{"id":2992,"date":"2009-04-16T18:01:21","date_gmt":"2009-04-16T18:01:21","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/capitulo-segundo-de-la-revolucion-democratica-a-la-dominacion-imperialista-en-colombia\/"},"modified":"2022-06-28T15:56:47","modified_gmt":"2022-06-28T15:56:47","slug":"capitulo-segundo-de-la-revolucion-democratica-a-la-dominacion-imperialista-en-colombia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/capitulo-segundo-de-la-revolucion-democratica-a-la-dominacion-imperialista-en-colombia\/","title":{"rendered":"Capitulo Segundo. De la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica a la dominaci\u00f3n imperialista en Colombia"},"content":{"rendered":"<p>Los historiadores modernos del siglo XIX en Colombia tienden a adoptar una posici\u00f3n lastimera respecto de las profundas y agudas luchas que enfrentaron al partido liberal y al partido conservador o a sus fracciones, sobre todo despu\u00e9s de promulgada la Constituci\u00f3n de Rionegro. En esta posici\u00f3n contin\u00faan indudablemente la tradici\u00f3n sentada por N\u00fa\u00f1ez, quien, h\u00e1bilmente, explot\u00f3 el sentimentalismo, el romanticismo, la sensibler\u00eda y la obsesi\u00f3n del orden por el orden que se apoder\u00f3 de tantos colombianos pero, en especial, de los m\u00e1s recalcitrantes y sectarios conservadores (1). Quienes no adoptan una posici\u00f3n lastimera, consideran las guerras civiles simples contiendas caudillescas, in\u00fatiles enfrentamientos familiares, inconscientes pugnas utilizadas por manzanillos sin principios (2). Ni N\u00fa\u00f1ez que defend\u00eda la implantaci\u00f3n del orden ni sus adversarios que propiciaron una nueva guerra para derrotar la &#8220;Regeneraci\u00f3n, interpretaron las guerras civiles en su verdadero significado. Ellas no fueron sino la expresi\u00f3n de una profunda lucha que inici\u00f3 la revoluci\u00f3n de independencia y se prolong\u00f3 en formas distintas a todo lo largo del siglo XIX. Ese proceso fue el de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica en Colombia.<\/p>\n<p>1. El proceso hist\u00f3rico del siglo XIX en Colombia<\/p>\n<p>    Todo el esfuerzo de los autores de la &#8220;nueva historia&#8221; en su interpretaci\u00f3n del siglo XIX se reduce a desvirtuar por completo la contradicci\u00f3n entre terratenientes y comerciantes. Tirado Mej\u00eda, al hacer notar que los comerciantes se vincularon a la tierra despu\u00e9s de la Constituci\u00f3n de Rionegro, se\u00f1ala: &#8220;Ser\u00eda interesante revisar el manido concepto de lucha entre comerciantes y terratenientes a mediados del siglo XIX, a prop\u00f3sito del asunto del libre cambio, y preguntar d\u00f3nde pod\u00eda estar el inter\u00e9s de los terratenientes en que no se importaran los art\u00edculos de lujo para su consumo y en que hubiese aranceles que gravaran la exportaci\u00f3n de productos agr\u00edcolas&#8221; (3). En este sentido, las causas que aduce Tirado para explicar las guerras civiles son las mismas que ya conocen todos los textos de historia tradicional popularizadas por el de Henao y Arrubla. Unas veces las divergencias religiosas, otras los conflictos de familias, otras las ambiciones personales de los caudillos. Para Tirado la divisi\u00f3n entre &#8220;un liberalismo progresista expresi\u00f3n de los intereses de la burgues\u00eda comerciante o industrial, y conservatismo retardatario, expresi\u00f3n de los latifundistas&#8221;, no es sino una mec\u00e1nica transposici\u00f3n de la problem\u00e1tica europea. Por eso a\u00f1ade: &#8220;a partir de mediados del siglo XIX, toda oposici\u00f3n antag\u00f3nica entre comerciantes y terratenientes perdi\u00f3 raz\u00f3n de ser&#8221; (4). Para Tirado la contradicci\u00f3n es entre una clase dominante &#8220;a la vez terrateniente, comerciante, burocr\u00e1tica y especuladora empotrada en dos partidos, el liberal y el conservador&#8221;, y un pueblo compuesto de esclavos, artesanos y campesinos. En el tope un peque\u00f1o grupo de familias que adoptaron ideas europeas por gustos ideol\u00f3gicos y porque no pugnaban con sus intereses. Y cuando interpreta la alianza de conservadores y liberales contra Mel\u00f3 y la masacre subsiguiente de gente del pueblo exclama: &#8220;Fue \u00e9ste el inicio de una pr\u00e1ctica reiterada del Frente Nacional expresada en la uni\u00f3n de oligarqu\u00edas liberales y conservadoras contra las acciones populares&#8221; (5). Y concluye: &#8220;El llamado problema religioso fue el real punto de separaci\u00f3n entre el liberalismo y el conservatismo&#8221;, lo cual coincide con la posici\u00f3n del ide\u00f3logo conservador, Marco Fidel Su\u00e1rez que dice: &#8220;entre nuestros partidos hist\u00f3ricos y tradicionales la diferencia sustancial y espec\u00edfica es de \u00edndole religiosa&#8221; (6).<\/p>\n<p>    Ni los artesanos, ni los campesinos, ni los esclavos dirigieron la revoluci\u00f3n democr\u00e1tico-burguesa en Colombia en el siglo XIX. No la pod\u00edan dirigir. Lo que estaba en el terreno de la lucha en Colombia y en el mundo entero era el ascenso del capitalismo, proceso revolucionario que dirig\u00eda la burgues\u00eda y no pod\u00eda ser dirigido sino por ella. La revoluci\u00f3n de los comuneros, la revoluci\u00f3n de independencia y las luchas del siglo XIX durante la rep\u00fablica hicieron parte de esta lucha del capitalismo ascendente contra el feudalismo decadente, no importa que tomara formas peculiares en cada pa\u00eds o cada regi\u00f3n. Los sectores m\u00e1s avanzados ideol\u00f3gica, pol\u00edtica y econ\u00f3micamente ten\u00edan claro desde finales del siglo XVIII en la Nueva Granada cu\u00e1les eran los objetivos de esa revoluci\u00f3n que deb\u00edan implantar en Colombia el capitalismo. Pedro Ferm\u00edn de Vargas defend\u00eda la necesidad de una reforma agraria revolucionaria contra los terratenientes y contra las tierras de la Iglesia inmovilizadas, como la que hab\u00eda llevado a cabo Enrique VIII en Inglaterra (7). Jos\u00e9 Ignacio de Pombo se levantaba contra todas las trabas que imped\u00edan el desarrollo de la agricultura y del comercio y daba la formulaci\u00f3n exacta de las exigencias de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica en Colombia: &#8220;&#8230;para dar un verdadero impulso a la agricultura, y al comercio, que es un agente, era necesario remediar varios males, quitar muchas trabas e inconvenientes, y remover diferentes obst\u00e1culos, f\u00edsicos, morales y pol\u00edticos que se oponen a su progreso&#8230;&#8221; (8). Antonio Nari\u00f1o propone todo un plan de acci\u00f3n en el mismo sentido, como un programa revolucionario cuyos objetivos econ\u00f3micos coincidan con la reforma agraria, la reforma del r\u00e9gimen tributario, la eliminaci\u00f3n de los monopolios, la libertad de comercio (9). Quienes esto propon\u00edan, no eran sino los precursores de la revoluci\u00f3n de independencia y sus mentores ideol\u00f3gicos. Pero despu\u00e9s de la toma del poder y de la independencia de Espa\u00f1a, Castillo y Rada entre 1821 y 1825 inicia el proceso de estas reformas revolucionarias que pon\u00edan las bases del desarrollo capitalista en nuestro pa\u00eds. Tom\u00e1s Cipriano de Mosquera en su primera presidencia con la inspiraci\u00f3n de Florentino Gonz\u00e1lez derrumba el r\u00e9gimen fiscal de la Colonia. Como fruto de su levantamiento contra Ospina Rodr\u00edguez, Mosquera toma una de las medidas m\u00e1s revolucionarias de todo el siglo XIX, la desamortizaci\u00f3n de bienes de manos muertas, inicio de la reforma agraria burguesa que hab\u00edan exigido los m\u00e1s avanzados dirigentes de la revoluci\u00f3n (10). Antes Jos\u00e9 Hilario L\u00f3pez hab\u00eda dado fin a la esclavitud y eliminado los resguardos. Todas estas reformas y muchas m\u00e1s con el mismo contenido abr\u00edan paso al capitalismo que era lo m\u00e1s avanzado, lo m\u00e1s progresista, lo m\u00e1s revolucionario de la etapa que viv\u00eda el mundo. Por esta raz\u00f3n la pol\u00e9mica y la lucha alrededor de los tres problemas m\u00e1s agudos de todo el siglo XIX, el r\u00e9gimen fiscal de la Colonia, la tenencia de la tierra y el libre comercio es lo que define el curso de la historia colombiana.<\/p>\n<p>    La clase que dirigi\u00f3 este proceso en Colombia fue la burgues\u00eda comercial y no la burgues\u00eda industrial como en Europa y Estados Unidos, porque simplemente no exist\u00eda la industria capitalista. Lo que define el tipo de intereses que defienden los dirigentes, son los hechos, las medidas adoptadas, la ideolog\u00eda que afirman con sus actitudes. Tirado ataca a Mosquera porque era de una familia aristocr\u00e1tica, pose\u00eda tierras y era hermano del Arzobispo Primado de Bogot\u00e1. Pero olvida un hecho protuberante, y es el de que Mosquera expulsa a su hermano por no someterse a la reforma agraria que est\u00e1 impulsando. Mosquera fue un t\u00edpico revolucionario burgu\u00e9s con defectos de ambici\u00f3n personalista y caudillismo, pero siempre consecuente con sus principios y. por esa raz\u00f3n, result\u00f3 tantas veces enfrentado a amigos y presuntos copartidarios, inconsecuentes con los objetivos de la lucha democr\u00e1tica. Ahora bien, los terratenientes pod\u00edan haberse beneficiado inicialmente con las medidas de libre comercio que favorec\u00edan sus exportaciones, de la misma manera como se beneficiaron con la independencia y, por esa raz\u00f3n, un amplio sector de esa clase, la apoy\u00f3. Pero Tirado pasa por alto que el comercio tiene efectos sobre la descomposici\u00f3n del artesanado y del campesinado, presiones sobre la tenencia de la tierra que los terratenientes no pueden aceptar porque atenta contra sus intereses. Adem\u00e1s, es verdaderamente ingenuo afirmar que en el siglo XIX no hubo sino una clase dominante que era a la vez terrateniente, comerciante y burocr\u00e1tica. \u00bfA qu\u00e9 se debi\u00f3 entonces la lucha por el poder? Tirado ignora el hecho de que la burgues\u00eda comercial no es una clase cuyos intereses est\u00e9n plenamente ligados al desarrollo capitalista. Pueden llegarse a beneficiar de la exportaci\u00f3n de los terratenientes o de un desarrollo industrial. El capital comercial surge antes del desarrollo pleno del capitalismo, es la forma antediluviana del capital y, por tanto, no exige, como si lo hace el capital industrial antes de la etapa imperialista, la eliminaci\u00f3n del r\u00e9gimen terrateniente y la lucha pol\u00edtica contra la clase terrateniente feudal. En Colombia, un sector de la burgues\u00eda comercial en la d\u00e9cada del setenta del siglo pasado, aprovech\u00e1ndose de los bonos del Estado que pose\u00eda, invirti\u00f3 en tierras y adquiri\u00f3 intereses iguales a los de los terratenientes. M\u00e1s adelante examinaremos este fen\u00f3meno que tiene amplias repercusiones pol\u00edticas para entender el proceso de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. De todas maneras, un sector de los comerciantes claudica en su lucha por el desarrollo capitalista. Otra cosa es considerar esta claudicaci\u00f3n m\u00e1s bien como la inexistencia de dos clases antag\u00f3nicas que componen los dos polos de la contradicci\u00f3n principal del siglo XIX. Y Tirado no comprende el proceso cuando se\u00f1ala que el Frente Nacional ya comienza con la alianza temporal que hacen los dos partidos, apenas en su proceso de conformaci\u00f3n, contra el golpe militar de Mel\u00f3 en 1853.<\/p>\n<p>    La lucha por un comercio libre, por una reforma agraria antiterrateniente y contra el r\u00e9gimen fiscal de la Colonia expresaba en su forma m\u00e1s acabada el proceso de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica que pugnaba por el desarrollo del capitalismo en el pa\u00eds. Los terratenientes se oponen sistem\u00e1ticamente a este proceso, unas veces con razones econ\u00f3micas, otras con razones religiosas, otras con argumentos filos\u00f3ficos, otras por medio de las armas. Los comerciantes, unas veces apoyan decididamente el proceso, otras veces vacilan o claudican. Lo que hay que examinar en cada momento del desarrollo hist\u00f3rico del siglo XIX, es qu\u00e9 fuerzas se colocan al lado de las medidas, los hechos y las ideas que favorecen los cambios radicales que promueven las premisas del capitalismo y qu\u00e9 fuerzas se oponen abierta o solapadamente. El problema religioso no es sino una expresi\u00f3n de esta lucha profunda que enmarca casi un siglo entero de nuestra historia. Lenin, en su resumen de El Capital, se\u00f1ala la importancia decisiva de estas condiciones, alrededor de las cuales gir\u00f3 en Colombia el siglo XIX: &#8220;Es premisa hist\u00f3rica para la aparici\u00f3n del capital, primero, la acumulaci\u00f3n de determinada suma de dinero en manos de ciertas personas, con un nivel de desarrollo relativamente alto de la producci\u00f3n mercantil en general; y, segundo, la existencia de obreros &#8216;libres&#8217; en un doble sentido \u2014libres de todas las trabas o restricciones puestas a la venta de la fuerza de trabajo y libres por carecer de tierra y de toda clase de medios de producci\u00f3n\u2014, de obreros sin hacienda alguna, de obreros &#8216;proletarios&#8217; que no pueden subsistir m\u00e1s que vendiendo su fuerza de trabajo&#8221; (11). A los terratenientes no les conven\u00eda en el siglo pasado la descomposici\u00f3n de los artesanos y campesinos, porque perd\u00edan mano de obra sometida. A N\u00fa\u00f1ez, por ejemplo, hay que juzgarlo a la luz de su oposici\u00f3n al proceso de proletarizaci\u00f3n que el libre cambio aceleraba y a la reforma agraria. Eso es lo que determina su car\u00e1cter para la historia y no medidas secundarias en las que se enredan los modernos apologistas de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; (12).<\/p>\n<p>    Colombia era un pa\u00eds inmensamente atrasado al nacer su entrada al siglo XX, cuando ya los pa\u00edses m\u00e1s avanzados del mundo hab\u00edan alcanzado las formas m\u00e1s desarrolladas del capitalismo y hab\u00edan entrado en la fase imperialista. Desde finales del siglo XIX hab\u00eda comenzado a sentir los embates de las potencias imperialistas, como en el caso de la intervenci\u00f3n de tropas norteamericanas en Panam\u00e1 para apoyar el gobierno de N\u00fa\u00f1ez contra la insurrecci\u00f3n de Prestant (13). Colombia era un pa\u00eds estrat\u00e9gico en la lucha por la hegemon\u00eda mundial. Los Estados Unidos terminan apoder\u00e1ndose del istmo, someti\u00e9ndolo, concedi\u00e9ndole la independencia pol\u00edtica y control\u00e1ndolo econ\u00f3micamente. Fue este el primer zarpazo del imperialismo norteamericano contra la soberan\u00eda nacional. Era el aviso de que Estados Unidos enfilaba sus bater\u00edas contra nuestro pa\u00eds. Lo que lo convert\u00eda en un bocado apetecido por el imperialismo norteamericano en ascenso y en competencia con Europa, era su posici\u00f3n estrat\u00e9gica y su atraso econ\u00f3mico. Las inversiones inglesas en Colombia a finales del siglo XIX no fueron suficientes para darle a Inglaterra el control efectivo sobre nuestra econom\u00eda. Por su parte Estados Unidos se ampara en la doctrina Monroe para preparar las condiciones econ\u00f3micas y pol\u00edticas que le permitan tomar el control de Am\u00e9rica Latina y salir triunfante en su lucha con Inglaterra y otras potencias europeas por la hegemon\u00eda del hemisferio. En ese momento la doctrina Monroe cambia de significado para los pa\u00edses latinoamericanos. Hasta la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XIX, la doctrina Monroe signific\u00f3 la defensa de los pa\u00edses latinoamericanos ya independizados de Espa\u00f1a contra la interferencia y coloniaje europeos. Aunque su formulaci\u00f3n original de 1823 ocultara secretas ambiciones de Estados Unidos sobre ciertos territorios del continente, especialmente aquellos que no hab\u00edan definido todav\u00eda su independencia, no solamente estaba encaminada a obstaculizar el avance de Inglaterra y la amenaza de la Santa Alianza contra los pa\u00edses latinoamericanos, sino que en la pr\u00e1ctica efectivamente los defendi\u00f3 del colonialismo ingl\u00e9s y europeo. En el debate que adelant\u00f3 Uribe Uribe en el Congreso de 1896 contra el Ministro de Relaciones Exteriores de Caro sobre la cuesti\u00f3n cubana, hace una defensa de la doctrina Monroe y elabora un recuento de los hechos que se convirtieron en una defensa de la independencia latinoamericana y dice: &#8220;De manera que a la doctrina Monroe deben las rep\u00fablicas hispanoamericanas una segunda independencia, por cuanto tuvo efecto inmediato hacer abandonar a la Santa Alianza sus prop\u00f3sitos de intervenci\u00f3n para reconquistarlas en favor de Espa\u00f1a. \u00a1Y esto lo ignora todo un Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia!&#8221; (14). Y se\u00f1ala en los siguientes discursos los peligros que asediaban a estas naciones de parte de Inglaterra y c\u00f3mo se defendieron amparados en la doctrina Monroe. Lo que no entiende Uribe es que para 1896, momento de su debate en el Congreso, Estados unidos empezaba a convertirse en un pa\u00eds imperialista que se lanzaba sobre Cuba, Puerto Rico, Nicaragua y Colombia, principalmente, y Uribe sale, entonces, en defensa de los intereses norteamericanos sobre el Canal de Panam\u00e1.<\/p>\n<p>    Quien ha popularizado la posici\u00f3n de que la doctrina Monroe fue imperialista desd\u00e9 1823, es decir desde su enunciado inicial es Indalecio, defendiendo la actitud pro brit\u00e1nica de Bol\u00edvar en contraposici\u00f3n de la actitud independentista de Santander. Li\u00e9vano, como sus seguidores de la &#8220;nueva historia&#8221;, no consideran el cambio hist\u00f3rico que sufre el mundo despu\u00e9s de 1880 y comprometen, en esa forma, la defensa de la independencia nacional. La no intervenci\u00f3n de las potencias europeas despu\u00e9s de la independencia le servia tanto a Estados Unidos como a las naciones latinoamericanas, porque Estados Unidos no era ni una naci\u00f3n poderosa, ni una potencia imperialista. Oponerse a la doctrina Monroe significaba ponerse en contra de la defensa de estos pa\u00edses y quedar del lado de Inglaterra (15). Inglaterra intent\u00f3 en m\u00faltiples ocasiones sojuzgar a los pa\u00edses reci\u00e9n independizados y tomarse a Colombia. Sin embargo, nuestro pa\u00eds logra llegar a finales del siglo XIX con una independencia inc\u00f3lume. Ni el comercio con Inglaterra ni el insignificante endeudamiento externo del siglo X\u00cdX le dieron a ese pa\u00eds el control sobre Colombia,. Las exportaciones, casi siempre superaron a las importaciones y durante varios a\u00f1os Colombia comerci\u00f3 mas con Alemania que con la misma Inglaterra. Y despu\u00e9s de los cr\u00e9ditos de la revoluci\u00f3n de independencia, Colombia no hizo sino renegociar esa deuda con Inglaterra, sin aumentar significativamente su endeudamiento (16). Colombia, en el siglo XIX, nunca perdi\u00f3 su independencia despu\u00e9s de 1820.<\/p>\n<p>    El signo que define la historia de Colombia en el siglo pasado es el proceso de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica dirigida por los comerciantes. Ante todo, porque la historia nacional se inscribe dentro de ese proceso general de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tico-burguesa que viv\u00eda el mundo. En segundo lugar, porque desde el punto de vista econ\u00f3mico y pol\u00edtico los objetivos de la revoluci\u00f3n nacional coinciden con los objetivos de la revoluci\u00f3n mundial, a saber, el desarrollo del capitalismo y la implantaci\u00f3n de un r\u00e9gimen de rep\u00fablica democr\u00e1tica burguesa. En tercer lugar, porque las principales luchas que tienen lugar en el pa\u00eds surgen por motivo de las divergencias en torno a los objetivos fundamentales de la revoluci\u00f3n. A diferencia de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica en Estados Unidos, por ejemplo, la clase que dirige en nuestro pa\u00eds no es la burgues\u00eda industrial sino la burgues\u00eda comercial. En el pa\u00eds del Norte la burgues\u00eda industrial logra propinarle una derrota decisiva a los terratenientes y consolidar su revoluci\u00f3n despu\u00e9s de la sangrienta guerra civil de secesi\u00f3n. En Colombia, las guerras civiles no son decisivas, con excepci\u00f3n de la guerra de los mil d\u00edas, la cual, en lugar de darle el triunfo a la burgues\u00eda, se lo da a los terratenientes. Todo el proceso de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, como lo veremos a su turno, no produce sino el debilitamiento de un sector de los comerciantes, la claudicaci\u00f3n de otro sector y el fortalecimiento de los terratenientes. La revoluci\u00f3n democr\u00e1tica fracasa estruendosamente por el poder que N\u00fa\u00f1ez les confiere a los terratenientes y por la inconsecuencia y traici\u00f3n de un amplio sector de los comerciantes. Cuando en Colombia se inicie el despegue del capitalismo, hacia la segunda d\u00e9cada del siglo XX, no ser\u00e1, precisamente, debido a la pol\u00edtica de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, sino a pesar de ella. Estados Unidos no es un pa\u00eds mucho m\u00e1s &#8220;viejo&#8221; que Colombia. Fue &#8220;descubierto&#8221; y colonizado en la misma \u00e9poca que Colombia, obtuvo su independencia s\u00f3lo treinta a\u00f1os antes de que se iniciara nuestra revoluci\u00f3n de independencia y consolid\u00f3 su revoluci\u00f3n democr\u00e1tica econ\u00f3mica y pol\u00edticamente en el momento de la revoluci\u00f3n de 1860 contra Ospina Rodr\u00edguez dirigida por Mosquera. Pero logr\u00f3 consolidar su revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, desarrollar el capitalismo e, inclusive, convertirse en un pa\u00eds imperialista. Colombia, en cambio, llega al siglo XX con su revoluci\u00f3n democr\u00e1tica fracasada y en el atraso m\u00e1s grande.<\/p>\n<p>2. El embate de Estados Unidos sobre Colombia en el siglo XX <\/p>\n<p>    Colombia afronta dos problemas fundamentales a principios del presente siglo, el embate de las potencias imperialistas contra su independencia y su tremendo atraso econ\u00f3mico. Como ya lo hemos se\u00f1alado, la posici\u00f3n estrat\u00e9gica de nuestro pa\u00eds, sus recursos potenciales y el contar con el Istmo de Panam\u00e1, lo hac\u00edan especialmente apetecible en un momento en que se libraba una lucha por la hegemon\u00eda mundial. En este sentido, las potencias europeas pierden terreno ante Estados Unidos porque tienen puntos neur\u00e1lgicos m\u00e1s importantes que atender ante la presi\u00f3n de Alemania. Pero este problema de la independencia nacional frente a la ambici\u00f3n de las potencias imperialistas mundiales est\u00e1 \u00edntimamente ligado al problema del desarrollo econ\u00f3mico. La situaci\u00f3n colombiana exig\u00eda a todas luces una profunda modernizaci\u00f3n en todos los aspectos. Para lograrla, s\u00f3lo ten\u00eda dos caminos, o proseguir la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica tal como lo intentaban varios pa\u00edses del mundo, entre ellos China y Rusia, o someterse a la dominaci\u00f3n imperialista interesada en un tipo de modernizaci\u00f3n de los pa\u00edses atrasados del mundo en una forma que sirviera sus intereses de expansi\u00f3n econ\u00f3mica. En un discurso de juventud, de cuyas ideas renegar\u00e1 m\u00e1s tarde totalmente, Olaya Herrera expresa el dilema en que se encontraba Colombia a principios del siglo: &#8220;Pueblo que desarrolle su producci\u00f3n, canalice sus r\u00edos, se forme buenas y baratas v\u00edas de comunicaci\u00f3n, perfeccione su utillaje agr\u00edcola e industrial, adquirir\u00e1 por virtud misma de estos progresos, seguridad interna para los derechos de sus hijos y respeto internacional para su existencia soberana e independiente&#8230; El esfuerzo de los pa\u00edses latinoamericanos, si quieren escapar a la dominaci\u00f3n de los pueblos fuertes y voraces, debe encaminarse al aumento de la producci\u00f3n econ\u00f3mica, a la educaci\u00f3n popular racionalmente dirigida, y a la propaganda aunque lenta, en pro de las instituciones libres&#8230;&#8221;  (17). Esto lo dec\u00eda Olaya porque su an\u00e1lisis sobre el robo de Panam\u00e1 y de la situaci\u00f3n latinoamericana lo llevaba a exclamar: &#8220;La independencia de los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina, situados en la regi\u00f3n tropical, se halla en peligro&#8221; (18). Pero las f\u00f3rmulas relativamente vagas sobre la industria y la agricultura que se convertir\u00e1n en frase de caj\u00f3n desde entonces, no demuestra sino que se ha renunciado a los prop\u00f3sitos de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, cuya clave econ\u00f3mica reside en la eliminaci\u00f3n del r\u00e9gimen terrateniente. El proceso de transformaci\u00f3n que sufre el partido liberal desde la crisis, de la burgues\u00eda comercial hasta el surgimiento y consolidaci\u00f3n de una nueva burgues\u00eda en las d\u00e9cadas del treinta y cuarenta, llevar\u00e1 a escoger, como &#8220;estrategia de desarrollo econ\u00f3mico para Colombia el endeudamiento externo, la inversi\u00f3n directa norteamericana en los recursos naturales y en la industria. A esa estrategia se sumar\u00e1 toda la oligarqu\u00eda conservadora, por diferentes motivos y en diferentes etapas.<\/p>\n<p>    Entre la primera y la segunda guerra mundial los Estados Unidos dise\u00f1an una estrategia global de expansi\u00f3n econ\u00f3mica en Am\u00e9rica Latina. Al mismo tiempo que buscaba consolidar su posici\u00f3n econ\u00f3mica y pol\u00edtica en el hemisferio, intentaba establecer una estrategia de contenci\u00f3n al proceso revolucionario iniciado por Rusia en 1917 (19). Esta tarea fue sistem\u00e1ticamente planeada por Woodrow Wilson y recogida y ampliada por Franklin D. Roosevelt con su slogan de &#8220;la pol\u00edtica del buen vecino&#8221;. Las Conferencias Interamericanas de La Habana en 1928, de Montevideo en 1933 y de Buenos Aires en 1936, son consecuencia de esta estrategia norteamericana. Wilson se convirti\u00f3 desde un principio en el l\u00edder de la oposici\u00f3n radical a la influencia de la revoluci\u00f3n rusa en el mundo, no solamente en Asia, sino tambi\u00e9n en Am\u00e9rica Latina (20). Tanto Wilson, como Hoover y Roosevelt abrigaron la preocupaci\u00f3n de modificar la imagen de la intervenci\u00f3n militar y mitigar la reacci\u00f3n que la pol\u00edtica del &#8220;gran garrote&#8221; hab\u00eda acarreado contra Estados Unidos. Sobre esta base se propusieron obtener una serie de objetivos a corto y largo plazo, objetivos que determinan el rumbo de su pol\u00edtica imperialista: 1) Prosperidad y estabilidad dom\u00e9stica e internacional; 2) una estructura pol\u00edtica exterior conducente a estimular el comercio y la inversi\u00f3n norteamericana; 3) una ideolog\u00eda global compatible con los &#8220;ideales&#8221; pol\u00edticos norteamericanos; 4) establecimiento de la supremac\u00eda norteamericana en Am\u00e9rica Latina sobre los tradicionales rivales europeos y sobre los nuevos rivales asi\u00e1ticos (21). La definici\u00f3n de estas metas obtuvieron una respuesta preliminar, pero definitiva, por parte de los pa\u00edses latinoamericanos en la Conferencia de Montevideo de 1933, durante la cual el Secretario de Estado de Franklin D. Roosevelt. Cordell Hull, expuso los instrumentos inmediatos que adoptar\u00eda esta pol\u00edtica. El voto de Colombia lo dio Alfonso L\u00f3pez Pumarejo no sin antes sentar claramente su posici\u00f3n con estas palabras: &#8220;Los Estados Unidos est\u00e1n comenzando a seguir una orientaci\u00f3n pol\u00edtica y econ\u00f3mica m\u00e1s conforme con los deseos y las conveniencias de todos los pueblos de Am\u00e9rica&#8221; (22). En esta forma, Estados Unidos trataba de sustituir la invasi\u00f3n militar para preservar su influencia y lograr su hegemon\u00eda mediante una pol\u00edtica basada en la estabilidad, la organizaci\u00f3n y la asesor\u00eda internacional. Es lo que se ha denominado como la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>    Los objetivos del imperialismo norteamericano y los objetivos de la oligarqu\u00eda colombiana coinciden plenamente. Por una parte, se trataba de modernizar el pa\u00eds y, por otra, de contener la influencia comunista. La estrategia de la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; va a servirle a los Estados Unidos para consolidar su posici\u00f3n econ\u00f3mica en Colombia que era el principal objetivo ya desde Wilson. Y la oligarqu\u00eda colombiana va a encontrar el medio de neutralizar por mucho tiempo las fuerzas revolucionarias o &#8220;socialistas&#8221; como eran denominadas en la d\u00e9cada del veinte. Este papel de neutralizar las fuerzas revolucionarias le va a corresponder al partido liberal. Pero, en gran medida, va a coincidir con el papel &#8220;modernizador&#8221; de las administraciones liberales. Como reacci\u00f3n a la masacre cometida por el gobierno conservador en la huelga de las bananeras de 1928, Eduardo Santos escrib\u00eda: &#8220;El liberalismo no ser\u00e1 socialista, porque no puede serlo; porque renegar\u00eda de todos sus principios y de la raz\u00f3n misma de su existencia&#8230; Sin ceder nada en los principios, sin entrar en transacciones con el colectivismo, el liberalismo s\u00ed puede practicar una amplia pol\u00edtica social, porque ella es tambi\u00e9n de la esencia de su programa&#8230; Para el desarrollo de este programa el partido liberal tiene que contar con el apoyo de los trabajadores. Ellos deben convencerse de que el para\u00edso sovi\u00e9tico, que les han ofrecido los agitadores, ilusos los unos e interesados los otros, no lo conocer\u00e1n sino en la muerte&#8230; El liberalismo no constituye, sin duda, el m\u00e1ximum de las aspiraciones obreras; pero es el \u00fanico medio que el pueblo trabajador tiene de mejorar su condici\u00f3n&#8221; (23). Con las apreciaciones de Santos coincid\u00eda plenamente Alfonso L\u00f3pez Pumarejo quien, para la misma \u00e9poca, propon\u00eda la audacia del partido liberal como arma capaz de contrarrestar la influencia entre las masas de Uribe M\u00e1rquez, Torres Giraldo y Mar\u00eda Cano que volv\u00edan sus ojos hacia el comunismo. Dec\u00eda L\u00f3pez: &#8220;No son pocos los liberales que piensan y sienten como los conservadores ante lo que ellos llaman la amenaza comunista. Un ego\u00edsmo est\u00fapido puede llevarlos a oponerse juntos al desarrollo del socialismo, como en los a\u00f1os que siguieron al quinquenio de Reyes los llev\u00f3 a combatir sin tregua ni descanso al partido republicano&#8230; Mar\u00eda Cano nos ha colocado a usted y a m\u00ed, como a los otros liberales de Colombia, que probablemente alcanzamos a sumar medio centenar, en una posici\u00f3n muy desairada. Nosotros los liberales jam\u00e1s nos habr\u00edamos atrevido a llevar al alma del pueblo la inconformidad con la miseria&#8230; El partido liberal est\u00e1 domesticado: limpio de ideas liberales, falto de arrestos para la lucha pol\u00edtica, satisfecho con su porci\u00f3n de prebendas, a gusto en la condici\u00f3n de partido de minor\u00eda&#8230; Es imperativo que \u00e9stas &#8216;(las colectividades pol\u00edticas)&#8217; cambien de rumbo, y particularmente, insistir en que el liberalismo haga un esfuerzo decidido y decisivo por reconquistar el favor del pueblo adoptando como principio de su acci\u00f3n el concepto democr\u00e1tico de que todos los ciudadanos deben tener iguales oportunidades y saber que las tienen, y encontrar en el Estado el mismo apoyo para aprovecharlas&#8221; (24). Tanto Wilson, como Hoover, pero principalmente Roosevelt, mantuvieron siempre la preocupaci\u00f3n de que las empresas privadas norteamericanas se ajustaran a esta pol\u00edtica de &#8220;reforma social&#8221; con la cual se compromet\u00eda el partido liberal y, en el transcurso de este per\u00edodo crucial para las relaciones norteamericanas, surgieron conflictos entre los gobiernos norteamericanos y los monopolios de ese pa\u00eds en el exterior por no ajustarse a esta pol\u00edtica (25).<\/p>\n<p>    La preocupaci\u00f3n modernizadora de los norteamericanos y de su gobierno tuvo una respuesta inmediata por parte de la oligarqu\u00eda colombiana desde principios de siglo. El primero que responde directamente con programas y relaciones tendientes a poner en marcha la estrategia norteamericana es Rafael Reyes. Pero Reyes encuentra el gran obst\u00e1culo de las negociaciones sobre Panam\u00e1. Profundamente adicto a los Estados Unidos, antes de ser elegido Presidente de Colombia hab\u00eda declarado en su discurso de la Conferencia de M\u00e9xico en 1901: &#8220;Los norteamericanos han contribuido a disipar, no s\u00f3lo en nuestro continente, las tinieblas, sino en el mundo entero; ellos son un poder civilizador, y no hay por lo mismo que temerlos como conquistadores ni como expoliadores. Ellos han plantado el estandarte de la libertad y del progreso en Cuba, Puerto Rico y las Filipinas; ellos son la humanidad seleccionada&#8221;. Nombrado por Marroqu\u00edn para negociar en Panam\u00e1 y Estados Unidos, declara al llegar a New York: &#8220;&#8230;estamos dispuestos a conceder los derechos del Canal a los Estados Unidos sin que \u00e9stos nos paguen un solo centavo&#8221;. En estas condiciones Estados Unidos se muestra partidario fervoroso de la candidatura de Reyes y promete mostrarse deferente con nuestro pa\u00eds si \u00e9l es elegido. Reyes fue \u00edntimo amigo de William Nelson Cromwell, representante de la Compa\u00f1\u00eda del Canal y negociador (mejor, intrigante) del gobierno norteamericano tanto en Panam\u00e1 como en Colombia, del tratado Herr\u00e1n-Hay. Desde 1899 ya estaban negociando Reyes y Cromwell c\u00f3mo hacer el negocio del Canal. La principal inquietud de Reyes fue siempre la de negociar a toda costa con Estados Unidos para poder abrirle las puertas del pa\u00eds. Con esa misi\u00f3n nombra a un liberal Diego Mendoza para que adelante las conversaciones en Washington como su embajador. Ni Roosevelt ni Hay, su Secretario de Estado, lo reciben, porque Mendoza acusa a Estados Unidos de fomentar la revoluci\u00f3n que ocasion\u00f3 la separaci\u00f3n de Panam\u00e1. Mendoza renuncia el 14 de agosto de 1906 y pide la ruptura de relaciones. Reyes como respuesta lo declara traidor a la patria y el Ministro de Justicia lo cita a juicio por traici\u00f3n (26). Reyes ve frustradas sus inquietudes modernizadoras al no poder negociar con Estados Unidos. Pero Marco Fidel Su\u00e1rez da pasos m\u00e1s firmes, participando en las negociaciones del Tratado sobre Panam\u00e1 que fue firmado en 1914, pero ratificado solamente en 1922. El es el autor de la famosa teor\u00eda pronorteamericana del &#8220;respice Polum&#8221;, mirar hacia la estrella polar, volver los ojos hacia los Estados Unidos para salvar al pa\u00eds. Dice Su\u00e1rez: &#8220;La<br \/>\nf\u00f3rmula &#8216;respice Polum&#8217; que me he atrevido a repetir para encarecer la necesidad de mirar hacia el poderoso norte en nuestros votos de prosperidad, deseando que la Am\u00e9rica Latina y la Am\u00e9rica Sajona armonicen en justicia e intereses, es una verdad que se impone por su claridad y necesidad&#8221; (27) \u00bb.                                               <\/p>\n<p>El general Pedro Nel Ospina, firme sostenedor de los principios de Su\u00e1rez es quien,  finalmente, pone en marcha los principios de modernizaci\u00f3n por v\u00eda del endeudamiento externo y lanza al pa\u00eds a lo que se ha llamado &#8220;la danza de los millones&#8221;. En su discurso de posesi\u00f3n Ospina expon\u00eda claramente su estrategia para industrializar el pa\u00eds: &#8220;Para el desarrollo de nuestro surgimiento econ\u00f3mico, cuyas bases son tan extensas, ser\u00e1 necesario disponer de recursos que no se encontrar\u00e1n a nuestro alcance sino en virtud de compromisos que afectar\u00edan no s\u00f3lo nuestra generaci\u00f3n, sino las venideras, que son, a la verdad, las que se beneficiar\u00e1n plenamente de nuestro empe\u00f1o. Puedo afirmar con \u00edntima satisfacci\u00f3n en relaci\u00f3n con este tema, que Colombia es hoy considerada por los dirigentes de las grandes instituciones en cuyas manos est\u00e1n las finanzas internacionales del mundo, como pa\u00eds destinado a envidiable porvenir y merecedor de especiales consideraciones&#8221; (28). Como producto de esta pol\u00edtica de modernizaci\u00f3n por endeudamiento, los banqueros inversionistas norteamericanos ten\u00edan en sus manos la, para esa \u00e9poca, &#8220;fabulosa suma de 172 millones de d\u00f3lares en bonos del gobierno y ten\u00edan inversiones directas por 132 millones de d\u00f3lares: Esto hacia finales de la d\u00e9cada del treinta (29). La deuda externa creci\u00f3 solamente entre 1927 y 1928 un 200% y alcanz\u00f3 la suma de 215 millones de d\u00f3lares.<\/p>\n<p>    En este proceso de endeudamiento, la figura clave para mantener las relaciones con los banqueros norteamericanos fue Enrique Olaya Herrera primer presidente liberal de este siglo, embajador de Colombia en Washington de tres gobiernos conservadores, el de Jorge Holgu\u00edn, el de Pedro Nel Ospina y el de Abad\u00eda M\u00e9ndez. Adem\u00e1s, como intermediario permanente de la pol\u00edtica norteamericana en Colombia, hab\u00eda sido Ministro de Relaciones Exteriores de Reyes y Su\u00e1rez y hab\u00eda abanderado la posici\u00f3n de la Estrella Polar de este \u00faltimo. En su campa\u00f1a electoral Olaya traz\u00f3 toda la pol\u00edtica de entrega a los Estados Unidos en la forma m\u00e1s clara. Todo su programa de gobierno se orient\u00f3 a darle garant\u00edas a los financistas norteamericanos para que otorgaran todo el cr\u00e9dito a Colombia. Es necesaria, dec\u00eda Olaya en su conferencia del Jockey Club en 1930, &#8220;una acci\u00f3n gubernativa que borre la impresi\u00f3n de que existe entre nosotros una hostilidad hacia el capital extranjero y muy especialmente hacia el capital norteamericano. Es necesario despejar el ambiente y dejar una impresi\u00f3n clara y precisa, no s\u00f3lo de que tal hostilidad no existe, sino de que tal capital es bienvenido al pa\u00eds; que \u00e9l encuentra y encontrar\u00e1 entre nosotros seguridad, protecci\u00f3n y que estamos dispuestos a estimularlo en condiciones de equidad&#8230; Si esto no se hace en forma que cambie el esp\u00edritu existente hoy entre las grandes instituciones financieras de los Estados Unidos, tendremos un segundo factor de desconfianza, cuyas consecuencias ser\u00e1n de la mayor seriedad para el futuro inmediato de la vida econ\u00f3mica del pa\u00eds&#8221; (30). Cuando Alfonso L\u00f3pez Pumarejo tiene que enfrentarse a una renegociaci\u00f3n de la deuda externa con Estados Unidos, adelantar las negociaciones para la legislaci\u00f3n petrolera y para la firma del Tratado de Comercio, llama a Olaya Herrera como Ministro de Relaciones Exteriores, no sin que antes \u00e9ste le hubiera condicionado su aceptaci\u00f3n a la concesi\u00f3n de los puntos exigidos por Estados Unidos (31). Es tan notoria la entrega de Olaya al imperialismo norteamericano que le permite a Laureano G\u00f3mez iniciarle un juicio de responsabilidades en 1933 incluyendo este tema entre sus acusaciones, despu\u00e9s de renunciar a su embajada en Berl\u00edn, con un tono nacionalista de sabor pro germano. En esta forma se defin\u00eda entre 1920 y 1940 el car\u00e1cter de la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; del pa\u00eds por el camino de la dominaci\u00f3n imperialista canalizada por el endeudamiento externo, la pol\u00edtica petrolera y los tratados de comercio con Estados Unidos. Tanto los gobiernos conservadores como los liberales coinciden plenamente en este punto fundamental. Ya no se vuelve a hablar de los objetivos de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica que era el otro camino abierto para la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221;. El futuro del pa\u00eds queda as\u00ed plenamente definido por el partido conservador y el partido liberal en el poder. Esta definici\u00f3n es lo que, en la pr\u00e1ctica, se\u00f1ala el car\u00e1cter de toda la historia de Colombia en el siglo XX.<\/p>\n<p>3. La hegemon\u00eda comercial norteamericana<\/p>\n<p>    La pol\u00edtica del &#8220;buen vecino&#8221; auspiciada por Hoover e institucionalizada por Roosevelt cont\u00f3 con tres instrumentos fundamentales que se convirtieron en la clave para la dominaci\u00f3n imperialista sobre Colombia: El programa de los Tratados Rec\u00edprocos de Comercio, el Banco de Exportaci\u00f3n e Importaci\u00f3n y el Consejo de Protecci\u00f3n de los Tenedores de Bonos Extranjeros (32). El primero de estos instrumentos obedece a la pol\u00edtica de expansi\u00f3n comercial que adopta Estados Unidos despu\u00e9s de la primera guerra mundial tendiente a desplazar a las potencias europeas, pero que se convierte en un elemento esencial de la recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica norteamericana despu\u00e9s de la crisis del treinta. Los otros dos instrumentos buscan la expansi\u00f3n de la inversi\u00f3n indirecta a trav\u00e9s de la colocaci\u00f3n de cr\u00e9dito, especialmente en los pa\u00edses atrasados, y la garant\u00eda del pago de la deuda externa que \u00e9sta conlleva. En \u00faltimo t\u00e9rmino, son instrumentos indispensables y complementarios de la expansi\u00f3n imperialista, los cuales se realimentan mutuamente. Toda esta estrategia, hecha extensiva para Am\u00e9rica Latina, ir\u00e1 surtiendo sus efectos a corto, mediano y largo plazo, obtendr\u00e1 grandes \u00e9xitos y sufrir\u00e1 retrocesos, encontrar\u00e1 grandes dificultades en ocasiones, pero se mantendr\u00e1 inmodificable en su objetivo de controlar econ\u00f3micamente para preservar sus zonas de influencia, consolidar su posici\u00f3n mundial y defender la seguridad hemisf\u00e9rica como condici\u00f3n de estabilidad, no importa que cambien sus instrumentos de tiempo en tiempo. Las dos d\u00e9cadas que median entre la primera y la segunda guerra mundial consolidan la posici\u00f3n de Estados Unidos en Colombia y ponen las bases de su dominio sobre la econom\u00eda. El control definitivo que ejercer\u00e1 Estados Unidos sobre la econom\u00eda colombiana no se dar\u00e1 sino hasta despu\u00e9s de la segunda guerra mundial. La p\u00e9rdida de la independencia a manos del imperialismo norteamericano no fue un hecho s\u00fabito, sino que obedeci\u00f3 a un proceso iniciado antes del robo del Canal de Panam\u00e1 con fen\u00f3menos como el establecimiento en la d\u00e9cada de 1890 de lo que se convertir\u00e1 m\u00e1s tarde en la United Fruit Company. Si bien es cierto que el robo de Panam\u00e1 constituy\u00f3 un atentado contra la soberan\u00eda nacional y la indemnizaci\u00f3n negociada por la oligarqu\u00eda liberal-conservadora represent\u00f3 el precio recibido por la entrega de Panam\u00e1 al imperialismo, no fue un factor que definiera el control de Estados Unidos sobre la econom\u00eda colombiana. La industria norteamericana del banano en el Magdalena o la industria petrolera en los Santanderes tambi\u00e9n representan atentados contra la soberan\u00eda nacional, pero no determinaron de un momento a otro la p\u00e9rdida de la independencia. Fue necesario que se dieran otros fen\u00f3menos, especialmente el del control de los recursos del Estado a trav\u00e9s del endeudamiento externo y de la sumisi\u00f3n de los gobernantes, para que este control imperialista se hiciera efectivo. En este proceso, la etapa vivida por el pa\u00eds entre 1920 y 1945 define que Colombia haya adoptado la estrategia de la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; sin independencia econ\u00f3mica, en lugar de haberlo hecho por el camino de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica y de la independencia nacional.<\/p>\n<p>    Entre 1928 y 1929 toda la diplomacia norteamericana se orienta a la obtenci\u00f3n de un Tratado de Comercio con Colombia. La negociaci\u00f3n y la ratificaci\u00f3n de este Tratado durar\u00e1 hasta 1935, a\u00f1o en que L\u00f3pez Pumarejo lo firme y el Congreso lo ratifique (33). El Tratado de Colombia ser\u00e1 el primero de los firmados en Am\u00e9rica Latina por Estados Unidos, parte de un programa continental de Tratados de Comercio a que ya se ha hecho menci\u00f3n. Este programa obedec\u00eda a una estrategia detenidamente planeada, cuyos objetivos pueden reducirse a tres: 1) Estimular la exportaci\u00f3n para reducir los efectos de la superproducci\u00f3n y, por consiguiente, de la crisis econ\u00f3mica; 2) desplazar la competencia europea y japonesa de Am\u00e9rica Latina y asegurar la hegemon\u00eda en esta parte del mundo; 3) apoderarse, en esta forma, de un amplio mercado de capitales de inversi\u00f3n directa e indirecta, con la cual se garantizar\u00e1 el control econ\u00f3mico de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>    En Colombia este proceso de los Tratados de Comercio pas\u00f3 por tres etapas. Primera, las negociaciones que siguieron al conflicto producido en Colombia por la legislaci\u00f3n proteccionista de Estados unidos como efecto del Acto Legislativo Smoot-Hawley del Congreso Norteamericano de 1930, y la tendencia proteccionista en Colombia durante los \u00faltimos a\u00f1os de la administraci\u00f3n Abad\u00eda y los primeros a\u00f1os de la administraci\u00f3n Olaya. En 1926 la misi\u00f3n suiza Haussermann propuso la liberaci\u00f3n de aranceles aduaneros, pero los industriales se opusieron e impulsaron una pol\u00edtica proteccionista. No fueron eficaces los oficios del embajador Jefferson Caffery para convencer a Abad\u00eda y a Olaya de los objetivos m\u00e1s generales del gobierno norteamericano. Olaya, por ejemplo, subi\u00f3 las tarifas para la importaci\u00f3n de az\u00facar con el objeto de favorecer intereses particulares de inversionistas norteamericanos que acababan de comprometer dos millones de d\u00f3lares en la incipiente industria azucarera colombiana (34). Lo mismo sucede con la harina, porque el 90% de la producci\u00f3n harinera del pa\u00eds estaba controlada, en ese momento, por empresas norteamericanas (35). En esta etapa Estados Unidos no logra obtener sus objetivos de largo alcance, pero hacia 1933 comienza a negociar tratados en Brasil, Cuba, Argentina y Colombia, por lo menos.<\/p>\n<p>    Segunda, la negociaci\u00f3n y la firma del Tratado Rec\u00edproco de Comercio, sin que se logre su ratificaci\u00f3n en ninguno de los dos Congresos. La responsabilidad de la negociaci\u00f3n recae sobre el gobierno de Olaya, el cual nombra como sus representantes a dos conservadores y a un liberal, este \u00faltimo, Miguel L\u00f3pez Pumarejo, hermano de Alfonso L\u00f3pez y vocero de los cafeteros que defend\u00edan ante todo las m\u00e1s amplias concesiones con tal de que se les asegurara la libre exportaci\u00f3n a los Estados unidos, y ante la obsecuencia de Olaya para con sus amigos norteamericanos, los industriales levantan una furiosa oposici\u00f3n en el seno mismo de la comisi\u00f3n negociadora y por la prensa. Estos defend\u00edan la incipiente industria colombiana. A pesar de la oposici\u00f3n de los industriales y de parte de la prensa liberal, de las contradicciones entre el Ministro de Relaciones, conservador, y su embajador en Washington, liberal, el gobierno firma el Tratado el 15 de diciembre de 1933, e inmediatamente desaparece toda la oposici\u00f3n de los liberales, dirigidos por Olaya desde la presidencia y por Santos desde la pol\u00edtica liberal. Sin embargo, el Congreso Norteamericano se opuso a la ratificaci\u00f3n por considerar que no garantizaba suficientemente los intereses de los hombres de negocios norteamericanos. Tampoco lo hizo el Congreso colombiano por conflictos partidarios de pol\u00edtica parlamentaria.<\/p>\n<p>    Tercera, una nueva negociaci\u00f3n del Tratado, la firma de L\u00f3pez Pumarejo y la ratificaci\u00f3n por el Congreso. Ante el aparente fracaso del programa de Tratados Rec\u00edprocos de Comercio, el gobierno de Roosevelt modifica los Actos Legislativos de 1922 y 1930, le da bases institucionales a la reciprocidad, introduce reformas en las relaciones de la empresa privada y el gobierno para impulsar el capitalismo de Estado, y establece la direcci\u00f3n de la inversi\u00f3n norteamericana en el exterior por el gobierno. En esta perspectiva, se abren de nuevo las negociaciones. El gobierno de L\u00f3pez nombra a Olaya Ministro de Relaciones y al hermano del presidente como embajador en Washington. En octubre de 1935 el gobierno norteamericano publica el Tratado e inmediatamente recibe el apoyo de los hombres de negocios y de la prensa. Los conservadores se oponen furiosamente al Tratado, movidos por su oposici\u00f3n radical al gobierno de L\u00f3pez y por su inclinaci\u00f3n clara hacia los intereses germanos en franca competencia con los Estados Unidos. El partido comunista se opone al Tratado y propone una moci\u00f3n de rechazo en el Concejo de Bogot\u00e1 que es derrotada. En el Congreso la aprobaci\u00f3n se tramita r\u00e1pidamente, ante la ausencia de los conservadores y ante la debilidad del sector liberal de Antioquia que representaba los intereses industriales en desarrollo. El senador H\u00e9ctor Jos\u00e9 Vargas de Boyac\u00e1 deja la siguiente constancia: &#8220;Voto a favor del Tratado con los Estados Unidos porque considero que, al aceptar el punto de vista de su nueva pol\u00edtica comercia], haci\u00e9ndole importantes concesiones sin haber obtenido ninguna excepto la confirmaci\u00f3n de nuestro actual estado de cosas, les damos la mejor prueba de nuestro sincero deseo de cooperar con el reestablecimiento del equilibrio y del ritmo de nuestro intercambio comercial&#8230;&#8221; (36). El gobierno de L\u00f3pez Pumarejo le daba a los norteamericanos concesiones en casi doscientos renglones y m\u00e1s de quinientos productos, mientras los norteamericanos no nos daban concesiones sino en once renglones y unos treinta productos, tales como b\u00e1lsamo de Tol\u00fa, ipecacuana o semillas de ricino. Pero, adem\u00e1s, el gobierno de L\u00f3pez incluy\u00f3 productos agr\u00edcolas producidos en el pa\u00eds o que pod\u00edan producirse en \u00e9l, lo mismo que productos industriales que sal\u00edan de la incipiente industria nacional, como calzado, impresos, telas de algod\u00f3n crudo, frazadas de algod\u00f3n, ropa interior de tela de algod\u00f3n y lino para hombres, mujeres y ni\u00f1os, tejidos de punto y muchos m\u00e1s (37). De esta manera, hace entrega de los intereses de la agricultura colombiana, da un golpe al proceso de industrializaci\u00f3n, abre el campo a todo tipo de productos que compiten con los nacionales, acepta condiciones sobre la administraci\u00f3n p\u00fablica consagradas en el Tratado, no obtiene beneficios para la econom\u00eda colombiana con excepci\u00f3n de la seguridad de la exportaci\u00f3n cafetera. En realidad, L\u00f3pez se pliega totalmente a la pol\u00edtica norteamericana exclusivamente con la perspectiva de favorecer a los cafeteros. Desde entonces, la pol\u00edtica econ\u00f3mica del gobierno de L\u00f3pez en el terreno comercial, se orienta a darle todas las garant\u00edas a la estrategia hegem\u00f3nica de los Estados Unidos en Colombia. El embajador norteamericano William Dawson dec\u00eda en octubre de 1937: &#8220;No hay duda de que la pol\u00edtica comercial del gobierno colombiano tiende definitivamente a ponerse de acuerdo con los prop\u00f3sitos b\u00e1sicos y los objetivos del programa de acuerdos comerciales de los Estados Unidos&#8221; (38). La firma del Tratado Reciproco de Comercio le da a los Estados Unidos, en contra de Alemania y Jap\u00f3n, y en contra de los intereses nacionales, la \u00faltima garant\u00eda de tipo econ\u00f3mico necesaria para la dominaci\u00f3n imperialista. El gobierno liberal de Olaya prepara el camino, el gobierno liberal de L\u00f3pez consagra la entrega.<\/p>\n<p>4. El capital financiero norteamericano se toma a Colombia<\/p>\n<p>    La historia del endeudamiento externo de Colombia durante los veinte a\u00f1os que median entre las dos guerras mundiales se\u00f1ala el establecimiento definitivo del poder financiero norteamericano con sus consecuencias de dominaci\u00f3n imperialista. Desde el punto de vista de la oligarqu\u00eda colombiana liberal conservadora fue la decisi\u00f3n de modernizar el pa\u00eds a trav\u00e9s de la entrega de su econom\u00eda. Esta v\u00eda del endeudamiento externo para el &#8220;progreso&#8221; colombiano fue escogida como resultado de una mezcla de intereses que pueden resumirse as\u00ed: 1) renuncia a llevar a cabo las reformas sociales necesarias que exig\u00eda una econom\u00eda atrasada, un r\u00e9gimen terrateniente dominante y una escasez de capital agobiante; 2) perspectivas de un enriquecimiento r\u00e1pido que presentaba el flujo de capitales enormes norteamericanos y la construcci\u00f3n de obras de infraestructura a todo lo largo y ancho del pa\u00eds. Antes y despu\u00e9s de la Convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9 en 1922, el partido liberal se trab\u00f3 en una pol\u00e9mica interna sobre la cooperaci\u00f3n con el gobierno conservador del general Ospina, uno de cuyos puntos esenciales tenia que ver con el endeudamiento externo del pa\u00eds. Esta pol\u00e9mica ilustra en forma elocuente los dos aspectos que inclu\u00edan los intereses en juego. Los editoriales de El Espectador, dirigido por don Luis Cano y de El Diario Nacional, dirigido por Alfonso L\u00f3pez Pumarejo dejan en claro los intereses liberales. Por supuesto, la iniciativa de la estrategia modernizante por endeudamiento externo hab\u00eda sido definida por el gobierno conservador del general Ospina, lo cual colocaba al partido liberal contra la pared. L\u00f3pez Pumarejo se adelantaba a las objeciones de que el partido liberal estuviera contra las inversiones extranjeras y fustigaba a su mismo partido: &#8220;Esa idiosincrasia nuestra es quiz\u00e1s la primera causante del atraso material del pa\u00eds y la \u00fanica explicaci\u00f3n que podemos encontrar al hecho de que mientras otros pa\u00edses inferiores que Colombia en capacidad financiera, en poblaci\u00f3n y potencialidades, impulsan y acometen obras de progreso con ayuda del capital extranjero, aqu\u00ed no se logra contratar un empr\u00e9stito y seguimos viviendo al margen de la vida econ\u00f3mica del mundo, como rodeados moralmente por una muralla china, por la muralla de la desconfianza y temor al oro extranjero,..&#8221;. Y se\u00f1ala que tenemos que acudir cuanto antes a Wall Street, antes de que se disminuya el auge financiero norteamericano o se canalicen hacia otra parte y a\u00f1ade: &#8220;Si esto se realiza habremos perdido totalmente la oportunidad de impulsar el progreso nacional con la vinculaci\u00f3n de capitales extranjeros&#8221; (39).<\/p>\n<p>    Don Luis Cano le replica a L\u00f3pez sus argumentos sobre la necesidad del capital extranjero y la necesidad de colaborar con el gobierno y dice: &#8220;No puede acusarse con raz\u00f3n al liberalismo ni a ninguno de los matices de \u00e9l, como enemigo del progreso nacional, como adversario de la introducci\u00f3n de capitales extranjeros, o como empe\u00f1ado en suscitar dificultades para el desarrollo de las grandes obras que deben transformar el aspecto econ\u00f3mico de la naci\u00f3n&#8230; No ha surgido hasta el presente un solo proyecto de empr\u00e9stito conseguido en condiciones prudentes y decorosas, ni una propuesta para la construcci\u00f3n de v\u00edas f\u00e9rreas, o para la apertura de carreteras, o para la canalizaci\u00f3n de r\u00edos, que no haya contado desde sus primeros pasos con nuestra cordial y efectiva cooperaci\u00f3n&#8230; Nos hemos esforzado como pocos en hacerle buena atm\u00f3sfera al capital extra\u00f1o; en atraerlo, en contribuir a que halle en Colombia las necesarias garant\u00edas&#8230;&#8221; (40). Pero, como l\u00ednea dura del liberalismo de entonces, a\u00f1ad\u00eda su f\u00f3rmula para mantener la independencia nacional, f\u00f3rmula rom\u00e1ntica e in\u00fatil: &#8220;Consideramos que no podemos ir dignamente y sin peligros al encuentro de los financistas y de los grandes industriales extranjeros, que naturalmente buscan en primer t\u00e9rmino su beneficio y s\u00f3lo secundariamente el nuestro, sino despu\u00e9s de robustecer la unidad intelectual, moral y econ\u00f3mica para que resista el embate de los intereses no vinculados por el coraz\u00f3n a la estabilidad independiente de la patria&#8230; Amigos por convicci\u00f3n del capital extranjero, sin cuya colaboraci\u00f3n el desenvolvimiento nacional demorar\u00eda largos a\u00f1os, no creemos conveniente ese nuevo lirismo mercantilista que hace aparecer a los pa\u00edses en \u00e9xtasis m\u00edstico ante el becerro de oro, ni juzgamos tampoco que Colombia pueda acoger indistintamente cuantas instituciones se le dejen o\u00edr en materia de pr\u00e9stamos, concesiones o enajenaciones de bienes y riquezas cuya potencialidad pr\u00f3xima supera muchas veces a su valor actual, aparentemente crecido&#8230;&#8221; (41).<\/p>\n<p>    El se\u00f1or Cano se opon\u00eda a la cooperaci\u00f3n incondicional con el gobierno conservador, mientras L\u00f3pez y Santos la patrocinaban, en un momento en que la fiebre de los empr\u00e9stitos recorr\u00eda el pa\u00eds. Para oponerse a esta cooperaci\u00f3n dec\u00eda: &#8220;Nosotros hemos visto perdidos ya para el pa\u00eds sus grandes dep\u00f3sitos de oro blanco, enajenada a una entidad la bah\u00eda de Cartagena y vinculada fatalmente a los banqueros de los Estados Unidos la red de v\u00edas p\u00fablicas con que sue\u00f1a el pa\u00eds, sin que hayan sido suficientes a evitarlo los pobres alaridos de un patriotismo candido y fervoroso&#8230;&#8221; (42). L\u00f3pez tuvo que responderle violentamente por su oposici\u00f3n a la cooperaci\u00f3n con el gobierno conservador, a lo que replic\u00f3 don Luis: &#8220;He dicho que desde hace m\u00e1s de un a\u00f1o viene girando fatalmente la pol\u00edtica nacional alrededor de vastos planes financieros, que en su desarrollo tiende a crearle al pa\u00eds una peligrosa situaci\u00f3n de dependencia con relaci\u00f3n a los Estados Unidos&#8230; Lo he dicho con franqueza en la C\u00e1mara, en el peri\u00f3dico y en Asambleas del partido&#8230; \u00bfTengo que agregar a esas declaraciones p\u00fablicas la n\u00f3mina exacta de los ciudadanos nacionales y extranjeros a quienes creo interesados en todas las explotaciones petrol\u00edferas y negocios de empr\u00e9stitos, de ferrocarriles, de oleoductos, de muelles y de faros? No acabar\u00eda. Ni de la simple publicaci\u00f3n de esos nombres que a usted y a m\u00ed nos son familiares podr\u00eda deducirse otra cosa que la existencia de un estado de descomposici\u00f3n social, que a nadie se oculta y que no permite establecer responsabilidades individuales, sino en cada caso concreto&#8230;&#8221; (43).<\/p>\n<p>    La corrupci\u00f3n, el peculado, la descomposici\u00f3n social estimulada por los millones norteamericanos y los contratos con las compa\u00f1\u00edas extranjeras, el peligro en que se pon\u00eda la soberan\u00eda nacional, todas las denuncias de Cano contra L\u00f3pez por la inclinaci\u00f3n de \u00e9ste a vincularse al gobierno del general Ospina, no son suficientes para clarificarle al se\u00f1or Cano que el capital extranjero, en las condiciones de Colombia significaba precisamente lo mismo que \u00e9l denunciaba, la entrega de la independencia nacional al capital norteamericano y la p\u00e9rdida de la soberan\u00eda nacional. Era que el partido liberal, para esa \u00e9poca, hab\u00eda perdido ya por completo el objetivo de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica y su decisi\u00f3n de luchar por culminarla. L\u00f3pez Pumarejo, quiz\u00e1s m\u00e1s que ning\u00fan otro liberal, auspiciaba esta pol\u00edtica de &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; por endeudamiento, como lo hacia la inmensa mayor\u00eda de su partido. En su pol\u00e9mica con Cano, L\u00f3pez se queja de que Colombia hubiera desaprovechado las oportunidades de endeudamiento de 1919 y de que ahora, en 1922, fuera a pasar lo mismo, cuando exist\u00eda en Estados Unidos tanto capital sobrante. Y criticaba al partido conservador por haber sido renuente a recibir de inmediato los d\u00f3lares norteamericanos de la indemnizaci\u00f3n: &#8220;Los colombianos somos sin saberlo enemigos irrevocables del capital extranjero en todas las formas consideradas aceptables por el mundo civilizado. Comprendemos muy bien que sin su ayuda no podemos prosperar, lo invitamos a prest\u00e1rnosla por todos los medios imaginables, pero tan pronto como hace acto de presencia entre nosotros, nos ponemos todos de pie para rechazarlo, ya sea que venga a desarrollar nuestras v\u00edas de comunicaci\u00f3n, o a fomentar el cr\u00e9dito o satisfacer necesidades de orden fiscal&#8230;&#8221; (44).<\/p>\n<p>    Seis meses antes hab\u00eda expresado en un editorial de su peri\u00f3dico conceptos mucho m\u00e1s claros a\u00fan sobre el endeudamiento externo: &#8220;Econ\u00f3micamente Colombia debe brindar con esp\u00edritu amplio sus grandes e inexplorados campos de riqueza al trabajo y al capital estadounidense, cuya cooperaci\u00f3n en forma leal y equitativa, abre para nuestro pa\u00eds horizontes halag\u00fce\u00f1os de bienestar y prosperidad&#8221; (45). Era la conclusi\u00f3n de L\u00f3pez a la firma del Tratado sobre Panam\u00e1 que, seg\u00fan \u00e9l, &#8220;es la puerta abierta de un nuevo periodo que ha de estar se\u00f1alado con una acci\u00f3n sincera, inteligente e intensa para unificar y desarrollar los intereses colombianos con los de los Estados Unidos&#8221; (46). Mientras la oligarqu\u00eda conservadora &#8220;modernizante&#8221; representada por Ospina adelantaba la pol\u00edtica de endeudamiento, la oligarqu\u00eda liberal deliraba ante la expectativa de la millonaria invasi\u00f3n norteamericana a Colombia, de la que le vendr\u00edan ping\u00fces beneficios a corto y a largo plazo. El partido liberal comprender\u00eda m\u00e1s r\u00e1pidamente, bajo la direcci\u00f3n de L\u00f3pez, que la estrategia modernizadora del imperialismo norteamericano le abrir\u00eda las puertas del poder del Estado, pero el partido conservador llegar\u00eda tambi\u00e9n a asimilar m\u00e1s tarde esta estrategia y, entonces, desatar\u00eda una lucha sin tregua por el poder que conducir\u00e1 a una ineludible alianza para repartirse los beneficios del endeudamiento. Ser\u00e1 la relaci\u00f3n con el imperialismo la piedra de toque para la lucha y la alianza de los partidos en este siglo. <\/p>\n<p>    Si desde el punto de vista del comercio, la estrategia norteamericana se orient\u00f3 a obtener tratados que liberaran los aranceles para los productos agr\u00edcolas e industriales de su pa\u00eds y a controlar la comercializaci\u00f3n de los productos europeos, desde el punto de vista financiero sus objetivos fueron mucho m\u00e1s ambiciosos. Estados Unidos necesitaba, por una parte, garantizar de alguna manera el pago de la deuda y, por otra parte, hacer rentables sus inversiones. Como lo captaba muy bien Alfonso L\u00f3pez, el capital de los pr\u00e9stamos norteamericanos era el capital sobrante de su econom\u00eda y, por tanto, era capital que podr\u00eda ser colocado en condiciones diferentes a las utilizadas en el pa\u00eds de origen, por ejemplo, a bajos intereses y a largo plazo. Pero ese capital deber\u00eda ser rentable y para ello era necesario transformar las econom\u00edas feudales de Am\u00e9rica Latina en forma tal que se adecuaran a los intereses de la inversi\u00f3n directa e indirecta de los Estados Unidos. La preocupaci\u00f3n central del gobierno de Hoover y de los gobiernos sucesivos de Franklin D. Roosevelt consisti\u00f3 en asegurarse estos objetivos. En esta forma el imperialismo norteamericano que se abr\u00eda campo en el mundo y, especialmente, en Am\u00e9rica Latina, se presentaba con una imagen de progreso, de adelanto t\u00e9cnico y de impulso a las obras de industrializaci\u00f3n de los pa\u00edses atrasados del hemisferio. Estados Unidos utiliz\u00f3 dos instrumentos fundamentales para lograr esa modernizaci\u00f3n de acuerdo a sus intereses, el impulso de las obras p\u00fablicas tendientes al establecimiento de una red de ferrocarriles, carreteras, plantas el\u00e9ctricas, acueductos y dem\u00e1s servicios, necesarios para el establecimiento de la industria, en primera instancia, y la reforma de la administraci\u00f3n del Estado hacia el establecimiento de un sistema bancario, un sistema fiscal, un sistema monetario, un sistema laboral y un sistema constitucional que abriera campo al capitalismo de Estado. La diplomacia norteamericana, despu\u00e9s del Tratado Urrutia-Thompson de 1922, se dirigi\u00f3 a controlar la orientaci\u00f3n de los pr\u00e9stamos al Estado y a los departamentos y municipios y a exigir las condiciones que le garantizaran con reformas del Estado el pago de la deuda (47). Pero la preocupaci\u00f3n central tanto de los banqueros privados como del gobierno norteamericano fue desde el principio de este gran endeudamiento la garant\u00eda de pago de la deuda, no obstante que todos los pr\u00e9stamos eran hipotecarios, bien sobre las rentas departamentales o nacionales, bien sobre propiedades p\u00fablicas que hubieran podido ser tomadas por los prestamistas (48).<\/p>\n<p>    El endeudamiento de Colombia con Estados Unidos entre 1922 y 1928 es un hecho hist\u00f3rico que determina el futuro del pa\u00eds. Los prestamistas norteamericanos condicionan sus d\u00f3lares a la construcci\u00f3n de obras p\u00fablicas. No hay un solo empr\u00e9stito en esta \u00e9poca que no sea dirigido con ese prop\u00f3sito (49). Toda la pol\u00edtica regional empieza a girar alrededor de la consecuci\u00f3n de nuevos empr\u00e9stitos. La rebati\u00f1a por los d\u00f3lares norteamericanos se convierte en el centro de la pugna partidaria en departamentos y municipios. Fred Rippy enumera cuarenta y ocho pr\u00e9stamos por un total de doscientos treinta y cinco millones, de los cuales 21 millones correspond\u00edan a pr\u00e9stamos de bancos hipotecarios sin respaldo del gobierno y 2 millones a compa\u00f1\u00edas petroleras y mineras (50). Como ya hemos dicho el total de d\u00f3lares invertido en obras p\u00fablicas en Colombia en forma de papeles de valores p\u00fablicos ascend\u00eda a 170 millones. El caos producido por este flujo de capital y por la fiebre de construcci\u00f3n de obras p\u00fablicas fue tal que el gobierno de los Estados Unidos exigi\u00f3 al gobierno colombiano el establecimiento de una comisi\u00f3n supranacional para controlar la construcci\u00f3n de obras. Esta comisi\u00f3n fue exigida adem\u00e1s por el gobierno brit\u00e1nico, pero el ministro de Hacienda Esteban Jaramillo, presentado siempre en los documentos norteamericanos como defensor de sus intereses, se opuso a la injerencia de los brit\u00e1nicos. Sin embargo, la comisi\u00f3n fue establecida con tres extranjeros y dos colombianos, repartidos los extranjeros entre Estados Unidos, Inglaterra y B\u00e9lgica. Tanto Esteban Jaramillo como el Ministro de Obras renunciaron por no haberse aceptado la f\u00f3rmula norteamericana. El proceso de esta negociaci\u00f3n llev\u00f3 a un funcionario de la embajada norteamericana a exclamar: &#8220;Los americanos casi se tragan entera a Colombia&#8230;&#8221; (51). La presi\u00f3n brit\u00e1nica sobre el gobierno colombiano era el fruto de las inquietudes de embajador, cuyas apreciaciones dan una imagen aproximada de la situaci\u00f3n ca\u00f3tica de los programas de construcci\u00f3n de los gobiernos de Ospina y Abad\u00eda: &#8220;La distribuci\u00f3n de las rutas de ferrocarriles y v\u00edas se ha convertido en el deporte de la pol\u00edtica local; un plan de arterias de transporte ha dado paso a una mera mezcla confusa de obras desconectadas e improductivas de muy dudoso valor y altos costos&#8221; (52).<\/p>\n<p>    Para lograr resolver ese que se hab\u00eda convertido en el problema central, el de la inseguridad de la deuda externa de Colombia que ten\u00eda su ra\u00edz en la poca capacidad de endeudamiento del pa\u00eds y en su obsoleta estructura administrativa, el gobierno norteamericano env\u00eda en dos ocasiones la misi\u00f3n Kemmerer (1923, 1930), como lo hace con otros pa\u00edses que est\u00e1n cayendo bajo su hegemon\u00eda (Guatemala, Chile, Bolivia, China, Per\u00fa) y con sus colonias (Puerto Rico y Filipinas)  (53); el First Nat\u00edonal Bank le exige al gobierno colombiano reformas substanciales al embri\u00f3nico sistema financiero del pa\u00eds; la Secretaria de Comercio publica la famosa Circular Especial de James C. Corliss en 1928 titulada Lat\u00edn American Budgets con an\u00e1lisis y exigencias precisas; los prestamistas norteamericanos forman en asocio con el gobierno la renombrada Foreign Bondholders\u2019 Protective Council, Inc.; y toda la diplomacia norteamericana en Bogot\u00e1 presiona por reformas de todo tipo orientadas a obtener recursos para el pago de la deuda externa. Las reformas propuestas por Kemmerer que, en esencia, constituir\u00e1n la condici\u00f3n del cr\u00e9dito norteamericano, formalizaban la modernizaci\u00f3n del sistema financiero y establec\u00edan las bases de un sistema estatal centralizado firme. Un sistema financiero en un pa\u00eds como Colombia exig\u00eda la centralizaci\u00f3n en manos del Estado de tal forma que \u00e9ste tuviera capacidad de garantizar los compromisos adquiridos interna y externamente, por una parte, y un sistema bancario extendido por todo el pa\u00eds que le diera una adecuada canalizaci\u00f3n a los recursos obtenidos por medio de los empr\u00e9stitos. Como una prueba del car\u00e1cter de la misi\u00f3n resalta el hecho de que las acciones de los bancos se triplicaron en el pa\u00eds despu\u00e9s de su primera venida, entre 1924 y 1928. Era completamente claro que la palanca de la modernizaci\u00f3n impuesta por el imperialismo en toda Am\u00e9rica Latina y, de una manera concreta, en Colombia, era el sector financiero, \u00fanico capaz de garantizarle la necesidad de exportaci\u00f3n de capital y de rendirle los beneficios esperados. Hasta ese momento la Banca colombiana no era m\u00e1s que un rezago del sistema capitalista del siglo diecinueve, en donde el papel de los bancos no pasaba de ser el de un intermediario y no el de centro y motor de la econom\u00eda. M\u00e1s atrasado todav\u00eda se encontraba el sistema financiero del Estado, carente como estaba de un sistema de presupuesto nacional, sin un aparato adecuado de impuestos y sin los recursos econ\u00f3micos y administrativos para dirigir la econom\u00eda. Tanto el sistema financiero como la centralizaci\u00f3n de la econom\u00eda en manos del Estado sobre bases financieras, no llegar\u00e1 a tomar fuerza sino hasta la d\u00e9cada del cincuenta y no lograr\u00e1 su pleno desarrollo sino hasta la d\u00e9cada del sesenta. Pero la estrategia del imperialismo estaba clara. El desarrollo del pa\u00eds ten\u00eda que darse basado en un sector financiero altamente refinado y eficiente. <\/p>\n<p>    Todos los gobiernos, sin excepci\u00f3n ninguna, que van a seguir a la primera misi\u00f3n Kemmerer, pondr\u00e1n como primer objetivo de su administraci\u00f3n, el fortalecimiento, consolidaci\u00f3n y desarrollo de estas dos reformas: impulso del sector financiero y establecimiento del capitalismo de Estado. El tercer punto del programa de gobierno presentado por Olaya Herrera en la campa\u00f1a de 1930 resume perfectamente la respuesta de la oligarqu\u00eda liberal conservadora a las exigencias del imperialismo. Dec\u00eda Olaya: &#8220;Es indispensable que procedamos a desarrollar un conjunto de medidas que lleven a los medios financieros del exterior, en particular a los medios financieros de los Estados Unidos, la persuasi\u00f3n de que vamos a desarrollar una pol\u00edtica financiera de orden y econom\u00eda, un plan de obras p\u00fablicas prudente y bien pensado, de acuerdo con los consejos que los t\u00e9cnicos en la materia han dado y los que puedan dar al gobierno nacional, a nuestros departamentos y a nuestros municipios. La impresi\u00f3n actual hoy en los Estados Unidos, es la de que manejamos nuestros negocios con incompetencia, nuestras finanzas imprudentemente y que subordinamos al juego de la pol\u00edtica la gerencia de los grandes intereses que son el eje de nuestra producci\u00f3n, de nuestra propiedad&#8221; (54). Es as\u00ed como Colombia adopta la estrategia de desarrollo del imperialismo, la que le conviene a esos intereses de exportaci\u00f3n de capital, la que se orienta consecuencialmente a garantizar el pago de la deuda externa, la que produce un estimulo constante a la importaci\u00f3n de capitales, la que genera irremisiblemente toda la econom\u00eda de monopolio, la que se adec\u00faa con perfecci\u00f3n a un sistema financiero internacional que va a generalizarse despu\u00e9s de la segunda guerra mundial. Esta estrategia de desarrollo adoptada por la oligarqu\u00eda liberal conservadora que controla el pa\u00eds no es complementaria sino sustitutiva de la otra alternativa posible que hemos definido como la estrategia de desarrollo por v\u00eda de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica que tiene como condici\u00f3n esencial e insustituible la liquidaci\u00f3n del r\u00e9gimen terrateniente y el impulso aut\u00f3nomo de la agricultura. <\/p>\n<p>5. La &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; imperialista y sus consecuencias<\/p>\n<p>    Los te\u00f3ricos imperialistas del desarrollo econ\u00f3mico y pol\u00edtico resumieron estas experiencias adquiridas en los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina y de Asia entre los a\u00f1os 1910 a 1940 para elaborar toda una refinada concepci\u00f3n sobre la modernizaci\u00f3n, cuyas bases se encuentran ya en el soci\u00f3logo alem\u00e1n Max Weber con su dicotom\u00eda &#8220;tradicional-moderno&#8221; y su concepto fundamental de racionalidad econ\u00f3mica y centralizaci\u00f3n pol\u00edtica (55). En este sentido Max Weber es el ide\u00f3logo inspirador de la estrategia imperialista del desarrollo que sistematizar\u00e1 un soci\u00f3logo norteamericano, Talcott Parsons, cuya gu\u00eda metodol\u00f3gica consistir\u00e1 en la capacidad comparativa de los sistemas basados en cinco dicotom\u00edas: afectividad-neutralidad afectiva; orientaci\u00f3n por los intereses individuales-orientaci\u00f3n por las exigencias de una colectividad; particularismo-universalismo; ineficiencia-eficiencia; difusividad-especificidad (56). La aplicaci\u00f3n de estas variables dar\u00edan la medida del grado de modernidad y de los objetivos de modernizaci\u00f3n que deber\u00edan imponerse. En el terreno econ\u00f3mico, las teor\u00edas del desarrollo econ\u00f3mico guardan una afinidad con las teor\u00edas de la modernizaci\u00f3n, especialmente cuando se consideran como teor\u00eda de las etapas o cuando se concibe el desarrollo econ\u00f3mico en \u00edntima relaci\u00f3n con el cambio social y pol\u00edtico (57). El mejor resumen de estas concepciones del desarrollo es el Informe a la Comisi\u00f3n de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, editado por Max Millikan y Donaid Blackmer en 1961, sobre &#8220;el cambio econ\u00f3mico, pol\u00edtico y social en los pa\u00edses subdesarrollados y sus implicaciones para las pol\u00edticas de los Estados Unidos&#8221;. Lo que el informe defiende es que en los pa\u00edses atrasados deben darse una serie de cambios fundamentales para que puedan salir del subdesarrollo, cambios que consisten en la adaptaci\u00f3n de los recursos, t\u00e9cnicas e instituciones de los pa\u00edses imperialistas del mundo o &#8220;desarrollados&#8221;, como ellos los llaman (58). Para obtener este cambio el factor esencial es la inversi\u00f3n de capital que los pa\u00edses subdesarrollados no tienen y que, por tanto, deben obtener a trav\u00e9s de la &#8220;ayuda externa&#8221; (59). El informe orienta, desde este punto de vista, la estrategia de exportaci\u00f3n de capital que debe adoptar el gobierno norteamericano y los dem\u00e1s pa\u00edses &#8220;desarrollados&#8221; del mundo capitalista. Una serie de interpretaciones y desarrollos de las teor\u00edas de Weber y Parsons ha dado origen a toda una sociolog\u00eda de Estado, concebida como absolutamente necesaria para el acelerado desarrollo de lo que ellos llaman &#8220;los pa\u00edses en desarrollo&#8221;. El m\u00e1s acabado estudio del desarrollo pol\u00edtico es el de David Apter, cuyo punto de vista es que la democracia pol\u00edtica no tiene capacidad para sacar del subdesarrollo a los pa\u00edses atrasados y que por tanto debe adoptarse el capitalismo de Estado como gobierno fuerte, eliminaci\u00f3n de las libertades democr\u00e1ticas y centralizaci\u00f3n econ\u00f3mica (60).<\/p>\n<p>    Los principios sociol\u00f3gicos de Max Weber han conducido, bas\u00e1ndose en la experiencia que los pa\u00edses imperialistas han adquirido en el mundo subdesarrollado, a elaborar toda una estrategia consistente esencialmente, en trasladar a esos pa\u00edses la estructura vigente hoy en el mundo imperialista, impidiendo que se lleven a cabo las transformaciones fundamentales por las que, inclusive, todos esos pa\u00edses pasaron en los siglos XVIII y XIX. La base de todo ese traslado &#8216;modernizador&#8221; ha sido el desarrollo del sector financiero que surgi\u00f3 en los pa\u00edses imperialistas como resultado de un exceso de capital, pero que se establece en los pa\u00edses atrasados sobre la base de su escasez de capital. La \u00e9poca vivida por Colombia entre 1920 y 1940 no es sino el establecimiento de esta estructura artificial, impuesta por las condiciones de la dominaci\u00f3n imperialista norteamericana, pedida y aceptada por la oligarqu\u00eda liberal conservadora. La estrategia de desarrollo por endeudamiento externo obedeci\u00f3, como es natural, tanto a las necesidades mismas del pa\u00eds imperialista como a toda una concepci\u00f3n ideol\u00f3gica elaborada por los economistas y soci\u00f3logos del imperialismo. Las consecuencias para Colombia no pueden haber sido m\u00e1s graves.<\/p>\n<p>    El enorme endeudamiento de Colombia en la d\u00e9cada de los a\u00f1os veinte, semejante al de casi toda Am\u00e9rica Latina, encontr\u00f3 al pa\u00eds sin una estructura suficiente capaz de responder por el pago de la deuda ya para principios de la d\u00e9cada del treinta. Este fen\u00f3meno lo hab\u00edan previsto los banqueros norteamericanos y, por consiguiente, el gobierno de Estados Unidos dirigi\u00f3 su diplomacia a la obtenci\u00f3n de reformas que garantizaran el pago de los bonos o t\u00edtulos colombianos. Al final de 1935, el 85% de los t\u00edtulos colombianos colocados en Estados Unidos, base de la deuda externa, se encontraban sin respaldo alguno (61). Desde finales de 1928, el pa\u00eds no pagaba sus obligaciones con los Estados Unidos. Por esta raz\u00f3n el gobierno norteamericano presion\u00f3 la elecci\u00f3n de Olaya Herrera, confiado en las garant\u00edas que para resolver problemas tales como la negociaci\u00f3n petrolera y el pago de la deuda hab\u00eda dado y ofrecido durante su permanencia como embajador en Washington. En una nota de Bert L. Hunt, agregado comercial de la embajada norteamericana en Bogot\u00e1, dirigida a Grosvenor Jones, jefe de la Divisi\u00f3n de Finanzas e Inversiones del Departamento de Comercio, comentando la influencia de la Circular Especial de ese Departamento se dice: &#8220;Fue tambi\u00e9n su influencia (la de la Circular) lo que hizo posible la elecci\u00f3n del doctor Olaya con todos los esperados beneficios para los Estados Unidos&#8221; (62). Sin embargo, los banqueros norteamericanos se negaron a dar los cr\u00e9ditos necesarios a Olaya para salir del atolladero en que lo hab\u00eda puesto el endeudamiento de la d\u00e9cada anterior, no obstante que Olaya, como presidente electo, hab\u00eda viajado a los Estados Unidos para entrevistarse con esos banqueros, recibido promesas de ellos y ofrecido todas las garant\u00edas (63). La situaci\u00f3n es tan grave para Olaya que el mismo embajador Cafferey intercede ante el gobierno de Washington para que convenza a los banqueros de que disminuyan sus exigencias para los nuevos pr\u00e9stamos, porque de lo contrario Olaya puede caerse (64). Olaya, en su desesperaci\u00f3n, llega hasta hipotecar las salinas del Banco de la Rep\u00fablica (65). Ante la decisi\u00f3n de Olaya de preferir a los banqueros norteamericanos, se forma en Colombia el Comit\u00e9 Ejecutivo Nacional de Deudores de Bancos Extranjeros, el cual le exige al gobierno de Olaya que conceda prioridad a las instituciones financieras colombianas sobre las norteamericanas. Pero, entre tanto, se forma un Comit\u00e9 semejante en Estados Unidos, de car\u00e1cter mixto, al que ya hemos hecho referencia, que presiona al gobierno norteamericano en sentido contrario. El gobierno de Olaya, quien, entre otras cosas, se hab\u00eda lucrado electoralmente en su campa\u00f1a del ataque a la United Fruit Company adelantado por algunos sectores de su partido, acude a esta misma empresa y obtiene de ella pr\u00e9stamos de emergencia (66). Con todo esto, Olaya no logra renegociar la deuda externa, problema que queda en manos de L\u00f3pez. En esta forma, le toca a L\u00f3pez afrontar negociaciones con Estados Unidos sobre tres puntos neur\u00e1lgicos que comprometen el futuro del pa\u00eds: una legislaci\u00f3n petrolera, el convenio de comercio y la deuda externa.<\/p>\n<p>    L\u00f3pez Pumarejo ha sido presentado por toda la literatura hist\u00f3rica liberal y de izquierda como representante de la burgues\u00eda nacional progresista(67). Inclusive, el partido comunista form\u00f3 en 1936 un Frente Popular Antiimperialista sobre la base del apoyo a L\u00f3pez (68). Los hechos son contrarios totalmente a esta visi\u00f3n apolog\u00e9tica del liberalismo de la \u00e9poca de L\u00f3pez. L\u00f3pez jam\u00e1s tuvo una posici\u00f3n antiimperialista, ni defendi\u00f3 la industria nacional, ni adelant\u00f3 las medidas que hubiera podido exigir la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica. Todo lo contrario. L\u00f3pez modific\u00f3 la legislaci\u00f3n petrolera existente ante la presi\u00f3n de las compa\u00f1\u00edas norteamericanas que controlaban la explotaci\u00f3n de petr\u00f3leo. Mediante la Ley 160 de 1936 L\u00f3pez concedi\u00f3 mayores garant\u00edas a la inversi\u00f3n imperialista en el petr\u00f3leo, estableci\u00f3 bases m\u00e1s firmes para los contratos con el objeto de dar mayores seguridades a la compa\u00f1\u00edas inversionistas, modific\u00f3 los requisitos para desarrollar tierras en manos de intereses privados en favor de la Texas, redujo los impuestos a las propiedades privadas de exploraci\u00f3n, liberaliz\u00f3 los requisitos de las regal\u00edas favorables a los inversionistas norteamericanos, redujo las regal\u00edas para la producci\u00f3n de petr\u00f3leo crudo con destino a exportaci\u00f3n, declar\u00f3 de utilidad p\u00fablica las empresas petroleras para impedir los movimientos reivindicativos de los obreros, evadi\u00f3 el establecimiento de una empresa estatal colombiana para refinar el petr\u00f3leo (69). L\u00f3pez fue mucho m\u00e1s generoso con las compa\u00f1\u00edas norteamericanas de lo que hab\u00eda sido Olaya, reconocido por el gobierno de los Estados Unidos como su amigo \u00edntimo. En este sentido, lo que L\u00f3pez hizo fue establecer reglas de juego precisas y modernas, garantiz\u00e1ndole a los inversionistas norteamericanos todas las ventajas, pero fijando normas precisas a las que pudieran atenerse sin temores de ninguna especie. Por otra parte, en lo referente a la negociaci\u00f3n de las relaciones comerciales, el tratado que L\u00f3pez firma y cuya aprobaci\u00f3n logra en el Congreso, concede, como hemos visto, todas las ventajas a los Estados Unidos, desprotegiendo la incipiente industria nacional en todos los campos, principalmente en confecciones, alimentos y otros renglones que comenzaban a desarrollarse o que ten\u00edan posibilidad de desarrollarse con inversi\u00f3n nacional (70). En ese momento el proteccionismo aduanero era una necesidad de la econom\u00eda nacional en defensa de la industria. L\u00f3pez entrega el comercio a las importaciones norteamericanas. El Tratado de Comercio de 1935 es un golpe a la industria nacional. El mercado colombiano fue inundado de productos norteamericanos y la importaci\u00f3n de productos estipulados en la liberaci\u00f3n de impuestos de aduana subi\u00f3 de 1935 a 1936 en un 102.0%. Punto aparte merece el golpe a la producci\u00f3n de tabaco, algod\u00f3n, papa y otros productos agr\u00edcolas afectados por el Tratado, concesi\u00f3n hecha ante la presi\u00f3n norteamericana ahogada por los excedentes en estos renglones.<\/p>\n<p>    Frente al endeudamiento externo, L\u00f3pez accede a renegociar con los Estados Unidos y a conceder las ventajas necesarias, aconsejado por su Contralor General Lleras Restrepo. Solamente la falta de apoyo en el Congreso, tomado por los santistas, en oposici\u00f3n a L\u00f3pez, le impide llegar a t\u00e9rminos concretos en este aspecto. Sin embargo, el embajador norteamericano informa a Washington que L\u00f3pez est\u00e1 listo para aceptar un acuerdo, siempre y cuando se a\u00edsle del contexto pol\u00edtico que viv\u00eda el pa\u00eds en ese momento, para no quedar p\u00fablicamente comprometido. En realidad, L\u00f3pez coincid\u00eda con el gobierno norteamericano en que era imposible seguir endeud\u00e1ndose mientras no se arreglara el pago de la deuda existente desde 1928 y no se dieran las reformas en el campo financiero, constitucional y laboral exigidas por la modernizaci\u00f3n del pa\u00eds (71). Roosevelt estaba contra el exceso de cr\u00e9dito al exterior, porque esto llevaba a conflictos pol\u00edticos internacionales graves. Su Secretario de Estado, Morgenthau, por ejemplo, hab\u00eda amenazado al gobierno colombiano con tomar medidas semejantes a las que Estados Unidos hab\u00eda tomado en Centroam\u00e9rica, si no se atend\u00eda el pago de la deuda externa. El senador Johnson hab\u00eda obtenido una ley impidiendo nuevos cr\u00e9ditos a los pa\u00edses que no hubieran pagado la deuda existente. El relativo poco endeudamiento de L\u00f3pez con Estados Unidos no proviene de su pol\u00edtica antiimperialista, sino de la pol\u00edtica del gobierno norteamericano de no extender m\u00e1s la deuda y a la decisi\u00f3n de los banqueros de ese pa\u00eds de no prestarle m\u00e1s d\u00f3lares mientras no obtuviera del Congreso una aprobaci\u00f3n de su acuerdo de renegociaci\u00f3n. La t\u00e1ctica de L\u00f3pez es igual a la de Roosevelt, presentarse demag\u00f3gicamente como reformador social para neutralizar una izquierda ascendente, grandemente influida por la revoluci\u00f3n rusa y su influencia en el mundo, con la diferencia de que Roosevelt opera para dominar el mundo y L\u00f3pez para darle campo a la dominaci\u00f3n. Randall ofrece este juicio sobre L\u00f3pez: &#8220;Enfrentado a una gran depresi\u00f3n econ\u00f3mica y a un creciente radicalismo pol\u00edtico y econ\u00f3mico del movimiento obrero, L\u00f3pez vir\u00f3 hacia la izquierda en una forma muy semejante a como lo hizo Roosevelt. El programa dom\u00e9stico de L\u00f3pez tuvo un tono socialista, pero sus objetivos fueron no menos burgueses y capitalistas que el modelo americano hacia el cual siempre se volvi\u00f3 como gu\u00eda&#8221; (72). L\u00f3pez no tiene el estilo de Olaya ni de Santos de operar abiertamente en favor del imperialismo, como Franklin D. Roosevelt no posee la misma estrategia imperialista de Theodore Roosevelt, pero la eficacia de la nueva t\u00e1ctica y del nuevo estilo obtuvo mejores resultados.<\/p>\n<p>    El verdadero cambio de la historia colombiana entre el siglo XIX y el siglo XX se realiza en este per\u00edodo, durante el cual se define el car\u00e1cter de nuestra historia contempor\u00e1nea, el cambio del per\u00edodo de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica al de la dominaci\u00f3n imperialista. Los gobiernos conservadores son tan responsables como los gobiernos liberales. Pero son los gobiernos liberales de Olaya y L\u00f3pez los que ponen a funcionar el pa\u00eds m\u00e1s en acorde con las necesidades del imperialismo. Jorge Villegas dice en su libro sobre el petr\u00f3leo en un juicio de Olaya: &#8220;Apenas llevaba cuatro a\u00f1os el liberalismo en el poder, despu\u00e9s de 45 a\u00f1os de oposici\u00f3n, y en tan breve periodo super\u00f3 al conservatismo en su pol\u00edtica de entrega de la soberan\u00eda nacional al imperialismo norteamericano. Fue m\u00e1s grande su delito de alta traici\u00f3n que el cometido por los gobiernos de Marco Fidel Su\u00e1rez y Pedro Nel Ospina&#8221; (73). Y a continuaci\u00f3n cita al panfletista antioque\u00f1o liberal Femando Gonz\u00e1lez: &#8220;La repugnancia que debemos sentir por los gobiernos colombianos, muy especialmente por los gobiernos de Olaya y L\u00f3pez. Llamo a la juventud&#8230; a la oposici\u00f3n. Es preciso hacer una terrible oposici\u00f3n, porque hemos sido enga\u00f1ados. Vivimos cuarenta a\u00f1os de anhelos, luchando para que hubiera un cambio, peleando con los gobiernos conservadores, y hemos sido enga\u00f1ados&#8221; (74). La dominaci\u00f3n imperialista que se efect\u00faa siguiendo procesos econ\u00f3micos y no en respuesta a una peculiar maldad de los actores pol\u00edticos, tal como lo se\u00f1alamos anteriormente en la teor\u00eda de Lenin, se estableci\u00f3 en Colombia en una relaci\u00f3n directa con el Estado, a trav\u00e9s de todo el proceso seguido por el endeudamiento con Estados Unidos. Se debi\u00f3, pues, esencialmente, a la inversi\u00f3n indirecta m\u00e1s que a la inversi\u00f3n directa. La inversi\u00f3n directa en industria, distinta del petr\u00f3leo, no lleg\u00f3 nunca al 10% del total antes de 1950 y casi el 80% de todas las inversiones de 1920 a 1940 fueron inversi\u00f3n indirecta a trav\u00e9s del Estado (75). Le resultaba al imperialismo muy dif\u00edcil, dadas las condiciones internacionales de esta \u00e9poca, obtener los beneficios que necesitaba sin una industria que le diera garant\u00edas y sin un sistema financiero privado o p\u00fablico medianamente desarrollado. La inversi\u00f3n directa en industria no viene a ser importante sino despu\u00e9s de 1950 cuando se convierte, despu\u00e9s del petr\u00f3leo, en el segundo rengl\u00f3n de toda la inversi\u00f3n imperialista. Por esta raz\u00f3n el imperialismo norteamericano permite el desarrollo de la industria nacional con relativa libertad hasta el momento en que se vuelve rentable, despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, cuando precisamente los grandes monopolios imperialistas, o bien se trasladan al pa\u00eds en el programa de substituci\u00f3n de importaciones, o bien se toman las d\u00e9biles industrias nacionales (76). Tanto el petr\u00f3leo como el banano fueron enclaves muy aislados que no tuvieron, excepto hasta despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, una influencia importante en la econom\u00eda del pa\u00eds. En 1922 Colombia no cuenta con m\u00e1s de dos mil quinientos autom\u00f3viles (77). El petr\u00f3leo era una industria de exportaci\u00f3n cuyas ganancias eran obtenidas y exportadas por las compa\u00f1\u00edas norteamericanas. El centro de la econom\u00eda para la inversi\u00f3n imperialista era el Estado. De ah\u00ed que el Estado se convirtiera en el objetivo de las reformas pretendidas por Estados Unidos y auspiciadas por los gobiernos liberales. S\u00f3lo en esta forma puede entenderse la pol\u00edtica proimperialista de un Alfonso L\u00f3pez Pumarejo cuyo programa de gobierno se reduce al acondicionamiento del Estado para responder a los intereses del imperialismo. Lo esencial es entender que la orientaci\u00f3n de L\u00f3pez y de los modernizantes liberales coincide plenamente con lo que propon\u00edan y siguen proponiendo los te\u00f3ricos imperialistas sobre la modernizaci\u00f3n del Estado y de la econom\u00eda, reformas que impulsan y han impulsado los gobiernos norteamericanos. La modernizaci\u00f3n del Estado y de la econom\u00eda, sin las reformas de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, que ni L\u00f3pez ni ning\u00fan otro gobierno liberal o conservador ha acometido, es la pol\u00edtica que necesita el imperialismo para la exportaci\u00f3n del capital y para su rentabilidad. El cambio que siempre han propuesto los imperialistas y que han sistematizado los economistas y soci\u00f3logos del imperialismo, es el que le sirve a sus intereses y en \u00faltimo t\u00e9rmino, siempre ha sido justificado en esa forma.<\/p>\n<p>6. El desarrollo del capitalismo imperialista en el pa\u00eds<\/p>\n<p>    De esta pol\u00edtica de &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; impuesta por Estados Unidos a trav\u00e9s de su poder financiero, de la incapacidad del gobierno colombiano para pagar la deuda y de la plena aceptaci\u00f3n por parte de la oligarqu\u00eda liberal y conservadora colombiana de la estrategia imperialista, se ha seguido la preservaci\u00f3n del subdesarrollo del pa\u00eds, no en las condiciones de un pa\u00eds feudal como era Colombia a finales del siglo XIX, sino en condiciones de un pa\u00eds semifeudal, en donde el capitalismo se ha desarrollado sobre la base del mantenimiento de todo el r\u00e9gimen terrateniente y en donde se ha abierto campo a una econom\u00eda en donde el control lo ejerce el capitalismo imperialista. La dominaci\u00f3n norteamericana, entroncada siempre a su fuente de control, el capital financiero y la exportaci\u00f3n de capital, ha contribuido a establecer una econom\u00eda con tres caracter\u00edsticas principales derivadas directamente de la estrategia modernizante por endeudamiento: 1) Una econom\u00eda de capitalismo de Estado que no puede prescindir del capital financiero internacional; 2) una econom\u00eda controlada por grandes grupos financieros; 3) una econom\u00eda industrial monopolista. Examinaremos r\u00e1pidamente cada uno de estos tres aspectos.<\/p>\n<p>    El crecimiento del poder econ\u00f3mico del Estado colombiano y su papel siempre creciente en la inversi\u00f3n y en el control de la econom\u00eda es un hecho f\u00e1cilmente perceptible. Los principales renglones de la producci\u00f3n industrial como el petr\u00f3leo, el acero, la petroqu\u00edmica, la industria automotriz, la miner\u00eda, o bien est\u00e1n totalmente en manos del Estado o fuertemente asociados con los organismos financieros del pa\u00eds. La inversi\u00f3n directa del Estado en la econom\u00eda es un factor dominante en la econom\u00eda colombiana. Este es un proceso que se acelera en el pa\u00eds despu\u00e9s de 1950. S\u00f3lo en 1968, por ejemplo, el Instituto de Fomento Industrial (IFI) pose\u00eda acciones que representaban el 45% de las de todas las corporaciones financieras del pa\u00eds y el 53 % de su inversi\u00f3n total, contaba con inversiones en 43 empresas y aquellas en las que el IFI ten\u00eda mayor\u00eda, representaban el 7% de toda la industria manufacturera. En 1978, las corporaciones financieras estatales o semi-estatales contaban con el 57% del capital y el 40% de los activos totales. Un balance de los \u00faltimos diez a\u00f1os muestra que el crecimiento de los bancos estatales o semi-estatales ha sido m\u00e1s r\u00e1pido que el de los bancos privados. Esto sin tener en cuenta a la Federaci\u00f3n Nacional de Cafeteros que pasa por ser una entidad privada pero que es una instituci\u00f3n financiera de car\u00e1cter mixto, la mayor\u00eda de cuyos ingresos provienen de los impuestos estatales que ella administra, invierte y distribuye, principalmente a trav\u00e9s del Fondo Nacional del Caf\u00e9. De 1968 a 1972, la tasa de crecimiento de capital en los bancos p\u00fablicos fue de 207%, mientras en los privados fue de 185%; los dep\u00f3sitos crecieron un 273% y un 194% respectivamente; los pr\u00e9stamos crecieron un 204% contra un 163%. Y as\u00ed sucesivamente. El punto fundamental sobre el capitalismo de Estado en Colombia radica en el hecho de que este sistema llega a ser el centro de la importaci\u00f3n de capital y de la distribuci\u00f3n en toda la econom\u00eda de los recursos del endeudamiento externo. Por esta raz\u00f3n se convierte en el aspecto m\u00e1s importante de las reformas constitucionales de 1936 y 1968, llevadas a cabo por L\u00f3pez Pumarejo y Lleras Restrepo. De hecho, en toda la econom\u00eda de los recursos del endeudamiento externo, siempre lo ha sido as\u00ed, desde los a\u00f1os veinte, tal como lo hemos visto, pero con la diferencia de que en ese entonces no exist\u00eda un sistema institucionalizado que permitiera ni esta centralizaci\u00f3n ni esta distribuci\u00f3n que hoy reina. Los fondos de recursos externos llegan de las organizaciones financieras internacionales y de los pa\u00edses imperialistas al gobierno colombiano que los canaliza a trav\u00e9s del Banco de la Rep\u00fablica y de los Institutos Descentralizados. El Banco de la Rep\u00fablica distribuye por medio de programas de desarrollo, fondos especiales de cr\u00e9dito de todo tipo a los Fondos de Inversi\u00f3n, al IFI, a los bancos privados y a las empresas del Estado, privadas y mixtas. Los Institutos Descentralizados canalizan estos recursos en programas de educaci\u00f3n, desarrollo urbano, transporte, programas de desarrollo agrario y otros del mismo estilo.<\/p>\n<p>    Esta estructura es uno de los resultados m\u00e1s concretos de todo el proceso de endeudamiento externo, consignado en todos los programas de las misiones imperialistas llegadas a Colombia y de todos los programas norteamericanos para Am\u00e9rica Latina, ll\u00e1mense Misi\u00f3n del Banco Mundial (1950), Alianza para el Progreso (1960), Misi\u00f3n de la OIT (1969), Misi\u00f3n de Econom\u00eda y Humanismo (1956), CEPAL, Misi\u00f3n Musgrave, o Fondo Monetario Internacional. No es extra\u00f1o que, pasada la crisis de 1930 a 1940 con los prestamistas norteamericanos, y superada la segunda guerra mundial, la inversi\u00f3n directa e indirecta haya afluido en grandes sumas al pa\u00eds. De 1965 a 1973 por ejemplo, la deuda externa del pa\u00eds creci\u00f3 de quinientos millones de d\u00f3lares a dos mil millones de d\u00f3lares y de ese a\u00f1o a 1976 subi\u00f3 a cuatro mil millones de d\u00f3lares. Pero el servicio de la deuda externa creci\u00f3 a\u00fan m\u00e1s r\u00e1pido, de 100 millones en 1969 a 190 millones en 1973, alcanzando un 17.4% de crecimiento anual en un per\u00edodo de cuatro a\u00f1os. Por otra parte, la deuda externa proveniente de los bancos privados extranjeros creci\u00f3 hasta 42 millones de d\u00f3lares en 1973 y el servicio de esta deuda alcanz\u00f3 la suma de 130 millones. En 1973, el servicio de la deuda alcanz\u00f3 la suma de 130 millones. S\u00f3lo en ese a\u00f1o, el servicio de la deuda externa p\u00fablica y privada de 320 millones de d\u00f3lares represent\u00f3 el 26% de todas las divisas obtenidas en ese a\u00f1o. En 1977 el gobierno colombiano obtuvo pr\u00e9stamos por valor de mil millones de d\u00f3lares y de setecientos setenta para 1978. No hay programa alguno gubernamental que no tenga en una forma u otra capital imperialista, bien sea a trav\u00e9s de los organismos financieros internacionales, de los bancos privados de los pa\u00edses imperialistas o directamente de los gobiernos. Estos pr\u00e9stamos siguen exigiendo el mismo tipo de reformas. En 1930 el First National City Bank exig\u00eda un presupuesto equilibrado, la reforma de los sistemas de impuestos y de finanzas del Estado.<\/p>\n<p>    En 1974 el Banco Mundial demandaba las reformas que puso en marcha lo que el gobierno de L\u00f3pez Michelsen llam\u00f3 &#8220;la emergencia econ\u00f3mica&#8221; y los agentes del banco denominaron un programa &#8220;de estabilizaci\u00f3n&#8221; consistente en un presupuesto equilibrado, reforma del sistema de impuestos, eliminaci\u00f3n del control de precios y reducci\u00f3n de los subsidios concedidos por el Estado (78). En resumen, el capital financiero internacional, por intermedio del Estado, ha establecido en Colombia un poder financiero de capitalismo de Estado que se irriga por toda la econom\u00eda y pone a funcionar toda la sociedad alrededor de reformas orientadas primordialmente a garantizar tanto el pago de la deuda como nuevas importaciones de capital. Ser\u00eda conveniente una investigaci\u00f3n cuidadosa sobre este punto crucial: \u00bfcu\u00e1les son los problemas fundamentales del desarrollo que ha resuelto Colombia con el endeudamiento externo y con la gran inversi\u00f3n de capital durante los \u00faltimos sesenta a\u00f1os? Una cosa es cierta, Colombia no ha salido del subdesarrollo y no tiene esperanzas inmediatas de salir de \u00e9l. \u00bfNo se ha distanciado m\u00e1s Colombia de Estados Unidos, por ejemplo, de lo que estaba al comienzo de la estrategia de &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; auspiciada por el imperialismo, pedida y aceptada por el partido liberal y el partido conservador?<\/p>\n<p>    La formidable penetraci\u00f3n de capital financiero desde 1920 hasta hoy y su irrigaci\u00f3n por toda la econom\u00eda, acumulando m\u00e1s y m\u00e1s capital, sobre todo, por medio del inter\u00e9s, ha generado en el pa\u00eds todo el sector que gira alrededor de las finanzas y que era desconocido en Colombia, antes de la d\u00e9cada del veinte. Este sector financiero es el que hoy controla la econom\u00eda colombiana en asocio con el capitalismo de Estado, del cual ha provenido y del que es su sost\u00e9n. El poder del capital financiero ha desarrollado una concentraci\u00f3n extrema en las esferas de la Banca, de los seguros, de los fondos de inversi\u00f3n, y en la producci\u00f3n industrial y agr\u00edcola. La base de esta concentraci\u00f3n son los gigantescos grupos financieros que se dividen la econom\u00eda del pa\u00eds o, por lo menos, sus sectores m\u00e1s rentables y productivos. Cada grupo financiero est\u00e1 compuesto por uno o varios bancos, por compa\u00f1\u00edas de seguro de diferente tipo, por fondos de inversi\u00f3n, corporaciones de ahorro y vivienda y otras instituciones de tipo financiero. El crecimiento del sector financiero en el conjunto de la econom\u00eda puede medirse en diferente forma. Basten estos datos. De 1965 a 1975 las transacciones financieras crecieron en 164%. Mientras el sector agropecuario, industrial y de transportes crecieron a un promedio del 6% anual, el sector financiero creci\u00f3 a un 10.7%, pero su incremento total en este per\u00edodo fue el doble del de los dem\u00e1s sectores de la econom\u00eda (79). Cada uno de los grupos financieros posee una gran diversidad de conexiones con el capital financiero internacional, con los bancos norteamericanos y con las agencias prestamistas internacionales. El Banco del Comercio es controlado por el Chase Manhattan Bank y tiene influencia del Deutsche Sudamerikanische. El Banco de Bogot\u00e1 es controlado por el First National City Bank Overseas Corporation a trav\u00e9s de la Corporaci\u00f3n Financiera Colombiana, del Banco Mundial y del Manufactures Hanover Trust. El Banco de Colombia puede llegar a estar controlado por el Banco Franc\u00e9s Colombiano gracias al 20% de las acciones que le pertenecen. En realidad, el 38% de los recursos totales del sector financiero en 1976 proven\u00edan de cr\u00e9dito externo (80). Esta ha sido la consecuencia de que las medidas econ\u00f3micas, principalmente de los gobiernos del Frente Nacional, los programas y planes de desarrollo econ\u00f3mico, las reformas exigidas, en especial, por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Agencia Internacional para el Desarrollo y la Alianza para el Progreso hayan beneficiado a este sector financiero m\u00e1s que a ning\u00fan otro sector de la econom\u00eda. El Plan de Desarrollo llamado Las Cuatro Estrategias ha sido quiz\u00e1s el ejemplo m\u00e1s dram\u00e1tico de un programa de desarrollo exclusivamente ideado para fortalecer al m\u00e1ximo la concentraci\u00f3n del capital financiero sobre el fortalecimiento de un rengl\u00f3n de la econom\u00eda como es la construcci\u00f3n, pero que estaba dirigido a desarrollar todo un programa de inversiones financieras en las Corporaciones de Ahorro y Vivienda. El plan de las &#8220;Cuatro Estrategias&#8221; pone en ejecuci\u00f3n una teor\u00eda imperialista del desarrollo ideada por el primer agente del Banco Mundial en Colombia Mr. Lauchlin Currie, premiada por los organismos financieros internacionales.<\/p>\n<p>    El sector financiero de la econom\u00eda colombiana no es el resultado de lo que Lenin llama la &#8220;sobreabundancia de capital&#8221;, o sea, de un largo proceso de acumulaci\u00f3n de capital, de un gran desarrollo del comercio interior y de una madurez excesiva del desarrollo capitalista. El fortalecimiento y desarrollo de los grupos financieros, inmensamente concentrados y poderosos, es el producto de las grandes sumas de capital imperialista a trav\u00e9s del endeudamiento externo. Si el desarrollo del capital financiero en Colombia fuera el producto de su gigantesco desarrollo interno, este pa\u00eds ser\u00eda un pa\u00eds imperialista como cualquiera de los pa\u00edses del mundo en donde predomina el capital financiero producido por la acumulaci\u00f3n interna. \u00bfQu\u00e9 ha hecho el pa\u00eds con los ochenta y dos mil millones de pesos, o para ponerlo en t\u00e9rminos constantes, dos mil millones de d\u00f3lares largos que le ha prestado el Banco Mundial, desde 1949, de los cuales s\u00f3lo ha amortizado cuatrocientos treinta? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los mil quinientos ochenta y dos millones de d\u00f3lares? (81). El c\u00e1ncer que corroe sistem\u00e1ticamente la econom\u00eda de un pa\u00eds subdesarrollado es el capital financiero, un capital que, seg\u00fan Lenin, es esencialmente improductivo, usurero y parasitario. Una econom\u00eda que gire alrededor de este capital financiero, no tiene posibilidad de desarrollo. Lo \u00fanico que har\u00e1 consistir\u00e1 en aumentar sin fin las ganancias del capital financiero internacional, sin considerar m\u00e1s all\u00e1 de lo que tenga relaci\u00f3n con sus ganancias, el desarrollo interno del pa\u00eds. Como consecuencia de una econom\u00eda financiera, la sociedad funciona sobre la base de una gran suma de capital que trabaja exclusivamente con el inter\u00e9s en sus diversas formas. Entonces el capitalismo imperialista genera un sector gigantesco de la econom\u00eda, en relaci\u00f3n a los sectores productivos, separado cada vez m\u00e1s de la producci\u00f3n y cuyo capital es independiente de ella, fen\u00f3meno que no es propio del capitalismo sino del imperialismo. Una econom\u00eda de un pa\u00eds imperialista contrarresta los efectos de este &#8220;parasitismo&#8221;, como lo llama Lenin, con el dominio y el control de otras econom\u00edas en donde obtiene grandes ganancias, y a donde puede exportar sus contradicciones y sus crisis. Un pa\u00eds subdesarrollado no tiene posibilidades de contrarrestar la crisis, que se vuelve end\u00e9mica, permanente e irreversible, porque su caracter\u00edstica esencial consiste en su escasez de capital. Este car\u00e1cter de nuestra econom\u00eda lo llamamos neocolonial y es uno de los dos problemas centrales del pa\u00eds en asocio de la supervivencia y el poder del r\u00e9gimen de explotaci\u00f3n terrateniente.<\/p>\n<p>    La estructura industrial colombiana es el producto de tres fen\u00f3menos distintos. Primero, del desarrollo de una industria nacional entre 1910 y 1945, sin significativa inversi\u00f3n extranjera, sin estructura monopolista y concentrada en bienes de consumo (82). Segundo, de la toma que hacen los grandes monopolios, principalmente norteamericanos, de la industria m\u00e1s rentable, establecida antes de la segunda guerra mundial. Tercero, de la gran inversi\u00f3n de capital imperialista entre 1950 y 1970, pero sobre todo, entre 1969 y 1970, a\u00f1o en el cual ingresa a Colombia m\u00e1s del 70% de la inversi\u00f3n directa de todo este per\u00edodo (83). El primer fen\u00f3meno significa que la industrializaci\u00f3n colombiana fue de tipo nacional, es decir, no-monopolista, pero que se benefici\u00f3 de toda la inversi\u00f3n indirecta de capital financiero en los campos de los servicios y de la miner\u00eda tra\u00edda al pa\u00eds por el imperialismo norteamericano. El segundo fen\u00f3meno quiere decir que el imperialismo norteamericano permiti\u00f3 el desarrollo de la industria nacional, mientras no le era muy rentable y durante un tiempo en que la infraestructura de servicios no hab\u00eda alcanzado todav\u00eda los niveles exigidos por sus necesidades de dominaci\u00f3n, pero que una vez la industria nacional logr\u00f3 un relativo desarrollo y los sectores de servicios y de finanzas hab\u00edan logrado el grado exigido, los grandes monopolios industriales norteamericanos cayeron sobre ella. Casos muy obvios son los de la industria farmac\u00e9utica, de alimentos y del vidrio. El tercer fen\u00f3meno significa que no solamente los monopolios imperialistas se tomaron gran parte de la industria nacional, sino que iniciaron su propia producci\u00f3n directa en Colombia siguiendo la estrategia patrocinada por la CEPAL de la &#8220;substituci\u00f3n de importaciones&#8221;, pol\u00edtica que benefici\u00f3 ante todo los grandes monopolios de los pa\u00edses imperialistas. El resultado de estos tres fen\u00f3menos ha sido el de el surgimiento de una industria inmensamente concentrada y controlada por el imperialismo, bien sea a trav\u00e9s de la inversi\u00f3n directa, bien sea a trav\u00e9s del capital financiero. De las cien empresas m\u00e1s grandes del pa\u00eds, 34 son extranjeras, y el 51% de su capital proviene de sus casas matrices. Estas compa\u00f1\u00edas representan m\u00e1s del 36% de la producci\u00f3n industrial del pa\u00eds (84). Lo m\u00e1s importante es que el 81.5% de las compa\u00f1\u00edas extranjeras se concentra en la producci\u00f3n de bienes intermedios, sector que queda completamente controlado por el imperialismo. Este hecho proviene de que es el sector m\u00e1s rentable y m\u00e1s din\u00e1mico de la industria colombiana y tiene un alto grado de concentraci\u00f3n (85). El sector de la producci\u00f3n de bienes intermedios representa el 99% de la producci\u00f3n industrial del pa\u00eds. Es all\u00ed donde se concentra el capital imperialista y el capital monopolista colombiano. En el sector de la industria qu\u00edmica y metalmec\u00e1nica el control imperialista llega al sesenta y sesenta y cinco por ciento (86).<\/p>\n<p>    Un estudio elaborado por la Superintendencia de Sociedades demuestra que la industria colombiana no controlada directamente por el capital extranjero, ha venido organiz\u00e1ndose desde la d\u00e9cada del sesenta en grandes conglomerados y superconglomerados con dominio cada vez m\u00e1s grande sobre un n\u00famero crecido de sociedades. Estos conglomerados, entre los cuales figuran el de Bavaria, Coltejer, Postob\u00f3n, Cementos Argos, Avianca y otros, lograron el 20% de la producci\u00f3n total del pa\u00eds (87). Esto significa que entre 34 monopolios extranjeros y 20 conglomerados colombianos controlan casi el 60% de la producci\u00f3n industrial colombiana. Pero adem\u00e1s la concentraci\u00f3n por sectores resulta impresionante (88). El conglomerado Bavaria represent\u00f3 en 1975 el 58.8% de toda la producci\u00f3n de bebidas; Coltabaco, el 77.5% de la producci\u00f3n de la industria del tabaco; cuatro conglomerados de textiles el 32.4% de ese rengl\u00f3n; dos conglomerados de productos de vidrio el 74% (a su vez controlados por Bavaria y Postob\u00f3n); entre Cementos Samper, Cementos Argos y Eternit obtuvieron el 65.8% de toda la producci\u00f3n de minerales no met\u00e1licos. Pero si se examina el control interno de estos conglomerados se encuentran estos rasgos: a) una gran concentraci\u00f3n del poder en pocos accionistas, b) una \u00edntima conexi\u00f3n con el capital financiero imperialista, c) una expansi\u00f3n hacia la formaci\u00f3n de un conglomerado vertical y horizontal cada vez m\u00e1s extenso. Por ejemplo, en Coltejer, el 8.1 % de los accionistas pose\u00edan el 77% de las acciones (89). Y en el total de los conglomerados, el 1% de los accionistas pose\u00edan casi el 70% de las acciones (90). Ahora bien, la conexi\u00f3n con el capital financiero es \u00edntima, a trav\u00e9s de las corporaciones financieras, las compa\u00f1\u00edas de seguros y los Fondos de Inversi\u00f3n. Por ejemplo, la Compa\u00f1\u00eda Suramericana de Seguros posee intereses en los conglomerados Coltejer, Postob\u00f3n, Cementos Argos, Coltabaco, Fabr\u00edcalo, Tejic\u00f3ndor lo cual significa que ella sola posee el control del 38.9% del capital de los conglomerados. Pero el superconglomerado Bavaria posee poder sobre 72 empresas directamente y sobre muchas m\u00e1s a trav\u00e9s del control que ejerce sobre un conglomerado Colinsa que tiene inversiones en m\u00e1s de dieciocho empresas financieras (91). Toda esta conexi\u00f3n entre los monopolios industriales y el sector financiero, sin tener en cuenta el cr\u00e9dito, liga los monopolios colombianos al capital financiero internacional y lo hace depender para su subsistencia del endeudamiento externo.<\/p>\n<p>    A principios del siglo XX Colombia era un pa\u00eds sin v\u00edas de comunicaci\u00f3n, sin servicios de agua, luz y alcantarillado, sin industria, sin un sector financiero en la econom\u00eda, sin un sistema de transporte establecido. La revoluci\u00f3n democr\u00e1tica y la lucha por consolidarla a trav\u00e9s del siglo XIX hab\u00edan fracasado. Las fuerzas que siempre estuvieron contra ella y las que la traicionaron en las dos \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo, impidieron que se diera el desarrollo del capitalismo sobre bases nacionales. Fue el imperialismo el que se apoder\u00f3 de ese proceso entre 1910 y 1940, le dio su car\u00e1cter de dominaci\u00f3n imperialista y estructur\u00f3 una econom\u00eda que dejar\u00eda intacto el r\u00e9gimen terrateniente e impulsar\u00eda el fortalecimiento y predominio del sector financiero sobre una industria altamente monopolizada, rasgos de la estructura econ\u00f3mica colombiana, \u00edntimamente ligados. Despu\u00e9s de setenta anos de &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; por endeudamiento externo, el r\u00e9gimen de monopolio terrateniente en el campo, con una agricultura atrasada, ineficiente, en permanente retroceso ante las necesidades de alimentaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n, con un minifundio persistente, con millones y millones de hect\u00e1reas sin cultivo, con toda clase de formas atrasadas de producci\u00f3n desde las m\u00e1s primitivas hasta las en v\u00eda de transici\u00f3n hacia formas capitalistas, no solamente se mantiene a pesar de la transformaci\u00f3n de toda la econom\u00eda, sino que mantiene su poder pol\u00edtico inc\u00f3lume y se erige como obst\u00e1culo gigantesco al desarrollo de las fuerzas productivas en el pa\u00eds. El imperialismo se ha lucrado en infinidad de formas de este atraso de la agricultura, uno de cuyos aspectos m\u00e1s importantes es el de haber impedido en esta forma que el pa\u00eds desarrolle sus fuerzas econ\u00f3micas, resultado de lo cual habr\u00eda sido la colisi\u00f3n irreversible con la explotaci\u00f3n que ejerce el imperialismo sobre nuestro pa\u00eds. El imperialismo ha mantenido a los terratenientes, ha mantenido el monopolio improductivo de la propiedad de la tierra, se ha apoyado en el poder pol\u00edtico de esta clase con un car\u00e1cter feudal, pero ha sabido, a trav\u00e9s del capital financiero, incorporar esa econom\u00eda a su explotaci\u00f3n imperialista, ha puesto los terratenientes a utilizar su capital y ha impulsado en la econom\u00eda feudal del pa\u00eds lo que Lenin llam\u00f3 &#8220;un desarrollo junker del capitalismo&#8221;, del que s\u00f3lo se benefician los terratenientes y, mediante \u00e9stos, el imperialismo. Al imperialismo le es necesario en estos pa\u00edses este tipo de desarrollo del capitalismo que no destruye el r\u00e9gimen feudal, pero le permite lucrarse de la utilizaci\u00f3n que hacen del capital financiero (92). Pero al mismo tiempo que la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; imperialista por v\u00eda del endeudamiento externo logr\u00f3 preservar el r\u00e9gimen terrateniente, produjo en Colombia la contradicci\u00f3n entre una econom\u00eda monopolista de tipo capitalista y otra no-monopolista, o sea, una contradicci\u00f3n generada por el capital monopolista y el no monopolista. Esto quiere decir que el imperialismo, al generar una econom\u00eda basada en el capitalismo monopolista de Estado, en el sector financiero y en la industria monopolista, dio origen a dos tipos de capitalismo, uno monopolista y otro no-monopolista. Al capitalismo monopolista lo llamamos capitalismo imperialista y al capitalismo no monopolista lo denominamos capitalismo nacional. El capitalismo imperialista es el que tiene su base econ\u00f3mica en el endeudamiento externo y que toma la forma de las tres caracter\u00edsticas que hemos se\u00f1alado en los p\u00e1rrafos anteriores. El capitalismo nacional es el que depende de la peque\u00f1a y mediana producci\u00f3n, bien sea industrial o agr\u00edcola de tipo capitalista. La contradicci\u00f3n que existe entre estos dos capitalismos radica en la oposici\u00f3n del capital monopolista con el capital no-monopolista, al margen de la conciencia que de esta contradicci\u00f3n posean las clases sociales due\u00f1as de los dos tipos de capital, o sea, independientemente de la conciencia que tenga la gran burgues\u00eda burocr\u00e1tica y financiera, por una parte, y la burgues\u00eda nacional, por otra.<\/p>\n<p>    Lo esencial de todo este an\u00e1lisis es se\u00f1alar que la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; imperialista no ha modificado el atraso del pa\u00eds. Colombia vive un adelanto artificial, alimentado por el capitalismo imperialista. Las consecuencias de la estructura monopolista para la econom\u00eda han sido extremadamente graves: a) desde el punto de vista financiero, de producci\u00f3n, de mercado y de tecnolog\u00eda, el capitalismo imperialista no tiene competencia y controla todos los sectores; b) el crecimiento de las fuerzas productivas y del mercado interior ha sido extremadamente lento; la industria colombiana depende casi exclusivamente de divisas para su desarrollo, lo cual significa no poder prescindir del capital imperialista; el desarrollo del sector de bienes intermedios en forma monopol\u00edstica mantiene el nivel de baja producci\u00f3n y productividad y obstaculiza el desarrollo de los dem\u00e1s sectores de la econom\u00eda; la econom\u00eda ha sufrido de una permanente estrechez de mercado que no podr\u00e1 ser superada supuestamente por la llamada &#8220;integraci\u00f3n andina&#8221; o &#8220;integraci\u00f3n latinoamericana&#8221;, basada en el capital imperialista, el cual ha producido estos efectos en cada pa\u00eds y los va a reproducir a nivel continental; el mercado interno no ha logrado el punto fundamental del desarrollo capitalista nacional que radica en el m\u00e1s r\u00e1pido crecimiento de la producci\u00f3n de bienes de capital, o sea, de capital constante para que se d\u00e9 el desarrollo progresivo de la divisi\u00f3n del trabajo; c) la clave de la econom\u00eda colombiana sigue siendo la agricultura y el capital imperialista no ha hecho sino sacar ventaja del atraso, la opresi\u00f3n y la quiebra de la econom\u00eda colombiana para apoderarse de sus sectores m\u00e1s din\u00e1micos; d) el consumo, la instalaci\u00f3n de las empresas imperialistas en Colombia, el desarrollo del sector financiero, todo esto no ha hecho sino instaurar la explotaci\u00f3n de Estados Unidos sobre Colombia, benefici\u00e1ndose de su mano de obra barata, del bajo precio de la tierra, de sus materias primas y del alto costo del capital. Ha sido y es la realidad de la dominaci\u00f3n imperialista.<\/p>\n<p>    La interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre la etapa que vive Colombia en el siglo XX que acabamos de hacer nos lleva a sacar algunas conclusiones fundamentales. Primero, el car\u00e1cter del siglo XX en Colombia est\u00e1 determinado por la dominaci\u00f3n del imperialismo norteamericano sobre nuestra patria, as\u00ed como el car\u00e1cter del siglo XIX hab\u00eda sido determinado por la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica y por la lucha que gener\u00f3 su desarrollo hasta el fracaso definitivo de su culminaci\u00f3n despu\u00e9s de 1880. Segundo, la dominaci\u00f3n imperialista sobre Colombia es un proceso que se inicia con el robo que ejecutan los Estados Unidos del Canal y con la independencia de Panam\u00e1, pero que se extiende hasta la d\u00e9cada del cincuenta, cuando el imperialismo norteamericano logra un control completo de la econom\u00eda colombiana mediante un poderoso sistema financiero y estatal. En este proceso el instrumento eficaz para imponer la dominaci\u00f3n es el Estado. Por esta raz\u00f3n los esfuerzos del imperialismo norteamericano se encaminan a obtener una r\u00e1pida &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; del Estado, cuyo contenido consiste en la transformaci\u00f3n de un Estado de forma burguesa y contenido feudal en un Estado de forma burguesa y de contenido de capitalismo monopolista de Estado. El imperialismo es esencialmente una dominaci\u00f3n exterior, de tipo econ\u00f3mico, de pa\u00eds a pa\u00eds, de Estado a Estado, y no simplemente la extensi\u00f3n de la explotaci\u00f3n capitalista de la plusval\u00eda como lo sugieren las concepciones burguesas y trotskistas. El papel del gobierno y la diplomacia norteamericana en el dise\u00f1o de una estrategia de dominaci\u00f3n y en el apoyo incondicional a los sectores privados que la llevan a cabo, no es sino la muestra palpable del proceso imperialista. Tercero, es el Estado colombiano el que pone en ejecuci\u00f3n los planes de construcci\u00f3n de la infraestructura econ\u00f3mica y de formaci\u00f3n acelerada de una estructura financiera, sin las cuales el imperialismo no puede exportar su capital a Colombia y generar en ella sus ganancias. No todos los atentados contra la soberan\u00eda nacional, como el robo del Canal, la toma de la industria petrolera, el enclave bananero de la United Fruit Company, le dieron en 1903 o en 1920 o en 1930 un control completo de la econom\u00eda al imperialismo. Este control se lo dan el sector financiero, el endeudamiento externo y los planes econ\u00f3micos del Estado. Cuarto, este fen\u00f3meno es lo que explica por qu\u00e9 es el partido liberal el que aparece como el sector &#8220;modernizante&#8221; del Estado y el que impulsa aceleradamente el capitalismo monopolista de Estado, mientras el partido conservador se divide en un sector que decididamente se pone con la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; y otro que no entra sino por la fuerza de los hechos, despu\u00e9s de una enconada lucha de casi medio siglo. La lucha entre los partidos liberal y conservador en el siglo XX es una lucha cuyo contenido es completamente diferente a la lucha que estos dos partidos libraron en el siglo pasado. El resultado de la lucha entre ellos ha sido el Frente Nacional, despu\u00e9s de que cambiaron de car\u00e1cter en distintas \u00e9pocas de este siglo y despu\u00e9s de que intentaron formarlo en diferentes oportunidades. Este punto es el que pasamos a examinar a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>(1)Ver, por ejemplo, Jorge Orlando Melo, &#8220;La rep\u00fablica conservadora&#8221;, en Colombia hoy, Siglo XXI Editores, Bogot\u00e1, 1978; Gerardo Molina, Las ideas liberales en Colombia, 1849-1914; Alberto Lleras, &#8220;Aquileo Parra&#8221;, Escritos Selectos, Instituto Colombiano de Cultura, Bogot\u00e1, 1976; Indalecio Li\u00e9vano Aguirre, Rafael N\u00fa\u00f1ez, Segundo Festival del Libro Colombiano, Bogot\u00e1 1960; Nieto Arteta, Econom\u00eda y cultura en la historia de Colombia, Ediciones Tercer Mundo, Bogot\u00e1, 1962.<\/p>\n<p>(2)Ver \u00c1lvaro Tirado Mej\u00eda, &#8220;Colombia: Siglo y medio de bipartidismo&#8221;, en Colombia hoy. Siglo XXI Editores. Bogot\u00e1, 1978; Tirado Mej\u00eda, Aspectos sociales d\u00e9 las guerras civiles en Colombia, Instituto Colombiano de Cultura, Biblioteca B\u00e1sica Colombiana, Bogot\u00e1, 1976.<\/p>\n<p>(3) Tirado Mej\u00eda, Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia, p. 28, nota.<\/p>\n<p>(4) Tirado Mej\u00eda, &#8220;Colombia; Siglo y medio de bipartidismo&#8221;, op. Cit., p. 115.<\/p>\n<p>(5) Ibid., p. l20.<\/p>\n<p>(6) Tirado Mej\u00eda, Ibid.; Marco Fidel Su\u00e1rez, Sue\u00f1os de Luciano Pulgar, Editorial Voluntad, Bogot\u00e1, 1940, V. II.<\/p>\n<p>(7) Pedro Ferm\u00edn de Vargas, Pensamientos pol\u00edticos sobre la agricultura, comercio y minas del Virreynato de Santa Fe de Bogot\u00e1 y memoria sobre la poblaci\u00f3n del Nuevo Reino de Granada, Universidad Nacional de Colombia, Bogot\u00e1, 1968. p. 100.<\/p>\n<p>(8) Jos\u00e9 Ignacio de Pombo, &#8220;Informe del Real Consulado de Cartagena de Indias a la Suprema Junta Provincial de la misma&#8221;, en Sergio El\u00edas Ortiz (recopilador), Escritos de dos economistas coloniales, Publicaciones del Banco de la Rep\u00fablica, Bogot\u00e1, 1965, p. 138.<\/p>\n<p>(9) Antonio Nari\u00f1o, Ensayo sobre el nuevo plan de administraci\u00f3n en el Nuevo Reino de Granada, Ministerio de Trabajo, Bogot\u00e1, 1960.<\/p>\n<p>(10)  Ver Eduardo Pe\u00f1a Consuegra, El origen de la burgues\u00eda en Colombia, Ediciones Los Comuneros, Bogot\u00e1, 1976, Cap. V.<\/p>\n<p>(11) Lenin, &#8220;Carlos Marx&#8221;, en Marx, Engels, Marxismo, Editorial Progreso, Mosc\u00fa, 1967, p.21.<\/p>\n<p>(12) Ver Melo, op. cit.; Kalmanovitz, La transici\u00f3n seg\u00fan McGreevy: una posici\u00f3n alternativa, mime\u00f3grafo; Dar\u00edo Bustamante, &#8220;Efectos del papel moneda durante la Regeneraci\u00f3n&#8221;, Cuadernos Colombianos, MedelI\u00edn, No.4.<\/p>\n<p>(13) Foci\u00f3n Soto, Memorias sobre el movimiento de resistencia a la dictadura de Rafael N\u00fa\u00f1ez, 1884-1885, Arboleda y Valencia, Bogot\u00e1. 1913. p. 27. Dice Soto-.&#8221;&#8230;las autoridades colombianas nu\u00f1istas auxiliaron y apoyaron este inaudito atentado contra nuestra soberan\u00eda y m\u00e1s tarde el gobierno del doctor N\u00fa\u00f1ez dio las gracias por \u00e9l al de los Estados Unidos. Pero cuando la historia haya de pronunciar su fallo ineludible sobre el doctor N\u00fa\u00f1ez, acaso lo absuelva de su insaciable ambici\u00f3n, del peculado, de la corrupci\u00f3n establecida por sistema con el nombre de apaciguamiento, del odio que profesa a todo hombre digno y honrado; pero nunca lo absolver\u00e1 de la infamia con que ha cubierto a la naci\u00f3n, mendigando el apoyo extranjero para levantar la horca, proscrita en este pa\u00eds desde el tiempo de la Colonia y detestada por la civilizaci\u00f3n moderna&#8221;.<br \/>\n(14) Rafael Uribe Uribe, Discursos parlamentarios. Congreso de 1896, Imprenta y Librer\u00eda de Medardo Rivas, Bogot\u00e1, 1897.<\/p>\n<p>(15) Li\u00e9vano Aguirre se convirti\u00f3 en el palad\u00edn de las causas perdidas en la historia de Colombia. As\u00ed como defiende a Bol\u00edvar en sus posiciones francamente probrit\u00e1nicas, es el resucitador del esp\u00edritu autoritario de un N\u00fa\u00f1ez. En esta forma es un verdadero Ide\u00f3logo del nuevo liberalismo del siglo XX, el cual le permite ponerse en contra de toda la causa de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, renegar de lo que ella represent\u00f3 en el siglo XIX y servir de modelo a todos los historiadores que pretenden ser marxistas y que repiten las tesis reaccionarias de Li\u00e9vano. En el caso del &#8220;monro\u00edsmo&#8221;, Li\u00e9vano sale en defensa del colonialismo brit\u00e1nico, de la reacci\u00f3n representada en la Santa Alianza y opuesta a Estados Unidos, pa\u00eds que, en el momento de enunciarse la doctrina Monroe, estaba en las mismas condiciones que los pa\u00edses latinoamericanos. Ver Indalecio Li\u00e9vano Aguirre, Bolivarismo y monroismo, Editorial Revista Colombiana Uda., Bogot\u00e1, 1969, Cap. III. Ver Gordon Connell-Smith. The United States and Latin America. An Historical Analysis of Inter-American Relations, Heinemann Educational Books, London, 1874, principalmente Caps. 2 y 3.<\/p>\n<p>(16) Ver en Nieto Arteta, Econom\u00eda y cultura en la historia de Colombia, Ediciones Tercer Mundo, pp. 359-361 y en Luis Ospina V\u00e1squez, Industria y protecci\u00f3n en Colombia, Editorial Santa Fe, Medellin, pp. 215 y 244, los datos sobre comercio exterior durante el siglo XIX. Ver An\u00edbal Galindo, &#8220;Historia del la deuda extranjera&#8221;, Estudios econ\u00f3micos y fiscales, Anif-Colcultura, Bogot\u00e1, 1978. Para las relaciones de Estados Unidos e Inglaterra con Am\u00e9rica Latina, ver J. Fred Rippy, La rivalidad entre Estados Unidos y Gran Breta\u00f1a por Am\u00e9rica Latina (1808-1830), Eudeba, Buenos Aires, 1967. La tesis de que Colombia siempre ha sido &#8220;dependiente&#8221; no tiene piso te\u00f3rico ni emp\u00edrico en el marxismo. Es m\u00e1s bien el fruto de posiciones rom\u00e1nticas sobre la historia de Colombia en el siglo XIX, auspiciadas principalmente por autores de la &#8220;nueva historia&#8221;, influidas por los &#8220;dependentistas&#8221; latinoamericanos, y que est\u00e1n orientadas a desvirtuar el proceso de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica en Colombia y a absolver de responsabilidad al partido liberal en este proceso. Los responsables, de acuerdo a esta teor\u00eda, del atraso del pa\u00eds no ser\u00edan ni los liberales, en cuyas manos estaba el proceso de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, ni los conservadores, que siempre se opusieron a \u00e9l, sino el pretendido imperialismo ingl\u00e9s, a trav\u00e9s del intercambio desigual. No puede atribu\u00edrsele al intercambio comercial, por desigual que haya sido, el poder de controlar una econom\u00eda, a no ser que cuente con el apoyo de la fuerza militar o del capital financiero. Durante el siglo XIX no hubo invasi\u00f3n militar ni toma pol\u00edtica por parte de Inglaterra ni de ninguna otra potencia extranjera. Y, por otra parte, el capital financiero, as\u00ed fuera incipiente, no cont\u00f3 con la fuerza suficiente para imponer su tipo de dominaci\u00f3n indirecta. La deuda colombiana del siglo pasado con Inglaterra difiere, por su car\u00e1cter y por la naturaleza del capital, completamente, del endeudamiento que inicia el pa\u00eds desde 1922 y que se viene incrementando constantemente desde entonces. No puede hablarse de capital financiero en Colombia sino hasta la \u00e9poca de la llamada &#8220;danza de los millones&#8221; en adelante. En este sentido resulta incongruente, por decir lo menos, que Dar\u00edo Bustamante hable de capital financiero durante la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. Op. cit., pp. 576 y ss.<\/p>\n<p>(17) Enrique Olaya Herrera, &#8220;Una independencia que peligra&#8221;, en Oradores liberales, Selecci\u00f3n Samper Ortega, Editorial Minerva, Bogot\u00e1, 1937, p. 223,<\/p>\n<p>(18) Ibid., p.206.<\/p>\n<p>(19) Stephen J. Randall, The Diplomacy of Modernization: Colombian-American Relations, 1920-1940. University of Toronto Press, Toronto y Buffalo, 1976, pp. 5-8. Este libro nos servir\u00e1 de fuente principal para el an\u00e1lisis del comienzo de la dominaci\u00f3n imperialista en Colombia. El detallado recuento de las relaciones colombo-norteamericanas supera el de cualquier otro libro escrito al respecto.<\/p>\n<p> (20) Lenin, &#8220;Reuni\u00f3n de los funcionarios del Partido de Mosc\u00fa: Informe sobre la actitud del proletariado ante la democracia peque\u00f1o-burguesa&#8221;. Obras Completas, t. XXVIII,<\/p>\n<p>(21) R\u00e1hdall, op. cit., p\u00e1g. 7.<\/p>\n<p>(22)&#8221;La pol\u00edtica del buen vecino&#8221;, en Obras Selectas, C\u00e1mara de Representantes, Bogot\u00e1, 1979, p\u00e1g. 86; ver Randall. op. cit., p\u00e1g. 36.<\/p>\n<p>(23) Eduardo Santos, &#8220;El liberalismo y el pueblo&#8221;, El Tiempo, 15 de diciembre de 1928.<\/p>\n<p>(24) Carta de Alfonso L\u00f3pez a Nemesio Camacho, abril 25 de 1928, en Alfonso Romero Aguirre, Ayer, hoy y ma\u00f1ana del liberalismo colombiano, Editorial ABC, Bogot\u00e1, 1972. p\u00e1g. 341-343. Ver texto completo en la Tercera Parte de este libro.<\/p>\n<p>(25) Randall, op. cit., p\u00e1gs- 7-10 y passim. Dice Randall: &#8220;Los objetivos del embajador Caffery representaban uno de los blancos vitales del Departamento de Estado en los a\u00f1os de Hoover-Roosevelt: un ambiente en Am\u00e9rica Latina favorable a la inversi\u00f3n norteamericana y una comunidad inversionista sensible a las condiciones locales&#8221;, op. cit., p\u00e1g.66.<\/p>\n<p>(26) Citas y datos tomados de Jorge Villegas y Jos\u00e9 Yunis, 1900-1924. Sucesos colombianos, Universidad de Antioquia, CIE, 1976, p\u00e1gs. 30, 39, 98.<\/p>\n<p>(27) Citado por Jorge S\u00e1nchez Camacho, Marco Fidel Su\u00e1rez, biograf\u00eda, Imprenta del Departamento, Bucaramanga, 1955, p\u00e1g. 125.<\/p>\n<p>(28)  Manuel Monsalve, Colombia: Posesiones presidenciales: 1810-1954, Editorial Iqueima, Bogot\u00e1, 1954, p\u00e1g. 373.<\/p>\n<p>(29) Randall, op. cit., p\u00e1g. 11 y 56.<\/p>\n<p>(30) Enrique Olaya Herrera, &#8220;Conferencia sobre los problemas econ\u00f3micos de Colombia&#8221;, El Tiempo, 30 de enero de 1930. Ver texto completo en la Antolog\u00eda, Tercera Parte.<\/p>\n<p>(31) Randall, op. cit., p\u00e1g. 179, nota 42.<\/p>\n<p>(32) Randall, op. cit., p\u00e1g. 6.<\/p>\n<p>(33) Los datos principales sobre el proceso de negociaci\u00f3n del Tratado Reciproco de Comercio est\u00e1n sacados del libro de Randall, op. cit., caps. 1 y 2.<\/p>\n<p>(34) Randall, op. cit., p\u00e1g. 22.<\/p>\n<p>(35) Ibid.. p\u00e1g. 35.<\/p>\n<p>(36) Ibid., p\u00e1g. 48.<\/p>\n<p>(37) &#8220;Convenio comercial entre Colombia y los Estados Unidos de Am\u00e9rica&#8221;, en Eduardo Guzm\u00e1n Esponda, Tratados y convenio\u00bb de Colombia: 1910-1938,-Imprenta Nacional, Bogot\u00e1, 1939.<\/p>\n<p> (38) Randall, op. cit., p\u00e1g. 54.<\/p>\n<p>(39) &#8220;Otra oportunidad que puede perderse&#8221;, El Diario Nacional, 6 de julio de 1922.<\/p>\n<p>(40) &#8220;Frente al progreso&#8221;, El Espectador, agosto 23 de 1922.<\/p>\n<p>(41) Ibid.<\/p>\n<p>(42) &#8220;Veamos de ser claros&#8221;, El Espectador, agosto 21 de 1922.<\/p>\n<p>(43) &#8220;Al doctor Alfonso L\u00f3pez&#8221;, El Espectador, agosto 22 de 1922.<\/p>\n<p>(44) &#8220;Ante el capital extranjero&#8221;. El Diario Nacional, 4 de julio de 1922.<\/p>\n<p>(45) &#8220;Editorial&#8221;, El Diario Nacional, 27 de febrero de 1922.<\/p>\n<p>(46) Ibid.<\/p>\n<p>(47) Ver Randall, op. cit., cpts. 3, 4 y 8<\/p>\n<p>(48) Fred. J. Rippy, El capital norteamericano y la penetraci\u00f3n imperialista en Colombia. Editorial La Oveja Negra, Medell\u00edn, 1970, p\u00e1gs. 198-201.<\/p>\n<p>(49) Ver el cuadro completo de los empr\u00e9stitos con todos los datos de destinatario, cantidad, fecha, plazo, inter\u00e9s y objetivo, en Rippy, op. cit., p\u00e1g. 190.<\/p>\n<p>(50) Ibid., p\u00e1g. 189.<\/p>\n<p>(51) Cit. por Randall, op. c!t., p\u00e1g. 62.<\/p>\n<p>(52) Citado por Randall, op. cit., p\u00e1g. 57.<\/p>\n<p>(53) La misi\u00f3n Kemmerer fue la m\u00e1s importante de una serie de misiones norteamericanas de asesor\u00eda econ\u00f3mica y financiera que envi\u00f3 Estados Unidos a los pa\u00edses subdesarrollados despu\u00e9s de la primera guerra mundial. Sus objetivos fundamentales eran los de consolidar \u00e1reas de expansi\u00f3n econ\u00f3mica y comercial, asegurarse un abastecimiento de materias primas dentro del consorcio mundial y contrarrestar la influencia de Inglaterra espec\u00edficamente en Am\u00e9rica Latina. Este \u00faltimo objetivo era el m\u00e1s importante de los de la misi\u00f3n Kemmerer. En 1913 las inversiones inglesas en la regi\u00f3n eran de US$ 531.5 millones y las de Estados Unidos US$ 72 millones. Para 1929 las inversiones inglesas no hab\u00edan crecido sino un 13.6 por ciento, mientras las norteamericanas hab\u00edan aumentado un 1241 por ciento. Ver Robert Seidel, &#8220;American Reformers Abroad: The Kemmerer Missions in South America, 1923-1931&#8221;, The Journal of Economlc History, VoL XXXII. No. 2, junio 1972.<\/p>\n<p>(54) Olaya Herrera, op. cit. Era tal la presi\u00f3n de los norteamericanos para lograr las reformas que dieran paso al establecimiento del sector financiero, que el embajador Cafferey cuenta que Kemmerer sugiri\u00f3 a Olaya la expedici\u00f3n de la ley sobre la banca central, aunque contraviniera las disposiciones legales-.Seidel, op. cit., p\u00e1g. 530.<\/p>\n<p>(55) Max Weber, Econom\u00eda y sociedad, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1964, 2 vol\u00famenes.<\/p>\n<p>(56)Ver Talcott Parsons, &#8220;Introduction&#8221;, en Max Weber, The Theory of Social and Economic Organization, The Free Press, New York; Talcott Parsons and Edward Shils, Toward a General Theory of Action, Cambridge, Mass., 1951.<\/p>\n<p>(57) W.W. Rostow, The Stages of Economic Growth: A Non-Communist Manifiesto, New York, 1952; ver tambi\u00e9n, una s\u00edntesis en &#8220;The Take- off into Selfsustained Growth&#8221;, en Jason Finkle and Richard Gable, ed., Political Development and Social Change, John Wiley and Sons, Inc., New York, 1966, p\u00e1gs. 233-253.<\/p>\n<p>(58) Max F. Millikan and Donaid L. M. Blackmer, ed., The Emerging Nations: Their Growth and United States Policy, Little Brown and Company. Bost\u00f3n, 1961, p\u00e1gs. 46-53. Entre los autores del informe est\u00e1n personajes como Ithiel de Sola Pool, Everet Hagen, Luc\u00edan W. Pye, Walt W. Rostow, Daniel Lerner. La literatura imperialista norteamericana sobre estos asuntos, desde el punto de vista te\u00f3rico y aplicado es inmensa, como es de suponer. Me permito citar algunas obras que han determinado la pol\u00edtica norteamericana en muchos aspectos. Daniel Lerner, The Passing of Traditional Society, The Free Press, New York, 1958; Everet E. Hagen, On the Theory of Social Change, Homewood, Ill, Doresey Press, 1962; David McClelland, The Achieving Society, Van Nostrand Co., Princeton, 1961; S. Kuznet et. al., Economic Growth: Brazil, India, Japan, Durham, N.C., 1955; Gabriel Almond and James Coleman, The Politics o\u00ed the Developing Areas, Princeton, 1960; Lucian W. Pye, Aspects of Political Development, Little Brown, Bost\u00f3n, 1966; Gabriel Almond and Sidney Verba, The Civic Culture, Princeton University Press, Princeton, 1963; David Apter, The Politics of Modernization, The University of Chicago Press, Chicago, 1965; Bert F. Hoselitz et. al., The Theories of Economic Growth, Free Press, Glencoe, Ill., 1960; Jason L. Finkle and Richard W. Gable, ed., Political Development and Social Change, John Wiley and Sons, Inc, New York, 1966; Kart W. Deutsch, The Nerves of Government: Models of Political Communication and Control, Free Press, Glencoe, Ill., 1963; Joseph La Palombara, ed., Bureaucracy and Political Development, Princeton University Press, Princeton, 1964; Cyril E. Black, The Dynamics of Modernization: A Study in Comparative History, Harper and Row, New York, 1966.<\/p>\n<p>(59) Op. cit., p\u00e1gs. 53-70 y 156-159.<\/p>\n<p>(60) David Apter, The Politics of Modernization, The University of Chicago Press, Chicago, 1967.<\/p>\n<p>(61) Randall, op. cit., p\u00e1g. 189, nota 2.<\/p>\n<p>(62) Ibid., p\u00e1g. 61.<\/p>\n<p>(63) Ibid., p\u00e1gs. 63-64.<\/p>\n<p>(64) Ibid., p\u00e1g. 66.<\/p>\n<p>(65) Ibid., p\u00e1g. 68.<\/p>\n<p>(66) Ibid., p\u00e1g. 80. Seria interesante profundizar en las relaciones de Olaya con la United Fruit Company y en las contradicciones que surgieron posteriormente entre la United y Alfonso L\u00f3pez Pumarejo. Olaya, por ejemplo, hace un contrato con la United para no modificarle el impuesto sobre el banano de exportaci\u00f3n durante un per\u00edodo de veinte a\u00f1os, aun contraviniendo los consejos de su asesor Kemmerer, quien ve\u00eda en la United una de las pocas fuentes importantes de tributaci\u00f3n de la que estaba necesitado el gobierno colombiano para responder por la deuda externa.. Ver Seidel, op. cit., p\u00e1g. 531.<\/p>\n<p>(67) Ver, por ejemplo, Dar\u00edo Mesa, Ensayos sobre historia contempor\u00e1nea de Colombia, p\u00e1gs. 47-48,134-138 y passim, La Carreta, Bogot\u00e1, 1977; Mario Arrubla, en Colombia hoy, op. cit.; Ignacio Torres Giraldo, S\u00edntesis de historia pol\u00edtica de Colombia, Edit. Margen Izquierdo, Bogot\u00e1, 1972; Molina tiene una posici\u00f3n bien curiosa. Su apasionada defensa de L\u00f3pez le hace reconocer que no tuvo nada de revolucionario y que lo calumnian quienes lo llamaron socialista y dice: &#8220;Lo que le confiere a \u00e9l jerarqu\u00eda especial entre los pol\u00edticos colombianos de esa \u00e9poca fue el no haberse declarado nunca anticomunista&#8221;. \u00bfNo ser\u00eda, precisamente, con el objeto de poder neutralizar a los &#8220;comunistas&#8221; de la \u00e9poca y ponerlos a la cola del partido liberal, como efectivamente lo logr\u00f3? Ver Molina, Las ideas liberales en Colombia. De 1935 a la iniciaci\u00f3n del Frente Nacional, Editorial Tercer Mundo, Bogot\u00e1, 1977, p\u00e1g. 96.<\/p>\n<p>(68) Torres Giraldo, op. cit., p\u00e1g. 80.<\/p>\n<p>(69) Randall, op. cit., cpt. 5; Jorge Villegas, Petr\u00f3leo, oligarqu\u00eda e imperio, Ediciones Tercer Mundo, 3a. edici\u00f3n, Bogot\u00e1, 1975, p\u00e1gs. 200-216. Villegas relata el robo de la familia L\u00f3pez de 150.000 hect\u00e1reas de terrenos petrol\u00edferos, una de las causas que llevaron a L\u00f3pez a lograr la ley 160.<\/p>\n<p>(70) Ver texto del Convenio, op. cit.,<\/p>\n<p>(71) En la misma nota ya citada de Bert L. Hunt a Grosvenor Jones, se dice: &#8220;La impresi\u00f3n que tuve durante todas las negociaciones fue la de que el detener los pr\u00e9stamos a Colombia prestar\u00eda un gran servicio a ambos gobiernos, y creo sinceramente que la publicaci\u00f3n de la Circular previno p\u00e9rdidas futuras a los ciudadanos norteamericanos de varias decenas de millones de d\u00f3lares y logr\u00f3 ahorrarle al gobierno colombiano un peso mucho mayor de endeudamiento del que actualmente lleva&#8221;. Citado por Randall, op. cit., p\u00e1g. 61.<\/p>\n<p>(72) Randall, op. cit., p\u00e1g. 81. La influencia de Roosevelt en L\u00f3pez tambi\u00e9n la consigna Molina, op. cit.; Lleras Restrepo dice al respecto: &#8220;El pensamiento y la acci\u00f3n tanto econ\u00f3mica como pol\u00edtica y social del presidente Roosevelt debieron tener un influjo muy grande, no s\u00f3lo en la orientaci\u00f3n de la administraci\u00f3n Olaya, a partir de 1933, sino tambi\u00e9n en las de L\u00f3pez Pumarejo&#8221;. Y hace un recuento de los puntos en que L\u00f3pez imit\u00f3 a Roosevelt. Borradores para una historia de la rep\u00fablica liberal, Editora Nueva Frontera, Bogot\u00e1, 1975, p\u00e1gs. 128-129.<\/p>\n<p>(73) Villegas, op. cit., p\u00e1g. 187.<\/p>\n<p>(74) Ibid., p\u00e1g. 188.<\/p>\n<p>(75) Ra\u00fal Fern\u00e1ndez, The Development of Capitalism in Colombia, manuscrito, Irvine, California, 1978; Rippy, op. cit., p\u00e1g. 188.<\/p>\n<p>(76) Fern\u00e1ndez, op. cit., cpt. IV; ver Oscar Rodr\u00edguez, Efectos de la gran depresi\u00f3n sobre la industria colombiana, Ediciones El Tigre de Papel, Bogot\u00e1, 1973; Gabriel Poveda Ramos, &#8220;Historia de la industria en Colombia&#8221;, Revista Trimestral, ANDI, No. 11, 1970, p\u00e1gs. 41-55.<\/p>\n<p>(77) Jorge Villegas y Jos\u00e9 Yunis, op. cit., p\u00e1g. 429.<\/p>\n<p>(78) Los datos utilizados en esta parte sobre el capitalismo de Estado y el endeudamiento externo del gobierno han sido sacados principalmente de los trabajos de Ra\u00fal Fern\u00e1ndez, &#8220;Imperialist Capitalism in the Third Worid: Theory and Evidence from Colombia&#8221;, pr\u00f3ximo a publicarse en Lat\u00edn American Perspectives; tambi\u00e9n del mismo autor, The Domination of Finance Capital in Colombia, manuscrito, University of California, Irvine, 1978; lo mismo, The Development of Capitalism in Colombia, manuscrito, University of California, Irvine, 1978, caps. II y III. Sobre las condiciones del First National City impuestas a Olaya y del Banco Mundial a L\u00f3pez Michelsen. Fern\u00e1ndez cita a James E. Boyce y Francois J. Lambert, Colombia&#8217;s Treatment of Foreign Banks, American Institute for Public Policy Research, Washington, 1976, p\u00e1g. 21 y a Lat\u00edn American Economic Report, July, 1975, vol. III, No. 26. Para este problema en su conjunto, pueden consultarse, entre otros, las siguientes publicaciones: Jos\u00e9 F. Ocampo y Ra\u00fal Fern\u00e1ndez, &#8220;The Andean Pact and State Capitalism in Colombia, Lat\u00edn American Perspectives, vol. II, No. 3, Fall, 1975; Alvaro Camacho Guizado, Capital extranjero: subdesarrollo colombiano, Punta de Lanza, Bogot\u00e1, 1972; Rodrigo Parra Sandoval, La desnacionalizaci\u00f3n de la industria y los cambios en la estructura ocupacional colombiana, Centro de Estudios sobre el Desarrollo Econ\u00f3mico, Un\u00edv. de los Andes, Bogot\u00e1, 1977; Konrad Matter, Inversiones extranjeras en la econom\u00eda colombiana, Ediciones Hombre Nuevo, MedeIlin, 1977; James E. Boyce y Francois J. Lombard, Colombia\u2019s Treatment of Foreign Banks, American Instituto for Public Policy Research, Washington, 1976.<\/p>\n<p>(79) ANIF, &#8220;Evoluci\u00f3n del sector financiero, 1965-1975&#8221;, Carta Financiera, vol. IV, No. 5, 1977.<\/p>\n<p>(80) ANIF, op. cit.; Fern\u00e1ndez, op. cit.<\/p>\n<p>(81) El Tiempo, noviembre 28 de 1978.<\/p>\n<p>(82) Ver la estructura de la industria en esta \u00e9poca en los libros citados de Poveda y Rodr\u00edguez.<\/p>\n<p>(83) Ra\u00fal Fern\u00e1ndez, Imperialist Capitalism In The Ihird Worid&#8230; <\/p>\n<p>(84) Ibid.; ver Controversia, Centro de Investigaci\u00f3n y Educaci\u00f3n Popular, No. 52 y 53.<\/p>\n<p>(85) Fern\u00e1ndez, Imperialist Capitalism&#8230;<\/p>\n<p>(86) Fern\u00e1ndez, Ibid., ver Silva Colmenares, op. cit.,<\/p>\n<p>(87) Superintendencia de Sociedades, Conglomerados de sociedades en Colombia, Editorial Presencia, Bogot\u00e1, 1978, p\u00e1g. 303.<\/p>\n<p>(88) Ibid., p\u00e1g. 304-306.<\/p>\n<p>(89) Ibid., p\u00e1g. 47.<\/p>\n<p>(90) Ibid., p\u00e1g. 313.<\/p>\n<p>(91) Ibid., p\u00e1g. 105.<\/p>\n<p>(92) Lenin se\u00f1al\u00f3 que en Rusia la contradicci\u00f3n en la agricultura consist\u00eda en la oposici\u00f3n existente entre la v\u00eda &#8220;farmer&#8221; (americana) y la v\u00eda &#8220;junker&#8221; (prusiana). La burgues\u00eda rusa, inconsecuente con su papel de desarrollar el capitalismo, escogi\u00f3 la v\u00eda &#8220;junker&#8221; que favorece a los terratenientes, mantiene la opresi\u00f3n feudal de los campesinos y permite un desarrollo lento del capitalismo. Ver Lenin, &#8220;El programa agrario de la social democracia en la primera revoluci\u00f3n rusa de 1905 a 1907&#8221;, cap. 1. Obras completas, LXIII. El imperialismo trata de superar la contradicci\u00f3n que le presenta su necesidad de exportar capital y la de mantener el atraso para impedir la competencia del pa\u00eds neocolonial, impulsando el desarrollo &#8220;junker&#8221; del capitalismo, \u00fanico que puede preservar el r\u00e9gimen de explotaci\u00f3n terrateniente por un tiempo indefinido, dado el proceso lent\u00edsimo del avance capitalista.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los historiadores modernos del siglo XIX en Colombia tienden a adoptar una posici\u00f3n lastimera respecto de las profundas y agudas luchas que enfrentaron al partido liberal y al partido conservador o a sus fracciones, sobre todo despu\u00e9s de promulgada la Constituci\u00f3n de Rionegro. 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