{"id":5430,"date":"2011-03-21T22:52:54","date_gmt":"2011-03-21T22:52:54","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/de-la-tacaneria-y-otras-prodigalidades\/"},"modified":"2011-03-21T22:52:54","modified_gmt":"2011-03-21T22:52:54","slug":"de-la-tacaneria-y-otras-prodigalidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/de-la-tacaneria-y-otras-prodigalidades\/","title":{"rendered":"De la taca\u00f1er\u00eda y otras prodigalidades"},"content":{"rendered":"<p>La gente que decide izarse brazada a brazada a alguna cumbre econ\u00f3mica atesora cada moneda que cae en sus manos, hace inversiones conservadoras y practica la frugalidad en todos los extremos de las necesidades. De sobra est\u00e1 decir que si taca\u00f1ea en la comida, la bebida y el sexo, en lo que respecta a asuntos menos b\u00e1sicos como el arte, el deporte y la gastronom\u00eda (que no es lo mismo que el no morirse de hambre) asume actitudes radicales e intemperantes de negaci\u00f3n absoluta. Denosta de la tonter\u00eda fatigosa de correr tras una pelota, desprecia cualquier forma de arte que no tenga una relaci\u00f3n directa con lo pr\u00e1ctico inmediato \u2013como una flor en un pocillo- y considera sacr\u00edlego el horno.<\/p>\n<p>As\u00ed, penosamente, busca de dejar de ser un peque\u00f1o propietario o un profesional de medio pelo. La mayor\u00eda de las veces fracasa y entonces lanza inmundicias \u2013las mismas tonter\u00edas adocenadas de toda su vida, adobadas por el veneno de la decepci\u00f3n- desde el rinc\u00f3n de un taller desvencijado, de una tienda desvalida de art\u00edculos o agitando un poco sus amadas y odiadas cadenas de la oficina.<\/p>\n<p>Esa vida, la de las carencias, y esa meta, la de \u201csuperarse\u201d priv\u00e1ndose de casi todo, es su receta, su panacea, su remedio universal. La gran burgues\u00eda, oligarqu\u00eda que especula desde sus bancos, trampea sin recatos intermediando lo habido y por haber, y corrompe o se deja corromper en un alto cargo p\u00fablico, y que jam\u00e1s ha dejado de regalarse con lo mejor de lo mejor \u2013as\u00ed haya que enterrar diez, desplazar cien o matar de hambre mil-, le tiene un cari\u00f1o despreciativo a la m\u00edsera ense\u00f1a de sus admiradores de abajo. No, por supuesto, para aplic\u00e1rsela a s\u00ed misma, no faltar\u00eda m\u00e1s, sino para usarla como lecci\u00f3n a las clases populares, tan refractarias a la flagelaci\u00f3n y tan partidarias de la prodigalidad de la verbena y del n\u00famero y la entereza en las calles levantadas. <\/p>\n<p>De vez en cuando una vida ausente de todo gozo \u2013distinto del de querer tener m\u00e1s que los otros- alumbra un triunfo. Pues bien, ese \u201ch\u00e9roe\u201d es ensalzado por unos instantes \u2013una entrevista, un noticiero- al lado de los grandes se\u00f1ores de la especulaci\u00f3n financiera y la defraudaci\u00f3n de los bienes del Estado. Luego ser\u00e1 olvidado, pero su camino seguir\u00e1 siendo el de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si el hombre mediano sigue esa senda por convicci\u00f3n, la oligarqu\u00eda lo hace por una hip\u00f3crita necesidad: cuando ha separado a las grandes masas populares del deleite del deporte \u2013sin escenarios, sin instructores, sin una camiseta-; del arte \u2013sin poes\u00eda, sin teatro, sin m\u00fasica-, de la gastronom\u00eda -\u00bfeso qu\u00e9 es?- , fuerza es que le recete la abstinencia y las telenovelas como suced\u00e1neos de la generosidad de su sangre.<\/p>\n<p>En un panel de la televisi\u00f3n espa\u00f1ola cuando uno de los intervinientes se quejaba por la \u00ednfima proporci\u00f3n de tel\u00e9fonos en \u00c1frica, otro le enmend\u00f3 la plana con un blindado cinismo: no seamos hip\u00f3critas: a qui\u00e9n le interesa la suerte de esos pobres diablos. Naturalmente, los pobres diablos est\u00e1n generosamente distribuidos por todos los pa\u00edses pobres y los ricos. Naturalmente, su suerte es de poco inter\u00e9s, \u00a1Hay tantos!, en tanto no decidan tomar la suerte de la historia en sus propias manos.<\/p>\n<p>Por un lado se les predica la vida espartana, por otro, se les bombardea desde los reactores nucleares de la propaganda masiva para que compren lo que no pueden. Y, entonces, en esa violenta contradicci\u00f3n se debaten: entre la hipocres\u00eda y el cinismo. Qu\u00e9 no se sabe cu\u00e1l sea peor. C\u00f3mo en el infierno de Dante, sometidos al calor abrasador y al fr\u00edo quemante. Se huye de uno para caer en el otro. De la sart\u00e9n a las brasas, de la admonici\u00f3n del ahorro feroz que le dar\u00e1 un cielo m\u00e1s all\u00e1, al pretendido hedonismo del efectivo y la tarjeta de cr\u00e9dito. <\/p>\n<p>Como bien se sabe la verdad no est\u00e1 en los ideales de taca\u00f1er\u00eda de la peque\u00f1a burgues\u00eda ni en los de la dolce vita de los afamados especuladores de los trusts financieros. <\/p>\n<p>El arte \u2013no el de la vulgaridad o la desatenta desolaci\u00f3n- y los placeres del buen comer \u2013no el de ver en televisi\u00f3n como son las viandas y las bebidas- y el de practicar el deporte \u2013no ser simplemente un \u201cfan\u00e1tico\u201d-; esas son, tambi\u00e9n necesidades vitales de la poblaci\u00f3n, que deben ser conquistadas al igual que las otras necesidades vitales.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La gente que decide izarse brazada a brazada a alguna cumbre econ\u00f3mica atesora cada moneda que cae en sus manos, hace inversiones conservadoras y practica la frugalidad en todos los extremos de las necesidades. 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