{"id":9638,"date":"2015-09-10T13:30:08","date_gmt":"2015-09-10T13:30:08","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/nosotros-los-refugiados\/"},"modified":"2015-09-10T13:30:08","modified_gmt":"2015-09-10T13:30:08","slug":"nosotros-los-refugiados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/nosotros-los-refugiados\/","title":{"rendered":"Nosotros, los refugiados"},"content":{"rendered":"<p>A nosotros, los refugiados, nos traga el mar, el imperialismo, Europa y su presunta \u201caventura espiritual\u201d.<\/p>\n<p>A veces, el mundo nos vuelve a mirar, tal vez con l\u00e1stima e hipocres\u00edas, porque un ni\u00f1o, uno de miles, un sirio, uno que naci\u00f3 y se qued\u00f3 a mitad de camino, naufrag\u00f3 en el Egeo, se ahog\u00f3, no supo m\u00e1s de tragedias, ni de lo penoso que es quedarse sin tierra, sin patria. Ser un paria. Un desterrado\u2026 Eso somos, nosotros, los inmigrantes forzados. Estamos en el limbo existencial.<\/p>\n<p>A nosotros, los refugiados, nos da sarna y hongos y el est\u00f3mago se nos pega del espinazo. Apestamos. Somos los nuevos contaminados. Somos como los leprosos de anta\u00f1o. Quien nos mira, teme que lo contagiemos. Somos los condenados de la tierra, como (tal vez alguno de ustedes lo ley\u00f3), lo escribi\u00f3 Frantz Fanon, cuando ya ten\u00eda leucemia y estaba a punto de morir. Fue hace tiempos.<\/p>\n<p>Lo advirti\u00f3, tambi\u00e9n, Jean Paul Sartre en el prefacio del libro del negro Fanon, en 1961, cuando todav\u00eda hab\u00eda luchas anticolonialistas y de liberaci\u00f3n nacional: Europa ha forjado clases y racismos, fomentado las divisiones sociales. \u201cSab\u00e9is que somos unos explotadores. Sab\u00e9is que nos hemos apoderado del oro y de los metales y el petr\u00f3leo de los \u2018nuevos continentes\u2019 para traerlos a las viejas metr\u00f3polis\u201d, grita el autor de La n\u00e1usea.<\/p>\n<p>Europa \u2014dec\u00eda Fanon\u2014 no deja de hablar del hombre, del humanismo, \u201cal mismo tiempo que lo asesina por donde quiera que lo encuentra, en todas las esquinas de sus propias calles, en todos los rincones del mundo\u201d. Y ahora, nosotros, los refugiados, podr\u00edamos decir, como otros lo han expresado, que en este mundo de globalizaci\u00f3n, es asunto de justicia que los que fomentan guerras y miserias con imperialismos y tratados de comercio leoninos, \u201creciban las consecuencias demogr\u00e1ficas de sus acciones\u201d.<\/p>\n<p>Ahora, vamos a Europa, desde \u00c1frica, desde Afganist\u00e1n, Irak, Siria. Y, claro, a veces no alcanzamos a llegar, porque zozobramos y entonces alguno de nosotros luce su cad\u00e1ver en alguna playa, s\u00ed, como Aylan Kurdi, como varios de sus parientes, como otros que el Mare Nostrum se los traga. Y si llegamos, en medio de todas las penurias, podemos ser mano de obra barata. Miren no m\u00e1s aquella se\u00f1ora siria, ahora en un campamento alem\u00e1n; escuchen lo que dice: \u201cLos gritos de los neonazis no son nada en comparaci\u00f3n con las agresiones, el hambre y el miedo de que nuestros hijos caigan despedazados en una calle de Alepo\u201d.<\/p>\n<p>Nosotros, los refugiados, huimos de guerras que Europa ha fomentado. Somos los nuevos descastados. \u00bfQuiere vernos? Observe, por ejemplo, esa ni\u00f1a, con un osito de peluche en su regazo, a la espera en una estaci\u00f3n de tren en Budapest. Y junto a ella, miles que aguardan con incertidumbre. Vea aquel hombre, de espaldas, con una ni\u00f1a de brazos, c\u00f3mo desciende hacia una v\u00eda f\u00e9rrea, en la frontera entre Macedonia y Grecia. Desde la Segunda Guerra Mundial no se ve\u00eda a tantos que huyen.<\/p>\n<p>Ni\u00f1os cargados, ni\u00f1os a hombros, o cogidos de las manos de sus padres; ni\u00f1os que lloran y gritan y tienen hambre y sed, y por ahora hay que resistir. All\u00e1, los que esperan en una estaci\u00f3n austr\u00edaca; m\u00e1s all\u00e1, los que se apilan en una estaci\u00f3n h\u00fangara. Mire aquel hombre que sostiene un letrerito de cart\u00f3n en el que pregunta en ingl\u00e9s: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el mundo?\u201d, y aquellos otros que suben por las ventanillas de los vagones.<\/p>\n<p>Nosotros, los refugiados, aqu\u00ed, en el piso, bocarriba, mientras la polic\u00eda nos requisa en la isla de Lesbos. Y esta otra visi\u00f3n, como de campo de exterminio, cuando tenemos que pasar por debajo de alambradas con cuchillas, en la frontera de Serbia y Hungr\u00eda. Ah, y qu\u00e9 tal aquel que avanza, empujado, en una silla de ruedas sobre los durmientes de ferrov\u00eda. A veces, nos toca enterrar en estos campos de Europa a alguno que se muri\u00f3, que no aguant\u00f3 tantas aflicciones juntas.<\/p>\n<p>En esta playa, tantos botes inflables y salvavidas, que en su mudez hablan de nuestra traves\u00eda, de nuestra odisea infeliz, de nuestro \u00e9xodo. Muchos gritamos \u201c\u00a1Europa, Europa!\u201d, pese a la xenofobia, pese al derrumbe del humanismo. A veces, somos v\u00edctimas de traficantes de gente, de estafadores. Nuestro viacrucis es largo. Somos los condenados de la tierra. Sin tierra y sin porvenir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A nosotros, los refugiados, nos traga el mar, el imperialismo, Europa y su presunta \u201caventura espiritual\u201d. 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