CONVOCATORIA DE LOS TRABAJADORES DE ENKA DE COLOMBIA.
Girardota, julio 11 de 2002
1. Introducción.
Los trabajadores de Enka de Colombia, y su organización sindical SINALTRADIHITEXCO, Subdirectiva Girardota (sinaltradihitexco@epm.net.co), ven con preocupación la decisión adoptada por la Administración de la empresa, y aceptada por la Superintendencia de Valores, de acogerse a la Ley 550, más conocida como Ley de Reactivación y Reestructuración Empresarial.
La inquietud se fundamenta en que la aplicación de la mencionada Ley, si bien permite atacar algunos de los síntomas de la crisis que afecta a la empresa, puede llevar a los interesados de manera directa en el asunto, así como a la opinión pública en general, a desviar la atención sobre el verdadero origen de los males que se pretenden combatir con ella.
Por ello, en compañía de un equipo de asesores de la Central Unitaria de Trabajadores C.U.T., Seccional Antioquia, y del Centro de Estudios del Trabajo CEDETRABAJO, nos dimos a la tarea de elaborar un diagnóstico de la situación, que simultáneamente nos permitiera presentar nuestros propios puntos de vista y sugerencias para afrontar las actuales dificultades financieras de la compañía.
2. Evolución del sector Algodón-Fibras-Textil-Confección durante la apertura económica.
El deplorable desempeño de nuestra economía durante los últimos doce años, había sido anunciado al inicio de la aplicación de la apertura económica por sus propios promotores, como un fenómeno pasajero. Según ellos una vez aclimatadas las “reformas”, cambiarían las tendencias recesivas iniciales, permitiendo que los productores que supieran aprovechar sus “ventajas comparativas”, y hubiesen efectuado una adecuada “reconversión”, salieran adelante.
Nada más alejado de la realidad. Hoy los hechos y las perspectivas indican todo lo contrario. Ni las ventajas comparativas en sectores como nuestra agricultura tropical, o de bajos costos de mano de obra en nuestro sector manufacturero, o de intensas reconversiones como en algunos sectores de la producción fabril, han generado el efecto de hacer avanzar nuestra economía , ni mucho menos han cumplido la meta que debe cumplir cualquier desempeño en materia económica, es decir mejorar el nivel material de la población. Las últimas cifras reconocidas por el gobierno nacional indican que hoy existen más pobres, más miserables, más desempleados y más sub-empleados que antes de la “bienvenida al futuro” de Cesar Gaviria.
En el campo de la producción industrial el panorama es desolador. Si comparamos su desempeño con el de nuestra producción agropecuaria, de la cual todos los analistas señalan que ha sufrido un auténtico descalabro en estos doce años, encontraremos que en medio de la crisis generalizada, a la industria le ha ido peor que al agro. El Producto Interno Bruto del sector agropecuario creció un modesto 7.35 % entre 1993 y 1999, es decir un 1.05% en promedio anual. En ese mismo periodo la industria manufacturera redujo su crecimiento en un 5.9%, es decir decreció un 0.84% por año. A pesar de un aparente repunte en el año 2000, repunte que también tuvo el agro y que se explica principalmente por la catástrofe del año anterior, la producción manufacturera volvió a reducirse en un 0.75% en el 2001.
Esta cruda realidad, provocada por la apertura económica que colocó en competencia a nuestros productores con productores de naciones con mucho mayor desarrollo, base tecnológica, respaldo estatal e inversión de capital, o sencillamente de menores costos laborales (debidos a mayores devaluaciones o a mayor explotación del trabajo asalariado), ha sido especialmente dañina para la cadena Algodón-Fibras-Textil-Confección. Mientras en 1990, el 90% de los textiles consumidos por los colombianos eran producidos en nuestra nación, hoy ese porcentaje se ha reducido al 62%. Esto explica por qué mientras en 1990 el sector ocupaba cerca de 180.000 personas de una población total de 32 millones, el año pasado escasamente ocupaba 140.000 personas de una población total de 43 millones de habitantes. De ofrecer trabajo al 0.006 % de la población redujo la oferta al 0.003 % de la misma, es decir en términos reales se redujo a la mitad.(1)
Las proyecciones de los neoliberales funcionarios gubernamentales y de los organismos multilaterales, en el sentido de que la pérdida del mercado nacional para nuestras empresas, por el incremento de las importaciones, serían resarcidas ampliamente con el aumento de nuestras exportaciones textiles, no se cumplieron. El ritmo de crecimiento de las ventas colombianas de textiles y confecciones al exterior ha sido apenas de un 1.95% en promedio anual entre 1991 y 2001, mientras las compras de telas y vestuarios foráneos en este mismo periodo han aumentado a un ritmo del 17.35% por año (2). El ritmo al que han crecido las importaciones es nueve veces superior al que han aumentado nuestras exportaciones.
A estas alturas nadie debiera llamarse a engaños, creyendo o afirmando que la llamada globalización respondía a cosa distinta que a un plan bien concebido y mejor implementado para profundizar la recolonización económica sobre las naciones en vías de desarrollo, por parte del llamado mundo desarrollado, pero especialmente por parte de los Estados Unidos de Norteamérica.
Es preciso señalar que debido a las proyecciones gubernamentales, muchos empresarios recurrieron al crédito para llevar a cabo las campañas de reconversión o modernización de la infraestructura productiva. Claro, “había que colocarse a tono con el mundo globalizado”, esa era la voz de mando oficial. “O nos modernizamos o perecemos en la dura competencia” repetían por doquier funcionarios de todo rango en ministerios y departamentos administrativos.
Los créditos para la reconversión industrial se adquirieron en el momento en que las tasas de interés registraron los más altos índices de la historia, la modernización se llevó a cabo en gran medida, pero los nuevos mercados jamás aparecieron, en cambio si perdimos el propio en un alto porcentaje por la implacable competencia extranjera en distintas formas.
La baja de los aranceles decretada en la administración de César Gaviria, la suscripción del tratado comercial denominado G-3 por el gobierno Samper, la eliminación de las Aduanas, fueron factores que unidos, hicieron que nuestro mercado se inundara literalmente de textiles y confecciones ingresados al país legal o ilegalmente, con dumping o sin él, resolviendo el problema de superproducción de todo tipo de mercancías existente en otros lugares del planeta, entre las que desde luego estaban los textiles, las confecciones, las fibras y el algodón.
Y no solo se sometió a una de las columnas vertebrales de nuestra producción industrial a esta despiadada competencia. Entre 1992 y 1996 según los registros oficiales, el dólar pasó de $ 811.oo a $ 1.005,oo, es decir aumentó en un 24% su precio frente al peso, mientras la inflación, el incremento en los costos locales subió un 65%. Al tiempo que los funcionarios neoliberales de turno predicaban constantemente sobre la necesidad de aumentar la “competitividad”, la apertura cambiaria aplicada por ellos le arrebataba a nuestra producción nacional de manera silenciosa su más valiosa herramienta “competitiva”: una tasa de cambio que guardara relación con el costo de producción.
Así se afectó de igual forma la producción destinada a la exportación y aquella cuyo destino era el mercado local. Los exportadores veían subir sus costos de producción por el ascensor, mientras los reintegros de sus dólares en pesos subían por las escaleras, para parodiar una frase del ex-presidente Samper. Por su parte las empresas que producían artículos para el consumo interno, asistían impotentes al fenómeno mediante el cuál, y gracias a la política oficial, la competencia foránea podía colocar abundantes mercancías en su “mercado natural” a unos precios muy inferiores.
No se trataba aquí de madrugar más, trabajar más duro, pagarle menos a los trabajadores, ser más modernos o más inteligentes. Todo lo contrario, mientras más esfuerzos y recursos se desplegaran, más esfuerzos y recursos se perdían.
3. El impacto de la apertura económica en ENKA de Colombia.
Enka de Colombia es una compañía dedicada a la producción de Filamentos, Fibras, Resinas e Hilos industriales de Nylon, a partir de materias primas cómo la Caprolactama, el D M T y el M E G, sustancias derivadas del petróleo.
El destino final del producto terminado de Enka de Colombia es el de servir de materia prima para otras empresas de la cadena productiva denominada Algodón-Fibra-Textil-Confección, o para otras ramas de la actividad industrial, cómo los envases plásticos (PET) o las llantas de caucho. Sus principales accionistas son el denominado Sindicato Antioqueño, nombre con el cuál es conocido el grupo de empresas lideradas por Suramericana de Seguros S.A., o Grupo Empresarial Antioqueño como sus voceros prefieren que se les denomine, y el grupo Holandés Acordis.
El nombre genérico de la actividad es el de “Sector de las fibras sintéticas y las resinas industriales”. Su planta de producción se encuentra ubicada en el Municipio de Girardota, población perteneciente al Area Metropolitana del Valle de Aburrá y distante unos 18 kilómetros de la ciudad de Medellín. En la actualidad genera mil cuatrocientos (1.400) empleos directos y cerca de cuatro mil (9.000) indirectos.
Con la expectativa de un gran crecimiento de los mercados mundiales en particular de los del oriente del planeta, y concretamente en China, y gracias al vencimiento de algunas patentes de producción en manos de Estados Unidos y Europa, se realizaron gigantescas inversiones en plantas de producción afines a Enka en países cómo Corea del Sur, Taiwán, Tailandia, Indonesia y Malasia. Pero la realidad económica distaba mucho de los alegres pronósticos de crecimiento infinito de los mercados, y estos no sólo no crecieron, sino que se contrajeron en términos reales. De manera que estas inversiones a lo que contribuyeron fue a generar la actual superproducción mundial en el sector, calculada por encima del 30%, lo que sumado a las profundas devaluaciones monetarias surtidas en esos países a partir de la crisis de 1997, permitieron una inundación sin precedentes en nuestro mercado local. Según datos de la ANDI, las monedas de los principales países que hacen competencia a Enka de Colombia, y a la cadena textil, han tenido el siguiente comportamiento:
CUADRO NUMERO 1 (4)
PAIS DÓLAR DE 1996 DÓLAR DE 2001
COREA DEL SUR 1.00 0.64
PAKISTAN 1.00 0.58
TAILANDIA 1.00 0.59
FILIPINAS 1.00 0.51
INDONESIA 1.00 0.23
Lo que significa en sentido práctico esta devaluación, es que la mano de obra y los insumo locales de las empresas competidoras de Enka de Colombia en esas naciones, se volvieron más baratas, es decir, esas empresas, sin ningún esfuerzo adicional, fueron “más competitivas”, como les gusta decir a los neoliberales criollos.
A pesar de haber sido alertado a tiempo, el gobierno nacional no adoptó medidas que protegieran el sector, y enredó las peticiones constantes de aplicación de cláusulas de salvaguarda o de elevación de los aranceles, utilizando a otros eslabones de la cadena como los textileros y confeccionistas, como pretexto para no actuar. “Si protegemos las fibras sintéticas nacionales, salvamos a Enka, pero hundimos a sus clientes” han argumentado mañosamente los funcionarios del gobierno pastranista, haciéndose los de la vista gorda frente a la necesidad de proteger a toda la cadena.
Mientras esto sucedía en las oficinas del gobierno, las unidades de negocios denominadas por la empresa “Filamentos” y “Fibras”, que representan el 44% de las ventas totales de la empresa, encontraban cada vez mayores dificultades para colocar sus productos (filamentos de poliéster y fibra corta de poliéster). Las importaciones de los primeros pasaron de 5.900 toneladas en 1999, a 9.473 toneladas en el 2001, y el precio por kilo se redujo en el mismo lapso de U$ 1.35 a U$ 1,16. En el caso de las segundas las importaciones subieron de 1.550 toneladas en 1999 a 6.000 el año anterior, con una reducción en el mismo periodo en el precio por kilogramo de U$ 0.98 a U$ 0.70 (5). Lo curioso en medio de todo esto, es que la materia prima, tanto para Enka, cómo para sus competidores orientales, en lugar de caer, ha subido, pues está ligado íntimamente al precio internacional del petróleo.
Por su lado la Unidad de Negocios denominada por la empresa “Resinas”, dedicada a la producción de gránulos PET y PES para la fabricación de envases retornables y no retornables para bebidas gaseosas, y la cuál representa el 35% de las ventas de la compañía, según palabras del presidente Dr. Nelson Mejía sufre “la amenaza constante de ofertas procedentes de Asia y México a precios muy bajos, que influyen en el nivel de precio establecido en el mercado regional”. (6)
En medio de estas grandes dificultades, el gobierno nacional ha sido complaciente con el llamado contrabando técnico que significa que además de la inundación de mercaderías por la apertura misma, llegan adicionalmente otras de manera dolosa, amparando mercancías que debieran registrarse con un código arancelario o con un precio de referencia específico, bajo otro código o precio. Es bueno recordar la cifra dada por el CID de la U. Nacional, según la cuál el contrabando corriente es de cerca de 2.500 millones de dólares por año, mientras el técnico asciende a 3.500.
4. La carga financiera y el diferencial cambiario agravan la situación de Enka de Colombia.
La encrucijada a la que ha sido conducida Enka de Colombia, y en general toda la cadena textil, se ha agravado por las altas tasas de interés que ha pagado y por la significativa revaluación del peso en el año 2001.
En lo financiero es bueno recordar que en 1999 la administración de la empresa efectuó una reestructuración de sus obligaciones financieras, en la que los créditos reestructurados con la banca nacional sumaron $ 32.708 millones y con la extranjera U$ 47.6 millones. Con la banca nacional se difirieron los pagos de capital a 12 cuotas trimestrales, desde el año 2001 al 2005, con tasas de interés que fluctuaban entre el D.T.F. más 7 puntos y el D.T.F. más once puntos. Con la banca extranjera, sin tener fecha determinada, se pactaron tasas fluctuantes entre el libor más 1.875% y el libor más 2.25%. Ambas tasas, las pactadas con la banca nacional, cómo las pactadas con la banca extranjera, fueron realmente escandalosas. En la reestructuración de las deudas en moneda extranjera, es preciso considerar que a la tasa de interés hay que cargarle todo el valor de la devaluación del año 2000 que llegó al 19%, ya que los ingresos en dólares de la compañía, correspondieron únicamente al 30% del total de las ventas.
Con unos egresos financieros de $ 61.141 millones durante la vigencia de 1999, frente a unos ingresos por ventas brutas de $ 263,162 millones, Enka tributó al capital financiero el equivalente al 23% de sus ventas brutas y el 24.6 % de sus ingresos operacionales totales. La situación es más dramática si comparamos los egresos financieros, o mejor, el pago de intereses, con las utilidades operacionales de ese año. En este caso la empresa le transfirió al sector financiero el 360% de las mismas. Este dato resulta de comparar los egresos financieros ya mencionados ( $ 61.141 millones) con las utilidades operacionales ($ 17.012 millones)
En el año 2000 los egresos financieros sumaron $ 64.685 millones de pesos, $ 3.544 millones más que en el año anterior, aunque como porcentaje de las ventas, seis (6) puntos porcentuales por debajo, y en el año inmediatamente anterior, bajaron a $ 39.233 millones, debido principalmente a una nueva reestructuración que contempló un periodo de gracia y al efecto positivo en este aspecto que tuvo la revaluación ya mencionada.
Ha sido tan pesado el lastre de la deuda, que a pesar de las circunstancias mencionadas, los egresos no operacionales – financieros, siguen siendo una suma por lo menos igual a los costos laborales y prestacionales.
Las revaluación del peso acaecida en el año anterior, en el que mientras nuestra moneda se devaluó un 2.78%, el I.P.C creció casi tres veces más (7.7%), tiene más efectos negativos que positivos sobre las finanzas de la empresa, pues a pesar de aliviar en parte la carga financiera, disminuye en términos reales los ingresos por producto exportado y abarata las importaciones de los productos que se destinan al mercado local, es decir ayuda a la competencia.
5. Los trabajadores han hecho un formidable sacrificio en medio de la actual crisis, y hacer más no solo no es posible, sino que no resolvería los problemas de la empresa.
La idea que ha circulado en varios círculos empresariales o de opinión y que señala a la convención colectiva y las prerrogativas allí establecidas como una de las causas de la actual crisis, al tiempo que se insiste en la necesidad de hacer sacrificios por parte de los trabajadores, no solamente carece de fundamento, sino que enreda cualquier solución seria a los problemas de Enka de Colombia.
Esta idea, llevada incluso a la práctica en otras empresas, en lugar de resolver los líos, los ha agravado, y a pesar de no ser ninguna solución, en fuentes gubernamentales se sigue insistiendo en ella, llegando incluso al despropósito de insinuar una nueva reforma para “flexibilizar” aún más el mercado laboral, es decir para reducir todavía más los magros ingresos de los trabajadores.
Veamos algunas cifras. Los costos laborales de la empresa han bajado sistemáticamente en los últimos años. Mientras en 1998 estos representaban un 16% de las ventas, en 1999 bajaron a un 14.5% de las mismas. En la actualidad se presume que los salarios y prestaciones de los trabajadores no ascienden al 12%. Si aceptamos para el sector textil un rango entre el 10% y el 20%, encontraremos que en esta empresa estamos muy por debajo de la media.
La propia Junta Directiva de la Empresa, y su presidente, en el último informe presentado a la Asamblea General de Accionistas, destacan “el esfuerzo y la entrega de cada uno de los trabajadores de Enka de Colombia S. A.”.(7) Pero más allá de la retórica que podría estar implícita en la anterior afirmación, en la página 11 del mismo informe, encontramos las siguientes cifras: “Respecto a los costos laborales se observa un incremento del 3% en la productividad de la mano de obra al pasar de 86 toneladas/persona en el 2000, a 89 toneladas/persona en el año 2001. Igual comportamiento es mostrado al analizar el costo por tonelada producida, el cual pasa de U$ 216 en el 2000 a U$ 204 en el 2001, es decir una mejora del 6%”.(8)
En los gráficos anexos a las notas a los estados financieros del balance correspondiente al año 2001, presentado a los accionistas con el mismo informe de la Junta y el Presidente, y en la página 62, aparece un cuadro que dice mucho del sacrificio y el aumento de la productividad del trabajo en esta empresa. Se expresa allí que en Diciembre de 1996, se requería de 1.937 empleados para producir 113.958 toneladas de producto terminado, mientras que para Diciembre del año pasado, para producir una cantidad un 13 % superior, es decir 129.455 toneladas, sólo se precisó de 1.433 empleados, es decir un 26% menos.(9)
Si algo queda claro de las anteriores cifras, es que si la crisis de Enka de Colombia no es mayor, ello se debe al enorme sacrificio hecho por su fuerza laboral.
Además de los significativos incrementos en productividad, a los trabajadores de Enka de Colombia se les han impuesto otras medidas que han significado mengua para sus ingresos, lo que ha su vez se ha traducido en ahorros para la empresa. En la actualidad más del 80% de los trabajadores han perdido la retroactividad de las cesantías; se han reducido sensiblemente las rotaciones de turnos, las labores en dominicales, festivos y horas nocturnas, lo que baja el valor de la nómina; se han adelantado las vacaciones a muchos operarios, lo que les reduce los promedios salariales base de liquidación de prestaciones, y les retira de hecho el derecho a bonificaciones convencionales para el mes de diciembre y el primero de Enero.
Esta realidad es tan contundente que el endeudamiento de los operarios con la Cooperativa “Cooperenka” y con la propia empresa, registra en la actualidad índices alarmantes. El 15% del total de los trabajadores tienen comprometido el 30% de su nómina con la empresa, el 18% del total reservan el 40%, el 13% abonan el 50% y cerca del 7% deben abonar entre el 60 y el 93% de sus salarios para abonar a sus acreencias.
Algo similar sucede con la Cooperativa. Trescientos cincuenta y ocho trabajadores abonan hasta el 10% de su salario, trescientos setenta y tres entre el 10% y el 20% y ciento ochenta y siete entre el 20% y el 40%.
Cabe aquí una disquisición acerca de los ingresos de los trabajadores y su relación con los ingresos de las empresas, es decir con sus ventas. Si aceptamos el criterio, basado en las cifras dadas por la compañía, de que el principal mercado para los productos de Enka es el nacional ( 72% frente al 28% que correspondió a exportaciones en el año 2001), lo conveniente para la salud de las finanzas de Enka, y de las demás empresas del sector textil que basan su comercialización en el mercado local, es que los ingresos de sus trabajadores no se reduzcan. Para los intereses de un productor cuyas mercancías están destinadas a la exportación, poco o nada representan los buenos ingresos de sus trabajadores. Para decirlo de una manera cruda, éste productor bien podría arreglárselas, o podría arreglárselas mucho mejor, si sus operarios ganaran muy poco o trabajaran sin remuneración. Pero para la producción destinada al mercado local, el ingreso de los trabajadores es la palanca clave que mueve el consumo.
No es aconsejable por lo tanto, incluso desde el punto de vista del productor, ayudar a deprimir el ingreso y por consiguiente el consumo de la clase obrera, sobre todo cuando el promedio del ingreso de un obrero en Enka de Colombia no llega ni a las dos terceras partes de lo que devenga un obrero de salario mínimo en Estados Unidos o Europa, y ni siquiera a la tercera parte de lo que devenga un obrero de la misma rama de la producción en esas mismas latitudes. El salario promedio, incluyendo todas la prestaciones sociales legales y extralegales, escasamente asciende en esta empresa a U$ 3.60 por hora, mientras el salario mínimo en Estados Unidos está del orden de U$ 5.50 y el salario corriente de un operario del sector de las fibras sintéticas y las resinas se calcula entre U$ 11.oo y U$ 14.oo
6. Conclusiones.
Con las cifras, y datos conocidos hasta el momento, SINALTRADIHITEXCO, Subdirectiva Girardota, se permite hacer las siguientes consideraciones sobre la actual crisis de Enka de Colombia, y sobre las salidas insinuadas en el marco de la aplicación de la Ley 550.
A. Sin protección estatal a la cadena Algodón-Fibras-Textil-Confección, no será posible la salida a la presente crisis.
Es evidente que mientras la apertura no se reverse, y se apliquen mediadas que protejan toda la cadena, llegando incluso al punto de reiniciar la casi desaparecida actividad del cultivo del algodón, que además de unir brazos ociosos con tierras ociosas en el campo colombiano, garantice un abastecimiento oportuno y estable de materia prima natural para el sector, ninguno de sus eslabones será viable.
Tanto el algodón como las fibras sintéticas, uno de los extremos de la cadena, y todos los productos derivados de éstos, deberán gozar de una protección especial por parte del estado Colombiano. Esta protección ha de incluir una tasa de cambio competitiva, aranceles suficientes, control al contrabando corriente y al contrabando técnico, precios preestablecidos en todos y cada uno de sus eslabones, y crédito de fomento que impida que la producción sea sometida a la voracidad del capital financiero, en un país que registra una de las tasas de interés más altas del planeta.
Estas exigencias no solo no significan ninguna novedad, sino que vienen siendo aplicadas por Estados Unidos a sus distintos sectores productivos. Un arancel del 30% acaba de ser decretado por el gobierno de George Bush para proteger su industria siderúrgica, y nuevas medidas de protección a su industria textil vienen siendo anunciadas por esa misma administración. Frente a las dificultades que venía afrontando la industria aeronáutica norteamericana antes del 11 de Septiembre de 2001, las cuáles se agravaron a raíz de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la Reserva Federal dispuso recursos de crédito, y garantías para los mismo por una suma cercana a los U$ 15.000 millones.
Esperar la salvación de la producción nacional en este sector, cómo fruto de un acuerdo de reestructuración de acreencias, se puede asimilar a la situación de un enfermo al que solamente se le formulan drogas para los síntomas de la enfermedad, mientras se desatienden las causas de la misma. Mientras subsista la apertura económica, los trabajadores, los accionistas e incluso los banqueros podrán hacer todos los sacrificios imaginables, y la crisis no tendrá remedio.
Espejos abundan en nuestra sociedad. En Acerías Paz del Río se alegaba que la carga prestacional, y no la apertura económica era la causa de la quiebra de la empresa. El Grupo Empresarial Antioqueño, su principal accionista, no sin antes transferir sus más valiosos activos a Cementos Paz del Río, regaló la empresa. Los trabajadores convirtieron sus cesantías en acciones, es decir renunciaron a sus prestaciones, y aceptaron reducir la nómina a menos de la tercera parte, y los acreedores financieros hicieron su propio sacrificio. Y después de tanto esfuerzo, la crisis es peor que antes.
Cifrar las esperanzas en las exportaciones, en medio de la actual “turbulencia de los mercados”, es bastante ingenuo. En el caso de Enka no deja de ser preocupante que en el caso de las Fibras, el principal cliente externo sea Brasil, en un proceso acelerado de devaluación y recesión, en el que ha venido arrastrando a otro de sus clientes importantes como es Venezuela.
En el Plan de Negocios 2002-2015 presentado por Enka para acogerse a la Ley 550, se presume una estabilización de los precios de las materias primas a partir del año 2004. Queremos llamar la atención al respecto, pues las dificultades crecientes en el abastecimiento de hidrocarburos, y el descenso de sus reservas mundiales, hacen pensar que los precios de estos y sus derivados, en lugar de estabilizarse o bajar, seguirán subiendo de manera considerable.
Comentario aparte merece la expectativa de salvación de la cadena gracias a la aprobación de las Preferencias Arancelarias Andinas, ATPA, por su sigla en inglés. Lo que hasta ahora está claro es que el parlamento norteamericano aprobó en sus dos Cámaras textos diferentes que deberán ser conciliados, posteriormente sancionada la conciliación por el Presidente, para luego proceder al proceso de acreditación de Colombia como país “elegible”. Y hasta ahora también queda claro que de los 16 requisitos que regían anteriormente para la “elegibilidad”, van a subir a 21, y entre los nuevos se encuentran temas tan espinosos como el de las patentes de segundo uso en medicamentos, la producción de drogas genéricas por laboratorios nacionales, los fallos de los tribunales de arbitramento internacionales, y la famosa “transparencia” en las compras estatales, que no pasa de ser un nombre para exigir mayores garantías para proveedores y contratistas norteamericanos.
Pero quienes albergan algunas esperanzas en el ATPA cómo paliativo para la crisis del sector, deberían saber que el texto aprobado por el Senado, “exige que los beneficios a maquila sólo se otorguen al uso de hilazas totalmente formadas en Estados Unidos” y además fija un “cupo de 70 millones de metros cuadrados – 0.43% de las importaciones de Estados Unidos en textiles y confecciones.”(10).
Más remotas son las esperanzas insinuadas, de que una vez entre en vigencia el ALCA, el sector tiene viabilidad. Si bajar los aranceles en promedio del 38% al 12% ha producido el desastre al que hemos asistido en nuestro aparato productivo durante estos 12 años, bajarlo a cero, objetivo final del ALCA, será culminar la tarea de destrucción de nuestra producción y nuestro trabajo nacionales. Que no quede la menor duda de que el ALCA es el nombre de la segunda y más agresiva etapa de la apertura económica, y que detrás del discurso del “libre comercio” no hay cosa distinta al interés de Estados Unidos de dar salida a su inmensa superproducción, reanimar su recesivo aparato productivo, y tratar de levantar la tasa de ganancia de su capital financiero.
Insistimos en que sin una protección adecuada a toda la cadena Algodón-Fibra-Textil-Confección, no hay salvación posible, y cualquier esfuerzo o sacrificio hecho por trabajadores o empresarios será en vano.
Teniendo claro que la solución de la crisis estriba en el establecimiento de una sana política de protección a la cadena, es preciso también aclarar que si la crisis no se resuelve en la forma correcta, arrastrará consigo no sólo la empresa y al ingreso de los trabajadores, sino también la economía de la región y en particular de los municipios que dependen de forma significativa de esta actividad. Es bueno preguntar a las autoridades, dirigentes, transportadores, comerciantes y pobladores en general de municipios como Girardota, Barbosa, Bello, Itaguí o Rionegro, cómo se modificaría la vida en esas localidades si se llegaran cerrar empresas como Enka, Coltejer, Fabricato, Tejicóndor, Textiles Rionegro y muchas más.
B. Pretender reducir los ingresos de los trabajadores es tanto como buscar el ahogado aguas arriba, y es un factor que perturba la conformación de un frente común por la defensa de la producción.
Para los trabajadores, que no poseen más que su fuerza de trabajo, no es por supuesto nada halagüeña la perspectiva de que quedarse sin empleo, pero lo es menos aún la posibilidad de entregar las conquistas que tanto nos han costado, para de todas maneras perder el trabajo.
Además de establecer medidas de protección para la cadena, la otra iniciativa que ayudaría efectivamente a Enka de Colombia, y a las demás empresas del sector, a salir de la actual encrucijada, sería la de estimular al consumo interno. Como está plenamente demostrado, las perspectivas exportadoras, además de ser bastante complicadas y negativas, no dependen para nada de lo que los colombianos hagamos o dejemos de hacer.
Bajar los ingresos de los trabajadores en circunstancias como las presentes, no sólo no resuelve en lo más mínimo los problemas por los que atraviesa la compañía, sino que nos permitimos sostener que sería una medida en el sentido equivocado, pues empujaría hacia abajo el consumo de la propia cadena, y sería un nuevo ejemplo negativo de buscar soluciones con medidas que antes agregarían más problemas.
No nos cabe la menor duda que cualquier menoscabo en las condiciones de vida o de trabajo de la fuerza laboral de Enka de Colombia, sería un factor de tensiones y de desaliento, que ayudarían a revertir los índices crecientes de productividad logrados durante los últimos años, y reconocidos por la propia administración de la empresa. En síntesis, sería peor el remedio que la enfermedad.
C. Para obtener medidas de protección es preciso librar una formidable batalla civilizada y en forma unificada por parte de los interesados en preservar la producción y el trabajo nacionales.
Si asumimos con seriedad y patriotismo el momento, tendremos que coincidir todos los afectados directa o indirectamente por la amenaza de ruina de la cadena textil, que no hay otra salida que exigir del estado el establecimiento de una política de largo plazo que saque adelante el sector.
Y entendiendo esa realidad, también tendremos que coincidir en que esto no se logrará únicamente por medio de hacer conocer nuestras razones y argumentos, sino que será preciso también hacer que los habitantes, organizaciones, autoridades y dirigentes de los municipios que tienen relación con las empresas del sector, las conviertan en razones y argumentos propios, y que a la vez, trabajadores, empresarios y comunidades del sector nos hagamos sentir en grande, en forma civilizada y al tiempo valerosa, de tal manera que obliguemos al gobierno nacional a adoptar las medidas requeridas.
Se podrá argumentar que obligar al gobierno a que adopte profundas modificaciones al modelo económico en lo que respecta a la cadena textil es tarea bastante difícil. Eso es cierto, pero también es cierto que difícil no es sinónimo de imposible, además, con las experiencias acumuladas en Colombia queda claro que todas las soluciones ensayadas han fracasado y la que proponemos, que es la única que no se ha ensayado, será la única que puede garantizar la salvación de la producción y el trabajo.
Para la defensa de la producción nacional en lo que respecta a esta cadena, se precisa librar una gran batalla, y para librar la batalla, es necesario que conformemos un frente común, desprovisto de mezquindades.
Para la conformación de este frente común, deberá hacerse un gran esfuerzo para sacar el problema de la las paredes de la fábrica. Tal como creemos haberlo demostrado suficientemente, la causa de las actuales dificultades de la empresa están por fuera de los salones de producción y de las oficinas en las que se elabora la nómina, y deberá ser por fuera de ellos que se busquen las soluciones.
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Notas
(1) Asociación Nacional de Industriales ANDI. Documento presentado en el Foro “Medidas para la reactivación de la cadena Algodón-Fibras-Textil-Confección y el Trabajo Nacional” Girardota, Abril 25 de 2002. Página 1.
(2) Fabricato-Tejicóndor. Documento presentado por el Dr. Mariano Sanín en el Foro “Medidas para la reactivación de la cadena Algodón-Fibras-Textil-Confección y el Trabajo Nacional” Girardota, Abril 25 de 2002. Página 13.
(3) Asociación Nacional de Industriales ANDI. Documento citado. Página 4.
(4) Informe anual correspondiente al año 2001 presentado por la Junta Directiva y El Presidente a la Asamblea General de Accionistas de Enka de Colombia. Páginas 8 y 9.
(5) Idem. Página 10.
(6) Idem. Página 14.
(7) Idem. Página 11.
(8) Priece Waterhouse Coopers. Informe de Revisoría Fiscal a la Asamblea General de Accionistas de Enka de Colombia. Enero 31 de 2002. Página 62.
(9) Portafolio. Mayo 27 de 2002. Página 20.