{"id":20840,"date":"2005-05-01T19:00:00","date_gmt":"2005-05-01T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2005\/05\/01\/alo-alo\/"},"modified":"2005-05-01T19:00:00","modified_gmt":"2005-05-01T19:00:00","slug":"alo-alo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/alo-alo\/","title":{"rendered":"AL\u00d3&#8230;AL\u00d3"},"content":{"rendered":"<p>Con este cuento, \u00c1ngel Galeano gan\u00f3 el concurso nacional Carlos Castro Saavedra<br \/>\nEran las tres de la ma\u00f1ana cuando son\u00f3 el tel\u00e9fono. Mauricio Jaramillo se sinti\u00f3 atravesado por el corrientazo y en el sobresalto se aferr\u00f3 a la estilogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>\u00bfA qui\u00e9n se le ocurr\u00eda llamar a esa hora? Mil suposiciones se amontonaron en su cerebro golpete\u00e1ndole las sienes. \u00bfUna mala noticia? El timbronazo trajo consigo los oscuros presentimientos de alguna desgracia que Mauricio crey\u00f3 ver danzando sobre la noche como parca funesta.<\/p>\n<p>La montonera de presagios le resec\u00f3 la garganta y la lengua y los labios.<\/p>\n<p>Como si tuviesen voluntad propia, sus ojos buscaron el aparato y cayeron sobre \u00e9l, feroces. Mecanismo gris en cuya barriga los diez d\u00edgitos negros se ve\u00edan aprisionados en c\u00edrculos transparentes. No pod\u00eda ser Zulma, su mujer, porque a pesar de la distancia se manten\u00edan comunicados. Hac\u00eda varias semanas se hab\u00eda trasladado a los laboratorios de la Fundaci\u00f3n para la Erradicaci\u00f3n de la Malaria, a orillas del mar, con el fin de realizar una investigaci\u00f3n por comisi\u00f3n de la universidad. No hab\u00edan transcurrido m\u00e1s de seis horas desde que hablara con ella por tel\u00e9fono y le oyera su deliciosa voz, cuya dulzura significaba para \u00e9l la variante femenina de la fuerza. Al fondo, el rumoreo de las olas. La sinti\u00f3 alegre a pesar de la distancia, esa distancia enemiga que los separaba y a la vez les refrendaba su cercan\u00eda.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la explosi\u00f3n en el puente le fue imposible conciliar el sue\u00f1o. Son\u00f3 tan cerca el bombazo que los vidrios de la ventana vibraron. Se apresur\u00f3 hasta el cuarto de la ni\u00f1a para tranquilizarla y luego telefone\u00f3 a Zulma para sosegarse los dos. Un alargado silbido qued\u00f3 suspendido en el aire y la gente de los edificios colindantes al Estadio se asomaron a sus ventanas en silencio, como aut\u00f3matas, comprobando la pesadilla pero sin despertarse. Y se agacharon a recoger los vidrios quebrados&#8230;<\/p>\n<p>Por fortuna la ni\u00f1a se durmi\u00f3 pronto, inocente del juego letal. En cambio \u00e9l abandon\u00f3 la cama y dio vueltas y vueltas por el apartamento, hasta que decidi\u00f3 aprovechar el insomnio impuesto y se sent\u00f3 en su estudio a escribirle una carta a Zulma.<\/p>\n<p>Pronto cortar\u00edan el suministro de electricidad y deb\u00eda apresurarse. Con el apag\u00f3n el silencio se tornaba m\u00e1s espeso y evidente. De repente las cosas desaparec\u00edan y con ellas los sonidos. El monstruo devoraba todo lo existente, hasta los deseos de dormir. Al apagarse el foco del poste p\u00fablico, desaparec\u00eda la ventana con aquella cortina de flores estampadas que estimulaban su imaginaci\u00f3n todas las noches antes de dormirse. Se esfumaban tambi\u00e9n las sombras rectangulares de las celos\u00edas y cesaba el baile de las flores sobre la pared. El techo de madera enlacada se perd\u00eda, lo mismo el cuadro del maestro Pedro Nel G\u00f3mez y las fotograf\u00edas de Zulma con la ni\u00f1a en los trigales de Suesca.<\/p>\n<p>La ausencia de Zulma se multiplicaba y \u00e9l luchaba por recuperarla imagin\u00e1ndola concentrada en su trabajo frente al mar.<\/p>\n<p>Chapoteaba en esas cavilaciones nost\u00e1lgicas, cuando el tel\u00e9fono son\u00f3 de nuevo, como si fuese otra maldita bomba, rebullendo la noche y patentizando a\u00fan m\u00e1s el silencio.<\/p>\n<p>Sus manos, sin medirse, se abalanzan sobre el auricular&#8230;<\/p>\n<p>Voz queda, para que la oyesen al otro lado de la l\u00ednea y cauta, para no despertar la ni\u00f1a.<\/p>\n<p>Era posible una broma, pero la voz de aquella mujer sonaba tan respetable y urgida, que por un instante record\u00f3 a su anciana madre. As\u00ed, cualquier posibilidad de chanza quedaba conjurada para empezar.<\/p>\n<p>Sin embargo, Mauricio Jaramillo no era la clase de hombre que tragara entero y menos a esas alturas de la noche. Prest\u00f3 mayor atenci\u00f3n a su interlocutora, buscando indicios que echaran por tierra la respetabilidad ganada en el primer impacto. Esculc\u00f3 la voz y sus alrededores, por si sonaba m\u00fasica o bulla propia de alg\u00fan burdel. Podr\u00eda tratarse de una prostituta borracha. Pero s\u00f3lo escuch\u00f3 la pausada voz femenina y su respiraci\u00f3n lenta.<\/p>\n<p>Dud\u00f3.<\/p>\n<p>No era una broma, ni tampoco asunto de tragos. No quedaba otra cosa que una equivocaci\u00f3n. Sucede a menudo. Se entrecruzan las l\u00edneas o sencillamente se confunden n\u00fameros al marcar. Le pregunt\u00f3 qu\u00e9 necesitaba y ella le contest\u00f3 que hablar con \u00e9l.<\/p>\n<p>Aquello no ten\u00eda ni pies ni cabeza. \u00c9l no quiso decir su nombre ni tampoco repetir el n\u00famero marcado. Le dijo que se hab\u00eda equivocado, pero ella respondi\u00f3 con firmeza que no y que aunque no se conoc\u00edan necesitaba hablar con \u00e9l.<\/p>\n<p>Mauricio Jaramillo sinti\u00f3 af\u00e1n de colgar el tel\u00e9fono. \u00a1Qu\u00e9 tonter\u00eda! Pronto cortar\u00edan la electricidad y aquella mujer desconocida y extra\u00f1a le quitaba el tiempo. La carta para Zulma iba por la mitad y \u00e9l ten\u00eda vivos deseos de conversar con su mujer. Asum\u00eda el hecho de escribir como un acto de conversaci\u00f3n. Contarle c\u00f3mo iba la ni\u00f1a en el colegio y cu\u00e1nto la extra\u00f1aba. Era tan hermoso escribirle. Sent\u00eda como si la tuviese frente y se susurraran intimidades y confesiones represadas. Pero aquella se\u00f1ora se entromet\u00eda. Lo mejor ser\u00eda colgar el tel\u00e9fono, desconectarlo si fuese necesario y san-se-acab\u00f3.<\/p>\n<p>La mujer le suplic\u00f3 que no lo hiciera &#8220;Por lo que m\u00e1s quiere en el mundo \u2013le implor\u00f3- no cuelgue&#8221;.<\/p>\n<p>Mauricio Jaramillo no hallaba qu\u00e9 hacer. Lo conmov\u00edan aquellas palabras. De nuevo, la imagen de su anciana madre cruz\u00f3 como rayo ante sus ojos. Aquella mujer pose\u00eda el don de un puente, no hab\u00eda duda Algo en su s\u00faplica lo denotaba. Quiz\u00e1s ten\u00eda el cabello blanco, recogido en mo\u00f1o sobre la nuca. Le pareci\u00f3 ver sus manos temblorosas. Dedos alargados, finos, nerviosos, enred\u00e1ndose y desenred\u00e1ndose en el cable tel\u00e9fono. La imagin\u00f3 sentada en un sill\u00f3n de cuero, con los pies enchinetados, subidos sobre un camafeo aterciopelado. Tal vez una bufanda de lana alrededor del cuello\u2026 Suplicaba pero sin debilitar su voz. Con dignidad. \u00bfC\u00f3mo decirle no a una mujer as\u00ed? Obligaba atenderla, so pena de ser desalmado y Mauricio Jaramillo ten\u00eda todo, menos de cruel y despiadado.<\/p>\n<p>Si desde\u00f1aba repetir el n\u00famero que Mauricio esperaba o\u00edrle decir, para dar por terminado el asunto con un triunfante \u201cse equivoco\u201d; despreciaba decir su nombre y aposta ni le interesaba el de \u00e9l; si, en cambio de excusarse ped\u00eda, a su manera, un minuto para conversar&#8230; entonces, \u00bfqu\u00e9 quer\u00eda?<\/p>\n<p>Se lo pregunt\u00f3 escuetamente y ella le respondi\u00f3 m\u00e1s directa a\u00fan: &#8220;S\u00f3lo quiero conversar&#8221;. Tres palabras que lo desarmaban y despertaban en \u00e9l cierta mezcla de curiosidad y simpat\u00eda.<\/p>\n<p>Miraba la estilogr\u00e1fica aprisionada entre sus dedos y le pareci\u00f3 que lo invitaba a continuar escribiendo. Pensaba en la carta de Zulma&#8230; Pensaba en Zulma. Pronto caer\u00eda la penumbra. A lo mejor estallar\u00eda otra bomba&#8230; Nadie lo sab\u00eda. La incertidumbre galopaba por la ciudad sin tasa ni medida. Y en medio de ese mare m\u00e1gnum sonaba la voz de aquella mujer desconocida jalon\u00e1ndolo, convid\u00e1ndolo a dejarse llevar en una conversaci\u00f3n aventurada&#8230;<\/p>\n<p>Ped\u00eda un minuto.<\/p>\n<p>Al fin y al cabo ya hab\u00eda interrumpido su carta y s\u00f3lo ped\u00eda un minuto. Mauricio Jaramillo arri\u00f3 banderas y dej\u00f3 la estilogr\u00e1fica sobre la hoja medio escrita. Sirvi\u00f3 caf\u00e9 del termo y vio ascender el vapor caliente. Se sabore\u00f3. As\u00ed le gustaba el caf\u00e9.<\/p>\n<p>&#8220;Gracias. Algo me dec\u00eda que con usted se podr\u00eda hablar. Porque lo \u00fanico que quiero es eso: conversar y que me conversen&#8230; Ver\u00e1, soy casi una anciana y ya nadie vive conmigo. Pasan d\u00edas enteros, semanas, \u00bfsabe? y nadie habla conmigo. Y ahora, en este infierno de bombas y apagones, siento necesidad incontrolada de conversar con alguien&#8230; Debe ser miedo. \u00bfUsted qu\u00e9 cree? Claro que no me siento acobardada. Muy adentro me veo tranquila, \u00bfsabe? Esto debe ser una especie de miedo, a lo mejor muy antiguo, pero para m\u00ed es nuevo, que nunca hab\u00eda experimentado&#8230; Me hace falta hablar con alguien. De vez en cuando leo los trozos de La Vor\u00e1gine, para reconfortarme. Y algo de Cumbres Borrascosas, pero mis ojos ya no dan la medida. Se cansan muy r\u00e1pido. A veces trato de amortiguar la necesidad hablando sola, conmigo misma, pero no basta, \u00bfsabe? Hablo con las bifloras y las chafleras, pero no es lo mismo. Empieza una a creer que se est\u00e1 enloqueciendo de veras. En esos momentos es cuando marco un n\u00famero telef\u00f3nico cualquiera, al azar. Busco un pretexto para entablar conversaci\u00f3n, pero&#8230; \u00bfsabe? me cuelgan el tel\u00e9fono. La mayor\u00eda lo hace. Me dejan hablando sola&#8230; \u00bfAl\u00f3?, \u00bfsigue usted ah\u00ed?&#8230; \u00bfal\u00f3?&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Mauricio Jaramillo sinti\u00f3 verg\u00fcenza. \u00bfC\u00f3mo era posible que por su cabeza hubiese pasado la idea de colgar el tel\u00e9fono? Aquella mujer lo empezaba a conmover.<\/p>\n<p>Se compar\u00f3. As\u00ed como \u00e9l deseaba conversar con Zulma as\u00ed mismo aquella mujer solitaria buscaba comunicaci\u00f3n con alguien. \u00bfPor qu\u00e9 neg\u00e1rselo? \u00bfQu\u00e9 derecho ten\u00eda \u00e9l de privarla por un minuto de hablar?&#8230; \u00bfO dos, o tres?&#8230;<\/p>\n<p>&#8220;Uf, que alivio, Dios m\u00edo. Por un instante cre\u00ed que usted me hab\u00eda traicionado tambi\u00e9n. Hay gente que no cuelga pero se pone a hacer otra cosa y deja descolgado el tel\u00e9fono o se duerme y me dejan con la palabra en la boca. Algo me dec\u00eda que usted no era como los dem\u00e1s hombres. S\u00ed, por su voz, \u00bfsabe? He aprendido a diferenciar las voces y a saberlas amistosas u odiosas. Hay unas m\u00e1s solitarias que la m\u00eda. Lo s\u00e9. Tienen un dejo triste que largan en cada frase. Suenan amargas, como si cargaran una horrible tonelada de penas. Eso me subleva, \u00bfsabe? Siento grandes deseos de animarlos&#8230; Sobre todo cuando son j\u00f3venes. F\u00edjese, los llamo para alimentarme el alma y termino dando \u00e1nimos&#8230; Pero muchos no me entienden y puede m\u00e1s su corrosi\u00f3n y cuelgan&#8230; Bueno, pero no se trata de que yo sea la \u00fanica que hable, \u00bfverdad? D\u00edgame algo, algo de usted&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Mauricio Jaramillo no supo qu\u00e9 responder. Estaba sorprendido. La imagen de aquella anciana crec\u00eda en fortaleza.<\/p>\n<p>&#8220;Contin\u00fae hablando&#8221;, le pidi\u00f3 y ella le respondi\u00f3 que la halagaba al decirle eso, pero que quer\u00eda o\u00edrlo a \u00e9l tambi\u00e9n. Le pregunt\u00f3 si era casado y si ten\u00eda hijos. &#8220;Una hija y la quiero mucho&#8221;.<\/p>\n<p>Fue cuando la anciana le martill\u00f3 la cabeza dici\u00e9ndole que hiciera como si no la tuviera. &#8220;Es terrible lo que usted me pide. \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00eda de ignorar a mi propia hija?&#8221; Con voz tranquila, la anciana le replic\u00f3 que hablaba as\u00ed para que \u00e9l comprendiese mejor la situaci\u00f3n por la que atravesaba ella.<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfSabe cu\u00e1ntos hijos tengo? Cinco: cuatro hombres y una mujer. Y sin embargo, estoy sola, llam\u00e1ndolo a usted a esta hora&#8230; No demoran en quitar la luz&#8230; Aguarde un momento, tengo que ir a revisar que la puerta est\u00e9 bien cerrada. No cuelgue. Ya regreso&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Mauricio Jaramillo la oy\u00f3 alejarse. Eran pasos desiguales, lentos. Como si arrastrara uno de los pies. Por un instante silencio total y luego, de nuevo, los pasos acerc\u00e1ndose.<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfAl\u00f3?&#8230; Sab\u00eda que podr\u00eda confiar en usted, que no colgar\u00eda. \u00bfPuedo pedirle un favor especial?&#8230; No se preocupe. Es sencillo para usted, lo s\u00e9. Le queda f\u00e1cil&#8230; Gracias de nuevo&#8230; Lo que quiero pedirle es que cuando se vaya la luz no cuelgue, \u00a1por favor!&#8230; Y si estalla otra bomba tampoco. \u00bfS\u00ed? No me deje sola. Gracias. Es terrible estar sola, mejor dicho, sentirse sola. Y f\u00edjese, con cinco hijos. Pero todos se han marchado ya. Han tomado cada uno su propio camino y me he quedado sola&#8230; Es la vida. Sab\u00eda que eso suceder\u00eda alg\u00fan d\u00eda, pero es dif\u00edcil vivirlo. No somos due\u00f1os de los hijos, ni de nadie&#8230; \u00bfAl\u00f3?&#8230; \u00bfOiga?&#8230; \u00bfMe escucha?&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>S\u00ed, claro que la escuchaba. Mauricio Jaramillo quiso saber d\u00f3nde viv\u00eda y cu\u00e1l era su nombre. Un creciente inter\u00e9s se iba apoderando de \u00e9l. Pero la anciana empezaba a dar muestras de fatiga y la sola idea de que colgara lo inquiet\u00f3. Ahora los papeles se invert\u00edan. El temor rondaba a Mauricio. Para evitar la desconexi\u00f3n le pidi\u00f3 el n\u00famero telef\u00f3nico. Empez\u00f3 a dict\u00e1rselo, pero mostr\u00f3 duda en el cuarto n\u00famero. Mientras ella fue por la libreta para cerciorarse, Mauricio Jaramillo aprest\u00f3 la estilogr\u00e1fica de nuevo. Oy\u00f3 cuando la anciana camin\u00f3 pesadamente, cojeando, y luego cuando abri\u00f3 un caj\u00f3n. Mauricio imagin\u00f3 un nochero de madera pulida. La anciana cerr\u00f3 el caj\u00f3n y rengue\u00f3 de nuevo. Pasos desiguales acerc\u00e1ndose&#8230; A Mauricio le parec\u00eda verla arrastrando un pie&#8230;<\/p>\n<p>S\u00ed, la llamar\u00eda despu\u00e9s. Quiz\u00e1s al d\u00eda siguiente. \u00bfQu\u00e9 tanto era una llamada? Para ella significaba compa\u00f1\u00eda. Cu\u00e1ntas personas de esa edad estar\u00edan en las mismas&#8230; S\u00ed, la llamar\u00eda a la noche siguiente y la saludar\u00eda y le comentar\u00eda cualquier cosa&#8230; Val\u00eda la pena&#8230;<\/p>\n<p>De repente. Mauricio sinti\u00f3 como si le pegasen un pu\u00f1etazo en el o\u00eddo\u2026 Dos segundos despu\u00e9s, el terrible eco de una explosi\u00f3n lleg\u00f3 hasta su balc\u00f3n y luego qued\u00f3 todo a oscuras\u2026 y en silencio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con este cuento, \u00c1ngel Galeano gan\u00f3 el concurso nacional Carlos Castro Saavedra Eran las tres de la ma\u00f1ana cuando son\u00f3 el tel\u00e9fono. Mauricio Jaramillo se sinti\u00f3 atravesado por el corrientazo y en el sobresalto se aferr\u00f3 a la estilogr\u00e1fica. \u00bfA qui\u00e9n se le ocurr\u00eda llamar a esa hora? 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