{"id":5829,"date":"2011-08-07T21:21:56","date_gmt":"2011-08-07T21:21:56","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/el-redescubrimiento-del-agua\/"},"modified":"2011-08-07T21:21:56","modified_gmt":"2011-08-07T21:21:56","slug":"el-redescubrimiento-del-agua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/el-redescubrimiento-del-agua\/","title":{"rendered":"El redescubrimiento del agua"},"content":{"rendered":"<p>En un ensayo excepcional realizado en p\u00fablico, Lavoisier demuestra la naturaleza compuesta del agua y lanza un ataque frontal contra la teor\u00eda del flogisto, que todav\u00eda defend\u00edan la mayor\u00eda de los qu\u00edmicos.<br \/>\nLa historia de la qu\u00edmica en la segunda mitad del siglo XVIII nos ofrece un ejemplo extraordinario de la fuerza imponente que ejerci\u00f3 la tradici\u00f3n en la conservaci\u00f3n de las ideas adquiridas, incluso frente a las refutaciones experimentales m\u00e1s palmarias. Hemos se\u00f1alado que el descubrimiento de que el aire constitu\u00eda un compuesto de varios gases qu\u00edmicamente activos no se entendi\u00f3 hasta muchos decenios despu\u00e9s, debido a las poderosas resistencias filos\u00f3ficas que encontr\u00f3. Un episodio que sacudi\u00f3 la filosof\u00eda de la materia en medida todav\u00eda mayor fue el hallazgo, en 1783, de que tampoco el agua era un elemento simple como se ven\u00eda creyendo desde Arist\u00f3teles y cuantos naturalistas le secundaron, sino un compuesto de dos sustancias distintas.<\/p>\n<p>El origen de ese descubrimiento sensacional fue, lo mismo que con el gas [el ox\u00edgeno], complejo. Y resulta dif\u00edcil decantarse por qui\u00e9n fue su verdadero autor. En 1776, mientras se enfrascaba en el estudio de los aires liberados en los pantanos \u2013el metano, en particular- Alessandro Volta (1745-1827) realizaba experimentos en recipientes cerrados donde provocaba la explosi\u00f3n del hidr\u00f3geno gracias a la acci\u00f3n de la electricidad. Al t\u00e9rmino de cada experimento, Volta observaba que sobre el fondo del recipiente se hab\u00eda formado un residuo h\u00famedo muy parecido al agua. Puesto que se trataba de demostrar la combusti\u00f3n del hidr\u00f3geno, el cient\u00edfico lombardo no concedi\u00f3 importancia alguna a esa suerte de roc\u00edo que se formaba sobre el fondo del recipiente, atribuy\u00e9ndolo a un vapor procedente del exterior. La dificultad para ver que el agua resultaba de la combusti\u00f3n del hidr\u00f3geno en presencia de ox\u00edgeno se agudizaba considerando el hecho de que, en l\u00ednea de principio, la manipulaci\u00f3n qu\u00edmica de los gases no pod\u00eda originar un cuerpo l\u00edquido, salvo que se adoptara la teor\u00eda lavoisieriana de los tres estados de la materia [s\u00f3lido, fluido y aeriforme].<\/p>\n<p>Hasta que, en 1783, y siguiendo un itinerario experimental completamente independiente del trazado por Volta, el f\u00edsico ingl\u00e9s Henry Cavendish, quien hab\u00eda descubierto ya en 1766 el hidr\u00f3geno, realiz\u00f3 una serie de experimentos que preve\u00edan la combusti\u00f3n del hidr\u00f3geno en presencia de ox\u00edgeno. Pese a cu\u00e1n inveros\u00edmiles parec\u00edan los resultados, la reiteraci\u00f3n de los ensayos llev\u00f3 a Cavendish a concluir, en 1784, que el agua era combinaci\u00f3n de aire deflogistizado (ox\u00edgeno) y aire inflamable o flogisto (hidr\u00f3geno). De ese modo, el nuevo descubrimiento de que el agua estaba constituida por dos aires ven\u00eda insertado por Cavendish en los par\u00e1metros reafirmados de la teor\u00eda del flogisto.<\/p>\n<p>Hasta 1776, en efecto, el f\u00edsico ingl\u00e9s hab\u00eda defendido que el flogisto de Stahl deb\u00eda identificarse con el hidr\u00f3geno. Sin embargo, tal identificaci\u00f3n distaba de ser compartida. La mayor\u00eda de los seguidores de Stahl reconoc\u00eda el flogisto en otras sustancias inflamables, de vez en cuando diferentes, creando as\u00ed una confusi\u00f3n creciente. En los comienzos de los a\u00f1os ochenta del Setecientos, la teor\u00eda del flogisto recib\u00eda, pues, interpretaciones muy distintas, contradictorias incluso; el descubrimiento de la composici\u00f3n del agua no hizo m\u00e1s que alimentar la aparici\u00f3n de nuevas hip\u00f3tesis, cada vez m\u00e1s atrevidas, sobre la identidad de tan misteriosa sustancia. Para Lavoisier, por el contrario, el significado de las observaciones de Cavendish confirmaba ulteriormente la validez de la teor\u00eda del ox\u00edgeno.<\/p>\n<p>El 23 de junio de 1783, Lavoisier reuni\u00f3 en su laboratorio del Arsenal lo m\u00e1s granado de los cient\u00edficos de la Academia de las Ciencias para repetir, con nuevos instrumentos y recursos t\u00e9cnicos, los experimentos de Cavendish. Apenas un a\u00f1o despu\u00e9s, Lavoisier acomet\u00eda un nuevo experimento gracias al cual se posibilit\u00f3 la descomposici\u00f3n del agua en hidr\u00f3geno y ox\u00edgeno, confirmando de ese modo la naturaleza compuesta del agua. El 19 y el 28 de febrero de 1785, Lavoisier reuni\u00f3 m\u00e1s de treinta cient\u00edficos, f\u00edsicos, ge\u00f3metras y naturalistas, ante los cuales repiti\u00f3 los nuevos experimentos. La relaci\u00f3n de ese episodio crucial se public\u00f3 en el primer n\u00famero del Journal Polytype de 1786. La rese\u00f1a se cerraba con la afirmaci\u00f3n de que el agua constaba de 85 partes de ox\u00edgeno y 15 de hidr\u00f3geno.<br \/>\nA tal cuantificaci\u00f3n hab\u00eda arribado Lavoisier mediante la aplicaci\u00f3n de un m\u00e9todo de an\u00e1lisis sumamente riguroso, apto para medir con exactitud los pesos espec\u00edficos de los cuerpos. La conclusi\u00f3n de aquella breve memoria subrayaba no tanto los resultados obtenidos cuanto la metodolog\u00eda que hab\u00eda permitido que la nueva qu\u00edmica se afirmara como ciencia rigurosa. <<Terminaremos este extracto \u2013conclu\u00eda Lavoisier- con una sucinta reflexi\u00f3n sobre la exactitud que debe introducirse en los ensayos de qu\u00edmica. Esta ciencia, separada de las dem\u00e1s a lo largo del tiempo, cre\u00eda poder dejar de lado los pesos y medidas a los que la f\u00edsica general debe sus descubrimientos m\u00e1s elegantes. Obten\u00eda resultados por cualquier vaga relaci\u00f3n entre determinadas propiedades de los constituyentes y las del compuesto. Un m\u00e9todo tal no puede ser seguro, porque las sensaciones no nos dan cuenta cabal de cu\u00e1nto nos afecta hasta que nos ofrecen relaciones susceptibles de precisi\u00f3n. Ahora bien, las relaciones de este tipo no se manifiestan en absoluto entre sabores, olores, etc\u00e9tera. Tales propiedades pueden, todo lo m\u00e1s, servir para distinguir y reconocer de pronto una sustancia, mas \u00bfc\u00f3mo podr\u00edan asegurarnos que hemos aprehendido todos los principios del cuerpo que nos hab\u00edamos propuesto analizar? Se impone recurrir a medios menos enga\u00f1osos, es decir, a la determinaci\u00f3n del volumen y del peso de cada parte constituyente del cuerpo cuya naturaleza se investiga y acudir, asimismo a la comparaci\u00f3n de estos vol\u00famenes y pesos entre s\u00ed y con los de los cuerpos mismos. Estos instrumentos son los \u00fanicos con capacidad para revelarnos los principios de las sustancias naturales; por esa raz\u00f3n, los qu\u00edmicos deber\u00edan exigir su utilizaci\u00f3n rigurosa en todos los ensayos>>.<\/p>\n<p>Las cualidades secundarias que hasta entonces hab\u00edan gobernado el edificio de la qu\u00edmica eran despojadas por Lavoisier de cualquier valor cognoscitivo. El modelo de esa toma radical de postura metodol\u00f3gica lo constitu\u00eda, sin duda, Galileo. En el Saggiatore (1623) el cient\u00edfico de Pisa hab\u00eda mostrado las insuficiencias de la f\u00edsica aristot\u00e9lica poniendo en cuesti\u00f3n el valor cient\u00edfico de las cualidades secundarias. El estudio de los cuerpos deb\u00eda ce\u00f1irse al examen de las relaciones num\u00e9ricas de sus movimientos y configuraciones geom\u00e9tricas. Los olores, sabores y colores de los cuerpos no pod\u00edan tomarse en consideraci\u00f3n, por tratarse de manifestaciones variables y subjetivas de la percepci\u00f3n. M\u00e1s de siglo y medio despu\u00e9s, Lavoisier adaptaba las indicaciones metodol\u00f3gicas de Galileo a las exigencias de la qu\u00edmica. El an\u00e1lisis de las cualidades secundarias que hab\u00eda dominado la actividad de los qu\u00edmicos durante siglos se sustitu\u00eda con el examen rigurosamente cuantitativo de los pesos y los vol\u00famenes de los cuerpos. Hemos visto que ese programa hab\u00eda sido perge\u00f1ado ya por Lavoisier en 1764, si bien solo ahora, con los experimentos cuantitativos sobre la composici\u00f3n y descomposici\u00f3n del agua, encontraba una s\u00f3lida confirmaci\u00f3n experimental. <\/p>\n<p>Los resultados obtenidos por Lavoisier y su resonancia internacional le indujeron a lanzar un ataque directo contra la teor\u00eda del flogisto de Stahl. El 18 de junio de 1785 presento ante la Academia de las Ciencias una extensa memoria titulada Reflexiones sobre el flogisto, donde mostraba que todas las operaciones y descubrimientos qu\u00edmicos modernos admit\u00edan perfecta explicaci\u00f3n, en muchos casos mejor, sin necesidad de recurrir a la hip\u00f3tesis del flogisto. Lavoisier reconoc\u00eda que Stahl hab\u00eda realizado <<una suerte de revoluci\u00f3n en la ciencia>>, hab\u00eda unificado gracias al flogisto operaciones qu\u00edmicas consideradas distintas, como la combusti\u00f3n y la calcinaci\u00f3n. Sin embargo, la admiraci\u00f3n y la deuda que todos los qu\u00edmicos hab\u00edan justamente expresado con respecto a Stahl y su teor\u00eda hab\u00edan cristalizado, en los \u00faltimos decenios, en una defensa ciega de sus principios fundantes.<\/p>\n<p>A los ojos de Lavoisier, tal defensa a ultranza resultaba tanto m\u00e1s inexplicable cuanto mayor era el n\u00famero de descubrimientos realizados desde 1770 sobre los gases, un \u00e1mbito de investigaci\u00f3n del que no se ocup\u00f3 Stahl en absoluto. Justamente porque el m\u00e9dico alem\u00e1n consideraba el aire como un instrumento qu\u00edmico pasivo e irrelevante, resultaba inevitable que para conciliar los descubrimientos pneum\u00e1ticos con la teor\u00eda del flogisto hubiera que sortear muchas dificultades y a un precio de onerosos retorcimientos conceptuales. <<De ese modo, los seguidores de la doctrina de Stahl, tras sentirse obligados a afirmar que el flogisto era ora pesado, ora ligero, se ven forzados a admitir que el flogisto ora penetraba a trav\u00e9s de los recipientes m\u00e1s compactos, ora no era capaz de penetrarlos: todas estas cualidades son incompatibles en un mismo ser y demuestran cada vez m\u00e1s que se ha venido atribuyendo un mismo nombre a cosas muy distintas>>. Sin atenerse ya a las cautas declaraciones del pasado, Lavoisier tra\u00eda a colaci\u00f3n las diferentes interpretaciones que sus contempor\u00e1neos hab\u00edan dado del flogisto, poniendo de manifiesto las contradicciones, los errores interpretativos y la falta de coherencia experimental. Si todos los fen\u00f3menos pneum\u00e1ticos pod\u00edan explicarse, f\u00e1cilmente y sin contradicciones, con la nueva teor\u00eda del ox\u00edgeno, \u00bfpor qu\u00e9 cansarse en conciliar los descubrimientos con una teor\u00eda que ni siquiera los hab\u00eda previsto?<br \/>\nOtra raz\u00f3n, no menos importante, para abandonar el flogisto estribaba en el enfoque cualitativo adoptado por Stahl en su valoraci\u00f3n de las reacciones qu\u00edmicas. Si, durante la calcinaci\u00f3n, el metal adquir\u00eda peso, en vez de perderlo como cre\u00eda Stahl, no pod\u00eda resolverse la cuesti\u00f3n recurriendo a la hip\u00f3tesis absurda de que el flogisto pose\u00eda peso negativo y que, liber\u00e1ndose del metal calcinado, le hiciera aumentar de peso. Si la cal met\u00e1lica aumentaba de peso, significaba que se hab\u00eda combinado con otra sustancia cuya identidad pod\u00eda descubrirse a trav\u00e9s del peso espec\u00edfico.<\/p>\n<p>El ataque de Lavoisier contra la teor\u00eda del flogisto iba dirigido sobre todo contra los qu\u00edmicos y naturalistas que hab\u00edan intentado con obstinaci\u00f3n adaptar la vieja teor\u00eda a los nuevos fen\u00f3menos pneum\u00e1ticos. No se exculp\u00f3 a nadie. Las hip\u00f3tesis de Priestley, Cavendish, Macquer y otros cient\u00edficos reputados que segu\u00edan fieles al flogisto recibieron una cr\u00edtica dur\u00edsima. Para el qu\u00edmico franc\u00e9s, la resistencia a abandonar la tradici\u00f3n stahliana obedec\u00eda a la costumbre de contemplar la naturaleza desde una perspectiva adquirida y reafirmada. <<Mientras tanto \u2013conclu\u00eda Lavoisier- veo con gran satisfacci\u00f3n que los j\u00f3venes que comienzan a estudiar la ciencia sin prejuicio, los ge\u00f3metras y f\u00edsicos que tienen la mente abierta a las verdades qu\u00edmicas no creen en el flogisto en el sentido en que fue presentado por Stahl y consideran esa doctrina como un andamiaje m\u00e1s turbador que \u00fatil para los fines de la ampliaci\u00f3n del edificio de la ciencia qu\u00edmica>>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un ensayo excepcional realizado en p\u00fablico, Lavoisier demuestra la naturaleza compuesta del agua y lanza un ataque frontal contra la teor\u00eda del flogisto, que todav\u00eda defend\u00edan la mayor\u00eda de los qu\u00edmicos. 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