Oscar A. Varón B., EL NUEVO DÍA; septiembre 20 de 2003
Después de que los países industrializados manifestarán en la reunión de la Organización Mundial del Comercio, OMC, la cual se cumplió en la ciudad de Cancún, que no están dispuestos a eliminar sus subsidios agrícolas, y los cuales han mostrado un constante desinterés por el tema de la liberación de los flujos comerciales, cabe preguntarse ¿Qué va a negociar Colombia bilateralmente con Estados Unidos, y cuál va a ser en definitiva el papel del sector agropecuario?.
Esta pregunta toma más fuerza después de conocerse las declaraciones del ministro de Comercio Exterior, Jorge Humberto Botero, quien estuvo en la cumbre comercial mexicana, y quien declaró a un diario internacional que “mi país está convencido de las bondades del libre comercio y de la utilidad de la OMC para regularlo y facilitar su crecimiento.
Esto indicaría que seguramente Colombia en las negociaciones bilaterales tendrá una posición más “flexible” para asumir un TLC con Estados Unidos. ¿Pero, hasta dónde irá tanta laxitud, sobre todo cuando el país ha involucrado el sector agrícola en las negociaciones internacionales que comienzan en enero de 2004 y donde además quedó demostrado que los países más ricos del planeta continuarán con sus subsidios y seguramente con sus barreras exportadoras?
Por el momento, el Ministro de Agricultura y el Gobierno nacional han puesto a sonar el tema de la reconversión agrícola, lo cual indica que los cultivos tropicales entrarían a remplazar parte de la producción nacional.
Hasta aquí y de acuerdo con los conceptos emitidos por los funcionarios gubernamentales, se podría aplicar la lógica y decir que efectivamente el TLC traerá cambios sustanciales para el sector agrario, pues de lo contrario no se hubiese contado con los renglones agrarios en los acuerdos del próximo año.
Sin embargo, las condiciones y el futuro del acuerdo no son claras, pues ante el caso de los algodoneros africanos, que sufren los procesos de exportaciones y la competencia desleal por medio de los altos subsidios de este producto por parte de los gringos, ahora se les anuncia que deberán cambiar de cultivo o ganarse de otro modo de vida para sobrevivir.
¿Si esto sucede entre las relaciones del país más rico del planeta, con naciones que sufren con las constantes plagas, los altos índices de mortalidad, y que viven a diario con enfermedades como el SIDA, qué puede esperar Colombia?.
Seguramente, la tesis de Antonio Caballero, columnista de Semana cobra mayor vigencia cuando escribió que “desde los tiempos remotos de los fabulistas griegos se ha sabido de sobra que no se pueden establecer acuerdos bilaterales entre el león y el cordero, porque el cordero termina siempre en la barriga del león”.
Ahora bien fuera del contexto internacional, los conceptos emitidos por los funcionarios del Gobierno y los gremios de la producción tampoco resultan claros, mucho más cuando las condiciones de EE.UU son tan marcadas.
No es casualidad
Para Angel María Caballero, presidente de Salvación Agropecuaria, el hecho de que el sector agropecuario haya quedado involucrado en el TLC no es un evento casual ni aislado de la política internacional que predica Norteamérica y de los condicionamientos que esto genera; sin embargo, queda por explicar qué pasó internamente en los gremios agrícolas para aceptar esta situación, y sobre todo quienes cambiaron sus posiciones, pues Fedearroz creía inicialmente que este renglón quedaría absuelto en este proceso.
“No es casualidad que esto suceda. Recordará la opinión pública que el ministro Carlos Gustavo Cano y Rafael Mejía, presidente de la SAC, venían hablando desde hace un tiempo de convertibilidad económica y tecnológica, de hecho en el proceso de negociación presentado por Cano como carta de navegación para el TLC, se involucraba un fondo para la reconversión cuyos recursos no deberán ser reembolsables. También se habla de transferencia tecnológica apoyada por los Estados Unidos.
“Con ello están hablando de que habrá perdedores en este proceso, pues en el marco del tratado, y sumado al documento se explica que el dinero proveniente del Fondo será utilizado en reconversión (cambio de un cultivo por otro). Es decir que habrá sustitución de cultivos, pero nunca se dijo que fuera todo el agro nacional”, dijo Caballero.
Incongruencias
En las declaraciones de Rafael Hernández, gerente de Fedearroz a este medio de comunicación se precisó el pasado 6 de septiembre que le había solicitado al Presidente de la República que productos sensibles, como el arroz quedaran por fuera del TLC, con lo que al parecer el mandatario habría quedado comprometido. Sin embargo, en la actualidad este producto quedó inmerso en la negociación. ¿Quién entonces reculó dicha proposición?
“Yo le creo de buena fe a Fedearroz que creía que este producto quedaría por fuera de la negociación. Además porque existe el antecedente de octubre del año anterior cuando el ministro Cano Sanz reunió a los ministros del Pacto Andino para fijar un arancel externo común como base de la negociación del ALCA.
“En su momento, el alto Gobierno, a través de otro ministro como Jorge Humberto Botero, Rudolf Homes y la ANDI lo desautorizaron alegando que Colombia podría perder la facilidad de prorrogar las deudas que tiene la nación por dicha actuación. Seguramente no hay credibilidad del sector agrario o no será demasiado importante para el Gobierno el tema cuando esto sucede.
“La segunda incongruencia de la SAC y de las agremiaciones ante una situación tan grave como esta, y que supone la negociación de sectores que no tienen competitividad internacional como el arroz, es que se anuncia una reconversión con una plazo hasta de 15 años.
“Esto indica que el sector comenzará a morirse lentamente cuando lo que se necesita es la defensa y protección del agro nacional, del cual depende la subsistencia directa de más de cinco millones de personas”, puntualizó Caballero, quien anunció que ante la evidencia de que el TLC va a quebrar la economía rural, su movimiento realizará un paro en las principales carreteras del país. “Una vez anunciado por el propio Álvaro Uribe de que todo el agro se negociará, y observando que en el transcurso de esta semana, por cinco millones de dólares, Colombia evade el tratado de Roma, y se anuncia que todo criminal que viole la ley internacional deberá ser juzgada por la Corte Penal Internacional, vale preguntarse ¿Cuánto vale entonces el sector agropecuario para el Gobierno?” puntualizó.
Intereses
De esta forma, y en medio de una escalada de ventas al exterior de los intereses nacionales, el ámbito de la negociación sigue siendo inconsistente. Pues, por una parte el Gobierno anuncia la negociación de todos los sectores sin definir estrategias; de otro lado, las agremiaciones defienden el agro, solicitan excepciones y se ven enmarcadas en el TLC sin mayores reparos.
Y, por último, el representante Comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, durante su visita a Colombia cuando se le preguntó acerca de los beneficios para Colombia después de culminar sus programas de cero amapola y ante la dinámica que ofrece los desplazados, lo único que mencionó es que se va a organizar una empresa, denominada ALCA, para venderle al país unos alimentos baratos.
“Ya oigo que mañana nos estarán diciendo a los colombianos que nos olvidemos de producir arroz, algodón, oleaginosas, entre otros productos como sucede con África en la actualidad.
“Este TLC significa la destrucción del campo colombiano de una forma diferida cada año. En este proceso alguien miente, pues cada vez que el Ministro de Agricultura intenta defender el agro y el Presidente supuestamente lo apoya, le toca echarse para atrás. Cuando los gremios se ilusionan y hablan de exoneración, terminan aceptando la reconversión. No sé si los gremios agrícolas se sienten en la actualidad como el marido engañado.
“Ahora, dice el Gobierno que este asunto se trata de saber negociar. Sin embargo, ocurre que los que están negociando son los mismos funcionarios del gobierno Gaviria que le dieron vía libre a la apertura, y más grave resulta que los negociadores no son de confianza del sector agropecuario. “Sin duda, esto es motivo para la lucha social y la defensa de lo que queda de la agricultura”, indicó Caballero, quien agregó que lo más delicado del asunto es que es Colombia el que está pidiendo a gritos un TLC con Estados Unidos bajo las condiciones del imperio.
En este contexto, Caballero dijo que si en manos de un tolimense con tradición arrocera como Carlos Gustavo Cano, ministro de Agricultura, va a ser arruinado y destruido el sector agropecuario nacional, entonces debería renunciar inmediatamente por honor y dignidad. Además su papel ha quedado en entredicho ante tantas incongruencias y en diversas oportunidades por sus mismos colegas. En todo caso, todo parece indicar que muchas personas de los gremios agrícolas recularon en sus apreciaciones y ahora aceptan el TLC como algo natural.