“Durante siglos Inglaterra se apoyó en la protección, la apoyó hasta límites extremos y logró resultados satisfactorios. Luego de dos siglos, consideró mejor adoptar el libre cambio, pues piensa que la protección ya no tiene futuro. Muy bien, señores, el conocimiento que yo tengo de nuestro país me lleva a pensar que, en doscientos años, cuando Estados Unidos haya sacado de la protección todo lo que ella puede darle, también adoptará el libre cambio”.

Ulysses Grant, presidente de

Estado Unidos (1868-1876)

Antes de iniciar mi exposición me gustaría hacer un comentario sobre una tesis muy particular, que se ha erigido como uno de los principales argumentos del Gobierno y sus representantes. La tesis espuria de que el debate sobre el ALCA y el TLC con EEUU debe ser des-ideologizado, me parece algo de lo más ideológico, o me pregunto yo, ¿De cuando para acá las discusiones sobre las visiones del desarrollo de las fuerzas productivas de una nación, sustentadas en diferentes ciencias sociales no tienen un componente ideológico?. O porque en la economía, que es una ciencia social, existen clásicos, marxistas, neoliberales, keynesianos, estructuralista, etc. Si esto es así, le propongo a los defensores de la tesis en mención, que funden una nueva escuela de pensamiento en las ciencias sociales, la escuela de los des-ideologizados y se soluciona el asunto; y si no quieren fundar la nueva escuela, pues que no se utilicen argumentos tan vacíos a la hora de realizar un debate que se tiene que llevar a cabo con mucha altura, porque lo que esta en juego aquí, es el futuro de 44 millones de colombianos.

Ahora, discutir sobre el Área de Libre Comercio para las Américas y del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, es disertar sobre el desarrollo del país; por eso resulta curioso oír y leer las exposiciones de los defensores de los tratados, habló Gobierno y algunos sectores sociales, pues estas se sustentan siempre sobre las experiencias de otras naciones (léase México, Canadá, Chile, etc.), sin querer negar que estas sean un buen referente, pero, si uno anda medio despistado, puede concluir que Colombia no posee experiencia alguna en liberalización comercial, cosa que no es cierta. Entonces, de aquí surge un cuestionamiento, que inexorablemente debe ser contestado, ¿Qué le sucedió a la economía colombiana en la era de la apertura económica e implementación del modelo neoliberal? De la respuesta a la anterior pregunta es de donde surgen los argumentos que sustentaran nuestra exposición, con otras cuestiones que se agregan en el ALCA y el TLC con EEUU.

Aunque parezca una verdad de Perogrullo, es necesario hacer un repaso de toda la experiencia adquirida por el país en los últimos tres lustros. Porque resulta ser nuestro marco referencial para pronosticar lo que se avecina con el ALCA y el TLC con Estados Unidos, o ¿No son el TLC y el ALCA más dosis de apertura y de neoliberalismo?

La primera secuela de la liberalización, fue un sustancial aumento de las importaciones muy por encima de las exportaciones, el resultado, un déficit estructural en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos. Con el período aperturista Colombia, pasó de registrar, en la balanza comercial, un déficit de 2.708 millones de dólares, entre 1983 y 1992, a un déficit de 24.746 millones de dólares, entre 1993 y 2002. Al comenzar los años 90’s el país debía alrededor de US$ 17.000 millones, cifra construida en cerca de nueve décadas. Actualmente, el país debe alrededor US$ 37.871 millones, la cifra se multiplico por más de dos en poco más de una década. Por tanto, si el déficit en la cuenta corriente no explica el aumento de la deuda externa, ¿entonces que lo explica? Será comparable el desbalance fiscal con la cifra en cuenta corriente. Las cifras no pueden ser más contundentes.

En materia sectorial, se reflejan los efectos del mayor el déficit comercial. El alud de importaciones agropecuarias, que pasaron de 700 mil a siete millones de toneladas, generó una disminución de la superficie agrícola de cerca de 840 mil hectáreas netas. En los cultivos transitorios se perdieron 150 mil empleos, sumado a la cifra, está la disminución de 230 mil empleos en el sector cafetero, producto de la crisis, que debe ser entendida dentro de la lógica de los dictados del neoliberalismo y no en otras causas. El resultado neto en pérdida de empleos es del orden de los 83 mil. Muchos analistas, incluido el Gobierno, le atribuyen el mal comportamiento del sector agrícola a la revaluación del tipo de cambio, tratando de insinuar, que la revaluación no fue una consecuencia del modelo, sino un factor exógeno, o ¿Es que acaso uno de los tópicos incluidos en el Consenso de Washington no contempla la liberalización del cuenta de capitales? La revaluación es una situación inherente al modelo, con el agravante de que los vaivenes del tipo de cambio real, están subordinados a los movimientos de capitales internacionales de carácter especulativo. Para el campo, el panorama no pudo ser más desastroso, por un lado, disminución de la protección y, por otro, revaluación al orden del día.

El caso de la industria es mucho más grave que el de la agricultura. El sector paso de generar el 18% del PIB en 1990 a el 13.95% en 2002, mostrando una caída del 22.5% dentro de la generación del PIB. El PIB industrial cayó en 1999 en el orden del 8.55%, que fue uno de los principales determinantes para que el país tuviera el peor desempeño estadísticamente registrado, por causa de los encadenamientos sectoriales de la industria. Es bueno decir, que el desastre industrial y agropecuario no alcanzó proporciones mayores, gracias a los niveles de protección aún existentes; los cuales para las importaciones agropecuarias rondan el 70%, en promedio, y para la industria la protección real es aún mayor.

Los perjuicios forjados por la apertura no se limitan al caso de la producción, van mucho más allá. Las últimas cifras del DANE, muestran como la población colombiana por debajo de la línea de pobreza llega al 66.3%. Indicadores muy preocupantes después de compararlos con las mediciones anteriores. En 1980 sel indicador registro el 50%, en 1997 55%, crecimiento medio anual del 0.6%. Entre 1997 y 2003 el crecimiento anual medio del 3.2%, cinco veces mayor a la tasa anterior. Complementario, el coeficiente de Gini, índice medidor de la concentración de la riqueza, paso de 0.468 en el 1er trimestre de 1994 a 0.541 en el 4to trimestre de 2002. Lo anterior, en términos simples quiere decir, que a una gran masa de colombianos le ha ido muy mal y a una pequeña minoría le ha ido y le va muy bien, y es precisamente esta minoría la interesada en firmar el TLC con Estados Unidos y el ALCA. Minoría que esta empleando todo su arsenal económicos y político, primero, para congraciarse con los intereses del Norte y, segundo, para convalidar ante el país tan lesiva política.

En los últimos años de neoliberalismo, el mercado laboral se ha convertido en un escenario, donde, se da un sistemático aumento de la tasa natural o estructural de desempleo. Según el CID de la Universidad Nacional, la tasa natural entre 1984-1994 fue del 11.8% y para 1995-2001 fue de 14%, representado un aumento del 18.64%; o sea, que en el año 2001 existía un ejército de 2.717.717 personas desempleadas de manera natural, ciudadanos, que el sistema productivo, no tiene capacidad estructural alguna para absorber.

A todo lo anterior, se le agrega que la política económica en cabeza del Banco de la República y el Ministerio de Hacienda, se diseña para satisfacer los intereses del capital financiero internacional y, los de algunos especuladores criollos. Los progresivos aumentos en las tasas impositivas internas y, las ampliaciones del gasto público en rubros como servicio de deuda y defensa, sólo favorecen a esos intereses, no a otros. Además, la obsesión por el control a la inflación, no cumple otra función que la de garantizar el valor, a través del tiempo, de las inversiones que en la nación posee el capital trasnacional. Esta es la principal deficiencia de la política económica en el país, pues se diseña para beneficiar intereses, no relacionados con los de las mayorías cada vez más paupérrimas.

En medio de este caos, el país se pregunta estupefacto, ¿Porque las autoridades económicas nacionales siguen haciendo juicioso caso de las presiones del Fondo Monetario Internacional, si el modelo de desarrollo impuesto por este organismo ha sido un fracaso para las fuerzas productivas de la nación?. La respuesta es sencilla, lo que es catástrofe para nuestro país y los hermanos latinoamericanos, es un caudal de beneficios para las empresas tras-nacionales y para la economía Estadounidense. Aquí esta la razón para tanta insistencia; no esperemos que con la continuidad en aplicación del modelo neoliberal, expresado en el ALCA y el TLC, el país alcanzara un nivel de desarrollo superior al actual, si es que a lo vigente se le puede denominar desarrollo.

Ningún poblador de Colombia, por incauto que este sea, después de explicársele juiciosamente lo sucedido en los últimos años, negaría que el ALCA y el TLC son más dosis de apertura y neoliberalismo. Empero, los tratados en cuestión van muchísimo más haya de lo impuesto a nuestra economía hasta el momento. Por esta razón, los opositores al proyecto afirmamos, al hablar del tema, que la firma del ALCA y el TLC, son eventos comparables con la colonización de América, sucedida en el siglo XVI y, con la emancipación del yugo español del siglo XIX; con la contradicción, de que mientras los primeros le aportaron algo al desarrollo de la nación, los segundos, son un quirúrgico programa de involución para las fuerzas productivas del país.

Todo lo relacionado con la propuesta aperturista, tanto la del noventa como la contemplada en el ALCA y el TLC, se encuentran sustentadas sobre el principio de la ventaja compartativa. La materialización de los supuestos fundamentales de la teoría de la ventaja comparativa, exige homogeneidad tecnológica entre las economías interactuantes, puesto que, de lo contrario, las agrarias y subdesarrolladas, como la nuestra, juegan un rol de proveedoras y tributarias de las industrializadas, al interior de las cuales resulta generándose la mayor parte del valor agregado. ¿Existe acaso un grado de similitud tecnológica entre la economía norteamericana y la colombiana? Además, los índices de ventaja comparativa tienen un problema técnico de fondo, estos son indicadores estáticos y no dinámicos, emplean como referencia los precios internacionales, que se encuentran distorsionados y, son afectados por la variable tipo de cambio, factor en extremo volátil. Por estas razones, no es conveniente elaborar una política de desarrollo económico nacional, sobre factores técnicos, en sumo grado inadecuados.

El ALCA y el TLC, son acuerdos, por obligación, congruentes con las reglas y disciplinas de la OMC. En este sentido los compromisos acordados en la OMC son el punto de partida de las negociaciones y constituyen por consiguiente un mínimo a garantizar, ya que de conformidad con el mandato, el ALCA y el TLC, incorporan nuevas reglas y disciplinas con respecto a las de la OMC, y además, deben tomar en cuenta las plenas implicaciones de los derechos y obligaciones de los países como miembros de la OMC. Es decir, que las reglas de la OMC son el mínimo establecido a negociar, y en el caso ALCA y TLC las reglas son ineludibles, pues todos los países que hacen parte de las negociaciones, son activos miembros de la OMC, con lo cual, ya existe, previo a las negociaciones, una agenda que no puede ser excluida del tratado.

La necesidad de ir mucho más haya de las reglas de la OMC, no es un simple capricho. El que los tratados en mención, contemplen temas, que aunque relacionados con el comercio de mercancías, tienen implicaciones más severas que los ligados con las materias arancelarias y para-arancelarias. Los tratados contemplan temas, que van desde el acceso a mercados, la agricultura, pasan por el sistema de protección a la inversión extranjera, la prestación de servicios, las compras del sector público, la solución de controversias, los subsidios antidumping y derechos compensatorios, las políticas de competencia, hasta llegar, al tema de la propiedad intelectual. A pesar de existir una evidencia contundente, en el sentido, de lo que Colombia debe esperar en las materias del negocio, se continúa insistiendo en la salida del libre comercio, como la más óptima. Para el caso de la propiedad intelectual, existe un estudio, elaborado por Fedesarrollo, muy revelador. El estudio cuantifica las implicaciones económicas, de asumir un sistema de patentamiento, que vaya mucho más lejos, caso ALCA y TLC, a lo contemplado en el Acuerdo General sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC); este señala, “que el reforzamiento de la protección de la propiedad intelectual (en particular en lo referente al secreto empresarial), implica que la pérdida de bienestar del consumidor (colombiano), para un año, es de US$ 777 millones (a precios del año 2000) y agrega sobre esta pérdida de bienestar, que en diez años sería de 4.051 millones de dólares”. De estas conclusiones, se puede inferir, que en lo que respecta al progreso técnico en la esfera de los medicamentos y los agroquímicos, en el ALCA y el TLC, se busca es el denominado reforzamiento de la propiedad intelectual, erigiendo barreras institucionales a la competencia. El ejemplo anterior, se aprovecha solo para nombrar uno de los efectos, que se deben esperar, sin querer decir, que los resultados relacionados con los otros temas de la negociación, no sean igual o más graves.

La estrategia comercial norteamericana, no sólo procura penetrar los mercados de todas aquellas naciones que firmen acuerdos de libre comercio con ella, convirtiéndolas asía en sus subsidiarias. El acervo de acuerdos de libre comercio que actualmente se están firmando o se encuentran en proceso de negociación entre EEUU y otras naciones, es un mecanismo por medio del cual, con el argumento de posibilitar el acceso al mercado más grande del mundo, se instaura la competencia, más desmedida, entre naciones subdesarrolladas y atrasadas, por colocar sus productos al precio más bajo en el mercado de EEUU. Aquí se aplica, uno de los principios de la racionalidad económica, más aceptado mundialmente, “si es posible el acceso, los mercados escogen por el precio más bajo, para así, maximizar el ingreso del consumidor”, que en este caso es EEUU. En la competencia por posicionar productos, básicos o de tecnologías agotadas, en el mercado estadounidense, existen cerca de noventa naciones, todas ansiosas, por colocar sus mercancías en el mercado del norte. De tal manera, que resulta ilógico pensar, que los norteamericanos nos están haciendo un favor, como no lo tratan de hacer ver, los defensores y promotores de los tratados. Ellos vienen por lo suyo, que no es poco.

Término resaltando, una cuestión histórica que los análisis del Gobierno no abordan, por una deficiencia en su visión de la economía política. En el presente, el capital comprometido con el comercio externo anual de mercancías vale 6 billones de dólares, mientras los excedentes de capital, en forma de flujos financieros, suman al día entre 1.8 y 2 billones de dólares. La actual era del sistema capitalista, no es la mercantil, ni mucho menos la industrial, nos encontramos en la etapa del capitalismo financiero, donde los flujos especulativos priman. Entonces, la nación que mayor capacidad de competir posee, es aquella con el mayor músculo financiero; ¿Será posible que Colombia con unas tasas históricas de ahorro tan deficientes, y con una tendencia a caer, podrá competir con la capacidad económico financiera de los norteamericanos? La evidencia, irrefutablemente nos dice que NO.

Muchas Gracias.

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