Juan Manuel Santos llegó al solio de Bolívar en las ancas del ex presidente Uribe, quien le endosó la votación al fracasarle su plan A de la “tri-elección” y no poder “montar” un sujeto más dócil para sus propósitos. Su llegada a la presidencia de Colombia es fruto de la estrategia de las multinacionales y Estados Unidos, que al ver como crecía la oposición al modelo económico neoliberal y la forma chabacana del ex presidente Uribe de aplicarlo, necesitaban de un gobierno más embaucador o “conciliador”, pero que en últimas continúe profundizando la apertura económica y el libre mercado. Además, que en caso de ser necesario hacerlo a la fuerza, tampoco le tiemblen las manos.

Juan Manuel Santos ha hecho parte de todos los gobiernos neoliberales desde el año de 1990 y en cargos determinantes como los ministerios; por lo tanto tiene un vasto conocimiento sobre dicha formulación económica y social. Su dilema era cómo implementarlo y con quiénes. Es entonces cuando inventa lo de la Unidad Nacional, que es una amalgama de dirigentes –que defienden sus propios intereses- de los partidos liberal y conservador y otros provenientes del uribismo -desprendidos de los anteriores- y algunos que han entrado a sus filas, por convicción o por confusión en la creencia de que derrotando a Uribe, en beneficio de Santos, se acaba la contradicción existente entre la Nación y el modelo de desarrollo.

Teniendo construida esa Unidad Nacional, en la cual se determinan los proyectos de leyes y reformas, le quedaba al presidente Santos otro dilema por resolver: el tipo de oposición que le sirva a su gobierno. Hasta su ascenso al poder, sólo un partido osó -en consecuencia con su programa y principios- colocarse al frente de dicha oposición; en este caso el Polo Democrático Alternativo definió con certeza que es una oposición sin calificativos, porque es contra el modelo neoliberal, por la defensa de la soberanía económica y territorial, por la conquista de las libertades democráticas y en contra de la corrupción, es decir, una oposición que plantea una lucha contra la venta y despilfarro del patrimonio y la búsqueda de un nuevo estado de bienestar social, que se encuentra en las garras del sector privado y de las multinacionales, los que con sus astronómicas ganancias han logrado afianzar una política retrógrada, reaccionaria, de atraso y de miseria contra millones de colombianos.

En realidad, ésta oposición no le sirve al gobierno de Santos fiel cumplidor de los mandatos de la banca multilateral, que junto a las multinacionales son los instrumentos de EEUU para saquear a los países subdesarrollados. Por eso lanzó la campaña de cooptación de dirigentes, especialmente a los que en sus años mozos fueron de izquierda, que han transitado por movimientos a los cuales les dan toda clase de denominaciones para seguir presumiendo de “revolucionarios”, pero que en el fondo se acercan a esa derecha reaccionaria; allí nace la fábrica de la falsa oposición que termina cohonestando con todos los objetivos del paradigma de Santos, creando nuevos grupos que confunden a la población hasta el punto que hoy nos dicen que el actual vicepresidente de la República o el ex presidente Uribe son opositores al gobierno Santos. Basta aclarar que podrían serlo a algunos de sus métodos, pero no a su contenido, que es el modelo neoliberal, resumido en la gran confianza inversionista, la “despatrimonialización” y desindustrialización de la Nación, el arrasamiento del aparato productivo, la privatización de derechos fundamentales y servicios esenciales, desempleo estructural reemplazado con informalidad, envilecimiento de salarios y el recorte de las libertades democráticas, como la criminalización de la protesta social con la Ley de la Seguridad Ciudadana.

Los verdaderos demócratas tienen su razón de ser en la defensa de la Nación, que está atravesada por la lucha contra el modelo neoliberal, por lo cual, citando a Francisco Mosquera, “hay que promover una lucha ideológica y política que: desenmascare la demagogia oficial; alerte o neutralice a sectores vacilantes y abrace las luchas de la población porque sus conquistas no serán fruto de dádivas del Gobierno, sino de su acción beligerante y unificada de las mayorías perseguidas”.

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