{"id":7448,"date":"2013-04-07T14:59:35","date_gmt":"2013-04-07T14:59:35","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/el-mayor-mapa-genetico-del-cancer\/"},"modified":"2013-04-07T14:59:35","modified_gmt":"2013-04-07T14:59:35","slug":"el-mayor-mapa-genetico-del-cancer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/el-mayor-mapa-genetico-del-cancer\/","title":{"rendered":"El mayor mapa gen\u00e9tico del c\u00e1ncer"},"content":{"rendered":"<p>El genoma de los grandes tipos de tumores revoluciona el conocimiento de la enfermedad. Los investigadores logran catalogar las mutaciones no heredadas<\/p>\n<p>Ning\u00fan onc\u00f3logo cree a estas alturas que el equivalente moderno del doctor Fleming vaya a descubrir la penicilina contra el c\u00e1ncer, alg\u00fan tipo de f\u00e1rmaco o procedimiento m\u00e9dico de aplicaci\u00f3n general que suponga el verdadero vuelco en el tratamiento antitumoral, que convierta al matarife en una enfermedad curable o, al menos, cr\u00f3nica y controlable. No va a haber una penicilina del c\u00e1ncer, y ya nadie la est\u00e1 buscando.<\/p>\n<p>Pero la mitad de los c\u00e1nceres ya se curan, como repite sin cesar cualquier onc\u00f3logo. Y la guerra contra la otra mitad se est\u00e1 librando ahora mismo en dos frentes esenciales. Uno se refiere al tema eterno del diagn\u00f3stico precoz, que pese a sus or\u00edgenes prehist\u00f3ricos no ha perdido un \u00e1pice de importancia en nuestros d\u00edas. Y el otro es la gen\u00f3mica, el nuevo cuerpo de conceptos y tecnolog\u00edas del ADN que est\u00e1 revolucionando la biolog\u00eda en su conjunto, y la investigaci\u00f3n del c\u00e1ncer en particular.<\/p>\n<p>Con ser una disciplina nueva, la gen\u00f3mica del c\u00e1ncer va cumpliendo un decenio y ha vertido ya un Iguaz\u00fa de nuevos conocimientos sobre la oncolog\u00eda, siempre sedienta de ellos. Los primeros esfuerzos en gen\u00f3mica del c\u00e1ncer se centraron en las mutaciones heredadas que confieren una alta propensi\u00f3n a la enfermedad. Este tipo de alteraciones heredadas (o mutaciones de la l\u00ednea germinal, en la jerga) son al fin y al cabo la gran especialidad de la gen\u00e9tica desde sus or\u00edgenes en el huerto conventual de Gregor Mendel.<\/p>\n<p>Pero el gran avance de las t\u00e9cnicas de secuenciaci\u00f3n de ADN \u2014y sobre todo su acelerado abaratamiento\u2014 ha permitido ahora catalogar las mutaciones som\u00e1ticas (no heredadas, sino surgidas en el cuerpo del adulto) que dirigen el crecimiento de los principales tipos de tumores. Los grandes cerebros del sector dan cuenta del estado de la cuesti\u00f3n en cuatro art\u00edculos de la revista Science y dos n\u00fameros especiales de su subsidiaria Science Signalling. Los datos revelan un fil\u00f3n de nuevas v\u00edas abiertas para el tratamiento de los principales tipos de tumores.<\/p>\n<p>Uno de los grandes problemas de la lucha antitumoral, se dice a menudo, es que el c\u00e1ncer no es una enfermedad, sino 200 distintas. Esta es una de las razones de que nadie espere la p\u00edldora del doctor Fleming, y el alud de datos de la gen\u00f3mica moderna ha empeorado a\u00fan m\u00e1s el cuadro. La primera impresi\u00f3n que ofreci\u00f3 ese atrac\u00f3n de secuencias gen\u00e9ticas (gaatgtta\u2026) fue que, no solo hab\u00eda 200 enfermedades distintas, sino que encima cada enfermo es un mundo.<\/p>\n<p><strong>Cuatro trabajos en \u2018Science\u2019 revelan un fil\u00f3n de v\u00edas abiertas<\/strong><\/p>\n<p>Pero los conceptos generales han empezado a emerger de esas pormenorizadas espesuras, y con ellos las nuevas estrategias para el tratamiento. La historia de la ciencia muestra que el entendimiento es el pr\u00f3logo de la esperanza.<\/p>\n<p>\u201cHace 10 a\u00f1os\u201d, dicen Bert Vogelstein y sus colegas del Instituto M\u00e9dico Howard Hughes en Baltimore, \u201cla idea de que todos los genes alterados en el c\u00e1ncer pudieran ser identificados con la resoluci\u00f3n de un par de bases habr\u00eda parecido ciencia ficci\u00f3n\u201d. Lo del \u201cpar de bases\u201d no es una concesi\u00f3n de Vogelstein a la indeterminaci\u00f3n literaria. Es la mayor precisi\u00f3n que se puede alcanzar en biolog\u00eda: detectar, entre los 3.000 millones de letras del ADN que contiene cada una de nuestras c\u00e9lulas, una errata en una sola letra que tiene efectos cancerosos.<\/p>\n<p>Ese an\u00e1lisis de amplitud gen\u00f3mica ahora no es solo posible, sino incluso una mera \u201crutina\u201d, en palabras de Vogelstein, en los laboratorios avanzados de investigaci\u00f3n oncol\u00f3gica que salpican el planeta. Vogelstein, premio Pr\u00edncipe de Asturias en 2004 por sus contribuciones a la gen\u00e9tica del c\u00e1ncer, es tambi\u00e9n uno de los grandes pioneros de la gen\u00f3mica del c\u00e1ncer, o aplicaci\u00f3n de las nuevas tecnolog\u00edas de secuenciaci\u00f3n (lectura) del ADN a la lucha contra esa enfermedad (o esas 200 enfermedades distintas). Quiz\u00e1 no sea casual que su primera licenciatura no la obtuviera en Biolog\u00eda, sino en Matem\u00e1ticas.<\/p>\n<p><strong>El abaratamiento de las lecturas de ADN ha facilitado los progresos<\/strong><\/p>\n<p>Por poco cient\u00edfico que suene, los costes han sido la cuesti\u00f3n capital para este progreso. Cuando se empezaron a estudiar los primeros genomas del c\u00e1ncer \u2014que fueron los de colon y mama, hace unos 10 a\u00f1os\u2014, secuenciar un tumor de cada paciente costaba unos 100.000 d\u00f3lares (78.000 euros al cambio actual); el coste ronda ahora los 1.000 d\u00f3lares (780 euros).<\/p>\n<p>Como consecuencia, las investigaciones que presentan de una tacada los genomas de 100 tumores de cierto tipo (mama, piel u otros tejidos) \u201cse han convertido en la norma\u201d, seg\u00fan los genetistas del Howard Hughes. El diluvio de datos es abrumador y no tiene el m\u00e1s remoto precedente en la investigaci\u00f3n oncol\u00f3gica. Los investigadores esperan que ese salto cuantitativo ascienda a cualitativo en los pr\u00f3ximos a\u00f1os. Ya lo es para el conocimiento del c\u00e1ncer y el objetivo es que pronto lo sea tambi\u00e9n para el tratamiento.<\/p>\n<p>La gen\u00f3mica ha descubierto que los principales c\u00e1nceres humanos se deben a la acumulaci\u00f3n de unas pocas mutaciones \u2014entre dos y ocho\u2014 que se van sumando serialmente a lo largo de 20 o 30 a\u00f1os. Alguna de esas mutaciones puede venir puesta de nacimiento, confiriendo a esa persona una alta propensi\u00f3n a desarrollar uno u otro tipo de tumor, o incluso cualquier tipo de tumor.<\/p>\n<p>Pero lo habitual es que las mutaciones surjan a lo largo de la vida del individuo, y en algunos c\u00e1nceres la causa no puede estar m\u00e1s clara. Es el caso del humo del tabaco para el c\u00e1ncer de pulm\u00f3n, o el de la radiaci\u00f3n ultravioleta de la luz solar para el c\u00e1ncer de piel. Estos dos c\u00e1nceres, de hecho, son algunos de los que m\u00e1s mutaciones exhiben de todos los examinados por la gen\u00f3mica. A lo largo de los 20 o 30 a\u00f1os que tardan en desarrollarse, estos tumores se benefician grandemente de la persistencia en los h\u00e1bitos fumadores o solariegos de sus portadores.<\/p>\n<p><strong>La mayor\u00eda de los c\u00e1nceres dependen de unas pocas mutaciones<\/strong><\/p>\n<p>Esas pocas mutaciones (de dos a ocho) que se acumulan durante dos d\u00e9cadas son cancerosas en un sentido muy expl\u00edcito: cada una de ellas, por s\u00ed misma, incrementa el ritmo de divisi\u00f3n celular (o reduce el de muerte celular, o ambas). La c\u00e9lula que sufre la mutaci\u00f3n adquiere as\u00ed una ventaja competitiva sobre sus c\u00e9lulas vecinas. Aun cuando la ventaja sea peque\u00f1a en cada generaci\u00f3n celular, su efecto acumulativo a lo largo de los a\u00f1os suele producir un clon de c\u00e9lulas mutadas en alg\u00fan \u00f3rgano del paciente.<\/p>\n<p>Una peca es un ejemplo intuitivo de uno de estos clones (recuerden que la piel es un \u00f3rgano), y tambi\u00e9n ilustra el hecho de que una sola mutaci\u00f3n no suele ser maligna. Lo que s\u00ed genera es un campo amplificado de c\u00e9lulas sobre las que sembrar la siguiente mutaci\u00f3n. En estas condiciones, no hace falta postular ning\u00fan mecanismo especial para la acumulaci\u00f3n de mutaciones en una sola c\u00e9lula. El viejo y venerable azar se basta por s\u00ed solo para acabar complicando las cosas.<\/p>\n<p>Por desgracia \u2014y como cab\u00eda esperar, por otro lado\u2014 esas dos u ocho mutaciones cr\u00edticas no son las mismas en todos los c\u00e1nceres. Con algunas excepciones, tienden a ser espec\u00edficas de cada tipo de tumor. Esta es la raz\u00f3n de que no haya ocho genes del c\u00e1ncer, sino 140. Son lo que los investigadores llaman genes conductores, genes cuyas alteraciones (mutaciones) confieren a la c\u00e9lula que las sufre una ventaja selectiva en su competitivo vecindario celular, y que por tanto dirigen o conducen el desarrollo del tumor.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino conductores sirve para distinguirlos de la vasta mayor\u00eda de genes que aparecen mutados en cualquier tumor, que son meros pasajeros: alteraciones oportunistas que se ven amplificadas en el cuerpo por el mero hecho de que ocurren en el mismo genoma \u2014en el mismo autob\u00fas\u2014 que las mutaciones en los genes conductores.<\/p>\n<p><strong>La clave de los tumores est\u00e1 en una docena de sistemas biol\u00f3gicos<\/strong><\/p>\n<p>E incluso esa cifra algo abultada de 140 genes conductores esconde una simplicidad subyacente que permitir\u00e1 en el futuro inmediato, si no lo est\u00e1 haciendo ya, concentrar los focos en las t\u00e1cticas farmacol\u00f3gicas m\u00e1s prometedoras a corto plazo. Porque esos 140 genes son componentes de solo 12 sistemas biol\u00f3gicos muy bien caracterizados en las c\u00e9lulas humanas.<\/p>\n<p>Son los sistemas de transmisi\u00f3n (transducci\u00f3n de se\u00f1al, en la jerga) que comunican el entorno de la c\u00e9lula \u2014qu\u00e9 hormonas circulan por la sangre, o qu\u00e9 andan haciendo las c\u00e9lulas vecinas en ese momento\u2014 con su sede central de inteligencia: el n\u00facleo celular donde el genoma reside, se replica, brega con el estr\u00e9s y ocasionalmente muta.<\/p>\n<p>En un organismo multicelular como el lector, es este avanzado sistema de comunicaciones entre las partes de una c\u00e9lula el que determina su destino: cu\u00e1ndo debe dividirse o morir, si se debe convertir en una neurona o una c\u00e9lula de la piel o, por el contrario, preservar su naturaleza inmadura de c\u00e9lula madre para seguirse dividiendo sin comprometerse a un destino o a otro.<\/p>\n<p>En ocasiones, si ha de dividirse m\u00e1s deprisa que las dem\u00e1s. Ah\u00ed est\u00e1 la esencia molecular del c\u00e1ncer, y posiblemente \u2014esperan los genetistas\u2014 su tal\u00f3n de Aquiles.<\/p>\n<p>De este modo, la gen\u00f3mica, que empez\u00f3 complicando las cosas m\u00e1s de lo que ya lo estaban en la investigaci\u00f3n del c\u00e1ncer, ha empezado a pagar su deuda con la simplicidad, o con la esperanza de que haya algunos principios generales bajo la espesura de lo prolijo. Pese a que cada tumor, incluso en comparaci\u00f3n con los de su mismo tipo y subtipo, sea un mundo con un paisaje gen\u00e9tico \u00fanico e irrepetible \u2014y en ese sentido un producto de la historia\u2014, los sistemas de comunicaci\u00f3n intracelular afectados son similares en distintos tumores, e incluso entre distintos tipos de tumor.<\/p>\n<p>\u201cEn el futuro\u201d, dicen Vogelstein y sus colegas, \u201cel mejor plan de gesti\u00f3n para un paciente con c\u00e1ncer estar\u00e1 basado en un an\u00e1lisis del genoma de su l\u00ednea germinal (el que ha heredado de sus padres) y el genoma de su tumor\u201d. Y el futuro empieza hoy.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El genoma de los grandes tipos de tumores revoluciona el conocimiento de la enfermedad. 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