Eudoro Alvarez Cohecha, Villavicencio, diciembre 28 de 2016

Mucho dinero ha invertido el gobierno nacional en publicidad y en tiempo del Ministro de Agricultura para promover el llamado plan de “Colombia siembra”, veamos un ejercicio para evaluar este programa en el caso específico del arroz.

Comencemos con lo dicho por Mingricultura, quien anunció que el cultivo del arroz es “el campeón olímpico de Colombia Siembra”, al hacer alusión al buen comportamiento de las áreas sembradas en el 2016, y que permitirán al país la autosuficiencia arrocera. Efectivamente la respuesta de los agricultores fue significativa al sembrar en los Llanos Orientales más de 220 mil hectáreas, lo cual constituye un esfuerzo formidable de los productores respondiendo a la invitación del gobierno.

Ocurre que luego de recolectada la cosecha de 2016, el balance económico es desastroso; en efecto, los precios, fijados por el Ministerio de Agricultura, disminuyeron en un 3% respecto a 2015, mientras los costos crecieron en 12 %; resultado de esta política, la rentabilidad bajo del 13 % anual, que ya es baja, al 1% anual, constituyendo ello un claro desestímulo para los arroceros que se creyeron de la propuesta gubernamental y sembraron mayores áreas y están abocados a pérdidas que seguramente colocarán en dificultades financieras a un buen número de ellos.

El futuro del arroz, en el corto y mediano plazo, es cada vez más oscuro; con un inventario de 13 meses para el consumo nacional, el país debe importar, en concordancia del TLC con los EEUU, más de cien mil toneladas de arroz blanco en el 2017, que para un mercado autoabastecido significa una disminución del precio o por lo menos su estancamiento, mientras los costos, resultante de la devaluación de nuestra moneda, seguirán creciendo. Así la ecuación arrocera está desbalanceada.

Adicionalmente, en el 2018, se terminarán los 6 años de contingentes (cupos) de importación crecientes, con arancel del 80% para las importaciones extra contingente; de allí en adelante las cantidades a importar continuarán creciendo, pero los aranceles comenzarán a disminuir progresivamente.

Los resultados de la pésima negociación del TLC, en el que renunciamos a la protección arancelaria, mientras los arroceros gringos continuarán gozando de cuantiosos subsidios, depararán tantas dificultades que la competencia será ruinosa para buena parte del sector arrocero colombiano.

La discusión es si con los dineros de las importaciones que se dividen por partes iguales los arroceros gringos y Fedearroz, será posible cerrar la brecha de productividad y la diferencia de precios entre el arroz nacional y el arroz importado con los subsidios incluidos; Se nos dice por el gobierno y Fedearroz, que con Adopción Masiva de Tecnología (AMTEC) y la política actual podemos competir; Las cuentas nos dicen que una vez se llegue a la importación libre y sin aranceles, el precio del arroz nacional será el doble del arroz importado; la pregunta es si con esa diferencia, a pesar de los avances en productividad y eficiencia, le será posible sobrevivir el arroz nacional; las cuenta no dan y el futuro pinta desastroso.

La conclusión es que en esas condiciones de “libre comercio”, es decir con el modelo económico vigente en los últimos 5 quinquenios, el arroz no subsiste; Es obligatorio, desde este punto de vista, desarrollar cambios radicales en la política agraria, incluyendo la renegociación del tan mal negociado TLC y adicionalmente o alternativamente, subsidiar, sí, subsidiar la producción agraria a niveles que seguramente las condiciones fiscales del país no lo van a permitir. La verdadera alternativa para el gremio arrocero, al igual que el resto de productores agropecuarios, es la organización y la movilización en defensa de su negocio y del empleo de muchos colombianos.

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