A finales del mes de marzo denunciamos en un escrito “los estragos del TLC a la vista” por cuanto el gerente de la Cooperativa Lechera Ciledco de la Costa Atlántica, Ricardo Rosales, había anunciado a través del periódico La Libertad de Barranquilla el 24 de marzo pasado que esa entidad se iba a dedicar a “importar leche en polvo” porque valía menos importarla que producirla en el país”. Ahora la situación se ha tornado más dramática por los datos que ha dado a conocer la Cámara Gremial de la Leche de Fedegan, CGL, según la cual las importaciones de productos lácteos durante los dos primeros meses del año se dispararon, alcanzando un volumen de 8.547 toneladas, de las cuales cerca de 6.219 provienen de Mercosur, superando en esto dos meses en un 47% el contingente total del año 2012 (4.232 toneladas). Según Luis Fernando salcedo, secretario técnico de la CGL, esta situación se agrava con el hecho de que dichas importaciones ingresaron con arancel preferencial del 9.2%.

Ricardo Rosales indicó al diario La Libertad del 5 de junio de 2012 que “los Tratados de Libre Comercio como los de Mercosur, los está afectando duramente. Confirmó que estas importaciones de leche las comenzaron a realizar industrias del interior del país y proceden principalmente de Argentina, Uruguay y Chile”. El directivo indicó que la situación es tan grave que varias cooperativas lácteas de la Costa se han visto obligadas a cerrar sus plantas de pulverización. “Las plantas que han cerrado son Ciledco y Coolechera en Barranquilla, Proleca en Cartagena y una en Valledupar”. Precisó que el contingente de leche era inicialmente de 5 mil toneladas y ya va por doce mil. Agregó que “producir una tonelada de leche en polvo cuesta once millones de pesos, mientras que traerla de Mercosur cuesta 8 millones de pesos”, por lo que “así las cosas sale más barato importar que producir”.

Pero lo más grave es que “saben que esa medida conlleva a un problema social inmenso porque van a tener que dejar de comprar la leche a los ganaderos locales, con la consecuencias que eso implica, pero anotan que el mercado está obligando a esa decisión”. Sostuvo además “que el gobierno nacional no ha dado las garantías para que el sector progrese, pues no hay carreteras terciarias, ni electrificación rural, ni acueducto rural”. La preocupación de los ganaderos es mayor por los nuevos Tratados de Libre Comercio que el gobierno viene implementando. El secretario técnico de la CGL advierte que “desde Estados Unidos, Chile, México, Suiza podrían ingresar potencialmente 23.335 toneladas de productos lácteos, cifra que afectaría profundamente el sector”.

Es suficientemente claro que la seguridad alimentaria de los 45 millones de colombianos está en juego con la política de libre comercio que se impuso al país desde hace más de veinte años, lapso de tiempo en el que pasamos de importar 700 mil toneladas de productos agropecuarios a más de diez millones de toneladas anuales, con toda sus secuelas de quiebra del agro, desempleo, inseguridad. Se hace necesario impulsar la resistencia civil contra los TLC y unir a todos los sectores afectados, que son la inmensa mayoría de la población, para vislumbrar un cambio de rumbo que necesita nuestro país.

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