{"id":5843,"date":"2011-08-15T20:42:55","date_gmt":"2011-08-15T20:42:55","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/el-reino-unanime\/"},"modified":"2011-08-15T20:42:55","modified_gmt":"2011-08-15T20:42:55","slug":"el-reino-unanime","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/el-reino-unanime\/","title":{"rendered":"El reino un\u00e1nime"},"content":{"rendered":"<p>Foto: Diana S\u00e1nchez, para El Espectador.<\/p>\n<p>Hab\u00eda una vez, y el tiempo no es muy lejano, las p\u00e1lidas circunstancias de un reino un\u00e1nime. Un\u00e1nimes sus vestidos y un\u00e1nimes sus canciones, un\u00e1nimes sus opiniones en almuerzos y peri\u00f3dicos. Terminada la jornada, despu\u00e9s de api\u00f1arse en buses como cuerpos ventilados y un\u00e1nimes, los habitantes de aquel reino descansan en sus lechos tranquilos, encienden sus televisores, todos al tiempo, y frente a la secuencia de titulares felices y acordes, hacen el amor a sus esposos siempre dispuestos, siempre los mismos con sus conversaciones sobre autos construidos en serie, uniformados para el f\u00fatbol o el trabajo. Todo en orden y en control, todo preparado. Nadie los vio quejarse entre su soledad un\u00e1nime.<\/p>\n<p>Los hijos quer\u00edan ser como sus padres, ordenados en cuadr\u00edculas y pupitres, engrosar la fortuna familiar en una escala ascendente y rutinariamente un\u00e1nime. Las muchachas operaban sus cuerpos frente a una misma foto. Los operarios, obedientes y conformes, segu\u00edan la fila de los bancos frente a una taquilla austera, consabidamente un\u00e1nime. Sus celadores, bajo la lluvia un\u00e1nime que moja a los justos, ve\u00edan llegar los invitados con sus trajes a la moda, danzar sus cuerpos al comp\u00e1s de una canci\u00f3n, alegre como sus obituarios, siguiendo el ritmo entre sus casas de cristal o de ladrillo, un\u00e1nimes; con sus palabras y sus coros afinados en una ronda sucesiva. Siempre correctos y apropiados, felices como sus sombras.<\/p>\n<p>\u201cHemos alcanzado la anhelada unidad\u201d, cantaban los parlantes de todo el reino, \u201cestamos librados de las cr\u00edticas molestas, inapropiadas\u201d, y en las calles un\u00e1nimes del reino un\u00e1nime segu\u00edan las rutinas, seres uniformados de camino a los cinemas, aplastados en los buses con su silencio un\u00e1nime. Cuentan los cronistas del reino, siempre preocupados por las noticias positivas, que alguna vez rabiaron las encuestas con un grupo pol\u00edtico, tambi\u00e9n un\u00e1nime, vestidos de un verde taciturno y un\u00edsono, conformes sus cabezas huecas coronadas con pir\u00e1mides, incomprensibles, sus ojos enso\u00f1ados y confusos.<\/p>\n<p>Relatan las cronistas que estos risue\u00f1os muchachos, alimentados de zanahorias como conejos numerosos, llenaban las plazas y las calles con sus letan\u00edas monocordes, exhib\u00edan sus girasoles sonrientes, todos a uno, donde antes el espacio de la molesta oposici\u00f3n, entonces cretinizada gracias a sus ringletes hipn\u00f3ticos. Mas pronto volvi\u00f3 el equilibrio a la paridad de los reinos. Los jefes se pusieron de acuerdo en un apret\u00f3n de manos, silencioso y ecu\u00e1nime, y pronto giraron sus girasoles al solecito que m\u00e1s alumbra, entusiastas, un sol un\u00e1nime como la luna y las monedas.<\/p>\n<p>Desde las periferias del reino llegaban las noticias de una brutal corrupci\u00f3n: un campo saqueado para entregarlo a las familias m\u00e1s felices, de ingresos seguros, esp\u00edas del estado escuchando las llamadas tras la borrasca de los tel\u00e9fonos. Los hospitales robados, operando pacientes inexistentes, las glorias del ej\u00e9rcito como una simulaci\u00f3n virtual. Mas la censura matizaba los informes titul\u00e1ndolos de \u201ccarruseles\u201d, \u201chay que cuidar el sue\u00f1o de nuestros ni\u00f1os emprendedores\u201d, dec\u00edan los locutores entre l\u00edneas: personajes inofensivos y rigurosamente escogidos, patrones de conducta y modelos de pasarelas. Y los habitantes del reino un\u00e1nime continuaban sus comparsas de la calle a la oficina, de los colegios a los cines p\u00fablicos. Medicados para la depresi\u00f3n, la memoria, felices y bronceados con sus gemelas, joviales sonrisas, los dientes in\u00fatiles de su in\u00e9dita indignaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n contaban los informes, -hab\u00eda que taparles los o\u00eddos a los ni\u00f1os-, de una matanza de estudiantes en los reinos del Norte. Un mono alto y de maneras vikingas, receloso de la diferencia, hastiado de los cambios como los habitantes de este reino un\u00e1nime, mat\u00f3 con bomba y si piedades a todo el que se moviera o pensara distinto. \u00bfPero por qu\u00e9 asesina este caballero si es tan un\u00e1nime como nosotros?, se preguntaban los esc\u00e9pticos ciudadanos. \u00bfDe d\u00f3nde sale esta rabia en la paridad de sus pensamientos, acaso su gobierno no control\u00f3 la molestia de los instintos, las quejas y los reclamaos? Y de inmediato rechazan estas versiones del atentado como \u201cliteratura peligrosa\u201d, fruto de imaginaciones innecesarias como los cuentos y novelas, ya desterradas por el gran negocio para obra y gracia de la tranquilidad. \u201cLa \u00fanica especulaci\u00f3n que no es da\u00f1ina es la que a diario nos enriquece\u201d, dec\u00edan los sabios de este reino, su mirada ecu\u00e1nime bajo las aulas un\u00e1nimes.<\/p>\n<p>Del norte al sur, entre los planos y desiertos donde hoy cruzan las avenidas, descansan los vestigios de una edad antigua: la Era primitiva y sin progreso. Cuentan los ancianos del reino que antes hab\u00eda entre las llanuras un r\u00edo feroz y sin dominio, p\u00e1ramos in\u00fatiles y ci\u00e9nagas sin modales, el canto de p\u00e1jaros desafinados. Una naturaleza que andaba a su libre antojo, sin respetar aceras o industrias, ocultando a los facinerosos entre sus mangles.<\/p>\n<p>Pero por fortuna lleg\u00f3 un rey de mano firme y coraz\u00f3n grande, Profeta del Ub\u00e9rrimo. Vendi\u00f3 estas lomas improductivas a los sagrados capitales, domestic\u00e1ndolas, paviment\u00f3 los r\u00edos para que ni\u00f1os y ni\u00f1as se sintieran m\u00e1s seguros. \u201cSi el alma ha de ser un\u00e1nime para encontrar la paz, un\u00e1nimes tienen que ser las tierras y un\u00e1nimes los sembrados\u201d, dec\u00eda con sabidur\u00eda salom\u00f3nica el profeta. Y as\u00ed se reemplazaron las molestas junglas por socavones mineros, productivos y un\u00e1nimes, se arrasaron las cosechas dispersas para imponer las palmas obedientes, patri\u00f3ticas y ex\u00f3ticas como los credos. La rebeld\u00eda de los \u00e1rboles silvestres, siempre perseverantes, hac\u00eda pensar a los hijos en alejarse de sus padres. Las flores, peligrosamente distintas, murmuraban aventuras peligrosas y caminos sin riquezas, envenenaban los caminos del progreso como poetas confusos y dispersos, ajenos al emprendimiento.<\/p>\n<p>Todos los d\u00edas llegaban las encuestas: \u201c90% para la unidad nacional\u201d, \u201cnuevos negocios y nuevas adhesiones\u201d, y los ni\u00f1os se alegraban frente a sus padres ad portas de la meta, impunes en su obediencia. Un mundo igual y de iguales, todos felices. \u00bfEran creyentes? Claro que eran creyentes. En fila asist\u00edan a los templos para recibir una hostia un\u00e1nime. Pero en sus reinos los Santos gozaban de la mayor popularidad, incluso superior que la de su Dios un\u00e1nime: \u201cnuestro genial gobernante resucit\u00f3 de entre los muertos de cuatro gobiernos, el infeliz crucificado s\u00f3lo de uno\u201d, dec\u00edan con suspicacia y admiraci\u00f3n. Hab\u00eda pobreza en las despenas y carteras, pero ten\u00edan que ser un\u00e1nimes. Crec\u00edan los vientres poniendo en peligro la salud de las madres, pero igual ten\u00eda que estar hinchadas como vasos un\u00e1nimes. Los abortos inducidos, antipatri\u00f3ticos, alteraban la sabia avenencia del destino.<\/p>\n<p>Y as\u00ed segu\u00edan viviendo estos barrios un\u00e1nimes, con sus televisores un\u00e1nimes y sus parejas un\u00e1nimes, un hambre un\u00e1nime en sus alacenas y est\u00f3magos, pero felices y un\u00e1nimes a fin de cuentas. Cerrando las ventanas para impedir el parpadeo de las estrellas, nunca un\u00e1nimes; pagando sus impuestos un\u00e1nimes sin burla ni protesta, votando en sus consultas un\u00e1nimes como donantes de sangre. Conformes sus sue\u00f1os y acordes sus canciones, descansando en un domingo de siete d\u00edas, felices y un\u00e1nimes. En santa comuni\u00f3n con la unidad un\u00e1nime de sus parlamentarios rotundos, un\u00e1nimes; durmiendo y olvidando entre sus casas felices, junto a sus tierras removidas o explayadas al un\u00edsono, sobre la paz de sus fosas comunes y siempre un\u00e1nimes.<\/p>\n<p>Mas de repente, en mitad de la noche, una mujer escribe un poema triste, de ritmos y cadencias dispersas. Sus palabras apestaron la ciudad de una feroz indignaci\u00f3n, dejaron entre los marcos de las casas un eco de voces lamentables, como si alguien abriera las despensas felices para alumbrar un arenque. Dec\u00eda que la casa de esta patria un\u00e1nime, de ni\u00f1as y de ni\u00f1os felices, desde \u201chace varios siglos que se viene abajo\u201d. Criticaba la indiferencia de esta jovial resignaci\u00f3n, la actitud de estas personas que, \u201ccomo si nada\u201d, \u201cvan y vienen por las habitaciones en ruinas, hacen el amor, bailan, escriben cartas\u201d, mientras \u201clos vivos duermen con los muertos\u201d. \u201cEn esta casa todos estamos enterrados vivos\u201d, dec\u00eda la desadaptada.<\/p>\n<p>Por fortuna, nadie escuch\u00f3 sus reclamos. Primero fueron las propagandas de un pa\u00eds bonito y satisfecho, \u201ctierra de la pasi\u00f3n\u201d, luego la imp-unidad nacional que trajo la paz, llenando de pr\u00f3speros soldados las carreteras, borrando a los desdichados con eficientes motosierras, como a su tiempo con los \u00e1rboles in\u00fatiles y rebeldes. Santo gobierno que convirti\u00f3 a los campesinos en las saludables \u201cautodefensas\u201d, bautizados mas tarde con el ep\u00edteto de \u201cbacrim\u201d, para no asustar a los ni\u00f1os: \u201cLa palabra defensa habla de resistencias innecesarias, bacrim recuerda sumos esperanzados, leches de chocolate\u201d. Tras el suicidio de la poeta, los habitantes recibieron la noticia con una prudente aceptaci\u00f3n. Atribuyeron su depresi\u00f3n a la ausencia de pastillas. Su queja a una infancia jam\u00e1s superada, terca como la dignidad de sus palabras procaces. Y as\u00ed volvi\u00f3 la unanimidad un\u00e1nime a los blancos papeles del reino.<\/p>\n<p>Comprendieron estos habitantes, a fuerza de la buena educaci\u00f3n, que la imaginaci\u00f3n hac\u00eda infelices a los hombres. Pensar en otros mundos, menos un\u00e1nimes, despierta los anhelos de un rencor antiguo, la formalidad de los est\u00e1ndares protege al cuerpo de las risas contagiosas. Pues s\u00f3lo pod\u00edan ser \u201cfelices los normales\u201d en este reino, -la diferencia entristece, trastoca los planes de unidad. Nada de \u201camores devorantes\u201d: la furia asusta a los inversionistas. A la pregunta por los planes de gobierno siempre \u201cs\u00ed\u201d, \u201cc\u00f3mo no\u201d, \u201cal mal tiempo buena cara\u201d. Y as\u00ed se unificaba la mandada en su inofensivo optimismo. Felices \u201cLos vendedores y sus compradores\u201d: prosperan las arcas de la unidad. \u201cLos caballeros ligeramente sobrehumanos\u201d, estos s\u00ed entienden de la salud de un cuerpo un\u00e1nime. \u201cLos delicados, los sensatos, los finos\u201d, esos no sienten la incomodad de las preguntas que corroen. Que nadie sue\u00f1e ni nadie invente, a fin de cuentas nadie les va a escuchar. El problema del que se queja es su mente enferma, no la realidad. Que pongan los pies sobre la tierra un\u00e1nime.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 pasaba con el 10% restante? Su presencia es de dudosa existencia. No se conservan registros de inconformidad, como lo advierten los estudiosos, pues si todos estaban acompa\u00f1ados y felices no habr\u00eda necesidad de la palabra \u201calternativa\u201d. Existe el rumor de un candidato a la alcald\u00eda del reino, Artelio o Aurelio Su\u00e1rez, su nombre est\u00e1 bajo vigilancia. \u00bfQui\u00e9n era ese tal Aurelio? Un terco sin moderaciones. Se cuenta que en los debates \u2013hab\u00eda elecciones para mantener el teatro del equilibrio, debates televisados para alegrar y distraer la aburrici\u00f3n de los s\u00e1bados-, este facineroso se\u00f1alaba la llaga en la lengua de los poderosos. Recordaba que el reino un\u00e1nime, de iguales, sus gentes y noticias un\u00e1nimes, era la ciudad m\u00e1s desigual de todo el planeta. Que hab\u00eda un mill\u00f3n de habitantes que no estaban de acuerdo con hacer avenidas, pues no ten\u00edan dinero ni para el pasaje. Que el principal problema del reino no era la movilidad \u2013un\u00e1nime y en serie-, sino la falta grosera de una movilidad social.<\/p>\n<p>De inmediato los medios salieron a su encuentro. Lo tildaron de radical y so\u00f1ador, de proponer otros mundos mejores cuando el \u00fanico un\u00e1nime era este. Y rechazaron su \u201cquejadera\u201d porque hac\u00eda desdichados a los ni\u00f1os, adulteraba las comidas y baja el rating. Su posici\u00f3n era demasiado irrestricta, demasiado constante como para entender que la felicidad perpetua estaba en ceder, encontrar en los justos medios la comodidad indicada. En el centro: imagen divina de lo un\u00e1nime, lugar com\u00fan de las posturas correctas. Parece que esto fue entendido por un antiguo rebelde, Ama\u00f1ado Petrus, quien entendi\u00f3, por fin, de las lecciones y las d\u00e1divas de una manada consecuente, y entonces cambi\u00f3 su discurso de la cr\u00edtica al elogio, quit\u00f3 de sus gafas los lentes insidiosos, francamente inapropiados.<\/p>\n<p>Entonces todo sigui\u00f3 igual, para fortuna y acervo del reino. Los ni\u00f1os en sus pupitres derrotados y un\u00e1nimes, felices en las fiestas con su m\u00fasica un\u00e1nime. Eficaces, las encuestas promovieron su unidad un\u00e1nime, lejos de las protestas amargadas y molestas, sin la presencia de arrugas o rubores en los rostros, haciendo del reino la sagrada paridad que les fue encomendada. Desterrados los idealistas que hablaban tan confuso \u2013su lenguaje era disperso e inc\u00f3modo, incomprendido hasta por sus amigos-, nadie volvi\u00f3 a estar abatido ni a levantar las cejas, nadie volvi\u00f3 a interrumpir el tr\u00e1fico con sus molestas marchas.<\/p>\n<p>Erradicada la tentaci\u00f3n de trasformar las cosas, peligrosa destrucci\u00f3n de lo establecido, comprendieron, a tiempo, que su camino estaba en el suicidio o en el viaje, \u201cque vayan a increpar a otros reinos con sus palabras raras\u201d. Y as\u00ed volvi\u00f3 la paz a los dominios un\u00e1nimes del reino, sin nadie que recordara las cadenas, los muertos, todas las cosas tristes que alejan a la manada de su feliz unanimismo. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Foto: Diana S\u00e1nchez, para El Espectador. Hab\u00eda una vez, y el tiempo no es muy lejano, las p\u00e1lidas circunstancias de un reino un\u00e1nime. 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