Ha finalizado un nuevo proceso electoral que evento tras evento deja más cansancio y resignación en la población. Las preguntas que se hacen son: ¿cuál es la razón para que ganen los mismos?, ¿por qué no hay grandes cambios?, ¿por qué los pocos “cambios” son para mantener igual el estado de las cosas? o ¿por qué no surgen con fuerza o se consolidan nuevos partidos?, ¿dónde están las nuevas visiones y proyectos de localidad, ciudad, departamento o Nación? Y en últimas ¿cuáles son las razones para que las mismas familias y/o partidos nos dirijan por cerca de 200 años?
Son reiterativos los reclamos por la falta de garantías para participar de la democracia y la queja es por las condiciones de desigualdad en la competición. Desde que nacen hasta que los exterminan, los movimientos minoritarios son víctimas de verdaderas molidas sin darles posibilidades de crecimiento. ¡Y de ello sí que sabe gran parte de la clase gobernante!, que conoce los métodos más sutiles y los terroríficos. Es imposible hablar de profundizar la democracia cuando la mayoría de los parlamentarios de la Unidad Nacional, manguala protectora del presidente Santos que maneja el noventa por ciento del Congreso de la República, no hace una verdadera reforma a todo el Proceso Electoral, que cuenta con un sistema que se presta para todo tipo de fraude y manipulación. Es imposible que ellos lo hagan –al menos que medie una gran movilización nacional- porque ese sistema les permiten tener el poder a perpetuidad.
Lo que he denominado “las imperfecciones de la democracia”, son verdaderas aberraciones. Comencemos por analizar el Sistema Electoral: es imposible que en pleno siglo XXI aún estemos al margen de las grandes tecnologías que lo podría hacer más transparente; no se puede seguir invocando la falta de presupuesto para no implementar unas votaciones completamente electrónicas, computarizadas, blindadas contra cualquier tipo de adulteración; es tiempo de reemplazar el trabajo manual de los jurados, que se presta para todo tipo de malos manejos que impostan los resultados – voluntad y decisión de la población- al momento de los escrutinios finales.
Este Sistema Electoral está capturado por los detentadores del poder, que a su vez representan más los intereses de grupos económicos que los de la población. Con la confianza inversionista a estos empresarios les va muy bien, sin embargo, los trabajadores vienen perdiendo participación en sus ganancias por la rebaja de salarios. Un componente de esos grupos económicos son las multinacionales de los Medios de Comunicación, vociferadores de las grandes cadenas de radio, televisión y prensa, que terminan defendiendo sus propios intereses. De allí se pueden ver con claridad sus objetivos, con las publicaciones de encuestas, que desde un principio buscan perfilar a sus candidatos y marginar de sus medios –con el cuento que no marcan en los sondeos- a todos aquellos que no les sean afines al modelo neoliberal. Quedó claro que fue la estrategia que le aplicaron a Aurelio Suárez Montoya, candidato opositor reconocido -incluso por ellos mismos- como uno de los mejores capacitados y preparados en la contienda por la alcaldía de Bogotá.
Un Editorial de El Espectador del 20 de octubre de 2011, denominado “Encuestas Electorales: ¿un perjuicio?”, hace el siguiente mea culpa: “Aparte de los problemas connaturales que se dan en Colombia para las elecciones (compra de votos, registros falsos, amenazas, control de candidatos a manos de la violencia, etcétera), hay un asunto que, pensado como un instrumento de ayuda a electores y candidatos, a veces resulta perjudicial: las encuestas de intención de voto… El voto es vital. Por ende, no hay que entregarlo sin más consideración a la marea nebulosa de las encuestas”. El daño está hecho y lo repetirán en el futuro porque es lo que les conviene.
De la misma forma que los asesinatos de 41 candidatos, amenazas a 88, atentados personales a 23, secuestro de 7 -y en general todo tipo de hechos violentos-, la trashumancia, las empresas electorales, el negocio del voto y la toma de la burocracia, el sistema electoral y la manipulación de los grandes medios de comunicación se han convertido en verdaderos nidos de corrupción que convierten a Colombia en un remedo de democracia.