Oscar Gutiérrez, Diputado por el MOIR, junio de 2002

Durante más de cincuenta años, la nación, el departamento, los municipios, los cafeteros, la industria y los usuarios aportaron para construir lo que hoy es la primera empresa de la región, la Central Hidroeléctrica de Caldas CHEC. Ese aporte se termino convirtiendo en un inmenso ahorro regional, definitivo para el progreso de Caldas.

El trabajo necesario para la producción y generación de energía, y su posterior transporte, distribución y comercialización, implicó la inversión de grandes capitales que sirvieron para desarrollar lo que hoy es la CHEC. Sin el aporte de los trabajadores y de la gente de empresa, no hubiera sido posible desarrollar la industria que se ha construido en Caldas. Tampoco hubiera sido posible la electrificación de prácticamente todas las zonas urbanas y de más del noventa por ciento de las áreas rurales. Las utilidades de la empresa han generado inversión y demanda en la región. Su crecimiento ha sido decisivo para el progreso y el bienestar de Caldas.

Pareciera ser que esta realidad se pretendiera ocultar, cuando las corrientes neoliberales y privatizadoras hoy en boga y sin ninguna raigambre en el país, quieren transferir a menos precio el patrimonio y ahorro de los Caldenses o enajenar por cualquier valor un activo que seguirá jugando un papel primordial en el desarrollo. No nos puede dar igual, que las utilidades de la CHEC se reviertan en Caldas o que se inviertan en Medellín o en Nueva York. Estamos obligados a defender lo que los abuelos construyeron.

Todos los asistentes a la Audiencia Pública convocada por la Asamblea Departamental de Caldas, señalamos nuestro desacuerdo con la política de vender, enajenar o conseguir un “socio estratégico” para la CHEC. Para el caso es lo mismo.

La situación financiera que hoy atraviesa la CHEC, tiene origen en políticas de Estado que han afectado de manera negativa la empresa. Cumplir con las disposiciones relativas al pago de subsidios para los estratos 1,2 y 3, contemplados en la ley 142 de 1.994, implicó que la CHEC colocará de sus recursos más de sesenta y siete mil millones de pesos de 1.998, hoy, según el tribunal contencioso administrativo de Cundinamarca, son doscientos treinta y seis mil millones de pesos.

También el asumir responsabilidades para la generación de energía durante el apagón de la década del noventa, implica un desangre financiero para la empresa, que en este año le costará treinta y seis mil millones de pesos.

Queremos que la empresa siga siendo de sus actuales propietarios. Nos sentimos a gusto con la nación como nuestro socio estratégico. Le solicitamos al Gobierno Nacional que le pague, lo que le adeuda a la CHEC, por subsidios dejados de cancelar para atender los estratos 1,2 y 3 entre 1.994 y 1.998. Pedimos además que se resuelva el PPA de Termodorada, ya que sabemos que la nación avala los demás contratos de compra obligada de energía, que se suscribieron en el país. Pero por sobretodo solicitamos que el gobierno nacional, adopte una política de salvación de la empresa, sobre la base de que, acuerde con el departamento y con el municipio de Manizales, la forma de cumplir con las obligaciones financieras, más si comprendemos que la nueva regulación tarifaría y los fallos posibles de los tribunales del país, facilitan que se llegue a formulas de solución de los compromisos económicos nacionales e internacionales de la CHEC.

Queremos que la CHEC, siga siendo una empresa industrial y comercial del estado, que mejoré su servicio, cobertura y calidad, y pueda convertirse en una caja de ahorros al servicio de los Caldenses.

Por las anteriores consideraciones, apoyamos esta declaración y le solicitamos al gobierno nacional, en cabeza del Señor Presidente Andrés Pastrana Arango, que se acoja la voz mayoritaria del pueblo Caldense y se respete el sentimiento de los diversos sectores, quienes en una inmensa confluencia y sin distinciones políticas, sociales o religiosas, reiteramos nuestro anhelo para que se suprima la subasta pública en la cual se aspira a entregar la CHEC y se cancele su proceso de enajenación o privatización.

La realidad es tozuda. Los hechos enseñan más que mil palabras. No es conveniente para el progreso de Colombia y de Caldas, perder el control estatal sobre el sector eléctrico, motor del progreso industrial y del bienestar social. Conservemos la CHEC como patrimonio público de Caldas.

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