{"id":6429,"date":"2012-04-08T17:42:09","date_gmt":"2012-04-08T17:42:09","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/y-la-vida-empezo-en-sabado\/"},"modified":"2012-04-08T17:42:09","modified_gmt":"2012-04-08T17:42:09","slug":"y-la-vida-empezo-en-sabado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/y-la-vida-empezo-en-sabado\/","title":{"rendered":"Y la vida empez\u00f3 en s\u00e1bado."},"content":{"rendered":"<p>Para Francisco G\u00f3mez Perinau<\/p>\n<p>Con el tercer llamado para Copenhague apago el cigarrillo y entro a la sala con el abrigo de Heisenberg. Me he calzado la coraza del m\u00e1s duro de los personajes que he interpretado en toda mi vida: \u201cSoy una part\u00edcula pero tambi\u00e9n soy una onda\u201d.<\/p>\n<p>Tiene el escenario, a diferencia de la vida, la certeza de las acciones. La Incertidumbre es derrotada por las estructuras r\u00edgidas de la actuaci\u00f3n: sabemos exactamente en d\u00f3nde estamos y qu\u00e9 estamos haciendo en cada instante, sabemos de la velocidad y de la localizaci\u00f3n de la part\u00edcula. Tenemos los actores el dominio de la vida de los personajes: tenemos el tono, tenemos el tiempo y tambi\u00e9n el tempo; el color, la temperatura, el volumen; tenemos el ethos y tambi\u00e9n tenemos las dimensiones sicol\u00f3gicas en nuestro cuerpo. Sabemos el instante de la muerte de nuestro personaje, pero Heisenberg no morir\u00e1 esta noche en Copenhague porque \u201cya estamos muertos es cierto y no le hacemos da\u00f1o a nadie y no traicionamos a nadie.\u201d<\/p>\n<p>La sala est\u00e1 hermosamente poblada de fantasmas. El brillo de cientos de ojos parecen electrones libres a trav\u00e9s de una c\u00e1mara de niebla, aparecen y desaparecen sin direcciones definidas, sin dejar huellas: visiones breves, colisiones con la luz que se escapa del escenario. <\/p>\n<p>Bohr y Margrethe flotan en la escena de la surrealista inversa kandinskiana Copenhague con sus mel\u00f3dicos y desgarradores parlamentos de protesta por la invasi\u00f3n nazi de su amada Dinamarca.<\/p>\n<p>La noche es el canto odiado por el f\u00f3bico escritor de Basura y amado por el mexicano de Klingsor. Y el \u00e1ngel ha bajado: Niels Bohr (Eduardo C\u00e1rdenas), Margrethe Norlund (Catalina Murillo) y Werner Heisenberg (yo), interpretamos el suave scherzo al modo de un p\u00e1rodos tr\u00e1gico.<\/p>\n<p>La noche presagia la vida: el cadencioso resonar de la fisi\u00f3n de los electrones r\u00e1pidos del U238 ha hecho el milagro alqu\u00edmico del Plutonio: ha nacido un nuevo elemento y este ser\u00e1 fisionado y nacer\u00e1 Neptunio: los dioses del inframundo, los dioses de la destrucci\u00f3n at\u00f3mica.<\/p>\n<p>Han transcurrido treinta y cinco minutos de la escena y siento el primer golpe de la aceleraci\u00f3n del coraz\u00f3n. Una violenta taquicardia me acompa\u00f1a el parlamento en donde trato de explicarle a Niels la posibilidad de construir bombas at\u00f3micas a partir de la reacci\u00f3n en cadena. La oscuridad se vuelve blanca y brillante, se ralentiza el tiempo y el calor se torna en sudor fr\u00edo. Oigo lejanas las palabras de acusaci\u00f3n de Niels, me apoyo en el brazo sorprendido de Eduardo y se me dobla la rodilla izquierda hasta tocar suavemente  el piso de madera de la casa de los Bohr. En la corta eternidad de la pausa caigo en la cuenta de la situaci\u00f3n y aprovecho el silencio para \u201cpensar con claridad y rapidez, que es como esquiar\u201d y pronuncio el d\u00e9bil e inaudible \u201cSegu\u00ed, Eduardo\u201d.<\/p>\n<p>Lentamente la taquicardia cede pero me es imposible volver a la escena, la Incertidumbre se ha impuesto sobre la estructura teatral. El presente es ahora m\u00e1s presente y todas las alertas del soliviantado cuerpo comienzan a funcionar en defensa de la obra. El tiempo ahora es largo, el tempo lento, las distancias inmensas, la visi\u00f3n opaca y el sonido tiene un extra\u00f1o resonar sin altos y sin brillos. Es una lejana realidad seca, sin emociones, envuelta en soledad. Cata y Eduardo comprenden la situaci\u00f3n y me acompa\u00f1an solidarios por el viaje de la inestabilidad que parad\u00f3jicamente produce una certeza firme en cada palabra, en cada movimiento.<\/p>\n<p>Niels, Margrethe y Heisenberg han cedido sus roles a Eduardo, a Catalina y a Rodrigo, ellos son ahora espectadores del drama de la vida de los actores. Y el segundo borrador de la misteriosa visita a Copenhague invade los terrenos de la realidad. La bomba at\u00f3mica estalla en las cabezas de los dos f\u00edsicos y la guerra invade la escena.<\/p>\n<p>\u201cUna noche sal\u00ed a caminar por Berl\u00edn desde el centro a uno de sus barrios despu\u00e9s de uno de los grandes bombardeos: toda la ciudad en llamas.\u201d La visi\u00f3n de los estruendos luminosos me provoca una emoci\u00f3n que toca de nuevo el coraz\u00f3n y otra vez la taquicardia empuja el parlamento: \u201cHasta los charcos en las calles estaban ardiendo, eran charcos de f\u00f3sforo derretido, se pega a los zapatos como caca de perro incandescente, como si una jaur\u00eda del infierno hubiera ensuciado todas las calles de la ciudad.\u201d Ahora afuera todo es blanco, silencioso y fr\u00edo, adentro el golpeteo de las pulsaciones se confunde con el ronroneo de los aviones y con el estruendo horroroso de las bombas. Me falta el aire y empujo desde el diafragma las \u00faltimas frases de la angustiosa agon\u00eda: \u201cTe hubieras re\u00eddo de m\u00ed, mis zapatos estallaban en llamas a cada segundo. A mi alrededor, supongo, hay miles de personas muriendo quemadas y lo \u00fanico que puedo pensar  es  como puedo conseguir otro par de zapatos en tiempos como estos.\u201d<\/p>\n<p>Ya no hay m\u00e1s tiempo, ya no hay m\u00e1s aire. Me recuesto pl\u00e1cidamente en la plataforma, cierro los ojos que ya no ven y me voy, alej\u00e1ndome en el silencio, avanzando hacia la nada, cerrando el par\u00e9ntesis del tiempo que nos fue dado por la materia. Fui materia fisionada por el tiempo transformada en vida y ahora vida fisionada por el tiempo transformada en recuerdo. <\/p>\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026Un largo silencio sin memoria&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<br \/>\n\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026..<\/p>\n<p>Ahora cuarenta reflectores cenitales me encandilan, estoy acostado en el piso del escenario de Peque\u00f1o Teatro, en la casa de los Bohr y no he podido descifrar en donde estoy,  veo la silueta en contra luz de Eduardo que est\u00e1 empuj\u00e1ndome el pecho y oigo la  entrecortada voz de Catalina que pide ayuda: \u201c\u00bfHay un m\u00e9dico en la sala? Por favor\u2026\u201d El silencio es aterrador. Han hecho un surullo con el abrigo de Heisenberg que ahora es mi almohada, me han quitado los zapatos, me han subido los pies a una silla de la escenograf\u00eda, me han aflojado la corbata, abierto la camisa y soltado la correa y la pretina del pantal\u00f3n. La escena es dantesca. Veo a los espectadores en un escorzo extra\u00f1o salidos de sus sillas, bocas abiertas, ojos desorbitados y un silencio reverencial de catacumba. Son ahora p\u00fablico de la m\u00e1s pat\u00e9tica escena, no han tenido ni tiempo ni distancia para entender la realidad, siguen ejerciendo su protag\u00f3nico rol de espectadores. Desde Arist\u00f3teles hasta Brecht se habr\u00edan indignado, y con raz\u00f3n, con aquel verismo simpl\u00f3n. Tal vez solo el \u201cnieto de monse\u00f1or\u201d habr\u00eda reivindicado esta escena como el teatro de su gusto. Cada uno escoge sus fobias para ocultar sus verdaderos miedos. Y mi terror es a hacer el rid\u00edculo y lo estoy haciendo, pero no tengo conciencia de qu\u00e9 obra es, ni de haber dirigido jam\u00e1s un montaje semejante.<\/p>\n<p>Lentamente viajo hacia la conciencia, hacia la realidad en un trago de agua que me ha tra\u00eddo Eduardo y en el claro llamado de Catalina a los espectadores, \u201cComo podr\u00e1n entender, hasta aqu\u00ed llegamos.\u201d Siento el t\u00edmido amago de un aplauso inhibido por el miedo a la muerte y por el respeto al herido en el combate y a una pareja de j\u00f3venes m\u00e9dicos que se han desprendido del desfile de espectadores para atenderme.<\/p>\n<p>Reviven en la memoria al ritmo, ahora lento pero firme del coraz\u00f3n, todos mis fantasmas, todos mis muertos, que ya son muchos, que ya son todos: los del teatro, los actores y los personajes; los de la vida, mis amigos y mi familia, y los otros que tambi\u00e9n son fantasmas. Las quinientas butacas de Peque\u00f1o Teatro se van llenando de figuras l\u00edvidas que sonr\u00eden o r\u00eden a carcajadas burl\u00e1ndose de la rid\u00edcula escena interpretada por el m\u00e1s vanidoso y petulante de los actores, yo.<\/p>\n<p>El ulular de una sirena de ambulancia me deposita brutalmente de nuevo en la realidad y me convierte en materia con pensamiento  y con voluntad para entregarme a las manos sagradas del grupo de cardi\u00f3logos del Hospital Universitario. Ahora, al fin, soy materia intervenida por la ciencia y por el hombre. Ocho d\u00edas despu\u00e9s me devuelven al escenario para  interpretar una vez m\u00e1s a Heisenberg  y para tratar de entender el n\u00facleo de incertidumbre de aquellos breves segundos en el escenario cuando viv\u00ed sin interpretar la realidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Francisco G\u00f3mez Perinau Con el tercer llamado para Copenhague apago el cigarrillo y entro a la sala con el abrigo de Heisenberg. Me he calzado la coraza del m\u00e1s duro de los personajes que he interpretado en toda mi vida: \u201cSoy una part\u00edcula pero tambi\u00e9n soy una onda\u201d. 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