{"id":2781,"date":"2009-03-05T09:40:16","date_gmt":"2009-03-05T09:40:16","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/xi-una-tragedia-jamas-imaginada\/"},"modified":"2022-06-16T16:31:00","modified_gmt":"2022-06-16T16:31:00","slug":"xi-una-tragedia-jamas-imaginada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/xi-una-tragedia-jamas-imaginada\/","title":{"rendered":"Panam\u00e1: XI. Una tragedia jam\u00e1s imaginada"},"content":{"rendered":"<p>Oscar Ter\u00e1n public\u00f3 su obra sobre Panam\u00e1 en 1936 de cuatrocientas ochenta p\u00e1ginas, muy poco tiempo antes de morir. Fue su testamento intelectual y pol\u00edtico. Hab\u00eda sido testigo directo, como paname\u00f1o, de todos los acontecimientos que all\u00ed se desarrollaron en 1903, actor de parte de la tragedia, cr\u00edtico demoledor de tirios y troyanos, defensor inconmovible de la soberan\u00eda de Colom-bia. Resuma patriotismo indignado y dolido en cada p\u00e1gina. Transcribo a continuaci\u00f3n un texto del prefacio de su libro, por ser dif\u00edcil encontrarlo en el mercado:<\/p>\n<p>Histor\u00edase (sic) aqu\u00ed, en efecto, un caso de expansi\u00f3n geogr\u00e1fica y pol\u00edtica de los Estados Unidos anglosajones llevada a cabo dentro del patrimonio territorial de una na-ci\u00f3n hispano-americana comparativamente inerme sin otra fuerza ni defensa que las del derecho; y ello por los medios m\u00e1s il\u00edcitos, inmorales y reprobados que puedan imaginar-se. El cohecho, el enga\u00f1o, la perfidia, la fe p\u00fanica, las instigaci\u00f3n al prevaricato, a la traici\u00f3n, en una palabra, todas las formas posibles del maquiavelismo cl\u00e1sico quedaron all\u00ed ejemplarizadas y como patentadas bajo el r\u00f3tulo de Yanquilandia; y as\u00ed aparece todo ello en las p\u00e1ginas que siguen gracias a un m\u00e1ximo esfuerzo de clarificaci\u00f3n tanto m\u00e1s valiente y meritorio cuanto eran m\u00e1s grandes las dificultades naturales de la empresa; visto que\u2014respecto de la conducta de los Estados Unidos con la Naci\u00f3n Colombiana, en aquel cap\u00edtulo oscuro de nuestra historia\u2014la n\u00edtida verdad ha sido adulterada por la mentira que ha corrido tras ella constantemente al acecho, mientras el enjuague y la pa-tra\u00f1a, colocando en el lugar del suceso real el quid pro quo y la viceversa, han rematado la obra infame en cuya virtud los que en su origen fueron inicuos de berberisca pirater\u00eda son ahora imposiciones de la \u00e9tica de la necesidad; y el que victimario, v\u00edctima; y la ver-dadera v\u00edctima es el malhechor.<br \/>\nY claro est\u00e1, la atm\u00f3sfera de influjos olvidadizos semejantes a los del nen\u00fafar so-bre los recuerdos del lot\u00f3fago, que esta sistem\u00e1tica tergiversaci\u00f3n de los hechos crea al-rededor de ellos mismos, ha quitado a la tragedia de Panam\u00e1, junto con sus est\u00edmulos nost\u00e1lgicos, su poder de ense\u00f1ar, y la experiencia de escarmentados en cabeza propia y ajena a los que de esa tragedia tomar\u00edan ense\u00f1anza.<br \/>\nDisfrazar lo pasado para que no sonroje, es lo que necesitan los Estados Unidos como pasaporte a la total consolidaci\u00f3n de su predominio en marcha sobre las Am\u00e9ricas. Expansionismo aplastante y ofensivo es el suyo, ora se llame destino manifiesto, o diplo-macia del d\u00f3lar, o pol\u00edtica del trancazo, o del polic\u00eda interamericano, o como ahora, del buen vecino. Ning\u00fan expansionismo sea el que fuere, puede prosperar sino a la sombra de la hipocres\u00eda.<br \/>\nLa hipocres\u00eda expansionista o d\u00edgase yanqui, porque de esta se trata, consiste en hacer que el fin injusto que persigue se lo den y faciliten, a poder de apremios inconfesa-bles, los mismos a quienes ese fin perjudica; de modo que suceda lo de Maquiavelo, a sa-ber: que habiendo contribuido con C\u00e9sar Borgia al atentado de Simigaglia(*) , tuvo de in-teresarse mucho despu\u00e9s, en justificar la conducta de aquel de quien fue c\u00f3mplice.<br \/>\nContra esta operaci\u00f3n de tirar la piedra y esconder la mano que exime al que tira de ser visto y del odio y el desv\u00edo consiguientes, y le permite al mismo tiempo seguir haciendo indefinidamente de las suyas, no parece haber otro remedio, dentro de nuestra debilidad actual, que aquel que estriba en instalar la verdad monda y lironda, donde an-tes imper\u00f3 la hipocres\u00eda.<br \/>\nPor lo que, si en nuestro primer libro se\u00f1alamos por su nombres a los colombia-nos que en Panam\u00e1 y en Bogot\u00e1 dieron la mano a los Estados Unidos para que nos quita-ran el Istmo\u2014en este otro se clarifica, adem\u00e1s la conducta del monstruo imperialista con relaci\u00f3n al m\u00e1s alevoso e inexcusable de su cr\u00edmenes de leso-Derecho Internacional Ame-ricano y de lesa-Am\u00e9rica Espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>(* comparaci\u00f3n de Estados Unidos con C\u00e9sar Borgia, el hijo del papa Alejandro VI, que mand\u00f3 estrangular en Simi-gaglia a quienes le hab\u00edan hecho el trabajo de tomarse la ciudad en su nombre, como le pas\u00f3 a los colombianos que entregaron a Panam\u00e1, y al que Maquiavelo justifica por aplicar el princip\u00edo de \u201cel fin justifica los medios\u201d)<\/p>\n<p>All\u00ed queda retratada toda la tragedia. Ter\u00e1n acusa ante todo a Estados Unidos. En efecto. A medida que el pa\u00eds del Norte se fue transformando en una potencia imperialista por la exigencia expansionista de su econom\u00eda a finales del siglo XIX, la necesidad de un canal por Panam\u00e1\u2014la mejor ruta\u2014se hizo apremiante. No le serv\u00eda ya el ferrocarril cuyo uso le hab\u00eda concedido Co-lombia por cincuenta a\u00f1os, sin renunciar a la soberan\u00eda, y en donde hab\u00eda intervenido en repetidas ocasiones para asegurar el paso de sus ciudadanos. Busc\u00f3, ante todo, eliminar el canal franc\u00e9s, apoderarse de la compa\u00f1\u00eda del canal y se sirvi\u00f3 para ello de un personaje fat\u00eddico en toda esta tra-gedia, William Nelson Cromwell. Primero intent\u00f3 apoderarse de la zona por el que pasar\u00eda el ca-nal. Despu\u00e9s quiso arriesgar por la toma de Panam\u00e1. Finalmente, se content\u00f3 con convertirla en protectorado y asegurarse el dominio sobre el territorio del canal. Fue Teodoro Roosevelt el que no se atrevi\u00f3 a convertirla en un estado como Hawai, o en una colonia como Puerto Rico, o terri-torio gobernado por t\u00edteres como Cuba, sino en un pa\u00eds con independencia nominal bajo su \u00e9gida. Ese fue el tratado que encargaron firmar los traidores paname\u00f1os al franc\u00e9s Philippe Buneau-Varilla en Washington, transformado de aventurero, especulador financiero e intrigante profesio-nal, en embajador plenipotenciario de la nueva Rep\u00fablica, para entregar la soberan\u00eda sobre la zona del canal. Tal para cual.<\/p>\n<p>En Colombia, los personajes que protagonizaron traici\u00f3n tras traici\u00f3n llevan nombres de presidentes y personajes que han pasado a la historia como prohombres. Marroqu\u00edn orden\u00f3 firmar el tratado Herr\u00e1n-Hay, se arrepinti\u00f3 cuando ya nada hab\u00eda qu\u00e9 hacer, trat\u00f3 de lavarse las manos al envi\u00e1rselo al Congreso sin firma, orden\u00f3 a sus ministros defenderlo a capa y espada para su apro-baci\u00f3n y se resign\u00f3 como est\u00fapido a ver desmembrada la Naci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 ignominiosa la actitud de un presidente que le ruega a los atracadores que le env\u00eden la tropa para defender su propiedad co-mo lo hizo Marroqu\u00edn con el embajador gringo Beaupr\u00e9 d\u00edas despu\u00e9s de la independencia pana-me\u00f1a! Entre sus ministros y funcionarios de alta responsabilidad que de una u otra manera parti-ciparon en la desventura paname\u00f1a figuran anteriores y futuros presidentes como Jos\u00e9 Vicente Concha, Rafael Reyes, Pedro Nel Ospina, Miguel Abad\u00eda M\u00e9ndez, Jorge Holgu\u00edn y Ram\u00f3n Gon-z\u00e1lez Valencia. Y no pueden escaparse prohombres de la talla de Carlos Mart\u00ednez Silva, Alfredo V\u00e1squez Cobo, Tom\u00e1s Herr\u00e1n o figuras que jugar\u00edan papeles estrat\u00e9gicos m\u00e1s adelante como Es-teban Jaramillo. En el Congreso pueden mencionarse al hijo de Marroqu\u00edn y al poeta Guillermo Valencia, candidato a la presidencia en 1930. Toda un oligarqu\u00eda traidora, antinacional, que guia-r\u00e1 por treinta a\u00f1os los destinos de la Patria.<\/p>\n<p>Es como dice Ter\u00e1n, eh aqu\u00ed el expansionismo yanqui parapetado en una oligarqu\u00eda nacida en Colombia entregada a sus designios. Defendieron que no importaba la soberan\u00eda sobre el terri-torio siempre y cuando pagaran unos cuantos d\u00f3lares por la venta. Unos fueron paladines del arreglo econ\u00f3mico sin la soberan\u00eda a lo Marroqu\u00edn, Reyes, Marco Fidel Su\u00e1rez, los negociadores y los ministros. Hoy los defiende, por ejemplo, Jos\u00e9 Alvear San\u00edn con la teor\u00eda de que por no haber aceptado el tratado Herr\u00e1n.Hay somos m\u00e1s pobres, \u201cnuestra pobreza es la verdadera ene-miga de la soberan\u00eda\u201d, afirma, ya que ese es un principio abstracto que hay que sacrificar \u201ca cambio de beneficios econ\u00f3micos concretos\u201d (\u201cSuplemente Literario,\u201d El Tiempo, 17 de agosto de 2003). Otros titubearon entre la soberan\u00eda y la venta, unas veces por una, otras veces por otra, al estilo de Pedro Nel Ospina y Lucas Caballero. Claro que quedan para la posteridad los senado-res Juan Bautista P\u00e9rez y Soto, Miguel Antonio Caro, Joaqu\u00edn F. V\u00e9lez y tantos otros, que nunca cedieron ni un \u00e1pice.<\/p>\n<p>As\u00ed tambi\u00e9n las obras publicadas en torno a la tragedia. Menciono algunas. Luis Mart\u00ednez Delgado en la Historia extensa de Colombia justifica que su pariente Carlos Mart\u00ednez Silva hubie-ra cedido la soberan\u00eda en la negociaci\u00f3n del Tratado Herr\u00e1n-Hay. Vacila Eduardo Lemaitre, en su obra sobre la separaci\u00f3n, y trata de excusar la actuaci\u00f3n de los embajadores Mart\u00ednez Silva y Concha. L\u00f3pez Michelsen, en forma diplom\u00e1tica, se lava las manos para no comprometerse ante los gobernantes contempor\u00e1neos de Panam\u00e1. Y, asombrosamente, publican los colombianos hasta una defensa de los traidores paname\u00f1os como la de Credencial en sus separatas de historia.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 defiendo al Senado de 1903 y condeno a la C\u00e1mara de Representantes? Porque el Senado tuvo la entereza hist\u00f3rica de rechazar la traici\u00f3n contenida en el Tratado Herr\u00e1n-Hay y la C\u00e1mara vot\u00f3 en contra de la resoluci\u00f3n que condenaba a Estados Unidos por el robo de Pana-m\u00e1. No faltan historiadores que acompa\u00f1an a Reyes y Su\u00e1rez en la acusaci\u00f3n de que Panam\u00e1 se perdi\u00f3 porque no se entreg\u00f3 la soberan\u00eda de la zona del canal, aun sin indemnizaci\u00f3n alguna. No, Panam\u00e1 se perdi\u00f3, antes que nada, porque Estados Unidos tram\u00f3 toda una conspiraci\u00f3n para arre-batarle a Colombia el territorio, como dice Ter\u00e1n, mediante el cohecho, el enga\u00f1o, la perfidia, la fe p\u00fanica, la instigaci\u00f3n al prevaricato, a la traici\u00f3n. Y yo a\u00f1ado, con la acci\u00f3n de toda una arma-da de guerra, anclada en los puertos de Panam\u00e1 y Col\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero, adem\u00e1s, porque la oligarqu\u00eda colombiana no sali\u00f3 en su defensa. El batall\u00f3n colom-biano que proteg\u00eda el Istmo, se vendi\u00f3 a los traidores; las tropas enviadas de Bogot\u00e1, claudicaron; un prestigioso general de la Rep\u00fablica\u2014Pompilio Guti\u00e9rrez\u2014curtido en las guerras civiles y ex ministro de Estado, prefiri\u00f3 seguir de Panam\u00e1 a Cuba a comprar ganado; el encargado de recupe-rar Panam\u00e1 por las armas\u2014el general Reyes\u2014cambi\u00f3 el car\u00e1cter de la expedici\u00f3n militar por una misi\u00f3n diplom\u00e1tica vergonzante humillada en el Istmo y Washington; los veteranos de guerra vo-luntarios que se alistaron a \u00f3rdenes del general Ortiz fueron traicionados por su general\u00edsimo\u2014de nuevo Rafael Reyes\u2014que los dej\u00f3 plantados en una poblaci\u00f3n olvidada del Choc\u00f3 esperando la orden de marchar por tierra a la reconquista; el presidente Marroqu\u00edn y su ministro de Guerra V\u00e1squez Cobo reprimieron las protestas en Bogot\u00e1 que exig\u00edan el alistamiento de los cien mil vo-luntarios contra los traidores paname\u00f1os. Como dice el historiador Lemaitre: \u201cDe haberse desen-cadenado una batalla, o una resistencia cualquiera, pero efectiva, de parte de las tropas colom-bianas, lo m\u00e1s probable es que los norteamericanos la hubieran aplastado, pero los problemas pol\u00edticos que ese acto de violencia habr\u00eda creado al presidente Roosevelt, habr\u00edan frustrado sus designios\u2026\u201d Tantos ejemplos contempor\u00e1neos de pueblos que, en condiciones de debilidad e in-ferioridad, se han levantado contra sus colonizadores y luchado por a\u00f1os para defender su sobera-n\u00eda y su independencia.<\/p>\n<p>Ninguna otra tragedia hasta el presente en la historia de Colombia igual al atraco yanqui sobre Panam\u00e1. Esa p\u00e9rdida de soberan\u00eda consisti\u00f3 en la desmembraci\u00f3n del territorio. La otra tie-ne que ver hoy con la progresiva desaparici\u00f3n de la autodeterminaci\u00f3n sobre la econom\u00eda nacio-nal. En esencia, son lo mismo, la desintegraci\u00f3n de la soberan\u00eda. Esta segunda, en un proceso de los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os, va convirti\u00e9ndose en una agresi\u00f3n peor que la de Panam\u00e1. No fuimos capaces de detener la primera. \u00bfNos decidiremos a parar la segunda? Es nuestra misi\u00f3n hist\u00f3rica para que no nos pase lo mismo que a la oligarqu\u00eda traidora que dej\u00f3 escapar a Panam\u00e1. Como hace un siglo el pa\u00eds tambi\u00e9n se divide entre quienes est\u00e1n de lado de la soberan\u00eda nacional y quienes siguen consider\u00e1ndola un concepto abstracto despreciable, ya no frente a la p\u00e9rdida de Panam\u00e1, sino ante la amenaza de convertirse cada vez m\u00e1s en una colonia militar y econ\u00f3mica de Estados Unidos. \u00bfPodremos sacar lecciones de la historia?<\/p>\n<p>1 de octubre de 2003<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Oscar Ter\u00e1n public\u00f3 su obra sobre Panam\u00e1 en 1936 de cuatrocientas ochenta p\u00e1ginas, muy poco tiempo antes de morir. Fue su testamento intelectual y pol\u00edtico. 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