{"id":4420,"date":"2010-05-30T12:06:24","date_gmt":"2010-05-30T12:06:24","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/el-maestro-de-ajedrez-y-el-computador\/"},"modified":"2010-05-30T12:06:24","modified_gmt":"2010-05-30T12:06:24","slug":"el-maestro-de-ajedrez-y-el-computador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/el-maestro-de-ajedrez-y-el-computador\/","title":{"rendered":"El maestro de ajedrez y el computador"},"content":{"rendered":"<p>En 1985, en Hamburgo, jugu\u00e9 al mismo tiempo contra 32 computadores desarrollados especialmente para jugar ajedrez, en lo que se conoce como una exhibici\u00f3n simult\u00e1nea. Fui pasando de una m\u00e1quina a otra, haciendo mis movimientos, durante m\u00e1s de cinco horas. Los cuatro principales fabricantes de computadores de ajedrez hab\u00edan enviado sus mejores modelos, entre ellos ocho que llevaban mi nombre, fabricados por la firma de productos electr\u00f3nicos Saitek.<br \/>\nEl hecho de que nadie se haya sorprendido mucho cuando obtuve una victoria perfecta de 32 a 0, barriendo en todas las partidas, ilustra el estado de los computadores ajedrecistas de esa \u00e9poca. Aunque hubo un momento de incomodidad: en cierto punto se me estaba enredando la partida contra uno de los nuevos modelos Kasp\u00e1rov. Si esta m\u00e1quina lograba ganar o incluso empatar, la gente se apresurar\u00eda a decir que yo hab\u00eda perdido intencionalmente para hacerle publicidad a la compa\u00f1\u00eda, as\u00ed que tuve que intensificar mis esfuerzos. Despu\u00e9s de un rato encontr\u00e9 una manera de enga\u00f1ar a la m\u00e1quina con un sacrificio que ha debido rechazar. Desde la perspectiva humana, o al menos desde mi perspectiva, \u00e9sos eran los buenos tiempos del enfrentamiento entre el hombre y las m\u00e1quinas que jugaban ajedrez.<\/p>\n<p>Once a\u00f1os despu\u00e9s derrot\u00e9 por estrecho margen al supercomputador Deep Blue. Luego, en 1997, IBM redobl\u00f3 sus esfuerzos \u2013duplic\u00f3 la capacidad de procesamiento de Deep Blue\u2013 y yo perd\u00ed la revancha en un hecho que fue noticia en todo el mundo. El resultado fue recibido con asombro y tristeza por aquellos que lo interpretaron como un signo del sometimiento de la humanidad ante los computadores todopoderosos. (\u201cLa \u00faltima batalla de la mente\u201d, dec\u00eda el titular de Newsweek). Otros se encogieron de hombros, sorprendidos al ver que los humanos todav\u00eda pudieran competir contra el enorme poder de c\u00e1lculo, que para 1997 ya estaba presente sobre casi todos los escritorios del primer mundo.<\/p>\n<p>Quienes tuvieron una comprensi\u00f3n m\u00e1s ponderada del resultado fueron los especialistas: los jugadores de ajedrez, los programadores y los entusiastas de la inteligencia artificial. Los grandes maestros ya hab\u00edan comenzado a ver las implicaciones de la existencia de m\u00e1quinas que pudieran jugar con absoluta perfecci\u00f3n, aunque en ese momento solo pod\u00edan hacerlo en unas cuantas configuraciones espec\u00edficas de tablero. La gente que trabajaba en el desarrollo de programas de ajedrez para computador estaba encantada con la conquista de uno de los primeros y m\u00e1s sagrados s\u00edmbolos de la ciencia inform\u00e1tica, y en muchos casos llegaron a igualar las hip\u00e9rboles de la prensa. El libro Deep Blue (2003) de Monty Newborn fue comentado con las siguientes palabras: \u201cUna extraordinaria y crucial l\u00ednea divisoria, que supera todos los otros triunfos: el primer viaje de Orville Wright, el aterrizaje de la NASA en la luna&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Los fan\u00e1ticos de la inteligencia artificial tambi\u00e9n estaban complacidos con el resultado y la atenci\u00f3n, pero se sent\u00edan decepcionados por el hecho de que Deep Blue no fuera realmente lo que sus predecesores se hab\u00edan imaginado d\u00e9cadas atr\u00e1s, cuando so\u00f1aron con crear una m\u00e1quina capaz de derrotar al campe\u00f3n mundial de ajedrez. En lugar de ser un computador que pensaba y jugaba ajedrez como un humano, con la intuici\u00f3n y la creatividad humanas, hab\u00edan creado un computador que jugaba como una m\u00e1quina y evaluaba de manera sistem\u00e1tica 200 millones de movimientos posibles por segundo y que ganaba por la fuerza bruta del procesamiento num\u00e9rico. Tal como lo explic\u00f3 Igor Aleksander, un pionero brit\u00e1nico de la inteligencia artificial y las redes neurol\u00f3gicas, en su libro C\u00f3mo construir una mente, publicado en el a\u00f1o 2000:<\/p>\n<p>A mediados de los noventa, el n\u00famero de personas que ten\u00eda experiencia en el uso de computadores era de una magnitud much\u00edsimo mayor que en los sesenta. En la derrota de Kasparov reconocieron un gran triunfo para los programadores, pero no uno que pudiera competir con la inteligencia humana que nos ayuda a vivir.<\/p>\n<p>Fue un logro impresionante, desde luego, y un triunfo humano por parte de los miembros del equipo de IBM, pero Deep Blue solo era inteligente en el sentido en que es inteligente un reloj despertador programable. Aunque no es que me haya hecho sentir mucho mejor el hecho de perder contra un reloj despertador de diez millones de d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Por desgracia, mi esperanza de tener una revancha con Deep Blue se frustr\u00f3. IBM ya hab\u00eda obtenido la publicidad que deseaba y r\u00e1pidamente clausur\u00f3 el proyecto. Al mismo tiempo, otros proyectos de inform\u00e1tica aplicada al ajedrez en otras partes del mundo tambi\u00e9n perdieron su patrocinio. Aunque de estar mejor preparado habr\u00eda tenido m\u00e1s posibilidades en una revancha en 1998, en ese momento ya estaba claro que en el juego de ajedrez la superioridad de los computadores sobre los humanos siempre hab\u00eda sido solo cuesti\u00f3n de tiempo. Actualmente, por cincuenta d\u00f3lares se puede comprar un programa de computador casero capaz de aplastar a la mayor\u00eda de los grandes maestros. En el a\u00f1o 2003 me enfrent\u00e9 contra dos de estos programas, instalados en procesadores disponibles en el comercio \u2013por supuesto, jugu\u00e9 solo una partida a la vez\u2013 y en los dos casos el resultado termin\u00f3 en tablas, con una victoria para cada uno y varios empates.<\/p>\n<p>Inevitable o no, nadie entendi\u00f3 todas las ramificaciones de tener a un gran maestro en el computador personal, en especial lo que eso iba a significar para el ajedrez profesional. Hubo varios panoramas fatalistas, sobre c\u00f3mo la gente iba a perder el inter\u00e9s en el ajedrez con el surgimiento de las m\u00e1quinas, en especial despu\u00e9s de que perd\u00ed contra Deep Blue. Algunos reaccionaron a estas perspectivas con variaciones sobre c\u00f3mo todav\u00eda se hac\u00edan carreras a pie, a pesar de que los carros y las bicicletas iban mucho m\u00e1s r\u00e1pido, una analog\u00eda falsa, en la medida en que los carros no ayudan a los humanos a correr m\u00e1s r\u00e1pido, mientras que los programas de ajedrez s\u00ed tienen un efecto indudable en la calidad del ajedrez humano.<\/p>\n<p>Otro grupo anunci\u00f3 que el juego ser\u00eda resuelto, es decir, que se encontrar\u00eda una manera matem\u00e1ticamente definitiva de que un computador ganara desde el comienzo. (O tal vez se probar\u00eda que una partida de ajedrez que se juega de la mejor manera posible siempre termina en un empate.) Tal vez una versi\u00f3n real de HAL 9000 anunciar\u00eda sencillamente un movimiento 1.e4 con jaque mate en, digamos, 38.484 movidas. Estas sombr\u00edas predicciones no se han hecho realidad y nunca lo har\u00e1n. El ajedrez es demasiado complejo para que sea resuelto de manera definitiva por cualquier tecnolog\u00eda de las que podemos concebir hoy. Sin embargo, nuestra subestimada prima, las damas, padeci\u00f3 ese destino hace relativamente poco, gracias al trabajo de Jonathan Schaeffer, de la Universidad de Alberta, y su imbatible programa Chinook.<\/p>\n<p>El n\u00famero de posiciones del ajedrez legal es 1040, el n\u00famero de juegos posibles es 10120. Diversos autores han ensayado distintas maneras de expresar esta inmensidad, con base, por lo general, en uno de los pocos campos que emplea regularmente esos exponentes: la astronom\u00eda. En su libro Met\u00e1foras de ajedrez, Diego Rasskin-Gutman se\u00f1ala que un jugador que puede ver con anticipaci\u00f3n ocho movimientos tiene ante sus ojos tantos juegos posibles como estrellas hay en la galaxia. Otra met\u00e1fora, de la cual Rasskin-Gutman usa tambi\u00e9n una variaci\u00f3n, es afirmar que hay m\u00e1s partidas de ajedrez posibles que \u00e1tomos en el universo. A los ojos del observador casual, todas estas comparaciones hacen \u00e9nfasis en por qu\u00e9 el puro poder de c\u00e1lculo del computador no es capaz de resolver definitivamente este antiguo juego de mesa. Tambi\u00e9n son \u00fatiles, y yo mismo no estoy exento de querer hacer eso, para impresionar a la gente con lo complicado que es el ajedrez, aunque sea en un sentido matem\u00e1tico b\u00e1sicamente irrelevante.<br \/>\nPero esta irrelevante escala astron\u00f3mica resulta muy relevante para los programadores de ajedrez. Desde el comienzo han sabido que la soluci\u00f3n del juego \u2013crear un programa absolutamente invencible\u2013 no es posible con el poder computacional disponible y que habr\u00eda que encontrar atajos eficaces. De hecho, el primer programa de ajedrez que se puso a prueba fue dise\u00f1ado por el legendario matem\u00e1tico brit\u00e1nico Alan Turing en 1952 \u00a1y \u00e9l ni siquiera ten\u00eda un computador! Turing procesaba los algoritmos en hojas de papel y esta \u201cm\u00e1quina de papel\u201d jugaba de manera competente.<\/p>\n<p>Rasskin-Gutman cubre este terreno bien conocido en un libro que logra su objetivo de ser, si acaso, una visi\u00f3n general de las visiones generales. La historia del estudio sobre el funcionamiento del cerebro est\u00e1 en el primer cap\u00edtulo, lo cual crea en el lector la tentaci\u00f3n de salt\u00e1rselo. Es posible que usted recuerde los axones y las dendritas de sus clases de biolog\u00eda en secundaria. Tambi\u00e9n aprendemos sobre sistemas colin\u00e9rgicos y adren\u00e9rgicos y muchas otras cosas que no encuentra el diccionario de mi computador artificialmente inteligente, y que el autor tampoco vuelve a mencionar. Luego sigue haciendo res\u00famenes igual de concisos, cuando no ambiguos, sobre la inteligencia artificial, los computadores que juegan ajedrez y c\u00f3mo juegan ajedrez los humanos.<\/p>\n<p>La r\u00e1pida proliferaci\u00f3n de poderosos programas de ajedrez ha tenido muchas consecuencias involuntarias, tanto positivas como negativas. A los chicos les encantan los computadores y acceden a ellos de manera natural, as\u00ed que no sorprende que suceda lo mismo con la combinaci\u00f3n de ajedrez y computador. Con la introducci\u00f3n de los programas superpotentes se hizo posible que un jovencito tenga un oponente de primer nivel en casa, en lugar de necesitar a un entrenador profesional desde temprana edad. Los pa\u00edses que no tienen tradici\u00f3n ajedrec\u00edstica, o muy poca, y en los cuales hay pocos entrenadores disponibles, pueden producir prodigios en nuestros d\u00edas. De hecho, este a\u00f1o estoy entrenando a uno de ellos, Magnus Carlsen, un joven de diecinueve a\u00f1os, nacido en Noruega, donde se juega relativamente poco ajedrez.<\/p>\n<p>El intenso uso del an\u00e1lisis computacional ha llevado el juego hacia nuevas direcciones. La m\u00e1quina no se preocupa por el estilo o por los patrones o por los cientos de a\u00f1os de teor\u00eda bien establecida. Cuenta los valores de las piezas del ajedrez, analiza unos cuantos millones de jugadas y las vuelve a contar. (Un computador convierte cada pieza y cada factor de posici\u00f3n en un valor con el fin de reducir el juego a n\u00fameros que \u00e9l pueda procesar.) Est\u00e1 completamente exento de prejuicios y doctrinas y esto ha contribuido al desarrollo de jugadores que son casi tan libres de dogmas como las m\u00e1quinas con las cuales practican. Cada vez m\u00e1s, una jugada no es buena o mala porque parezca que lo es o porque nunca antes se haya hecho de esa manera. Sencillamente es buena si funciona y mala si no funciona. Aunque todav\u00eda necesitamos una alta dosis de intuici\u00f3n y l\u00f3gica para jugar bien, los humanos estamos empezando a jugar cada vez m\u00e1s como los computadores.<\/p>\n<p>El hecho de que una base de datos con millones de partidas se encuentre a nuestra disposici\u00f3n, con solo hacer un clic, est\u00e1 haciendo que los mejores ajedrecistas sean cada vez m\u00e1s j\u00f3venes. Absorber los miles de patrones esenciales y jugadas de apertura sol\u00eda tomar muchos a\u00f1os, un proceso representado en la teor\u00eda de las \u201c10.000 horas para convertirse en un experto\u201d de Malcolm Gladwell, seg\u00fan la expone en su reciente libro Fueras de serie. (Su libro anterior, Inteligencia intuitiva, es un refrito, aunque de manera m\u00e1s creativa, de gran parte del material sobre psicolog\u00eda cognitiva que ya aparec\u00eda refrito en Met\u00e1foras de ajedrez.) Los adolescentes de hoy, y cada vez m\u00e1s preadolescentes, pueden acelerar este proceso entrando a un archivo digitalizado de informaci\u00f3n sobre ajedrez y usando la superioridad de su mente joven para retenerlo todo. En la \u00e9poca anterior a los computadores, los grandes maestros adolescentes eran rarezas y casi siempre estaban destinados a jugar por el campeonato mundial. El r\u00e9cord obtenido por Bobby Fischer en 1958, cuando alcanz\u00f3 el t\u00edtulo de Gran Maestro a los quince a\u00f1os, solo fue superado en 1991. Desde entonces lo han roto veinte veces y el actual due\u00f1o del r\u00e9cord, el ucraniano Sergey Karjakin, conquist\u00f3 el t\u00edtulo m\u00e1s alto a la edad casi absurda de doce a\u00f1os en 2002. A los veinte a\u00f1os, Karjakin se encuentra hoy entre los mejores del mundo pero, como la mayor\u00eda de ni\u00f1os prodigio modernos, Karjakin no es Fischer, quien se destac\u00f3 entre sus compa\u00f1eros y r\u00e1pidamente sobresali\u00f3 tambi\u00e9n por encima del resto del mundo del ajedrez.<\/p>\n<p>El hecho de destacarse en ajedrez ha sido considerado desde hace mucho tiempo como un s\u00edmbolo de inteligencia superior. En mi opini\u00f3n, \u00e9sa es una suposici\u00f3n incorrecta, a pesar de lo complaciente que pueda resultar. Pero con miras a enriquecer la discusi\u00f3n y la investigaci\u00f3n, el ajedrez es, en palabras de Rasskin-Gutman, \u201cun laboratorio incomparable, en la medida en que tanto el proceso de aprendizaje como el grado de habilidad obtenida se pueden objetivar y cuantificar, lo que proporciona un excelente marco comparativo sobre el cual usar rigurosas t\u00e9cnicas anal\u00edticas\u201d.<\/p>\n<p>En eso estoy completamente de acuerdo, aunque por distintas razones. Estoy mucho m\u00e1s interesado en usar el laboratorio del ajedrez para arrojar luz sobre los procesos de la mente humana que sobre los de la mente artificial. Tal como lo afirmo en mi libro del a\u00f1o 2007, C\u00f3mo la vida imita al ajedrez, \u201cel ajedrez es un nexo cognitivo \u00fanico, un lugar donde el arte y la ciencia se unen en la mente humana y son refinados y mejorados por la experiencia\u201d. Coincidencialmente, la secci\u00f3n en la cual aparece esa frase se titula \u201cM\u00e1s que una met\u00e1fora\u201d. El argumento es que el proceso de toma de decisiones del ajedrez es un modelo para entender y mejorar nuestro proceso de toma de decisiones en todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Esto no significa que no est\u00e9 interesado en la b\u00fasqueda de m\u00e1quinas inteligentes. Mis m\u00faltiples exhibiciones con computadores que juegan ajedrez obedecen al deseo de participar en este gran experimento. Tuve la suerte (tal vez la mala suerte) de ser el campe\u00f3n mundial de ajedrez durante los a\u00f1os cr\u00edticos en los cuales los computadores desafiaron y luego superaron a los ajedrecistas humanos. Antes de 1994 y despu\u00e9s de 2004 estos duelos despertaban poco inter\u00e9s. Los computadores pasaron r\u00e1pidamente de ser muy d\u00e9biles a ser demasiado fuertes. Sin embargo, durante un per\u00edodo de diez a\u00f1os estas competencias fueron enfrentamientos fascinantes entre el poder de c\u00e1lculo de las m\u00e1quinas (y, no lo olvidemos, de la sabidur\u00eda humana de quienes las programan) y la intuici\u00f3n y el conocimiento del gran maestro.<\/p>\n<p>De acuerdo con lo que Rasskin-Gutman explica como la paradoja de Moravec, en el ajedrez, como en tantas otras cosas, los computadores son buenos en lo que los humanos fallan y viceversa. Esto me dio la idea de hacer un experimento. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si en lugar de que el humano jugara contra la m\u00e1quina, jug\u00e1ramos como compa\u00f1eros? Mi idea vio la luz en un encuentro que tuvo lugar en 1998 en Le\u00f3n, Espa\u00f1a, y al que llamamos \u201cAjedrez avanzado\u201d. Durante el juego, cada jugador ten\u00eda a mano un computador con el programa de su elecci\u00f3n. La idea era crear el m\u00e1ximo nivel de ajedrez que se hubiese jugado jam\u00e1s, una s\u00edntesis de lo mejor del hombre y la m\u00e1quina.<br \/>\nAunque me hab\u00eda preparado para ese formato tan inusual, mi encuentro contra el b\u00falgaro Veselin Topalov, quien hab\u00eda sido hasta hac\u00eda poco el jugador n\u00famero uno del mundo, estuvo lleno de extra\u00f1as sensaciones. El hecho de tener un programa de computador a nuestra disposici\u00f3n durante el juego result\u00f3 ser tan atractivo como perturbador. Y el hecho de poder acceder a una base de datos que conten\u00eda unos cuantos millones de partidas signific\u00f3 que no tuvimos que hacer un esfuerzo tan grande de memoria en la apertura, cuyas posibilidades hab\u00edan sido cuidadosamente clasificadas a lo largo de los a\u00f1os. Pero como los dos ten\u00edamos acceso a la misma base de datos, la ventaja se redujo a la posibilidad de crear una idea nueva en alg\u00fan momento.<\/p>\n<p>Tener como compa\u00f1ero a un computador tambi\u00e9n signific\u00f3 no preocuparnos por cometer un error t\u00e1ctico. El computador pod\u00eda proyectar las consecuencias de cada movimiento que consider\u00e1bamos, y se\u00f1alaba los posibles resultados y contrajugadas que de otra manera podr\u00edamos haber pasado por alto. Con eso bajo control, pod\u00edamos concentrarnos en la planeaci\u00f3n estrat\u00e9gica en lugar de perder tanto tiempo haciendo c\u00e1lculos. En esas condiciones, la creatividad humana resultaba todav\u00eda m\u00e1s primordial. A pesar de tener acceso a \u201clo mejor de los dos mundos\u201d, mis partidas con Topalov distaron mucho de ser perfectas. Est\u00e1bamos jugando contrarreloj y ten\u00edamos poco tiempo para consultar con nuestros asistentes de silicona. Sin embargo, los resultados fueron notorios. Un mes antes, yo hab\u00eda derrotado al b\u00falgaro en un match de ajedrez r\u00e1pido \u201cnormal\u201d 4 a 0. Nuestro match de ajedrez avanzado termin\u00f3 en un empate 3 a 3. Mi ventaja en el c\u00e1lculo de las t\u00e1cticas hab\u00eda sido neutralizada por la m\u00e1quina.<\/p>\n<p>Este experimento no aparece mencionado en el libro de Rasskin-Gutman, una omisi\u00f3n importante en la medida en que se relaciona estrechamente con su tema. Pero a\u00fan m\u00e1s notoria fue la manera como continu\u00f3 el experimento del ajedrez avanzado. En el a\u00f1o 2005, el sitio para jugar ajedrez en l\u00ednea Playchess.com organiz\u00f3 lo que llam\u00f3 un torneo de ajedrez \u201cestilo libre\u201d, en el cual pod\u00eda competir cualquiera, en equipo con otros jugadores o con computadores. Normalmente los sitios de juego en l\u00ednea emplean algoritmos \u201canti-trampa\u201d para impedir, o al menos desalentar, la tentaci\u00f3n de los jugadores de hacer trampa con la ayuda de computadores. (Me pregunto si estos algoritmos detectores, que emplean el an\u00e1lisis diagn\u00f3stico de los movimientos y el c\u00e1lculo de probabilidades, pueden ser un poco menos \u201cinteligentes\u201d que los programas que detectan.)<\/p>\n<p>Atra\u00eddos por el jugoso premio en dinero, varios grupos de grandes maestros entraron a la competencia trabajando en asocio con varios computadores al mismo tiempo. Al comienzo los resultados parec\u00edan los esperados. Los equipos formados por humanos mas m\u00e1quinas dominaron incluso a los computadores m\u00e1s fuertes. Hydra, un supercomputador dise\u00f1ado exclusivamente para jugar ajedrez, como Deep Blue, no estaba a la altura de un jugador humano fuerte que usara un computador personal relativamente d\u00e9bil. La orientaci\u00f3n estrat\u00e9gica humana combinada con la agudeza t\u00e1ctica del computador era abrumadora.<\/p>\n<p>La sorpresa se produjo al final del evento. El ganador result\u00f3 ser no un gran maestro con un computador de \u00faltima tecnolog\u00eda, sino un par de ajedrecistas americanos aficionados que usaron tres computadores al mismo tiempo. Su habilidad en manipular y \u201caconsejar\u201d a sus computadores para que analizaran profundamente las posiciones logr\u00f3 contrarrestar eficazmente la comprensi\u00f3n superior del ajedrez que ten\u00edan los grandes maestros con los que se estaban enfrentando y la mayor potencia de c\u00e1lculo de otros participantes. La combinaci\u00f3n humanos d\u00e9biles m\u00e1quina un mejor proceso fue superior a un potente computador solo y, m\u00e1s notorio a\u00fan, a la combinaci\u00f3n humanos fuertes m\u00e1quina proceso inferior.<\/p>\n<p>Aunque impactante, el resultado del \u201cestilo libre\u201d encaja muy bien con mi idea de que el talento es un t\u00e9rmino que se emplea mal y un concepto mal entendido. Tan pronto me convert\u00ed en el campe\u00f3n mundial de ajedrez m\u00e1s joven de la historia, a la edad de 22 a\u00f1os en 1985, comenc\u00e9 a recibir innumerables preguntas acerca del secreto de mi \u00e9xito y la naturaleza de mi talento. En lugar de preguntarme por la defensa siciliana, los periodistas quer\u00edan saber acerca de mi dieta, mi vida privada, cu\u00e1ntos movimientos pod\u00eda ver con anticipaci\u00f3n y cu\u00e1ntas partidas ten\u00eda en la cabeza.<\/p>\n<p>R\u00e1pidamente me di cuenta de que mis respuestas no resultaban muy interesantes. No com\u00eda nada especial. Trabajaba duro porque mi madre me hab\u00eda ense\u00f1ado a hacerlo. Ten\u00eda buena memoria, pero no se pod\u00eda decir que tuviera una memoria fotogr\u00e1fica. Y en cuanto al n\u00famero de movimientos que puede ver con anticipaci\u00f3n un gran maestro, Rasskin-Gutman destaca la respuesta atribuida al gran campe\u00f3n mundial cubano Jos\u00e9 Ra\u00fal Capablanca, entre otros: \u201cSolo uno, el mejor\u201d. Esta respuesta es tan buena o tan mala como cualquiera, una forma breve e ingeniosa de responder al intento de parte de un extra\u00f1o de hacer una pregunta \u201cinteligente\u201d que no resulta ser tan inteligente. Es el equivalente de preguntarle a Lance Armstrong cu\u00e1ntos pedalazos da durante el Tour de Francia.<\/p>\n<p>La \u00fanica respuesta verdadera: \u201cEso depende de la posici\u00f3n y de cu\u00e1nto tiempo tengo\u201d, es poco satisfactoria. En lo que tal vez haya sido mi mejor partida en un torneo, en 1999 en Hoogovens, Holanda, pude visualizar la posici\u00f3n ganadora con quince movimientos de anticipaci\u00f3n, toda una proeza. Sacrifiqu\u00e9 una gran cantidad de material en un ataque temerario; si mis c\u00e1lculos hubiesen estado errados, habr\u00eda perdido. Y aunque mi intuici\u00f3n acert\u00f3 y mi oponente, otra vez Topalov, no pudo encontrar la mejor defensa bajo presi\u00f3n, un an\u00e1lisis posterior mostr\u00f3 que, a pesar de mi esfuerzo herc\u00faleo, hab\u00eda pasado por alto una ruta m\u00e1s corta hacia la victoria. Pero si dejamos de lado el sarcasmo de Capablanca, el hecho de evaluar correctamente unos pocos movimientos es mucho m\u00e1s importante en el ajedrez humano, y en el proceso de toma de decisiones humano en general, que la b\u00fasqueda sistem\u00e1tica y cada vez m\u00e1s profunda de movimientos mejores \u2013la cantidad de movimientos que se pueden ver \u201ccon anticipaci\u00f3n\u201d\u2013 en que se basan los computadores.<\/p>\n<p>No quedan muchas dudas sobre el hecho de que cada persona posee diferentes cantidades de talentos cognitivos, como la memoria a largo plazo y las habilidades visoespaciales, que se supone emplean los jugadores de ajedrez. Una de las razones por las cuales el ajedrez es un \u201claboratorio incomparable\u201d y un \u201cnexo \u00fanico\u201d es que exige un alto rendimiento de m\u00faltiples funciones cerebrales. La raz\u00f3n por la que muchas de estas investigaciones fallan en un nivel pr\u00e1ctico es que no reconocen la importancia del proceso de aprender y jugar ajedrez. La capacidad de trabajar duro muchos d\u00edas sin perder la concentraci\u00f3n es un talento. La capacidad de seguir absorbiendo nueva informaci\u00f3n despu\u00e9s de muchas horas de estudio es un talento. Programarnos para analizar los resultados y procesos de nuestra toma de decisiones puede ayudarnos a mejorar de manera similar a como un algoritmo m\u00e1s inteligente jugar\u00e1 mejor que otro aunque sean procesados por el mismo computador. Quiz\u00e1 no sea posible cambiar nuestro hardware, pero definitivamente podemos mejorar nuestro software.<br \/>\nCon la supremac\u00eda de las m\u00e1quinas de ajedrez que estamos viendo actualmente y el hecho de que el desaf\u00edo \u201chombre versus m\u00e1quina\u201d se haya convertido en una cosa del pasado, tal vez sea hora de regresar a los objetivos que hicieron que el ajedrez por computador fuera tan atractivo para muchas de las mejores mentes del siglo XX. Jugar mejor al ajedrez era un problema que quer\u00edan resolver, s\u00ed, y ya ha sido resuelto. Pero tambi\u00e9n hab\u00eda otros objetivos: desarrollar un programa que jugara ajedrez pensando como un humano, e incluso tal vez aprendiendo el juego como lo aprende un humano. Con seguridad esto ser\u00eda un camino de investigaci\u00f3n mucho m\u00e1s fruct\u00edfero que crear, como lo estamos haciendo, algoritmos cada vez m\u00e1s r\u00e1pidos, procesados por computadores cada vez m\u00e1s r\u00e1pidos.<\/p>\n<p>\u00c9sta es nuestra \u00faltima met\u00e1fora del ajedrez, una met\u00e1fora de c\u00f3mo hemos desechado la innovaci\u00f3n y la creatividad a cambio del suministro constante de productos comercializables. El sue\u00f1o de crear una inteligencia artificial que enfrentar\u00eda un antiguo juego considerado s\u00edmbolo del pensamiento humano ha sido abandonado. En lugar de eso, cada a\u00f1o tenemos nuevos programas de ajedrez, y nuevas versiones de los viejos, que se basan en los mismos conceptos b\u00e1sicos de programaci\u00f3n desarrollados en los a\u00f1os sesenta y setenta, en los cuales se elige un movimiento mediante la b\u00fasqueda a trav\u00e9s de millones de posibilidades.<\/p>\n<p>Como muchas otras cosas de nuestro mundo moderno, rico en tecnolog\u00eda y pobre en innovaci\u00f3n, el ajedrez por computador ha sido v\u00edctima de la cultura del exceso y las exigencias del mercado. Los programas que usan la pura fuerza bruta juegan el mejor ajedrez, entonces \u00bfpara qu\u00e9 molestarse con otra cosa? \u00bfPara qu\u00e9 perder tiempo y dinero experimentando con ideas innovadoras, cuando ya sabemos qu\u00e9 es lo que funciona? Esa manera de pensar deber\u00eda horrorizar a cualquier persona digna de llamarse cient\u00edfico, pero lamentablemente parece ser la norma. Nuestras mejores mentes se han ido a trabajar a la ingenier\u00eda financiera en lugar de dedicarse a la verdadera ingenier\u00eda, y los resultados son catastr\u00f3ficos para los dos sectores.<\/p>\n<p>Tal vez el ajedrez no sea el juego para estos tiempos. El p\u00f3ker est\u00e1 ahora por todas partes: los aficionados sue\u00f1an con ganar millones y aparecer en televisi\u00f3n sentados a la mesa de un juego de cartas cuya complejidad podr\u00eda detallarse completamente en una sola hoja de papel. Sin embargo, mientras que el ajedrez es un juego ciento por ciento basado en la informaci\u00f3n \u2013los dos jugadores conocen todos los datos disponibles todo el tiempo\u2013 y, por lo tanto, es susceptible de sucumbir al poder del c\u00e1lculo, el p\u00f3ker tiene cartas escondidas y apuestas variables, lo cual le adjudica un papel cr\u00edtico a la suerte, al enga\u00f1o y al manejo de riesgos.<\/p>\n<p>\u00c9stos pueden parecer aspectos del p\u00f3ker enteramente relacionados con la psicolog\u00eda humana y, por lo tanto, invulnerables a la incursi\u00f3n de los computadores. Una m\u00e1quina puede calcular com\u00fanmente los resultados de cada mano, pero \u00bfqu\u00e9 hacer ante un oponente que tiene pocas posibilidades de ganar y que hace una apuesta grande? Y sin embargo los computadores tambi\u00e9n est\u00e1n avanzando en ese campo. Jonathan Schaeffer, el inventor del programa que resolvi\u00f3 las damas, ha trasladado su inter\u00e9s al p\u00f3ker y sus jugadores digitales est\u00e1n desempe\u00f1\u00e1ndose cada vez mejor contra humanos fuertes, con obvias implicaciones para los sitios de juego en internet.<\/p>\n<p>Tal vez la tendencia actual de muchos profesionales del ajedrez, que se est\u00e1n dedicando al pasatiempo m\u00e1s lucrativo del p\u00f3ker, no sea completamente negativa. Tal vez no sea demasiado tarde para que los humanos volvamos a aprender a tomar riesgos con el fin de innovar y as\u00ed mantener el estilo de vida avanzado que nos gusta. Y si se necesita un supercomputador que juegue p\u00f3ker para que nos recuerde que no podemos disfrutar de las recompensas sin tomar riesgos, entonces que as\u00ed sea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1985, en Hamburgo, jugu\u00e9 al mismo tiempo contra 32 computadores desarrollados especialmente para jugar ajedrez, en lo que se conoce como una exhibici\u00f3n simult\u00e1nea. Fui pasando de una m\u00e1quina a otra, haciendo mis movimientos, durante m\u00e1s de cinco horas. Los cuatro principales fabricantes de computadores de ajedrez hab\u00edan enviado sus mejores modelos, entre ellos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[76],"tags":[],"class_list":["post-4420","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4420","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4420"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4420\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4420"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4420"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4420"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}