{"id":2989,"date":"2009-04-16T17:51:02","date_gmt":"2009-04-16T17:51:02","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/capitulo-segundo-fenece-el-partido-liberal-del-siglo-xix-y-surge-el-del-siglo-xx\/"},"modified":"2022-06-28T15:59:53","modified_gmt":"2022-06-28T15:59:53","slug":"capitulo-segundo-fenece-el-partido-liberal-del-siglo-xix-y-surge-el-del-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/capitulo-segundo-fenece-el-partido-liberal-del-siglo-xix-y-surge-el-del-siglo-xx\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo Segundo. Fenece el partido liberal del siglo XIX y surge el del siglo XX"},"content":{"rendered":"<p>1. Consecuencias de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;<\/p>\n<p>    La &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; fue, entre otras cosas, un movimiento contra el partido liberal. N\u00fa\u00f1ez y Caro dir\u00edan que el ataque no fue al partido liberal, sino al anarquismo y extremismo de los &#8220;radicales&#8221;- Pero despu\u00e9s de la Constituci\u00f3n del 63, el &#8220;radicalismo&#8221; fue el movimiento que constituy\u00f3 el partido liberal, no importa sus divergencias internas transitorias. El partido independiente de N\u00fa\u00f1ez salido del partido liberal, se transform\u00f3 r\u00e1pidamente en el partido nacional en alianza con el partido conservador y m\u00e1s adelante, fue absorbido por \u00e9ste. El partido independiente no representa al partido liberal, aunque hubiera surgido, en principio, como una disidencia. En la lucha contra la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; el partido liberal fue el mismo partido que ven\u00eda del 63, guiado por los radicales. Los puntales de su ideolog\u00eda descansaban en el liberalismo decimon\u00f3nico, parte integrante de los principios de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica-burguesa de los siglos XVIII y XIX. El partido liberal defendi\u00f3 la vigencia de las plenas garant\u00edas a los derechos individuales; la libertad de cultos y la separaci\u00f3n de la Iglesia y el Estado, con sujeci\u00f3n de aqu\u00e9lla al poder estatal; la libertad plena de comercio; la libertad de imprenta sin limitaciones; la abolici\u00f3n de la pena de muerte y de todos los privilegios legales o eclesi\u00e1sticos; el sufragio directo, universal y libre; impuesto directo y progresivo; divisi\u00f3n de los poderes del Estado. Se orientaba este programa a la defensa del gobierno democr\u00e1tico burgu\u00e9s que garantizara el libre juego econ\u00f3mico de car\u00e1cter capitalista cimentado en las libertades pol\u00edticas. Estas ideas podr\u00edan resumirse en estos tres principios fundamentales: 1) Garant\u00eda a los derechos individuales y a las libertades democr\u00e1ticas; 2) sometimiento de la Iglesia al Estado; 3) una pol\u00edtica de impuestos que permitiera el libre juego econ\u00f3mico, sin monopolios, fueros o privilegios. La lucha contra el partido conservador sobre estos tres puntos b\u00e1sicos llev\u00f3 al partido liberal a profundizar el sentido de las reformas, tales como la liberaci\u00f3n de los esclavos, la supresi\u00f3n de los resguardos, el librecambio, la desamortizaci\u00f3n de bienes de manos muertas, una pol\u00edtica de bald\u00edos, la supresi\u00f3n de todos los monopolios, la eliminaci\u00f3n de la pena de muerte, la limitaci\u00f3n de la fuerza policiva del Estado, etc. Durante gran parte de la segunda mitad del siglo XIX, el enfrentamiento entre los dos partidos se concentr\u00f3 en el problema religioso, por la resistencia de la Iglesia a aceptar la expropiaci\u00f3n de sus tierras y por la defensa que el partido conservador hace de los privilegios eclesi\u00e1sticos amparado en su fidelidad a la religi\u00f3n. Un principio como el de que la Iglesia tenia que someterse al Estado constituy\u00f3 un punto trascendental en la lucha del liberalismo contra el escolasticismo medieval que defend\u00eda la supremac\u00eda del poder religioso sobre el poder temporal apoyado en la concepci\u00f3n teocr\u00e1tica del Estado, ra\u00edz de la ideolog\u00eda pol\u00edtica del feudalismo.<\/p>\n<p>    Si la lucha del partido liberal se concentr\u00f3 en el problema religioso y en el librecambio, obedeci\u00f3 a las condiciones concretas del desarrollo del pa\u00eds que ten\u00edan que ver, como lo hemos repetido varias veces, con la creaci\u00f3n de las condiciones para el despegue del capitalismo. El problema agrario colombiano del siglo XIX se mantuvo ligado \u00edntimamente al problema religioso. Resultaba pr\u00e1cticamente imposible cualquier principio de reforma agraria que no se iniciara por el primer terrateniente de la \u00e9poca que era la Iglesia con sus comunidades religiosas. Pero el otro problema, el del librecambio, a su vez, tenia una ligaz\u00f3n profunda con el problema agrario, dado que para las condiciones del mercado interior era necesaria la liquidaci\u00f3n o neutralizaci\u00f3n del r\u00e9gimen terrateniente imperante. En estas circunstancias el problema agrario no surgi\u00f3 a primera l\u00ednea sino en contadas ocasiones, porque la primac\u00eda se la llevaban el conflicto religioso y la lucha alrededor de una estrategia econ\u00f3mica del librecambio, que llevaban impl\u00edcito el de la necesidad de suprimir el sistema de latifundio inculto que predominaba en el r\u00e9gimen feudal desde la Colonia. El partido liberal no hizo sino conciliar permanentemente en la lucha por la reforma agraria desde el enfrentamiento entre los dos sectores en que se dividi\u00f3 durante la Convenci\u00f3n de Rionegro. En otros t\u00e9rminos, la necesidad de la reforma agraria que constitu\u00eda el nudo gordiano del desarrollo econ\u00f3mico del pa\u00eds, permaneci\u00f3 en segundo plano, con etapas espor\u00e1dicas de auge que no fueron suficientes para llevar adelante la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica con toda consecuencia. Al llegar la \u00e9poca de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; los problemas centrales que se pusieron al orden del d\u00eda tuvieron que ver con el car\u00e1cter de la democracia pol\u00edtica y con la vigencia del librecambio en todos sus aspectos. La derrota pol\u00edtica sufrida por el partido liberal en 1880 y la derrota militar de 1885 por el entreguismo de Sergio Camargo, colocaron al partido liberal en gran desventaja frente al partido conservador unido con N\u00fa\u00f1ez, lo cual fue aprovechado en forma magistral por este \u00faltimo para imponer las condiciones a que hab\u00edan aspirado largamente los terratenientes.<\/p>\n<p>    Es necesario ante todo definir a qu\u00e9 se debi\u00f3 la derrota del partido liberal en 1880 y en 1885. Aparte de una serie de factores secundarios, la causa fundamental radic\u00f3 en la incapacidad del partido liberal para dar pasos adelante en el desarrollo econ\u00f3mico del pa\u00eds y sacar las consecuencias necesarias de su pol\u00edtica de librecambio orientadas a impulsar la inversi\u00f3n capitalista en la industrializaci\u00f3n. Desde el punto de vista pol\u00edtico, el partido liberal no quiso y no fue capaz de liquidar el poder de los terratenientes. Y desde el punto de vista econ\u00f3mico, el partido liberal no tuvo el suficiente valor de llevar adelante una reforma agraria democr\u00e1tica. Un gran sector de los comerciantes que le serv\u00edan de apoyo, adquirieron intereses en la propiedad latifundista y ambicionaron extender su dominio sobre la tierra sin que se diera cambio estructural en el r\u00e9gimen terrateniente. Pol\u00edtica y econ\u00f3micamente el partido liberal no solamente dej\u00f3 un margen para el avance de los terratenientes, sino que contribuy\u00f3 a consolidar su posici\u00f3n. Fue \u00e9ste el fen\u00f3meno que tan sagazmente aprovech\u00f3 N\u00fa\u00f1ez. El partido liberal no estaba en las mejores condiciones para el gran ataque, y definitivo, que le lanzar\u00edan los terratenientes. Pol\u00edticamente un sector que ven\u00eda desliz\u00e1ndose hacia el partido conservador, encuentra en N\u00fa\u00f1ez su dirigente y se lanza sin vacilaciones en esa direcci\u00f3n. Sufr\u00eda, pues, el partido liberal una deserci\u00f3n cuantitativa importante, que, aunque minoritaria, cualitativamente pose\u00eda una interpretaci\u00f3n del momento que viv\u00eda el pa\u00eds y una alternativa que iba a contar con el apoyo decidido del partido conservador. Econ\u00f3micamente, el partido liberal no contaba con una alternativa para la crisis econ\u00f3mica coyuntural que ven\u00eda aproximadamente desde 1875 ni para los problemas de estancamiento que lo que exig\u00eda era un impulso m\u00e1s all\u00e1 del librecambio. Por eso N\u00fa\u00f1ez lanza su consigna de &#8220;regeneraci\u00f3n pol\u00edtica o cat\u00e1strofe&#8221;. Ante la guerra, paz; ante la anarqu\u00eda, orden; ante el caos federal, autocracia; ante las libertades democr\u00e1ticas, autoridad. Y en el plano econ\u00f3mico, ante el librecambio, proteccionismo; ante el dogmatismo radical de los liberales, pragmatismo sin principios; ante la competencia mercantil, monopolio estatal; ante la proletarizaci\u00f3n inminente, vigencia de los artesanos. As\u00ed respond\u00eda N\u00fa\u00f1ez a una coyuntura que le era favorable y derrotaba al partido liberal desconcertado y acobardado pol\u00edtica y econ\u00f3micamente. De ah\u00ed a la entrega, la conciliaci\u00f3n y la traici\u00f3n, no hubo sino un paso.<\/p>\n<p>    N\u00fa\u00f1ez y Caro lograron amarrar y amordazar al partido liberal con el r\u00e9gimen aprobado en la Constituci\u00f3n del 86. Diez a\u00f1os despu\u00e9s de promulgada, el partido liberal se encuentra profundamente escindido entre los partidarios de una oposici\u00f3n pacifista y de una oposici\u00f3n armada contra la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. Todo el partido liberal coincid\u00eda en la inexorabilidad de la oposici\u00f3n. La generaci\u00f3n radical de expresidentes, exgobernadores, exministros anteriores a 1880 dirig\u00edan la facci\u00f3n pacifista. Una generaci\u00f3n joven sin muchas ideas nuevas dirig\u00eda la facci\u00f3n guerrerista. En v\u00edsperas de la guerra civil de los mil d\u00edas, esta divisi\u00f3n era aguda. No hay testimonio m\u00e1s elocuente que el violento editorial de Uribe Uribe en su peri\u00f3dico El Autonomista contra la vieja generaci\u00f3n de dirigentes del partido liberal: &#8220;Singular es el contraste entre la suerte de la generaci\u00f3n nueva y la que la precedi\u00f3. Form\u00f3se \u00e9sta cuando el partido estaba en el poder y lleg\u00f3 la segunda a la ciudadan\u00eda cuando la obra liberal se derrumbaba. Los hombres de aqu\u00e9lla desarrollaron su inteligencia bajo el reinado de la libertad absoluta de la imprenta; y \u00e9sta ha padecido algo como la ablaci\u00f3n de la mitad de su cerebro, bajo la cuchilla de la represi\u00f3n de la prensa. Se hicieron ellos jurisconsultos en los Juzgados y Fiscal\u00eda, en los Tribunales y en la Corte; nosotros litigando pobremente ante una administraci\u00f3n de justicia banderiza, o copulsando los comentadores en la soledad del gabinete; se formaron ellos militares bajo el uniforme, con el pr\u00e9 y mandando tropas veteranas al servicio del gobierno; nosotros en las filas aleatorias de la revoluci\u00f3n, y leyendo las teor\u00edas de los tratadistas; en las c\u00e1tedras universitarias se instruyeron en las reuniones p\u00fablicas, en las Legislaturas y Congresos tuvieron escuela de oratoria; en los gobiernos de los Estados y ministerios nacionales se hicieron estadistas; en las Legaciones aprendieron diplomacia; y con la tranquilidad y tiempo que deja la posesi\u00f3n de los empleos, cultivaron la literatura, y otros ramos del saber. \u00bfQu\u00e9 cosas semejantes pueden decirse de los desventurados que les hemos sucedido? Ni honores ni gajes tuvimos nunca del partido; s\u00f3lo sacrificio nos cuesta. Repleto est\u00e1 nuestro Haber con \u00e9l; en blanco o poco menos la p\u00e1gina del Debe. Las amarguras, no las dulzuras, los dolores no los goces del servicio a la causa es lo que nos ha tocado en suerte. Barcos llam\u00f3 Daudet a las generaciones que van llegando a la vida. El que trajo la nuestra navegaba con presagio siniestro y feliz el que condujo la pasada&#8230; Hay entre los jefes liberales muchos que por gozar de comodidades para la vida, tienen todo el tiempo necesario para proclamar las esperas de la evoluci\u00f3n social, que ellos llaman cient\u00edfica; gentes felices que soportan las miserias y desventuras de los otros con una amable filosof\u00eda&#8230; \u00a1Ah! pero ellos, los viejos jefes, acatados por los adversarios y bien a cubierto de las contingencias de la vida\u00bb pueden desde sus gabinetes m\u00e1s o menos confortables, encomiar la espera en el triunfo final, pregonar las virtudes del quietismo y motejar los males de la impaciencia&#8221; (1). Esta divisi\u00f3n que ven\u00eda gest\u00e1ndose desde el momento mismo en que se sintieron los efectos de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, pero que se agudiz\u00f3 despu\u00e9s de las elecciones para el Congreso de 1896, al que s\u00f3lo lleg\u00f3 un solo representante, Rafael Uribe Uribe, alcanz\u00f3 su momento culminante con el editorial de El Autonomista. Pero \u00bfcu\u00e1l era el car\u00e1cter de la oposici\u00f3n liberal a la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;?<\/p>\n<p>    El partido liberal, bajo la direcci\u00f3n de los &#8220;radicales&#8221;, se propuso despojar de todo poder al partido conservador, imponerle las reformas m\u00e1s urgentes que le quitaran a los se\u00f1ores de la tierra sus privilegios y, si fuera posible, liquidarlo de la vida pol\u00edtica efectiva del pa\u00eds. Esa fue la etapa que sigui\u00f3 a la Constituci\u00f3n de Rionegro. Pero su incapacidad qued\u00f3 manifiesta. Parte por el gran poder de los terratenientes, parte por la vacilaci\u00f3n, unas veces, y otras, por la traici\u00f3n, del partido liberal. En este proceso los terratenientes no se plegaron, no vacilaron, no adoptaron las posiciones del partido liberal, con el objeto de ganar terreno y tomarse el poder en la mejor oportunidad. No lo hicieron as\u00ed. Por el contrario, se dedicaron al hostigamiento, al sabotaje, a la guerra permanente. No era como dec\u00eda N\u00fa\u00f1ez que los &#8220;radicales&#8221; fueran los se\u00f1ores de la guerra, sino que los conservadores no dieron un paso atr\u00e1s en la defensa de los principios esenciales que defend\u00edan el orden terrateniente. En esta forma, veinte a\u00f1os de lucha permanente, les dio el triunfo con la gran &#8220;traici\u00f3n&#8221; de N\u00fa\u00f1ez. Entonces el partido conservador dio los pasos necesarios para devolverle en la misma moneda que el partido liberal le hab\u00eda pagado. Se dispuso a liquidarlo. Los se\u00f1ores de la tierra elaboraron una Constituci\u00f3n que neutralizara al partido liberal y que le diera los instrumentos para darle el golpe mortal en el momento definitivo. La divisi\u00f3n entre los partidarios de la oposici\u00f3n pacifica y la oposici\u00f3n armada, demuestra cuan efectiva fue la t\u00e1ctica del partido conservador para liquidar a su enemigo. El debate efectuado por Uribe Uribe en el Congreso de 1896 presenta toda la tragedia del partido liberal en la oposici\u00f3n.<\/p>\n<p>    Uribe Uribe tiene que afrontar solo a un Congreso homog\u00e9neamente &#8220;nacionalista&#8221; y defensor extremo de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. El mensaje de instalaci\u00f3n es una diatriba de Caro contra el partido liberal, a los que considera una banda de anarquistas, cuya rebeli\u00f3n ha sido develada por las fuerzas de la legalidad. Para poder darse cuenta del ambiente de aquel Congreso es necesario escuchar a Caro: &#8220;Para el mes de abril de 1894 se hab\u00eda organizado en la capital una conspiraci\u00f3n anarquista, de que di cuenta al Congreso de aquel a\u00f1o&#8230; La revoluci\u00f3n no dej\u00f3 tras s\u00ed ning\u00fan documento en el cual se tratase de cohonestar de alg\u00fan modo la guerra que se desataba sobre los pueblos&#8230; las pocas proclamas de caudillos revolucionarios de que tuve conocimiento, eran documentos de redacci\u00f3n grosera, que s\u00f3lo conten\u00edan injurias cuando no impudentes amenazas de exterminio&#8230; Contin\u00faa la maquinaci\u00f3n secreta, los medios para hacer el mal faltan, la intenci\u00f3n persiste&#8230; se conciben y discuten proyectos infernales&#8230; El sufragio es un derecho pol\u00edtico que emana de la ley, y no se concibe que honradamente usen de \u00e9l los enemigos de la ley, los que s\u00f3lo pretenden discutir violentamente el orden legal; las urnas son palenques a que concurren los partidos pol\u00edticos propiamente dichos, esto es, los partidos legales, no los bandos de facciosos, ni los grupos de gentes notoriamente perniciosos&#8230; Enhorabuena que los anarquistas, ejerciendo derechos pol\u00edticos de que pod\u00edan usar por indulto del gobierno, habr\u00edan concurrido a las urnas a depositar sus votos por candidatos de un partido legal de oposici\u00f3n&#8230; Como ejemplo de los resultados a que se aspiraba por medio de un trabajo electoral al parecer encaminado a fines pac\u00edficos, citar\u00e9 el caso de haber sido elegido representante quien, habiendo sido uno de los principales autores, acaso el principal, del proyecto del 23 de enero (se refiere a Uribe Uribe), se ha vanagloriado de aquella haza\u00f1a, lo cual bien claramente demuestra la extensi\u00f3n de la libertad de sufragio concedida por el gobierno en las \u00faltimas elecciones, y el car\u00e1cter revolucionario que prevalece en organizaciones exteriormente pac\u00edficas&#8230;&#8221; (2).<\/p>\n<p>    Lo primero que hace Uribe es salir a la defensa del partido liberal y para ello utiliza el debate sobre la legalidad de los representantes y el fraude de las elecciones. Entonces dice: &#8220;Lo cierto es que hoy se apela a otra clase de razonamientos para explicar la ausencia del partido liberal en estos bancos. El Ministro de Relaciones Exteriores, y con \u00e9l algunos de los honorables representantes que me han combatido, cree que esa ausencia se debe a que el partido liberal, ha perdido todo prestigio entre las masas populares, que se han apartado de \u00e9l y que lo temen por el solo recuerdo de sus fechor\u00edas antiguas; que el partido liberal est\u00e1, por consiguiente, del todo debilitado; y poco falt\u00f3 para que el se\u00f1or Holgu\u00edn lo declarase muerto y sepultado. Pero entonces \u00bfpor qu\u00e9 se hace que se paren 30.000 soldados sobre la losa de la tumba de ese nuevo L\u00e1zaro, agitados de d\u00eda y de noche por el temor a su resurrecci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 se apuntan contra ese sepulcro los ca\u00f1ones de una inmensa y costosa artiller\u00eda, en que el se\u00f1or General Holgu\u00edn parece depositar toda su confianza? \u00bfA qu\u00e9 contra un muerto, todo ese aparato de parques, de cruceros, de acorazados y fortalezas, de facultades omn\u00edmodas, de inseguridad, de supresi\u00f3n de la prensa y de mensajes presidenciales dedicados exclusivamente a escarnecer al que, seg\u00fan se afirma, ya no es de este mundo? A este respecto tengo que repartir el dilema propuesto por un notable escritor conservador, que no vacila en calificar de grande iniquidad la conducta que se ha venido observando con el partido liberal; o \u00e9ste es tan fuerte y temible que justifique el alto pie de fuerza y las medidas que se adoptan contra \u00e9l, y entonces el modo de aplacarlo y de alcanzar la tranquilidad nacional no es seguir oprimi\u00e9ndolo, sino reconocerles sus derechos, en virtud de los cuales \u00e9l tendr\u00eda aqu\u00ed, en ley y justicia, una numerosa representaci\u00f3n, proporcional a la fuerza que se le supone; o bien, no le corresponde legalmente m\u00e1s representaci\u00f3n que la escasa que ha alcanzado, porque su n\u00famero e importancia en el pa\u00eds no dan para m\u00e1s, y entonces sobran el numeroso ej\u00e9rcito, los costosos armamentos y todo el aparato de resistencia desplegado contra un enemigo&#8221; (3).<\/p>\n<p>    Partiendo de la defensa del partido liberal, Uribe Uribe desarrolla un furibundo ataque a las facultades omn\u00edmodas dadas al Ejecutivo por la Ley 61 de 1888 o ley de los caballos, la emprende contra la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, se opone a los grav\u00e1menes del caf\u00e9 que ponen un inmenso peso sobre los productores, se alza contra los recargos en las contribuciones, y sienta su posici\u00f3n sobre la ley de prensa, el servicio militar y otros asuntos de vital importancia para la vida del pa\u00eds. En todo el furioso debate que el representante liberal adelanta, hay un argumento central y es el de distinguir entre la Constituci\u00f3n del 86 y la  &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; un movimiento del partido nacional que utiliza la Constituci\u00f3n del 86 contra el partido liberal. Pero el partido liberal no s\u00f3lo acepta la Constituci\u00f3n del 86, sino que la tiene que aceptar para que se le considere un partido legal, no obstante las objeciones que pueda abrigar contra algunos puntos de la Constituci\u00f3n. Por eso dice: &#8220;A lo menos en cuanto a los liberales, la conducta de la Regeneraci\u00f3n, a fuerza de inicua, ha llegado a ser curiosa. Ha hecho de las instituciones, y especialmente de las facultades omn\u00edmodas, elemento de opresi\u00f3n contra nosotros, y cuando resistimos a plegamos bajo el peso, nos califica de rebeldes impenitentes, de eternos enemigos del orden y de la paz, y en esa virtud agrava las persecuciones y castigos: es decir, que por cuanto no besamos sumisos y agradecidos el l\u00e1tigo con que se nos flagela, admirando su fuerza y contextura, se nos vapula m\u00e1s a\u00fan, increp\u00e1ndonos duramente, como en el \u00faltimo mensaje, nuestra falta de simpat\u00edas por este instrumento. A nadie sino a nuestros tiranos sorprender\u00e1 entonces que el castigo nos confirme en la aversi\u00f3n&#8230;&#8221; (4). Para Uribe el problema es la aplicaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n que ha recurrido a las facultades extraordinarias y las ha hecho permanentes. Los nacionalistas defend\u00edan el car\u00e1cter constitucional de la Ley 61 y la necesidad de mantenerla para preservaci\u00f3n del estado de derecho. Uribe plantea su posici\u00f3n en la siguiente forma: &#8220;Porque lo que se propone es convertir la ley de facultades omn\u00edmodas de temporal en permanente. Ocho a\u00f1os largos hace que ella rige, pero como su vigencia es abiertamente inconstitucional hay la esperanza de verla cesar alg\u00fan d\u00eda, mientras que la que ahora se propone lleva trazas de hacerse perdurable, en su car\u00e1cter de reglamentaci\u00f3n permanente de lo irreglamentable. El partido liberal prefiere que se deje en pie la Ley 61, que, como exceso de un mal, clama por el remedio, en vez de esta hip\u00f3crita suavizaci\u00f3n del mismo mal, que en definitiva lo agrava y lo prolonga&#8221; (5). Pero es importante hacer la comparaci\u00f3n entre la Ley 61 que Uribe prefiere al proyecto de institucionalizaci\u00f3n de esas medidas. Las descripciones que el mismo Uribe nos hace de las consecuencias de la ley de los caballos son para si mismas elocuentes; proscripciones, encarcelamientos sin cuenta, detenciones arbitrarias y sumarias, deportaciones, multas a la prensa, suspensi\u00f3n de peri\u00f3dicos, clausura de imprentas, violaci\u00f3n de domicilios, clausura de institutos docentes, interceptaci\u00f3n del correo, prohibici\u00f3n del derecho de reuni\u00f3n, violaci\u00f3n de todos los derechos (6). El decreto que proponen los nacionalistas mantiene todas las atribuciones del Ejecutivo para apoderarse del poder judicial, a tal punto arbitrario que Uribe exclama: &#8220;No queda, pues, duda de que este proyecto &#8216;en desarrollo de un art\u00edculo de la Constituci\u00f3n&#8217;, es la supresi\u00f3n de toda normalidad constitucional, y como ya sabemos contra qui\u00e9n van esas nuevas &#8216;medidas de seguridad&#8217;, el proyecto equivale al mantenimiento del partido liberal fuera de la ley&#8221; (7).<\/p>\n<p>    \u00bfEra la posici\u00f3n de Uribe de tal car\u00e1cter que lo llevar\u00eda a levantarse en armas contra la Constituci\u00f3n del 86? Se levantara o no se levantara en armas Uribe declara que el punto de partida en cualquier caso ser\u00eda la Constituci\u00f3n del 86 (8). Acusado de perjuro por haber entrado al Congreso jurando fidelidad a la Constituci\u00f3n y sin embargo estar contra ella, Uribe replica que debe acatamiento a la Constituci\u00f3n, no obstante los procedimientos irregulares que sufri\u00f3 el proceso de su promulgaci\u00f3n (9). Y a\u00f1ade: &#8220;Y sin embargo de todo esto; sin embargo de que esa Constituci\u00f3n se ha hecho despreciable para todos, y para el partido liberal odiosa, como instrumento de la m\u00e1s ruda opresi\u00f3n de que jam\u00e1s comunidad pol\u00edtica alguna haya sido v\u00edctima; sin embargo de eso, deseo sinceramente que, si la paz contin\u00faa, la normalidad constitucional se establezca plenamente, para que si la Constituci\u00f3n es buena, como a despecho de todo lo afirman algunos, su bondad resalte, y si no para verificar en ella la m\u00e1xima inglesa: la ley mala, ejecutarla, para que su maldad se patentice y la reforma se imponga. Es decir, creo que el partido liberal debe aceptar la Constituci\u00f3n del 86, contra la cual se le considera en permanente rebeld\u00eda; debe aceptarla como un hecho cumplido y positivo, si no como una creaci\u00f3n de derecho, por raz\u00f3n de su origen; debe aceptarla por declaraci\u00f3n expl\u00edcita, como impl\u00edcitamente la acept\u00f3 no combati\u00e9ndola desde su promulgaci\u00f3n, y la ha aceptado ejecutando actos pac\u00edficos que presuponen el r\u00e9gimen pol\u00edtico que en ese instrumento se apoya; pero debe aceptarla reserv\u00e1ndose el derecho de esforzarse por introducir en esa Carta las reformas solicitadas por la opini\u00f3n, en especial la de que sea lealmente practicada en todo tiempo, erigiendo \u2014si posible fuere\u2014 en traici\u00f3n a la patria la concesi\u00f3n o el ejercicio de facultades omn\u00edmodas ni extraordinarias, que la desvirt\u00faan o la anulan. Y creo m\u00e1s: que el partido liberal debe aceptar el C\u00f3digo del 86, no con el inconcebible prop\u00f3sito vindicativo de medir un d\u00eda a sus adversarios con la misma vara con que lo han medido, sino por una cient\u00edfica y elevada consideraci\u00f3n pol\u00edtica: si la garant\u00eda de duraci\u00f3n de un instrumento constitutivo proviene de la concurrencia en su formaci\u00f3n de los dos grandes partidos nacionales, a fin de que en \u00e9l desaparezcan combinadas y adunadas las dos tendencias que ellos representan: fortificaci\u00f3n de la autoridad a expensas de la libertad, el uno, y extensi\u00f3n de la libertad a expensas de la autoridad, el otro; autoritario el uno, individualista el otro, \u00bfpor qu\u00e9 no admitir la Constituci\u00f3n del 86, que representa la primera tendencia, esforz\u00e1ndose por introducir las reformas que representar\u00edan la segunda, y llegando as\u00ed a la formaci\u00f3n de un C\u00f3digo pol\u00edtico verdaderamente nacional?&#8221; (10).<\/p>\n<p>    Queda muy a las claras el dilema de la oposici\u00f3n liberal comandada por Uribe en ese momento. Ya no posee los principios de los liberales que impulsaron la Constituci\u00f3n del 63, se arrepiente del federalismo que consagr\u00f3 esa Carta, pide un compromiso entre las dos posiciones extremas representadas por las ideas del 63 y del 86, acepta los principios b\u00e1sicos de la Constituci\u00f3n del 86, propone una forma de gobierno que a la vez sea conservadora y liberal &#8220;para garantizar el orden y la tradici\u00f3n, y favorecer la libertad y la innovaci\u00f3n&#8230; se preconizaba, en fin, la virtud de un justo medio, adquirido por concesiones reciprocas en lo adjetivo, dejando en pie lo sustancial, a fin de alcanzar de ese modo la realidad de la rep\u00fablica&#8221; (11). Esta era la fracci\u00f3n &#8220;extremista&#8221; del partido liberal, la partidaria de la lucha armada contra el r\u00e9gimen conservador, la heredera de los principios liberales abandonados supuestamente, por la vieja generaci\u00f3n fustigada agriamente por Uribe. En esas condiciones, presenta un programa liberal que los conservadores de la C\u00e1mara tildan de conciliacionista y de haber adoptado los principios de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; (12). No tiene Uribe otra alternativa que salir a clarificar su posici\u00f3n, con lo cual no hace sino reafirmar la tragedia de su lucha, vac\u00eda ya de los grandes principios democr\u00e1ticos que hab\u00edan inspirado casi cuarenta a\u00f1os de confrontaci\u00f3n. Dice as\u00ed: &#8220;Los cuatro objetos que me propuse no quedar\u00edan por eso menos logrados: lo., presentar temas concretos de consideraci\u00f3n para inducir a cada uno a hacer su examen pol\u00edtico de conciencia, y para facilitar el acuerdo de unos y otros sobre bases positivas; 2o., tranquilizar al verdadero y \u00fanico partido conservador sobre las miras y prop\u00f3sitos del liberalismo; 3o., tranquilizar tambi\u00e9n a la porci\u00f3n seria, prudente o timorata de nuestro mismo partido, acerca de las tendencias de la porci\u00f3n avanzada; y 4o., quitar al gobierno regenerador el pretexto para seguir persigui\u00e9ndonos so capa de partido ilegal y rebelde&#8221; (13). Todo el fondo del asunto radica en que Uribe Uribe ha perdido el sentido sobre el verdadero contexto en que se debate el pa\u00eds. As\u00ed se justifica que hable de alcanzar de ese modo (conciliando) la realidad de la rep\u00fablica&#8221;. No existe, por tanto, para \u00e9l la necesidad de que el r\u00e9gimen representado por los terratenientes, victoriosos y fortalecidos por diez a\u00f1os de &#8221;Regeneraci\u00f3n&#8221;, desaparezca, como la condici\u00f3n necesaria de cualquier desarrollo para el pa\u00eds. Esa perspectiva ha quedado liquidada. Es indispensable, por tanto, que el enfrentamiento secular desde el mismo momento en que se inicia el movimiento revolucionario de la emancipaci\u00f3n, quede saldado y se inicie una etapa en que las dos posiciones contrapuestas, convivan y esa convivencia se consagre en la Constituci\u00f3n. En esencia, la oposici\u00f3n de Uribe Uribe se dirige a que la Constituci\u00f3n del 86 no sea el instrumento de un solo bando, de un solo partido, de una sola clase, sino que se reforme para dar cabida a las dos clases que se hab\u00edan venido disputando el destino de Colombia, sobre el presupuesto de la aceptaci\u00f3n mutua y la tolerancia rec\u00edproca. Lo grave, en el punto de vista de Uribe y del liberalismo &#8220;avanzado&#8221; que comandaba, consist\u00eda en la renuncia a los principios de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica y la traici\u00f3n a la lucha por el desarrollo del pa\u00eds cimentado en la liquidaci\u00f3n del r\u00e9gimen terrateniente. Desde este punto de vista, la lucha contra los terratenientes no s\u00f3lo se justificaba, sino que era una condici\u00f3n indispensable, tal como lo hemos venido defendiendo. El feroz debate de Uribe no es sino una claudicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Entonces, \u00bfqu\u00e9 exig\u00eda el partido liberal? Cuatro cosas: 1) abolici\u00f3n de las facultades omn\u00edmodas y de la irresponsabilidad presidencial; 2) expedici\u00f3n de una ley racional de prensa; 3) reforma de la ley de elecciones; 4) esclarecimiento y castigo de los fraudes fiscales (14). Con estos prop\u00f3sitos enmarcaba su posici\u00f3n en la lucha por las libertades democr\u00e1ticas fundamentales. Dec\u00eda Uribe: &#8220;&#8230;sepan todos que los liberales no sostenemos estas luchas solicitadas por el ansia de recuperar el poder o porque no nos consolemos de haberlo perdido, sino por la necesidad de reducir a nuestros opresores a que nos otorguen la efectividad de nuestros derechos. Peleamos por la libertad, no por el Presupuesto&#8230; S\u00f3lo un m\u00f3vil tan elevado como urgente puede echarnos inermes a la guerra o a est\u00e9riles luchas parlamentarias contra la rabia de los sectarios o el inter\u00e9s de los explotadores&#8221; (15). No se encontraba Uribe muy distante de las posiciones de Carlos Mart\u00ednez Silva que, en ese momento, part\u00eda diferencias con el nacionalismo. Pero Caro y los nacionalistas ten\u00edan muy claro sus prop\u00f3sitos. Ellos no hac\u00edan discriminaciones entre los nuevos y viejos liberales. M\u00e1s a\u00fan, sab\u00edan que la l\u00ednea m\u00e1s radical estaba representada por Uribe y no por Aquileo Parra, Sergio Camargo, Nicol\u00e1s Esguerra y dem\u00e1s representantes de la l\u00ednea pacifista. Estaban dispuestos a liquidar al partido liberal, a borrarlo del mapa y no iban a hacerle concesiones que pusieran en peligro su prop\u00f3sito principal. A pesar de los esfuerzos de algunos &#8220;hist\u00f3ricos&#8221; para que se reconociera la legalidad del partido liberal y se hicieran las reformas pertinentes exigidas por los liberales, los nacionalistas no transigieron. Por otra parte, los terratenientes presionaban en el Congreso una serie de reformas tributarias tendientes a la recolecci\u00f3n de fondos para adelantar su pol\u00edtica contra los liberales y para favorecer las ambiciones de su clase. Los impuestos al caf\u00e9 afectaban a los liberales de Antioquia y el recargo en las contribuciones afectaban a los comerciantes y a la incipiente burgues\u00eda industrial. Uribe Uribe abandera los intereses afectados, sin obtener ning\u00fan resultado. A la posici\u00f3n pol\u00edtica absolutamente intransigente de los nacionalistas se a\u00f1ad\u00edan los atentados contra intereses muy sentidos de esa clase que estaba dejando de jugar un papel en el pa\u00eds y de la nueva que iba surgiendo poco a poco. El partido liberal, no obstante su posici\u00f3n conciliadora y vacilante, hab\u00eda quedado acorralado. Uribe Uribe lo expresaba con vehemencia a su regreso de M\u00e9xico en 1898: &#8220;&#8230;ni el bochorno de tantas afrentas nos ha enardecido; ya que no el sentimiento de la justicia, ni la sed de venganza nos ha aguijoneado; puestos fuera de la ley, perseguidos y acosados, como no lo fueron jam\u00e1s los iroqueses, los pieles rojas ni los maor\u00edes, hemos sido incapaces de pagar con odio varonil el odio que se nos dedica; hemos permanecido impasibles y como dormidos. Se\u00f1ores: ya no es sangre, es suero incoloro lo que a los liberales nos circula por las venas&#8230;&#8221; (16). Y a\u00f1ade al final de su discurso: &#8220;Declaro, por tanto, que renuncio a la lucha. Los hombres de cierta clase y cierto temple nada tienen que hacer con colectividades que no saben o no quieren cumplir con su deber; y si ellas se ama\u00f1an a vivir sin libertad, u optan por recibir humildes la limosna del derecho a las puertas de los detentadores poderosos, en vez de derribarlas a culatazos, penetrar animosamente en el edificio, expulsar a los usurpadores y traficantes, y tomar por la fuerza posesi\u00f3n de lo propio, hay quienes sentimos invencible repugnancia para coadyuvar en esa obra&#8230; Continuara todav\u00eda la brega si por asomos creyera al liberalismo capaz de demandar con altivez lo que le pertenece y le ha sido inicuamente arrebatado; pero pues todo lo aguarda de la clemencia del gobierno me retiro, porque no tengo medios de obrar sobre \u00e9l, y porque aun cuando los tuviera, me dar\u00eda verg\u00fcenza emplearlos, trocando la actitud de reclamante orgulloso por la de palaciego suplicante&#8221; (17). Estaba planteando desesperadamente la guerra, porque era la \u00fanica forma de supervivencia, pero sin ning\u00fan planteamiento revolucionario. As\u00ed queda evidente que la guerra de los mil d\u00edas no surgi\u00f3 por la defensa de los principios de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica a punto de perecer, que hubiera levantado el partido liberal, afanoso como estaba de hacer las concesiones indispensables a los terratenientes, cuyo testimonio es el debate y la conducta de Uribe Uribe, sino por la decisi\u00f3n inflexible de los conservadores de liquidar al partido liberal que los lleva a no transigir ni en las modestas peticiones de su contrario.<\/p>\n<p>2. La encrucijada del partido liberal<\/p>\n<p>    Se encontraba el partido liberal en la encrucijada. En v\u00edsperas de la guerra sus lineamientos ideol\u00f3gicos apenas encontraban asidero, embarcados como estaban sus jefes y sus ide\u00f3logos en busca de un rumbo seguro. En efecto, el peri\u00f3dico liberal dirigido por Uribe Uribe, El Autonomista, publica una serie de art\u00edculos firmados por An\u00edbal Galindo y Tom\u00e1s O. Eastman sobre la verdadera naturaleza del liberalismo y su posici\u00f3n ante el proceso de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. Este proceso ven\u00eda d\u00e1ndose desde 1880, cuando N\u00fa\u00f1ez descubre sus verdaderas intenciones y se lanza contra el liberalismo. La Convenci\u00f3n de 1892 s\u00f3lo muestra la divisi\u00f3n profunda del partido liberal en las tres corrientes que enfrentan a la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;: pacifistas, guerreristas y guerreristas s\u00f3lo en \u00faltima medida, pero sin infundirle un rumbo ideol\u00f3gico y program\u00e1tico al partido liberal que lo capacitara para enfrentar la reacci\u00f3n nacionalista. Al nombrar al pacifista Santiago P\u00e9rez como jefe del partido, se ratifica tan s\u00f3lo la posici\u00f3n medrosa que trata de impedir la descomposici\u00f3n del organismo, sin darle salidas para la lucha. La Convenci\u00f3n de 1897 arma al partido liberal con un programa con el que pretend\u00eda enfrentar las nuevas condiciones. Esencialmente, coincide con las posiciones de Uribe Uribe en el Congreso; 1) limitaci\u00f3n del Poder Ejecutivo; 2) descentralizaci\u00f3n pol\u00edtica y administrativa; 3) reforma electoral con un organismo independiente del Ejecutivo; 4) supresi\u00f3n de los recargos impositivos y de los monopolios estatales; 5) libertad de ejercicio de la industria bancaria; 6) reformas al monopolio monetario y crediticio del Estado; 7) relaciones del Estado y la Iglesia reguladas por un Concordato. El Manifiesto de la Convenci\u00f3n caracterizaba este programa en la siguiente forma: &#8220;La Convenci\u00f3n ha acordado, y somete al examen sincero de los hombres de buena voluntad, un programa pol\u00edtico, que es moderaci\u00f3n del antiguo credo liberal. Ese programa concuerda en muchos puntos con el formulado por su adversario hist\u00f3rico, el partido conservador, que a su turno ha cogido rizos a su antigua bandera&#8221; (18). Se entregaban todas las banderas econ\u00f3micas de m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os de lucha y se ced\u00eda en un punto fundamental como era el de la libertad religiosa y la separaci\u00f3n de la Iglesia y el Estado. El hondo significado de esta entrega del partido liberal radicaba en la aceptaci\u00f3n irrestricta de que los terratenientes controlaban el poder y que la t\u00e1ctica de supervivencia resid\u00eda exclusivamente en la conciliaci\u00f3n. No es extra\u00f1o que An\u00edbal Galindo reniegue hasta de la idea de libertad con los mismos argumentos de N\u00fa\u00f1ez y Caro: &#8220;Pues lo mismo, exactamente, lo mismo ha pasado con la libertad en el mundo. Nadie cree hoy en ella como se cre\u00eda en 1848. Entonces se cre\u00eda que la libertad era un principio absoluto que lo curaba todo, que resolv\u00eda y desataba por si sola todas las dificultades. Hoy no se tiene en ella la misma fe. Despu\u00e9s de aquella \u00e9poca, el mundo pol\u00edtico, y con \u00e9l sus publicistas y sus m\u00e1s grandes hombres de Estado, se ocupan en hacer la rectificaci\u00f3n del principio, en pedirle cuenta de sus exageraciones y de sus errores, de lo que esos grandes pensadores llaman &#8216;m\u00e9comptes de la libert\u00e9&#8217;, mezclando al principio de libertad grandes dosis del de autoridad y seguridad; y es claro que a una generaci\u00f3n que se ocupa en hacer estas mezclas, en rectificar estas cuentas, no se le puede exigir el mismo entusiasmo, ni los mismos sacrificios de tranquilidad, de bienestar y de vida que a la generaci\u00f3n educada por Lamartine y por Esquiroz en los idilios de la revoluci\u00f3n&#8221; (19).<\/p>\n<p>    Gerardo Molina interpreta esta crisis ideol\u00f3gica, program\u00e1tica y pol\u00edtica del partido liberal como la transici\u00f3n hacia un partido popular que habr\u00eda surgido transformado de la guerra de los mil d\u00edas (20). Seg\u00fan Molina las ideas de Uribe Uribe de &#8220;socialismo de Estado&#8221; de 1904 estar\u00edan coincidiendo con las de An\u00edbal Galindo y \u00e9stas, a su vez, constituir\u00edan un polo opuesto a las de Eastman, partidario todav\u00eda del laissez-faire decimon\u00f3nico. En todo el pensamiento de Molina, lo que hace popular al partido liberal, es la adopci\u00f3n de ese &#8220;socialismo de Estado&#8221; que se pone, supuestamente, al servicio del pueblo. Una interpretaci\u00f3n de esta naturaleza nos hace regresar a la pol\u00e9mica sobre la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; y al significado que le da Li\u00e9vano Aguirre a las ideas de N\u00fa\u00f1ez como la concreci\u00f3n de un &#8220;socialismo de Estado&#8221;. Pero Galindo, al proponer un nuevo programa para el partido liberal que tendr\u00eda que transformarse en &#8220;partido dem\u00f3crata&#8221;, y centr\u00e1ndolo en la reorganizaci\u00f3n de la Hacienda P\u00fablica, en la reconstrucci\u00f3n fundamental del sistema olig\u00e1rquico de educaci\u00f3n p\u00fablica, y en la abolici\u00f3n del servicio militar obligatorio, no est\u00e1 proponiendo ning\u00fan &#8220;socialismo de Estado&#8221;. Coincide m\u00e1s con N\u00fa\u00f1ez que con ning\u00fan otro y da su apoyo a la Constituci\u00f3n del 86. Desde este punto de vista, la apolog\u00eda que hace Molina de las ideas de Galindo, se contradice con su t\u00edmida oposici\u00f3n al movimiento &#8220;Regenerador&#8221;. En realidad, Molina ataca a Eastman porque se opone a \u00e9ste que \u00e9l tambi\u00e9n llama &#8220;socialismo de Estado&#8221;, pero no cala el fondo de sus planteamientos. El acierto fundamental de Eastman radica en la correcta caracterizaci\u00f3n de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; como un sistema de tendencia monarquista y autocr\u00e1tica, no importa que confunda el intervencionismo de Estado y la centralizaci\u00f3n propia de la \u00e9poca del absolutismo con el &#8220;capitalismo de Estado&#8221; de la \u00e9poca del imperialismo. Esa es tambi\u00e9n la confusi\u00f3n de Molina, la que le sirve, precisamente, para salvar la posici\u00f3n antidemocr\u00e1tica y absolutista de Galindo, en la misma forma que ha confundido a tantos otros.<\/p>\n<p>    La guerra de los mil d\u00edas sorprende al partido liberal en condiciones extremadamente precarias, sometido a una cu\u00e1druple crisis: 1) Grave crisis ideol\u00f3gica, cuando ha abandonado los principios program\u00e1ticos de 1850 y de 1863 y todav\u00eda no ha logrado adherirse a otros que le sirvan como alternativa, mientras, por el contrario, ha adoptado tesis del partido conservador que contradicen su lucha secular; 2) grave crisis pol\u00edtica, cuando carece de una t\u00e1ctica cohesionada y clara para enfrentar la represi\u00f3n brutal que se ejerce en su contra y la amenaza de liquidaci\u00f3n a que est\u00e1 abocado, dividido como se encuentra entre los pacifistas y guerreristas enfrentados antag\u00f3nicamente; 3) grave crisis popular, porque no llega a interpretar con precisi\u00f3n y visi\u00f3n el momento econ\u00f3mico que vive el pa\u00eds, la etapa de su evoluci\u00f3n y el momento en que el librecambio tenia que haber dado paso a medidas pol\u00edticas y sociales que favorecieran el desarrollo capitalista y no retrocedieran el proceso hist\u00f3rico; 4) grave crisis militar, porque no est\u00e1 preparado para la guerra, no tiene armas, no posee una direcci\u00f3n unificada, no cuenta con una estrategia militar planificada, no tiene un control centralizado sobre sus efectivos en todo el pa\u00eds. El gobierno nacionalista parece comprender esta situaci\u00f3n desesperada del partido liberal y, en lugar de impedir la guerra, la azuza. No vamos a hacer un recuento de la guerra, pero es conveniente preguntarse: \u00bfpor qu\u00e9 el gobierno deja en libertad a los jefes guerreristas, estando perfectamente enterado de sus planes de insurrecci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 el gobierno permite a las juventudes liberales de la capital salir libremente de Bogot\u00e1 a enrolarse en el ej\u00e9rcito y llega hasta facilitarles el transporte? \u00bfPor qu\u00e9 el gobierno cambia su Ministro de Guerra interesado en aligerar la contienda y facilitar la paz por un ministro que da \u00f3rdenes para que se prolongue la lucha lo m\u00e1s posible? \u00bfPor qu\u00e9 el Ministro de Guerra le da \u00e1nimos a los liberales para que se organicen y les otorga tiempo con el fin de que permanezcan en el campo de batalla? (21). Estos y otros interrogantes ser\u00edan pertinentes. No nos cabe la menor duda de que el gobierno nacionalista buscaba atrapar a los liberales, no para infligirles una derrota cualquiera, sino para liquidarlos como partido. El gobierno estaba fuerte, contaba con las condiciones para conseguir los recursos necesarios, estaba cohesionado, y encontraba un partido liberal en completa crisis. Era tal el grado de descomposici\u00f3n del partido liberal que, ni siquiera ante la guerra logr\u00f3 unificarse ni encontrar criterios comunes para adelantar la pol\u00edtica en un momento en que la mayor\u00eda del pueblo estaba dispuesta a apoyar una lucha contra el r\u00e9gimen desp\u00f3tico de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. An\u00edbal Galindo, Carlos Arturo Torres, Lucas Caballero, connotados representantes de ese partido, colaboraban \u00edntimamente con el gobierno que controlaba su enemigo. Tal era la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El partido liberal perdi\u00f3 la guerra de los mil d\u00edas. La perdi\u00f3 militar, pol\u00edtica e ideol\u00f3gicamente. Podr\u00eda argumentarse que desde el punto de vista pol\u00edtico, el partido liberal consigui\u00f3 una amplia amnist\u00eda, que gracias a su lucha consigui\u00f3 su reconocimiento por parte del partido conservador y que, por la fuerza de las armas, obtuvo del gobierno de Reyes los cuatro objetivos b\u00e1sicos que Uribe le hab\u00eda se\u00f1alado a la revoluci\u00f3n de 1899. Eso es cierto. Pero el precio de esos cuatro puntos consisti\u00f3 en el sometimiento pol\u00edtico al partido conservador y en la renuncia a los programas de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica. La derrota de 1902 signific\u00f3 el fin del partido liberal del siglo XIX. En los \u00faltimos veinte a\u00f1os se venia precipitando a su ruina. Podr\u00eda aventurarse que el mismo triunfo no habr\u00eda logrado la recuperaci\u00f3n ideol\u00f3gica del partido liberal, dadas las premisas que jefes como Rafael Uribe Uribe hab\u00edan colocado ya en la base de la lucha contra la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. El partido conservador no alcanz\u00f3 a liquidarlo en la guerra, pero lo mantuvo bajo su \u00e9gida. En esta forma culmina un proceso trascendental para la historia de nuestra patria, proceso que consideramos de suma importancia para entender el siglo XX, y en el cual hemos venido insistiendo. Nosotros consideramos que la contradicci\u00f3n principal del siglo XIX tuvo que ver con la lucha por la consolidaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tico-burguesa y el desarrollo del capitalismo en el pa\u00eds. De ah\u00ed que no podemos estar de acuerdo con aquellos autores de izquierda, m\u00e1s bien rom\u00e1nticos que cient\u00edficos, por ejemplo Torres Giraldo, que colocan la contradicci\u00f3n principal en la lucha del pueblo contra las clases dominantes, incluyendo en ellas tanto a los terratenientes como a los comerciantes. Precisamente la lucha del pueblo ten\u00eda su manifestaci\u00f3n fundamental en todo el esfuerzo por liquidar el r\u00e9gimen terrateniente heredado de la Colonia, bajo la direcci\u00f3n de una de las clases dominantes que hab\u00edan dirigido la revoluci\u00f3n emancipadora, la de los comerciantes. Esta clase form\u00f3 el partido liberal. Por el car\u00e1cter del comercio que servia de base econ\u00f3mica a una clase precapitalista, por la alianza con los artesanos en un largo tramo de lucha, por el poder de los terratenientes, por la traici\u00f3n de un amplio sector de los comerciantes, el partido liberal fue incapaz de consolidar la revoluci\u00f3n democr\u00e1tico-burguesa. La tragedia de la oposici\u00f3n al proceso de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; es testimonio elocuente de este fracaso y de esta traici\u00f3n. No fueron los nuevos dirigentes del partido liberal, como Uribe Uribe y Benjam\u00edn Herrera, capaces de contrarrestar el embate feroz de los terratenientes desde 1880. Cuando la contradicci\u00f3n con el partido nacional se agudiz\u00f3 hasta el extremo, el partido liberal no contaba con ideas pol\u00edticas y econ\u00f3micas que orientaran su acci\u00f3n revolucionaria. La paz de Wisconsin, con la que el partido liberal sell\u00f3 su derrota, se\u00f1al\u00f3 el fin del partido liberal como partido revolucionario, car\u00e1cter que venia en decadencia desde el comienzo de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. Aunque Joaqu\u00edn Tamayo no es consciente del significado que tienen sus palabras, sin embargo son lo suficientemente elocuentes como para reflejar ese momento hist\u00f3rico: &#8220;La quiebra de los partidos pol\u00edticos fue un hecho e irremediable&#8230; El liberalismo como partido doctrinario a mediados de 1902 a duras penas soportaba esa crisis org\u00e1nica. Los civilistas de Bogot\u00e1, representantes de la escuela de Rionegro, carec\u00edan de poder para imponer a la masa sus aspiraciones; el viejo partido dividido hasta lo infinito por querellas inoportunas \u2014como al final de la guerra de Melo\u2014 qued\u00f3 al margen de toda intervenci\u00f3n posible&#8221; (22). La obra de Rafael N\u00fa\u00f1ez hab\u00eda llegado a su cima. Los terratenientes lograban derrotar a sus adversarios, someterlos a sus condiciones e imponerle al pa\u00eds la hegemon\u00eda de su estructura feudal. En esas circunstancias Colombia entraba al siglo XX, al siglo del imperialismo, atrasada, d\u00e9bil, indefensa y con el poder del Estado en manos de los terratenientes con su hegemon\u00eda consolidada.<\/p>\n<p>3. La claudicaci\u00f3n del partido liberal<\/p>\n<p>    La etapa hist\u00f3rica del partido liberal que abarca los \u00faltimos cuatro lustros del siglo XIX es de descomposici\u00f3n, la que surge con la derrota y dura hasta la subida de Alfonso L\u00f3pez es de reconstrucci\u00f3n. El signo de esta reconstituci\u00f3n est\u00e1 dado por el encuentro de una nueva ideolog\u00eda y por la adopci\u00f3n de una t\u00e1ctica pol\u00edtica de sometimiento al partido conservador. Los jefes liberales que simbolizan esta transici\u00f3n son Rafael Uribe Uribe y Benjam\u00edn Herrera y los dirigentes que van a recibir y a impulsar al partido liberal del siglo XX con una nueva ideolog\u00eda son Enrique Olaya Herrera, Alfonso L\u00f3pez Pumarejo y Eduardo Santos. Esa nueva ideolog\u00eda adoptada por el partido liberal se impon\u00eda poco a poco en el mundo, principalmente en Europa, impulsada por la socialdemocracia, ante la liquidaci\u00f3n de casi todos los partidos liberales del siglo XIX. Se trataba del &#8220;socialismo de Estado&#8221;. S\u00f3lo dos a\u00f1os despu\u00e9s de haber firmado la paz el partido liberal, Uribe Uribe plantea con toda claridad el nuevo rumbo ideol\u00f3gico que debe seguir. Es la famosa conferencia dictada por \u00e9l en el Teatro Municipal de Bogot\u00e1 el 4 de octubre de 1904. Para entonces, ya estaba trazada tambi\u00e9n la nueva t\u00e1ctica pol\u00edtica. El partido liberal no solamente da su apoyo al gobierno conservador de Rafael Reyes, sino que se convierte en su principal soporte, aun por encima de un amplio sector del mismo partido conservador. Posteriormente se compromete en la conformaci\u00f3n de un nuevo partido, la Uni\u00f3n Republicana, bajo la direcci\u00f3n del conservador Carlos E. Restrepo. Un sector del partido liberal vota por el candidato conservador Jos\u00e9 Vicente Concha. El general Benjam\u00edn Herrera apoya la candidatura de Guillermo Valencia contra Su\u00e1rez y acepta un ministerio en el r\u00e9gimen de Concha. Se desata una gran pol\u00e9mica interna en el partido liberal sobre la colaboraci\u00f3n con el gobierno del general Ospina. Alfonso L\u00f3pez Pumarejo trata de organizar un movimiento de apoyo liberal a uno de los candidatos conservadores en las elecciones de 1930. Candidato de &#8220;concentraci\u00f3n nacional&#8221; lo es Olaya Herrera que ya hab\u00eda colaborado con Holgu\u00edn, Ospina y Abad\u00eda M\u00e9ndez, llama conservadores a su gobierno, entre ellos, al m\u00e1s notable de los financistas de ese partido, Esteban Jaramillo. Los datos son innumerables para testimoniar la t\u00e1ctica de sumisi\u00f3n al partido conservador para llegar al gobierno. Indudablemente, el partido liberal logra este objetivo, pero a costa de una transformaci\u00f3n ideol\u00f3gica fundamental que le permite no solamente convivir con su adversario del siglo XIX, sino llegar a identificarse en los objetivos cruciales de gobierno del pa\u00eds.<\/p>\n<p>    La conferencia de Uribe en el Teatro Municipal traza los lineamientos ideol\u00f3gicos del partido liberal del siglo XX. Su punto de partida es el arrepentimiento de su actitud guerrerista pasada y la renuncia a los principios que lo llevaron a las armas: &#8220;&#8230;hemos cre\u00eddo\u2014dice\u2014 muy inteligente, muy est\u00e9tico y muy caballeroso entrematarnos por teoremas que el pueblo a quien hemos arrastrado a los campos de muerte no supo nunca con qu\u00e9 salsa se com\u00edan&#8221; (23). Y, al terminar su disertaci\u00f3n, a\u00f1ade: &#8220;Yo he podido renunciar, como en efecto he renunciado, una vez por todas y para siempre, a ser un revolucionario con las armas, pero no he renunciado a ser un revolucionario y un agitador en el campo de las ideas. Cada ma\u00f1ana toco tropas a las que he venido profesando, y pasada la revista revaluadora, doy de baja sin pena a las que hallo in\u00fatiles para el servicio y las repongo con otras j\u00f3venes y robustas&#8221; (24). La idea nueva que Uribe ofrec\u00eda al partido liberal era la de un socialismo de arriba hacia abajo, un socialismo que tomara al Estado como gu\u00eda suprema de la econom\u00eda, \u00fanico capaz de sacar al pa\u00eds del atraso, un socialismo que no cayera en los extremos de atacar los bienes de los ricos, sino solamente que formulara principios econ\u00f3micos de mejor repartici\u00f3n por medio de los impuestos, un socialismo que no es anticristiano. &#8220;El socialismo que defiendo difiere tanto del absolutismo que mata la dignidad humana, como del individualismo que mata la sociedad&#8221; (25). Y al iniciar su discurso hab\u00eda dicho: &#8220;No soy partidario del socialismo de abajo para arriba que niega la propiedad, ataca el capital, denigra la religi\u00f3n, procura  subvertir el r\u00e9gimen legal y degenera, con lamentable frecuencia, en la propaganda por el hecho; pero declaro profesar el socialismo de arriba para abajo, por la amplitud de las funciones del Estado&#8230;&#8221; (26). Planteaba Uribe en esta forma las tesis antiindividualistas y anticolectivistas, las cuales parten de la tesis ut\u00f3pica liberal de la neutralidad del Estado, pero que, renunciando a los principios del liberalismo revolucionario de los siglos XVIII y XIX, adoptan el intervencionismo estatal como planificador, racionalizador y organizador de la vida econ\u00f3mica, mediante la limitaci\u00f3n de la libertad, la imposici\u00f3n, la regulaci\u00f3n, propias de un sistema de gobierno que ha entrado en flagrante contradicci\u00f3n con la democracia pol\u00edtica para someterse a las fuerzas propias del monopolio. Es esta la f\u00f3rmula que adopta el capitalismo monopolista de Estado en la b\u00fasqueda de proteger los nuevos intereses surgidos de la etapa de &#8220;decadencia&#8221; del capitalismo y de la necesidad de neutralizar el movimiento revolucionario mundial dirigido por el proletariado. De esa necesidad se hace eco Uribe que hab\u00eda le\u00eddo la literatura socialdemocr\u00e1tica imbuida en el revisionismo europeo: &#8220;Para prevenir el socialismo de la calle y de la plaza p\u00fablica, no hay m\u00e1s remedio que hacer bien entendido socialismo de Estado y resolver los conflictos antes de que se presenten. Para ello, no basta esperar el simple desarrollo de lo establecido, confiando en que se cumpla la ley de Bastiat: todos los intereses leg\u00edtimos son arm\u00f3nicos, \u00bfporque qui\u00e9n defiende esa legitimidad? Lo que a diario presenciamos es precisamente el choque de los intereses. Para evitar las formas agudas, hay que prever&#8221; (27). Las reformas fundamentales planteadas por Uribe sirven de pauta al liberalismo del siglo veinte, en la mejora de la asistencia publica, en un sistema tributario, en una legislaci\u00f3n laboral, y una serie de puntos tocantes con la vivienda, las herencias, la inmigraci\u00f3n, la cultura que hoy se han convertido en el programa repetitivo de los dos partidos liberal y conservador. Pero hay que notar dos aspectos de suma gravedad. Primera, Uribe preconiza el corporativismo en una forma muy similar a como lo habr\u00eda de impulsar la fallida reforma constitucional de tinte fascista de Laureano G\u00f3mez en 1953. Y segundo, el problema agrario se reduce a convertir en duraderos los contratos de arrendamiento, ignorando el m\u00e1s grave problema del pa\u00eds, porque seg\u00fan Uribe, refiri\u00e9ndose al problema de la tierra, &#8220;entre nosotros la propiedad no es cuesti\u00f3n que se debate&#8221;. La tierra sobra y cualquiera puede hacerse a unos bald\u00edos (28).<\/p>\n<p>    De inmediato las nuevas ideas planteadas por Uribe al partido liberal ten\u00edan un doble efecto. Por una parte, elud\u00edan los temas candentes que hab\u00edan enfrentado a los dos partidos durante el siglo pasado y, en esta forma, preparaba el terreno para la colaboraci\u00f3n y la sumisi\u00f3n. Por otra parte, los nuevos principios ideol\u00f3gicos se presentaban lo suficientemente neutrales e inocuos como para no ir a producir una reacci\u00f3n del partido conservador en un futuro pr\u00f3ximo. Uribe podr\u00eda tranquilamente, y con \u00e9l Benjam\u00edn Herrera, los grandes intelectuales liberales como Baldomero San\u00edn Cano y casi todo el partido liberal, dar su apoyo al r\u00e9gimen de Rafael Reyes (29). Pero Uribe no s\u00f3lo hab\u00eda renunciado a los principios liberales que podr\u00edan, en alguna forma, haber contribuido a la culminaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, como lo hac\u00edan en ese momento figuras de la talla de Sun Yat-Sen en China, sino que conciliaba en igual forma con quien se iba convirtiendo en el enemigo m\u00e1s peligroso del pa\u00eds, despu\u00e9s del atraco de Panam\u00e1, el imperialismo norteamericano. En este sentido es t\u00edpica su actitud frente al problema m\u00e1s candente del momento, el de Panam\u00e1. Nombrado por Reyes delegado a la Conferencia Panamericana de Rio de Janeiro en compa\u00f1\u00eda de Guillermo Valencia, redacta un documento de tipo jur\u00eddico para demostrar la violaci\u00f3n que hab\u00eda cometido Estados Unidos de las leyes internacionales y de los tratados, pero sin mencionar el atentado contra la soberan\u00eda nacional y el car\u00e1cter imperialista de la expansi\u00f3n norteamericana mediante el patrocinio de una supuesta independencia nacional de Panam\u00e1. Uribe era perfectamente consciente no s\u00f3lo de lo que significaba esa supuesta independencia de Panam\u00e1, sino tambi\u00e9n de los prop\u00f3sitos que abrigaba Estados Unidos con la Conferencia de R\u00edo tendientes a crear una actitud favorable para las concesiones comerciales a que aspiraba, as\u00ed como del peligro que representaba Estados Unidos para Am\u00e9rica Latina. En su art\u00edculo sobre la separaci\u00f3n de Panam\u00e1 que fue escrito como una ponencia para la Conferencia Panamericana de R\u00edo de Janeiro, en donde nunca la quiso presentar, dice: &#8220;La conferencia dar\u00e1 lugar a un formidable gasto de vocablos como fraternidad, solidaridad, americanismo, uni\u00f3n, estrechamiento de relaciones amistosas, aproximaci\u00f3n, y otros an\u00e1logos, que no sonar\u00e1n como sarcasmo en los o\u00eddos de los delegados colombianos si proceden de labios hispano o lusoamericanos, pero que viniendo de los Estados Unidos habr\u00e1n de clasificar entre las mentiras convencionales, en tanto que subsista sin composici\u00f3n el atentado de Panam\u00e1&#8221; (30). Y tambi\u00e9n tiene claridad sobre el peligro norteamericano. Al analizar el prop\u00f3sito del Secretario de Estado, Mr. Root, de quebrar el monopolio comercial de Europa en Am\u00e9rica Latina, a\u00f1ade: &#8220;El viaje de Mr. Root es, pues, un viaje de conquista comercial. La Conferencia de R\u00edo, trae envuelto en n\u00fameros de programa de puro adorno y fantasmagor\u00eda un clou, un plato de resistencia: otorgar a los Estados Unidos tarifas aduaneras y otras ventajas que le permitan convertirse en proveedores de nuestros mercados. Es una nueva y muy l\u00f3gica derivaci\u00f3n de la Doctrina Monroe, en una de sus \u00faltimas ediciones, corregida y aumentada, con glosas y comentarios de la acreditada Casa Rooseveit &#038; Root. &#8216;Am\u00e9rica para los americanos&#8217; quiere ahora decir que este continente debe bastarse a s\u00ed mismo, producir, porque eso es pagarle tributo. La emancipaci\u00f3n comercial debe ser el complemento de la emancipaci\u00f3n pol\u00edtica&#8230; Con todo, si conquista comercial hubiere, seguir\u00e1 una marcha progresiva de norte a sur. Verdaderamente M\u00e9xico va siendo en lo econ\u00f3mico, y quiz\u00e1 no tardar\u00e1 mucho tiempo para serlo tambi\u00e9n en lo pol\u00edtico, una simple prolongaci\u00f3n de los Estados Unidos&#8230; Despu\u00e9s seguir\u00e1n Venezuela y Colombia por ocupar las costas septentrionales m\u00e1s vecinas a los Estados Unidos, con los cuales establecer\u00e1n tr\u00e1fico r\u00e1pido al trav\u00e9s del Mar Caribe, como ya en parte lo tiene establecido&#8230;&#8221; (31). No obstante estas declaraciones, la actitud de Uribe en R\u00edo y su cambio frente a los Estados Unidos confirman su falta de principios y su entrega a quienes consideraba conscientemente enemigos reales o potenciales.<\/p>\n<p>    En R\u00edo, la delegaci\u00f3n colombiana presidida por Uribe y Guillermo Valencia act\u00faa de la siguiente forma: 1) acepta en silencio la asistencia de Panam\u00e1 como rep\u00fablica independiente; 2) calla completamente el atentado de Estados Unidos contra Colombia; 3) ninguna exigencia hace de modificar el orden de la Conferencia para tratar un problema de tal magnitud. Uribe Uribe se sienta con los delegados de los Estados Unidos y Panam\u00e1. Pero el delegado de los Estados Unidos era nada menos que el Secretario de Estado de Roosevelt, el mismo que hab\u00eda robado a Panam\u00e1. No solamente eso, sino que sale de los contactos con la delegaci\u00f3n americana completamente transformado: &#8220;Contra los pron\u00f3sticos pesimistas de muchos que auguraban una pol\u00edtica ego\u00edsta, absorbente e imperiosa de los Estados Unidos de Am\u00e9rica, en el seno de la Conferencia; contra el deseo acaso de los que en muchas partes la anhelaban, para salir ver\u00eddicos en sus afirmaciones antiyanquistas, la conducta de los representantes de la rep\u00fablica del Norte ha sido inspirada, en su conjunto, como en el m\u00e1s insignificante de sus detalles, por el m\u00e1s elevado, noble y desinteresado amor al bienestar com\u00fan. Por ninguna parte ha aparecido la m\u00e1s leve insinuaci\u00f3n de imperio, el menor gesto de desd\u00e9n hacia una naci\u00f3n d\u00e9bil, la m\u00e1s insignificante tendencia a beneficiarse, desde el punto de vista comercial, con alg\u00fan acto impuesto a la asamblea. Dando un hermoso ejemplo del m\u00e1s puro sentimiento republicano, nos han tratado a todos en el mismo pie de igualdad, han hecho uso de una exquisita tolerancia, y en casos en que habr\u00edan podido tomar iniciativas incontrastables, han preferido adherir modestamente a las f\u00f3rmulas de conciliaci\u00f3n. El gran trust panamericano, predicho por algunos, bajo la direcci\u00f3n de los Estados Unidos, no ha aparecido por ninguna parte. La delegaci\u00f3n americana ha dado esta vez el inesperado espect\u00e1culo de hacerse amar irresistiblemente, aun de sus adversarios naturales&#8221; (32). Esta declaraci\u00f3n de amor irresistible a quienes hab\u00eda declarado apenas un mes antes enemigos potenciales de Colombia y a quienes hab\u00edan desmembrado el pa\u00eds, es el s\u00edmbolo m\u00e1s elocuente del partido liberal del siglo XX salido de la guerra de los mil d\u00edas y de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; con un nuevo contenido pol\u00edtico e ideol\u00f3gico. Un partido sumiso y entregado a los terratenientes y al imperialismo, conciliador y vacilante, sin los ideales democr\u00e1ticos que adopta esa ideolog\u00eda precisa, la del capitalismo de Estado, que le permite esgrimir la m\u00e1s desaforada demagogia de socialismo desde arriba para poder neutralizar las fuerzas revolucionarias y mantener sometido el pueblo a sus condiciones. Esta declaraci\u00f3n amorosa de Uribe a los Estados Unidos fue incluida en el informe oficial de la delegaci\u00f3n colombiana al gobierno.<\/p>\n<p>    La actitud contra la conducta entreguista de Uribe no se hizo esperar. Una violenta carta de Diego Mendoza, el mismo que hab\u00eda sido destituido por Reyes cuando trat\u00f3 de tomar una posici\u00f3n patri\u00f3tica ante Estados Unidos, destituci\u00f3n que no fue protestada por Uribe Uribe su fiel colaborador, en contra de la delegaci\u00f3n colombiana a la Conferencia, obliga a Uribe a dar una respuesta en la que justifica plenamente su conducta entreguista. Uribe declara que no era conveniente censurar a los Estados Unidos ni protestar por la presencia de la delegaci\u00f3n paname\u00f1a. Las razones que aduce lo dibujan de cuerpo entero: el asunto de Panam\u00e1 no estaba en el programa, porque Estados Unidos hab\u00eda maniobrado para que se eliminara ese punto; no era conveniente enemistarse con los pa\u00edses que hab\u00edan ya reconocido a Panam\u00e1; tratar este asunto hubiera dividido una Conferencia en la que no hubo la m\u00e1s m\u00ednima discordancia importante que enfrentara a los participantes. Como dice Uribe textualmente: &#8220;Propiamente, no hab\u00eda manera de orillar el asunto sin herir y sin aparecer extempor\u00e1neo y descort\u00e9s&#8221; (33). Pero adem\u00e1s, argumenta Uribe, el gobierno colombiano, de quien recibimos directivos para esta Conferencia, ha aceptado los hechos de la separaci\u00f3n y se encuentra en los tr\u00e1mites de negociaci\u00f3n, la cual pudiera ponerse en peligro con una actitud demasiado inflexible. Una actitud de ese car\u00e1cter hubiera orientado la Conferencia contra Estados Unidos, porque se encontraban all\u00ed muchos pa\u00edses agraviados por \u00e9l. Pero el argumento m\u00e1s contundente, el m\u00e1s profundo y el que descubre la verdadera realidad de lo que pasaba en Colombia en ese momento es el siguiente: &#8220;Con tales antecedentes no era posible ni oportuno, ni de utilidad ninguna, suscitar querellas y despertar rencores en el seno de una corporaci\u00f3n de confraternidad americana&#8230; Incriminar a los Estados Unidos y a Panam\u00e1 equival\u00eda a distribuir las responsabilidades que les cupiera a ellos seg\u00fan nuestros discursos, con los otros pa\u00edses de Am\u00e9rica&#8230;; habr\u00eda sido echar a un lado, con esc\u00e1ndalo de cultura universal, la cortes\u00eda entre naciones, base de la vida internacional, que si en toda ocasi\u00f3n es atendible, singularmente lo era en \u00e9sta, en que el Brasil ofrec\u00eda graciosamente su hospitalidad y se empe\u00f1aba en halagar y festejar de todos modos a los representantes de los Estados Unidos. \u00bfEn qu\u00e9 pie habr\u00edamos colocado a la rep\u00fablica despu\u00e9s de malquistarla con los dem\u00e1s pa\u00edses, hoy que tanto necesita de la concurrencia extranjera?&#8221; (34).<\/p>\n<p>    La raz\u00f3n verdadera del entreguismo de Uribe, era la misma que mov\u00eda al gobierno de Reyes a buscar por todas formas el arreglo con Estados Unidos, no importa a qu\u00e9 precio, hasta llegar a firmar un tratado tan indignante como el Cort\u00e9s-Root que no tuvo su curso en el Congreso, y la que movi\u00f3 a los gobiernos siguientes a desarrollar un gran debate en torno al precio con que Colombia se contentar\u00eda con la &#8220;venta&#8221; de Panam\u00e1 y en torno a la frase precisa que se\u00f1alara alguna m\u00ednima responsabilidad moral a Estados Unidos sin exigirle el respeto a la soberan\u00eda nacional. Esa raz\u00f3n radica en la ansiedad de la oligarqu\u00eda colombiana por recibir los grandes capitales norteamericanos disponibles para la exportaci\u00f3n e iniciar la gran carrera del endeudamiento. Uribe Uribe, por ejemplo, mostr\u00f3 tanta urgencia de &#8220;arreglar&#8221; lo de Panam\u00e1 que invit\u00f3 a Mr. Root, con la aprobaci\u00f3n del gobierno de Reyes, a que en su paso de la Conferencia Panamericana, hiciera escala en Cartagena, lo que lleva a que un personaje como el general Ospina firme una carta contra el gobierno, como resultado de lo cual es encarcelado (35). \u00bfQu\u00e9 otra &#8220;concurrencia extranjera&#8221; distinta de la de Estados Unidos ten\u00eda en mente Uribe Uribe que pudiera ponerse en peligro con una actitud de denuncia en la Conferencia de R\u00edo? Ning\u00fan otro pa\u00eds de los all\u00ed presentes estaba en capacidad de exportar capital a Colombia y financiar las obras de infraestructura, fuera de los Estados Unidos. Esa es la ra\u00edz profunda del af\u00e1n entreguista de Uribe y de su servilismo ante el gobierno de Reyes a quien obedec\u00eda fielmente. En ese preciso momento la \u00fanica concepci\u00f3n sobre el desarrollo colombiano era la del endeudamiento y Uribe empezaba a distinguirse como uno de los abanderados de ese tipo de modernizaci\u00f3n. Esencialmente, su inquietud por una modernizaci\u00f3n a toda costa, as\u00ed fuera por medio de la entrega a los Estados Unidos, explica su apoyo irrestricto a un gobierno de car\u00e1cter modernizante para las condiciones de extremo atraso que viv\u00eda Colombia, como lo fue el r\u00e9gimen de Reyes. Reyes es el primer abanderado de la modernizaci\u00f3n desde arriba que va a caracterizar tambi\u00e9n el gobierno del general Ospina, con lo cual coincide Uribe Uribe y los gobiernos liberales m\u00e1s connotados.<\/p>\n<p>    Rafael Uribe Uribe representa la etapa de transici\u00f3n del partido liberal, de ese partido francamente antiterrateniente que fue en el siglo XIX a un partido modernizante por capitalismo monopolista de Estado que propicia las estructuras favorables al imperialismo norteamericano. Primero, Uribe Uribe comanda la oposici\u00f3n m\u00e1s radical a la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; hasta conducir a su partido a la guerra. Segundo, Uribe Uribe es quien orienta el sentido, la estrategia y el contenido de la guerra de los mil d\u00edas, a pesar de la competencia que le ofrece Benjam\u00edn Herrera. Tercero, Uribe Uribe es quien ofrece por primera vez, en forma clara, la nueva ideolog\u00eda del partido liberal, la del capitalismo de Estado. Cuarto, es Uribe Uribe quien orienta al partido liberal en la etapa que va de la derrota de la guerra hasta la fecha de su asesinato. Su posici\u00f3n vacilante ante la Constituci\u00f3n del 86 y, por tanto, ante la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, no es sino la expresi\u00f3n de un partido que ha perdido su rumbo ideol\u00f3gico y no encuentra un asidero para enfrentar a su enemigo. La derrota de la guerra que Uribe acepta con anticipaci\u00f3n a la paz de Wisconsin no es sino la consecuencia l\u00f3gica de esa crisis pol\u00edtica, ideol\u00f3gica y militar que padec\u00eda el partido liberal, por lo menos desde 1880 y que fue organiz\u00e1ndose a medida que la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; se consolidaba. La guerra de los mil d\u00edas fue m\u00e1s el resultado de la determinaci\u00f3n de los conservadores de acabar con los liberales que la consecuencia de una determinaci\u00f3n decidida de estos \u00faltimos por defender los principios que hab\u00eda alimentado su colectividad. La renuncia expresa y taxativa de Uribe a los principios del liberalismo representa el testimonio m\u00e1s elocuente de que la guerra de los mil d\u00edas lo que logr\u00f3 fue liquidar los \u00faltimos vestigios decisorios de esa ideolog\u00eda en el partido liberal. Los rezagos que quedar\u00edan de esa hecatombe no contar\u00edan con la fuerza suficiente para hacerse sentir en adelante en la orientaci\u00f3n del partido liberal contempor\u00e1neo. La divisi\u00f3n de guerristas y pacifistas en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo pasado dentro del partido liberal y la misma falta de apoyo de un sector de los liberales a la guerra fueron se\u00f1ales muy claras de que el partido liberal no contaba con una posici\u00f3n ideol\u00f3gica resistente contra el embate de los conservadores. De ah\u00ed a una entrega ideol\u00f3gica y pol\u00edtica no hab\u00eda sino un paso que dieron los dirigentes liberales despu\u00e9s de la derrota. No se trat\u00f3 solamente de una colaboraci\u00f3n t\u00e1ctica con el prop\u00f3sito de recuperar fuerzas y ser capaz de dar una lucha m\u00e1s efectiva por el poder. Era que esa t\u00e1ctica conciliadora reflejaba la situaci\u00f3n interna del partido liberal que renunciaba, como lo hemos dicho, a los objetivos de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica y, adem\u00e1s, adoptaba principios francamente opuestos a ellos que, por el momento, se disfrazaban con las ideas demag\u00f3gicas y rimbombantes de &#8220;socialismo de Estado&#8221;, de &#8220;liberalismo moderno&#8221;; de &#8220;capitalismo de Estado&#8221;, de &#8220;liberalismo modernizante&#8221;. La traici\u00f3n del partido liberal a la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica coincide, por supuesto, con el cambio que sufre la burgues\u00eda en el contexto mundial con el paso del capitalismo al imperialismo. Se pon\u00eda de acuerdo el partido liberal colombiano, no con las condiciones revolucionarias de los pueblos oprimidos contra el imperialismo, como lo hac\u00edan muchos en ese momento, sino con las condiciones que el imperialismo exig\u00eda para entrar a saco nuestros recursos y nuestra econom\u00eda. Esa fue la misi\u00f3n de Uribe como la expresi\u00f3n del proceso que sufri\u00f3 el partido liberal en esa etapa.<\/p>\n<p>    No era, por tanto, de extra\u00f1ar que apareciera en el pa\u00eds el intento de un nuevo partido pol\u00edtico, en el que se agruparon aquellos conservadores que proced\u00edan del sector de los &#8221;hist\u00f3ricos&#8221; y un sector del partido liberal francamente partidario de la armon\u00eda conciliadora con los conservadores. Este partido se denomin\u00f3 Uni\u00f3n Republicana. A \u00e9l se afiliaron no solamente jefes connotados del liberalismo como Nicol\u00e1s Esguerra, Benjam\u00edn Herrera y Tom\u00e1s O. Eastman, sino liberales de las nuevas generaciones que entrar\u00edan r\u00e1pidamente a jugar un papel decisivo en el destino del partido liberal como Enrique Olaya Herrera y Eduardo Santos. La Uni\u00f3n Republicana simplemente signific\u00f3 el esfuerzo de ambos sectores por institucionalizar el reconocimiento del partido liberal, despu\u00e9s del frustrado intento de los terratenientes por liquidarlo de la vida pol\u00edtica del pa\u00eds. Jugaron en la ef\u00edmera existencia de esta organizaci\u00f3n pol\u00edtica un papel preponderante la reforma electoral que consagr\u00f3 la representaci\u00f3n de la minor\u00eda, la limitaci\u00f3n del Poder Ejecutivo que hab\u00eda extralimitado la Constituci\u00f3n del 86 y algunas reformas administrativas tendientes a establecer un sistema tributario y rent\u00edstico as\u00ed como una real descentralizaci\u00f3n hacia los municipios y departamentos. Tanto los programas como los proyectos de ley del republicanismo aparecen firmados por representantes de los dos partidos, entre los cuales sobresalen los ya mencionados y adem\u00e1s Pedro Nel Ospina, Miguel Abad\u00eda M\u00e9ndez, Agust\u00edn Nieto Caballero, Luis Eduardo Nieto Caballero, Tom\u00e1s Rueda Vargas, Aquilino Villegas, Lucas Caballero, Luis Cano, Eduardo Rodr\u00edguez Pi\u00f1eres, Armando Solano, Guillermo Quintero Calder\u00f3n y otros (36). Inclusive Rafael Uribe Uribe entra en conversaciones con los republicanos y, especialmente, con Carlos E. Restrepo, muy desde el principio del movimiento con el prop\u00f3sito de fusionar el partido liberal y el republicanismo. El rechazo de Restrepo motiva el rompimiento radical de Uribe con el republicanismo y su oposici\u00f3n frontal contra \u00e9l, oposici\u00f3n que lo lleva a votar por Concha y no por la candidatura republicana representada por un liberal en la persona de Nicol\u00e1s Esguerra (37). S\u00f3lo despu\u00e9s del fracaso de este intento, Uribe mantiene su independencia liberal frente al republicanismo, pero queda patente su esp\u00edritu conciliador.<\/p>\n<p>    Despu\u00e9s de la guerra de los mil d\u00edas, el surgimiento del republicanismo sella la paz entre el partido liberal y el partido conservador y es un primer paso que anuncia ya el proceso que seguir\u00e1 la pol\u00edtica del pa\u00eds en el siglo XX. Resultar\u00eda ingenuo, sin embargo, confundir este intento de fundar un nuevo partido compuesto por militantes de los dos partidos tradicionales con lo que represent\u00f3 la vigencia del partido nacional de N\u00fa\u00f1ez y Caro en la \u00e9poca de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; o con la alianza institucional de los dos partidos en el Frente Nacional. Como fen\u00f3meno eminentemente transitorio, el republicanismo refleja el proceso que toma auge en esta etapa, pero que ven\u00eda ya manifest\u00e1ndose desde la divisi\u00f3n del partido conservador en 1896, al que hemos aludido m\u00e1s atr\u00e1s, y que tiene que ver con el desarrollo del capitalismo nacional con base en una incipiente industrializaci\u00f3n. Se trata, por una parte, del partido liberal en busca de una identidad como partido de la burgues\u00eda y, por otra parte, un sector del partido conservador que se conecta con los intereses de los cafeteros y con la misma industrializaci\u00f3n antioque\u00f1a. Pero tanto uno como otro tomar\u00e1n rumbos muy distintos a los que en este momento han escogido. El partido liberal no llegar\u00e1 a representar los intereses de la burgues\u00eda nacional ni ese sector del partido conservador renunciar\u00e1 a sus intereses terratenientes. Como el pa\u00eds se enrular\u00e1 por las v\u00edas que le trace el neocolonialismo, los dos partidos encontrar\u00e1n f\u00e1cil la adopci\u00f3n de los dict\u00e1menes de la dominaci\u00f3n imperialista. Resultar\u00e1 m\u00e1s productivo para el partido liberal la independencia forzosa de Uribe Uribe, la cual le permite mirar con mayor seguridad el futuro de su partido. Eso es lo que har\u00e1n. Pondr\u00e1n en marcha la elaboraci\u00f3n de una nueva ideolog\u00eda, de una nueva t\u00e1ctica, de nuevos m\u00e9todos y se lanzar\u00e1n sobre los nuevos efectivos electorales compuestos por una clase obrera en ascenso. Sin embargo los &#8220;republicanos&#8221; pertenecientes al partido liberal servir\u00e1n de puente m\u00e1s adelante cuando se empiece a gestar la alianza de la gran burgues\u00eda y de los grandes terratenientes con el gobierno de Olaya Herrera en los \u00faltimos a\u00f1os de esta etapa que pone fin a la transformaci\u00f3n del partido liberal.<\/p>\n<p>    Si en 1904 Uribe Uribe traz\u00f3 los lineamientos generales de lo que ser\u00eda el partido liberal en el siglo XX, en 1911 le da los principios b\u00e1sicos de organizaci\u00f3n y un nuevo programa. Como punto de partida afirma: &#8220;No hemos agotado nuestra obra ni nuestro destino; al contrario, puede decirse que nuestra tarea apenas comienza&#8230; El liberalismo es hoy el \u00fanico partido capaz de instituir en Colombia un \u00f3rgano a la vez impulsor y moderador&#8230; Venimos con la antigua fuerza de propulsi\u00f3n pero sin el fogoso aturdimiento que nos caracterizaba. Nuestra actitud es conciliadora. Desterremos toda idea de ceder a un esp\u00edritu de exclusivismo. Partido igualmente celoso de progreso y del respeto por sus tradiciones, no entiende jam\u00e1s conservar sin renovar, ni innovar sin conservar, ni transigir con el mal s\u00f3lo porque sea antiguo. Ni reacci\u00f3n ni revoluci\u00f3n, es su divisa; eso es, no se pondr\u00e1 a remolque de los reaccionarios, sean de la clase que fueren, ni de los revolucionarios tomando esa palabra en el sentido corriente. En otros t\u00e9rminos, se mantendr\u00e1 sin reservas igualmente lejos de dos pol\u00edticas que condena por igual: la de los enemigos del progreso y la de los amigos de los medios violentos&#8221; (38). Quedaba, en esta forma, plenamente definida la perspectiva en que se mover\u00eda el partido liberal, cuyo ambiente se hab\u00eda venido preparando desde antes de la guerra de los mil d\u00edas. Por esta raz\u00f3n, es importante examinar el diagn\u00f3stico que nos da Uribe Uribe y el programa que le traza al partido liberal.<\/p>\n<p>    Son cuatro los puntos del programa: 1) Una acci\u00f3n pol\u00edtica, 2) una acci\u00f3n legislativa, 3) una acci\u00f3n econ\u00f3mica y 4) una acci\u00f3n organizativa. Para Uribe el partido liberal debe centrar una acci\u00f3n legislativa en el problema administrativo del Estado y, por tanto, en la soluci\u00f3n adecuada de lo que hab\u00eda sido siempre esa contradicci\u00f3n inextricable de federalismo y centralismo, superando la f\u00f3rmula &#8220;regeneradora&#8221; de centralizaci\u00f3n pol\u00edtica y descentralizaci\u00f3n administrativa. Y apunta a un problema importante del r\u00e9gimen pol\u00edtico colombiano: &#8220;En efecto, no es a los hombres a quienes hay que acusar, es al sistema, es al desacuerdo entre el r\u00e9gimen administrativo y el pol\u00edtico. Nos llamamos rep\u00fablica y somos despotismo: esa es la paradoja sobre el cual vivimos. El favoritismo, la pol\u00edtica de clientela, la tiran\u00eda presidencial, ministerial, departamental y municipal; las candidaturas oficiales; todos esos choques, todos esos abusos tienen la misma causa; la contradicci\u00f3n fundamental entre el nombre de rep\u00fablica y el fondo cesarista, o sea este formidable pis\u00f3n de mina, creado para triturar todo lo que necesita, por la omnipotencia de los centros directivos&#8221; (39). Todo el documento tiene este tono. Ha desaparecido ya la beligerancia que reclamaba la vigencia del contenido democr\u00e1tico del r\u00e9gimen pol\u00edtico, reducido ya a una simple forma. Por eso puede a\u00f1adir: &#8220;En estos prop\u00f3sitos no estamos solos; no somos los \u00fanicos que abrigamos estas aspiraciones; son muchos los conservadores que piensan en la necesidad de reformas radicales&#8230;&#8221; (40). Resulta comprensible que uno de los puntos \u00e1lgidos de la lucha contra la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;, como la de la total libertad de prensa, haya quedado reducida a esta f\u00f3rmula anodina e ins\u00edpida en el programa de Uribe: &#8220;Mejora de la ley de prensa&#8221; (41). Pero algo m\u00e1s, todo el problema central del pa\u00eds, alrededor del cual hab\u00eda girado medio siglo o m\u00e1s de luchas y contiendas trascendentales, como el problema religioso, que expresaba de fondo el del r\u00e9gimen terrateniente, en la forma ya se\u00f1alada por nosotros, desaparece por completo y queda reducida a una f\u00f3rmula general que nada dice: &#8220;Ley de defensa agr\u00edcola&#8221; (42). Y cuando en el punto referente a la acci\u00f3n econ\u00f3mica resume todas las reformas que ser\u00e1n el c\u00f3digo de todos los programas liberales del siglo en materia social, explica mejor esta ley agraria con una sola frase: &#8220;Creemos en las ventajas de una ley agraria, en favor de los arrendatarios&#8230;&#8221; (43). En ning\u00fan momento Uribe deja de ser el maestro de la demagogia liberal contempor\u00e1nea, cimentada firmemente en proponer min\u00fasculos remedios e inoperantes para grandes males. La tendencia de los liberales ha sido la de se\u00f1alar los problemas en una forma m\u00e1s o menos descamada, especialmente los de car\u00e1cter social relativos a la desigualdad, para darles soluciones que nunca llegan al fondo de los problemas. Encontramos frases lapidarias, semejantes a las que ya hemos le\u00eddo sobre la amenaza norteamericana, que quedan en el vac\u00edo o porque se proponen alternativas conciliatorias o traidoras a los intereses que dicen defender, o porque los hechos concretos hist\u00f3ricos los desmienten, en forma similar a como el amor irresistible a los norteamericanos le hace olvidar los cr\u00edmenes que acaban de cometer. Por ejemplo dice: &#8220;Ya que los otros partidos nada han hecho en definitiva por el pueblo, salvo empobrecerlo, fanatizarlo y envolverlo en sombras de ignorancia cada vez m\u00e1s espesas, es necesario que el liberalismo est\u00e9 con el pueblo, no con meras reformas pol\u00edticas, sino econ\u00f3micas&#8230;&#8221; (44). Pero a\u00f1ade a continuaci\u00f3n su concepto de oro que permite llegar al verdadero fondo del pensamiento liberal expuesto por Uribe: &#8221; &#8216;Siempre tendr\u00e9is pobres con vosotros&#8217;, dice el Evangelio y es una gran verdad. Por eso nadie se promete el milagro de que todos lleguen a ser ricos; no se trata de crear aqu\u00ed abajo el Para\u00edso; ya se sabe que el hombre perdi\u00f3 sus llaves para nunca jam\u00e1s; pero siquiera que no sea el infierno anticipado&#8221; (45). No puede en esta forma llamarse al liberalismo de Uribe un liberalismo popular, como lo hace Gerardo Molina, simplemente porque se adelanta a una serie de medidas lenitivas para la condici\u00f3n extremadamente grave del pueblo. No se justifica el silencio de los autores de la &#8220;nueva historia&#8221; sobre la violaci\u00f3n, la conciliaci\u00f3n y la traici\u00f3n de Uribe Uribe a la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica tan patente en Ignacio Torres Giraldo, Jorge Orlando Melo y Alvaro Tirado (46).<\/p>\n<p>4. Estructuraci\u00f3n del nuevo partido liberal<\/p>\n<p>    Casi cincuenta a\u00f1os transcurren desde la derrota del partido liberal en 1880 hasta el triunfo de una candidatura liberal en 1930. En este transcurso el partido liberal se descompone durante el per\u00edodo que va hasta la guerra de los mil d\u00edas y trata de levantarse bajo el impulso que le da Uribe Uribe. Lo fundamental en la etapa de 1902 a 1914, fecha del asesinato de Uribe, radica en el establecimiento de las bases principales que servir\u00e1n de gu\u00eda al partido liberal para su desarrollo posterior, no importa que no lleguen a ser completamente acatadas en ese momento por sus jefes y por sus seguidores. Dos rasgos esenciales hay que se\u00f1alar como resultado de esos primeros quince a\u00f1os del siglo: formulaci\u00f3n de unos principios ideol\u00f3gicos cuyo n\u00facleo reside en el capitalismo de Estado, por una parte, y el planteamiento de una serie de reformas sociales tendientes a ganar un nuevo sector social que ser\u00e1 clave para el futuro del liberalismo, la clase obrera, por otra parte. As\u00ed como el proceso de descomposici\u00f3n del partido liberal en los \u00faltimos veinte a\u00f1os del siglo XIX da origen a diversos enfrentamientos internos y divisiones de toda \u00edndole, la efervescencia de ideas y t\u00e1cticas pol\u00edticas que se produce en el seno del partido liberal en estos quince a\u00f1os conduce a divisiones, enfrentamientos y tendencias de diverso tipo. El partido liberal contin\u00faa en crisis, pero est\u00e1 a punto de salir de ella, ya no como el partido de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica sino como el partido de la modernizaci\u00f3n imperialista dirigido por la gran burgues\u00eda financiera. Pero esta transformaci\u00f3n pasa por un momento intermedio, dif\u00edcilmente definible en t\u00e9rminos de fechas precisas, relacionado \u00edntimamente con el despegue de la industrializaci\u00f3n, y que tiene que ver con el encuentro del partido liberal con la burgues\u00eda. Aproximadamente esa definici\u00f3n de su nuevo car\u00e1cter de clase ligado a la burgues\u00eda moderna y no simplemente precapitalista, como en el siglo XIX, comprende de 1915 hasta el final de esta etapa, o sea, hasta el ascenso de Alfonso L\u00f3pez Pumarejo al gobierno. El fen\u00f3meno que se opera en estos a\u00f1os resulta de la conformaci\u00f3n al mismo tiempo en el pa\u00eds de la burgues\u00eda nacional y de la burgues\u00eda financiera, burocr\u00e1tica y monopolista, ambas representadas por el partido liberal del siglo XX en plena formaci\u00f3n, con intereses econ\u00f3micos opuestos y contradictorios y aunque no aparezca as\u00ed desde el primer momento dado el completo proceso de desarrollo capitalista del pa\u00eds durante este per\u00edodo. Al mismo tiempo que est\u00e1 despegando la industria nacional no monopolista, base de la burgues\u00eda nacional, empieza a desarrollarse un sector financiero, principalmente ligado al Estado, mediante el vertiginoso endeudamiento externo de 1920 en adelante. O sea, al mismo tiempo que despega el capitalismo nacional se desarrolla el capitalismo imperialista, y los dos parecen interconectarse y confundirse en los inicios del proceso. Por esta raz\u00f3n resulta tan compleja la transformaci\u00f3n del partido liberal y a este fen\u00f3meno se deben las m\u00faltiples confusiones a que ha dado origen.<\/p>\n<p>    Desde el asesinato de Uribe hasta el comienzo de la llamada &#8220;danza de los millones&#8221; que se abre paso con el gobierno del general Ospina, el partido liberal a\u00fan mantiene la posibilidad de escoger entre las dos alternativas de desarrollo que se le abren al pa\u00eds y que, impl\u00edcita o expl\u00edcitamente, merodean el ambiente nacional. La gran frustraci\u00f3n de Reyes y, en cierta medida, de Uribe Uribe, consisti\u00f3 en no haber podido impulsar el desarrollo por endeudamiento externo a que tanto aspiraba y por el que hizo tantos esfuerzos, tratando de todas maneras de componer la situaci\u00f3n con los Estados Unidos. S\u00f3lo quedaba en este periodo la otra alternativa, la de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica basada en la extirpaci\u00f3n del r\u00e9gimen terrateniente. Sin embargo, el clamor por el desarrollo coincid\u00eda no con el esfuerzo y decisi\u00f3n de llevar a cabo esta tarea fundamental de nuestra historia, sino con la abierta o disimulada aspiraci\u00f3n por los capitales extranjeros. Las posibilidades de que el partido liberal volviera a plantear los principios fundamentales de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica que hab\u00edan sido la bandera de ese partido en el siglo XIX, quedaban en las manos del general Benjam\u00edn Herrera quien ir\u00eda a conducir su partido hasta las v\u00edsperas del triunfo del liberalismo con su llegada al gobierno. No estaba en capacidad la generaci\u00f3n de los &#8220;centenaristas&#8221;, grupo liberal civilista que se hab\u00eda agrupado en torno a la oposici\u00f3n a Reyes, cuya norma de conducta radical resid\u00eda en la conciliaci\u00f3n y en la armon\u00eda con los terratenientes, de emprender esta tarea, lo cual no solamente emanaba como conclusi\u00f3n de sus escritos period\u00edsticos, sino que iba a quedar a la luz del d\u00eda con su actuaci\u00f3n pol\u00edtica desde el gobierno (47). A eso lo llamaron los centenaristas una tarea &#8220;civilizadora&#8221;, a la que le hacen eco sus apologistas contempor\u00e1neos como L\u00f3pez Michelsen (48). Su esp\u00edritu conciliacionista, no s\u00f3lo llev\u00f3 a los centenaristas a caminar de brazo con los terratenientes, sino a eludir permanentemente la lucha contra el imperialismo hasta convertirse en connotados agentes de sus intereses (49). Quedaba, pues, Benjam\u00edn Herrera. Pero pocas esperanzas pod\u00eda ofrecer un personaje que hab\u00eda permitido el desembarco de los marinos norteamericanos en Panam\u00e1 en 1902, y hab\u00eda aceptado la mediaci\u00f3n de los invasores para firmar la paz en el buque almirante Wisconsin, en el fondo, con el mismo argumento de Uribe Uribe de que Marroqu\u00edn le entregar\u00eda el canal a los norteamericanos si no hac\u00edan la paz (50). Quien tuviera un m\u00ednimo de sentido patri\u00f3tico y contara con un triz de \u00e1nimo de lucha por la soberan\u00eda nacional no pod\u00eda esgrimir el argumento de que si entregaba las armas, Marroqu\u00edn ir\u00eda a defender a Panam\u00e1 y el canal, cuando \u00e9l mismo hab\u00eda llamado a los norteamericanos para enfrentarlos a los liberales. Pero adem\u00e1s, desde el punto de vista de la estrategia pol\u00edtica, no era una soluci\u00f3n entregarle el pa\u00eds a los terratenientes despu\u00e9s de mil d\u00edas de lucha, para salvarla, sino precisamente, rescatarlo de las garras del enemigo interior, para enfrentarlo con m\u00e1s fuerza al enemigo exterior. Posteriormente, Herrera, con Uribe Uribe, apoya el gobierno de Reyes, se enrola en el republicanismo, se enfrenta a Uribe que pugnaba por mantener al partido liberal independiente de los republicanos apoyando a Nicol\u00e1s Esguerra, participa como ministro de Concha cuya candidatura hab\u00eda combatido mientras Uribe la hab\u00eda apoyado, y se embarca en una aventura financiera con la United Fruit Company en 1915. El general Herrera fue uno de esos defensores ocultos de la empresa norteamericana hasta el punto de que los amigos de ese monopolio aduc\u00edan los negocios suyos con la United para probar que esa empresa no constitu\u00eda un peligro para el pa\u00eds: &#8220;El general Herrera, dicen, es amigo de la United Fruit Company luego \u00e9sta no puede ser el peligro nacional que algunos creen&#8221; (51). Lo grave fue que el general Herrera tampoco fue respetado por la United Fruit, porque esta empresa le incumpli\u00f3 el contrato como lo hacia con todos los cultivadores de la zona, pero el general se limit\u00f3, a pesar de todo su poder, del control que adquiri\u00f3 sobre el partido liberal, a entablar una demanda judicial contra el monopolio norteamericano, sin haber dado nunca una lucha ni contra el control de los monopolios sobre nuestros recursos, ni contra el endeudamiento externo que se oper\u00f3 en el quinquenio posterior (52). Puede decirse que el general Benjam\u00edn Herrera constituy\u00f3 la \u00faltima oportunidad del partido liberal para salir en defensa de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica e iniciar la lucha contempor\u00e1nea por la liberaci\u00f3n nacional contra el imperialismo norteamericano. A \u00e9l le toc\u00f3 dirigir al partido liberal en el momento en que hubiera podido escoger esta alternativa. De ah\u00ed en adelante el general Herrera va entregando lo \u00faltimo que le queda al partido liberal hasta llegar a la famosa Convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9, despu\u00e9s de la cual ir\u00e1 quedando ese partido en manos de los principales agentes financieros del imperialismo en el pa\u00eds, Enrique Olaya Herrera, Alfonso L\u00f3pez Pumarejo y Eduardo Santos, como se ver\u00e1 inmediatamente y como queda claro de lo expuesto en la Primera Parte.<\/p>\n<p>    El programa liberal de 1922, proclamado en la Convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9, posee el significado de haberse constituido en la pauta de un partido ya claramente consolidado. Sus rasgos fundamentales expresan no solamente un lenguaje completamente nuevo, sino la incorporaci\u00f3n de las ideas principales sometidas durante estos a\u00f1os de descomposici\u00f3n y recomposici\u00f3n. La Convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9 ha superado totalmente el lenguaje decimon\u00f3nico y plantea los principios de ese partido liberal que se apresta a la lucha con las ideas de una clase nueva que est\u00e1 conform\u00e1ndose r\u00e1pidamente, la gran burgues\u00eda financiera. Podemos dividir los puntos esenciales de ese programa en la siguiente forma: 1) reforma electoral que garantice la modernizaci\u00f3n de los sistemas utilizados para las elecciones; 2) descentralizaci\u00f3n administrativa y pol\u00edtica d\u00e1ndole al Poder Legislativo injerencia directa en la elecci\u00f3n del presidente y de los gobernadores; 3) reforma tributaria con la asesor\u00eda de t\u00e9cnicos extranjeros; 4) reforma del Concordato; 5) legislaci\u00f3n laboral que regule las condiciones de trabajo, establezca un r\u00e9gimen m\u00ednimo de bienestar social para los trabajadores, haga obligatorios los tribunales de arbitramento en las huelgas y fomente la instrucci\u00f3n t\u00e9cnica para los obreros; 6) legislaci\u00f3n sobre la propiedad territorial y la colonizaci\u00f3n; 7) fomento del cr\u00e9dito externo y de la inversi\u00f3n extranjera; 8) estatizaci\u00f3n de todos los servicios p\u00fablicos (53). No hay vestigios siquiera de la lucha pasada. Ni sobre el problema religioso y la separaci\u00f3n de la Iglesia y el Estado, ni sobre las libertades y derechos democr\u00e1ticos, ni sobre la libertad de prensa, ni sobre el problema de la tierra, ni sobre las medidas tendientes a la transformaci\u00f3n del atraso econ\u00f3mico se hace una menci\u00f3n aunque sea pasajera. Mucho menos sobre el librecambio o el proteccionismo que eran un problema superado por completo. En cambio quedan en claro los rasgos de una pol\u00edtica de modernizaci\u00f3n con la que el partido liberal impulsar\u00e1 la transformaci\u00f3n del pa\u00eds, como son, una legislaci\u00f3n laboral que regule las actividades de la nueva clase social que se siente surgir por todo el pa\u00eds, una reforma tributaria que dote al Estado de recursos, los primeros pasos efectivos hacia un capitalismo de Estado con la estatizaci\u00f3n de los servicios y, el m\u00e1s importante de todos, el impulso al endeudamiento externo. Se pone as\u00ed en marcha una corriente que conducir\u00e1 al pa\u00eds al intervencionismo de Estado y hacia la dominaci\u00f3n imperialista. La inquietud de Uribe sobre la necesidad de una legislaci\u00f3n laboral responde claramente a las luchas de la clase obrera desde comienzos del siglo, pero principalmente las del \u00faltimo quinquenio en los enclaves del imperialismo, en los servicios p\u00fablicos y en los puertos. A pesar de que el partido liberal se opuso a las huelgas y a los movimientos populares de esa \u00e9poca, tambi\u00e9n fue poco a poco comprendiendo que tenia que salir a ganarse esas masas urbanas nuevas, si es que iba a luchar efectivamente por la toma del gobierno (54). Y por otra parte, el programa a favor del endeudamiento externo coincide con la apertura del pa\u00eds hacia el capital norteamericano en el gobierno del general Ospina y con la lucha interna dentro del partido liberal sobre el colaboracionismo con el gobierno conservador sobre la base de participar en las ventajas aportadas por los millones de d\u00f3lares que se vert\u00edan sobre el pa\u00eds (55). Es de anotar que todo el problema agrario del pa\u00eds es reducido al punto de la colonizaci\u00f3n y de los t\u00edtulos sobre la propiedad de las peque\u00f1as parcelas. Ha desaparecido el partido liberal del siglo XIX en toda su dimensi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Consideramos, pues, el programa de la Convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9 como la se\u00f1al de la consolidaci\u00f3n del partido liberal del siglo XX, de ese partido que hemos caracterizado como el &#8220;modemizador&#8221; del pa\u00eds por la v\u00eda del capitalismo de Estado y del endeudamiento externo. Gerardo Molina atribuye a esta Convenci\u00f3n una importancia significativa pero con un contenido diferente al que le hemos dado nosotros. &#8220;No puede decirse \u2014afirma\u2014 que haya innovaci\u00f3n en \u00e9l (en el programa del partido), pues se repiten principios conocidos y se reiteran viejas l\u00edneas de acci\u00f3n. Lo que vale es ciertamente la atm\u00f3sfera popular y democr\u00e1tica que lo ba\u00f1a, como se ve en el acento puesto en la pol\u00edtica social e instruccionista. Si nos atenemos a la letra, se sienten en el citado Acuerdo las vacilaciones del liberalismo, su falta de adecuaci\u00f3n a un mundo que estaba en ebullici\u00f3n por el influjo de las revoluciones mexicana y sovi\u00e9tica y la necesidad de mantener el compromiso entre las diferentes clases y sectores que lo forman&#8230;&#8221; (56). Primero que todo, no puede decirse que el programa de la Convenci\u00f3n repita los principios conocidos, porque en ella no se encuentra expl\u00edcitamente ninguno de los fundamentales que guiaron el partido liberal durante el siglo XIX. Lo \u00fanico que podr\u00eda interpretarse como tal seria el planteamiento sobre el sistema electoral, pero se refiere m\u00e1s a la organizaci\u00f3n administrativa de las elecciones que a una concepci\u00f3n sobre el proceso democr\u00e1tico que representaban, como s\u00ed se hab\u00eda sostenido durante la lucha contra la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221;. En segundo lugar, un partido que est\u00e1 en proceso de reconstrucci\u00f3n y que tiene que luchar por ganar el apoyo de las masas y de sectores nuevos de la poblaci\u00f3n, no puede estar lejos de reivindicaciones populares, es una necesidad para \u00e9l plantearlas y llevarlas a cabo, o de lo contrario ni atrae a sus electores ni conserva su confianza y se desmorona. La habilidad del partido liberal en ese momento radic\u00f3 en escoger, precisamente, los puntos que pod\u00edan ponerlo en contacto con la clase obrera ascendente, todav\u00eda sin una gran conciencia pol\u00edtica, pero al mismo tiempo excluir de su programa no solamente los problemas m\u00e1s candentes de la etapa hist\u00f3rica que vive el pa\u00eds, sino sacarle el cuerpo a los puntos esenciales del programa democr\u00e1tico, la independencia nacional y la reforma agraria antiterrateniente. No se trata simplemente de &#8220;vacilaciones&#8221;, como afirma Molina, porque no est\u00e1 presentando en el programa ni siquiera posiciones intermedias o conciliacionistas, sino que est\u00e1 ignorando completamente el n\u00facleo de la situaci\u00f3n real y concreta del pa\u00eds. No puede atribu\u00edrsele al partido liberal una falta de informaci\u00f3n o de conocimiento, porque eran los a\u00f1os en que herv\u00eda por el mundo entero la corriente de la revoluci\u00f3n proletaria en Rusia, de la revoluci\u00f3n china y del movimiento democr\u00e1tico mexicano. Se trata, sin duda alguna, de una firme y decidida orientaci\u00f3n del partido liberal hacia los intereses de la gran burgues\u00eda financiera. Lo que estuvo en debate en la Convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9 no fue la posibilidad de enrutar ese partido por el camino de la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica, a la que un sector hubiera presentado oposici\u00f3n, sino la mejor forma de ponerse a tono con la modernizaci\u00f3n del pa\u00eds que ven\u00edan exigiendo los prestamistas norteamericanos y la pol\u00edtica expansionista de los Estados Unidos en Am\u00e9rica Latina. La pugna entre colaboracionistas y no colaboracionistas con el gobierno conservador no era un problema de grandes principios que estuvieran en debate, sino de la t\u00e1ctica m\u00e1s adecuada para atraerse el nuevo electorado. Esta pol\u00edtica no puede denominarse &#8220;popular&#8221;, porque ignora y elude las necesidades m\u00e1s fundamentales del pueblo. Molina acierta, solamente cuando se\u00f1ala que el partido liberal tiene necesidad de mantener un compromiso entre las clases. Efectivamente, esa va a ser la t\u00e1ctica preferida de ese partido, con la cual va a obtener sus grandes \u00e9xitos pol\u00edticos. Benjam\u00edn Herrera cursa una invitaci\u00f3n a los socialistas para que se hagan presentes en la Convenci\u00f3n y apoyen su candidatura. La t\u00e1ctica de conciliaci\u00f3n con los conservadores y de neutralizaci\u00f3n de la izquierda, que ser\u00e1 manejada con maestr\u00eda sin igual por Alfonso L\u00f3pez Pumarejo, fue uno de los resultados de la Convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9. La cr\u00edtica de L\u00f3pez a su partido a finales de esta d\u00e9cada, ya en v\u00edsperas del triunfo de Olaya, ser\u00e1 la de que no ha sido lo suficientemente audaz en su esfuerzo por atraerse a una izquierda beligerante dirigida por los socialistas y a la que empiezan a coquetearle personajes de una importancia futura muy significativa para el partido liberal como Gabriel Turbay y Alberto Lleras Camargo (57).<\/p>\n<p>    Tanto el programa intervencionista de capitalismo de Estado planteado por la Convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9 como su apoyo definitivo al endeudamiento externo indican inequ\u00edvocamente los dos intereses m\u00e1s cruciales de la gran burgues\u00eda financiera que, con ese programa, tomaba la delantera en la pol\u00edtica del pa\u00eds. Pero \u00bfera la pol\u00edtica laboral planteada por la Convenci\u00f3n el producto de una posici\u00f3n progresista y popular definida de acuerdo a los intereses de la burgues\u00eda nacional o, m\u00e1s bien, el resultado inevitable de la lucha de la clase obrera que amenazaba los intereses de estas dos burgues\u00edas en ascenso no suficientemente consolidadas que pugnaban por neutralizar las fuerzas capaces de poner en peligro el \u00e9xito de su nueva t\u00e1ctica, reforzada esta amenaza como estaba por el proceso revolucionario mundial? No tenemos la menor duda de que el programa de legislaci\u00f3n laboral extremadamente t\u00edmido que propone la Convenci\u00f3n no se contrapon\u00eda a los intereses de la gran burgues\u00eda financiera y monopolista, sino que iba perfectamente acorde con su t\u00e1ctica de neutralizaci\u00f3n de la clase obrera y de los movimientos de izquierda por una parte, y de modernizaci\u00f3n imperialista, por otra. Al mismo tiempo que plantea el programa algunas reivindicaciones de bienestar social, coloca sobre la clase obrera el fat\u00eddico tribunal de arbitramento que mantiene en manos del gobierno y de los patronos la definici\u00f3n de los conflictos laborales, en desventaja de la clase obrera. La inteligencia de la gran burgues\u00eda, representada por el partido liberal, consistir\u00e1 durante este per\u00edodo y el que sigue en mantener los sentidos aguzados para incorporar las reivindicaciones de la clase obrera y para ponerse a tono con ese movimiento reformista generalizado que coincidir\u00e1 tanto con la orientaci\u00f3n de un Roosevelt, siempre y cuando no amenace sus propios intereses y los del imperialismo norteamericano que ir\u00e1n haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s imperantes.<\/p>\n<p>    El partido liberal reconstruido ideol\u00f3gica y organizativamente despu\u00e9s de una crisis tan prolongada, se compromet\u00eda con la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; del pa\u00eds y coincid\u00eda plenamente con las mismas inquietudes que abrigaba el imperialismo norteamericano respecto de Colombia. Mientras en el interior del pa\u00eds los jefes ascendentes del liberalismo agenciaban la pol\u00edtica financiera del imperialismo y, por ejemplo, Alfonso L\u00f3pez Pumarejo se convert\u00eda en el primer gerente del Banco Mercantil Americano primero, y en agente de la Dillon, fedeicomisaria de los empr\u00e9stitos norteamericanos, despu\u00e9s, Olaya Herrera dirig\u00eda en el exterior la entrega de los recursos naturales y preparaba el apoyo del imperialismo norteamericano al ascenso del partido liberal. El partido conservador, si bien hab\u00eda iniciado el proceso de endeudamiento externo con el gobierno del general Ospina, se hab\u00eda mostrado fiel defensor de los intereses norteamericanos desde la entrega de Panam\u00e1, la conciliaci\u00f3n de Reyes, las teor\u00edas de la Estrella Polar de Su\u00e1rez y el enclave bananero; hab\u00eda comenzado la entrega del petr\u00f3leo y de los recursos naturales durante toda la llamada &#8221;hegemon\u00eda conservadora&#8221;; era un partido que hab\u00eda venido desgast\u00e1ndose y no presentaba la cohesi\u00f3n ideol\u00f3gica respecto a la modernizaci\u00f3n que demostraba el partido liberal. La dependencia estrecha del partido conservador respecto de la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica, de la ideolog\u00eda cat\u00f3lica y de los terratenientes feudales, no era garant\u00eda para las reformas que el imperialismo norteamericano necesitaba impulsar con el fin de dar unas bases firmes a la exportaci\u00f3n de capital. No fue suficiente argumento para el imperialismo norteamericano la decidida acci\u00f3n del gobierno de Abad\u00eda M\u00e9ndez en defensa de los intereses de la United Fruit Company que culminaron con la matanza de obreros en las bananeras. Por encima de todo estaban los intereses petroleros y financieros privados de los Estados Unidos y los del gobierno norteamericano en relaci\u00f3n con la pol\u00edtica comercial y el refinanciamiento de la deuda externa que confiaban m\u00e1s en los oficios de Olaya Herrera, Alfonso L\u00f3pez, Eduardo Santos y los programas imperialistas del partido liberal que en un partido como el conservador apegado todav\u00eda a las posiciones anticapitalistas, antimasonas y antiprotestantes de la Iglesia, bajo la direcci\u00f3n de la figura ascendente de un Laureano G\u00f3mez. Alvaro P\u00edo Valencia en un articulo de El Espectador sobre la ca\u00edda del partido conservador cuenta que Andrew Mellon, Secretario del Tesoro de Estados Unidos ofreci\u00f3 su apoyo a la candidatura de Olaya; que Mr. Piles, embajador norteamericano en Colombia, renunci\u00f3 porque era amigo de Valencia y en Washington se hab\u00eda pactado ya la presidencia para Olaya; que Jefferson Caffery fue designado nuevo embajador con el prop\u00f3sito de impulsar la candidatura de Olaya (58). Estos testimonios se a\u00f1aden al que ya hemos narrado de la influencia decisiva que tuvo la Circular Especial de la Secretar\u00eda de Comercio de los Estados Unidos en 1928 para la elecci\u00f3n de Olaya (59). Era quiz\u00e1s, la primera vez que el imperialismo norteamericano presionaba una candidatura y una presidencia. El partido conservador no respond\u00eda a las necesidades apremiantes de la dominaci\u00f3n imperialista. Por esta raz\u00f3n Washington no apoya sus candidatos que como en el caso de V\u00e1squez Cobo, hab\u00edan sido fieles amigos suyos. Se cae por su desgaste, por sus pugnas internas, por la fuerza nueva que presenta el partido liberal y por la alianza del imperialismo norteamericano con los liberales.<\/p>\n<p>    La t\u00e1ctica de Olaya consisti\u00f3 en apoyarse en el imperialismo norteamericano y en atraer el sector conservador m\u00e1s comprometido con los intereses imperialistas. Un sector del partido conservador apoy\u00f3 a Olaya y otro le lanz\u00f3 la oposici\u00f3n. Con el primero conform\u00f3 la &#8220;concentraci\u00f3n nacional&#8221;, primer intento de una alianza de la gran burgues\u00eda y de los grandes terratenientes para defender los intereses del imperialismo norteamericano, esta vez bajo la direcci\u00f3n de un liberal. El programa de Olaya se dirigi\u00f3 a garantizarle las condiciones indispensables para la entrada segura de Estados Unidos. Lo plante\u00f3 en cuatro puntos: 1) tranquilidad pol\u00edtica; 2) ambiente despejado para el capital extranjero; 3) pol\u00edtica financiera; y 4) dosificaci\u00f3n e incremento de las exportaciones, especialmente, del caf\u00e9 (60). Olaya se dedic\u00f3 a lograr desde un principio las reformas administrativas, fiscales y financieras que este programa exig\u00eda y para ello, recurri\u00f3, como lo hab\u00eda hecho el general Ospina, a la misi\u00f3n Kemmerer, propulsora de la estrategia norteamericana para Am\u00e9rica Latina (61). De su experiencia en la embajada de Washington, Olaya hab\u00eda salido convencido de que los norteamericanos conoc\u00edan mucho mejor nuestro pa\u00eds y que, por tanto, eran ellos los que deb\u00edan trazar nuestra pol\u00edtica. Dec\u00eda: &#8220;Es de causar verdadera sorpresa en esas grandes instituciones bancarias ver c\u00f3mo llevan mes por mes un conocimiento tan exacto y completo sobre la situaci\u00f3n de todos aquellos pa\u00edses en donde tienen intereses radicados. Creo que no son raros los casos en que ellos est\u00e1n mucho mejor enterados de la situaci\u00f3n de un pa\u00eds, que los nacionales sobre los fen\u00f3menos sociales, pol\u00edticos, sobre lo que hacen los Congresos, sobre la tendencia de los gobiernos, sobre lo que dice la prensa. Y todo aquello con conclusiones tan perspicaces que a uno le maravilla que haya elementos extranjeros que sigan tan de cerca el curso de los acontecimientos de su pa\u00eds natal&#8230;&#8221; (62). No solamente se sirvi\u00f3 Olaya de las misiones norteamericanas, sino tambi\u00e9n de importantes figuras nacionales que agenciaban la pol\u00edtica de los Estados Unidos. Esa fue, como queda consignado ya, la figura de Esteban Jaramillo, conservador, Ministro de Hacienda. As\u00ed como su admiraci\u00f3n por Estados Unidos no ten\u00eda l\u00edmites, su af\u00e1n de entrega y de endeudamiento no conoc\u00eda fronteras. A pesar de que el gobierno norteamericano se opon\u00eda a ampliar la deuda externa, mientras no se arreglara su refinanciamiento, \u00e9sta creci\u00f3 de 87 millones en que la hab\u00eda dejado Abad\u00eda M\u00e9ndez a 170 millones (63).<\/p>\n<p>    La oposici\u00f3n conservadora no hizo sino denunciar en el Congreso y en la prensa la pol\u00edtica pronorteamericana de Olaya. Nadie en el partido liberal sali\u00f3 a atacarla. Esta oposici\u00f3n conservadora va a trazar la pauta de la d\u00e9cada siguiente, porque va a mantener una posici\u00f3n antinorteamericana bajo el liderazgo de Laureano G\u00f3mez. Sin embargo, la clave de esa oposici\u00f3n no residi\u00f3 nunca en una pol\u00edtica antiimperialista del partido conservador, sino en un planteamiento terrateniente recalcitrante. T\u00edpico de esa oposici\u00f3n es el ataque de Aquilino Villegas al gobierno de Olaya por el endeudamiento, en el que dice: &#8220;Otro de los problemas que suscita el concepto nacionalista en la conducci\u00f3n de los Estados, sobre todo de los Estados hispanoamericanos, es la posici\u00f3n que deben adoptar en frente a los capitales extranjeros&#8230; En Colombia tenemos ya suficientes experiencias para comenzar a estudiar con sentido cr\u00edtico y desprevenido la cuesti\u00f3n. Entre los innumerables mitos que nuestra pobreza de otros d\u00edas forj\u00f3 ante la imaginaci\u00f3n colombiana como la fuente \u00fanica de salud y el anhelo de todos los anhelos nacionales, ninguno que haya tenido la vida m\u00e1s dura y m\u00e1s indiscutida que la introducci\u00f3n de capitales extranjeros&#8230; Y hay que pensar que estamos amenazados por la invasi\u00f3n de la gran m\u00e1quina organizada, productora mec\u00e1nica incansable, ahorradora de trabajo humano y por consiguiente, devastadora y sembradora de hambre y de terror entre los trabajadores. Males grandes nos han hecho algunos capitales extranjeros, pero est\u00e1 in\u00e9dito todav\u00eda el horror inconmensurable que nos amenaza, si no tomamos medidas oportunas, cuando se venga sobre nosotros en la forma del gran maquinismo y el trabajo racionalizado, que ha sembrado el hambre en la vieja Europa. Ser\u00e1 el \u00faltimo de los espantos; y es un deber imperioso de los partidos que sostienen el estado intervencionista, y que saben re\u00edrse de la vieja fanfarria de Manchester, poner pecho a esta nueva forma de barbarie y de esclavitud con que nos amenaza lo que llaman la civilizaci\u00f3n. Es mil veces preferible nuestra pobreza y nuestra ignorancia, nuestra peque\u00f1a industria y nuestro artesanato colonial, laborioso y libre, que siquiera asegura el pan de cada d\u00eda para todos. Yo s\u00e9 que esta tesis tradicionalista es revolucionaria ante la flamante acad\u00e9mica y oficial del capital extranjero (64).\u201d<\/p>\n<p>    El gobierno de &#8220;concentraci\u00f3n nacional&#8221; inici\u00f3 la primera etapa de las alianzas del partido liberal y del partido conservador, sobre la base de un nuevo partido liberal ya consolidado en representaci\u00f3n de la gran burgues\u00eda financiera proimperialista. Un sector del partido conservador cal\u00f3 en esta etapa la verdadera esencia de ese nuevo partido liberal y anunci\u00f3 al pa\u00eds la desgracia que le sobrevendr\u00eda con la introducci\u00f3n del imperialismo norteamericano agente de las m\u00e1quinas, el dinero y la proletarizaci\u00f3n, bajo los auspicios de Olaya y L\u00f3pez. Esta oposici\u00f3n conservadora no se materializ\u00f3 sino hasta el momento en que qued\u00f3 completamente claro para el pa\u00eds que el partido liberal agenciaba la modernizaci\u00f3n imperialista. S\u00f3lo un sector del partido conservador, que hund\u00eda sus ra\u00edces en los &#8220;hist\u00f3ricos&#8221; de la \u00e9poca de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; estaba de acuerdo con la alianza que ofrec\u00edan los liberales. Desde el punto de vista pol\u00edtico, la estrategia de dominaci\u00f3n iniciada por el imperialismo norteamericano desde principios de siglo, la cual encontr\u00f3 dificultades tras el asalto sobre la soberan\u00eda nacional en el caso de Panam\u00e1, pero que se abri\u00f3 camino expedito tras la ratificaci\u00f3n del tratado Urrutia-Thompson, propiciaba la alianza de las clases sociales que favorecieran el tipo de modernizaci\u00f3n que exig\u00eda su necesidad de exportaci\u00f3n de capitales, con el prop\u00f3sito de hacer menos vulnerable su penetraci\u00f3n en el pa\u00eds. Pero las clases sociales en Colombia ven\u00edan sufriendo una profunda transformaci\u00f3n durante la primera mitad del siglo XX, de cuyo proceso da testimonio fehaciente el proceso de la etapa que hemos analizado. El partido liberal pasa de los comerciantes precapitalistas a la gran burgues\u00eda financiera, manteniendo en su seno durante un tiempo a la burgues\u00eda nacional. Pero en el partido conservador se da una divisi\u00f3n que obedece primero a la tendencia de un sector de terratenientes hacia la industrializaci\u00f3n del pa\u00eds y despu\u00e9s hacia la aceptaci\u00f3n de la modernizaci\u00f3n imperialista, lo cual los lleva a impulsar una serie de transformaciones para poner a tono el pa\u00eds con los intereses de la dominaci\u00f3n norteamericana. Entre tanto, el otro sector del partido conservador mantiene la posici\u00f3n intransigente de los terratenientes que defienden la preservaci\u00f3n del r\u00e9gimen feudal, sin ninguna contaminaci\u00f3n imperialista, aunque en la d\u00e9cada del treinta tomen partido en favor del fascismo y del imperialismo alem\u00e1n. Mientras el partido liberal no consolida su nueva forma y adquiere por completo su nuevo contenido, los dos sectores del partido conservador, unas veces m\u00e1s y otras menos, aceptan su colaboraci\u00f3n y la solicitan en distintos momentos del proceso, durante el cual el partido liberal iba abandonando sus antiguos principios en favor de los de la gran burgues\u00eda financiera, monopolista y burocr\u00e1tica. Una vez que la Convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9 fija las nuevas pautas del partido liberal y que los nuevos dirigentes de ese partido lo conducen por el nuevo sendero, entonces el sector recalcitrante que se toma el partido conservador, define su rompimiento con \u00e9l y le abre la oposici\u00f3n. La divisi\u00f3n para las elecciones de 1930 es el primer paso en este sentido. La oposici\u00f3n de Laureano G\u00f3mez a Olaya Herrera es el segundo paso. Y el rompimiento total llega con el triunfo de Alfonso L\u00f3pez Pumarejo, con lo cual se inicia una nueva etapa.<\/p>\n<p>    La gran burgues\u00eda financiera, monopolista y burocr\u00e1tica surge en Colombia como producto del endeudamiento externo, de la entrega de los recursos naturales al imperialismo y de la adecuaci\u00f3n del Estado a los intereses financieros de los Estados Unidos. No es el producto de la transformaci\u00f3n del capitalismo de libre competencia en monopolista por la fuerza misma del desarrollo interno de las fuerzas productivas. Por esta raz\u00f3n la burgues\u00eda nacional se queda a medio camino, completamente debilitada, por el brusco salto que dan comerciantes precapitalistas y burgueses industriales en ciernes, a la gran burgues\u00eda proimperialista. Por su parte, los terratenientes se dividen en quienes favorecen la alianza con el imperialismo y quienes se oponen a ella por considerar un peligro para sus intereses las transformaciones que exige la dominaci\u00f3n extranjera. La burgues\u00eda nacional queda como una clase minoritaria, d\u00e9bil, entre el fuego de la gran burgues\u00eda intermediaria del imperialismo, los terratenientes proimperialistas y los terratenientes nacionalchauvinistas. Al mismo tiempo que en este per\u00edodo surg\u00edan la burgues\u00eda nacional como producto del capitalismo nacional, la gran burgues\u00eda financiera, monopolista y burocr\u00e1tica ligada al capitalismo imperialista, se transformaba un sector de los terratenientes favorables a la modernizaci\u00f3n imperialista, surg\u00eda tambi\u00e9n el proletariado y se desarrollaba haci\u00e9ndose sentir por todas partes como una clase nueva y luchando por su reconocimiento en la sociedad colombiana en paros, huelgas y luchas de todo tipo. Pero tambi\u00e9n hacia su aparici\u00f3n una peque\u00f1a burgues\u00eda intelectual y profesional que daba muestras de radicalismo y de oposici\u00f3n al r\u00e9gimen con luchas antiimperialistas y con apoyo a la insurgencia de la clase obrera. Gran influencia va a tener esta clase en el surgimiento y desarrollo de la izquierda revolucionaria en Colombia y sus primeros pasos se dan desde principios de la d\u00e9cada de los a\u00f1os veinte. Esperamos tener la oportunidad de analizar las primeras luchas de la clase obrera, las primeras incursiones de la peque\u00f1a burgues\u00eda en la vida pol\u00edtica del pa\u00eds y la lucha que adelantaron los campesinos en esta etapa.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>(1) Rafael Uribe Uribe, &#8220;Los desagradecidos&#8221;, en El autonomista, 13 de septiembre de 1899.<br \/>\n(2) Miguel Antonio Caro, &#8220;Mensaje al Congreso Nacional, julio 20 de 1896&#8221;, Obras completas, Imprenta Nacional, Bogot\u00e1, t. VI, p\u00e1gs. 179-184. El texto completo se encuentra en la Antolog\u00eda, Parte III.<\/p>\n<p>(3) Rafael Uribe Uribe, Discursos parlamentarios, Congreso Nacional de 1896, Imprenta de Medardo Rivas, Bogot\u00e1, 1897, p\u00e1gs. 27 y 28. Estos discursos est\u00e1n publicados en Obras selectas, Colecci\u00f3n Pensadores Pol\u00edticos, C\u00e1mara de Representantes, Bogot\u00e1, 1979. Citamos Discursos parlamentarios&#8230;<\/p>\n<p>(4) Ibid., p\u00e1g. 172.<\/p>\n<p>(5) Ibid., p\u00e1g. 169.<\/p>\n<p>(6) Ibid., p\u00e1g. 168.<\/p>\n<p>(7) Ibid., p\u00e1g. 169.<\/p>\n<p>(8) Ibid., p\u00e1g. 191.<\/p>\n<p>(9) Ibid.<\/p>\n<p>(10) Ibid., p\u00e1gs. 194-95.<\/p>\n<p>(11)Ibid., p\u00e1g. 206.<\/p>\n<p>(12) Ibid., p\u00e1gs. 267-272.<\/p>\n<p>(13) Ibid., p\u00e1g. 272 (los subrayados son nuestros).<\/p>\n<p>(14) Ibid., p\u00e1g. 350.<\/p>\n<p>(15) Ibid., p\u00e1g. 183.<\/p>\n<p>(16)  Obras selectas, tomo II, p\u00e1g. 168. Texto completo en la Parte III.<\/p>\n<p>(17) Ibid., p\u00e1g. 172.<\/p>\n<p>(18) &#8220;Manifiesto que dirige la Convenci\u00f3n Electoral del partido liberal a la naci\u00f3n&#8221;, La Cr\u00f3nica, septiembre 15 de 1897. El texto completo del programa y el manifiesto se encuentra en la Parte III.<\/p>\n<p>(19) An\u00edbal Galindo, &#8220;Nueva orientaci\u00f3n&#8221;, El autonomista, septiembre 19 de 1899.<\/p>\n<p>(20) Gerardo Molina, Las ideas liberales en Colombia, 1849-1914, Tercer Mundo, Bogot\u00e1, 1973, 3a. ed.,  p\u00e1g. 193.<\/p>\n<p>(21) Ver, entre otros textos, Joaqu\u00edn Tamayo, La revoluci\u00f3n de 1899, Biblioteca Banco Popular, 1975; Eduardo Rodr\u00edguez Pi\u00f1eres, Diez a\u00f1os de pol\u00edtica liberal, 1892-1902, Camacho Roldan y C\u00eda., Bogot\u00e1, 1945; Carlos Mart\u00ednez Silva, Por qu\u00e9 caen los partidos pol\u00edticos, Camacho Roldan y C\u00eda., Bogot\u00e1, Jos\u00e9 Manuel Marroqu\u00edn, Pbro., Don Jos\u00e9 Manuel Marroqu\u00edn, \u00edntimo, Arboleda y Valencia, Bogot\u00e1, 1915; Luis Mart\u00ednez Delgado, Rep\u00fablica de Colombia, 1885-1910, Historia Extensa de Colombia, Ediciones Lerner, Bogot\u00e1, 1970, vol. X, t. 2; Jorge Villegas y Jos\u00e9 Yunis, La guerra de los mil d\u00edas, Carlos Valencia Editores, Bogot\u00e1, 1978.<\/p>\n<p>(22) Joaqu\u00edn Tamayo, op. cit., p\u00e1g. 177.<\/p>\n<p>(23) Rafael Uribe Uribe, &#8220;Socialismo de Estado&#8221;, en El pensamiento pol\u00edtico de Rafael Uribe Uribe, Antolog\u00eda, Colecci\u00f3n Popular No. 155, Instituto Colombiano de Cultura, Bogot\u00e1, p\u00e1g. 23.<\/p>\n<p>(24) Ibid., p\u00e1g, 55.<\/p>\n<p>(25) Ibid., p\u00e1g. 52<\/p>\n<p>(26) Ibid., p\u00e1g. 17.<\/p>\n<p>(27) Ibid., p\u00e1g. 51.<\/p>\n<p>(28) Ibid., p\u00e1g. 19.<\/p>\n<p>(29) Baldomero San\u00edn Cano, &#8220;Administraci\u00f3n Reyes, 1904-1909&#8221;, en Escritos, Biblioteca B\u00e1sica Colombiana, Instituto Colombiano de Cultura, Bogot\u00e1, 1977.<\/p>\n<p>(30) Rafael Uribe Uribe, Por la Am\u00e9rica del Sur, Biblioteca de la Presidencia de Colombia, Editorial Kelly, 2 vols., Bogot\u00e1, 1955, t.1, p\u00e1g. 135.<\/p>\n<p>(31) Rafael Uribe Uribe, &#8220;Conferencia Panamericana, informe de la delegaci\u00f3n de Colombia en la tercera Conferencia Panamericana&#8221;, op. cit., t. II, p\u00e1g. 636.<\/p>\n<p>(32) Ibid., p\u00e1g. 598.<\/p>\n<p>(33) Ibid., p\u00e1g. 607.<\/p>\n<p>(34) Ibid., p\u00e1gs. 610-611.<\/p>\n<p>(35) Jorge Villegas y Jos\u00e9 Yunis, Sucesos colombianos, 1900-1924, Universidad de Antioquia, Medell\u00edn, 1977, p\u00e1g. 99. Sobre la ansiedad de la oligarqu\u00eda liberal conservadora por arreglar el conflicto de Panam\u00e1 para conseguir capitales norteamericanos es interesante el comentario de El Tiempo del 19 de agosto de 1916 a un editorial del peri\u00f3dico La Patria, en el que arguye que el patriotismo tampoco puede ir hasta sacrificar intereses superiores del pa\u00eds como es la posibilidad de su desarrollo, mucho m\u00e1s importante que seguir defendiendo a Panam\u00e1, cuando ya es un hecho cumplido. Dice, entre otras cosas, &#8220;La opini\u00f3n p\u00fablica est\u00e1 ya perfectamente empapada de una verdad no sujeta a m\u00e1s discusi\u00f3n; la de que las objeciones hechas por el se\u00f1or gobernador de Cundinamarca al proyecto de empr\u00e9stitos para Bogot\u00e1 obedecen s\u00f3lo a un sentimiento de viva repulsi\u00f3n contra el capital yanqui, &#8216;que nos rob\u00f3 a Panam\u00e1&#8217;. Los escr\u00fapulos legales, las sutilezas de car\u00e1cter constitucional, han sido meros pretextos que cubren el verdadero m\u00f3vil, revelado y aplaudido con loable franqueza por La Patria en categ\u00f3rico editorial. \u00bfConviene que el pa\u00eds tome en consideraci\u00f3n el problema que hoy se presenta y del que depende todo su porvenir? \u00bfVa contra nuestro decoro y contra nuestro honor el negociar empr\u00e9stitos en un pa\u00eds cuyos poderes p\u00fablicos andan remisos a satisfacer nuestras justas exigencias de pueblo agraviado? \u00bfDebemos, si esas exigencias son deso\u00eddas, petrificamos en una actitud de altivo rencor y cerrar nuestras fronteras a todo lo que venga del aborrecido pa\u00eds?&#8230; Es indudable que por lo menos por un cuarto de siglo los Estados Unidos, enriquecidos por la guerra que a otros arruina, convertidos en lugar de refugio del oro que huye de la hoguera en que arde el viejo mundo, ser\u00e1n el \u00fanico lugar a donde puedan volver los ojos los pueblos j\u00f3venes que necesitan recursos&#8221;. Ibid., p\u00e1g. 261.<\/p>\n<p>(36) Ver para el programa del republicanismo Jorge Villegas y Jos\u00e9 Yunis, Sucesos&#8230;, p\u00e1gs. 127, 219; Convenci\u00f3n Nacional del Partido Republicano, Arboleda y Valencia, Bogot\u00e1, 1915.<\/p>\n<p>(37) Villegas y Yunis, Sucesos&#8230;, p\u00e1g. 151; ver Carlos E. Restrepo, Orientaci\u00f3n republicana, 2 vols, Biblioteca Banco Popular, Bogot\u00e1, t. I, p\u00e1gs. 392-94.<br \/>\n  (38) Rafael Uribe Uribe, &#8220;Exposici\u00f3n sobre el presente y el porvenir del partido liberal en Colombia&#8221;, El Liberal, Bogot\u00e1, abril de 1911; ver Obras selectas, t. I; en Romero Aguirre, op. cit., p\u00e1gs. 178-179. Citaremos Romero Aguirre. El texto completo se encuentra en la Parte III, Antolog\u00eda.<\/p>\n<p>(39) Romero Aguirre, op. cit., p\u00e1g. 183.<\/p>\n<p>(40) Romero Aguirre, op. cit., p\u00e1g. 184.<\/p>\n<p>(41) Romero Aguirre, op. cit., p\u00e1g. 185.<\/p>\n<p>(42) Romero Aguirre, op. cit., p\u00e1g. 186.<\/p>\n<p>(43) Romero Aguirre, op. cit., p\u00e1g. 191.<\/p>\n<p>(44) Romero Aguirre, op. Cit., p\u00e1g. 187.<\/p>\n<p>(45) Romero Aguirre, op. cit., p\u00e1g. 189.<\/p>\n<p>(46) Torres Giraldo va dando puntadas ac\u00e1 y all\u00e1 sobre las actuaciones de Uribe, pero siempre calla sus hechos bochornosos que en nuestra opini\u00f3n, son tan importantes que resultan decisivos para juzgar de su posici\u00f3n hist\u00f3rica. El juicio central de Torres es el siguiente: &#8220;En Uribe, colgada tambi\u00e9n la espada estaba su propia concepci\u00f3n evolucionada de la pol\u00edtica, reformista, democr\u00e1tico-burguesa, con una visi\u00f3n propia tambi\u00e9n de los problemas nacionales y una actitud progresista definida ante las masas trabajadoras&#8221;, op. cit., t. III, p\u00e1g. 90. Uno puede preguntarse \u00bfera democr\u00e1tico-burguesa la posici\u00f3n de Uribe Uribe, en qu\u00e9; y era progresista respecto a qu\u00e9?. Melo y Tirado se limitan a consignar que Uribe propici\u00f3 &#8220;el abandono de las doctrinas del laissez taire y su sustituci\u00f3n por otras acordes con las nuevas situaciones y la afirmaci\u00f3n del poder del Estado para intervenir en la vida econ\u00f3mica y en la regulaci\u00f3n de las condiciones de producci\u00f3n, que dada la estructura de clase, ten\u00eda que ser de explotaci\u00f3n&#8221;, Alvaro Tirado Mej\u00eda, &#8220;Colombia: siglo y medio de bipartidismo&#8221;, Colombia hoy, Siglo XXI Editores, Bogot\u00e1, p\u00e1g. 142.<br \/>\n  (47) Ver Gerardo Molina, op. cit., t. II, cap. VII.<\/p>\n<p>(48) Alfonso L\u00f3pez Michelsen, &#8220;Apolog\u00eda de la Generaci\u00f3n del Centenario&#8221;, en Cuestiones colombianas. Impresiones Modernas S.A., M\u00e9xico, D.F., 1955<\/p>\n<p>(49) Ver Stephen Randall, The Diplomacy of Modernization: Colombian American Relations, 1920-1940, University of Toronto Press, Toronto, 1977; David Bushnell, Eduardo Santos and the Good Neighbor, 1938-1942, Grainsville, 1967.<\/p>\n<p>(50) Ver para un recuento de los hechos, Gustavo Humberto Rodr\u00edguez, Benjam\u00edn Herrera en la guerra y en la paz, Universidad Libre, Bogot\u00e1, 1973, caps. 20-23. Rodr\u00edguez defiende, en contra de Lemaitre, que Herrera ten\u00eda suficiente armamento, soldados y posibilidades de retomar la guerra. Con mayor raz\u00f3n la tendr\u00eda entonces para enfrentar a los norteamericanos, como lo hicieron despu\u00e9s en peores condiciones otros patriotas de Am\u00e9rica Latina, como por ejemplo, Sandino en Nicaragua. Para los argumentos de Uribe Uribe, ver &#8220;Manifiesto del General Rafael Uribe Uribe a los liberales de Colombia&#8221;, en Carlos Mart\u00ednez Silva, Por qu\u00e9 caen los partidos pol\u00edticos, Camacho Roldan y C\u00eda., Bogot\u00e1, 1934, p\u00e1gs. 176-198. El texto completo aparece en la Parte III.<\/p>\n<p>(51) El Tiempo, cit. por Jorge Villegas y Jos\u00e9 Yunis, Sucesos colombianos, p\u00e1g. 222.<\/p>\n<p>(52) El 31 de marzo el corresponsal de El Tiempo, Gil Blass, cablegrafiaba lo siguiente: &#8220;El General Benjam\u00edn Herrera cit\u00f3 a Mr. Williams, Gerente de la United Fruit Company en Santa Marta, a absolver posiciones para entablar demanda contra la United Fruit por incumplimiento del contrato. Queda as\u00ed contestado el art\u00edculo&#8221;. Ibid. Ver, por ejemplo, Molina, op. cit., cap. VIII, en donde muestra que Herrera s\u00f3lo puso algunas reservas al tratado Urrutia Thompson y a la misi\u00f3n Kemmerer pero nunca emprendi\u00f3 una posici\u00f3n contra ellos ni contra el imperialismo norteamericano.<\/p>\n<p>(53)&#8221;La convenci\u00f3n de Ibagu\u00e9&#8221; en Romero Aguirre, op. cit., p\u00e1g. 215. El programa completo se encuentra en la Antolog\u00eda, Parte IIL<\/p>\n<p>(54) Ver C\u00e9sar Ferrero Calvo, &#8220;Los sindicatos obreros colombianos&#8221;, Estudios sindicales y cooperativos, Madrid, vol. 4,1970, No. 15\/16, p\u00e1gs. 40-44.<\/p>\n<p>(55) Ver Parte Primera, cap. 2\u00b0, aparte 4.<\/p>\n<p>(56) Gerardo Molina, Las ideas liberales, 1915-1934&#8230;, p\u00e1g. 83, (el subrayado es nuestro).<\/p>\n<p>(57) Ver cartas de Alfonso L\u00f3pez Pumarejo a Nemesio Camacho, El Tiempo, abril 26 de 1928, mayo 21 de 1928. Consultarlas en la Parte III, Antolog\u00eda.<\/p>\n<p>(58) Alvaro P\u00edo Valencia, &#8220;Una historia incompleta&#8221;, Magazine Dominical, lo. de abril de 1979.<\/p>\n<p>(59) Ver Parte I, cap. 20.<\/p>\n<p>(60) Enrique Olaya Herrera, &#8220;Conferencia sobre los problemas econ\u00f3micos de Colombia&#8221;, El Tiempo, 30 de enero de 1930. Ver texto completo en la Parte III.<\/p>\n<p>(61) Ver Robert N. Seidel, &#8220;American Reformers Abroad: The Kemmerer Missions in South America, 1923-1931&#8221;, The Journal of Economic History, vol. XXXII, No. 2, June, 1972.<\/p>\n<p>(62) Olaya Herrera, op. cit.<\/p>\n<p>(63) Aquilino Villegas, &#8220;El espectro&#8221;, El Pa\u00eds, octubre 7 de 1934.<\/p>\n<p>(64) Aquilino Villegas, La moneda ladrona, Editorial Arturo Zapata, Manizales, 1933, p\u00e1gs. 227-228 (el subrayado es nuestro).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Consecuencias de la &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; La &#8220;Regeneraci\u00f3n&#8221; fue, entre otras cosas, un movimiento contra el partido liberal. N\u00fa\u00f1ez y Caro dir\u00edan que el ataque no fue al partido liberal, sino al anarquismo y extremismo de los &#8220;radicales&#8221;- Pero despu\u00e9s de la Constituci\u00f3n del 63, el &#8220;radicalismo&#8221; fue el movimiento que constituy\u00f3 el partido liberal, no [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[58],"tags":[],"class_list":["post-2989","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-jose-fernando-ocampo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2989","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2989"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2989\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22272,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2989\/revisions\/22272"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2989"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2989"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2989"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}