{"id":8833,"date":"2014-11-03T18:31:41","date_gmt":"2014-11-03T18:31:41","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/cincuenta-anos-de-homo-habilis\/"},"modified":"2014-11-03T18:31:41","modified_gmt":"2014-11-03T18:31:41","slug":"cincuenta-anos-de-homo-habilis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/cincuenta-anos-de-homo-habilis\/","title":{"rendered":"Cincuenta a\u00f1os de Homo Habilis"},"content":{"rendered":"<p><em>El descubrimiento del \u00abhombre h\u00e1bil\u00bb, en abril de 1964, desat\u00f3 un debate sobre la evoluci\u00f3n humana que todav\u00eda contin\u00faa.<\/em><\/p>\n<p>Hace medio siglo, el paleoantrop\u00f3logo Louis Leakey y sus colaboradores plantearon una hip\u00f3tesis pol\u00e9mica. Propusieron que un conjunto de f\u00f3siles hallados en el valle del Rift, en Tanzania, correspond\u00edan a una nueva especie de nuestro g\u00e9nero. El anuncio de Homo habilis signific\u00f3 un giro importante en el campo de la paleoantropolog\u00eda. La b\u00fasqueda de los primeros humanos cambi\u00f3 de Asia a \u00c1frica y se inici\u00f3 un debate que perdura hasta nuestros d\u00edas. Incluso con todo el registro f\u00f3sil y las t\u00e9cnicas anal\u00edticas de los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os, no hemos podido alcanzar una hip\u00f3tesis convincente sobre el origen de Homo.<\/p>\n<p>En 1960, la rama del \u00e1rbol de la vida a la que pertenecen los homininos (los humanos actuales, sus antepasados y otras especies m\u00e1s pr\u00f3ximas a los humanos que a los chimpanc\u00e9s y bonobos) parec\u00eda bastante sencilla. En la base se situaba Australopithecus, un mono-humano que los paleoantrop\u00f3logos han venido recuperando en el sur de \u00c1frica desde los a\u00f1os veinte del siglo XX. Se pensaba que este ancestro hab\u00eda sido sustituido por el Homo erectus de Asia, m\u00e1s alto y dotado de un cerebro m\u00e1s voluminoso. Este se habr\u00eda extendido hacia Europa para dar lugar a los neandertales, que a su vez se convertir\u00edan en Homo sapiens. Pero \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda entre los australopitecinos y H. erectus? \u00bfC\u00f3mo era el primer humano?<\/p>\n<p>APUESTA POR \u00c1FRICA<\/p>\n<p>Hasta los a\u00f1os sesenta, solo se hab\u00edan encontrado f\u00f3siles de H. erectus en Asia. Pero tras recuperar instrumentos de piedra muy primitivos en la garganta de Olduvai, en Tanzania, Leakey estaba convencido de que hallar\u00eda ah\u00ed al primer fabricante de herramientas l\u00edticas, el cual supon\u00eda que pertenecer\u00eda a nuestro g\u00e9nero. Al igual que los australopitecinos, quiz\u00e1 nuestros antepasados humanos tambi\u00e9n se habr\u00edan originado en \u00c1frica. En 1931, Leakey empez\u00f3 a prospectar y excavar sistem\u00e1ticamente en la garganta de Olduvai, 33 a\u00f1os antes de que anunciara el descubrimiento de la nueva especie humana.<\/p>\n<p>En la actualidad, los turistas llegan a la zona por caminos pavimentados en autobuses con aire acondicionado. Pero en los a\u00f1os treinta, durante la temporada de lluvias, el trayecto desde Nairobi pod\u00eda llevar semanas. Los barrancos de Olduvai ofrec\u00edan la posibilidad extraordinaria de acceder a estratos muy antiguos, pero el trabajo de campo no era como hacer un p\u00edcnic en el parque. A menudo el agua escaseaba. Leakey y su equipo tuvieron que aprender a convivir con todos los animales salvajes de la zona, leones incluidos.<\/p>\n<p>En 1955 descubrieron el primer indicio sobre el posible fabricante de herramientas: dos dientes de homininos. Pero, a diferencia de los dientes permanentes, estos eran de leche y no resultaba f\u00e1cil identificar a qu\u00e9 tax\u00f3n pertenec\u00edan. La perseverancia del equipo se vio recompensada en 1959, cuando la arque\u00f3loga Mary Leakey, esposa de Louis, recuper\u00f3 el cr\u00e1neo de un adulto joven. Pero ese f\u00f3sil todav\u00eda hoy causa extra\u00f1eza. Su peque\u00f1o cerebro, su gran cara, los caninos reducidos y los molares enormes, del tama\u00f1o de un pulgar, no eran en absoluto como los de H. erectus. En honor a sus grandes molares recibi\u00f3 el apodo de \u00abCascanueces\u00bb.<\/p>\n<p>Dado que el cr\u00e1neo de cascanueces se hall\u00f3 en las mismas capas que las herramientas de piedra, los Leakey consideraron que, a pesar de su singular apariencia, correspond\u00eda al fabricante de herramientas que buscaban. Pero cuando Louis anunci\u00f3 el descubrimiento no ten\u00eda la intenci\u00f3n de ampliar la definici\u00f3n de Homo. Si atribu\u00eda el f\u00f3sil a nuestro g\u00e9nero, ello eliminar\u00eda todas las diferencias importantes que hay entre los humanos y los australopitecinos. En su lugar, propuso un nuevo g\u00e9nero y una nueva especie para este cr\u00e1neo, Zinjanthropus boisei (hoy denominado Paranthropus boisei), apodado \u00abZinj\u00bb.<\/p>\n<p>En 1960, Jonathan Leakey, el hijo mayor de Louis y Mary, encontr\u00f3 la mand\u00edbula y la parte superior del cr\u00e1neo de un hominino joven. Fue apodado el \u00abjoven Johnny\u00bb y claramente no pertenec\u00eda a la misma especie que Zinj. En aquel momento, los Leakey empezaron a sospechar que este era el verdadero fabricante de \u00fatiles.<\/p>\n<p>El paleoantrop\u00f3logo Phillip Tobias, famoso por su trabajo en Sud\u00e1frica, ya hab\u00eda empezado a analizar a Zinj, por lo que los Leakey le propusieron estudiar el cr\u00e1neo juvenil. John Napier, especialista en anatom\u00eda de la mano, examin\u00f3 los huesos de la mu\u00f1eca y de la mano que se hallaron al lado del cr\u00e1neo.<\/p>\n<p>Junto al \u00abjoven Johnny\u00bb tambi\u00e9n se recuper\u00f3 un pie de un individuo adulto; y, tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, un cr\u00e1neo que presentaba la mand\u00edbula y el maxilar, as\u00ed como un segundo cr\u00e1neo muy fragmentado, con los dientes bien conservados. Napier estaba convencido de que los huesos de la mano del individuo juvenil eran iguales a los de los humanos actuales. Mi director de tesis, Michael Day, de la Universidad de Londres, hab\u00eda llegado a la misma conclusi\u00f3n sobre el pi\u00e9. Y Tobias estaba seguro de que ni las coronas alargadas de los molares en la mand\u00edbula inferior ni la gran capacidad craneal podr\u00edan corresponder a los australopitecinos conocidos del sur de \u00c1frica.<\/p>\n<p>LA HIP\u00d3TESIS DEL HUMANO H\u00c1BIL<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, en un art\u00edculo publicado en Nature en abril de 1964, Louis, Tobias y Napier propusieron una nueva especie para este \u00abhumano h\u00e1bil\u00bb dentro del g\u00e9nero Homo, con el nombre de Homo habilis. Seg\u00fan ellos, los f\u00f3siles de Olduvai cumpl\u00edan tres criterios fundamentales de una definici\u00f3n del g\u00e9nero Homo formulada en 1955: una postura erguida, una locomoci\u00f3n b\u00edpeda y la destreza necesaria para elaborar las primitivas herramientas l\u00edticas. El equipo tuvo que soslayar el criterio del tama\u00f1o cerebral para acomodar el peque\u00f1o cerebro de H. habilis, de unos 600 cent\u00edmetros c\u00fabicos.<br \/>\nLa propuesta fue recibida con gran escepticismo. Algunos pensaban que los f\u00f3siles se asemejaban demasiado a Australopithecus africanus como para justificar una nueva especie. John Robinson, una autoridad en australopitecinos, sugiri\u00f3 que H. habilis era una mezcla de huesos de A. africanus primitivos y H. erectus posteriores. Otros investigadores convinieron en que representaba una nueva especie. Muy pocos aceptaron que se tratara de la primera especie humana.<\/p>\n<p>Los hallazgos que siguieron alimentaron el debate. Un cr\u00e1neo aplastado (apodado \u00abTwiggy\u00bb) descubierto en estratos m\u00e1s bajos de Olduvai refut\u00f3 la opini\u00f3n de Robinson de que H. habilis era una mezcla entre australopitecino y H. erectus. Otro esqueleto de H. habilis indicaba que ten\u00eda una extremidad superior m\u00e1s fuerte y m\u00e1s larga (m\u00e1s simiesca) que Homo erectus y su grupo.<\/p>\n<p>Desde entonces, diversos f\u00f3siles hallados en \u00c1frica, desde Etiop\u00eda hasta Sud\u00e1frica, han sido asignados a H. habilis. El yacimiento que m\u00e1s ha contribuido a conocer a los primeros Homo es Koobi Fora, en Kenia. He estado involucrado en el estudio de H. habiliscasi despu\u00e9s de que se descubriera; en concreto, desde 1966, cuando analic\u00e9 el hueso del tobillo hallado junto al \u00abjoven Johnny\u00bb. Muy distinto al de los humanos modernos, el hueso encajaba mejor en la morfolog\u00eda de un australopitecino. Adem\u00e1s de esta, otras caracter\u00edsticas de H. habilis han resultado ser menos parecidas a los humanos modernos de lo que suger\u00edan Louis y su equipo.<\/p>\n<p>A mediados de los a\u00f1os setenta, Richard, el segundo hijo de Mary y Louis, me ofreci\u00f3 la oportunidad de dar significado a los cr\u00e1neos y mand\u00edbulas de los primeros Homo hallados en Koobi Fora. Fue una tarea solitaria que dur\u00f3 quince a\u00f1os y consisti\u00f3 en examinar minuciosamente los f\u00f3siles de australopitecinos y H. erectus en museos de todo el mundo. Resultaba tentador centrarse solo en los ejemplares mejor conservados, pero muy a menudo era un fragmento de cr\u00e1neo o un trozo de diente lo que proporcionaba las pistas clave para interpretar toda la colecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La variaci\u00f3n presente en los f\u00f3siles Koobi Fora dif\u00edcilmente pod\u00eda asignarse a una sola especie, como se hizo en los restos de Olduvai. Llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que dentro de los Homo primitivos se distingu\u00edan dos tipos de cara y, en 1992, suger\u00ed que deb\u00eda reconocerse una segunda especie para los primeros Homo: Homo rudolfensis. Dos d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, un equipo dirigido por la paleont\u00f3loga Meave Leakey (esposa de Richard), tras descubrir un rostro y dos mand\u00edbulas en Koobi Fora, confirm\u00f3 mi hip\u00f3tesis de las \u00abdos especies\u00bb. Pero rechazaron, creo que correctamente, la asignaci\u00f3n que hab\u00eda hecho sobre la correspondencia entre las mand\u00edbulas y las caras. Como siempre en paleontolog\u00eda, los nuevos f\u00f3siles demuestran y refinan las ideas antiguas.<\/p>\n<p>TRAZANDO EL \u00c1RBOL<\/p>\n<p>En 1999, junto al antrop\u00f3logo brit\u00e1nico Mark Collard, examinamos de nuevo la separaci\u00f3n entre Homo y los homininos m\u00e1s primitivos centr\u00e1ndonos en caracter\u00edsticas relacionadas con el tama\u00f1o corporal, la postura, la locomoci\u00f3n, la dieta y el crecimiento. Nos fijamos en la longitud del brazo en relaci\u00f3n con la extremidad inferior, o la del antebrazo en relaci\u00f3n con el h\u00famero. Tambi\u00e9n estudiamos si los dientes molares erupcionaban antes, como en los simios, o se formaban lentamente y retrasaban su salida de la mand\u00edbula, igual que en los humanos modernos. Todos estos atributos contribuyen a saber c\u00f3mo vive un animal y c\u00f3mo distribuye su energ\u00eda.<\/p>\n<p>H. habilis posee un tama\u00f1o mayor que A. africanus, pero sus dientes y mand\u00edbulas tienen las mismas proporciones. Y aunque se dispone de poca informaci\u00f3n sobre la morfolog\u00eda corporal de H. habilis, las manos y los pies indican que ser\u00eda mucho mejor trepador que otros antepasados humanos cuya pertenencia al g\u00e9nero Homo no se discute. De este modo, si se incluye H. habilis en el g\u00e9nero Homo, este adquiere una mezcolanza incoherente de rasgos. Aunque algunos no coinciden conmigo, opino que, si examinamos los datos de forma pormenorizada, se llega a otra conclusi\u00f3n. Bajo mi punto de vista, el \u00abhumano h\u00e1bil\u00bb no es ni australopitecino ni humano, sino que pertenece a otro g\u00e9nero.<\/p>\n<p>A este embrollo se ha a\u00f1adido ahora el hallazgo de unos f\u00f3siles maravillosamente conservados en la regi\u00f3n del C\u00e1ucaso. Hace apenas un a\u00f1o, el antrop\u00f3logo David Lordkipanidze, del Museo Nacional de Georgia, y su equipo publicaron el an\u00e1lisis de cinco cr\u00e1neos de homininos recuperados en Dmanisi, un yacimiento espectacular en un promontorio entre dos r\u00edos en el sur de Georgia. Llegaron a la conclusi\u00f3n de que la variedad de formas que observaron entre los cr\u00e1neos igualaba o superaba a la que hay entre H. habilis, H. rudolfensis y H. erectus. Sobre esta base, propusieron que todos los f\u00f3siles similares a H. habilis deb\u00edan ser reasignados a la especie H. erectus y, por tanto, subsumir las tres especies en una sola.<\/p>\n<p>Aunque consider\u00e1ramos fiable su m\u00e9todo de an\u00e1lisis, algo que no comparto, pongo en duda sus conclusiones. El m\u00e9todo no logra distinguir entre el cr\u00e1neo singular y voluminoso de un neandertal y cualquiera de los de Dmanisi, de tama\u00f1o reducido, si bien ambos tipos de f\u00f3siles est\u00e1n separados por casi dos millones de a\u00f1os de historia evolutiva. Adem\u00e1s, el equipo utiliza la morfolog\u00eda general del cr\u00e1neo para deducir la taxonom\u00eda de los primeros humanos. Sin embargo, H. habilis y H. erectus se distinguen por numerosos peque\u00f1os detalles, como el tama\u00f1o y la forma del o\u00eddo interno, las caracter\u00edsticas de las manos y los pies, la robustez de los huesos largos y el tipo de crecimiento. Tambi\u00e9n podr\u00eda interpretarse que los f\u00f3siles de Dmanisi representan una especie de homininos con una combinaci\u00f3n hasta ahora desconocida de rasgos primitivos (como el cerebro peque\u00f1o) y otros derivados (como el torus supraorbitario).<\/p>\n<p>El actual debate sobre el origen de nuestro g\u00e9nero es parte del legado de H. habilis. Seg\u00fan mi opini\u00f3n, esta especie es demasiado diferente a H. erectus como para ser su antepasado inmediato. Por ello, cada vez me parece menos probable que un modelo simple y lineal pueda explicar esta etapa de la evoluci\u00f3n humana. Nuestros ancestros quiz\u00e1s evolucionaron en \u00c1frica, pero el lugar de nacimiento de nuestro g\u00e9nero podr\u00eda hallarse muy lejos del valle del Rift, de donde procede la mayor parte del registro f\u00f3sil. Los importantes descubrimientos de los Leakey en la garganta de Olduvai deber\u00edan recordarnos lo mucho que desconocemos, en comparaci\u00f3n con lo que sabemos.<\/p>\n<p>*Universidad George Washington, Washington DC      <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El descubrimiento del \u00abhombre h\u00e1bil\u00bb, en abril de 1964, desat\u00f3 un debate sobre la evoluci\u00f3n humana que todav\u00eda contin\u00faa. Hace medio siglo, el paleoantrop\u00f3logo Louis Leakey y sus colaboradores plantearon una hip\u00f3tesis pol\u00e9mica. Propusieron que un conjunto de f\u00f3siles hallados en el valle del Rift, en Tanzania, correspond\u00edan a una nueva especie de nuestro g\u00e9nero. 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