El gobierno colombiano acaba de aceptar el chantaje norteamericano de sacar a un negociador importante a cambio de continuar negociando el TLC. Lo significativo no es que el equipo estadounidense presione y chantajee, sino que Colombia nuevamente doble la cerviz y acepte negociar a cualquier costo

En un artículo publicado en marzo de 2004 en la edición colombiana de Le Monde Diplomatique, Carlos María Correa después de un detallado análisis demostró que el TLC entre EEUU y Chile había sido ampliamente perjudicial para el país suramericano. Con un conocimiento detallado del tema, el experto declaró que el TLC de Chile con EEUU, rebasaba ampliamente lo definido en la Organización Mundial del Comercio y ponía en serio peligro la salud pública y el acceso de la población a los medicamentos genéricos, dando privilegios exorbitantes a las multinacionales.

Los gobiernos andinos, a instancia de los ministros de salud, habían buscado a Correa para que los asesorara y posteriormente definieron que estuviera en la mesa de negociaciones. En la Ronda de Lima donde el experto debía sentarse en dicha mesa, el gobierno estadounidense vetó su presencia. Perú y Ecuador se hicieron a un lado afirmando que el impasse debía ser resuelto entre Colombia y Estados Unidos. Esta potencia señaló que si se encontraba Correa en la mesa de negociación en propiedad intelectual, este tema no seria negociado y que si no se negociaba propiedad intelectual no habría TLC. El resultado fue que la mesa de propiedad intelectual no pudo sesionar. Correa fue pasado a un “cuarto de apoyo técnico” después de consultas entre Washington y Bogotá, en las cuales el ministerio de Comercio Exterior jugó del lado de los estadounidenses ya que las primeras objeciones a la presencia de Correa vinieron, durante la ronda de Atlanta por parte de funcionarios del Ministerio de Comercio Exterior colombiano. Estados Unidos fue enfático: o sale Correa o no hay TLC.

Lo que está en juego no es la suerte laboral del Dr. Correa, y ni siquiera si se sienta en la mesa de negociaciones, sino que el representa, una posición que no acepta que se tome el TLC con Chile como piso de la negociación, cuestiona los acuerdos sobre propiedad intelectual definidos en la OMC, y defiende los genéricos y la salud pública.

Muchas lecciones se pueden sacar del incidente. Primero: la unidad andina es netamente retórica y cada uno va por su lado, segundo, la conducta del gobierno colombiano está nuevamente en entredicho: sacrificar al Dr. Correa significa renunciar de antemano a la posición que el defiende, aceptar la injerencia de los estadounidenses en asuntos internos del país y negociar en una posición débil. Tercero, Estados Unidos aprovecha la debilidad del gobierno para, “midiéndole la gana de negociar” poner condiciones cada vez más duras y anotarse en cabeza de Correa un éxito en la negociación de propiedad intelectual. Aunque el tema seguirá en la mesa para, entre otras cosas mantener la apariencia de que se luchó hasta el final, en la última ronda se protocolizarán las grandes concesiones que se están haciendo

No hay que olvidar que Colombia cedió unilateral y gratuitamente con el decreto 2085 en un tema que Chile cedió en las negociaciones con Estados Unidos, los datos de prueba. Con el decreto Colombia otorga protección de 5 anos a la información de medicamentos que ingresen al mercado del país, fortaleciendo el monopolio de las Multinacionales Farmacéuticas.

Ante tamaña arrogancia la única posición digna hubiera sido recoger el guante, paralizar todas las mesas y retirarse de las negociaciones. Ahora, al expresarse nuevamente la obsecuencia del gobierno colombiano, que seguramente se apresta a encerrar a Correa y sus posiciones en el cuarto de san alejo, no queda duda de que la tan publicitada estrategia negociadora del gobierno se reduce a un tímido forcejeo para lograr el acceso de unos cuantos productos básicos al mercado norteamericano, a cambio de entregar todos aquellos aspectos en los que se cifran las perspectivas de un desarrollo autónomo del país: la ciencia y tecnología, el bienestar de la población, el desarrollo industrial, la biodiversidad y ante todo la dignidad nacional.

Deja un comentario