Nunca está demás retornar al tema del ALCA, cuestión que tiende a asumir un rol central en la acción política de los movimientos populares y partidos de izquierda de América Latina. La agenda política esta repleta de eventos en los cuales el plan de anexión continental del imperialismo será puesto en debate. En diversos países sud y centroamericanos y caribeños se realizarán en los próximos meses, encuestas y plebiscitos no oficiales, auspiciados por entidades sindicales y populares, en los cuales la población será llamada a decir SI o NO al ALCA. Están previstas movilizaciones y la realización de encuentros nacionales y continentales con la idea-fuerza de condenar al ALCA. La propia campaña electoral en curso en Brasil es un momento privilegiado para debatir el tema y ayudar a esclarecer al pueblo brasileño sobre un proyecto que tendrá implicaciones de largo plazo para la vida nacional. No faltará, como no ha faltado, tergiversación. El candidato del gobierno y otros que puedan ser adecuados al sistema distorsionan y hasta procuran esquivar el espinoso problema. Por el contrario, Lula, de la coalición PT, PdoB, PL, PMN, PCB en el acto de lanzamiento de su programa en Brasilia dejó clara la posición de las fuerzas antineoliberales brasileñas: en los términos en que está propuesta, el ALCA es inaceptable.

El ALCA no sirve a América Latina. Menos aún al Brasil. No por razones coyunturales que puedan ser tratadas en el ámbito de las negociaciones puntuales bilaterales y/o multilaterales, sino por las asimetrías entre nuestra economía y la del gigante del Norte. Esas asimetrías exponen al país a serios riesgos que condicionarán la “competencia”, con graves repercusiones sobre su estructura productiva. No puede haber incoherencia mayor entre preconizar “esfuerzo exportador” y aceptar el ALCA. La obtención de mayores saldos comerciales es incompatible con la integración en el área de libre comercio concebida por los Estados Unidos. La defensa de la soberanía brasileña requiere el rechazo del ALCA. En el gobierno, las fuerzas progresistas deberán combinar firmeza con sabiduría y utilizar con habilidad las enormes potencialidades de la economía brasileña, el hecho de que tenemos la tercera economía del hemisferio, la más industrializada y diversificada del hemisferio sur y oportunidades aún inexploradas de sociedades comerciales ventajosas. Es un mito decir que NO, porque nos aislaríamos. El Embajador Samuel Pinheiro Guimarães, despedido de Itamaraty debido a su patriótica posición contra el ALCA, profundo conocedor del asunto, llega a opinar que incluso si los demás países latinoamericanos adhiriesen, el Brasil solo podría recorrer um camino alternativo al ALCA. Son consideraciones importantes porque no podemos esperanzarnos en la expectativa de entrar en un ALCA “ideal”.

Por dos razones muy simples que convinen resaltar. Primero, porque el ALCA fue generada según una concepción imperialista del dominio del mundo, en cual la hegemonia absoluta sobre las Américas por los Estados Unidos es esencial. Cuando George Bush I lanzó a idea de crear el ALCA durante su gira por América Latina en 1992, los Estados Unidos estaban embriagados con el triunfo sobre el “Império del Mal” y convencidos de que era el momento de su apogeo y de la victoria definitiva de la “civilización” por ellos liderada. En la izquierda y la derecha, hubo quien se dejó fascinar por la idea. El período que seguió, la “era Clinton”, fue paradigmático del poder de seducción de ese imperio. Una década después, la estrategia es la misma. Cambian apenas las circunstancias en que el imperialismo busca su concretización: crisis en su sistema económico y financiero, predominancia de una política agresiva, en la que el recurso a la guerra es una opción trivial para los círculos dominantes en la Casa Blanca y un ambiente de efervescencia política de masas, con rebeliones de diferentes tipos, en que se van mezclando los ingredientes de una situación objetivamente revolucionaria, la cual es un tema sobre el que nos detendremos en otro momento.

La segunda razón por que no debemos dejarnos engañar por la promesa de un ALCA ideal radica en la crisis del sistema económico y financiero norteamericano. Los Estados Unidos dependen hoy del ALCA como cuestión de supervivencia. Con un déficit comercial global que alcanza los 400 mil millones de dólares, los Estados Unidos apuestan al ALCA como fuente para compensar esas inmensas pérdidas de su economía en crisis. América Latina es la única región del mundo con la cual los Estados Unidos pueden obtener superávit comercial. Para eso, cuentan, con prioridad, con el mercado brasileño.

En el debate sobre el ALCA es común la abstracción del factor tiempo. Es cierto, el ALCA no está en vigor y hay tiempo para maniobrar, resistir, demorar, ganar fuerzas para impedir que se consuma el plan neocolonialista. Sin embargo, debemos tener en cuenta que hay una institucionalidad del ALCA en pleno funcionamiento que tiende a crear hechos consumados e irreversibles. Desde la gira latinoamericana de Bush I en 1992, se realizaron tres Cumbres de las Américas -Miami (1994), que proclamó el ALCA, Santiago (1998) y Quebec (2002)- y siete reuniones de ministros de Comercio del Hemisferio, que comenzaron y desarrollaron negociaciones y pusieron en marcha grupos de trabajo, comisiones temáticas y comités y están cumpliendo estrictamente un cronograma de trabajo y acuerdos con plazos definidos, cuyo momento decisivo será el año 2005. Por lo tanto, el país precisa de tiempo para reconsiderar su posición, lo que implica suspender las negociaciones en curso. De otro modo, nos restaría entrar primero en el ALCA y discutir después, lo que sería inocuo. A grosso modo, es como la sangría de divisas. O se interrumpe, o el país irá a una crisis cambiaria, la liquidación de las reservas, la moratoria técnica…

Colocadas las cosas en esos términos, se trata de crear las condiciones políticas para una confrontación de intereses inevitable entre el Brasil y el imperialismo norteamericano. La enormidad del problema exige perspicacia, amplitud de métodos, claridad de objetivos. La lucha contra el
ALCA tiene que servir al Brasil, antes que servir a mezquinos proyectos de grupúsculos incongruentes con la unidad popular y la lucha de masas. En nombre de la soberanía nacional, de la defensa del Brasil, es urgente hacer un llamamiento a decir NO al ALCA, crear foros y movimientos amplios que permitan la manifestación del vasto espectro de corrientes y sectores que se oponen a la anexión neocolonialista del Brasil.

Vicepresidente del Partido Comunista del Brasil, Responsable de Relaciones Internacionales

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