tiene la hacienda pública  quebrada; Chavez lo pudo hacer en Venezuela mientras tuvo precio del petróleo por las nubes, pero cuando le correspondió a Maduro administrar sin esa bonanza todo se vino al suelo.

 

Contrasta con el programa de Fajardo que plantea incrementar el presupuesto de educación con lo que se le quite a la corrupción; revisión de los compromisos de los TLC para medir sus impactos; energía incluso con petróleo mientras se avanza en las alternativas; trato diferencial a la pequeña y mediana empresa  del campo y la ciudad; control a los monopolios; educación y ciencia como ejes del desarrollo, en un proyecto de largo alcance para transformar esta nación.

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