{"id":20948,"date":"2005-05-02T19:00:00","date_gmt":"2005-05-02T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2005\/05\/02\/marx-y-engels-una-alianza-sin-igual-en-la-historia\/"},"modified":"2005-05-02T19:00:00","modified_gmt":"2005-05-02T19:00:00","slug":"marx-y-engels-una-alianza-sin-igual-en-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/marx-y-engels-una-alianza-sin-igual-en-la-historia\/","title":{"rendered":"MARX Y ENGELS, UNA ALIANZA SIN IGUAL EN LA HISTORIA"},"content":{"rendered":"<p>Marx no debi\u00f3 el triunfo de su vida a sus solas fuerzas, por poderosas que \u00e9stas fuesen. En cuanto puede humanamente juzgarse, hubiera sucumbido m\u00e1s temprano o m\u00e1s tarde y de un modo u otro, de no encontrar en Engels el amigo de cuya lealtad y esp\u00edritu de sacrificio podemos hoy formarnos una idea completa por su correspondencia ya publicada.<\/p>\n<p>La imagen de esta amistad no tiene paren la historia. (&#8230;) Cuanto m\u00e1s se entretej\u00edan sus ideas y su obra, m\u00e1s resaltaba la personalidad propia de cada uno de ellos.<\/p>\n<p>La diferencia de personalidades se acusaba ya en su aspecto exterior. Engels era un germano, rubio, esbelto, con modales ingleses, seg\u00fan lo atestigua un observador de la \u00e9poca; pulcramente vestido siempre, ve\u00edase en \u00e9l la disciplina, no s\u00f3lo del cuartel, sino de la oficina en que trabajaba. (&#8230;) Hecho a los negocios y a las diversiones de la burgues\u00eda inglesa, a sus cacer\u00edas de zorros y a sus banquetes de Navidad, Engels era el obrero de la inteligencia y el luchador que en una casita situada en las afueras de la ciudad ten\u00eda albergado un amor, una muchacha irlandesa de pueblo, en cuyos brazos iba a descansar cuando se sent\u00eda ya demasiado fatigado de las intrigas y las luchas de los hombres.<\/p>\n<p>Marx era el reverso de esta medalla: recio, fornido, con sus ojuelos chispeantes y su melena de le\u00f3n, negra como el \u00e9bano y clara muestra de su origen semita; tardo en sus movimientos; un buen padre de familia agobiado, al margen de toda la vida social y mundana, en aquel centro cosmopolita, entregado al incesante trabajo de la inteligencia, comiendo aprisa para volver a \u00e9l, absorbido por \u00e9l hasta altas horas de la noche; pensador incansable para quien no hab\u00eda placer m\u00e1s alto que el pensamiento. (\u2026) Poco pr\u00e1ctico para las cosas peque\u00f1as y genialmente pr\u00e1ctico para las grandes; incapaz para llevar un presupuesto dom\u00e9stico, pero de una capacidad incomparable para levantar y conducir un ej\u00e9rcito que hab\u00eda de hacer cambiar la faz del mundo.<\/p>\n<p>Y si el estilo es el hombre, tambi\u00e9n como escritores mediaban entre ellos grandes diferencias. Los dos eran, cada cual a su modo, maestros del lenguaje y los dos tambi\u00e9n genios para las lenguas, pues ambos dominaban toda una serie de idiomas y hasta de dialectos extranjeros. Engels superaba en esto a Marx, pero cuando escrib\u00eda en su lengua materna, aunque s\u00f3lo fuesen cartas -y mucho m\u00e1s, naturalmente, cuando eran otras obras- se ce\u00f1\u00eda al idioma propio, libre de todos los pliegues y modismos extranjeros, aunque sin caer en las rid\u00edculas exageraciones de los puristas. Escrib\u00eda lisa y llanamente, y con tal diafanidad y tersura, que se puede leer hasta en el fondo de la movida corriente de su discurso.<\/p>\n<p>Marx escrib\u00eda m\u00e1s premiosamente y en un estilo m\u00e1s dif\u00edcil. En las cartas de su juventud, semejante en esto a las de Heine, se le ve todav\u00eda claramente debati\u00e9ndose con el lenguaje, y en las escritas en sus a\u00f1os maduros, sobre todo las de Inglaterra, hay una jerga de alem\u00e1n, ingl\u00e9s y franc\u00e9s, todo revuelto. Tambi\u00e9n en sus obras abundan los t\u00e9rminos extranjeros m\u00e1s de lo que fuera menester. (&#8230;) Marx no acostumbraba apurar hasta el fin los problemas tratados, sino que gustaba de dejar al lector un margen fecundo para la reflexi\u00f3n; su discurso era como el juego de las olas sobre el fondo purp\u00fareo del mar.<\/p>\n<p>Engels reconoci\u00f3 siempre en Marx la superioridad del genio; a su lado, no quiere destacarse nunca en primer plano. Pero en realidad, jam\u00e1s fue mero int\u00e9rprete o auxiliar suyo, sino que fue siempre su colaborador aut\u00f3nomo, pues su talento, si bien no se confund\u00eda con el de Marx, no era inferior a \u00e9l. El propio Marx hab\u00eda de confirmar, pasados veinte a\u00f1os, en una carta dirigida a su amigo, que, en los or\u00edgenes de su amistad y en una materia de decisiva importancia, Engels hab\u00eda aportado m\u00e1s que recibido: &#8220;Te constan dos cosas, primero, que a m\u00ed me llega todo m\u00e1s tarde, y segundo, que no hago m\u00e1s que seguir tus huellas&#8221;. Engels, m\u00e1s r\u00e1pido y expeditivo, se mov\u00eda con m\u00e1s desenvoltura, y, si bien su mirada era lo suficientemente aguda y penetrante para tocar en seguida el punto decisivo de un problema o de una situaci\u00f3n, no era, en cambio, lo bastante profunda para ponderar todo el pro y el contra que la decisi\u00f3n pod\u00eda llevar aparejados. Claro est\u00e1 que esta falta es, en un hombre de acci\u00f3n, una gran ventaja, y Marx no adoptaba ninguna resoluci\u00f3n pol\u00edtica sin antes aconsejarse de Engels, quien sol\u00eda dar en seguida en el clavo.<\/p>\n<p>Era natural, dada esta correlaci\u00f3n de fuerzas, que los consejos de Engels no fuesen tan fecundos en el terreno te\u00f3rico como en materia pol\u00edtica. Aqu\u00ed sol\u00eda llevar Marx la delantera y nunca prest\u00f3 o\u00eddos a las sugestiones de Engels para que terminase cuanto antes su obra cient\u00edfica capital. &#8220;No s\u00e9 cu\u00e1ndo te convencer\u00e1s de que no tienes por qu\u00e9 ser tan concienzudo con tus cosas y de que est\u00e1 sobradamente bien para el p\u00fablico. Lo principal es que lo escribas y se publique; las faltas que t\u00fa le encuentres no han de echarlas de ver los asnos&#8221;. En este consejo se retratan de cuerpo entero los dos, Engels d\u00e1ndolo y Marx no sigui\u00e9ndolo.<\/p>\n<p>(&#8230;) En la primavera de 1854, a Engels volvi\u00f3 a asaltarle la idea de retornar a Londres, para abrazar la carrera de escritor; fue la \u00faltima vez en que se vio acometido por ella; a partir de entonces, tom\u00f3 la firme resoluci\u00f3n de echarse encima para siempre el odioso yugo de la responsabilidad mercantil en la empresa de su padre, no s\u00f3lo para poder ayudar al amigo, sino para que el Partido no perdiese su primera inteligencia. De otro modo ni Engels hubiera podido realizar el sacrificio, ni Marx aceptarlo; pues no se sabe qu\u00e9 requer\u00eda m\u00e1s firmeza de juicio en \u00e9l, si el brindarlo o el recibirlo.<\/p>\n<p>Antes de verse elevado a copart\u00edcipe de la empresa, Engels, como simple empleado, no disfrutaba, ni mucho menos, de una situaci\u00f3n pr\u00f3spera; pero desde el primer d\u00eda en que se instal\u00f3 a vivir en Manchester, no hizo m\u00e1s que ayudar al amigo incansablemente. Los billetes de una libra, de cinco, de diez, y luego de cien, pasaban de sus manos a Londres sin cesar. Y Engels no perd\u00eda nunca la paciencia, aunque Marx y su mujer, cuyo talento administrativo para el presupuesto dom\u00e9stico no deb\u00eda de ser muy grande, le hiciesen pasar por duras pruebas. Ocurri\u00f3 una vez que Marx se olvid\u00f3 de avisarle de una letra librada sobre \u00e9l, encontr\u00e1ndose desagradablemente sorprendido el d\u00eda de su vencimiento; en casos como \u00e9ste, Engels no hac\u00eda m\u00e1s que menear la cabeza con amistoso reproche. (&#8230;)Pero Engels no se limitaba a trabajar para su amigo durante el d\u00eda, en la mesa del despacho o en la Bolsa, sino que le sacrificaba tambi\u00e9n, en buena parte, las horas vespertinas de descanso, hasta bien entrada la noche. (&#8230;)<\/p>\n<p>Y sin embargo, todo esto no es nada, comparado con el sacrificio m\u00e1s doloroso que hubo de realizar Engels, renunciando a la labor cient\u00edfica para la que le capacitaban sus magn\u00edficas dotes y su capacidad de trabajo poco com\u00fan. Para tener idea de esto hay que leer la correspondencia cruzada entre los dos, y fijarse, por ejemplo, aunque s\u00f3lo fuese esto, en los estudios filos\u00f3ficos de ciencia militara que Engels se consagraba con predilecci\u00f3n, llevado de una &#8220;inclinaci\u00f3n antigua&#8221; y de las exigencias pr\u00e1cticas de la cruzada de emancipaci\u00f3n del proletariado. Odiando como odiaba a los &#8220;autodidactas&#8221;, y siendo sus m\u00e9todos cient\u00edficos de trabajo s\u00f3lidos siempre y concienzudos, distaba mucho de ser, como distaba Marx, un simple erudito de biblioteca, y cada nuevo conocimiento adquirido \u00e9rale doblemente precioso con tal de que pudiese ayudar en seguida a aliviar al proletariado de sus cadenas.<\/p>\n<p>Se consagr\u00f3 al estudio de las lenguas eslavas, llevado de la &#8220;consideraci\u00f3n de que, por lo menos, uno de nosotros&#8221; habr\u00e1 de prepararse para la acci\u00f3n pr\u00f3xima conociendo el idioma, la historia, la literatura y las instituciones sociales de las naciones con las cuales vamos a entrar inmediatamente en colisi\u00f3n. (&#8230;)<\/p>\n<p>Sus diligentes y concienzudos estudios de ciencia guerrera le valieron el sobrenombre de &#8220;general&#8221;. Tambi\u00e9n aqu\u00ed se aliaban la &#8220;antigua inclinaci\u00f3n&#8221; y las necesidades pr\u00e1cticas de la pol\u00edtica revolucionaria. Engels contaba con la &#8220;enorme importancia que la partie militaire habr\u00eda de cobrar en el pr\u00f3ximo movimiento&#8221;. Los oficiales que se pasaron al campo del pueblo, durante los a\u00f1os de la revoluci\u00f3n, no hab\u00edan dado muy buenos resultados. &#8220;No hay quien desarraigue de este hatajo de soldados -escrib\u00eda Engels- su repugnante esp\u00edritu de cuerpo. Se odian unos a otros mortalmente; la m\u00e1s peque\u00f1a distinci\u00f3n obtenida produce en los dem\u00e1s una envidia de chicos de escuela, pero contra la \u2018paisaner\u00eda\u2019 son todos unos&#8221;. (&#8230;) Apenas instalarse en Manchester, se puso a &#8220;empollar cosas militares&#8221; (&#8230;) a estudiar la organizaci\u00f3n toda del ej\u00e9rcito, hasta en sus detalles t\u00e9cnicos m\u00e1s minuciosos (\u2026)<\/p>\n<p>Finalmente, se consagr\u00f3 al estudio de la historia general de las guerras, aplic\u00e1ndose con especial cuidado a las obras del ingl\u00e9s Napier, del franc\u00e9s Jomini y del alem\u00e1n Clausewitz. Lejos declamar contra la inmoralidad de las guerras, siguiendo las huellas superficiales del liberalismo, Engels se dedic\u00f3 a estudiar la raz\u00f3n hist\u00f3rica de estos fen\u00f3menos, con lo cual provoc\u00f3 m\u00e1s de una vez la c\u00f3lera declamatoria de la democracia. (&#8230;)<\/p>\n<p>Engels sent\u00eda asimismo predilecci\u00f3n por las ciencias naturales, sin que tampoco en este terreno le fuese dado llevar a t\u00e9rmino sus investigaciones durante aquellos a\u00f1os en que hubo de entregarse a la actividad comercial para dejar paso franco a los trabajos cient\u00edficos m\u00e1s importantes de su amigo.<br \/>\nTodo esto era una tragedia, pero Engels no se lamentaba de ella, pues estaba curado, como su amigo, de todo sentimentalismo. Consider\u00f3 siempre como la mayor dicha de su vida el haber podido vivir cuarenta a\u00f1os al lado de Marx, aun a costa de que la figura gigantesca de \u00e9ste le ensombreciera. Y cuando, al morir su amigo, se le hubo de reconocer, durante m\u00e1s de diez a\u00f1os, como la figura preeminente del movimiento obrero internacional, no vio en ello una leg\u00edtima reparaci\u00f3n, sino que crey\u00f3, por el contrario, que se le atribu\u00eda un m\u00e9rito al que no era acreedor.<\/p>\n<p>La amistad de estos dos hombres, entregados de lleno a la causa com\u00fan, a la que ambos ofrendaron un sacrificio, si no igual, igualmente grande, sin asomo de jactancia ni de lamentaci\u00f3n, constituye una alianza sin par en la historia de todos los tiempos.<br \/>\n(Extractos del libro de Franz Mehring, Carlos Marx.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marx no debi\u00f3 el triunfo de su vida a sus solas fuerzas, por poderosas que \u00e9stas fuesen. 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