El otrora producto estrella de la agricultura colombiana el café amaneció hoy con un precio en el mercado internacional de 1,47 dólares la libra, aunque el año anterior llegó a superar los 2 dólares en realidad no es un mal precio para un producto que ha tenido cotizaciones de 60 centavos de dólar, sin embargo la crisis que padece la caficultura colombiana no tiene precedentes y es sin duda la más grave en su historia al punto que no resulta descabezado pensar que podríamos reducir aún más la producción nacional, que llegó a ser de 16 millones de sacos a menos de 8 desde hace 4 años. ¿Cuál es la explicación de este problema, de donde proviene su origen? Al menos tres razones de orden interno inciden de manera determinante:
La política cambiaria que facilita la apreciación del peso frente al dólar afecta a los exportadores porque pierden un 35% del valor que podrían recibir, es decir que por cada cien pesos que deberían obtener a una tasa de cambio que reflejara la verdadera debilidad de nuestra economía solo reciben sesenta y cinco; el segundo aspecto que los perjudica son los elevados costos de producción por los precios de los insumos agrícolas: abonos, fungicidas, insecticidas que impiden ser competitivos con otros países productores que subsidian estos productos y disponen de mano de obra más barata y el tercer aspecto se refiere al agotamiento de los suelos y la inexistencia de nuevas variedades que respondan a los cambios climáticos y la propagación de plagas y enfermedades producto de prácticas intensivas que eliminaron la compañía de otras especies protectoras y la carencia de investigación y validación de nuevas variedades; Las tres talanqueras que agobian a la caficultura tienen un patrón común, son responsabilidad del gobierno y únicamente pueden ser resueltas por su voluntad.
Mientras que en el resto del mundo la producción ha aumentado, en Colombia la cosecha cada año es menor, con consecuencias perversas para el país, estamos consumiendo café de inferior calidad importado de otros países con lo que pagamos a sus campesinos los jornales que le faltan a los nuestros para sobrevivir y ponemos en riesgo la prima de calidad que nos reconoce el comercio internacional por la sospecha de que estemos mesclando nuestro producto con el importado para reenviarlo a los mercados externos, de continuar así Juan Valdés no sobrevivirá en el imaginario planetario.