Con el cinismo propio de los neoliberales vergonzantes el nuevo director de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria-Corpoica, Juan Lucas Restrepo, afirmó en declaraciones de prensa que “desempolvaremos la investigación del sector agropecuario”. No habría podido utilizar un término más preciso, porque “desempolvar” describe lo que los gobiernos han hecho con la investigación de un sector vital para el desarrollo moderno: guardar, ocultar.
A lo largo de 45 años, sucesivos gobiernos, arrodillados al capital imperialista, no solo liquidaron –por presiones externas–, el mayor centro de investigación agropecuaria, el Instituto Colombiano Agropecuario-ICA, sino que la poca investigación que pudieron realizar esforzados profesionales, comprometidos con el desarrollo económico nacional, aglutinados en la minusválida organización que crearon para remplazarla, Corpoica, fue literalmente engavetada.
¿Por qué desmontaron y casi liquidaron el ICA? Corrían los años finales de la década de los 60 del siglo pasado cuando en los EE.UU. la productividad y rendimientos de la producción agropecuaria, altamente subsidiada y protegida por el Estado, alcanzó niveles extraordinarios de producción. A tal volumen que los excedentes para exportación eran cantidades significativas. La ofensiva sobre los mercados, liderada por el gobierno norteamericano, no se hizo esperar. Así las presiones sobre los gobiernos, especialmente los de su área de influencia –América Latina y Colombia en particular “su mejor aliado en la región desde tiempos inmemoriales” –, estuvieron al orden del día en su política comercial.
Primero fueron las “ayudas”, a través de la AID. Regalaron cantidades importantes de trigo, maíz, cebada, arroz, etc., que en la práctica se convirtieron en competencia desleal para la producción nacional. Luego vinieron las presiones económicas utilizando la deuda pública y los créditos internacionales como ariete, obligando a acabar cualquier tipo de apoyo a los débiles productores nacionales.
En América Latina, Colombia fue el país más sumiso y obsecuente con los ucases imperialistas. No solo acabaron los escasos créditos subsidiados sino el apoyo a la comercialización de productos agropecuarios con la liquidación del IDEMA, y la investigación y transferencia de tecnología, desapareció paulatinamente con la transformación del ICA.
Así la producción de alimentos se fue marchitando, como también sucedería con el resto de cultivos comerciales, donde el algodón es el caso más dramático. Primero desapareció el trigo, luego se marchitó el maíz, se debilitó el arroz, desapareció la cebada, la soya, el sorgo, el ajonjolí…lo poco que los agricultores colombianos habían construido con su trabajo duro y tesonero.
Lo que preocupa ahora es si esta investigación, en la que se van a invertir recursos importantes de la nación, no vaya en la dirección de favorecer intereses de las multinacionales de la comercialización de productos agropecuarios, de semillas o de agroquímicos, y no de los pequeños, medianos y grandes productores nacionales. ¿Será?