Unión Cafetera Colombiana, Bogotá, mayo 8 de 2008
Bogotá D.C. 8 de Mayo de 2008
Doctor
Óscar Iván Zuluaga
Ministro de Hacienda y Crédito Público
Presidente Comité Nacional de la Federación Nacional de Cafeteros
Bogotá
Señor ministro:
La Junta Nacional de la Unión Cafetera Colombiana, reunida en Pereira el 21 de abril pasado, aprobó el envío de esta comunicación para expresarle públicamente lo que es un secreto a voces: que los productores están atravesando un nuevo período crítico debido a que el balance entre los ingresos y los costos de producción se torna cada vez más negativo y que no aparecen las medidas oficiales que corrijan con firmeza esta situación que está haciendo poner en duda la viabilidad misma del cultivo en este país.
Puede resultar insólita esta denuncia cuando las cotizaciones internacionales del grano se encuentran en niveles relativamente altos en comparación con los de otros tiempos, como desde mediados de 2000 hasta 2004 cuando estuvo por debajo de un dólar, con una tendencia al alza consolidada a partir de noviembre de 2006. No obstante, esto no es lo único que le ha sucedido al café. De igual manera esos ingresos se han visto afectados por la revaluación del peso frente al dólar lo cual les ha significado a los 550.000 hogares que viven de este producto una reducción de más de 2 billones de pesos en los últimos cinco años. La revaluación entre enero y abril de 2008, por ejemplo, se ha quedado con el 15% del precio internacional, si se mira la evolución de la tasa de cambio en estos cuatro meses y prueba de ello es el menoscabo del precio interno: en marzo de 2005, cuando el precio externo era de 1,35 dólar por libra, el precio base de compra era de $558.593 por carga de diez arrobas y el 2 mayo de 2008, cuando el primero estuvo en 1, 43 dólar, el segundo se fijó en $410.000.
El precio interno actual es ruinoso ya que, adicional a la plaga macroeconómica de la revaluación, se ha sumado la del alza en los insumos de producción, fertilizantes, pesticidas, herbicidas y mano de obra, entre los más relevantes. La relación costo-beneficio para los productores está operando actualmente en su contra; los estudios de las áreas técnicas de la propia Federación estimaron que para enero de este año era del 13,3%, con una tasa de cambio de $2.180 y con costos de entonces. Sin embargo en cuatro meses el dólar ha caído a $1.760 y la evolución de los costos ha cogido una espiral ascendente continua. Según el SIPSA, en Manizales, al finalizar el año 2007, el precio de un kilo de ÚREA era de $1.136, mientras en marzo de 2008 se incrementó a $1.320, un 16,2% más; en Pereira, en esos tres meses, el precio del kilo del fertilizante 15-15-15 pasó de $ 1.043 a $ 1.418, un escandaloso 36%, y en Cartago, el kilo del Fosfato de Diamonio (DAP) se trepó, en ese mismo lapso, de $1520 a $1.900, el 25%. El poder adquisitivo del hogar cafetero ha caído a bajísimos niveles como puede comprobarse con el siguiente cuadro y debe tenerse en cuenta que continúa empeorando.
Por lo visto, el tamaño de la crisis es inmenso y, en ese sentido, es evidente que las medidas tomadas por las autoridades cafeteras no son suficientes y lo serán menos si hacia el futuro se mantienen las tendencias negativas, que es lo que parece más probable, incluida una baja en las cotizaciones mundiales. Empezando por la “nueva operatividad” que se le ha dado al AGC, el cual ya no se aplicará cuando el precio interno esté por debajo de $400.000 por carga sino que se destinará dentro del programa de renovación de cafetales junto con el ICR. Al respecto caben las siguientes preguntas, entre otras, ¿No hay incentivos para quienes no renueven? ¿Por qué se dispuso de las partidas de AGC y no se inyectaron nuevos recursos? ¿Creen las autoridades cafeteras que el precio no bajará de $400.000, si a comienzos de mayo ya está en $413.000?
No hay espacio suficiente para continuar relatando con detalle el cúmulo de problemas que los cafeteros están padeciendo como el auge de la venta del “café mojado”, que disminuye el ingreso y se hace por las necesidades inmediatas de dinero de los hogares y hasta en ínfimas cantidades, el pago obligatorio de nuevos tributos en algunas regiones, como el de la tasa retributiva, el incumplimiento a los apoyos y el abandono a quienes han sufrido calamidades naturales, como pasó con la sequía en el Huila, el entrampamiento de muchos caficultores en las deudas, principalmente las del PRAN, las cuales en muy importantes municipios cobijan a centenares de productores, las importaciones de café, la frustración que en muchas zonas ha ocasionado el programa de “cafés especiales”, que en la mayoría de los casos produce mayores costos que beneficios, el deterioro general de las vías, a pesar de los impuestos que para obras públicas se cobra exclusivamente a los caficultores, y la escasez de mano de obra, propiciada además por el continuo reclutamiento de los jóvenes de la zona cafetera para su incorporación a la fuerza pública.
Señor ministro, con base en esta descripción general de la realidad cafetera del país, es indudable que la política oficial para el café está fracasando y no consulta las necesidades ni los intereses de los productores. Por esa razón proponemos un cambio sustancial de ella, bajo el siguiente programa:
Fijación de un precio interno, rentable y remunerativo, con un proceso trimestral de actualización de costos, que asegure una ganancia por lo menos igual a la tasa de interés máxima fijada por el Banco de la República.
Subsidiar los fertilizantes básicos cubriendo a todos los caficultores, en al menos, un porcentaje que les garantice mantener su poder adquisitivo en este campo con respecto a 2005.
Condonación de las deudas del PRAN.
Sostener y ampliar, de ser necesario, los apoyos para garantizar la defensa frente a la broca y la roya.
La congelación del precio de los combustibles y la garantía del derecho al uso del agua como factor de producción.
Recuperación plena de la malla vial de las regiones cafeteras.
Apoyo incondicional a las cooperativas, libre de imposiciones y
Finalmente, queremos manifestarle nuestra indignación por el papel de las instituciones cafeteras. Solamente actúa como “comprador de última instancia”, claudicó en la defensa de la calidad del grano en la OIC, renunció en la práctica al control de la oferta vía inventarios y sus desvelos están puestos en sacar adelante los negocios privados, en el grupo PROCAFECOL, sobre cuyo origen y apropiación de la marca JUAN VALDEZ hay conceptos autorizados que los catalogan de “violación de derechos colectivos”. Solicitamos, doctor Zuluaga, que esas instituciones retomen los objetivos para los cuales fueron creadas, entre los cuales no estaba precisamente ser una ONG, como de manera maliciosa se quiere encubrir el abandono de sus funciones sustanciales.
Los caficultores de Colombia, vuelven estar con “el agua al cuello”; de desembocarse una nueva crisis, sin duda será peor que las de 1995, 1999 y 2001. Cumplimos con advertirlo.
Cordial Saludo,
AURELIO SUÁREZ MONTOYA
Presidente Unión Cafetera Colombiana.
Personería Jurídica No. 165 de abril 22 de 1986 del ministerio de Agricultura.