{"id":6543,"date":"2012-05-17T19:00:07","date_gmt":"2012-05-17T19:00:07","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/tiempo-vidrio\/"},"modified":"2012-05-17T19:00:07","modified_gmt":"2012-05-17T19:00:07","slug":"tiempo-vidrio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/tiempo-vidrio\/","title":{"rendered":"Tiempo vidrio"},"content":{"rendered":"<p>Pocos r\u00edos en el mundo tienen el fen\u00f3meno de la subienda, la \u00e9poca del a\u00f1o cuando los peces buscan r\u00edo arriba las aguas de sus or\u00edgenes para desovar, y tambi\u00e9n pocos r\u00edos tienen el fen\u00f3meno del tiempo vidrio, la \u00e9poca del hambre de los pescadores. Tiempo vidrio porque el hambre escarba y arden las tripas; tiempo vidrio porque no pasa nada en la trasparencia del tiempo; tiempo vidrio porque el r\u00edo desgarra las redes en cada lance. Y el r\u00edo de la Magdalena, la arteria fluvial de Colombia, tiene estos dos fen\u00f3menos. Suben las bagras repletas de huevos para aminorar la pobreza durante la subienda y despu\u00e9s el r\u00edo baja con su tiempo vidrio espantando con su sequ\u00eda de peces.<\/p>\n<p>Durante la subienda las orillas de los meandros del r\u00edo se pueblan de entables de gentes venidas de todos los rincones de la patria y de los m\u00e1s variados oficios de la pobrec\u00eda en busca de ingresos que les niegan sus oficios de cosecheros, alba\u00f1iles o simplemente desempleados. Las aguas en el meandro lanzadas por la fuerza centr\u00edfuga hacia la orilla vienen cargadas de bancos de bagres y otras especies y es all\u00ed, en esa orilla, en donde se \u201cmultiplican los peces\u201d, donde se construyen los rancher\u00edos temporales que albergar\u00e1n durante los meses de la subienda a las seis familias que componen el entable. Cada entable constituye una comunidad, cada una de las seis familias que conforman el entable aporta: la fuerza del hombre para mover la canoa, para remar en las bravas aguas, para halar dentro del r\u00edo las redes en el lance, para extender y secar las redes al sol; la paciencia de las mujeres y los viejos para desescamar y vaciar los pescados, para cocinar en los improvisados fogones de le\u00f1a, y la algarab\u00eda de los ni\u00f1os, que son la mayor\u00eda, para espantar el silencio y alegrar la larga espera de la noche. Bueno, no todos aportan con el trabajo, el due\u00f1o de la canoa y de los chinchorros no hace nada pero recibe la sexta parte de la pesca. \u00a1En aquella comunidad primitiva ya descubrieron el capitalismo! Cada rancher\u00edo se da un nombre que recuerda el origen de sus habitantes: Puerto Pl\u00e1tano, Puerto Ladrillo, El cafetal, Puerto Valle, Puerto Lim\u00f3n. Y as\u00ed, desde la colonial Honda hasta las ci\u00e9nagas del Caribe, el r\u00edo de la Magdalena  se puebla a\u00f1o a a\u00f1o de pescadores de esperanzas y de bagres.<\/p>\n<p>Es este el entorno social y geogr\u00e1fico de una aventura in\u00e9dita en el mundo del teatro: la primera gira de Peque\u00f1o Teatro.<\/p>\n<p>Salimos de Medell\u00edn hacia Honda, la Ciudad de los Puentes y capital de la subienda  en donde el r\u00edo de la Magdalena se estrecha y enca\u00f1ona para buscar su nacimiento en las alturas del P\u00e1ramo de las Papas en el Macizo colombiano. El bus de la Flota Magdalena tardar\u00e1 m\u00e1s de diez horas en un viaje de escasos 200 kil\u00f3metros para cruzar el ramal central de la cordillera de los Andes. El destartalado bus lleva entre sus ocupantes la troupe de Peque\u00f1o Teatro y los b\u00e1rtulos de la obra Tiempo Vidrio, escrita por Sebasti\u00e1n Ospina sobre el paro c\u00edvico, la muerte de Alfonso Llanos y la vida de los pescadores en el puerto fluvial de La Dorada sobre el Magdalena. <\/p>\n<p>Salimos de Medell\u00edn solo con el pasaje de ida,  donado por un ingeniero de Empresas P\u00fablicas que se hab\u00eda emocionado con el estreno de la obra en el teatrico de Bellas Artes y que nos hab\u00eda o\u00eddo hablar del cuento sobre la gira de Peque\u00f1o Teatro por el r\u00edo Magdalena.<\/p>\n<p>Un viaje sin boletos de regreso: quem\u00e1bamos las naves para encontrar certezas y para jugar nuestras vidas en los escenarios improvisados de la arena h\u00fameda, en las plateas de mulatos y murmullos de chicharras en el centro de un universo desconocido, cruzado por el r\u00edo Yuma o Huacacayo o Arli o Guacahayo o Karacal\u00ed o el r\u00edo de Mar\u00eda de la Magdalena como vinieron a bautizarlo los espa\u00f1oles el Primero de abril de 1501. Un escenario de 1540 kil\u00f3metros abovedado por ceibas milenarias e iluminado por la luz clorof\u00edlica del tr\u00f3pico.<\/p>\n<p>La primera funci\u00f3n de la gira la hicimos en las playas del Salto de Honda. El p\u00fablico en circunferencia cerrada nos dejaba apenas un c\u00edrculo de escasos cinco metros de di\u00e1metro como escenario. Todos quer\u00edan o\u00edr, todos quer\u00edan ver. Los viejos y los ni\u00f1os compet\u00edan en estrujones por la primera fila. El Moh\u00e1n, dios del r\u00edo, presagiaba una tragedia; los tambores y la m\u00fasica una fiesta. <\/p>\n<p>La imagen de El Cucho, un viejo pescador, envuelto en una s\u00e1bana blanca iluminado apenas por una vela en la escena y en la noche del r\u00edo, recuerda los viejos augures y el joven Alfonso Llanos nos recuerda a los intr\u00e9pidos h\u00e9roes de la tragedia cl\u00e1sica. El r\u00edo ruje entre los pe\u00f1ascos y produce una  m\u00fasica aleatoria que la pudieron firmar sin dudas Karlheinz Stokhausen o Pierre Boulez.<\/p>\n<p>Terminada la obra se rompe la circunferencia y el c\u00edrculo es ahora una batahola de comentarios y opiniones sobre la obra y sobre los personajes: los viejos callan, las mujeres lloran, los ni\u00f1os quieren hablar con el protagonista de la obra y todos quieren saber qui\u00e9nes somos y de d\u00f3nde hemos salido.<\/p>\n<p>Un viejo de verdad, sin maquillajes ni afeites, se acerc\u00f3 a Eduardo C\u00e1rdenas, que con un kilo de Griffin en el pelo y cientos de rayas en la cara interpretaba al viejo de la obra y le entreg\u00f3 de regalo una atarraya de verdad \u201cpara que le salga bien el paro, y muchas gracias por mostrarme a m\u00ed en el escenario\u201d.  Cada actor de  Peque\u00f1o Teatro amaneci\u00f3 como invitado en la casa de un hondino y a la ma\u00f1ana siguiente compitieron unos con otros por cual hab\u00eda comido mejor, quien hab\u00eda recibido m\u00e1s atenciones de sus anfitriones y cada uno repet\u00eda los relatos escuchados en la noche por los habitantes del r\u00edo.<\/p>\n<p>Los pescadores del r\u00edo inician su faena al caer la tarde, bien porque el calor abrasador del valle del Magdalena es abrumador o bien por la creencia o certeza de que los peces abundan en la noche y escasean en el d\u00eda.<\/p>\n<p>A las seis de la tarde emprendemos el camino hacia la primera playa cerca a Honda. Un chivero de jeep Willis lleva a los ocho actores de Peque\u00f1o Teatro y su escasa utiler\u00eda hasta el primer rancher\u00edo de pescadores. Techos de hoja de iraca sobre una estructura de  estacones de madera de r\u00edo, hamacas deste\u00f1idas, bolsas de pl\u00e1stico de todos los colores,  troncos retorcidos que sirven de taburetes, de sillas, de mesas; pabilos de cera, mechones de petr\u00f3leo, l\u00e1mparas de gasolina, l\u00e1mparas Coleman, linternas, machetes y un chinchorro extendido y una canoa varada en la playa son todos los haberes de aquellos trashumantes habitantes de estos pueblos ef\u00edmeros de la subienda.<\/p>\n<p>Los hombres sentados en la canoa mirando el r\u00edo, la mujeres sentadas en los trocos mirando el r\u00edo, los ni\u00f1os sentados en la arena mirando el r\u00edo. Todos a la espera del primer rayo de oscuridad para iniciar la noche, los primeros al agua, las segundas a la oraci\u00f3n y los ni\u00f1os a los juego de escondidas, de la lleva y de la pelota de trapo.<\/p>\n<p>Somos espectadores de una imagen digna  de Boudin. La piel de broce, humedecida por el sudor,  de aquellos hombres semidesnudos refleja la \u00faltima luz de la tarde con brillos agresivos, mostrando los contornos endurecidos de esos cuerpos de trabajo. Y esa misma luz describe las siluetas voluptuosas de las mujeres, envueltas  en cretonas de flores de colores. Y al frente el r\u00edo con su chapotear danzante de aguas encenegadas y al fondo la enrevesada vegetaci\u00f3n tropical.<\/p>\n<p>Seis hombres, seis mujeres, tres ancianos y una chorrera incontable de ni\u00f1os componen nuestro p\u00fablico para la premier en Puerto Cualquier cosa de Tiempo Vidrio de Sebasti\u00e1n Ospina y protagonizada por Eduardo C\u00e1rdenas como El Cucho, Henry D\u00edaz como Alfonso Llanos, Martha Sierra como La Madre, Pedro Luis Arias como El Padre, Blanca L\u00f3pez como La Novia, Ramiro Rojo como El Tuerto, H\u00e9ctor Franco como El Moh\u00e1n, con direcci\u00f3n de Rodrigo Saldarriaga.<\/p>\n<p>Y una escena de teatro:<\/p>\n<p>UN ACTOR: Es que nosotros somos de Peque\u00f1o Teatro y queremos presentarles esta noche una obra de teatro.<\/p>\n<p>UN ESPECTADOR: Peque\u00f1o Teatro\u2026 una obra de teatro\u2026<\/p>\n<p>UN ACTOR: S\u00ed.<\/p>\n<p>UNA ESPECTADORA: Y \u00bfd\u00f3nde la van a presentar?<\/p>\n<p>UN ACTOR: Aqu\u00ed.<\/p>\n<p>UNA ESPECTADORA: \u00bfAqu\u00ed?<\/p>\n<p>UN ACTOR: S\u00ed.<\/p>\n<p>UN ESPECTADOR: Aqu\u00ed no se puede, esta noche vamos a trabajar.<\/p>\n<p>UN ACTOR: Cuando terminen.<\/p>\n<p>UN ESPECTADOR: \u00a1Ah, ah\u00ed veremos cuando terminemos. (Se retira hacia el r\u00edo.)<\/p>\n<p>UN ANCIANO: Y \u00bfqu\u00e9 es lo que van a hacer?<\/p>\n<p>UNA ACTRIZ: Vamos a presentar una obra de teatro sobre la vida de los pescadores. La vida de una familia de La Dorada.<\/p>\n<p>UN NI\u00d1O: \u00a1Una pel\u00edcula, una pel\u00edcula! \u00a1Qu\u00e9 rico, una pel\u00edcula!<\/p>\n<p>UN ACTOR: No\u2026 una obra de teatro<\/p>\n<p>UN NI\u00d1O: \u00bfY que es teatro?<\/p>\n<p>(Un largo silencio)<\/p>\n<p>UNA ACTRIZ: Es una representaci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>UN ACTOR: Es la presentaci\u00f3n de una obra\u2026<\/p>\n<p>UNA NI\u00d1A: \u00a1Ah!<\/p>\n<p>UN NI\u00d1O: \u00bfQu\u00e9 es lo que van a hacer? \u00bfVos entendiste?<\/p>\n<p>UN ACTOR Y UNA ACTRIZ: (En coro) Una pel\u00edcula en vivo.<\/p>\n<p>UN NI\u00d1O Y UNA NI\u00d1A: (En coro) \u00a1Ah!<\/p>\n<p>El lance es una coreograf\u00eda de danza, con sus ritmos y sus tiempos. Parte la canoa desde la orilla en donde  han subido el chinchorro doblado m\u00edsticamente, los remos empujan suave y lento el maderamen a medida que despliegan las redes. Avanzan hasta la mitad del r\u00edo y regresan en semic\u00edrculo hasta la misma orilla. Los bogas, ahora, abandonan la canoa y se lanzan al agua, se dividen sim\u00e9tricamente en arcos de circunferencia la extensi\u00f3n del chinchorro y comienza la lucha con el r\u00edo y con los peces. Las boyas flotan y las pesas se arrastran en el fondo del r\u00edo. Ha sido tendida la trampa para las bagras hueveras y para la pesca menuda. Ahora todo son gritos y \u00f3rdenes. El  baquiano en la orilla ha clavado la gu\u00eda en donde se amarra una de las puntas del chinchorro, de la otra halan los otros arrastrando peces, maderos y basura del r\u00edo. Los peces, ahora pescados, chapalean en la arena en una furiosa plateada danza de muerte y los viejos, las mujeres y los ni\u00f1os recogen en baldes la cosecha menuda; el due\u00f1o del entable le pasa una cabuya de guasca de pl\u00e1tano por las agallas a un inmenso bagre y lo devuelve vivo al agua, all\u00ed permanecer\u00e1 amarrado a una piedra de la orilla hasta que aparezca un comprador.<\/p>\n<p>El lance ha durado cuarenta y cinco minutos, los hombres desenredan, limpian, reparan las redes y dejan todo listo para el pr\u00f3ximo lance en una hora. Las mujeres desescaman, limpian, sajan y salan los bocachicos, los m\u00e1s peque\u00f1os de la pesca, no porque sean los mejores sino porque son los de menor valor en el mercado. Han montado una inmensa olla de barro con yucas, arracachas y pl\u00e1tanos verdes rajados a lo largo, ahuyama  en trozos grandes con c\u00e1scara, cebollas, cilantro, comino y sal. Esta noche ser\u00e1 viudo de bocachico porque no cay\u00f3 un solo capaz.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del segundo lance los seis hombres, las seis mujeres, los tres ancianos, la chorrera de ni\u00f1os y los siete actores de Peque\u00f1o Teatro, sentados en troncos, tronquitos, piedras y piedritas alrededor del fuego y en animada conversaci\u00f3n comparten el viudo de bocachico. Nos han invitado a comer como pago adelantado por la funci\u00f3n que haremos al filo de la media noche, despu\u00e9s del tercer lance.<\/p>\n<p>Los colosos de bronce con sus chingues rojos se lanzan de nuevo al r\u00edo, las mujeres con sus manchados delantales van a la orilla a lavar ollas, platos y todo tipo de vasijas en donde se sirvi\u00f3 la comida; unos actores preparan el escenario para la funci\u00f3n de teatro, los otros en la improvisada tras escena iluminada apenas con velas que no alcanzan a reflejar las im\u00e1genes en los espejos, empiezan el maquillaje rodeados de la chorrera de ni\u00f1os que cuchichean, r\u00eden y se burlan de los actores, nunca en sus vidas hab\u00edan visto a un hombre maquill\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Ahora el chinchorro, sec\u00e1ndose al aire, es el tel\u00f3n de fondo de un escenario de arena. En  un estac\u00f3n alto han amarrado una l\u00e1mpara Coleman que produce una tenue y blanquecina luz. Los hombres, mujeres, ancianos y ni\u00f1os, en silencio reverencial, esperan sentados en la platea de piedras. Despu\u00e9s del tercer lance de pesca y al filo de la media noche, empieza la funci\u00f3n: Un redoblar de cueros de tumbadora, seguido de la cadenciosa cumbia acompa\u00f1a la salida del Moh\u00e1n, que ha emergido del agua envuelto en lianas y redes en una fren\u00e9tica danza acompasada al ritmo del percutivo r\u00edo y a la lejana descarga de los truenos. La dulce voz de la joven novia repite insistentemente en sotto voce  el nombre de su amado \u201cAlfonso\u2026Alfonso\u201d y el escenario se puebla de misterio con la entrada del viejo Cucho envuelto en una s\u00e1bana blanca iluminado apenas con un candil que lucha contra el viento.<\/p>\n<p>Los nuevos espectadores son actores de un extra\u00f1o rito: se miran, se toman las manos, indagan, se preguntan: Los hombres en su incr\u00e9dula sequedad, las mujeres con su sensibilidad maternal, los viejos con su sabidur\u00eda gregaria y los ni\u00f1os con su alegr\u00eda sin estrenar. Y los curtidos actores se convierten en espectadores de esa extra\u00f1a presentaci\u00f3n: no entienden la memoria gen\u00e9tica del teatro y no logran comprender el misterio de la representaci\u00f3n. Sin embargo los nuevos espectadores y los curtidos actores se prodigan en uno de los m\u00e1s hermosos actos de los seres humanos: el asombro.<\/p>\n<p>Asombro que fue tejiendo la confianza y al final de la obra, en el desfile f\u00fanebre de la familia cargando el cad\u00e1ver del joven asesinado Alfonso Llanos, ni la nube de cucarrones que arremeti\u00f3 contra la caperuza, la hizo a\u00f1icos y apag\u00f3 la luz, pudo desconectar aquella comuni\u00f3n teatral que marchaba hasta la orilla del r\u00edo, para con un bautizo ex tempore despedir al inmolado joven del paro c\u00edvico de La Dorada con el agua lustral al ritmo de los cueros en cumbia y de la danza tr\u00e1gica del Moh\u00e1n que termina sumergido en el r\u00edo.<\/p>\n<p>Llovi\u00f3 a c\u00e1ntaros durante la funci\u00f3n, pero ni actores ni espectadores cejaron por un segundo su entrega. Empapados de noche, alrededor de un nuevo fuego se enciende la animada tertulia. Los ancianos narran sus aventuras del r\u00edo y todos r\u00eden pues todo es tan parecido al Tiempo Vidrio. Las mujeres cuentan las desgracias de sus hijos y todos callan pues es todo tan parecido al Tiempo Vidrio, los hombres hablan de la pesca en el r\u00edo y todo es igualito al Tiempo Vidrio.<\/p>\n<p>Se tienden nuevas hamacas en los boh\u00edos de iraca, y actores, ancianos, mujeres y ni\u00f1os se despiden en silencio de los hombres que van nuevamente al r\u00edo a continuar sus lances hasta el amanecer. La noche del sue\u00f1o se pobl\u00f3 de fantasmas: de Cuchos, Alfonsos y Mohanes;  de r\u00edo, de pescadores y teatro.<\/p>\n<p>Se repiti\u00f3 la noche m\u00e1gica de los lances en el r\u00edo y de la funci\u00f3n en las playas innumerables veces a lo largo del r\u00edo. En todos los puertecitos  construidos para la subienda por los errantes ciudadanos de la exclusi\u00f3n, Tiempo Vidrio dej\u00f3 su ef\u00edmera huella escrita en el agua del Magdalena. En camperos de monte, en canoas, en botes a motor  o a pie, Peque\u00f1o Teatro recorri\u00f3 cada curva del r\u00edo entre Honda y Barrancabermeja buscando la vida, escarbando en los or\u00edgenes m\u00edticos las ra\u00edces de nuestro pueblo, de nuestra cultura y tratando de inscribir el teatro en el alma de un pa\u00eds sin naci\u00f3n.  <\/p>\n<p>Pescadores, mujeres, ancianos y ni\u00f1os  cada noche se iniciaron en el teatro y cada noche los actores de Peque\u00f1o Teatro guardaron en sus memorias los recuerdos de esos escenarios ins\u00f3litos, de ese p\u00fablico que nos ense\u00f1ar\u00eda para siempre el origen profundamente popular del impuro arte del teatro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pocos r\u00edos en el mundo tienen el fen\u00f3meno de la subienda, la \u00e9poca del a\u00f1o cuando los peces buscan r\u00edo arriba las aguas de sus or\u00edgenes para desovar, y tambi\u00e9n pocos r\u00edos tienen el fen\u00f3meno del tiempo vidrio, la \u00e9poca del hambre de los pescadores. 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