Cuando John Jairo leyó el texto del acuerdo firmado entre el gobierno y los negociadores que representaron a los cafeteros respiró tranquilo, lo alcanzado es importante y corresponde a la magnitud de la protesta que lo tuvo como a otros miles once días a la vera de la carretera, resistiendo el clima, la incomodidad de un cambuche, limitaciones en la alimentación y por supuesto las arremetidas de la fuerza pública con gases asfixiantes, los golpes con balines de plomo recubiertos con goma que producían dolores intensos a quienes impactaban o el garrote limpio y las patadas a quienes lograban agarrar en la trifulca, amén de la zozobra permanente por la amenaza latente de desalojarlos a sangre y fuego. Derrotar la negativa por principios del gobierno a entregar subsidios a los agricultores con lo que se rompe el dogma neoliberal y de los tiempos del libre comercio demuestra que la unidad de los productores de campo y la ciudad puede torcerle el pescuezo a una política contra la nación y su desarrollo; el gobierno debió estirar su miserable oferta de sesenta mil por carga a ciento cuarenta y cinco mil, esta cosecha proveerá a los cafeteros de ingresos decentes para pasar el trago amargo y en mesas temáticas se abordarán los temas de precios de fertilizantes, problemas de créditos, importaciones de café y licencias ambientales a multinacionales petroleras y mineras en zonas de reserva natural y producción agropecuaria, escenario en los que participarán los ministerios responsables, la vicepresidencia y los representantes de la Dignidad Cafetera, lo que demanda la continuidad de la organización que se dieron los cafeteros en esta heroica jornada para garantizar los resultados esperados y se rubrique otro de los éxitos logrados en esta batalla: librar a los cafeteros de la coyunda de la Federación de Cafeteros el instrumento a través del cual el gobierno adelantaba sus políticas contra los cafeteros desconociendo los reclamos de la base cafetera hoy sentada con el gobierno para decidir su futuro. La sociedad entera rodeó a los caficultores en su reclamo por su justeza, lo repetirá con los arroceros en vísperas de paro y otros sectores, pero si se quiere que los cambios que requiere el país sean permanentes, deberemos en las urnas proveernos de una nueva dirigencia que rompa con la entrega de la nación a menos precio tal y como lo hacen los socios de la manguala nacional.

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