{"id":9716,"date":"2015-10-18T15:57:11","date_gmt":"2015-10-18T15:57:11","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/la-mutacion-de-los-paisas\/"},"modified":"2015-10-18T15:57:11","modified_gmt":"2015-10-18T15:57:11","slug":"la-mutacion-de-los-paisas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/la-mutacion-de-los-paisas\/","title":{"rendered":"La mutaci\u00f3n de los paisas"},"content":{"rendered":"<p>Cuentan que en los peque\u00f1os pueblitos que colman las cumbres de las monta\u00f1as de Antioquia, las madres ya conocen el desmemoriado fin que la muerte ha escogido para la mitad de sus hijos antes de nacer.<\/p>\n<p>Saben de la maldici\u00f3n que persigue a su familia, saben que sus hijos morir\u00e1n de la misma forma que como murieron sus madres, sus abuelos o sus t\u00edos. Lo saben desde siempre, desde que tienen memoria, desde que empezaron a poblar aquellas lejanas laderas andinas, a m\u00e1s de dos mil metros de altitud. Dicen que acostumbran a encomendarse a dios en el d\u00eda de la boda, para pedirle fuerzas suficientes para sobrellevar el peso de la maldici\u00f3n. Saben que ya no habr\u00e1 remedio cuando comiencen los primeros olvidos, los primeros descuidos, que anticipan, casi sin remedio, que la desgracia ha vuelto a llamar a sus desvencijadas puertas. <\/p>\n<p>Cuentan que los habitantes de los pueblos en las monta\u00f1as antioque\u00f1as, que entre ellos se llaman paisas, de paisanos, est\u00e1n perdiendo la memoria. Cuentan que ya no saben qui\u00e9nes son, que caminan absortos por la casa que una vez reconocieron como hogar. Dicen que al principio empezaron a olvidar el nombre de sus hijos, y que ahora ni tan siquiera son capaces de recordar que una vez fueron padres.<\/p>\n<p>Cuentan que cuando los afectados ya no ten\u00edan remedio, sus familiares intentaban que los acogieran en la casa de locos de Medell\u00edn. A casi ninguno ni tan siquiera les conced\u00eda ese deseo la esquiva fortuna.<\/p>\n<p>Dicen que todo empez\u00f3 con don Javier Sanpedro G\u00f3mez y do\u00f1a Maria Luisa Chavarriaga Mej\u00eda, hace ya muchas d\u00e9cadas, all\u00e1 por 1750, cuando estos dos vascos se establecieron en los alrededores de Angostura. Javier y Mar\u00eda Luisa fueron la primera pareja que sufri\u00f3 la bobera. Y all\u00ed relatan que empez\u00f3 la maldici\u00f3n. Tres de sus hijos fueron macabramente escogidos para propagar el mal que acompa\u00f1a al olvido.<\/p>\n<p>Dicen que la maldici\u00f3n se extendi\u00f3 a partir de entonces como la p\u00f3lvora, m\u00e1s all\u00e1 de los lindes de Angostura, infectando a los pueblitos de la regi\u00f3n, como cuando la Nada persegu\u00eda a Atreyu. Cuentan que los siguientes a\u00f1os empezaron a enfermar los habitantes de Belmira, de Yarumal, de Santa Rosa de Osos, incluso de San Jos\u00e9 de la Monta\u00f1a. <\/p>\n<p>Dicen los afortunados viejos de las monta\u00f1as que la bobera es fruto de la brujer\u00eda, del enyerbamiento y del maleficio de las estatuas espa\u00f1olas. Cuentan que uno de los sacerdotes que oficiaba en la zona se encarg\u00f3 de maldecir a las gentes del lugar, condenando a aquellos que tocaran las ramas de un \u00e1rbol maldito a perder sus memorias y las de sus seres queridos. Esos hombres y mujeres vagar\u00edan hasta su muerte absortos y desorientados por las empinadas callecitas que escalan hacia la selva.<\/p>\n<p>Dicen que la bobera se acab\u00f3 extendiendo al norte y al suroeste de Antioquia. Que todo empezaba cuando los desgraciados afectados sufr\u00edan dolores de cabeza, y que luego llegaba la desmemoria y la dificultad en el andar y en el habla. Algunos de ellos enfermaban antes siquiera de cumplir los treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>No fue hasta 1984 cuando Francisco Lopera Restrepo, coordinador del Grupo de Neurociencias de la Universidad de Antioquia, empez\u00f3 a estudiar la bobera. El doctor Lopera conoc\u00eda muy bien la regi\u00f3n. Hab\u00eda nacido en Arag\u00f3n, a tan solo sesenta kil\u00f3metros de donde hab\u00edan vivido siglos atr\u00e1s los vascos. Era uno de ellos, un paisa que volv\u00eda de B\u00e9lgica para comprender qu\u00e9 les pasaba a sus convecinos. Tambi\u00e9n conoc\u00eda bien el mal. Su abuela paterna fue una de las afectadas.<\/p>\n<p>El doctor Lopera se interes\u00f3 por un enfermo que viv\u00eda en las monta\u00f1as del suroeste antioque\u00f1o. Se trataba de un paciente de cuarenta y siete a\u00f1os que estaba perdiendo la memoria, hijo y nieto de afectados, y donde la maldici\u00f3n hab\u00eda llegado a alcanzar hasta otros siete miembros de la familia. La familia ser\u00eda posteriormente catalogada como C1, la primera del estudio colombiano. Hoy la nomenclatura llega a C40.<\/p>\n<p>Ha pasado el tiempo. En la regi\u00f3n hay ya m\u00e1s de cinco mil descendientes de Javier y Mar\u00eda Luisa. Cinco mil personas procedentes de veintiocho familias emparentadas. Cinco mil personas que han transmitido durante generaciones y generaciones la mutaci\u00f3n E280A en el cromosoma 14, siendo cuidadosamente seleccionada por la consanguineidad, los matrimonios entre familiares y el aislamiento de los pueblos anclados en las monta\u00f1as colombianas. La mutaci\u00f3n de los paisas. <\/p>\n<p>El doctor Lopera ya sabe que la mutaci\u00f3n tiene una herencia autos\u00f3mica dominante, o lo que es lo mismo, que al menos la mitad de los hijos y alguno de los progenitores de cada familia afectada la sufrir\u00e1n irremediablemente.<\/p>\n<p>Tuvo que pasar casi una d\u00e9cada para que el equipo del doctor Lopera pudiera confirmar la sospecha del origen de la bobera. Pudo comprobar de qu\u00e9 se trataba gracias a la donaci\u00f3n de un cerebro de un miembro de una familia enferma. Este neur\u00f3logo consegu\u00eda demostrar que la bobera no era ni m\u00e1s ni menos que la enfermedad de Alzheimer. En su variante gen\u00e9tica, claro est\u00e1. Hoy el neurobanco del Grupo de Neurociencias de la Universidad de Antioquia supera los doscientos cerebros de antioque\u00f1os enfermos.<\/p>\n<p>Dice el doctor Andr\u00e9s Villegas, otro de los neur\u00f3logos implicados en el estudio, que en Antioquia probablemente est\u00e1 el mayor grupo familiar del mundo con una variante gen\u00e9tica de la enfermedad de Alzheimer. Algo as\u00ed como el Atapuerca del alzh\u00e9imer. <\/p>\n<p>En diciembre de 2013, casi treinta a\u00f1os despu\u00e9s de la evaluaci\u00f3n del primer individuo afectado, se comenz\u00f3 un ensayo cl\u00ednico para evaluar el efecto del f\u00e1rmaco Crenezumab. A la universidad colombiana se han sumado el National Institute of Health estadounidense, el Banner Alzheimer\u2019s Institute y la compa\u00f1\u00eda Genentech, miembro del grupo farmac\u00e9utico suizo Roche. Todo ello recogido bajo el paraguas del estudio llamado Alzheimer\u2019s Prevention Initiative (API). El f\u00e1rmaco pretende eliminar las placas amiloides que se forman en los cerebros de los enfermos. Ahora nos toca esperar y confiar. All\u00e1 por el a\u00f1o 2020 abriremos la caja y podremos saber qu\u00e9 ha pasado.<\/p>\n<p>Desgraciadamente los resultados solo se podr\u00e1n extrapolar de forma directa a los enfermos de alzh\u00e9imer de la variedad gen\u00e9tica, la cual alcanza tan solo al uno por ciento de los casi cuarenta millones de enfermos repartidos a lo largo y ancho del mundo. Pero tal vez arroje un poquitito de luz para la mayor\u00eda de los enfermos, los de la variante no familiar, y tal vez algo de esperanza. Esperemos que as\u00ed sea. Mientras tanto, seguiremos trabajando conjuntamente para desentra\u00f1ar los entresijos de la pandemia que borra la memoria de los enfermos y causa la bobera en los paisas. El secreto para avanzar en esta devastadora enfermedad se esconde, tal vez, en el lema del escudo de Belmira, uno de los pueblitos donde campa a sus anchas la mutaci\u00f3n paisa. El blas\u00f3n reza \u00abUni\u00f3n y trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras tanto, nos contentaremos con tratar de recordar las palabras del eterno Mario Benedetti, a modo de ant\u00eddoto. Ya saben, \u201cEl olvido est\u00e1 lleno de memoria\u201d. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuentan que en los peque\u00f1os pueblitos que colman las cumbres de las monta\u00f1as de Antioquia, las madres ya conocen el desmemoriado fin que la muerte ha escogido para la mitad de sus hijos antes de nacer. 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