{"id":20703,"date":"2005-02-03T19:00:00","date_gmt":"2005-02-03T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2005\/02\/03\/editorial-la-vigencia-historica-del-marxismo\/"},"modified":"2005-02-03T19:00:00","modified_gmt":"2005-02-03T19:00:00","slug":"editorial-la-vigencia-historica-del-marxismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/editorial-la-vigencia-historica-del-marxismo\/","title":{"rendered":"Editorial: LA VIGENCIA HIST\u00d3RICA DEL MARXISMO"},"content":{"rendered":"<p>Al cumplirse el 14 de marzo cien a\u00f1os de la muerte en Londres de Carlos Marx, el Partido decidi\u00f3 valerse de la conmemoraci\u00f3n para estudiar y difundir los hallazgos del genial alem\u00e1n, cuyo sistema de pensamiento, designado honor\u00edficamente con su nombre, alumbra la lucha emancipadora del proletariado. Con tal motivo se constituy\u00f3 una comisi\u00f3n para que coordinara las m\u00faltiples actividades con que celebramos las efem\u00e9rides. Entre las orientaciones impartidas por el Comit\u00e9 Ejecutivo Central se destac\u00f3 la de no limitar la campa\u00f1a educativa a los textos de Marx y Engels, sino ampliarla y sustentarla con los acopios posteriores de sus principales disc\u00edpulos, Lenin, Stalin y Mao. Recomendaci\u00f3n pertinente, pues se trata es de remarcar la trascendencia del marxismo. \u00bfY de qu\u00e9 modo mejor que el de empezar por reconocer los reportes sobre los magnos transformadores sociales que debieron sus \u00e9xitos al rigor con que interpretaron las instrucciones de aqu\u00e9llos y a la lealtad con que los defendieron?<\/p>\n<p>Los ide\u00f3logos de la burgues\u00eda, ante la arrolladora ascendencia del creador del socialismo cient\u00edfico, acrecida con el paso del tiempo, lejos de ignorar sus pr\u00e9dicas cual lo intentaron en sus albores con la &#8220;conspiraci\u00f3n del silencio&#8221;, ahora se empe\u00f1an en pervertirlas, deslig\u00e1ndolas de las &#8220;impurezas&#8221; y &#8220;atrocidades&#8221; de sus continuadores y absorbi\u00e9ndoles su savia revolucionaria. Reducir el marxismo a las ejecutorias de los expositores del Manifiesto Comunista, adem\u00e1s de despojarlo de su verdadera dimensi\u00f3n hist\u00f3rica, significar\u00eda negarle su infinita capacidad de desarrollo.<\/p>\n<p>Si ha habido un m\u00e9todo ideol\u00f3gico que cimiente su pujanza en la ninguna resistencia a la evoluci\u00f3n; en la predisposici\u00f3n a ajustarse o aprovecharse de las modificaciones que traen consigo los procesos naturales y sociales y los adelantos de las ciencias, \u00e9sa es la concepci\u00f3n del mundo elaborada por Marx y Engels. No configura un dogma cerrado o acabado al que ya nada ni nadie consigue enriquecer, o que se marchite ante la marcha incesante de los acontecimientos. Su fundamento materia lista y dial\u00e9ctico le permite mantenerse al d\u00eda y a la vanguardia del combate por los cambios en la naturaleza y la sociedad, y requiere, por ende, de las contribuciones que de cuando en cuando efect\u00faan los portadores del progreso de los diversos pa\u00edses. Existe s\u00f3lo a condici\u00f3n de que se innove. De ah\u00ed el inter\u00e9s que muestran las capas &#8220;cultas&#8221; para mantenerlo, contrariando su esencia, como un compendio disecado, sobre el que suena bueno lucubrar doctoralmente, mas al que hay que anularle cualquier incidencia creadora en los hitos de la revoluci\u00f3n mundial, mientras no sea para achacarle los fracasos. Pero el pleito es gratuito. Los sucesos de aproximadamente ciento cuarenta a\u00f1os, desde el momento en que aqu\u00e9l quedara estructurado en sus rasgos fundamentales hasta hoy, ponen de manifiesto sus inmensas repercusiones, y que, distante de perder lozan\u00eda, se halla cada vez m\u00e1s resplandeciente, m\u00e1s actualizado, m\u00e1s victorioso. Justamente la frustraci\u00f3n de las grandes gestaciones revolucionarias en dicho transcurso han de abon\u00e1rsele a la revisi\u00f3n u omisi\u00f3n del marxismo y no a su puntual observancia.<\/p>\n<p>Los lineamientos te\u00f3ricos dilucidados por los autores de La ideolog\u00eda alemana comienzan a perfilarse en el periodo en que las masas obreras de las naciones industrializadas de entonces ensayaban sus ataques contra el orden burgu\u00e9s establecido; contra ese mismo orden tras el cual se hab\u00edan movilizado a la zaga de sus explotadores durante las rebeliones antifeudales, y que luego, sin comprenderlo muy bien, se volv\u00eda contra ellas y aparec\u00eda como la primera causa de su sojuzgaci\u00f3n y la raz\u00f3n \u00faltima de todas sus desgracias. La &#8220;igualdad&#8221; prometida no era m\u00e1s que un formalismo legal para encubrir la esclavitud asalariada. La &#8220;libertad&#8221; estatuida garantizaba \u00fanicamente las transacciones mercantiles del capitalismo, en las que al trabajador se le estima cual una mercanc\u00eda m\u00e1s. Y la tan socorrida &#8220;fraternidad&#8221;, prohibida para los despose\u00eddos, no pasaba de ser la que brinda el dinero. El proletariado europeo salta a la palestra en las d\u00e9cadas iniciales del siglo XIX y por su cuenta y riesgo emprende los embates contra la nueva extorsi\u00f3n sacralizada, pregonando con su rebeld\u00eda el asomo de un enorme sector social que, a semejanza de los anteriores, se reservaba tambi\u00e9n el derecho a moldear el mundo conforme a sus propias conveniencias. Con dos diferenciaciones: una, que nunca antes se lo hab\u00eda propuesto ni pod\u00eda propon\u00e9rselo la fuerza esclava de la sociedad; y otra, que el triunfo suyo, la instauraci\u00f3n de la dictadura de dicha fuerza, desembocar\u00e1 en el t\u00e9rmino de todo tipo de explotaci\u00f3n entre los hombres y por tanto en la supresi\u00f3n de las clases. A Marx le corresponde la distinci\u00f3n de proporcionarle el sustento a esta lucha y de dotar, a los art\u00edfices reci\u00e9n surgidos, de los materiales ideol\u00f3gicos indispensables con qu\u00e9 culminar la obra transmutatoria. El marxismo, que no irrumpe en ninguna otra \u00e9poca pret\u00e9rita por ausencia de las condiciones reales que lo hicieron posible, inaugura una era entera en la historia de la humanidad. De no haber sido del cerebro germano nacido en Tr\u00e9veris el 5 de mayo de 1818, aquellas herramientas espirituales hubieran brotado de cualquier otro, porque toda alteraci\u00f3n en la estructura econ\u00f3mica se refleja inexorablemente en las instituciones y dem\u00e1s campos de la actividad social, con sus respectivos conflictos entre segmentos de la poblaci\u00f3n, bandos, dirigentes, ideas, etc., y el proletariado de cualquier modo se habr\u00eda armado y pertrechado para su justa. Esto no lo ignoramos; pero asimismo podemos estar seguros de que la contextura marxista en que encarn\u00f3 tal necesidad hist\u00f3rica luce irreemplazable por la hondura del examen, la vastedad de los temas, la belleza de la forma. Para lograrlo Marx ha de empe\u00f1arse en el an\u00e1lisis del capitalismo y probar que \u00e9ste no integra la etapa definitiva sino que representa un escal\u00f3n m\u00e1s del desarrollo, y que, cual los precedentes, nace y perece al cumplir su cielo, Acaba con los, sue\u00f1os de la eternizaci\u00f3n del r\u00e9gimen burgu\u00e9s, al verificar que \u00e9ste, al igual que los otros, perecer\u00e1 cuando el incremento constante de las fuerzas productivas se vea estancado por las relaciones de producci\u00f3n que antes lo favorec\u00edan. M\u00e1xima ley de todos los sistemas que han prevalecido y que bajo el capitalismo se expresa particularmente en la ant\u00edtesis entre el alto grado a que llega la socializaci\u00f3n de la producci\u00f3n, de una parte, y de la otra, la distribuci\u00f3n an\u00e1rquica y la apropiaci\u00f3n individual de los instrumentos y medios de la misma.<\/p>\n<p>Aun cuando aquellos criterios estaban llamados a revolucionar toda la historiograf\u00eda anterior, libr\u00e1ndola del idealismo y de la metaf\u00edsica y descubri\u00e9ndole su hilo conductor con arreglo al cual se mueve, el autor de El Capital, en lugar de pretermitir las prodigiosas conquistas del conocimiento, se apoya en ellas y de ellas parte para erigir su edificio conceptual. En este sentido el marxismo es fruto y semilla de lo mejor del intelecto humano, del cual recoge cuanto fuere rescatable, desechando lo que ri\u00f1a con la realidad o la falsee, y al cual le retribuye generosamente, tan s\u00f3lo restringido por las limitaciones y el penoso ascenso del saber cient\u00edfico. As\u00ed como Marx fue implacable con toda superstici\u00f3n religiosa, filos\u00f3fica o de cualquier otra \u00edndole, recib\u00eda con gozo juvenil las revelaciones de un Darwin, de un Morgan o de un Laplace. Hereda la dial\u00e9ctica hegeliana, pero la voltea, ya que, cual \u00e9l mismo dec\u00eda, se hallaba invertida, con los pies hacia arriba, corrigi\u00e9ndole su arrevesada inspiraci\u00f3n idealista. De Feuerbach adopta su postura materialista en la medida en que ciertamente lo era. Y de la conjunci\u00f3n de estas porciones incompletas de la filosof\u00eda alemana acopla su clarividente y arm\u00f3nica concepci\u00f3n y su m\u00e9todo elemental y exacto: el materialismo hist\u00f3rico y dial\u00e9ctico. Es la materia la que gobierna al, esp\u00edritu, no al contrario; y nada est\u00e1 est\u00e1tico sino que todo circula y se modifica permanentemente. Marx hall\u00f3 que la primera necesidad de los hombres estriba en proveer los medios con qu\u00e9 mantenerse y procrearse, para lo cual han de entrar en determinadas relaciones entre s\u00ed, el piso real que condiciona el resto de las manifestaciones sociales, como el Estado, la pol\u00edtica, la cultura, en suma, la superestructura de la sociedad. Aunque las alteraciones en la base econ\u00f3mica acarrean las mutaciones en la superestructura, y ello sea lo principal, \u00e9sta tambi\u00e9n evoluciona por s\u00ed misma e incide sobre aqu\u00e9lla, y a veces de manera decisiva, cual sucede en los desenlaces revolucionarios. Otro tanto pasa en la naturaleza, en donde las cosas cambian y se influencian mutuamente, altern\u00e1ndose los papeles en el curso de su desenvolvimiento. Lo que ora es efecto, luego act\u00faa de causa y viceversa. Lo que se desempe\u00f1a como general en un contexto, en otro lo hace de particular. Lo que ayer fue especie, ma\u00f1ana ser\u00e1 familia, y as\u00ed hasta el infinito. Tal la dial\u00e9ctica de los procesos materiales que se reflejan en la dial\u00e9ctica del pensamiento, s\u00edntesis suprema en que, en virtud del marxismo, culminan milenios de vigilias y divagaciones filos\u00f3ficas.<\/p>\n<p>Asimismo, ayud\u00e1ndose con el repaso cr\u00edtico de la econom\u00eda pol\u00edtica inglesa y desarrollando los ingentes esfuerzos investigativos al respecto, el redactor en jefe de la Gaceta del Rin desentra\u00f1a los misterios del valor de uso y del valor de las mercanc\u00edas como sustratos, respectivamente, del trabajo concreto o \u00fatil y del trabajo abstracto o social; y corre el velo al secreto de la ganancia y del enriquecimiento del capitalista al averiguar la plusval\u00eda y al explicar c\u00f3mo \u00e9sta no es m\u00e1s que la parte no retribuida del trabajo del obrero, y que acumulada en las manos de aqu\u00e9l se convierte en fuente de la fortuna y la omnipotencia de unos pocos y de la ruina y el sometimiento de muchos. El asalariado vende su fuerza de trabajo, una mercanc\u00eda cuyo costo equivale al mantenimiento suyo y de su familia y que al usarse, o consumirse en trabajo, crea un producto superior, con el cual se cubre dicho costo, quedando un excedente, que es el que se embolsa el due\u00f1o de la f\u00e1brica. A la par con la acumulaci\u00f3n capitalista ocurren el auge constante y acelerado de la producci\u00f3n, la relegaci\u00f3n del operario por la m\u00e1quina y el. descenso de la cuota de ganancia, fen\u00f3menos que se traducen en crisis peri\u00f3dicas que obligan al capitalismo a suspender dr\u00e1sticamente su carrera, la que reinicia de nuevo, s\u00f3lo despu\u00e9s de que haya eliminado buena cantidad de sus fuerzas productivas con la quiebra de las empresas y el despido de los obreros. Un modo econ\u00f3mico que condena a la indigencia a millones y millones de personas a tiempo que permite la mayor eclosi\u00f3n de bienes; riquezas colosales que carecen de pronto de qui\u00e9nes las compren y disfruten, y muchedumbres abigarradas de hambrientos que sucumben ante una opulencia jam\u00e1s vista. Un modo econ\u00f3mico que tiene que sacudirse traum\u00e1ticamente sus propios progresos y que mientras m\u00e1s se desarrolla m\u00e1s evidencia la indefectibilidad de una organizaci\u00f3n social distinta que encauce y se compadezca de tales progresos.<\/p>\n<p>Marx prohija los anhelos del socialismo franc\u00e9s de erradicar las arbitrariedades que se han hecho patentes en el ordenamiento plantado sobre la explotaci\u00f3n burguesa. Mas le reprocha sus quimeras; sus &#8220;falansterios&#8221;, bancos proudhonianos de intercambio y dem\u00e1s panaceas inventadas al margen del curso econ\u00f3mico y de la pugna entre los antag\u00f3nicos estratos sociales; sus ilusiones de convencer a los expoliadores para que voluntariamente se comidan a abrazar el evangelio de una virtuosa y filantr\u00f3pica justicia. Contra tan pueriles utop\u00edas socialistas intercede por un socialismo cient\u00edfico, que sea la resultante natural del discurrir hist\u00f3rico, la ulterior construcci\u00f3n orientada sobre lo legado por el capitalismo fenecido, que se abra paso a trav\u00e9s de la lucha de clases y distinga en el proletariado a su beneficiario, el agente que ha de encargarse de imponerlo. Las revoluciones del siglo XX, la rusa y la china entre ellas, refrendaron estas soberbias deducciones, as\u00ed como han ratificado, junto con los extraordinarios avances de la ciencia en los m\u00e1s dis\u00edmiles campos, las certezas y la utilidad de la metodolog\u00eda materialista y dial\u00e9ctica. \u00bfY qui\u00e9n niega, por ejemplo, que el crac de 1930, o los trastornos recesivos de 1970, o los de 1975, o los que en la actualidad afectan turbulentamente a los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados, no son una palmaria demostraci\u00f3n de las teor\u00edas marxistas, pese a que el capitalismo se ha trocado en monop\u00f3lico y contabiliza a su haber los incalculables recursos hurtados a los pueblos sometidos del orbe?<\/p>\n<p>Una gu\u00eda para la acci\u00f3n<br \/>\nDebido a que no desciende de los reinos celestiales, como han sobrevenido las esot\u00e9ricas doctrinas que buscan en los designios divinos la clave de las candentes inc\u00f3gnitas de la creaci\u00f3n, y a que, en cambio, germina en la tierra f\u00e9rtil de la realidad, de donde desarraiga sus postulados en lugar de preconcebirlos, el marxismo engloba conclusiones, verdades y diagn\u00f3sticos aplicables a las diversas circunstancias existentes, de los cuales nos servimos a objeto de descifrar las peculiaridades espec\u00edficas de nuestro pa\u00eds y de nuestra causa. Y debido tambi\u00e9n a que su estilo investigativo exige la evaluaci\u00f3n concreta de las condiciones concretas y da por sentado que \u00e9stas var\u00edan de acuerdo con sus leyes internas y sus relaciones externas, si lo esgrimimos adecuadamente, calaremos las diferencias o analog\u00edas de Colombia con los dem\u00e1s Estados y el sentido y la velocidad con que aqu\u00e9llas se alteran.<\/p>\n<p>Cuando en la segunda mitad de la d\u00e9cada del sesenta rebat\u00edamos los embrollos de grupos camilistas que, como Golconda, apostrofaban contra el rol dirigente del proletariado en el proceso revolucionario, no hac\u00edamos otra cosa que recurrir a los asertos marxistas, que confirman de qu\u00e9 manera las huestes obreras crecen y se robustecen constantemente con la expansi\u00f3n de la industria mientras las otras clases se descomponen sin remedio. \u00bfY qu\u00e9 hemos hecho cuando catalogamos a Colombia de naci\u00f3n neocolonial y semifeudal que gira en la \u00f3rbita del imperialismo norteamericano, y de nueva democracia a la revoluci\u00f3n que nos compete impulsar en esta etapa? Pues efectuar, con la asistencia de esa &#8220;gu\u00eda para la acci\u00f3n&#8221;, la auscultaci\u00f3n econ\u00f3mica de los modos de producci\u00f3n prevalecientes en el pa\u00eds; identificar las disparidades de \u00e9ste frente a las rep\u00fablicas capitalistas desarrolladas y sus similitudes con los pueblos del Tercer Mundo; distinguir las fuerzas sociales y discernir exactamente sus contradictorias funciones en la brega; preservar y hallar compatible la direcci\u00f3n proletaria con la naturaleza democr\u00e1tico-burguesa de la revoluci\u00f3n; captar o inaceptable y est\u00e9ril de querer brincarse etapas y pretender prescindir subjetivamente de cierto grado de capitalismo nacional, mientras \u00e9ste cumpla a\u00fan una misi\u00f3n positiva y no haya agotado su decurso; comprender que la mayor urgencia de Colombia consiste en alcanzar la plena independencia y la cabal soberan\u00eda, cuyo cometido requiere de la colaboraci\u00f3n de todas las clases, capas y sectores patri\u00f3ticos y revolucionarios; prever que el r\u00e9gimen democr\u00e1tico que instauraremos se transformar\u00e1 en la sociedad socialista del futuro, y, en fin, ubicar y atender todos y cada uno de los t\u00f3picos esenciales en los que descansa la suerte de las masas y del Partido. Y a esto, no hace mucho, calificaban los trotskistas colombianos de falta de originalidad o de calco mec\u00e1nico, ya que admitimos la presencia de una burgues\u00eda nacional en nuestro medio, susceptible de aliarse con nosotros en la pelea por la liberaci\u00f3n y contra el desvalijamiento imperialista, lo cual coincide con lo que refiere Mao de la China de antes de 1949. Se les ocurr\u00eda exagerada postraci\u00f3n a lo extranjero, demasiada enajenaci\u00f3n mental, el colmo del culto al dogma, que tom\u00e1ramos del gran timonel chino sus aseveraciones y procedimientos, en cuanto guardan de universales, para auxiliarnos al indagar por nuestras propias caracter\u00edsticas, as\u00ed como aqu\u00e9l los tomara de Stalin y Lenin, y \u00e9stos, a su turno, de Marx y Engels.<\/p>\n<p>Se torna gratificante recordar tales episodios en el centenario de la muerte del director fundador de la Nueva Gaceta del Rin, porque esos mismos socialisteros a ultranza se transmudaron posteriormente en fervorosos y cercanos compinches de los revisionistas criollos, quienes han andado siempre tras las huellas de las m\u00e1s ex\u00f3ticas bander\u00edas burguesas, repitiendo la monserga liberal sobre los lunares o los dones de la democracia olig\u00e1rquica y sobre las f\u00f3rmulas para recomponerla, o matizando hasta m\u00e1s no poder la contraposici\u00f3n que media entre el r\u00e9gimen representativo burgu\u00e9s y el popular y revolucionario que precisa Colombia y por el cual ya vienen contendiendo valiosos y masivos sectores de la poblaci\u00f3n. Tama\u00f1a confusi\u00f3n y tama\u00f1o envilecimiento se han reputado cual inteligent\u00edsima maniobra para ensamblar el frente \u00fanico y unir a los explotados y oprimidos, pero en el fondo, fuera de entregar las riendas a la burgues\u00eda aliada y suprimir de un tajo la hegemon\u00eda obrera en la conducci\u00f3n de la alianza patri\u00f3tica, denotan el vac\u00edo absoluto de una pol\u00edtica de principios, el desprecio ol\u00edmpico por la teor\u00eda, en una palabra, el supino desconocimiento del marxismo, junto a la m\u00e1s pedante, superficial y estridente agitaci\u00f3n de \u00e9ste.<\/p>\n<p>Una cosa es que de la disecci\u00f3n que llevemos a efecto de la econom\u00eda y de la conducta de las clases saquemos el proyecto general estrat\u00e9gico y t\u00e1ctico, y por ello advirtamos de la presencia de un fragmento burgu\u00e9s, constre\u00f1ido por el imperialismo y marginado del mando, al que habremos de aproximar, facilitando su concurso con un programa democr\u00e1tico indicado, y otra diametralmente distinta secundar sus opiniones retardatarias y correr tras \u00e9l, sobre todo cuando se pliega d\u00f3cil a la reacci\u00f3n gobernante y le da la espalda a la revoluci\u00f3n. Entonces no queda m\u00e1s disyuntiva que enmendarle la plana, impugnando sus vacilaciones e inclinaciones inmanentes a su condici\u00f3n social, y romper el acuerdo, si lo hay, a la espera de que pase la resaca y soplen los vientos benignos, el cicl\u00f3n revolucionario. Lo que se dice un viraje t\u00e1ctico conveniente y en el plazo oportuno. De ello nos ocuparemos un poco m\u00e1s adelante. Sin embargo, no quisi\u00e9ramos concluir el asunto que estamos abordando sin agregar algo m\u00e1s.<\/p>\n<p>Del hecho de que en nuestro pa\u00eds, por su estancamiento relativo y el vasallaje externo, subsista una peque\u00f1a y mediana producci\u00f3n de tipo empresarial, tanto en la ciudad como en el campo, que urja medidas proteccionistas y ciertas libertades para no asfixiarse ante la extorsi\u00f3n de las capas monop\u00f3licas y parasitarias, y de que los representantes de aquellas formas productivas todav\u00eda puedan contribuir econ\u00f3mica y pol\u00edticamente a nuestro desarrollo, no se desprende que a la burgues\u00eda y a su sistema no les haya transcurrido, y desde hace rato, su momento hist\u00f3rico. El porvenir ineluctablemente ya no les pertenece. Y all\u00ed donde esta clase, o una parte de ella, consiga justificar sus aportes, como en el caso colombiano, su labor, con lo enjundiosa que llegue a ser, estar\u00e1 limitada por sus fatales impedimentos, sus irresoluciones, su innata debilidad, su temor a extinguirse. La gesta emancipadora la fortificar\u00e1 pero le espanta, porque presiente sus riesgos. Al proletariado no es que la revoluci\u00f3n le convenga, as\u00ed escuetamente, sino que constituye su elemento, su modus vivendi; y entre m\u00e1s honda sea, entre m\u00e1s categ\u00f3ricamente socave el antiguo orden, m\u00e1s realizado se ver\u00e1, m\u00e1s \u00edntegro ser\u00e1 su poder.<\/p>\n<p>Engels relata c\u00f3mo, en las jornadas de mediados del siglo XIX, cuando los capitalistas estaban derribando el feudalismo y perfilando sus Estados nacionales, el cr\u00edtico del Programa de Gotha le recomienda al proletariado -desde luego- que participe, pues con el advenimiento de la rep\u00fablica se eliminan todas las interferencias que obstruyen su lucha de clases; y que apoye al destacamento burgu\u00e9s m\u00e1s consecuente y radical, pero cuid\u00e1ndose de postrarse ante los halagos, o de aceptar los ofrecimientos que le hiciere el r\u00e9gimen reci\u00e9n instalado, y resguardando celosamente su independencia pol\u00edtica, para no traicionarse a s\u00ed mismo. Si esa advertencia ya era un deber indelegable de los trabajadores en las calendas en que el capitalismo se hallaba en su curso ascensional, \u00bfqu\u00e9 diremos hoy de nuestros acuerdos con la fracci\u00f3n progresista de la burgues\u00eda, cuando el mandato revolucionario hist\u00f3rico de \u00e9sta finiquit\u00f3 hace casi una centuria y desde entonces se inaugur\u00f3 la \u00e9poca de la revoluci\u00f3n mundial proletaria? Definitivamente los revisionistas, cual reza su apelativo, son unos renegados del marxismo.<\/p>\n<p>Las ense\u00f1anzas sobre la t\u00e1ctica<br \/>\nMarx, el m\u00e1s glorioso apologista de la Comuna de Par\u00eds, mediante una certera apreciaci\u00f3n de las trayectorias de las revoluciones, redondea la t\u00e1ctica a la que han de atenerse los obreros a fin de organizar y preparar sus contingentes y vencer en las contiendas por su emancipaci\u00f3n de clase. Aunque no renuncia a las posibilidades de un derrocamiento pac\u00edfico de la minor\u00eda opresora en condiciones muy excepcionales, aconseja emplear la violencia para destruir la vieja m\u00e1quina estatal e instaurar y mantener la nueva. No obstante, el blandir los instrumentos propiamente insurreccionales depende igualmente de factores econ\u00f3micos y pol\u00edticos que en un momento preciso precipitan los levantamientos, y no de los deseos y caprichos de la vanguardia. Hay d\u00edas subversivos y revolucionarios que equivalen y concentran a\u00f1os y decenios de ricos y r\u00e1pidos sucesos, al igual que hay decenios tan pobres y lentos en que apenas si transcurren d\u00edas de historia. De esta sencilla pero penetrante observaci\u00f3n el activista de la revoluci\u00f3n de 1848 concluye las pautas para distinguir la modalidad de pelea que preferir\u00e1n los paladines proletarios en las distintas eventualidades. La mudanza de las cosas ocurre por intermedio de pausadas evoluciones seguidas de saltos bruscos, y ambas secuencias conllevan su importancia y se complementan rec\u00edprocamente. Durante los per\u00edodos apacibles se debe elevar la conciencia, acrecer la fuerza y ejercitar la capacidad combativa de los trabajadores, para que cuando lleguen las coyunturas de insurgencia no se les escapen por falta de la madurez y de la pericia necesarias. Pero como las masas no se educan m\u00e1s que con las lecciones de la experiencia pr\u00e1ctica, el aprendizaje habr\u00e1n de acometerlo interviniendo en los enfrentamientos de clase. La acci\u00f3n pol\u00edtica es el medio y las reivindicaciones democr\u00e1ticas arrancadas al enemigo las espadas que convertir\u00e1n a los noveles en expertos gladiadores. Por eso el fundador de la Internacional, fuera de que fustiga con denuedo a Bakunin y dem\u00e1s anarquistas por inducir a las mayor\u00edas apaleadas al total abstencionismo, degrad\u00e1ndolas moralmente, embruteci\u00e9ndolas a\u00fan m\u00e1s, entreg\u00e1ndolas cual mansos reba\u00f1os a la demag\u00f3gica influencia de los portavoces del capitalismo, reprueba firmemente toda, aventura que eche a pique en un instante lo cosechado con pacientes esfuerzos, les otorgue f\u00e1ciles ventajas a los expoliadores y converja en la liquidaci\u00f3n del movimiento. Y Marx no fue el te\u00f3rico que se imaginan muchos, enclaustrado la existencia entera en su biblioteca y sustra\u00eddo del acaecer cotidiano. Le toc\u00f3, a la inversa, inflamar en no pocas ocasiones el \u00e1nimo bizarro de los obreros en campa\u00f1a, o incluso acudir solidariamente en socorro de alguna jornada perdida, como cuando, despu\u00e9s de haber prevenido al proletariado franc\u00e9s respecto a un alzamiento extempor\u00e1neo, y una vez desatado, se levant\u00f3 en su respaldo, consider\u00e1ndolo un mal menor frente a una capitulaci\u00f3n sin combate, y escribiendo la m\u00e1s hermosa p\u00e1gina sobre el primer ejemplo vivo en el mundo de un gobierno, aunque ef\u00edmero, de los asalariados, la Comuna de Par\u00eds.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n colombiana tiene indudablemente harto que aprender del marxismo, siendo el craso desconocimiento de \u00e9ste su mayor deficiencia y su peor infortunio. Sin embargo, si se nos preguntase qu\u00e9 punto de tantos merece especial prelaci\u00f3n para estudiarse, no vacilar\u00edamos en se\u00f1alar que los c\u00e1nones t\u00e1cticos encabecen la lista, de los asuntos por desenmara\u00f1ar en un pa\u00eds en donde muchos de quienes se declaran seguidores de los preceptos sistematizados por el padre del comunismo, o son abates de secta, o anarquistas que se mimetizan de pol\u00edticos pero que exaltan el terror a la categor\u00eda de una profesi\u00f3n para vivir de ella; o politiqueros burgueses infiltrados en las filas obreras, que hacen de los derechos humanos, de las reformas, de los reclamos y de la obtenci\u00f3n de los abalorios econ\u00f3micos el objetivo m\u00e1ximo de las aspiraciones revolucionarias; o revisionistas retobados que hablan de la &#8220;combinaci\u00f3n de todas las formas de lucha&#8221; para permitirse la licencia de caer en todos los extremos del oportunismo de derecha y de &#8220;izquierda&#8221; y eludir la responsabilidad de trazar un plan de acci\u00f3n proporcionado, que defina claramente las tareas prioritarias para cada tramo y que coadyuven en verdad a la naci\u00f3n y al pueblo y no a sus particular\u00edsimos y mezquinos intereses; o son simplemente los representantes genuinos de la vacua palabrer\u00eda peque\u00f1oburguesa que merodean por doquier pregonando con sus desastrosos experimentos c\u00f3mo se debe &#8220;agudizar la pelea&#8221;, &#8220;crear las condiciones&#8221; y &#8220;pasar siempre a la ofensiva&#8221;.<\/p>\n<p>Llevamos m\u00e1s de tres lustros de controversias contra tales descarr\u00edos antiproletarios y antimarxistas que tanto da\u00f1o les han inferido a los trabajadores y a las masas populares en general; y, por lo que se aprecia, todav\u00eda nos falta demasiado para erradicar semejantes enfoques nocivos y actitudes de apurar las labores de la revoluci\u00f3n. Cuando amagan extinguirse bajo el peso abrumador de sus incontables descalabros, las ya envejecidas desviaciones se reanudan de golpe, como si no hubiera sucedido nada, evidenciando \u00fanicamente su cerril contumacia, su tajante negativa a enjuiciar y a corregir sus errores. Una de las \u00faltimas de esas resurrecciones la presenciamos con el bochornoso espect\u00e1culo brindado por aquellas agrupaciones mamertas e hipomamertas, que en los comicios pasados promovieron desfachatadamente la conciliaci\u00f3n con las oligarqu\u00edas, a muchos de cuyos exponentes m\u00e1s reputados alabaron hasta la abyecci\u00f3n por sus ofertas de &#8220;amnist\u00eda&#8221; y de &#8220;paz&#8221;, para luego proseguir en las mismas andanzas por las cuales se vieron obligados a solicitar clamorosamente los indultos y dem\u00e1s decretos pacificadores.<\/p>\n<p>Por el an\u00e1lisis materialista precisamos que aquellas malsanas tendencias responden sustancialmente a dos factores singulares: de un lado, con el atraso de Colombia, perpetuado por el saqueo neocolonial del imperialismo, fluct\u00faa un considerable volumen de capas medias que aunque se encaminan a la bancarrota no adquieren a\u00fan las miras del proletariado, pues a lo sumo entran a engrosar las legiones inmensas de los cesantes, a las que el r\u00e9gimen no es capaz de proporcionarles ocupaci\u00f3n alguna; y del otro, el pernicioso influjo de la comandancia cubana que, adem\u00e1s de servir de mu\u00f1idora del socialimperialismo sovi\u00e9tico, azuza y amamanta todos esos g\u00e9neros oportunistas, para lo cual dispone, con la desesperaci\u00f3n de dichas capas, de un caldo de cultivo insuperable. Mas por la dial\u00e9ctica conocemos que en los desvar\u00edos y fracasos de los diversos matices del extremoizquierdismo se gesta su contrario, el comienzo de su fin, hasta el punto de que entre m\u00e1s reluzcan y mas alarde hagan de su prepotencia, m\u00e1s dejar\u00e1n a la intemperie sus fragilidades e incongruencias y m\u00e1s podr\u00e1n los destacamentos organizados de la clase obrera contrastar y hacer valer la invencibilidad de los procederes revolucionarios.<\/p>\n<p>De lo sintetizado hasta aqu\u00ed se deduce otro aspecto clave, el de que la t\u00e1ctica marxista no se circunscribe, para delinear sus derroteros, a las peculiaridades del pa\u00eds respectivo, ni siquiera de un grupo de pa\u00edses, sino que ha de sopesar la situaci\u00f3n mundial en su conjunto, medir la distribuci\u00f3n de fuerzas que opera peri\u00f3dicamente a la m\u00e1s amplia escala y percibir el sello y el rumbo determinantes de la \u00e9poca de que se trate.<\/p>\n<p>Cambios en la distribuci\u00f3n mundial de fuerzas<br \/>\nAtr\u00e1s dejamos establecido que a Marx y a su amigo Engels les toc\u00f3 actuar en un momento en que, aun cuando el proletariado ya intentaba sus duelos contra sus contrincantes, no hab\u00edan culminado las revoluciones burguesas y a aqu\u00e9l le aguardaba todav\u00eda un largo proceso de paciente preparaci\u00f3n; su hora no sonaba a\u00fan y sus opugnadores llevaban la batuta y estampaban la firma a los acontecimientos. En eso yac\u00eda el rasgo sobresaliente de la situaci\u00f3n hist\u00f3rica. Las fuerzas a nivel internacional se realinderaban seg\u00fan la entidad y el peso de los distintos pa\u00edses y de sus correlativos sectores dominantes, entre los que descollaban la Santa Rusia como el fort\u00edn de la reacci\u00f3n europea y la cerrada mancomunaci\u00f3n de los intereses burgueses, contra la clase asalariada, que no hac\u00edan factible el triunfo obrero en una naci\u00f3n, sin un estallido general, el cual nunca se dio. Tales circunstancias condicionaban las perspectivas y el batallar revolucionarios. Abundan las referencias de ambos estrategas al respecto, subrayando los peligros del despotismo ruso, exhortando a golpear en el sitio y en el instante en que \u00e9ste estuviera impedido para proceder, sin concederle gratuitas o innecesarias ganancias, y llamando a la unidad de los trabajadores del globo. &#8220;\u00a1Proletarios de todos los pa\u00edses, un\u00edos!&#8221;, como que era su consigna. La democracia de entonces liberaba a las naciones grandes de la Europa Occidental y se opon\u00eda ac\u00e9rrimamente al zarismo, que en procura de sus torvos prop\u00f3sitos, derrumbaba por doquier los manes del progreso, e imped\u00eda las aspiraciones nacionales de los pueblos peque\u00f1os y atrasados. En su itinerario obligado, la causa obrera internacional estaba compelida a brindar su concurso a las burgues\u00edas m\u00e1s osadas, alertando sobre el enga\u00f1o de los movimientos que, como el paneslavismo, no eran m\u00e1s que mascarones de proa del oscurantismo ruso, y precis\u00e1ndose a s\u00ed misma que la instalaci\u00f3n de la rep\u00fablica y la obtenci\u00f3n de los derechos democr\u00e1ticos le proporcionar\u00eda, nada m\u00e1s, pero tampoco nada menos, que el terreno ideal para su gesta libertaria, la cual exige la abolici\u00f3n completa de la explotaci\u00f3n capitalista.<\/p>\n<p>Con el siglo XX nace otra \u00e9poca. El capitalismo, que abandona la libre competencia, llega a la fase imperialista, su fase decadente y final. Entretanto el proletariado ocupa el lugar de adalid de la revoluci\u00f3n mundial y \u00e9sta adquiere su impronta socialista. Las burgues\u00edas de los grandes Estados europeos, al cabo de un interregno de tres decenios, desde la devastaci\u00f3n de la Comuna de Par\u00eds en 1871, y en el que conforme consolidan su poder\u00edo van perdiendo el \u00edmpetu de la mocedad y mellando su esp\u00edritu innovador, desalojan a Rusia de la supremac\u00eda, con la que ahora emulan y al lado de la cual representan otras cuantas fortalezas prioritarias de la reacci\u00f3n. Inician, junto a la exportaci\u00f3n de capitales, el apoderamiento y el despojo sistem\u00e1ticos de las regiones de ultramar, originando la rebati\u00f1a entre s\u00ed por las colonias, puja para la que se arman tenaz y velozmente, hasta ir a parar a la conflagraci\u00f3n que envolvi\u00f3 a todo el orbe &#8220;civilizado&#8221;, la hecatombe de 1914-1918. Esta implacable ri\u00f1a interimperialista crea los complementos, antes inexistentes, para la irrupci\u00f3n del socialismo en un solo pa\u00eds, tal como lo vaticina Lenin; siendo precisamente Rusia la primera en obtenerlo, bajo la sabia orientaci\u00f3n del partido bolchevique y cual fehaciente prueba de los extraordinarios aciertos de sus preceptores, Marx y Engels. Tal es el distintivo y el viento predominante de la nueva era. Los m\u00e1s notorios reagrupamientos fueron: dentro de la clase obrera brota una facci\u00f3n aristocr\u00e1tica y chovinista que se nutre de las moronas que caen del fest\u00edn de los reg\u00edmenes saqueadores, y cuyas faenas pir\u00e1ticas y depredadoras acolita; lo m\u00e1s granado de las mayor\u00edas laboriosas persevera, con el liderazgo de los partidos marxistas, en arremeter contra la barbarie entronizada por las metr\u00f3polis y en denunciar la proclividad de la corriente socialtraidora, y, por \u00faltimo, simult\u00e1neo a la regresi\u00f3n de la Europa burguesa, insurgen en Asia los movimientos democr\u00e1ticos de los pueblos avasallados que despiertan al capitalismo y se yerguen en pos de las conquistas republicanas, alentados por una burgues\u00eda joven, cuyo m\u00e1s firme y voluminoso exponente son los campesinos.<\/p>\n<p>De todo lo cual resulta la unidad combativa entre el socialismo de los proletarios de los pa\u00edses capitalistas y la democracia revolucionaria de las naciones colonizadas, contra la confabulaci\u00f3n de los imperialistas y sus socios menores, el oportunismo vendido. Lenin se basa en dichas premisas para dise\u00f1ar la t\u00e1ctica a seguir, insistiendo en no propiciar por ning\u00fan motivo la carnicer\u00eda b\u00e9lica de ninguna de las potencias en pugna y, antes por el contrario, propender a la guerra civil contra la provocaci\u00f3n armada de todos los imperialismos.<\/p>\n<p>Durante la Segunda Guerra Mundial se desencadena una inusitada y singular redistribuci\u00f3n de los poderes enzarzados en la reyerta. Ante la imperiosa premura de resguardar a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, a la saz\u00f3n el \u00fanico Estado socialista existente y principal baluarte del proletariado internacional, que se hallaba amenazada de muerte por los delirios hegem\u00f3nicos de la Alemania hitleriana y de sus secuaces, Stalin hizo hincapi\u00e9 en la distinci\u00f3n entre los pa\u00edses &#8220;agresores&#8221; y los &#8220;no agresores&#8221; del \u00e1mbito imperialista y concit\u00f3 a la conformaci\u00f3n del m\u00e1s dilatado frente contra el fascismo, llamando a reclutar no s\u00f3lo a los movimientos independentistas de las naciones subyugadas, a los contingentes obreros de todas las latitudes, comprendido el mismo gobierno de Mosc\u00fa, y al resto de tendencias democr\u00e1ticas y progresistas del planeta, sino a Estados Unidos, a Inglaterra, al r\u00e9gimen franc\u00e9s gaullista estatuido en el exilio y a las dem\u00e1s autoridades burguesas contrapuestas al Eje. Esta precisa y justa estrategia, coincidente con las mutaciones presentadas, hundi\u00f3 al nazismo, salv\u00f3 a la URSS, allan\u00f3 el camino de la revoluci\u00f3n para los cientos de millones de pobladores de China y para los otros pueblos de Europa que abrazaron el socialismo.<\/p>\n<p>Dentro de una misma concepci\u00f3n nos hemos referido a dos \u00e9pocas y a los sendos dise\u00f1os t\u00e1cticos concernientes a tres reagrupamientos sucesivos de las fuerzas sociales y pol\u00edticas del mundo; y hemos expuesto, grosso modo, c\u00f3mo los partidos revolucionarios del proletariado obtuvieron significativos lauros, al interpretar creadoramente las diversas variantes y comportarse en consecuencia, ce\u00f1idos a las ense\u00f1anzas del materialismo y de la dial\u00e9ctica de Marx.<\/p>\n<p>La regresi\u00f3n de la uni\u00f3n sovi\u00e9tica y sus repercusiones<br \/>\nAhora, y para hacernos a una idea global de las vicisitudes del marxismo, describamos la \u00faltima y m\u00e1s trascendente reubicaci\u00f3n de las fichas en el tablero internacional, la cuarta en la tabla cronol\u00f3gica de las modificaciones notables, que afecta, acaso como ninguna otra, a la lucha del proletariado. De la segunda conflagraci\u00f3n queda un panorama destinado a desvertebrarse muy pronto: adem\u00e1s de la URSS, que acaba revitalizada no obstante sus inenarrables sacrificios, se liberan Polonia, Hungr\u00eda, Bulgaria, Rumania, Checoslovaquia, Albania, Yugoslavia y Alemania Democr\u00e1tica, en Europa; y China, el Norte de Corea y el Norte de Viet Nam, en Asia, articul\u00e1ndose lo que se bautiz\u00f3 el &#8220;campo socialista&#8221;. En cuanto al club de los imperialismos, Estados Unidos emerge preponderante, indisputado y solvente, hasta el punto de que, ante el colapso de las otras potencias, se permite el lujo de financiar la reparaci\u00f3n de la Europa humeante y asolada. En lo atinente a los pueblos avasallados, aunque muchos consiguen la rep\u00fablica, la independencia pol\u00edtica y otras de las libertades formales burguesas, contin\u00faan aherrojados bajo la rapi\u00f1a econ\u00f3mica de las metr\u00f3polis, primordialmente la norteamericana, o sea, general\u00edzase el neocolonialismo como la modalidad preferida del desvalijamiento internacional. A las dos d\u00e9cadas comienzan a insinuarse unos vuelcos de una monta y de una incidencia inesperadas, que hoy, al cumplirse el centenario de la desaparici\u00f3n corporal de Marx, se divisan con toda nitidez y plenitud.<\/p>\n<p>Con Nikita Kruschev, el Kremlin abjura del marxismo-leninismo e inicia su tenebroso trasegar en pos de la restauraci\u00f3n del capitalismo y por la evocaci\u00f3n del alma en pena de la Gran Rusia vand\u00e1lica y tir\u00e1nica. Por esas iron\u00edas de la historia, la patria de Lenin, la cuna del socialismo y el invicto campe\u00f3n sobre las hordas nazis, la otrora gloriosa Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, vuelve a ocupar su sitio de peor foco de la reacci\u00f3n y a reasir su antigua catadura de satrap\u00eda expansionista, mas desbordando los primigenios marcos continentales del siglo pasado, para desplegar sus intrigas diplom\u00e1ticas y sus operaciones b\u00e9licas al m\u00e1s anchuroso nivel c\u00f3smico, y dispuesta a superar las marcas de crueldad y de vileza de los imperios que la han antecedido. A los Estados &#8220;socialistas&#8221; que est\u00e1n bajo su tutela les extrae jugosos dividendos y los somete a su f\u00e9rula pol\u00edtica, coloc\u00e1ndolos de correveidiles suyos en cuanto foro internacional se convoque e inmiscuy\u00e9ndolos en los asuntos internos de los otros pa\u00edses, cuando no utiliz\u00e1ndolos directamente en sus zarpazos guerreristas, cual sol\u00edan hacerlo las seniles potencias con los pueblos de las colonias, a los que alistaban en sus ej\u00e9rcitos a fin de que realizaran por ellas las faenas de exterminio.- Paradigmas de tan humillante postraci\u00f3n son Cuba y Viet Nam, cuyos reg\u00edmenes serviles se desviven por adivinar y complacer los antojos de Mosc\u00fa. Y con las naciones peque\u00f1as y d\u00e9biles que se rehusan a entrar en su cercado, los socialimperialistas porf\u00edan en convertirlas al &#8220;socialismo&#8221; mediante una fr\u00eda y calculada labor catequizadora adelantada a sangre y fuego, como en Angola, Etiop\u00eda, Afganist\u00e1n, Kampuchea y Lao.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os en que particularmente los chinos abrieron la pol\u00e9mica contra el revisimismo, contempor\u00e1neo, por all\u00e1 a mediados de los cincuentas, no escasos observadores miraban con aire de incredulidad los severos enjuiciamientos y las aflictivas premoniciones sobre el curso que iban tomando las cosas en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Al cabo de cuatro lustros los cr\u00edmenes y las infamias de las autoridades moscovitas, desde Krushev hasta Andropov, pasando por Brezhnev, le han otorgado con creces la raz\u00f3n a Mao Tsetung, quien ote\u00f3 los profundos abismos adonde conducir\u00eda a la camarilla dirigente sovi\u00e9tica la revisi\u00f3n del marxismo. Nadie refuta con certeza esta verdad de a pu\u00f1o, a no ser los involucrados en la comisi\u00f3n de tama\u00f1as enormidades. Y si no, ah\u00ed est\u00e1n las fechor\u00edas a tutipl\u00e9n perpetradas por los nuevos zares en los oc\u00e9anos y continentes del orbe que no nos dejar\u00e1n mentir. La viabilidad del regreso pasajero de un estadio superior en el desarrollo a otro inferior jam\u00e1s ha sido contradicha por los materialistas dial\u00e9cticos. Sin, embargo, el significado y las repercusiones de la metamorfosis ulterior de Rusia, que recurre a los procedimientos peculiares del imperialismo abogando por un reparto del mundo a favor suyo, y de unos Estados obreros relativamente d\u00e9biles que se desdibujan, hipotecando su soberan\u00eda y autodeterminaci\u00f3n nacionales a una superpotencia igualmente desfigurada, consisten en que tropezamos por prima vez con casos de sociedades socialistas que involucionan hacia el capitalismo.<\/p>\n<p>Con lo execrable del asunto, no debiera parecer tan ins\u00f3lito. Marx lo engloba en sus magistrales conclusiones. El r\u00e9gimen socialista es una parada transitoria aunque necesaria hacia el comunismo, que no ha verdeado en su propia simiente, sino que ha de desenvolverse a partir de lo dejado por el capitalismo, y, por tanto, &#8220;presenta todav\u00eda -para expresarlo con las frases de aqu\u00e9l- en todos sus aspectos, en el econ\u00f3mico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entra\u00f1a procede&#8221;(2) Pese a que elimina la apropiaci\u00f3n individual sobre los medios e instrumentos productivos e instituye la dictadura del proletariado, no borra de inmediato las clases, ni la lucha de clases, ni la peque\u00f1a producci\u00f3n no socializable que engendra burgues\u00eda permanentemente, ni los conatos revanchistas y restauradores de los enemigos internos y externos. Aun cuando acaba con la esclavitud asalariada no puede impedir que los productos se distribuyan conforme al trabajo rendido por cada cual, norma sup\u00e9rstite del derecho burgu\u00e9s que mantiene la desigualdad entre los operarios, por naturaleza unos m\u00e1s aptos y capaces que otros y con necesidades mayores o menores. Tampoco desarraiga de un golpe la diferencia entre la ciudad y el campo, o la divisi\u00f3n entre los trabajadores manuales e intelectuales; ni las propensiones burguesas de \u00e9stos, de los t\u00e9cnicos, del personal calificado, las cuales se desvanecer\u00e1n poco a poco y luego de una insistente y prolongada batalla por parte de los obreros organizados y disciplinados que ejercen el control estatal. Y si a lo anterior incorporamos una laxitud, un descuido indolente de la vigilancia y de la lucha del proletariado, una complaciente tolerancia con los privilegios que se vayan apostemando en los departamentos y secciones del gobierno socialista, no ser\u00e1 muy dif\u00edcil explicar la retrocesi\u00f3n, el aburguesamiento, el brinco hacia atr\u00e1s, con todas y cada una de sus nefandas consecuencias. Pero ello, antes que rebatir a Marx, cual lo pretenden sus detractores, lo reafirma.<\/p>\n<p>Lo asombroso de su tinosa percepci\u00f3n radica en que el socialismo tiene sentido en la medida en que extirpe los residuos que inevitablemente quedan de la vieja sociedad, vale decir, culmine la haza\u00f1a transformadora, de la cual la revoluci\u00f3n econ\u00f3mica, emprendida con la expropiaci\u00f3n de los expropiadores, es apenas el primer paso de una larga traves\u00eda. Como hay que abolir las desigualdades remanentes, completar la destrucci\u00f3n de lo antiguo, y como mientras ello no se haga se chocar\u00e1 con la resistencia de las clases desalojadas del mando e incluso de los otros estamentos sociales que deban sus prerrogativas y su misma entidad a las mencionadas remanencias, la prosecuci\u00f3n de la empresa revolucionaria no puede prescindir de los instrumentos coercitivos, violentos, de la dictadura del proletariado, un r\u00e9gimen que difiere harto de los anteriores porque se basa en el dominio de las mayor\u00edas y porque se va diluyendo con el incremento de dicho dominio. En tanto no se barra de ra\u00edz las relaciones de producci\u00f3n que generan las clases, no desaparecer\u00e1n tampoco las relaciones sociales que descansan en estas clases ni las ideas que brotan de aquellas relaciones sociales; y hasta entonces las pujas entre los diversos criterios e intereses encontrados a su turno desapuntalar\u00e1n o reapuntalar\u00e1n los modos productivos sobrevivientes. Luego la pelea no se halla a\u00fan decidida en el socialismo, y el proletariado perder\u00e1 el Poder si no lo sabe emplear en las tareas para cuya realizaci\u00f3n lo conquist\u00f3.<\/p>\n<p>Aun cuando Marx esclarece el problema y Lenin lo previene con sus directrices y sus reiteradas exhortaciones acerca de las asechanzas de la restauraci\u00f3n, a Mao le incumbe exponer en la pr\u00e1ctica la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo evitar que China, tan gigantesca, compleja y hasta cierto punto atrasada, resbale otra vez al pantanero del que hab\u00eda salido; y ese c\u00f3mo, o modelo hist\u00f3rico, por \u00e9l aconsejado, es la Gran Revoluci\u00f3n Cultural Proletaria, consistente en la sublevaci\u00f3n de las masas, &#8220;de manera abierta, en todos los terrenos y de abajo arriba&#8221;, para recuperar en la superestructura de la sociedad las posiciones perdidas, desalojando de ellas a los seguidores del camino capitalista, y para consolidar las bases econ\u00f3micas del socialismo empu\u00f1ando la dictadura proletaria. Y estas sublevaciones, u otras semejantes, habr\u00e1n de sucederse no en una sino en varias coyunturas, hasta cuando la nave fondee en las costas del verdadero nuevo orden social, el orden comunista, y la humanidad deje de estar sometida a los ciegos dictados de la econom\u00eda para tornarse, por fin, en soberana de los procesos productivos infinitamente desarrollados. Entonces el hombre s\u00ed mandar\u00e1 al cuerno de la luna al Estado, a las clases y a la pol\u00edtica, y pasar\u00e1 del &#8220;gobierno sobre las personas&#8221; a la consciente &#8220;administraci\u00f3n de las cosas&#8221;.<\/p>\n<p>Con lo cernido hasta aqu\u00ed palpamos mejor los m\u00f3viles que aguijonean a la burgues\u00eda y al revisionismo contempor\u00e1neos en el apasionamiento por petrificar la doctrina de Marx, por encasillarla en la \u00e9poca en que vivi\u00f3 el polemista de La Miseria de la Filosof\u00eda, rehus\u00e1ndose a confrontarla con las peripecias de un siglo y rehuyendo el trago amargo de precisar su vigencia hist\u00f3rica, ante la disyuntiva de no poder ya ignorarla. Y de ah\u00ed tambi\u00e9n nuestra interesada inquietud por que se efect\u00fae tal balance y se conteste sin ambages si las aportaciones de Lenin, Stalin y Mao son o no la continuaci\u00f3n del marxismo, y si a \u00e9ste lo refutan o no los avatares mundiales acaecidos desde su aparici\u00f3n, \u00fanica forma de encarar cient\u00edficamente el desaf\u00edo y de hacerlo desde el \u00e1ngulo proletario, sobre todo ahora en que atravesamos un per\u00edodo, convulsionado s\u00ed, pero en el que pareciera primar la conjura por arrebatarles a los trabajadores de todas las latitudes su arma ideol\u00f3gica y desmoralizarlos con los tropiezos de la revoluci\u00f3n, cuando el escamoteo de los principios marxistas es el origen primordial de tales tropiezos y no la cura para superarlos.<\/p>\n<p>Nos hemos extraviado de nuestro examen de la correlaci\u00f3n de fuerzas en el mundo actual. Retom\u00e9moslo. Indicadas quedaron las mutaciones regresivas de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y las razones que las motivaron. Falta a\u00f1adir que la amplificaci\u00f3n de los dominios del socialimperialismo se ha verificado fundamentalmente a costa de los Estados Unidos, que ya no ostentan la supremac\u00eda indisputada de sus fastos de ayer y se les ve declinar a diario, acosados adem\u00e1s por la crisis de su sistema productivo, la competencia econ\u00f3mica de las secundarias pero rehabilitadas potencias imperialistas y el movimiento de liberaci\u00f3n nacional de las naciones neocoloniales. Las superioridades comparativas del expansionismo sovi\u00e9tico, que le han otorgado la delantera en la disputa por el apoderamiento del orbe, se resumen as\u00ed: la acentuada centralizaci\u00f3n econ\u00f3mica y el corte marcadamente desp\u00f3tico del sistema de gobierno que lo exoneran de andarse con rodeos, consultas o dilaciones entorpecedoras; la f\u00e9rrea sujeci\u00f3n sobre las &#8220;rep\u00fablicas socialistas&#8221; pescadas en las redes imperiales, que lo abastecen de incontables recursos econ\u00f3micos y pol\u00edticos para sus excursiones filibusteras; la vertiginosa adecuaci\u00f3n de la econom\u00eda a los fines b\u00e9licos, con la cual han venido asegurando pronunciadas ventajas tanto en los armamentos convencionales como at\u00f3micos y amedrentando a sus adversarios con el chantaje del hundimiento universal; la bien tejida y mantenida urdimbre de partidos mamertos que husmean por doquier, terciando en las luchas revolucionarias de los pueblos para que \u00e9stos cambien de grilletes, y la creencia a\u00fan difundida de que la URSS sigue siendo la URSS y sus criminales atentados, arbitrios forzosos para afincar el comunismo. La clase obrera ha de medir en su exacta dimensi\u00f3n estos factores, junto a los otros frescos giros de la pol\u00edtica internacional, para hacer asimismo los ajustes apropiados a su t\u00e1ctica, no meramente dentro de las fronteras de cada pa\u00eds sino para saber qu\u00e9 merece ser respaldado o combatido en el exterior.<\/p>\n<p>Hace veinte a\u00f1os entabl\u00e1bamos debates alusivos a los oscuros nubarrones que despuntaban en el horizonte de la estepa rusa; conjetur\u00e1bamos acerca de cu\u00e1l ser\u00eda la r\u00e9plica de los pa\u00edses de la Europa Oriental libertados en la d\u00e9cada del cuarenta, y luego, si la invasi\u00f3n de 1968 a Checoslovaquia respond\u00eda o no respond\u00eda a una urgencia del internacionalismo proletario. La situaci\u00f3n se ha desenvuelto con tan pasmosa celeridad que dichos conflictos, no obstante constituir los proleg\u00f3menos del drama, son ya expedientes fallados. Checoslovaquia no ser\u00eda la \u00fanica beneficiada de la &#8220;generosa&#8221; protecci\u00f3n sovi\u00e9tica. Docenas de pa\u00edses habr\u00edan de sufrir posteriormente el salvajismo de Mosc\u00fa, o de sus testaferros, para salvarse de la barbarie de Washington. El campo socialista se desintegr\u00f3, y hoy, despu\u00e9s del abordaje cubano sobre Angola, en 1975, con el que el Krem1in iniciara su ofensiva militar estrat\u00e9gica por la toma del planeta, existen tantos o m\u00e1s territorios extranjeros ocupados por tropas invasoras que desfilan tras los negros pendones del hegemonismo naciente del Este, que los hollados por los ej\u00e9rcitos que marchan tras las amarillentas insignias de la superpotencia declinante del Oeste. Despu\u00e9s de m\u00e1s de un siglo de fecundas experiencias recopiladas por sus preclaros pensadores, el proletariado ha de distinguir sin titubeos al expansionismo ruso como el blanco principal de sus ataques. En ello va impl\u00edcita su recuperaci\u00f3n al cabo de tantas felon\u00edas. Cuando encabece, impulse, o se solidarice con las revoluciones de los pa\u00edses expoliados, en procura de la cabal soberan\u00eda y plena autodeterminaci\u00f3n de las naciones, cual es su deber internacionalista, tendr\u00e1 que desvelarse por impedir que las revueltas contra los imperialismos se tornen en avanzadillas de la regresi\u00f3n sovi\u00e9tica, denunciando en\u00e9rgicamente las intrigas y componendas que en tal sentido gestionan los partidos revisionistas y sus ep\u00edgonos. Ante los pertinaces signos anunciadores de la tercera conflagraci\u00f3n mundial en la que se pondr\u00e1 en juego la supervivencia de China y de los dem\u00e1s Estados y movimientos independientes y progresistas, deber\u00e1 pugnar por un frente de combate contra el socialimperialismo, tan poderoso, que basado en la rec\u00edproca cooperaci\u00f3n de las contiendas de los obreros internacionalistas por el socialismo, de las gestas patri\u00f3ticas de los pueblos del Tercer Mundo y del resto de expresiones revolucionarias y democr\u00e1ticas del globo, abarque a las rep\u00fablicas del Segundo Mundo y no descarte siquiera la participaci\u00f3n de los Estados Unidos.<\/p>\n<p>Esta estrategia no podr\u00e1 menos que redundar en pro de la causa del proletariado, pues responde a las reales contradicciones del presente per\u00edodo. Toma en cuenta las manifiestas flaquezas del bloque imperialista que se halla en los umbrales de una crisis econ\u00f3mica quiz\u00e1 comparable a la de 1930, con sus zonas de influencia descompuestas, conmocionadas y reducidas por los golpes de mano de su feroz contrincante, e impotente para recobrar la iniciativa; y contempla tambi\u00e9n los lados fuertes de la otra superpotencia, sus Ventajas comparativas, el enga\u00f1o de entrampar a las masas con el se\u00f1uelo de un falaz socialismo que se enruta taimada pero obstinadamente a coyuntar un imperio colonialista vasto, l\u00f3brego y sanguinario. De otra parte, encuadra con la irresistible tendencia democr\u00e1tica de los pueblos, no s\u00f3lo de los pa\u00edses desarrollados, sino particularmente de los que habitan las regiones rezagadas y dependientes, en donde la acci\u00f3n de los capitales imperialistas ha coadyuvado a romper hasta los m\u00e1s escondidos remansos de la econom\u00eda natural y a promover, hasta cierto punto, los modos capitalistas de producci\u00f3n, volcando a miles de millones de seres a la retorta del mercado mundial, sac\u00e1ndolos del aislamiento y despertando objetivamente sus ansias de libertad y d\u00e9 trato equitativo entre las naciones, As\u00ed como de los escombros de la guerra del 14 surgi\u00f3 la primera sociedad obrera y de las devastaciones de las hostilidades de los cuarentas emergi\u00f3 un peque\u00f1o campo socialista y la abrumadora mayor\u00eda de pa\u00edses sometidos pas\u00f3 a la vida republicana, adquiriendo los derechos democr\u00e1ticos formales, al sustituirse el saqueo abierto por el encubierto, de precipitarse el estallido de la tercera conflagraci\u00f3n, pese a su car\u00e1cter nuclear, significar\u00e1 el toque a rebato para que los pueblos coronen sus revoluciones inconclusas, aun en las metr\u00f3polis, sepulten el colonialismo econ\u00f3mico y con \u00e9l los delirios imperiales actuales de cualquier laya. El proletariado revolucionario no se dejar\u00e1 seducir por los cantos de sirena del pacifismo burgu\u00e9s ni se arredrar\u00e1 ante los apocal\u00edpticos augurios de los belicistas sovi\u00e9ticos. Al fin y al cabo los esclavos no tienen m\u00e1s que perder que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo por ganar, cual lo proclama el Manifiesto.<\/p>\n<p>El marxismo aut\u00e9ntico es anticolonialista<br \/>\nSi en alg\u00fan punto habremos de poner la palanca de nuestra propaganda para remover toda la bazofia del revisionismo contempor\u00e1neo, ese ser\u00e1 el de la cuesti\u00f3n nacional. El estilista de Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 y de El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte tambi\u00e9n dilucid\u00f3 la contradicci\u00f3n y la identidad existentes entre la \u00edndole internacionalista de la brega del proletariado y los contornos nacionales que \u00e9sta tendr\u00e1 que poseer necesariamente.<\/p>\n<p>Como producto hist\u00f3rico, la naci\u00f3n estriba en la confluencia de un n\u00facleo humano, m\u00e1s o menos numeroso, que se asienta en un mismo territorio, se comunica mediante un determinado idioma, lo cohesiona una vida econ\u00f3mica y una cultura comunes, am\u00e9n de otros elementos que ha ido compartiendo, generaciones tras generaciones; y como Estado, en la connotaci\u00f3n moderna del vocablo, cuaja por el apremio de la incipiente producci\u00f3n burguesa de contar con su propio mercado, que unido y regido por leyes de coactivo acatamiento, lo curen de la dispersi\u00f3n feudal y lo preserven de la competencia for\u00e1nea. All\u00e1 y siempre que aquellos factores coincidieron, en la latitud Norte o Sur, en el pret\u00e9rito remoto o cercano, aparecieron los pa\u00edses tal cual los conocemos hoy, con una que otra variante insustancial, si se mira el panorama globalmente, y fueron hechura del capitalismo.<\/p>\n<p>Los pueblos que no han conseguido hacer prevaler sus fueros de naciones libres y han visto sus econom\u00edas de continuo intervenidas y desfalcadas por los negocios de los m\u00e1s fuertes, encu\u00e9ntranse relegados en el trayecto del progreso. Y son estos pueblos, principalmente de Asia, \u00c1frica y Am\u00e9rica Latina, los que a\u00fan contienden por la soberan\u00eda y la independencia reales, prerrequisitos de su prosperidad, porque las rep\u00fablicas capitalistas, que arribaron hace tiempos al monopolio y no caben en sus respectivas fronteras, expugnan las extra\u00f1as y las desvalijan. La burgues\u00eda, en la edad senil, blasfema de las proezas de la juventud y, de orfebre de naciones, se toma en azote de \u00e9stas.<\/p>\n<p>El imperialismo, que es la m\u00e1xima internacionalizaci\u00f3n del capital, burla cuanto dique se le interponga a su despliegue y al entrelazamiento m\u00e1s tupido de las relaciones mercantiles mundiales, lo que lleva a efecto por mecanismos conculcatorios y dividiendo el orbe entre pa\u00edses opresores y oprimidos. Ya anot\u00e1bamos que el proletariado arranca su labor transformadora de lo legado por el r\u00e9gimen que ha de aniquilar; no combate desde posiciones m\u00e1s atrasadas que las de \u00e9ste, sino que jala hacia adelante el carro de la historia, sin proponerse metas subjetivas que el devenir econ\u00f3mico no autorice a\u00fan. Por consiguiente est\u00e1 de acuerdo con el incremento de las reciprocidades de todo tipo en la esfera internacional, y propende a la abolici\u00f3n completa de las desavenencias nacionales, de las barreras fronterizas y hasta de las naciones mismas. No obstante, en contraste con los capitalistas, media por que ello se efect\u00fae respetando la autodeterminaci\u00f3n y dem\u00e1s derechos inalienables de los pueblos y no pisote\u00e1ndolos, y en el beneficio material y espiritual de \u00e9stos y no del selecto corro de matones que bravuconea a diestra y siniestra por los cinco continentes. La v\u00eda m\u00e1s expedita, o la \u00fanica, para cumplirlo. Como en todo, el capitalismo plantea los problemas, e incluso provee en embri\u00f3n los medios objetivos, f\u00edsicos, para su soluci\u00f3n, mas en lugar de resolverlos, los agudiza hasta el antagonismo. Mientras m\u00e1s se reprima los anhelos libertarios de quienes reclaman relaciones en pie de igualdad entre los habitantes del planeta, menos posibilidades habr\u00e1 de que se disuelvan las prevenciones, los prejuicios, las tozudas e instintivas man\u00edas a enclaustrarse en el solar nativo y a repeler los contactos con el ambiente exterior, caracter\u00edstica de las inmensas masas de las zonas discriminadas y estrujadas. Y mientras m\u00e1s se ahonden los desequilibrios en el desarrollo de los pa\u00edses, con mayor dificultad se entender\u00e1n igualitaria y arm\u00f3nicamente. De suerte que el ant\u00eddoto no est\u00e1 en violentar el intercambio ni en forzar la &#8220;concord\u00eda&#8221;, sino en la rigurosa observancia de las claras y elementales normas de la democracia y en la anulaci\u00f3n de las abismales desproporciones entre los niveles de vida de la poblaci\u00f3n mundial. De manera an\u00e1loga a como para deshacerse del Estado la humanidad ha de recorrer el tramo del afianzamiento del Estado obrero, para tachar los linderos nacionales debe antes recurrir a la reafirmaci\u00f3n de las prerrogativas de todas las naciones y no de unas cuantas.<\/p>\n<p>Los principios esbozados no representan una mera hip\u00f3tesis te\u00f3rica para explorar dentro de largu\u00edsimo plazo. Es que el descabello del imperialismo estriba en privarlo de las ingentes ganancias que succiona de sus neocolonias. Al recapacitar acerca de la dominaci\u00f3n inglesa sobre Irlanda, el viejo y perspicaz militante de la Liga de los Comunistas se percat\u00f3 de que en esos rentables privilegios estaba el enigma tanto de la invulnerabilidad de la burgues\u00eda como de las pusilanimidades de los obreros de Inglaterra. La emancipaci\u00f3n de los irlandeses, empujados doblemente por la acucia, econ\u00f3mica y la aspiraci\u00f3n nacional, desplazar\u00eda el centro de gravedad de la lucha en la metr\u00f3poli, permiti\u00e9ndoles a los asalariados deshacerse de la presi\u00f3n de sus embaucadores, salirse del marasmo pol\u00edtico y contraatacar. Sin cortarles primero los jugosos aprovisionamientos provenientes de su saqueo externo ser\u00e1 poco menos que imposible dislocar internamente, dentro de sus rep\u00fablicas, el poder de los capitalistas engordados y endurecidos con los frutos de su bandidaje universal. Palpable desde el siglo pasado, actualmente este enfoque decuplica su vigor, merced a que las potencias imperialistas medio capean las crisis acaparando los mercados atrasados, los que convierten en \u00e1reas de sus inversiones y de los cuales extraen gigantescas riquezas naturales. Si los imperialismos han prolongado hasta hoy sus existencias se debe a tan vitales recursos. De perderlos, ipso facto cesar\u00e1 su pesta\u00f1eo, pues las revoluciones democr\u00e1ticas de las neocolonias son a las revoluciones socialistas de las metr\u00f3polis lo que el pr\u00f3logo de un libro es 1 su ep\u00edlogo: preludio y remate de la epopeya obrera en el mundo entero. Y cuando dicho axioma hab\u00eda sido ya defendido airosamente por Lenin en su pol\u00e9mica contra los capituladores de la II Internacional, la descendencia de \u00e9stos, los revisionistas contempor\u00e1neos, enlodan de nuevo la bandera de la autodeterminaci\u00f3n de las naciones, de palabra y de hecho, porque, a diferencia de sus progenitores, que carec\u00edan de poder propio, manipulan Estados pudientes con los cuales pisotean, vejan y exprimen a pueblos inermes. \u00bfSer\u00e1 eso socialismo?<\/p>\n<p>A los cien a\u00f1os de la muerte del convicto de Bruselas y del exiliado de Londres, y simb\u00f3licamente desde su tumba florecida, los revolucionarios de las m\u00e1s diversas nacionalidades les espetan a los socialrenegados de hoy, en todas las lenguas, \u00bfser\u00e1n socialismo los pat\u00edbulos sovi\u00e9ticos en Afganist\u00e1n, los cadalsos vietnamitas en Kampuchea y Lao, los paredones cubanos en Angola? Los retamos a que nos respondan: \u00bfSer\u00e1 eso socialismo? \u00bfHay dentro del marxismo-leninismo cabida para una pol\u00edtica colonial socialista? \u00bfLes est\u00e1 permitido a los trabajadores que se emancipan adelantar guerras coloniales? \u00bfNo es deber ineludible del obrero de la potencia invasora exigir la liberaci\u00f3n incondicional del pa\u00eds sometido? \u00bfSe conseguir\u00e1 acabar la explotaci\u00f3n entre los hombres sobre la base de la expoliaci\u00f3n entre las naciones? \u00bfPuede el proletariado triunfante de un pa\u00eds imponer la felicidad a otro pa\u00eds sin comprometer su victoria? \u00bfNo forja sus propias cadenas el pueblo que oprime a otro pueblo? \u00bfSe estrechan los nexos fraternos entre el trabajador vietnamita y el kampucheano, el cubano y el et\u00edope, el sovi\u00e9tico y el afgano, con las l\u00e1grimas, la sangre y el sudor de los \u00faltimos, derramados por las dadivosas agresiones de los primeros? Sin embargo, ellos, los revisionistas prosovi\u00e9ticos, que cotorrean como papagayos sobre la democracia en general y sobre los derechos humanos, no reparando en el abismo que media al respecto entre la posici\u00f3n burguesa y la proletaria, y que desconocen, o simulan desconocer que la autodeterminaci\u00f3n nacional de los pueblos es uno de los postulados democr\u00e1ticos b\u00e1sicos, cuya ausencia convierte a cualquiera de las otras facultades constitucionales en una irritante irrisi\u00f3n, jam\u00e1s afrontar\u00e1n ninguna de aquellas acusadoras indagaciones sin confesar sus delitos y admitir su impostura. Contra su voluntad, contra sus infamias, contra sus mentiras, la vertiente comunista, la aut\u00e9ntica, los bolcheviques finiseculares, vindicar\u00e1n la mancillada uni\u00f3n de los proletarios del globo al combatir ahincadamente las tropel\u00edas colonialistas de los senescentes imperialismos y de su imp\u00fadico e imp\u00faber contrincante, el socialimperialismo. \u00a1No a las anexiones territoriales! \u00a1No a la invasi\u00f3n militar y a la permanencia de tropas en tierras ajenas! \u00a1Abajo el socialismo invasor, ocupacionista y anexionista! \u00a1Atr\u00e1s las intrigas, las presiones, las amenazas, los chantajes y los dem\u00e1s amedrentamientos de una naci\u00f3n contra otra efectuados con cualquier pretexto, por altruista que parezca!<\/p>\n<p>Lo contingentes obreros fieles a los preceptos elucidados por Marx y sus continuadores seguir\u00e1n organiz\u00e1ndose nacionalmente, es decir, conformar\u00e1n sus partidos y adelantar\u00e1n su acci\u00f3n circunscritos a los linderos del pa\u00eds concerniente, amold\u00e1ndose a la sustantividad de un mundo irremisiblemente parcelado en naciones; empero, sin olvidar nunca que su redenci\u00f3n de clase demanda el combate unificado de las masas laboriosas del orbe y supeditando siempre los intereses particulares a los de la suerte del movimiento en su m\u00e1s amplio contexto. Gracias a ello los moiristas, que han tenido muy presente las singularidades de Colombia y les han dado a sus luchas las correspondientes y t\u00edpicas formas nacionales, no prestan o\u00eddo a quienes con frecuencia los invitan a recluirse en el campanario natal y a desentenderse de cuanto ocurra m\u00e1s all\u00e1 de Ipiales o de San Andr\u00e9s y Providencia, con lo que se hace eco a las oligarqu\u00edas vendepatria, cuyo nacionalismo emboza sus serviles preferencias por los amos extranjeros del bloque occidental, sin desmedro de auspiciar de tarde en tarde las pretensiones expansionistas de los testaferros de la superpotencia de Oriente. Sobra a\u00f1adir que no nos apartaremos ni un mil\u00edmetro del internacionalismo proletario que venimos practicando. En esta nuestra atalaya, en la esquina septentrional de Suram\u00e9rica, atisbaremos con viva preocupaci\u00f3n los acontecimientos mundiales, listos a denunciar las pirater\u00edas de los colonialistas modernos de todo jaez y a solidarizarnos, en la medida de nuestra capacidad, con las bregas de las fuerzas revolucionarias diseminadas por los cuatro, puntos cardinales.<\/p>\n<p>Hemos intentado apenas un bosquejo de las aportaciones de ese esp\u00e9cimen digno de la especie, que iniciara su ardua y prolija labor esclarecedora desde las p\u00e1ginas de los Anales franco-alemanes, en 1844, y descendiera al sepulcro treinta y nueve a\u00f1os despu\u00e9s, due\u00f1o de su justo t\u00edtulo del m\u00e1s grandioso de los campeones de la lid de los esclavos del salario. Con lo incompleto y defectuoso que este resumen sea, hay algo inobjetable en \u00e9l: la vigencia hist\u00f3rica de Carlos Marx. Entendida no s\u00f3lo como el merecido reconocimiento a un portentoso esfuerzo, sino como la creciente y decisiva validez del marxismo con el decurso de los almanaques. Lo pregonamos hoy, al siglo del deceso del primer militante de nuestra causa. Mas dentro de otro siglo miles de millones podr\u00e1n repetir las mismas palabras.<\/p>\n<p>Notas<br \/>\n(1) C. Marx, &#8220;Cr\u00edtica del Programa de Gotha&#8221;, en C. Marx, F. Engels, Obras Escogidas, Tomo II, Mosc\u00fa, Editorial Progreso, 1974, P\u00e1g. 14.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al cumplirse el 14 de marzo cien a\u00f1os de la muerte en Londres de Carlos Marx, el Partido decidi\u00f3 valerse de la conmemoraci\u00f3n para estudiar y difundir los hallazgos del genial alem\u00e1n, cuyo sistema de pensamiento, designado honor\u00edficamente con su nombre, alumbra la lucha emancipadora del proletariado. 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