Finalizaron las dos Cumbres que se realizaron en Cartagena la semana pasada. Una, la oficial, conocida como la de Las Américas, gozó de todas las garantías, comodidades, “ríos” de dinero, derroche de espectáculos y discriminación a los cartageneros. Habría que sacar la relación costo – beneficio, pero me atrevo a asegurar que fue más lo que gastaron tanto el gobierno nacional como los territoriales, que las utilidades; esto se agrava si tenemos en cuenta que el regalo del presidente Santos al de Estados Unidos, Obama, consistió en las leyes y decretos que le permite al país del Norte tomarse el mercado interno de Colombia en detrimento de la producción y el desarrollo nacionales. El balance tiene que ser desastroso.

“Que exclusivistas”, decían los nativos; “maquillaron la ciudad como cuando vino Clinton, que se marchitaron las palmeras sembradas en la avenida Santander y nada se supo de la casa prometida a la viejecita del barrio Chiquinquirá”, explicaba el otro con sorna. Me dejaron pensando para concluir en que fueron más lejos que entonces. Como antes, el objetivo era mostrar una Cartagena como si estuviera habitada por ciudadanos “prósperos democráticos”, ojalá bien ricos; por esta razón, los que no clasifiquen, tocaba recogerlos, de la misma forma que con las basuras. El problema es que esa “basura” era más abundante que lo de servicio; entonces “inventaron” lo mismo que las ciudades que precedieron como sede de dicha Cumbre: “barrer para dentro”, me replicó un amigo. Sí, guardar la basura debajo de la alfombra, aseguró.

Recogieron los mendigos y “loquitos” -en la Cumbre quedaron muchos sueltos-; el alcalde dijo que los llevó a una residencia, “donde los bañaron y están atendidos; finalizada la Cumbre estudiaremos cuáles “indigentes no son de aquí” para tomar medidas de rigor”, es decir, volverlos a dejar a su suerte. A los vendedores ambulantes y estacionarios -que afean la ciudad- les prohibieron trabajar pero en la plaza La Paz, en plena Torre del Reloj, montaron el negocio privado de los “Juanes Valdés”, -los que se apoderaron del patrimonio público del Fondo Nacional del Café, así lo denunció el senador Robledo-; entonces los tinteros en protesta repartieron café gratis hasta cuando la “Prosperidad Democrática” los amenazó con la “fuerza disuasiva” de los Esmad: “No nos dejemos joder de los robocop”, gritaban; otro dijo: “es mejor quedar vivo para que vayamos a vender a la Cumbre de los Pueblos, en esa sí cabemos”. Sacaron a los nativos vendedores de artesanías y les montaron una cadena de almacenes; armaron tarimas en el castillo San Felipe, acto rechazado por los cartageneros; decretaron la ley seca durante tres días, que significó un sacrificio para muchos, con lo cual en la práctica cerraron once kilómetros de playas, dejando sin sustento a carperos y vendedores; agreguen el “raqueteo” y consultas en los computadores de la seguridad democrática, y las restricciones del transporte público y privado, cerrando la ciudad amurallada para garantizar los bacanales de los ilustres.

Me concentré en la Cumbre de los Pueblos. De ella conocía algo pero no tendría perdón si me la perdiera en vivo y en directo. Trabajaron con las uñas, ignorados por los consorcios de la comunicación, aquellos que manipulan las agendas y ponen presidentes, máxime con la decisión de respaldar un modelo económico que les da toda la “confianza inversionista”, y patente para barrer la basura debajo la alfombra. Los Pueblos de América tuvieron su verdadera voz y en el Manifiesto, los movimientos sociales del Continente expresaron: “llamamos a adoptar una posición conjunta acerca de las relaciones hemisféricas y del rol de la política de EEUU, exigir que se debatan los verdaderos problemas de la población, denunciar la política guerrerista de Washington, exigir la desmilitarización, que se priorice la generación de trabajo digno -para ello es fundamental la garantía a la libertad sindical y la negociación colectiva- y el fin de la violencia contra trabajadores rurales y urbanos del continente”. Pidieron a los gobiernos “restablecer el derecho de Cuba a pertenecer al sistema multilateral y que le exijan a EEUU el cese del bloqueo y la hostilidad sobre gobiernos que no siguen sus dictados”. Finalmente, solicitaron transformar las relaciones económicas basadas en Tratados de Libre Comercio, el extractivismo, la exportación de productos básicos y en la promoción indiscriminada de la inversión extranjera, buscando en cambio relaciones de cooperación y beneficio recíproco y atendiendo a las mujeres para superar su discriminación y graves condiciones socioeconómicas”. Consultar en www.cumbredelospueblos2012.org.

¡El Manifiesto fue construido con la voluntad de todos; los pueblos de América deben juntar esfuerzos para conquistarlo!

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