Editorial periódico Unión Cafetera de Colombia Nº 32, noviembre de 2004

El precio interno del café.

El 8 de noviembre el café colombiano alcanzó la más alta cotización internacional de los últimos cuatro años: 88 centavos de dólar por libra. Con relación a la de inicios de 2004, 65 centavos, significa un alza superior al 30%. Sin embargo, el precio interno que reciben los productores no tiene un aumento igual. Hace 10 meses vendieron su producto a $330.000 por carga y, si se compara con lo que para la segunda semana de noviembre recibirán, a un promedio de $ 360.000, apenas el alza será del 10%. Esto conduce a preguntar si una política cafetera así tiene al productor como su primer beneficiario o, en otras palabras, ¿qué papel está cumpliendo el Fondo Nacional del Café?

Esa duda es mayor al saberse que, según datos oficiales, hace dos años, por cada 100 pesos que se recibían del exterior, al cafetero se le entregaron 80, hace un año fueron 76 y, en el presente, con las cotizaciones más altas, sólo se le retribuyen algo más de 60. “Que ahora la culpa es del dólar”, dice el ministro Carrasquilla, olvidando que además en 2002, 2003 y 2004 los productores de café han aportado al Fondo más de $400.000 millones por concepto de la llamada contribución cafetera sin que uno solo de ellos se haya utilizado para trasladarles en el precio de compra algo adicional a lo que reportan la cotización externa y el valor del dólar. La contribución fue creada en la Ley 788 de 2002 con el único propósito de “mantener el ingreso cafetero”. Una buena porción se gastó en contratos de publicidad, en el “Profesor Yarumo”, en obras públicas y gastos de los Comités Departamentales, entre los motivos que no son imputables al objetivo del Fondo. Sólo una cuarta parte se ha aplicado, como se fijó por la ley, a cubrir los pasivos. De modo que lo que hoy a muchos puede parecerles una gran remuneración para el café, en verdad está muy por debajo del que debería ser su verdadero nivel.

No solamente no se ha aplicado la contribución. El gobierno del presidente Uribe se ha dado maña para, mediante la manipulación de las variables correspondientes, burlar la entrega del subsidio completo de $30.000 por carga que se conquistó en el Paro Agropecuario de julio de 2001. En el lapso de dos años, el mes cuando más apoyo se suministró al productor fue en diciembre de 2003 con $14.000 por carga. Y, como se ha denunciado por parte de algunas cooperativas y por los representantes de los exportadores privados, “el pago del subsidio al caficultor lo han tenido que asumir en el momento en que compran el grano y el Gobierno condiciona su reembolso a través del Fondo Nacional del Café a las disponibilidades presupuestales “.

No es entonces merced a la política cafetera oficial como están subsistiendo las 566.000 familias productoras. Es debido a la reducción individual de costos al pagarse menores salarios, al acortarse las prácticas agrícolas con menor uso de fertilizantes o al haberse hecho esfuerzos inmensos, disminuyendo los consumos de los hogares, por renovar los cultivos aumentando la densidad de siembra. Así es como han resistido la pérdida del poder adquisitivo, por ejemplo, de un 25% con relación al precio de los fertilizantes en los últimos tres años, o del ACPM en un 22% desde hace dos, el cual se volvió cada vez más importante para reemplazar al carbón coque como combustible para el secado del grano en los silos, ya que este último ha tenido un incremento escandaloso al pasar de $240 a $ 400 el kilo entre marzo y agosto de 2004. Debido a ello, al porcentaje tradicional del 50% de los productores que al carecer de un adecuado sistema de beneficio venden el “café mojado”, se le está agregando un número mayor, afectado por esa nueva circunstancia. En Tolima, Huila y en amplias zonas del Eje Cafetero, por esta razón, decenas de miles de caficultores están recibiendo hasta la mitad del valor oficial de compra al productor. Es decir, el publicitado “precio piso” cada vez cubre a un grupo menor.

La Producción, las Exportaciones y el balance social

El balance de la economía cafetera muestra un descenso consecutivo de la producción y de las exportaciones. Este año, con relación a los dos anteriores, la producción de café de Colombia cayó en 900.000 sacos de 60 kilos, al ser de 11`050.000 habiendo sido de 11`950.000, y las exportaciones en casi medio millón al ser de 10`182.000 desde 10`629.000. Esto ha rebajado los inventarios de FEDERACAFÉ a mínimos históricos, que inclusive han sido puestos en entredicho por la Contraloría General, y a cuyo cargo además se han emitido títulos de financiación de las operaciones comerciales.

Las secuelas sociales en las regiones cafeteras se agravan más con el tiempo. Los recientes reportes de desempleo de las capitales del departamento del Tolima y del Eje Cafetero, altamente dependientes de la economía del grano, son abrumadores. En todos los casos superan el 17% y en Manizales e Ibagué al 20%. En el conocido informe del PNUD para la región central, en 21 de 51 municipios el ingreso por habitante viene en picada en la última década, y, con relación a los últimos cinco años, apenas cuatro han podido revertir esa tendencia. Los resultados actuales no permiten pensar que ahora las cosas vayan a mejorar. Frente a esto la Federación trata de reemplazar su ineficaz política productiva, la que deja en manos del mercado, presentándose ahora como la mayor ONG del país empeñada en políticas asistenciales “hacia los cafeteros más pobres entre los pobres”.

La especialización en especiales: La Estrategia Oficial Prioritaria

En sentido contrario a esta realidad y a las del mercado mundial, donde definitivamente Colombia dejó de ser el segundo exportador, la estrategia de la política cafetera oficial consiste en la “especialización en cafés especiales”, apoyados en la controvertida idea de las Tiendas Juan Valdez. El presidente Uribe, en el Consejo Comunal en Ciudad Bolívar (Antioquia) a inicios de noviembre, así lo ratificó: “por eso en buena hora han empezado las tiendas, la Federación ha abierto 10 en el país, abrió ya una en Washington otra en Nueva York, el doctor Gabriel Silva está contento con el resultado y hoy va a confirmar aquí que empieza el proceso masivo de tiendas de café en julio”. Esta propuesta, cuyos elementos se analizan con detalle en una entrevista que para tal efecto concede en este número de Unión Cafetera el senador Jorge Robledo, definitivamente no cobija a la mayor parte de los caficultores colombianos sino a grupos minoritarios, quienes tienen el derecho y la oportunidad de llegar con productos que les den mayores ingresos, pero a cuyo apoyo y estímulo exclusivo no pueden dedicarse los primeros esfuerzos y los más urgentes recursos que deben redundar en beneficio de la mayoría. No puede tomarse la parte por el todo, engañando a la opinión, ni convertir un proyecto de una empresa privada, como son “las tiendas” de la firma Procafecol S. A., en el centro de la política de un sector agobiado, dejándolo al arbitrio de la especulación en las bolsas internacionales y el mercado del dólar.

Tres datos reiteran lo hasta aquí dicho: Solamente el 4% de las exportaciones colombianas son cafés especiales, el resto son un 8% de cafés supremos y un 88% de café para el mercado convencional. Hasta el año 2006, con muchos esfuerzos, escasamente el 10% de los productores gozarían de sobreprecios por esa especialización. Finalmente, las once tiendas, que ya estaban funcionando en septiembre de 2004, únicamente habían comprado desde noviembre de 2002 alrededor de 2.000 sacos en total. Cada tienda vende en promedio al año no más de 300 sacos. ¿Qué pasará a la luz de esta estrategia con el destino del grueso de los cafeteros y del café?

El regreso de Estados Unidos a la Organización Internacional del Café.

Finalmente, se está haciendo una gran algarabía con el reingreso de Estados Unidos a la Organización Internacional del Café. En este asunto, como en casi todos los demás temas actuales relacionados con la industria del café, se ocultan verdades que deben ser de conocimiento público. El regreso de Estados Unidos se efectuó con base en aceptar las modificaciones que exigía en los requisitos de calidad del café que se comercia a nivel mundial. Para satisfacer a los gringos se cambiaron aspectos sustanciales de la resolución 407, que regía las pautas de calidad del mercado y vigente desde octubre de 2002, por criterios mucho más relajados consignados en una nueva, la 420, aprobada en mayo de 2004. Lo más lamentable es que el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros no sólo promovió el hecho sino que lo ha celebrado aunque nuestro café, el de mayor calidad, se vea menoscabado con esa decisión.

En tanto la resolución 407 establecía unas normas mínimas en defectos y humedad para todo tipo de café, por fuera de las cuales ningún grano podría exportarse, la 420 crea, con base en los distintos tipos, cuatro categorías permitiendo aún el comercio de aquellas que no cumplan con las normas mínimas. Mientras la 407 estipulaba los “certificados de origen” sólo para aquellos cafés que cumplieran las normas, la 420 expide certificado para todo embarque especificando as respectivas deficiencias incluso de los que son inferiores en defectos y humedad, esto facilita el mercadeo de “cafés basuras”. Antes la resolución 407 pedía a los importadores, como Estados Unidos, “hacer todo lo posible” por notificar a la OIC los embarques irregulares, ahora la 420 sólo les pide que “se esfuercen” por apoyar el nuevo sistema. La resolución 407 pedía a los exportadores “hacer todo lo posible” por no incluir cafés inferiores en ningún tipo de embarque y la resolución 420 simplemente les pide que describan en el formulario la clase de producto que envían. El etiquetado que era obligatorio queda como algo opcional en el marco de las iniciativas del sector privado. ¿Cómo, después de este cambio, se celebra el reintegro de Estados Unidos? Al amparo del libre comercio, se institucionalizó el tráfico de ripio, pasilla y cuanta “impureza” de bajo precio requieran las multinacionales para sus mezclas que ahora también reexportan aromatizadas. Aquí el gran perdedor fue, sin duda, Colombia.

Conclusiones

La política cafetera oficial no ha estado nunca tan alejada de las necesidades del caficultor como en los dos últimos años. Todos los indicadores que se relacionan con el progreso de campesinos, de jornaleros y de las regiones de cultivo desmienten la propaganda gobiernista al respecto. Baja la producción, caen las exportaciones, no cede el desempleo, los fondos se utilizan en destinos distintos al ingreso del productor y los desvelos se ocupan en sacar provecho privado del esfuerzo general como en el caso de las “tiendas”. El presidente Uribe se retrata “charoleando” en esos establecimientos con el fin de enviar falsas señales positivas y hacer demagogia. No obstante, la tranquilidad no ha vuelto al hogar cafetero.

Dicha tranquilidad podrá verse más perturbada cuando en los próximos años, para un grupo considerable de caficultores, no haya excedentes suficientes para iniciar los primeros pagos de las obligaciones hoy refinanciadas. Ahí será la hora de nona. A tan incierto futuro han de añadirse todos los males que como colombianos los cuatro millones de habitantes de la región cafetera les acarreará el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que abarca hasta el ingreso de café procesado en ese país a nuestro territorio. ¡Quién iba a creerlo! Café reexportado por los gringos va a venir acá! Ni siquiera ese renglón quedará por fuera de la presencia de las multinacionales y monopolios norteamericanos. A la pobreza que la mísera política cafetera oficial nos conduce habrá de añadirse la condición colonial que ese tratado le traerá al país.

Sólo el avance de una corriente genuina como la que ha representado UNIDAD CAFETERA, desde su fundación por Fabio Trujillo y Jorge Robledo, se fortalecerá la Resistencia Civil necesaria para dar al traste con tanta iniquidad y enormes inequidades. En la acción decidida de los caficultores más esclarecidos está la clave para conducir al resto a la elucidación de las causas de su penosa situación y para proceder en consecuencia a “poner en orden la casa”. Quienes abrigaron ilusiones en el devenir de mejores tiempos cafeteros a partir de 2002, los hechos les irán brindando las lecciones necesarias; pero por ahora vamos peor que nunca.

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