{"id":2990,"date":"2009-04-16T17:52:49","date_gmt":"2009-04-16T17:52:49","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/capitulo-primero-el-movimiento-politico-de-la-regeneracion\/"},"modified":"2022-06-28T15:59:17","modified_gmt":"2022-06-28T15:59:17","slug":"capitulo-primero-el-movimiento-politico-de-la-regeneracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/capitulo-primero-el-movimiento-politico-de-la-regeneracion\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo Primero. El movimiento pol\u00edtico de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;"},"content":{"rendered":"<p>Rafael N\u00fa\u00f1ez y la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; han desquiciado a los historiadores contempor\u00e1neos. La antigua pol\u00e9mica que arranc\u00f3 a los independientes del liberalismo y dividi\u00f3 a los conservadores entre nacionalistas e hist\u00f3ricos, sobre el car\u00e1cter y las consecuencias hist\u00f3ricas de la &#8220;Regeneraci\u00f3n &#8220;, as\u00ed como la actuaci\u00f3n de N\u00fa\u00f1ez, es lo que ha unido a la &#8220;nueva historia&#8221; no importa sus distintas acepciones y matices, para convertirse en la apolog\u00eda m\u00e1s acabada de ese momento hist\u00f3rico que determina la vida contempor\u00e1nea de Colombia. A N\u00fa\u00f1ez lo obsesionaron la paz, el orden, el peligro del capitalismo y del socialismo, el problema monetario, el radicalismo, la Constituci\u00f3n del 63, el anarquismo y la anarqu\u00eda, la falta de autoridad, el federalismo, el proteccionismo. De estos principios, los historiadores contempor\u00e1neos han concluido que N\u00fa\u00f1ez fue el motor de la formaci\u00f3n del Estado Nacional, el forjador de la unidad nacional, el ariete del capitalismo de Estado o socialismo de Estado, el iniciador del liberalismo como teor\u00eda del intervencionismo estatal, la fuerza generadora de la industrializaci\u00f3n por medio del proteccionismo, el comienzo de una nueva era nacional de progreso y bienestar. Ning\u00fan escritor contempor\u00e1neo m\u00e1s influyente y determinante en la elaboraci\u00f3n de esta imagen de N\u00fa\u00f1ez y la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; que un Li\u00e9vano Aguirre, a quien siguen, en t\u00e9rminos generales, historiadores ya muy citados en nuestro trabajo como Tirado Mej\u00eda, Jorge Orlando Melo, Dar\u00edo Mesa, Salom\u00f3n Kalmanovitz, Fern\u00e1n Gonz\u00e1lez, Gerardo Molina. Li\u00e9vano resume acabadamente su posici\u00f3n sobre N\u00fa\u00f1ez en estas palabras: &#8220;Por eso N\u00fa\u00f1ez es el verdadero organizador de la rep\u00fablica y ante todo el constructor del Estado colombiano; el hombre que con la grandiosa actividad de su vida p\u00fablica cerr\u00f3 para siempre las dos brechas por las cuales se estaban escapando todas nuestras posibilidades de llegar a constituir un verdadero Estado: el Federalismo y la teor\u00eda de los Derechos Individuales Absolutos&#8230; Intervenci\u00f3n del Estado en la Econom\u00eda, Tolerancia religiosa, Centralizaci\u00f3n pol\u00edtica y Autonom\u00eda municipal, Protecci\u00f3n aduanera a las industrias nacionales, Derechos individuales limitados por el Inter\u00e9s Social y Moneda dirigida, premisas fundamentales del pensamiento pol\u00edtico-econ\u00f3mico del injustamente llamado &#8216;traidor al liberalismo&#8221;, son hoy las doctrinas b\u00e1sicas del moderno liberalismo colombiano; y en cambio, los Derechos Individuales Absolutos, la persecuci\u00f3n religiosa, el Estado Gendarme, el Librecambio y el Federalismo, son \u00fanicamente para este partido el recuerdo de un pasado extra\u00f1o&#8221; (1).<\/p>\n<p>1. La interpretaci\u00f3n del liberalismo contempor\u00e1neo<\/p>\n<p>    Esta posici\u00f3n de Li\u00e9vano es trascendental, porque ha definido gran parte del proceso hist\u00f3rico colombiano m\u00e1s reciente. No ha sido s\u00f3lo \u00e9l un intelectual aislado, sino el gestor de toda una pol\u00edtica, dirigida por su copartidario Alfonso L\u00f3pez Michelsen, quien coincide en todo y por todo con las posturas ideol\u00f3gicas de Li\u00e9vano en la interpretaci\u00f3n de la misi\u00f3n del liberalismo. Todo lo que inspira, en el fondo, a Li\u00e9vano Aguirre y a L\u00f3pez Michelsen, es el concepto de que la teor\u00eda de los Derechos Individuales y del liberalismo manchesteriano fue importada de Europa a un pa\u00eds que no ten\u00eda por qu\u00e9 incorporarlas a su realidad, ya que pose\u00eda la herencia de Espa\u00f1a con una visi\u00f3n de Estado fuerte y de avanzada legislaci\u00f3n social. Dice Li\u00e9vano: &#8220;Alrededor de 1800&#8230; una teor\u00eda trasplantada de Europa se convirti\u00f3 en la esperanza de todos los descontentos con el r\u00e9gimen colonial de Espa\u00f1a: la teor\u00eda de los Derechos Naturales del Individuo&#8230; Tener Derechos, he ah\u00ed algo que llen\u00f3 de exaltaci\u00f3n a todos los americanos sometidos al despotismo espa\u00f1ol y que unific\u00f3 las voluntades en la grande y peligrosa empresa de la Emancipaci\u00f3n&#8230; En la organizaci\u00f3n social lo principal no son los Derechos, sino los Deberes. De ah\u00ed que el ideal emancipador de Los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que tan efectivo result\u00f3 para la gesta libertadora, se convirtiera en el factor hondamente perturbador en la organizaci\u00f3n de la rep\u00fablica. Pueblos en la infancia como los americanos, no pod\u00edan justamente aspirar a ser gobernados por instituciones nacidas en Europa, como el resultado de largos a\u00f1os de cultura y de civilizaci\u00f3n&#8230;&#8221; (2). En la introducci\u00f3n a las obras de N\u00fa\u00f1ez, repite la misma idea en una forma a\u00fan m\u00e1s expl\u00edcita, si se quiere: &#8220;As\u00ed, el hecho m\u00e1s saliente, m\u00e1s trascendental en nuestra evoluci\u00f3n pol\u00edtica, es que si en Europa hab\u00eda que disminuir los poderes de un Estado largamente consolidado, en Am\u00e9rica lo que hab\u00eda que hacer era construir, crear el Estado; porque si a una poblaci\u00f3n generalmente capacitada como la europea le conven\u00eda la libertad absoluta, las multitudes de indios hambrientos, indefensos e ignorantes que formaban la poblaci\u00f3n americana, lo que naturalmente necesitaban eran Estados s\u00f3lidos que gobernaran en su defensa y para su protecci\u00f3n. Por eso si en Europa el liberalismo fue la lucha contra el Estado all\u00ed omnipotente, en Am\u00e9rica naturalmente tenia que estar encaminado a la construcci\u00f3n de un Estado que defendiera a las masas desharrapadas de la explotaci\u00f3n. Por eso si en Europa se defend\u00eda al individuo, libert\u00e1ndolo, en Am\u00e9rica hab\u00eda que defenderlo, protegi\u00e9ndolo. Si en Europa el liberalismo era anti-estatal, en Am\u00e9rica ten\u00eda que ser estatal&#8221; (3). Y contin\u00faa: &#8220;En Am\u00e9rica, donde todo estaba por hacer, la democracia y el liberalismo no pod\u00edan tener otro sentido que el de crear un Estado capaz de ense\u00f1ar a trabajar a la gente, a ayudarle a librarse de las enfermedades tropicales, de defender a los indios, a los mestizos y a los negros contra los explotadores y usureros. Por eso cuando se estableci\u00f3 la libertad en Europa, all\u00ed ella produjo inmediatamente \u00f3ptimos frutos, pues naci\u00f3 la industria, se desarrollaron las naciones y progresaron los individuos, y en cambio el establecimiento de la libertad en Am\u00e9rica ocasion\u00f3 resultados diametralmente opuestos&#8230;&#8221; (4). Para Li\u00e9vano, la misi\u00f3n de N\u00fa\u00f1ez fue coronar la obra frustrada de Bol\u00edvar de imponer este ideal antidemocr\u00e1tico contra el liberalismo decimon\u00f3nico de origen europeo.<\/p>\n<p>    No es extra\u00f1o que L\u00f3pez Michelsen ofrezca los mismos argumentos para defender un Estado todopoderoso, autoritario, como el que sali\u00f3 de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. Dice L\u00f3pez: &#8220;La historia de nuestro pensamiento pol\u00edtico y la de nuestras instituciones quedar\u00eda falseada si este per\u00edodo liberal no se estudia desde el sitio que le corresponde, con una perspectiva completa, o sea, entre las instituciones coloniales espa\u00f1olas y la nueva orientaci\u00f3n socialista del Estado que trajo al gobierno el Partido Nacionalista en 1886 y el llamado partido liberal en los \u00faltimos quince a\u00f1os&#8230; La paz, la cultura y el progreso de nuestro continente durante los siglos XVI, XVII y XVIII fueron el fruto de un intervencionismo de Estado Individualista en toda la acepci\u00f3n del vocablo. \u00danicamente hacia la mitad del siglo XVIII aparecieron en Espa\u00f1a y en sus colonias los primeros brotes de la nueva ideolog\u00eda, la doctrina liberal&#8230; que produjo, como una consecuencia accidental, a nuestro entender, nuestra separaci\u00f3n de Espa\u00f1a en la guerra de la Independencia&#8230; Los dos grandes virreinatos de Nueva Espa\u00f1a y el Per\u00fa&#8230; y el virreinato de Nueva Granada&#8230;, fueron los m\u00e1s perjudicados con el advenimiento del liberalismo como doctrina pol\u00edtica en la Am\u00e9rica Latina&#8230; El liberalismo como ideolog\u00eda, no como partido, adelant\u00f3 un proceso de anarqu\u00eda y de disoluci\u00f3n en estas tres nacionalidades (M\u00e9xico, Lima y Santa Fe)&#8230; Milagrosamente y, por un fen\u00f3meno para nosotros inexplicable, nuestros Estados, victimas de la anarqu\u00eda y el desorden, no fueron definitivamente absorbidos por sus vecinos de Am\u00e9rica a los cuales no caus\u00f3 la ideolog\u00eda liberal trastornos de tanta entidad como a los nuestros&#8230; Para nosotros la causa remota y com\u00fan de esta mutilaci\u00f3n geogr\u00e1fica de M\u00e9xico, el Per\u00fa y Colombia tuvo por origen la anarqu\u00eda pol\u00edtica, social y cultural producida por la implantaci\u00f3n s\u00fabita de las doctrinas liberales en los pa\u00edses que no estaban preparados para recibirlas&#8230; El liberalismo en todas partes fue la doctrina con que la burgues\u00eda obtuvo respaldo popular en su lucha contra la nobleza; fue la bandera de guerra de los comerciantes contra los pr\u00edncipes; del capitalismo contra la Iglesia Cat\u00f3lica. Entre nosotros sirvi\u00f3 para erigir en doctrina de Estado al individualismo contra la tradici\u00f3n unitaria de la Colonia&#8230; La magnifica obra legislativa de inspiraci\u00f3n t\u00edpicamente social, fue perdi\u00e9ndose en el olvido, desacreditada por los nuevos encomenderos de la rep\u00fablica que ve\u00edan sus intereses afectados por cualquier intervenci\u00f3n del Estado que no fuera encaminada a favorecerlos&#8230; La fuente de todos estos males radica en el candido optimismo de la mayor\u00eda de los hombres p\u00fablicos de nuestro siglo XIX que aplicaron indiscriminadamente en nuestro suelo la doctrina liberal inglesa y los principios esenciales del Derecho P\u00fablico norteamericano&#8230; L\u00f3gicamente la doctrina pol\u00edtica que deb\u00eda surgir como consecuencia de estas pr\u00e1cticas individualistas de los ingleses en el comercio, en la religi\u00f3n y en la concepci\u00f3n, era el liberalismo econ\u00f3mico. Entre nosotros esta ideolog\u00eda, sin antecedentes, carec\u00eda de actualidad y desvirtuaba una pol\u00edtica social avanzada en relaci\u00f3n con los indios. Es, pues, inadmisible que se califique de progreso en este continente la brusca implantaci\u00f3n de esta doctrina&#8230; Los grandes acontecimientos hist\u00f3ricos del siglo XIX, los grandes sacudimientos nacionales, las revoluciones sangrientas que se registran en nuestra historia republicana, se explican todos por este conflicto entre el individualismo destructor y la organizaci\u00f3n colectivista en muchos aspectos de los colonizadores&#8230;&#8221; (5). Y L\u00f3pez concluye su disquisici\u00f3n, no solamente negando la vigencia de los derechos individuales, tal como lo hace Li\u00e9vano, sino haciendo esta apolog\u00eda de N\u00fa\u00f1ez: &#8220;Basta leer las p\u00e1ginas consagradas por Indalecio Li\u00e9vano Aguirre a la pugna entre el presidente N\u00fa\u00f1ez y los dirigentes radicales, para apreciar en todas sus proporciones la magnitud de uno de los m\u00e1s trascendentales entre estos conflictos. Lucha del soci\u00f3logo y del hombre, conocedor de la realidad hist\u00f3rica nacional en cuanto a las funciones que el Estado hab\u00eda llenado en nuestro pa\u00eds, frente a un mill\u00f3n de peque\u00f1os intereses privados para los cuales el mantenimiento del librecambio, del patr\u00f3n oro, del negocio de la banca privada, etc., son cuestiones de vida o muerte que se cobijan con la bandera del liberalismo .econ\u00f3mico. De este conflicto surgi\u00f3 un nuevo partido, el &#8216;nacionalista&#8217; reaccionario si se quiere, pero divorciado de la ideolog\u00eda liberal com\u00fan a ambos partidos, en cuanto que no pierde de vista la tradici\u00f3n intervencionista del Estado colonial&#8221; (6).<\/p>\n<p>    Aciertan Li\u00e9vano y L\u00f3pez al se\u00f1alar que la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; fue un movimiento antiliberal, en contra de ese liberalismo individualista y decimon\u00f3nico, que era el producto del desarrollo del capitalismo en el mundo. No hay duda ninguna de que N\u00fa\u00f1ez reacciona contra el radicalismo, porque \u00e9ste defend\u00eda o hab\u00eda defendido las tesis del liberalismo, tanto en el terreno pol\u00edtico como en el terreno econ\u00f3mico. Sin embargo, parece existir una sutil diferencia entre Li\u00e9vano y L\u00f3pez en la apreciaci\u00f3n de cu\u00e1l fue el objetivo de N\u00fa\u00f1ez en su movimiento, cu\u00e1l la alternativa planteada para reemplazar el liberalismo como ideolog\u00eda y como sistema de gobierno. Li\u00e9vano le atribuye a N\u00fa\u00f1ez el haber impuesto en el pa\u00eds el &#8220;capitalismo de Estado&#8221; (7). En cambio, L\u00f3pez trata m\u00e1s bien de insinuar que lo que N\u00fa\u00f1ez logr\u00f3 fue restaurar el sistema pol\u00edtico centralista de la Colonia. Desde este punto de vista, ninguno de los dos tendr\u00eda la raz\u00f3n. No la tiene Li\u00e9vano, porque para el capitalismo de Estado se requiere una infraestructura econ\u00f3mica, por lo menos capitalista, que apenas se insinuaba en Colombia muy a lo lejos, y estrictamente monopolista, la cual no exist\u00eda en el pa\u00eds en ese momento y en la que N\u00fa\u00f1ez no estaba pensando al impulsar las medidas econ\u00f3micas que llev\u00f3 a t\u00e9rmino. Pero, adem\u00e1s, porque N\u00fa\u00f1ez fue un enemigo declarado del llamado &#8220;socialismo de Estado&#8221;, como lo atestiguan sus art\u00edculos y sus referencias contra Bismarck, y al que Li\u00e9vano se refiere como capitalismo de Estado (8). Y no tiene raz\u00f3n tampoco L\u00f3pez, porque \u00e9l confunde el centralismo autocr\u00e1tico de la Colonia con el &#8220;socialismo de Estado&#8221; o &#8220;capitalismo de Estado&#8221;. A \u00e9l le parece que lo que los identifica esencialmente es que ambos son intervencionistas y reguladores, no importa que uno sea la expresi\u00f3n de la monarqu\u00eda absoluta feudal y el otro de la burgues\u00eda monopolista y burocr\u00e1tica basada en el auge del capital financiero y el imperialismo.<\/p>\n<p>    Muy posiblemente la forma de clarificar el sentido de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; en relaci\u00f3n a estas ideas, sea mirar la concepci\u00f3n que Miguel Antonio Caro, coautor de la Constituci\u00f3n del 86, jefe con N\u00fa\u00f1ez del partido nacional, gestor muy principal de la ideolog\u00eda del movimiento regenerador, aparte de haber sido su principal realizador, tenia del proceso que N\u00fa\u00f1ez hab\u00eda iniciado y con el cual estaba plenamente de acuerdo. Dice Caro: &#8220;Nuestro deber, en globo, se cifra en mantenemos fieles al esp\u00edritu de esta transformaci\u00f3n social. \u00bfA qu\u00e9 se reduce esta gran transformaci\u00f3n? Es, Se\u00f1or Presidente, el paso esforzado y glorioso, de la anarqu\u00eda a la legalidad; tr\u00e1nsito que dentro de una naci\u00f3n corresponde a lo que en el concierto de las naciones significa la situaci\u00f3n del principio de arbitraje al derecho de conquista con todos sus horrores. Es, Se\u00f1or Presidente, la condenaci\u00f3n solemne que vamos a hacer, con los labios y el coraz\u00f3n, de la vida revolucionaria, de todo principio generador de desorden&#8221; (9). Y m\u00e1s adelante a\u00f1ad\u00eda Caro en el mismo discurso ante la Asamblea Constituyente: &#8220;Peor a\u00fan que un mal sistema es la falta de todo sistema: nada es tan funesto en las instituciones de un pueblo, como la contradicci\u00f3n&#8230; Por manera que la contradicci\u00f3n fundamental, el principio de Hegel aplicado a la pol\u00edtica, la afirmaci\u00f3n de que una cosa puede ser y no ser a un mismo tiempo, es lo primero de que debemos huir, como del mayor, del m\u00e1s pernicioso de todos los errores&#8230; Para no provocar una revoluci\u00f3n, sembremos de una vez en las instituciones la semilla de la revoluci\u00f3n&#8221; (10). No era para Caro la lucha contra la revoluci\u00f3n un problema de palabras. Puso en pr\u00e1ctica la pol\u00edtica m\u00e1s represiva y autocr\u00e1tica de la \u00e9poca. Ya en el poder Caro hace su primer informe al Congreso, elegido en las primeras elecciones que segu\u00edan a la promulgaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n del 86 y se refiere a la oposici\u00f3n que el partido liberal orientaba contra el gobierno en estos t\u00e9rminos: &#8220;El partido reaccionario (se refiere al partido liberal) se compone de una masa revolucionaria y en parte anarquista, de algunos pol\u00edticos doctrinarios, especie de sacerdotes de una religi\u00f3n muerta&#8230; Los pol\u00edticos directores pretendieron conciliarlo todo&#8230; recomendando la paz por el momento, pero no como un bien en s\u00ed misma, sino como un medio para organizar las fuerzas diseminadas y preparar para m\u00e1s tarde una revoluci\u00f3n bien combinada. A fines del a\u00f1o anterior recibi\u00f3 el gobierno denuncias ciertas de que se provocaba en la capital un desorden con intentos feroces&#8230; Baste decir que aquello era una amenaza social sin antecedentes. Fracas\u00f3 el criminal y torpe proyecto, ces\u00f3 la alarma, pero la hidra no ha muerto&#8230; Verdad es que este embri\u00f3n de revoluci\u00f3n no ha sido viable, ni lo ser\u00e1 bajo las mismas condiciones que hoy reprimen el desorden; pero seria error muy grave, ser\u00eda demencia suponer absoluta aquella impotencia y mandar a abrir la jaula de las fieras s\u00f3lo por la raz\u00f3n de que las fieras aherrojadas son inofensivas&#8230; Toca al gobierno conservar el orden, a la opini\u00f3n p\u00fablica apoyar lo que se hace en beneficio com\u00fan, a vosotros asegurar la confianza en la estabilidad de la paz&#8230;&#8221; (11).<\/p>\n<p>    Aparte de una posible o supuesta posici\u00f3n, de N\u00fa\u00f1ez en torno al movimiento de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; aparte de sus ocultos prop\u00f3sitos en llevarlo a cabo, hist\u00f3ricamente el apoyo de Caro a su movimiento significa que N\u00fa\u00f1ez interpretaba correctamente los intereses representados por el jefe del partido conservador y por la ideolog\u00eda de los terratenientes. Manifestaciones tan expresas como las de Caro sobre el contenido y el sentido de la reforma constitucional del 86 no dejan duda al respecto. Caro era el m\u00e1ximo ide\u00f3logo del orden conservador, de la ideolog\u00eda reaccionaria de los terratenientes m\u00e1s feudales, de la reacci\u00f3n contra la ideolog\u00eda liberal de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tico-burguesa, de la restauraci\u00f3n de los ideales medievales y religiosos dentro de un mundo que iba ya muy adelante en la \u00e9poca del capitalismo. Podr\u00e1 decirse que N\u00fa\u00f1ez no compart\u00eda las ideas de Caro y que tuvo que plegarse a su extremismo reaccionario porque fue abandonado por el partido liberal representado por los radicales. Pero la realidad es otra. N\u00fa\u00f1ez consideraba a los radicales tan anarquistas como lo hac\u00eda Caro. En un famoso art\u00edculo contra el radicalismo fustigaba en esta forma: &#8220;\u00a1En todas partes el mismo! El radicalismo es uno y siempre usa las mismas armas, pone en juego iguales medios y persigue id\u00e9nticos fines. Afortunadamente, ya es demasiado conocido entre nosotros, porque su dominaci\u00f3n ha sido larga y desastrosa y sabemos cu\u00e1nto valen sus promesas como oposici\u00f3n y qu\u00e9 frutos tan amargos se cosechan durante su gobierno&#8230; En los corrillos habla de paz, en sus peri\u00f3dicos la predica, y entonces es cuando m\u00e1s conspira, cuando m\u00e1s inminente riesgo corre el orden social, cuando en m\u00e1s grave peligro se encuentran las vidas y los hogares, porque pone la dinamita en manos de asesinos y reos pr\u00f3fugos a quienes, en la ebriedad de la ambici\u00f3n y de la c\u00f3lera, inviste con el car\u00e1cter de jefes indiscutibles&#8230; \u00bfQu\u00e9 partido, pues, es ese que proclama la libertad absoluta y tiraniza; que habla de tolerancia y es perseguidor; que encomia el gobierno de todos y para todos y no vive sino en irritante oligarqu\u00eda; que condena la pena de muerte cuando se ejecuta por mandato de la ley en empedernidos criminales; y sin embargo asesina individual y colectivamente a pac\u00edficos y honrados ciudadanos; qu\u00e9 partido es ese que invoca la paz y es fomentador de la anarqu\u00eda, y del desorden  y no puede vivir sino respirando la atm\u00f3sfera de las revueltas y de las conspiraciones permanentes? Y si es de esa clase el enemigo que tenemos que combatir, \u00bfpor qu\u00e9 quieren algunos de nuestro propio credo que tengamos gobiernos d\u00e9biles incapaces de contener con mano firme el desborde que permanentemente amenaza a la naci\u00f3n?&#8230; Para el que levanta el pu\u00f1al del asesino, para el que prende la dinamita cuyo resultado son escombros y despojos humanos, no hay ni puede haber misericordia ni contemplaciones; porque en estos casos toda contemporizaci\u00f3n es una grave falta, toda debilidad es un delito, faltas y delitos que no perdonan nunca ni la Patria ni la Historia&#8221; (12). Estas ideas se repiten en una y otra forma en los art\u00edculos de N\u00fa\u00f1ez. Hay momentos que parecen frases textuales de Caro dichas con anterioridad, como si el jefe del partido conservador hubiera copiado fielmente con su estilo clasicista las frases m\u00e1s secas y escuetas de su aliado del partido independiente. Por ejemplo, N\u00fa\u00f1ez en 1885 dec\u00eda: &#8220;La naci\u00f3n acaba de salvarse por su propio buen sentido y gracias a la Divina Providencia, de la anarqu\u00eda armada, que intent\u00f3 un \u00faltimo esfuerzo para impedir el advenimiento de instituciones verdaderamente libres&#8221; (13). Y Caro dec\u00eda al inaugurar el Congreso de 1896: &#8220;Si para m\u00ed es altamente satisfactorio al presentaros respetuoso saludo en este solemne d\u00eda, reconocer el gran beneficio que Dios nos ha dispensado concedi\u00e9ndonos los medios de salvar a la rep\u00fablica de un cataclismo social, no deja de ser, de otro lado bien penoso recordar sucesos deplorables&#8230;&#8221; (14). Dec\u00eda N\u00fa\u00f1ez: &#8220;El gobierno ha dirigido con reflexiva firmeza la defensa de la sociedad amenazada de inminente desastre; y ahora le corresponde preparar el restablecimiento del r\u00e9gimen constitucional profundamente alterado&#8230;&#8221; (15). Y dec\u00eda Caro: &#8220;M\u00e1s bien comprendo que no podr\u00eda l\u00edcitamente excusarme de hablaros de la revoluci\u00f3n, porque la revoluci\u00f3n, bajo formas varias, constituye el acontecimiento caracter\u00edstico de los \u00faltimos tiempos, y la materia que especialmente debe llamar vuestra atenci\u00f3n, si han de prevenirse grandes desgracias&#8221; (16). Por supuesto, ni N\u00fa\u00f1ez ni Caro se refer\u00edan a los movimientos revolucionarios del siglo XX, inspirados en el marxismo-leninismo. Est\u00e1n hablando simplemente del partido liberal del siglo XIX.<\/p>\n<p>2. La &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, movimiento proterrateniente<\/p>\n<p>    N\u00fa\u00f1ez y Caro, y con ellos el movimiento de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, acudieron, para la justificaci\u00f3n de su movimiento reaccionario, a una ideolog\u00eda inspirada en una especie de socialismo cristiano de sabor medieval, base de la restauraci\u00f3n cat\u00f3lica en Europa y del re acomodamiento de las fuerzas reaccionarias al movimiento implacable del capitalismo en el mundo. Esta posici\u00f3n anticapitalista en un mundo que no puede evadirse de las condiciones mundiales que impone el desarrollo del capitalismo es la base que da pie a Li\u00e9vano y a L\u00f3pez para levantar una bandera anticapitalista y en favor del r\u00e9gimen feudal colonialista de Espa\u00f1a en Am\u00e9rica, postura que los acerca a la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. Para los dos se trata de un &#8220;socialismo de Estado&#8221; con car\u00e1cter intervencionista tal como lo era el Estado colonial espa\u00f1ol que, seg\u00fan ellos, tanto beneficio le trajo a los indios americanos. L\u00f3pez se apoya en el an\u00e1lisis de Li\u00e9vano sobre la legislaci\u00f3n de Indias de la Colonia que desarrolla ampliamente en su trabajo sobre los conflictos sociales y econ\u00f3micos de nuestra historia (17). La diferencia radica en lo siguiente: Mientras N\u00fa\u00f1ez y Caro defienden la estrategia pol\u00edtica del escolasticismo, de la Iglesia Cat\u00f3lica y de los terratenientes feudales, acomodando un r\u00e9gimen autocr\u00e1tico a las condiciones de finales del siglo XIX, Li\u00e9vano y L\u00f3pez propugnan por la ideolog\u00eda del partido liberal del siglo XX que nosotros hemos definido como la ideolog\u00eda del &#8220;capitalismo monopolista de Estado&#8221;, estrategia necesaria de la dominaci\u00f3n imperialista en nuestro pa\u00eds, tal como lo hemos se\u00f1alado en la Primera Parte (18). Lo que ha sucedido es que estos historiadores contempor\u00e1neos, tan influyentes en los autores de la &#8220;nueva historia&#8221; han hecho la apolog\u00eda de N\u00fa\u00f1ez y del Estado colonial espa\u00f1ol en Am\u00e9rica para justificar sus teor\u00edas pol\u00edticas autocr\u00e1ticas necesarias para la dominaci\u00f3n del imperialismo caracter\u00edsticas de una historia que defiende los intereses, igual que el partido liberal del siglo XX, de la gran burgues\u00eda financiera, monopolista y burocr\u00e1tica (19). L\u00f3pez surge, as\u00ed, como el gran ide\u00f3logo de la historia gran burguesa, que entend\u00eda que los intereses del imperialismo norteamericano coincid\u00edan en la forma con el colonialismo espa\u00f1ol, aunque en el contenido \u00e9ste fuera feudal y aqu\u00e9l capitalista monopolista de Estado.<\/p>\n<p>    En esta forma es posible clarificar la pol\u00e9mica contempor\u00e1nea sobre N\u00fa\u00f1ez y la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. La piedra de toque para poder dar un juicio hist\u00f3rico sobre este proceso tiene que ser el de su relaci\u00f3n con la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, desde el punto de vista econ\u00f3mico en sus reformas frente a la tierra, la banca, el comercio, la industria, por una parte, y desde el punto de vista pol\u00edtico frente a su posici\u00f3n ante los derechos individuales y democr\u00e1ticos, por la otra. Hemos venido defendiendo que el librecambio en Colombia era una premisa econ\u00f3mica necesaria para la acumulaci\u00f3n originaria de capital, necesario para las inversiones exigidas por una industrializaci\u00f3n. Al mismo tiempo hemos se\u00f1alado que la reforma agraria contra el r\u00e9gimen terrateniente es igualmente la otra premisa que acelera la descomposici\u00f3n del campesinado, genera la liberaci\u00f3n de fuerza de trabajo y permite el aumento de la producci\u00f3n y la productividad agr\u00edcola. En otras palabras, nuestra tesis ha sido la de que el siglo XIX giraba en tomo a la lucha por el desarrollo capitalista y que los sectores progresistas y revolucionarios eran aquellos que lo impulsaran, lo favorecieran y lo llevaran a la pr\u00e1ctica. Si esto era cierto a nivel mundial, con mayor raz\u00f3n puede aplicarse a Colombia, sumida en el atraso econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>    Desde el punto de vista te\u00f3rico, Marx considera el librecambio como un factor desintegrador de la sociedad feudal, acelerador de las contradicciones entre la burgues\u00eda y el proletariado, destructor de las condiciones feudales de producci\u00f3n, generador de la liberaci\u00f3n de mano de obra. Marx defiende al librecambio s\u00f3lo en el sentido de constituir un factor que contribuye a destruir el r\u00e9gimen feudal y a barrer los rezagos feudales en una sociedad atrasada (20). Sin embargo, una vez se ha iniciado en forma firme un proceso de industrializaci\u00f3n, Marx no es partidario del librecambio, sino del proteccionismo. El librecambio acelera la acumulaci\u00f3n de dinero en manos de los comerciantes, es decir, del capital comercial, independiente de que exista o no un proceso de producci\u00f3n industrial capitalista. La esencia del capital comercial aut\u00f3nomo es precapitalista, aparece c\u00f3mo una premisa de la acumulaci\u00f3n capitalista y estimulado por el librecambio. El proteccionismo, por otra parte, est\u00e1 orientado a fortalecer el proceso de industrializaci\u00f3n ya iniciado, protegi\u00e9ndolo de la competencia extranjera. Desde ese punto de vista se aplica la frase de Marx sobre el proteccionismo: &#8220;es un medio artificial para fabricar fabricantes, expropiar obreros independientes, capitalizar los medios de producci\u00f3n y de vida de la naci\u00f3n y abreviar el tr\u00e1nsito del antiguo al moderno r\u00e9gimen de producci\u00f3n&#8221; (21). No hay, pues, contradicci\u00f3n en lo que Marx defiende respecto del librecambio y del proteccionismo. Para Marx, el librecambio es un instrumento generador de capital comercial susceptible de ser invertido en industria, y por tanto, necesario para la desintegraci\u00f3n del r\u00e9gimen feudal. El proteccionismo es un instrumento artificial que contribuye a acelerar el avance del r\u00e9gimen capitalista, una vez que se ha iniciado. La confusi\u00f3n de autores como Kalmanovitz a este respecto es no ver esta distinci\u00f3n que hace Marx frente al proteccionismo. De ah\u00ed que considere a la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; de N\u00fa\u00f1ez como un r\u00e9gimen que acelera la transformaci\u00f3n capitalista del pa\u00eds, no importa que se apoyara en un sistema pol\u00edtico reaccionario y en unas clases caducas como los terratenientes y los artesanos (22).<\/p>\n<p>    N\u00fa\u00f1ez comprendi\u00f3 perfectamente el papel del librecambio en la sociedad colombiana como un elemento generador de capitalismo y desintegrador de la sociedad feudal terrateniente defensora de los artesanos, de los gremios y de la producci\u00f3n atrasada y aislada. Por eso se opuso ferozmente al librecambio. Sus testimonios son m\u00faltiples, porque, entre otras cosas, su obsesi\u00f3n contra los radicales, era una obsesi\u00f3n tambi\u00e9n contra el librecambio. Dice N\u00fa\u00f1ez: &#8220;Despu\u00e9s de 1848 en que se pusieron en vigor las reformas arancelarias del doctor Florentino Gonz\u00e1lez, reformas que no eran, en sustancia, sino traslado autom\u00e1tico de lo que acababa de hacerse por la inspiraci\u00f3n de Cobden y el apoyo de Peal, en la vieja Gran Breta\u00f1a, ning\u00fan estadista serio hab\u00eda osado en este pa\u00eds sostener el sistema de protecci\u00f3n a la industrias, hasta que en 1880, en su discurso de posesi\u00f3n, el se\u00f1or N\u00fa\u00f1ez se expres\u00f3 en estos t\u00e9rminos: &#8216;Nuestra agricultura est\u00e1 apenas en la infancia. Nuestras artes permanecen poco menos que estacionarias. Nuestra vasta extensi\u00f3n territorial s\u00f3lo cuenta unos pocos kil\u00f3metros de rieles&#8230; Y de todas maneras es evidente que el trabajo nacional est\u00e1 en decadencia. La formidable calamidad de la miseria p\u00fablica se aproxima, pues, a nuestros umbrales. Un vasto plan de medidas destinadas a promover el desenvolvimiento de la producci\u00f3n dom\u00e9stica debe ser, por tanto, combinado y reducido pronto a pr\u00e1ctica. La tarifa de aduanas necesita reformas destinadas a fomentar las artes. Estudio particular requiere este asunto a fin de que s\u00f3lo se proteja lo que ofrezca fundadas esperanzas de progreso. Y las grandes industrias europeas y norteamericanas no se han formado y crecido, en lo general, sino por este medio. El consumidor pagar\u00e1 por alg\u00fan tiempo parte de la protecci\u00f3n como paga permanentemente todos los servicios p\u00fablicos. Al procederse con tino en la materia, el nuevo gravamen indirecto que se imponga ser\u00e1, a la larga, reproductivo, como lo es el que se invierte en el sostenimiento de los diversos ramos&#8221; (23).<\/p>\n<p>    Ospina V\u00e1squez muestra el proceso a trav\u00e9s del cual N\u00fa\u00f1ez fue volvi\u00e9ndose m\u00e1s y m\u00e1s contra el librecambio y en defensa a ultranza del proteccionismo en un esfuerzo por proteger a los artesanos (24). Uno de los art\u00edculos m\u00e1s importantes escritos por N\u00fa\u00f1ez sobre este tema es el de 1884 titulado &#8220;Gato por Liebre&#8221;. En este art\u00edculo N\u00fa\u00f1ez lanza un argumento muy socorrido por los autores modernos de la &#8220;nueva historia&#8221; por el cual se defiende que el librecambio era una medida m\u00e1s que favorec\u00eda a Inglaterra y que no contribu\u00eda al desarrollo del pa\u00eds (25). Indudablemente el librecambio favorec\u00eda el desarrollo capitalista de Inglaterra, pero favorec\u00eda tambi\u00e9n el desarrollo mundial del capitalismo. Las condiciones de Inglaterra variaban de acuerdo a sus condiciones de fortalecimiento del capitalismo y a su pol\u00edtica colonial. Pero las de Colombia eran de tal naturaleza que no pod\u00edan prescindir del librecambio para impulsar el capitalismo, as\u00ed favoreciera los intereses ingleses. La defensa que hace el &#8220;regenerador&#8221; del proteccionismo no tiene que ver nada con la situaci\u00f3n de Inglaterra, sino con el problema de lo que \u00e9l llama el &#8220;fomento de las artes&#8221;. No puede confundirse, por tanto, el fomento de la industria artesanal con el impulso a la industrializaci\u00f3n capitalista. Cuando N\u00fa\u00f1ez tuvo que defender su pol\u00edtica proteccionista en favor de las artesan\u00edas porque estaba golpeando duramente a los consumidores del pa\u00eds por los impuestos indirectos, expres\u00f3: &#8220;Entre nosotros el librecambio mercantil no es sino la conversi\u00f3n del artesano en simple obrero proletario, en carne de ca\u00f1\u00f3n o en demagogo, porque ese librecambio no deja casi vigentes m\u00e1s de dos industrias: comercio y agricultura, a que no pueden de ordinario dedicarse los que carecen de capital y de cr\u00e9dito&#8221; (26). Esta cita retrata los prop\u00f3sitos de defender la econom\u00eda artesanal predominante en el pa\u00eds y los intereses de los terratenientes \u00edntimamente ligados a la preservaci\u00f3n de una fuerza de trabajo campesina sometida. Por eso N\u00fa\u00f1ez concibe la defensa de la industria artesanal como un prerrequisito de la paz pol\u00edtica. Preservando las condiciones artesanales y terratenientes, N\u00fa\u00f1ez pod\u00eda adaptarse a las condiciones del desarrollo mundial del capitalismo, por una parte, y someter la burgues\u00eda colombiana incipiente al predominio terrateniente desde el punto de vista pol\u00edtico y econ\u00f3mico. La clave de esta contradicci\u00f3n resid\u00eda en ese entonces en el r\u00e9gimen pol\u00edtico reaccionario y en impedir el desbordamiento de la proletarizaci\u00f3n, sin la cual se hacia imposible un verdadero despegue de la industrializaci\u00f3n. N\u00fa\u00f1ez, entonces, acud\u00eda a los argumentos m\u00e1s atrasados como el de que la condici\u00f3n de los proletarios era en Europa y en los pa\u00edses capitalistas m\u00e1s infeliz que lo que hab\u00eda sido la de los esclavos en la antig\u00fcedad: &#8220;El inmenso problema econ\u00f3mico que diariamente crece, no ha podido ser resuelto por los economistas. Sus dogmas han tenido durante medio siglo, decisiva influencia en los Parlamentos, en la prensa y en la c\u00e1tedra; y si ellos han contribuido a la supresi\u00f3n de la esclavitud, por ejemplo, en cambio han hecho surgir, o permitido que surjan, los proletarios de las f\u00e1bricas y los rurales, que son m\u00e1s infelices todav\u00eda que los antiguos esclavos urbanos; proclamando el principio de la concurrencia y de la abstenci\u00f3n oficial en materia de industria&#8230; El predominio del criterio del inter\u00e9s individual ensalzado por los economistas no puede ya sostenerse, porque la ola encrespada del sufrimiento se ha vuelto constante peligro para los pocos cuyos palacios puedan caer en ruinas, como cayeron los castillos feudales a impulsos de la p\u00f3lvora, reci\u00e9n inventada entonces&#8221; (27). Y reforzaba este argumento que tanto esgrimieron los esclavistas del sur de los Estados Unidos en la \u00e9poca de la guerra de secesi\u00f3n: &#8220;A la \u00e9poca de las guerras brutales ha seguido all\u00ed&#8230; la de la lucha por la existencia en la deleznable \u00f3rbita del comercio, de la industria y de la explotaci\u00f3n agr\u00edcola. Pasaron los esclavos y los siervos de la gleba de los tiempos antiguos; pero el obrero fabril y el obrero rural se hallan en realidad en peor condici\u00f3n que los esclavos y los siervos; porque nadie tiene inter\u00e9s en su conservaci\u00f3n. El esclavo era una cosa, un valor. El obrero es una entidad an\u00f3nima, un n\u00famero reemplazable por otro n\u00famero, como se reemplaza en una f\u00e1brica un manubrio por otro manubrio o una rueda dentada por otra rueda dentada, o como se reemplaza una hoz, por otra hoz en un fundo agr\u00edcola&#8221; (28). Para impedir el surgimiento y desarrollo del proletariado, hab\u00eda que fortalecer el gremio de los artesanos &#8220;porque es este gremio la fuerza cient\u00edfica, por decirlo as\u00ed, que debe servir de contrapeso o de fiel d\u00e9 los platos extremos de la balanza&#8221; (29). La defensa del proteccionismo, entonces, era una necesidad surgida de impedir la proletarizaci\u00f3n. Por tanto, el proteccionismo no era una alternativa para el desarrollo del capitalismo. Tampoco era ya suficiente el librecambio, aunque segu\u00eda teniendo vigencia como un instrumento de descomposici\u00f3n del campesinado y de capitalizaci\u00f3n. Lo que no entendieron los &#8220;regeneradores&#8221; ni la burgues\u00eda representada por los radicales fue la urgencia de una pol\u00edtica tendiente a la inversi\u00f3n de capital en la industria que no fue favorecida por la monopolizaci\u00f3n de la banca y el cr\u00e9dito por parte del Estado.<\/p>\n<p>    La posici\u00f3n de N\u00fa\u00f1ez y de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; opuesta a realidades incontrastables del desarrollo capitalista queda a\u00fan m\u00e1s clara cuando se considera su pensamiento frente al problema de la competencia capitalista y su visi\u00f3n francamente opuesta al individualismo. Para \u00e9l la competencia es otra forma de guerra. En consecuencia, su oposici\u00f3n a la guerra, su obsesiva lucha contra todo tipo de guerra, su abstracta posici\u00f3n frente a la guerra que lo llev\u00f3 a plantear la defensa de la paz por la paz, el orden, por el orden, lo hace levantarse contra la competencia capitalista. &#8220;La guerra, que llamaremos econ\u00f3mica, es la otra causa fundamental de malestar a que hemos querido referimos. Esta guerra econ\u00f3mica es lo que llaman los economistas competencia (especie de struggle for life, lucha por la vida)&#8221; (30). Y m\u00e1s adelante agrega: &#8220;La desaforada competencia econ\u00f3mica es fruto del individualismo proclamado por la filosof\u00eda impropiamente apellidada liberal (impropiamente, por haber conducido a la universal miseria, como tantas otras cosas as\u00ed calificadas por la superstici\u00f3n pol\u00edtica)&#8221; (31). La ingenuidad o la mala fe han presentado esta lucha contra el individualismo y la competencia como un signo de que N\u00fa\u00f1ez propiciaba lo que Li\u00e9vano ha llamado su &#8220;capitalismo de Estado&#8221; y otros autores su &#8220;socialismo de Estado&#8221;. Pero el &#8220;regenerador&#8221; no enfrentaba contra el individualismo el socialismo, ni mucho menos. &#8220;El socialismo \u2014escribe\u2014 es la hidra mitol\u00f3gica cuyas cabezas mutiladas sin cesar se renuevan. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el H\u00e9rcules que habr\u00e1 de troncharlas radicalmente? Esa hidra no se abate con fuerza material, sino con espada flam\u00edgera&#8221; (32). La m\u00e1xima coincidencia entre N\u00fa\u00f1ez y Caro radic\u00f3 en su oposici\u00f3n a realidades concretas del capitalismo, al individualismo, a la competencia, al &#8220;desorden&#8221;, a la &#8220;anarqu\u00eda&#8221;. Para ellos todo era lo mismo. Se inspiraban en ese socialismo cristiano puesto en marcha por Le\u00f3n XIII que buscaba acomodar la Iglesia con ideolog\u00eda feudal y terrateniente a las condiciones ineludibles del capitalismo al que tanto se hab\u00eda opuesto. El desorden de la competencia que trajo el capitalismo era, para ellos la anarqu\u00eda pol\u00edtica y la causa de la guerra y el individualismo pernicioso. S\u00f3lo la religi\u00f3n cat\u00f3lica y el cristianismo social pod\u00edan salirle al paso a la revoluci\u00f3n socialista y al avance del capitalismo por igual. Refiri\u00e9ndose al proceso que se daba en Alemania, N\u00fa\u00f1ez se\u00f1alaba: &#8220;Pero en contra, en el nuevo imperio germ\u00e1nico se lidia m\u00e1s desventajosamente con el socialismo, cuya preponderancia crece cada a\u00f1o, seg\u00fan se deduce de la estad\u00edstica sucesiva del sufragio. Y como afirma al final de un art\u00edculo extenso que sobre la materia inserta la Revue des Deux Mondes, y nos hizo notar nuestro amigo el se\u00f1or Caro, no hay otra soluci\u00f3n s\u00f3lida all\u00ed que la que puede proporcionar la luz evang\u00e9lica en su ingenua irradiaci\u00f3n pr\u00e1ctica: caridad en la c\u00faspide y resignaci\u00f3n cristiana en la base de la pir\u00e1mide. La ciencia y las bayonetas ser\u00e1n impotentes&#8230; La espada de luz a que hemos antes aludido est\u00e1, pues, iniciada. No puede ser otra que la est\u00e9tica y la \u00e9tica cat\u00f3licas&#8221; (33).<\/p>\n<p>    N\u00fa\u00f1ez no solamente se opon\u00eda al librecambio en un momento en que, para el pa\u00eds, segu\u00eda siendo una condici\u00f3n necesaria de su desarrollo capitalista. Se enfrentaba tambi\u00e9n a la competencia que es una caracter\u00edstica esencial del capitalismo, ineludible para su expansi\u00f3n y fortalecimiento, as\u00ed sea como una guerra que causa estragos y arrasa a los d\u00e9biles. Igual posici\u00f3n manten\u00eda frente al individualismo, rasgo connatural de la econom\u00eda capitalista, sin el cual no le es posible abrirse campo y formar profundas ra\u00edces. El capitalismo est\u00e1 basado en la necesidad de la ganancia capitalista y depende de la explotaci\u00f3n que se haga de los obreros y de la competencia que se entable a, nivel de la sociedad. No hay duda de que este sistema crea una especie de anarqu\u00eda econ\u00f3mica y social (34). Esta especie de anarqu\u00eda social, de necesidad de libre movimiento y de total libertad inherente al capitalismo de libre competencia es lo que aterroriza a N\u00fa\u00f1ez y, por supuesto, a Caro. La democracia pol\u00edtica que es la forma de Estado natural del capitalismo, como lo se\u00f1ala Lenin, es, en cierta medida, una anarqu\u00eda social sistematizada con ciertas regulaciones m\u00ednimas que no dejen desintegrar el sistema (35). El hecho de que el capitalismo exija la democracia liberal, proviene de su ineludible necesidad de libertad de oferta y demanda para permitir campo abierto a la competencia. Como ya lo hemos mostrado en la Primera Parte, el imperialismo modifica estas condiciones al agudizar la contradicci\u00f3n entre la superestructura pol\u00edtica de democracia que impulsa la libertad y la igualdad y la infraestructura econ\u00f3mica que desde un principio niega las dos mediante la explotaci\u00f3n del obrero y la divisi\u00f3n irreconciliable de las dos clases enfrentadas, capitalista y proletaria (36). Al negar el imperialismo la libre competencia e imponer el monopolio, tiene que proceder a negar la democracia y a establecer el r\u00e9gimen autocr\u00e1tico. He ah\u00ed tambi\u00e9n una coincidencia m\u00e1s de Li\u00e9vano y L\u00f3pez Michelsen, los cuales ven un acercamiento del r\u00e9gimen autocr\u00e1tico de la Colonia y el que va &#8220;imponiendo el capitalismo monopolista de Estado, del que son fervientes defensores. La obsesi\u00f3n de N\u00fa\u00f1ez y Caro con la anarqu\u00eda existente y con la necesidad del orden, se origina en su posici\u00f3n proterrateniente y en la defensa de un r\u00e9gimen que salvaguarde los intereses de los terratenientes aun a trav\u00e9s del desarrollo del capitalismo. La derrota pol\u00edtica que infligen a la burgues\u00eda y las condiciones econ\u00f3micas que imponen en favor de los terratenientes, preparan el terreno para la entrada del imperialismo que encontrar\u00e1 unos terratenientes fortalecidos e inexpugnables dispuestos a entablar una alianza del imperialismo que asegurar\u00e1 sus intereses y asegurar\u00e1 un desarrollo modemizador sin tocar sus privilegios feudales. Por eso N\u00fa\u00f1ez y Caro se revelan contra el r\u00e9gimen democr\u00e1tico y disfrazan su postura con una apolog\u00eda de la autoridad, de la limitaci\u00f3n de las libertades, de la paz y de la lucha contra el desenfreno desatado por los radicales decimon\u00f3nicos que s\u00f3lo pensaban en la guerra. La preocupaci\u00f3n por la paz es justa. Pero la paz no es un ente abstracto que venga a la tierra por la buena intenci\u00f3n de los personajes que aspiran a ella. La paz tiene condiciones. Para 1880 la paz carec\u00eda de los m\u00ednimos requisitos en Colombia. Era indudable que no se hab\u00eda resuelto el conflicto existente desde la revoluci\u00f3n de independencia y que constitu\u00eda la esencia de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica en Colombia, a saber, el conflicto entre las fuerzas propulsoras del capitalismo y las fuerzas anticapitalistas, entre los terratenientes feudales y los comerciantes procapitalistas. La paz, por tanto, en cualquier instancia, mientras ese conflicto no se resolviera en favor de las fuerzas procapitalistas, ir\u00eda a favorecer a los terratenientes. En todos los pa\u00edses capitalistas del orbe se libr\u00f3 esa lucha. Y s\u00f3lo la definici\u00f3n de la guerra resolvi\u00f3 el problema. N\u00fa\u00f1ez, por ejemplo, ve con horror la guerra civil norteamericana, precisamente, mediante la cual se consolid\u00f3 el proceso capitalista de Estados Unidos y la derrota de los terratenientes feudales y esclavistas (37). Es su visi\u00f3n anticapitalista que defiende los intereses de los terratenientes.<\/p>\n<p>    Tal vez los hechos y las medidas de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; no correspondan a su ideolog\u00eda y a sus manifestaciones. Los autores de la &#8220;nueva historia&#8221; han venido repitiendo la tesis de Li\u00e9vano sobre los grandes avances de la econom\u00eda colombiana en la \u00e9poca de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; y sobre su gran contribuci\u00f3n al desarrollo capitalista del pa\u00eds (38). Atribuyen, sobre todo, este efecto ben\u00e9fico de progreso a tres medidas: a la protecci\u00f3n aduanera que estimula la industrializaci\u00f3n, al establecimiento del Banco Nacional, y al impulso a la infraestructura ferrocarrilera. El proteccionismo y el monopolio bancario establecido por el Banco Nacional fueron medidas econ\u00f3micas exclusivamente orientadas a golpear los intereses de los comerciantes que apoyaban, principalmente, al partido liberal (39). Ya hemos se\u00f1alado el car\u00e1cter del proteccionismo como una medida regresiva y opuesta al desarrollo capitalista del pa\u00eds en el momento que viv\u00eda Colombia. Es necesario hacer algunas consideraciones sobre el Banco Nacional. Ospina V\u00e1squez tiene el siguiente an\u00e1lisis: &#8220;El lo de enero de 1881 abri\u00f3 operaciones el Banco Nacional con capital suministrado \u00edntegramente por el Estado (anticipo de las regal\u00edas del ferrocarril de Panam\u00e1). El objeto primordial de la instituci\u00f3n era hacer pr\u00e9stamos al gobierno. No hay para qu\u00e9 entrar en el proceso que llev\u00f3 primero a la aceptaci\u00f3n forzosa de sus billetes en parte de los pagos hechos a los gobiernos nacional y seccionales, y luego a la exclusividad del privilegio de emisi\u00f3n y la inconvert\u00edb\u00edlidad, y por \u00faltimo a la liquidaci\u00f3n del banco. La restricci\u00f3n de las facultades de los bancos particulares fue desastrosa para la econom\u00eda del pa\u00eds, y especialmente para la de Antioquia. El privilegio volv\u00eda al Estado, quien hubo de extraer de este recurso todo lo que pod\u00eda dar, en la etapa final del periodo. Para darse cuenta de lo que fue aquello basta seguir el curso de la cotizaci\u00f3n de los cambios sobre el exterior; pasan de 7 a 16% de primera en 1881 al 36% en diciembre de 1885, a 111% en junio de 1888, para caer luego al 100%, alrededor de cuya cifra se mantienen hasta los primeros meses de 1893; con fluctuaciones marcadas, se llega al 200% en agosto de 1898. En diciembre del a\u00f1o siguiente se llega al 550%, y en marzo de 1900 al 1.000%. A principios del a\u00f1o siguiente se llega al 5.000 %, y a principios de 1903 al 10.000. La cotizaci\u00f3n se estabiliza alrededor de esa cifra (con algunos movimientos bruscos, poca duraci\u00f3n) hasta la conversi\u00f3n, en tiempo de Reyes (al 10.000%)&#8221; (40). El testimonio directo de Tom\u00e1s O. Eastman sobre las consecuencias inmediatas de las medidas econ\u00f3micas de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; resulta elocuente: &#8220;Diose pues a purificar las costumbres, a hacer propaganda de las sanas ideas, a ense\u00f1arnos religi\u00f3n&#8230; empe\u00f1\u00f3se en hacer que hac\u00eda caminos, puentes, plazas, muelles, monumentos, estatuas, palacios, murallas, museos, jardines; subvencion\u00f3 ferrocarriles, vapores, empresas de todo g\u00e9nero; en una palabra, se convirti\u00f3 en maestro, empresario y protector de todas las cosas habidas y por haber. Vemos algunas consecuencias necesarias de semejantes proezas: Como ellas no se realizan sin dinero, fue preciso aumentar desmesuradamente las contribuciones y hubo que ocurrir a arbitrios como el papel moneda y los monopolios. Con lo primero infligi\u00f3 a la industria una sangr\u00eda copiosa y debilitante. El papel moneda hizo oscilar el tipo de cambio; perturb\u00f3 los precios de los art\u00edculos y servicios; alter\u00f3 sin pacto previo las relaciones existentes entre acreedores y deudores y entre capitalistas y trabajadores; desvi\u00f3 los capitales de su giro natural; en asocio con las altas tarifas aduaneras, levant\u00f3 una especie de muralla china alrededor del pa\u00eds, para que no llegase hasta nosotros, o llegase tan debilitada cuanto fuese posible, la influencia del progreso industrial en el exterior; y despu\u00e9s de hacernos pasar por las angustias de una alza de las letras, nos traer\u00e1 en conclusi\u00f3n los horrores de una baja, a\u00fan peores que los del alza. De los monopolios no hay para qu\u00e9 hablar, pues sus inconvenientes son hoy visibles para todo el mundo. Cualquiera de esos males bastar\u00eda por s\u00ed solo para condenar cualquier sistema pol\u00edtico&#8221; (41).<\/p>\n<p>    La confusi\u00f3n de base respecto a la interpretaci\u00f3n del Banco Nacional radica en colocarlo como un banco central de una econom\u00eda capitalista. Colombia viv\u00eda un momento crucial de su desarrollo econ\u00f3mico en que se iniciaba un proceso de lucha por la industrializaci\u00f3n. Era indudable que la banca ten\u00eda que jugar un papel definitivo, por ser intermediaria de los comerciantes. Pero esa banca no era de car\u00e1cter totalmente capitalista, sino que depend\u00eda del car\u00e1cter del capital comercial precapitalista de naturaleza independiente de la producci\u00f3n (42). Lo que hace N\u00fa\u00f1ez es monopolizar la funci\u00f3n bancaria, como lo hace con otras actividades econ\u00f3micas al modo de la Colonia, de intermediario de los comerciantes en el Estado. La quiebra de la banca privada, principalmente la antioque\u00f1a, signific\u00f3 la supresi\u00f3n de un elemento esencial para el proceso comercial. El papel del Banco Nacional no era regulador como el que ten\u00edan los bancos centrales capitalistas en otras partes del mundo capitalista avanzado, los cuales, en realidad, respond\u00edan m\u00e1s al proceso de monopolizaci\u00f3n y de comienzo de prevalencia del capital financiero. La unificaci\u00f3n de la moneda que trajo el Banco Nacional no exig\u00eda la monopolizaci\u00f3n estatal de la funci\u00f3n bancaria. Carlos Mart\u00ednez Silva lo se\u00f1alaba en su momento como un representante de ese sector de los terratenientes que estaba en proceso de convertirse en burgueses, como lo hemos analizado anteriormente. Dec\u00eda Mart\u00ednez Silva: &#8220;No hay necesidad de entrar a demostrar aqu\u00ed cuan perjudicial es el monopolio oficial, o en manos de una compa\u00f1\u00eda particular de la industria bancaria. Cuesti\u00f3n es \u00e9sta tratada en cualquier manual de econom\u00eda pol\u00edtica, y se necesita ser intonso en la materia para sostener el sistema de monopolio en este tiempo, en que la civilizaci\u00f3n cuenta como una de sus mayores conquistas, el haber alcanzado en todos los pueblos cultos la libertad de comercio. S\u00f3lo como recurso fiscal, y eso en muy determinadas circunstancias, puede justificarse hoy el monopolio de un ramo de industria. Pero trat\u00e1ndose de la bancaria, las razones que militan a favor de la libertad son m\u00e1s fuertes que en ning\u00fan otro caso&#8230; La competencia es el alma y el est\u00edmulo de toda empresa; donde falta ese aguij\u00f3n, la industria desfallece y muere&#8230;&#8221; (43).<\/p>\n<p>3. La lucha contra la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;<\/p>\n<p>    La lucha pol\u00edtica que desencaden\u00f3 la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; provino, por una parte, de los comerciantes que vieron limitada y amenazada su libertad de comercio y, de otra parte, de un sector de terratenientes y comerciantes que iban convirti\u00e9ndose en industriales y vieron en peligro sus nuevos intereses. Las dos causas principales de la lucha radican en el proteccionismo y en el monopolio bancario. Es posible que puedan aducirse otras causas econ\u00f3micas, pero no tan determinantes como estas dos. Las fuerzas pol\u00edticas del pa\u00eds se dividieron frente a la &#8221; Regeneraci\u00f3n&#8221; en tres posiciones. El partido liberal dirigido por los radicales present\u00f3 una oposici\u00f3n desde el principio del movimiento de N\u00fa\u00f1ez hasta el final de la guerra de los mil d\u00edas. El partido nacional de N\u00fa\u00f1ez y Caro, compuesto por los independientes de N\u00fa\u00f1ez, salidos del partido liberal y el conservatismo en pleno que fue dividi\u00e9ndose a medida que se agudizaron las contradicciones del proceso regenerador, se constituy\u00f3 en su soporte. El conservatismo hist\u00f3rico, dirigido por el general Marceliano V\u00e9lez y Carlos Mart\u00ednez Silva, que rompi\u00f3 con el partido nacional ya avanzado el proceso de la &#8221; Regeneraci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>    El partido liberal del siglo XIX fue un partido que empez\u00f3 a sufrir un proceso lento de descomposici\u00f3n desde la Convenci\u00f3n de Rionegro, primero por su oposici\u00f3n a las medidas de Mosquera frente a la desamortizaci\u00f3n de bienes de manos muertas y frente a la Iglesia, y segundo por la tendencia de un sector de los comerciantes a invertir sus excedentes en propiedad territorial. De este \u00faltimo sector surgi\u00f3 el partido independiente de N\u00fa\u00f1ez. Pero de la oposici\u00f3n a Mosquera tambi\u00e9n se desarroll\u00f3 una tendencia conciliacionista con los terratenientes que va a ser representada dentro de los radicales en su oposici\u00f3n a la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; como los pacifistas en el momento en que el partido liberal tiene que definir su conducta frente a Caro. Esto significa que en el partido liberal despu\u00e9s de la Constituci\u00f3n del 63 van apareciendo tres tendencias: una que es fiel a los principios del liberalismo decimon\u00f3nico y que no concilia con el partido conservador, por lo menos hasta la guerra de los mil d\u00edas; otra que se mantiene dentro del partido liberal, pero conciliador en los principios del liberalismo, que va a enfrentarse de distintas maneras a la fracci\u00f3n m\u00e1s radical y persistente en los principios; y otra que conforma el partido nacional con los conservadores y acaba fundi\u00e9ndose con el partido conservador. Estas tres tendencias hacen crisis en el per\u00edodo que va de 1880 a los primeros a\u00f1os del siglo veinte. Se ha acusado al partido liberal de haber lanzado a N\u00fa\u00f1ez en brazos del conservatismo por la oposici\u00f3n violenta que desde el principio del proceso de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; le present\u00f3. Pero la raz\u00f3n la tenia el liberalismo radical en oponerse a N\u00fa\u00f1ez que lanz\u00f3 un movimiento de restauraci\u00f3n a favor de los terratenientes, con los cuales coincid\u00eda ideol\u00f3gica y pol\u00edticamente. La l\u00ednea de N\u00fa\u00f1ez no se modifica substancialmente en sus escritos y en su conducta de 1880 a 1896, ni su coincidencia con Caro, como lo hemos tratado de demostrar, es puramente casual o adjetiva. El Banco Nacional, por ejemplo, se convirti\u00f3 en un instrumento de financiaci\u00f3n de los terratenientes, no solamente para la represi\u00f3n de los liberales, sino para la guerra de los mil d\u00edas (44). La oposici\u00f3n liberal a N\u00fa\u00f1ez adolec\u00eda de un problema fundamental y consist\u00eda en la divisi\u00f3n de intereses dentro de los comerciantes que sosten\u00edan al partido liberal. Si el partido liberal inici\u00f3 muy r\u00e1pido su descomposici\u00f3n, se debi\u00f3 precisamente al car\u00e1cter de la clase que era su apoyo fundamental, clase hist\u00f3ricamente en transici\u00f3n y que no pose\u00eda sus ra\u00edces en la propiedad territorial como los terratenientes ni la fuente de su atesoramiento proven\u00eda de la propiedad de los medios de producci\u00f3n industriales como la burgues\u00eda industrial. Este era el car\u00e1cter de los comerciantes precapitalistas agentes principales de la revoluci\u00f3n burguesa en Colombia, los cuales depend\u00edan del capital comercial. Por eso los comerciantes no pose\u00edan una ideolog\u00eda propia, aunque en la lucha por la independencia y por la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica hubieran adoptado las ideas de la burgues\u00eda industrial, las del liberalismo revolucionario que impuls\u00f3 el surgimiento y avance del capitalismo en el mundo. Dentro del partido liberal unos sectores, pocos, se mantuvieron f\u00edeles a esos principios; otros sectores, la mayor\u00eda, claudicaron en el fragor de la lucha contra los terratenientes; y los dem\u00e1s traicionaron pas\u00e1ndose a los terratenientes y adoptando su ideolog\u00eda. Estos factores fueron los que hicieron relativamente f\u00e1cil la tarea de N\u00fa\u00f1ez en el proceso de un movimiento esencialmente proterrateniente. No fue, no pod\u00eda ser en la \u00e9poca en que ya el capitalismo pasaba de su maduraci\u00f3n a la decadencia, la restauraci\u00f3n del feudalismo, pero s\u00ed significaba la garant\u00eda al r\u00e9gimen de monopolio feudal de la tierra para los terratenientes.<\/p>\n<p>    En la \u00e9poca de auge de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, en el momento de la elaboraci\u00f3n y discusi\u00f3n de la nueva Constituci\u00f3n, y durante los primeros a\u00f1os de su vigencia, el partido conservador parec\u00eda haber desaparecido para fundirse con el partido nacional de N\u00fa\u00f1ez. Todo el partido conservador se puso de parte de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. Ya hemos visto c\u00f3mo Caro se convirti\u00f3 en su baluarte fundamental hasta el punto de haber llegado a ser el redactor del texto mismo. Pero es necesario, por los acontecimientos posteriores de la divisi\u00f3n conservadora, ofrecer los testimonios de uno de los jefes m\u00e1s connotados de ese partido, Carlos Mart\u00ednez Silva. &#8220;Con absoluta seguridad \u2014afirma\u2014 puede decirse por lo mismo, que ninguna de las Constituciones que ha tenido la rep\u00fablica ha sido fruto de un trabajo m\u00e1s sereno y meditado. Defectos podr\u00e1 tener la de 1886, pero en ning\u00fan caso habr\u00e1 de tach\u00e1rsele de taita de sistema, de ligereza o de inconsistencia. En ella hay plan y unidad perfecta; y como no ha sido hecha ni en contra ni a favor de nadie, ni ha sido inspirada por ning\u00fan sistema exclusivista y absoluto, como est\u00e1 calcada en nuestra propia y peculiar condici\u00f3n social y pol\u00edtica, es de presumirse que est\u00e1 destinada a vida larga y robusta, no estacionaria ni momificada, sino progresiva, porque los constituyentes de 1886 no han tenido la soberbia y la vana presunci\u00f3n de los de 1863, que consideraron su obra acabada, perfecta e irreformable. Esta otra Constituci\u00f3n, dejando la puerta abierta a las enmiendas, ha fiado su ratificaci\u00f3n definitiva a la voluntad nacional genuinamente expresada&#8230; La Constituci\u00f3n de 1886, promulgada el 7 de agosto, se caracteriza por cuatro rasgos dominantes: restablecimiento de la unidad nacional; libertad de la Iglesia Cat\u00f3lica; libertades individuales pr\u00e1cticas y bien definidas; robustecimiento del principio de autoridad&#8221; (45). Estas cuatro caracter\u00edsticas que se\u00f1ala Mart\u00ednez Silva han sido acogidas por casi todos los tratadistas e historiadores como los rasgos determinantes de la Constituci\u00f3n del 86. No solamente coincid\u00eda Mart\u00ednez Silva con N\u00fa\u00f1ez y Caro en el proceso de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, sino que estaba de acuerdo con todo su contenido, lo mismo en la oposici\u00f3n a los radicales y en la interpretaci\u00f3n de su obra que en la forma autoritaria y autocr\u00e1tica que deb\u00eda tomar el nuevo gobierno. &#8220;Pero de nada servir\u00edan todas esas saludables reformas \u2014dec\u00eda\u2014 si no hubiera organizado un gobierno suficientemente fuerte para defender la sociedad contra los ataques de los hombres audaces y depravados. Los que parten del an\u00e1rquico principio de que el gobierno es un mal necesario fueron l\u00f3gicos al reducir la autoridad a la impotencia; la experiencia que ha ense\u00f1ado qu\u00e9 funesta cosa es anular la acci\u00f3n del gobierno por malo que \u00e9l sea, para depositar toda la suma de la autoridad de que se le despoja en manos de los que quieran tomarla y ejercerla sin responsabilidad y sin contrapeso&#8230; Demostrado que los gobiernos d\u00e9biles son de suyo violentos, era necesario constituir un gobierno fuerte para hacerlo suave en su ejercicio&#8221; (46). No hab\u00eda dudas de que el partido conservador cerraba filas en torno a la Constituci\u00f3n del 86 y que los argumentos para defenderla y propiciarla no difer\u00edan de los de N\u00fa\u00f1ez.<\/p>\n<p>    Pero pasados diez a\u00f1os despu\u00e9s de su promulgaci\u00f3n, las contradicciones de una Constituci\u00f3n que hab\u00eda intentado por encima de cualquier otra consideraci\u00f3n reforzar el poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico de los terratenientes, afloraron en una forma tan violenta que iban a llevar al pa\u00eds a la m\u00e1s cruenta de las guerras civiles. Con el movimiento de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; se cerraban en Colombia las posibilidades de que la burgues\u00eda llevara a cabo la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica que se hab\u00eda iniciado con la revoluci\u00f3n de independencia. En efecto, el camino de una reforma agraria democr\u00e1tica que liquidara el r\u00e9gimen terrateniente y neutralizara su poder pol\u00edtico quedaba cerrado. El regreso al proteccionismo y al monopolio bancario hab\u00edan sido golpes muy fuertes a las fuerzas burguesas que, mal que bien, ven\u00edan propiciando el avance del capitalismo en el pa\u00eds. Pero el regreso al despotismo y al autoritarismo consagrados en la Constituci\u00f3n del 86, al igual que la pr\u00e1ctica de la autocracia por parte de Caro desde el gobierno, aprobada por N\u00fa\u00f1ez desde su estrat\u00e9gico retiro de la presidencia, colmaron la tasa de las contradicciones. No solamente apur\u00f3 la crisis del partido liberal, sino que tambi\u00e9n dividi\u00f3 al partido conservador. Mart\u00ednez Silva sali\u00f3 como el abanderado de un sector del partido conservador que ten\u00eda su asiento, principalmente en Antioquia, y que representaba una d\u00e9bil tendencia terrateniente a pasar a la industria, pero que pose\u00eda intereses significativos en la floreciente econom\u00eda cafetera impulsada, entre otros factores, por la colonizaci\u00f3n hacia el sur (47). Mart\u00ednez Silva encama la contradicci\u00f3n del partido conservador, en el que iban surgiendo fuerzas que favorec\u00edan el desarrollo del capitalismo, aunque no fueran capaces de desprenderse por completo de sus intereses terratenientes y, m\u00e1s adelante, claudicaran totalmente ante ellos. Su violento art\u00edculo contra la ley que establec\u00eda el Banco Nacional que ya hemos citado se contradice, en cierta manera, con su apoyo irrestricto que por la misma \u00e9poca le daba a la Constituci\u00f3n del 86. Afirmaba, entonces, &#8220;muchas tiran\u00edas se han presentado en el mundo, y la historia est\u00e1 llena de atropellos y violencias cometidos por los gobiernos desp\u00f3ticos; pero hasta ahora no ten\u00edamos noticia de que a ninguno se le hubiera ocurrido obligar a sus s\u00fabditos o ciudadanos a entrar con \u00e9l, en determinado g\u00e9nero de especulaciones. Esa pretensi\u00f3n que a los cesares romanos hubiera parecido rid\u00edcula, estaba reservada para estos tiempos de libertad y de progreso&#8230; Ma\u00f1ana, si el proyecto que analizamos llegara a convertirse en ley, otro acto legislativo podr\u00eda expedirse para imponer multas o prisi\u00f3n al que no sembrara caf\u00e9, o al que tuviera trapiche movido por bueyes, o al que no empleara en sus labranzas arados Collins&#8221; (48). Estas palabras las escrib\u00eda en 1880. Casi veinte a\u00f1os despu\u00e9s, en medio de los sufrimientos impuestos por la Constituci\u00f3n del 86, en respuesta a la siguiente aseveraci\u00f3n de Caro: &#8220;Es que el juicio es m\u00e1s sereno y amplio, y la apreciaci\u00f3n del inter\u00e9s com\u00fan m\u00e1s certera, en altos puestos de direcci\u00f3n unipersonal y de gran responsabilidad moral, que en medio de las agitaciones parlamentarias y de los meetings populares&#8221; (49). Mart\u00ednez Silva fustigaba los resultados de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; en esta forma: &#8220;Por desgracia para la escuela absolutista, la doctrina que hoy se pretende hacer prevalecer en Colombia lleva en su contra una dolorosa experiencia. Nadie pretender\u00e1 sostener que aqu\u00ed hay al presente r\u00e9gimen parlamentario, ni elecciones populares, ni partidos organizados, ni meetings, ni prensa libre, ni ministros responsables y sometidos a los vaivenes de la pol\u00edtica, ni se conoce medio alguno para que la opini\u00f3n p\u00fablica se haga sentir en los consejos de gobierno. Prevalece en \u00e9l de tiempo atr\u00e1s la &#8216;direcci\u00f3n unipersonal y de gran responsabilidad moral&#8217;; y sin embargo, en nada se ve aquella certera apreciaci\u00f3n del inter\u00e9s com\u00fan, tan encomiada por los maestros y doctores de la nueva ley&#8221; (50). Ya hab\u00eda roto con la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, hab\u00eda iniciado la oposici\u00f3n a Caro que conducir\u00eda al restablecimiento del partido conservador, y hab\u00eda iniciado la divisi\u00f3n conservadora entre &#8220;hist\u00f3ricos&#8221; y &#8220;nacionalistas&#8221;.<\/p>\n<p>4. Divisi\u00f3n del partido conservador<\/p>\n<p>    Entre enero de 1896 y agosto de 1897, al mismo tiempo que arrecia la oposici\u00f3n liberal y se prepara la guerra civil, se materializa la divisi\u00f3n conservadora, con la publicaci\u00f3n del famoso Memorial de los 21, elaborado por Mart\u00ednez Silva, y con el retiro del apoyo al gobierno. En julio de 1896, Mart\u00ednez Silva sostiene una pol\u00e9mica con Caro sobre el car\u00e1cter del partido conservador. Caro dec\u00eda: &#8220;El partido que ejerce hoy el poder p\u00fablico se compone de los elementos que concurrieron a reintegrar la naci\u00f3n y expedir la Constituci\u00f3n de 1886 y que hayan permanecido f\u00edeles a su bandera. Este partido es conservador en cuanto sostiene y conserva el orden constituido, el respeto a la autoridad y la concordia con la Iglesia, base de la paz social. Pero no es \u00e9ste un partido reaccionario. El partido que vot\u00f3 la Constituci\u00f3n de 1886 no puede ser el mismo que hab\u00eda votado la del 58, porque \u00e9sta y aquella ley fundamental son antag\u00f3nicas. El partido que sustenta la Constituci\u00f3n del 86 se fund\u00f3 para efectuar y defender una gran transformaci\u00f3n pol\u00edtica que se ha llamado regeneraci\u00f3n; es un organismo que tiene principios y fines determinados, vida y desarrollo propios, y por lo mismo, un nombre propio, el cual es el hermoso nombre del partido nacional, bajo el cual, con la obra que ha realizado, se presentar\u00e1 ante el tribunal de la posteridad&#8221; (51). Entonces Mart\u00ednez Silva le responde. Por fin Caro declara p\u00fablicamente lo que ven\u00eda diciendo desde hace mucho tiempo, que no hay partido conservador. La Constituci\u00f3n del 86 no representa en modo genuino las doctrinas tradicionales del partido conservador. El partido conservador no dict\u00f3 esa Constituci\u00f3n. Simplemente la acogi\u00f3 porque consagraba dos puntos fundamentales capitales de la doctrina conservadora, la unidad nacional y el reconocimiento de los derechos de la Iglesia Cat\u00f3lica. De esa Constituci\u00f3n surgi\u00f3 &#8220;todo un sistema pol\u00edtico y administrativo&#8221; que todav\u00eda no ha sido suficientemente estudiado y de ah\u00ed la confusi\u00f3n reinante en torno a lo que pasa. El partido nacional son dos cosas: la Constituci\u00f3n, el sistema pol\u00edtico y administrativo a que dio origen, y el hombre, Caro. No solamente hay que rechazar al hombre, sino tambi\u00e9n al sistema a que dio origen esa Constituci\u00f3n. Mart\u00ednez Silva no estaba contra la Constituci\u00f3n del 86, sino contra el sistema que la direcci\u00f3n unipersonal de Caro hab\u00eda establecido apoy\u00e1ndose en ella (52). Pero la preocupaci\u00f3n principal suya radicaba en la crisis del partido conservador. Para \u00e9l el partido nacional no era el partido conservador menos los independientes, sino un partido diferente. Por eso dec\u00eda: &#8220;\u00bfY el partido conservador, existe, o no? se preguntan algunos. La respuesta es sencilla: existen a\u00fan conservadores, en mayor n\u00famero acaso de lo que com\u00fanmente se cree; pero partido organizado con este nombre, capaz de influir en la direcci\u00f3n de la pol\u00edtica y en los destinos del pa\u00eds, en ninguna parte se ve. Absorbidos unos de sus antiguos miembros por el nacionalismo, separados otros francamente de esta bander\u00eda, deseosos los m\u00e1s de volver a las antiguas filas, pero detenidos por el espantajo del &#8220;enemigo com\u00fan&#8221; y por el miedo de que se les tilde de disidentes, ninguna acci\u00f3n colectiva, ning\u00fan movimiento de independencia, ning\u00fan conato de organizaci\u00f3n ejecutan, y de bueno o mal grado los m\u00e1s de ellos siguen uncidos al carro del nacionalismo, renegado por lo bajo, aliment\u00e1ndose de ficciones y viviendo en perpetuas transacciones con la conciencia&#8221; (53). As\u00ed se materializ\u00f3 la divisi\u00f3n del partido conservador, la cual estuvo a punto de llevar a que los &#8220;hist\u00f3ricos&#8221; apoyaran a los liberales en la guerra de los mil d\u00edas.<\/p>\n<p>    El sentido fundamental de esta divisi\u00f3n conservadora consiste en el acercamiento b\u00e1sico entre el partido liberal y el conservatismo &#8221;hist\u00f3rico&#8221;. La oposici\u00f3n a la Constituci\u00f3n del 86, aun as\u00ed fuera por motivos no siempre id\u00e9nticos, manifestaba coincidencia de intereses. Mart\u00ednez Silva se levantaba contra el sectarismo, defend\u00eda la participaci\u00f3n del partido liberal, fustigaba su exclusi\u00f3n total de la pol\u00edtica, hasta el punto de ser considerado liberal por los adalides conservadores del clero. En una famosa pol\u00e9mica del presb\u00edtero Baltasar V\u00e9lez con la jerarqu\u00eda y con el clero conservador, en que Mart\u00ednez Silva servia como protagonista, fueron condenadas las posiciones proliberales de los dos, por estar fuera de la ortodoxia eclesial (54). Por esta raz\u00f3n se ha considerado a Mart\u00ednez Silva como precursor de la Uni\u00f3n Republicana, un partido de corta vida que agrup\u00f3 a liberales y a conservadores (55). Para Mart\u00ednez Silva los dos partidos tradicionales estaban en crisis, porque ninguno de los dos correspond\u00eda a los intereses nacionales. A medida que se acerca la guerra de los mil d\u00edas, se hace m\u00e1s notorio el enfrentamiento dentro de los dos partidos. En el liberal los partidarios de la guerra que se oponen a los pacifistas. En el conservador, los &#8220;hist\u00f3ricos&#8221; est\u00e1n contra Sanclemente. El mismo Mart\u00ednez Silva anotaba: &#8220;Error y prueba de miopismo pol\u00edtico es considerar esas divisiones en los partidos como obra de ambiciones y de las impaciencias de unos pocos agitadores d\u00edscolos e indisciplinados. En ellas hay siempre un fondo de convicciones honradas y sinceras, y tarea vana es tratar de detenerlas o de ocultarlas por medio de artificiales combinaciones&#8221; (56). Y caracterizaba la divisi\u00f3n de los dos partidos: &#8220;De esta suerte, ninguno de los dos grandes partidos llamados hist\u00f3ricos, que en \u00e9pocas pasadas contribuyeron ambos, a su medida, y a pesar de sus exageraciones, al progreso del pa\u00eds, corresponde hoy a las aspiraciones verdaderamente nacionales. Uno y otro hicieron su obra, y como entidades apegadas a un pasado que no puede revivir, no tienen nada nuevo ni bueno que ofrecer a la naci\u00f3n; viven de recuerdos, se alimentan de odios y de pasiones, debilitados en lo interior por las naturales disidencias. e incapacitados para obrar de un modo ben\u00e9fico en favor del pa\u00eds, por las desconfianzas que rec\u00edprocamente se inspiran. Situaci\u00f3n tan an\u00f3mala e irregular no cesar\u00e1 sino cuando los pol\u00edticos de uno y otro bando reconozcan los hechos cumplidos por modo irremediable, y en vez de consumir in\u00fatilmente sus energ\u00edas en mantener unidades artificiales, promuevan sin miedo la liquidaci\u00f3n definitiva de los elementos heterog\u00e9neos que constituyen nominalmente cada partido&#8221; (57).<\/p>\n<p>    Colombia viv\u00eda una \u00e9poca en que las fuerzas econ\u00f3micas del capitalismo que lentamente se hab\u00edan ido abriendo paso, por encima de todas las torpezas, conciliaciones, vacilaciones y traiciones de los comerciantes representados por el partido liberal, y superando la oposici\u00f3n radical de los terratenientes expresada en el partido conservador, se encontraron con una Constituci\u00f3n pol\u00edtica que recortaba las garant\u00edas democr\u00e1ticas, eliminaba los respiraderos pol\u00edticos de las clases que se abr\u00edan campo, restauraba el despotismo colonial sin monarqu\u00eda, impon\u00eda una talanquera insoportable para los comerciantes que pugnaban por salir adelante en sus negocios, destrozaba los poros del sistema econ\u00f3mico de un momento de transici\u00f3n, y conced\u00eda, en esta forma, plenas garant\u00edas a las fuerzas de los terratenientes m\u00e1s reaccionarios, mientras aplastaba sin contemplaciones a las desorganizadas y todav\u00eda no bien consolidadas fuerzas procapitalistas. Una corriente no bien constituida, incipiente, un tanto amorfa si se quiere, de burgues\u00eda industrial integrada con comerciantes y con terratenientes, pugna para abrirse campo, por defender sus intereses, por recuperarse del golpe mortal que les ha asestado la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. Del lado de los terratenientes, esa corriente es representada por los conservadores &#8220;hist\u00f3ricos&#8221;. No dejan de ser terratenientes, no abandonan su partido conservador y sus tendencias reaccionarias enraizadas en la lucha del siglo XIX, pero no soportan las medidas que les impone la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; y que, objetivamente, aten\u00edan contra sus incipientes inter\u00e9sese de burgues\u00eda industrial. Esa contradicci\u00f3n, de conservadores decimon\u00f3nicos transform\u00e1ndose en burgues\u00eda industrial, es la que expresa la lucha enconada y ambigua que libra Carlos Mart\u00ednez Silva. En el partido liberal la lucha ser\u00e1 m\u00e1s clara, m\u00e1s enconada, m\u00e1s decisiva. Lo veremos inmediatamente. Lo que simboliza esta lucha intensa contra la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; es la defensa de las garant\u00edas democr\u00e1ticas y el reconocimiento de todas las fuerzas pol\u00edticas. Quiz\u00e1s all\u00ed radica su fortaleza, pero tambi\u00e9n su debilidad, porque ni en el partido liberal ni en los &#8220;hist\u00f3ricos&#8221; aparece con claridad un objetivo econ\u00f3mico y social que garantice esa lucha intensa y profunda que caracteriza el \u00faltimo quinquenio del siglo XIX y el primero del siglo XX.<\/p>\n<p>    En un pa\u00eds como Colombia, atrasado y feudal, como lo era al comienzo del movimiento de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, es un adefesio hist\u00f3rico defender que se dio impulso al desarrollo econ\u00f3mico del pa\u00eds con una pol\u00edtica terrateniente y reaccionaria. La &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, N\u00fa\u00f1ez y Caro, el partido nacional, no representan sino un movimiento de restauraci\u00f3n desp\u00f3tica, autocr\u00e1tica y antidemocr\u00e1tica, al mismo tiempo que la garant\u00eda definitiva para el r\u00e9gimen terrateniente que ir\u00eda a subsistir en Colombia por encima de todas las transformaciones y modernizaciones. Bajo esa caracterizaci\u00f3n pueden juzgarse las dem\u00e1s interpretaciones que se han esgrimido sobre este per\u00edodo hist\u00f3rico. La defensa que L\u00ed\u00e9vano Aguirre y L\u00f3pez Michelsen hacen de N\u00fa\u00f1ez queda completamente al descubierto y su famoso &#8220;capitalismo de Estado&#8221; no es sino la aplicaci\u00f3n de su ideolog\u00eda de mitad del siglo XX proimperialista a la tendencia desp\u00f3tica y autocr\u00e1tica de tinte colonial espa\u00f1ol de N\u00fa\u00f1ez y Caro, en lo cual consiste la coincidencia reaccionaria de la concepci\u00f3n de Li\u00e9vano y L\u00f3pez con la pr\u00e1ctica pol\u00edtica de N\u00fa\u00f1ez y Caro. Algo parecido podr\u00eda decirse de N\u00fa\u00f1ez como adalid de la unidad nacional. Fue este el argumento de los conservadores para apoyar las ideas de N\u00fa\u00f1ez y abanderarse de ellas. Pero ni desde el punto de vista econ\u00f3mico, con un mercado interior, ni desde un punto de vista pol\u00edtico, de la desmembraci\u00f3n del pa\u00eds, esa unidad peligr\u00f3 verdaderamente. Todas las guerras civiles que siguieron a la Constituci\u00f3n de Rionegro y que tuvieron alguna trascendencia, giraron sin excepci\u00f3n en torno al poder central del Estado y ninguna tuvo como objetivo la independencia de uno o varios Estados. El argumento de que N\u00fa\u00f1ez y la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; constituyeron un movimiento de fortalecimiento del Estado es completamente ambiguo. Si se trata de un fortalecimiento del Estado en relaci\u00f3n a luchas externas, quedar\u00eda completamente sin piso ante la impotencia de Colombia para enfrentar el robo de Panam\u00e1 y del canal. Y si es un fortalecimiento del Estado hacia el caos y la anarqu\u00eda interna, este es el argumento de los m\u00e1s reaccionarios defensores de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; manifiesto en los documentos de N\u00fa\u00f1ez y Caro. El fortalecimiento del Estado puede ser un argumento esgrimido tanto por los colonialistas espa\u00f1oles de la monarqu\u00eda, como por los terratenientes feudales del siglo XIX y los fascistas m\u00e1s recalcitrantes del siglo XX. La &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; fortaleci\u00f3 el r\u00e9gimen central autoritario contra las fuerzas progresistas del pa\u00eds, ya bastante debilitadas y desorientadas y en favor de las corrientes m\u00e1s reaccionarias.<\/p>\n<p>    Este momento fundamental de la historia de Colombia que significa la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, qued\u00f3 signado por la incapacidad de la burgues\u00eda para resolver el problema del desarrollo capitalista del pa\u00eds, no solamente contra los terratenientes, sino en un proceso de superaci\u00f3n de los comerciantes quienes se guiaron en ciertos momentos por la ideolog\u00eda de la burgues\u00eda mundial. Los radicales no ofrecieron salidas que definieran el camino para el despegue del capitalismo en el pa\u00eds sin permitirle a los terratenientes tanto su supervivencia como su poder\u00edo. Se hab\u00eda iniciado en el mundo la era del imperialismo, es decir, de la decadencia del capitalismo y en Colombia todav\u00eda no hab\u00eda despegado el capitalismo. Los terratenientes no enfrentaban el peligro del proletariado que los forzara a adaptarse m\u00e1s r\u00e1pidamente a las condiciones capitalistas. Si hubiera sido otra \u00e9poca, la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; hubiera restaurado el feudalismo puro. Esas posibilidades estaban cerradas. Con la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; se guardaron las espaldas y lo que hizo N\u00fa\u00f1ez hist\u00f3ricamente, objetivamente, aparte de sus deseos subjetivos y de sus intenciones, fue preparar las condiciones pol\u00edticas y la organizaci\u00f3n estatal para la entrada de Colombia al siglo veinte con la dominaci\u00f3n del imperialismo. De todas maneras, el punto de partida de un estudio del siglo veinte depende, en gran medida, de la interpretaci\u00f3n dada a esta etapa de transici\u00f3n que coloca al partido liberal en una profunda crisis y hace tambalear al partido conservador.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>(1) Indalecio Li\u00e9vano Aguirre, Rafael N\u00fa\u00f1ez, Segundo Festival del Libro Colombiano, Bogot\u00e1, p\u00e1g. 447.<\/p>\n<p>(2) Ibid., p\u00e1gs. 144-145 (el subrayado es nuestro).<\/p>\n<p>(3) Indalecio Li\u00e9vano Aguirre, &#8220;Pr\u00f3logo&#8221;, en Rafael N\u00fa\u00f1ez, La reforma pol\u00edtica en Colombia, 7 vols.. Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogot\u00e1, 1945, vol. VI, t. 2, p\u00e1g- 9.<\/p>\n<p>(4) Ibid., pag. 10 (el subrayado es nuestro)<\/p>\n<p>(5) Alfonso L\u00f3pez Michelsen, El Estado fuerte, Editorial Revista Colombiana, Ltda,, Bogot\u00e1, 1968, citas extractadas de la primera parte, passim, (el subrayado es nuestro).<\/p>\n<p>(6) Ibid., p\u00e1g. 32.<\/p>\n<p>(7) Op. cit., p\u00e1g. 37.<\/p>\n<p>(8) Ver, por ejemplo, N\u00fa\u00f1ez, op. cit., vol. II, p\u00e1gs. 225-228; vol. III, p\u00e1gs. 199, 209; 209-217; vol. VII, p\u00e1gs. 77-82.<\/p>\n<p>(9) Miguel Antonio Caro, &#8220;Imperio de la legalidad&#8221;, Obras completas, Imprenta Nacional, Bogot\u00e1, 1932, t VI, p\u00e1g. 3 (el subrayado es nuestro). Ver texto completo en la Antolog\u00eda, Parte III.<\/p>\n<p>(10) Ibid., p\u00e1g. 10.<\/p>\n<p>(11) Caro, &#8220;Mensaje dirigido al Congreso Nacional en la apertura de las sesiones ordinarias de 1894&#8221;, op. cit., p\u00e1gs. 106-117.<\/p>\n<p>(12) N\u00fa\u00f1ez, op. cit., vol. VII, p\u00e1gs. 36-37.<\/p>\n<p>(13) Ibid., vol. III, p\u00e1g. 130.<\/p>\n<p>(14) Caro, &#8220;Mensaje al Congreso Nacional&#8221;, op. cit., p\u00e1g. 178. Ver texto completo en la Antolog\u00eda, Parte III.<\/p>\n<p>(15) N\u00fa\u00f1ez, op. cit., vol. III, p\u00e1g. 130.<\/p>\n<p>(16) Caro, op. cit., p\u00e1g. 178.<\/p>\n<p>(17) Li\u00e9vano Aguirre, Los grandes conflictos sociales y econ\u00f3micos de nuestra historia, Edit. La Nueva Prensa, Bogot\u00e1, t.1.<\/p>\n<p>(18) Ver cap. 1\u00b0. aparte 3.<\/p>\n<p>(19) L\u00f3pez Michelsen recorri\u00f3 las plazas de Colombia como jefe del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), atacando al capitalismo y al individualismo en favor del intervencionismo estatal, y amplios sectores intelectuales creyeron ver en esta postura la de un nuevo revolucionario, cuando, en realidad, s\u00f3lo se reduc\u00eda, por una parte, a pensar en el estado colonial autocr\u00e1tico que la revoluci\u00f3n de independencia hab\u00eda barrido, y en el capitalismo monopolista de Estado que el imperialismo norteamericano le ven\u00eda exigiendo a la oligarqu\u00eda liberal conservadora como garant\u00eda del endeudamiento externo y de su dominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>(20) Marx, &#8220;Discurso sobre el librecambio&#8221;, en Escritos econ\u00f3micos varios, Editorial Grijalbo, M\u00e9xico, 1962. Ver la nota 11 de la Parte I, cap. 3o.<\/p>\n<p>(21) Marx, El capital, t.1, cap. 24.<\/p>\n<p>(22) Kalmanovitz, La transici\u00f3n seg\u00fan McGreevy, una interpretaci\u00f3n alternativa. Instituto de Estudios Colombianos, mime\u00f3grafo, julio de 1975.<\/p>\n<p>(23) N\u00fa\u00f1ez, op. cit., t. IV, p. 108.<\/p>\n<p>(24) Luis Ospina V\u00e1squez, Industria y protecci\u00f3n en Colombia, Editorial Santa Fe, Medell\u00cdn, p\u00e1gs. 287-292.<\/p>\n<p>(25) Op. cit., t.I (2) p\u00e1gs. 241-250.<\/p>\n<p>(26) Ibid, p\u00e1g. 246.<\/p>\n<p>(27) Op. cit-, t. III, p\u00e1g. 45.<\/p>\n<p>(28) Op. cit., t. III, p\u00e1g. 45.<\/p>\n<p>(29) Citado por Luis Ospina V\u00e1squez, op. cit., p\u00e1g. 290<\/p>\n<p>(30) Op. cit., t. III, p\u00e1g. 213.<\/p>\n<p>(31) Ibid., p\u00e1g. 215.<\/p>\n<p>(32) Ibid, p\u00e1g. 46.<\/p>\n<p>(33) Ibid., p\u00e1g- 47 (el subrayado es nuestro).<\/p>\n<p>(34) Marx hac\u00eda notar que el capitalismo de libre competencia consist\u00eda en el establecimiento del despotismo interno dentro de la f\u00e1brica, con una disciplina estricta y una jerarquizaci\u00f3n r\u00edgida, mientras se exig\u00eda el caos y la libertad total de la oferta y la demanda en la organizaci\u00f3n de una sociedad dada, sin la intervenci\u00f3n del Estado. Marx, El capital, t.I, cap. XII, aparte 4.<\/p>\n<p>(35) Lenin, &#8220;El Estado y la revoluci\u00f3n&#8221;. Obras escogidas, 3 vols., Editorial Progreso, Mosc\u00fa, vol. II.<\/p>\n<p>(36) Lenin, &#8220;La caricatura del marxismo y el economismo imperialista&#8221;, Obras completas, Editorial Cartago, Buenos Aires, t. XXIII.<\/p>\n<p>(37) Contrasta con la actitud de N\u00fa\u00f1ez contraria a la guerra civil norteamericana, el apoyo que Marx y Engels brindaron a la lucha de Lincoln contra los esclavistas sure\u00f1os, porque era favorable para el movimiento obrero mundial. Ver Karl Marx y Federico Engels, The Civil War In the United States, International Publishers, New York, 1973, passim.<\/p>\n<p>(38) Li\u00e9vano Aguirre, N\u00fa\u00f1ez&#8230;, cuarta parte, cap\u00edtulo primero. Ver Kalmanovitz, op. cit.; Jorge Orlando Melo, &#8220;La rep\u00fablica conservadora&#8221;, Colombia hoy, Editorial Siglo XXI, M\u00e9xico, 1978.<\/p>\n<p>(39) Ver, Li\u00e9vano, N\u00fa\u00f1ez; Luis Mart\u00ednez Delgado, &#8220;Rep\u00fablica de Colombia&#8221;, t.I (1885-1895), en Historia extensa de Colombia, Ediciones Lerner, Bogot\u00e1, 1970, vol. X, cap- XI y XII; Joaqu\u00edn Tamayo, N\u00fa\u00f1ez, Editorial Cromos, Bogot\u00e1, 1939.<\/p>\n<p>(40) Ospina V\u00e1squez, op. cit., p\u00e1g. 278 (el subrayado es nuestro).<\/p>\n<p>(41) Tomas O. Eastman, &#8220;Paneg\u00edrico de la Regeneraci\u00f3n&#8221;, El Autonomista, Bogot\u00e1, mayo 24 de 1899 (el subrayado es nuestro).<\/p>\n<p>(42) Ver Marx, El capital, t III, cap. XX.<\/p>\n<p>(43) Carlos Mart\u00ednez Silva, &#8220;El proyecto del Banco Nacional&#8221;, Obras completas. Imprenta Nacional, Bogot\u00e1, 1937, t. VIII, p\u00e1g. 239. La adopci\u00f3n del papel moneda por el Banco Nacional durante la Regeneraci\u00f3n ha creado la confusi\u00f3n, principalmente originada por los escritos de Li\u00e9vano Aguirre a quien siguen autores como Dar\u00edo Bustamante, entre la unificaci\u00f3n de la moneda y la centralizaci\u00f3n y monopolizaci\u00f3n de la banca por el Estado. El primer fen\u00f3meno era un paso ineludible impuesto a cualquier gobierno de la \u00e9poca en un pa\u00eds integrado a la econom\u00eda mundial, aparte del car\u00e1cter que lo definiera, como era ineludible e inevitable la construcci\u00f3n de ferrocarriles en ese entonces o m\u00e1s tarde de carreteras y actualmente de aeropuertos o acueductos. Pero as\u00ed como no puede caracterizarse un gobierno del Frente Nacional, por ejemplo, por las obras inevitables de servicios p\u00fablicos y las obras de infraestructura que inauguren, en la misma forma tampoco puede calificarse el gobierno de N\u00fa\u00f1ez por una medida que le impon\u00edan las condiciones. Algo muy diferente significa la centralizaci\u00f3n y monopolizaci\u00f3n del cr\u00e9dito. Esa es una medida que caracteriza un r\u00e9gimen, como puede serlo la reforma tributaria o financiera para Alfonso L\u00f3pez Michelsen o la reforma agraria para Lleras Restrepo. La monopolizaci\u00f3n y la centralizaci\u00f3n del cr\u00e9dito fue una medida retardataria. El papel moneda, por su parte, agenci\u00f3 toda esa pol\u00edtica que no hizo sino darle fondos a los terratenientes en la guerra de los mil d\u00edas y durante todo el periodo de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. Todav\u00eda en la d\u00e9cada del 20 cuando se iba a establecer el Banco Central con la misi\u00f3n Kemmerer, se acordaban de los efectos estremecedores del Banco Nacional y del uso del papel moneda.<\/p>\n<p>(44) Joaqu\u00edn Tamayo muestra a todo lo largo de su obra el papel jugado por las emisiones del Banco Central en la financiaci\u00f3n de la guerra. Joaqu\u00edn Tamayo, La revoluci\u00f3n de 1899, Biblioteca Banco Popular, Bogot\u00e1, 1975.<\/p>\n<p>(45) Carlos Mart\u00ednez Silva, Cap\u00edtulos de historia pol\u00edtica de Colombia, 3 vols. Biblioteca Banco Popular, Bogot\u00e1, t. II, septiembre 30 de 1886, p\u00e1g. 251.<\/p>\n<p>(46) Ibid., p\u00e1gs. 254 y 255.<\/p>\n<p>(47) Ver biograf\u00edas de Pedro Nel Ospina, Emilio Robledo, La vida del General Pedro Nel Ospina, autores antioque\u00f1os, Medell\u00edn, 1959; Jorge S\u00e1nchez Camacho, El General Ospina, Academia Colombiana de Historia, Bogot\u00e1, 1960. Tambi\u00e9n Mariano Arango, Caf\u00e9 e industria, 1850-1930; Jes\u00fas Antonio Bejarano, editor, El siglo XIX en Colombia visto por historiadores norteamericanos, Ediciones La Carreta, Bogot\u00e1,<br \/>\n1977.<\/p>\n<p>(48) Carlos Mart\u00ednez Silva, &#8220;El proyecto del Banco Nacional&#8221;, op. cit., p\u00e1g 237.<\/p>\n<p>(49) Citado por Mart\u00ednez Silva, op. cit., t. II, enero de 1897, p\u00e1g. 380 (el subrayado es nuestro).<\/p>\n<p>(50) Ibid.<\/p>\n<p>(51) Miguel Antonio Caro, &#8220;Declaraci\u00f3n sobre el partido nacional&#8221;, citado por Julio Holgu\u00edn Arboleda, Mucho en serio y algo en broma, Editorial P\u00edo X, Bogot\u00e1, 1959, p\u00e1g. 100. En la Parte III se puede consultar el texto completo del Memorial de los 21.<\/p>\n<p>(52) Ver Carlos Mart\u00ednez Silva, op, cit., t. II, p\u00e1gs. 273-275, julio 22 de 1896.<\/p>\n<p>(53) Ibid., p\u00e1g. 276.<\/p>\n<p>(54) Luis Eduardo Nieto Caballero, &#8220;Carlos Mart\u00ednez Silva&#8221;, en Carlos Mart\u00ednez Silva, Obras completas, t. VIII, p\u00e1gs. 9-25.<\/p>\n<p>(55) Ibid., p\u00e1g. 41. Ver tambi\u00e9n Luis Eduardo Nieto Caballero, &#8220;En torno de Mart\u00ednez Silva&#8221;, Por qu\u00e9 caen los partidos pol\u00edticos, Librer\u00eda Colombiana, Camacho Roldan, Bogot\u00e1, 1934.<\/p>\n<p>(56) Carlos Mart\u00ednez Silva, Cap\u00edtulos de historia pol\u00edtica&#8230;, t. III, p\u00e1g. 350.<\/p>\n<p>(57) Ibid., p\u00e1g. 352.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael N\u00fa\u00f1ez y la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; han desquiciado a los historiadores contempor\u00e1neos. 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