Carlos Andrés Echeverry Restrepo, septiembre 13 de 2003

“Arriba y abajo hay dos lenguajes
Dos pesos, dos medidas,
Los hombres tienen idéntica figura
Y no se reconocen
Aún los que están abajo siguen estando abajo
Porque permanecen arriba aquellos que ya estaban arriba”
Bertolt Brecht, Santa Juana de los Mataderos

Aquí, abajo, los vendedores ambulantes, los transportadores locales, los pequeños comerciantes, los campesinos, los obreros, los estudiantes, los enfermos, los desempleados, las madres comunitarias, los recicladores, los desplazados, los profesores, los indígenas, los negros, los niños, ésos que siguen estando abajo, hundiéndose cada vez más.

Y allá, arriba, el capital financiero y sus apatridas súbditos.

Es nuestra Colombia de los Mataderos, la Colombia que mata esperanzas y derechos, la Colombia que lapida soberanía y futuro, que elimina equidad y libertad. Pero no es la Colombia de los de abajo, de los que siguen estando abajo; esa Colombia de los Mataderos es la de los de arriba, la de los gobernantes de la mano fuerte y el corazón grande, de los socialdemócratas de la mano fuerte y el corazón grande, de los de la izquierda de la mano fuerte y el corazón grande, de los empresarios de la mano fuerte y el corazón grande y de los de afuera de la mano fuerte y el corazón grande.

Mano fuerte para los de abajo, corazón grande para los de arriba, o sea, para ellos mismos.

Esa es nuestra realidad, un contexto que queremos transformar para ver libres a las futuras generaciones de colombianos de la esclavitud de un modelo económico que nos empobrece y enajena, de la tiranía del autoritarismo que disfrazado de democracia la destruye rápidamente, del predominio de la corrupción política que demuele la institucionalidad y de la entrega consentida de los derechos individuales y colectivos que nos indigna.

No es una tarea fácil, pero no caben excusas ni circunstancias atenuantes para declinar en nuestras aspiraciones por defender, educar y organizar a nuestros coterráneos desde las corporaciones públicas a las cuales aspiramos, y aunque sabemos de antemano que dichos escenarios no representan garantía alguna para dar soluciones mágicas a los problemas sociales y económicos que agobian a nuestra nación, sí estamos seguros que son sitios propicios para que nuestras voces reverberen con mayor fuerza ese murmullo generalizado que clama por un nuevo país.

Toda ideología asume una función doble: debe dar significado al mundo y permitir que cada cual afirme su posición en él. Nuestra ideología es simple, explica la realidad que nos circunda como el producto de una lucha entre dos fuerzas distintas: aquellas que propenden por imponer la lógica de los poderosos y las que se resisten a ellas convencidas que la autodeterminación y la soberanía de los pueblos fraguan la verdadera libertad. Y nuestra posición está firme en esa segunda fuerza de la cual nos asimos resistiendo, civilmente, con patriotismo y convicción; con esperanza y determinación, con fuerza y organización.

Y nuestra ideología nos impulsa a luchar contra el ALCA, las privatizaciones, el referendo, la corrupción y el unanimismo político, pues vemos que seguirán llevando a los de abajo aún más al fondo y a los de arriba más allá de la cúspide.

Es por esto, que en representación del Movimiento de Reconstrucción Democrática Nacional y con el valioso apoyo del MOIR, Unidad Cafetera y otras organizaciones cívicas que acompañarán estas dos aspiraciones, verdaderas alternativas patrióticas a la Asamblea Departamental y al Concejo de Pereira, seguiremos en la difícil pero ineludible y necesaria lucha contra las privatizaciones de servicios inherentes a la función social del Estado, defendiendo a las minorías atropelladas por el capricho de egoístas dirigentes, anunciando las nefastas consecuencias de la implantación del ALCA en Colombia el cual agudizará aún más los conflictos de nuestras regiones, y velando porque la difícil situación social y económica no siga arrebatando las esperanzas de la población por alcanzar un futuro más próspero y democrático.

Mención especial merece nuestra visión frente al referendo uribista. Vale la pena reiterar que nuestra posición es el de la abstención activa. No merece discusión profunda el verdadero interés del Gobierno con este proyecto, cual es el de realizar severos ajustes fiscales que pagarán en últimas los ciudadanos más pobres, mientras acude al manido lema de “contra la corrupción y la politiquería” -que no representa garantía alguna para que el referendo solucione dichos problemas-, como anzuelo para que los colombinos validemos, legitimemos y paguemos con nuestros derechos laborales, los equivocados y anunciados desafueros que en materia económica han incurrido nuestros gobernantes.

Esa es nuestra posición. Esperamos que ustedes nos apoyen en esta nueva etapa, en la cual seguiremos validando nuestro único interés de defender con patriotismo la dignidad y los derechos de esas futuras generaciones de colombianos, que les corresponderá disfrutar, o continuar recorriendo este largo camino, para llegar a la sociedad más justa y democrática en la que anhelamos vivir.

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