José Arlex Arias, La Verdad, Cartagena, enero 2 de 2017
Los colombianos despedimos el año bisiesto 2016 con la incertidumbre de que el 2017 podría ser peor, no solo por los terroríficos sucesos que nos tocó vivir, sino además porque el gobierno de Juan Manuel Santos se dedicó a establecer políticas que golpearán profundamente a la mayoría de la población, conformada por las clases media y baja, que sentirán el impacto de una Reforma Tributaria pródiga con los multimillonarios, pero cicatera y alcabalera con los trabajadores. Esa Reforma fue impuesta en el Senado por una minoría de 43 “padres de la patria” de la Unidad Nacional que votaron Sí, mientras que 16 lo hicieron por el No. Nuevamente el Centro Democrático le salvó la papeleta a Santos, pues si en vez de votar por el No, se hubieran retirado de la sesión, la Reforma se hubiera hundido por falta de quórum. Adicionalmente, el presidente Santos niega un mejor aumento del Salario Mínimo, lo que obligó al retiro de la “Mesa de Concertación” de la Central Unitaria de Trabajadores –CUT–, la principal confederación sindical del país.
2017 se viene con una marejada de alzas de impuestos que rápidamente se van a engullir los pálidos aumentos salariales, con un IVA que se ajusta del 16% al 19% para casi el 90% de los productos, bienes y servicios que consumen los colombianos, pero además a más del 60% de la canasta familiar, incluyendo a los aceites. Otro gravamen que golpeará fuertemente el bolsillo es el impuesto a los combustibles, que en el caso de la gasolina se cobrará hasta $200 más por cada galón. Pero mientras esto sucedía contra la población menos favorecida, a las empresas de las 100 Zonas Francas les bajan la tasa de tributación del 33% a solo el 20%, en tanto no tendrán que pagar parafiscales, con el fementido argumento de mejorar la competitividad de sus empresas y generar empleos; argumento que los mismos estudios del Gobierno indican que no funciona. Así mismo, les baja el impuesto de renta a los grandes capitales. La Reforma mantiene el gravamen del 4 por 1.000, constituido en un golpe a los usuarios del sistema financiero; cobra impuestos a los planes de datos de internet; aumenta el impuesto a la telefonía móvil y a los aparatos tecnológicos; establece impuesto de $700 por cajetilla de cigarrillos; crea el “monotributo”, consistente en cobrar el 1% sobre las ganancias a los pequeños negocios; establece un impuesto a las bolsas plásticas; y no tendrá en cuenta los aportes al sistema de salud como base de retención en la fuente de los asalariados, para subir la base del descuento. Sin embargo, la Reforma exonera de impuestos la construcción de hoteles. En síntesis, el 90% de la población aportará $12 billones, mientras a los grandes capitales les disminuyen la contribución.
Los neoliberales han impulsado la Conciliación como un mecanismo de solución de conflictos, pero para concertar los intereses de la población –derechos fundamentales, convenciones colectivas, entre otros–, mas nunca de las billonarias utilidades de las multinacionales y potentados; por eso este mecanismo se vuelve perverso y no ofrece garantías a las organizaciones sociales que defienden a la clase trabajadora. ¡El camino es la movilización civil, como derecho democrático!