{"id":20646,"date":"2005-01-28T19:00:00","date_gmt":"2005-01-28T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2005\/01\/28\/la-concesion-barco-una-oprobiosa-entrega-de-la-que-no-habla-el-llerismo\/"},"modified":"2005-01-28T19:00:00","modified_gmt":"2005-01-28T19:00:00","slug":"la-concesion-barco-una-oprobiosa-entrega-de-la-que-no-habla-el-llerismo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/la-concesion-barco-una-oprobiosa-entrega-de-la-que-no-habla-el-llerismo-2\/","title":{"rendered":"LA CONCESI\u00d3N BARCO: UNA OPROBIOSA ENTREGA DE LA QUE NO HABLA EL LLERISMO"},"content":{"rendered":"<p>El compa\u00f1ero \u00c1lvaro Concha, secretario regional del MOIR en Norte de Santander, escribi\u00f3 recientemente un peque\u00f1o libro titulado La Concesi\u00f3n Barco: s\u00edntesis hist\u00f3rica de la explotaci\u00f3n petrol\u00edfera del Catatumbo, que hemos querido resumir en este n\u00famero de Tribuna Roja, por dos razones principales. En primer lugar, porque se trata de la denuncia de uno de los atropellos m\u00e1s aberrantes que han infligido al pa\u00eds los monopolios norteamericanos y, en segundo lugar, porque Virgilio Barco Vargas, el personaje que tal vez sac\u00f3 mayor provecho de esta entrega de nuestros recursos naturales, fue presentado hace poco al pueblo colombiano como un paradigma de honestidad, pulcritud y decencia administrativa. El ex candidato llerista del Partido Liberal, seg\u00fan los patrocinadores de su campa\u00f1a, era el hombre indicado para regenerar las costumbres pol\u00edticas de la naci\u00f3n, acabar con el tr\u00e1fico de prebendas e iniciar una nueva era de progreso y \u201csoluciones efectivas\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, la historia de la Concesi\u00f3n, que comienza el 16 de octubre de 1905, configura una monstruosa ignominia de la que no habla el llerismo. Ese d\u00eda el presidente Rafael Reyes firm\u00f3 un contrato con el general Virgilio Barco Mart\u00ednez, antiguo prefecto de la provincia de C\u00facuta, por medio del cual se autorizaba a este \u00faltimo para usufructuar fuentes de petr\u00f3leo en cerca de 200 mil hect\u00e1reas bald\u00edas ubicadas en la regi\u00f3n del Catatumbo, a pocos kil\u00f3metros de la frontera con Venezuela. El plazo de la concesi\u00f3n era de 50 a\u00f1os y el Estado percibir\u00eda el 15% de las utilidades l\u00edquidas. El beneficiario quedaba exento de impuestos; deb\u00eda presentar planos y estudios de la zona al cabo de un a\u00f1o y empezar la producci\u00f3n tres a\u00f1os despu\u00e9s; estaba facultado para aprovechar los yacimientos mineros y todos los dem\u00e1s materiales que encontrara en el \u00e1rea; y pod\u00eda traspasar sus derechos adquiridos a cualquier individuo o compa\u00f1\u00eda nacional o extranjera, previa autorizaci\u00f3n del gobierno. Una cl\u00e1usula final, para salvar las apariencias, se refer\u00eda a las causales de caducidad, entre las cuales se destaca la de que si el contratista no comienza los trabajos en el plazo establecido, la concesi\u00f3n revierte inmediatamente al pa\u00eds, y de manera gratuita.<\/p>\n<p>Lejos de internarse en las inh\u00f3spitas selvas tropicales del Catatumbo para extraer petr\u00f3leo crudo y ponerlo al servicio del desarrollo nacional, como pretenden sus apologistas, el general Virgilio Barco se limit\u00f3 a instalar en una poblaci\u00f3n cercana a C\u00facuta un peque\u00f1o alambique para destilar queroseno y se dedic\u00f3 con preferencia a desempe\u00f1ar la labor de vendepatria, para la cual estaba mucho m\u00e1s capacitado. En enero de 1918 logr\u00f3 vender los derechos de la concesi\u00f3n a un consorcio norteamericano denominado Carlb Sind\u00edcate, de New York, que a su vez los revendi\u00f3 a otra compa\u00f1\u00eda hasta que cayeron en poder de la Colombian Petroleum Company, Colpet. Aunque ya en 1908 Barco hab\u00eda incumplido varias obligaciones del contrato, incluida la de iniciar la explotaci\u00f3n dentro del t\u00e9rmino de tres a\u00f1os, el Consejo de Ministros aprob\u00f3 la transferencia y el general recibi\u00f3 100 mil d\u00f3lares en efectivo, algunas acciones de la empresa y el 15% de la producci\u00f3n total, lo que significaba una suma tres veces superior a la que percib\u00eda el Estado colombiano por concepto de regal\u00edas.<\/p>\n<p>La danza de los millones<br \/>\nA principios del presente siglo, mientras el general Virgilio Barco instalaba su alambique y se consagraba a vender los yacimientos petrol\u00edferos del Catatumbo al mejor postor, en los Estados Unidos y en los principales pa\u00edses industrializados de Occidente se operaba una transformaci\u00f3n econ\u00f3mica y pol\u00edtica fundamental; los tiempos de la libre competencia hab\u00edan cedido el paso a la era de los monopolios; el capital financiero se adue\u00f1aba de las palancas claves de la producci\u00f3n, y los trusts se lanzaban a la conquista del mercado mundial y de las fuentes de materias primas en medio de enconadas disputas. El capitalismo, en una palabra, hab\u00eda iniciado su fase imperialista; la burgues\u00eda de las naciones \u201ccivilizadas\u201d enterraba las banderas revolucionarias con que hab\u00eda convocado a los de abajo en su lucha contra el feudalismo, y un pu\u00f1ado de banqueros poderosos impon\u00eda su voluntad a los pueblos oprimidos de Europa, Asia, \u00c1frica y Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>El advenimiento de la nueva \u00e9poca gener\u00f3 importantes cambios en la situaci\u00f3n interna del pa\u00eds, que despu\u00e9s de la separaci\u00f3n de Panam\u00e1, en 1903, y a semejanza del resto de naciones del Hemisferio, fue ingresando paulatinamente a la \u00f3rbita neocolonial de los Estados Unidos. En 1913 las inversiones norteamericanas entre nosotros ascend\u00edan a la modesta suma de cuatro millones de d\u00f3lares; siete a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1920, ya se hab\u00edan multiplicado por ocho, y de ah\u00ed en adelante ir\u00edan aumentando a un ritmo sostenido hasta llegar en 1929 a los 280 millones de d\u00f3lares. Yacimientos de petr\u00f3leo, minas, puertos, ferrocarriles, plantaciones, carreteras y grandes obras p\u00fablicas ca\u00edan bajo el dominio de unos cuantos hombres de negocios radicados en Pittsburg, New York, Filadelfia y otras ciudades del imperio.<\/p>\n<p>La entrada creciente de capitales, junto con los primeros brotes de la industria nacional, propici\u00f3 el avance de la econom\u00eda y contribuy\u00f3 al nacimiento del proletariado colombiano. La reforma financiera del profesor Edwin Kemmerer, contratada por el gobierno de Pedro Nel Ospina, en 1923, allan\u00f3 a\u00fan m\u00e1s el camino para el flujo acelerado de los empr\u00e9stitos yanquis, y en 1928 la deuda p\u00fablica de la naci\u00f3n con los Estados Unidos ya representaba una hipoteca de 171 millones de d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Norteam\u00e9rica, por otra parte, se hab\u00eda fortalecido notablemente a ra\u00edz de la Primera Guerra imperialista, cuyos campos de batalla convirtieron el petr\u00f3leo en uno de los recursos estrat\u00e9gicos m\u00e1s codiciados del planeta. Los monopolios estadounidenses del ramo se contaban entre las mayores sociedades an\u00f3nimas del mundo occidental y los ingresos eran superiores a los de casi todos los pa\u00edses donde operaban; sus flotas ten\u00edan m\u00e1s tonelaje que muchas marinas nacionales de Am\u00e9rica Latina; el comercio de sus combustibles era invulnerable a las leyes de la oferta y la demanda y a los caprichos de las bolsas de valores, y sus agentes en el extranjero se desempe\u00f1aban como funcionarios diplom\u00e1ticos que urd\u00edan intrigas palaciegas, derrocaban gobiernos y financiaban golpes de Estado.<\/p>\n<p>Uno de estos pulpos petroleros, la Standard Oil of New Jersey, hoy conocida como Exxon, y perteneciente a la familia Rockefeller, adquiri\u00f3 las acciones de la Tropical Oil Company, Troco, que en 1921 inici\u00f3 los trabajos de la Concesi\u00f3n de Mares en el Magdalena Medio. Y cinco a\u00f1os despu\u00e9s, el 5 de enero de 1926, la Gulf Oil Company de los hermanos Mellon, una empresa rival de la Exxon, compr\u00f3 los derechos mayoritarios de la Colombian Petroleum Company, Colpet, que explot\u00f3 los yacimientos de la Concesi\u00f3n Barco hasta el 9 de septiembre de 1981.<\/p>\n<p>La diplomacia del d\u00f3lar<br \/>\nLos hermanos Andrew y Richard Mellon, de Pittsburg, Pensilvania, uno de los grandes centros metal\u00fargicos de los Estados Unidos, eran propietarios de un conglomerado financiero que a comienzos de los a\u00f1os veinte controlaba 35 bancos comerciales, varias compa\u00f1\u00edas de seguros, una corporaci\u00f3n productora de aluminio y un consorcio de campos y refiner\u00edas de petr\u00f3leo con intereses en muchas partes del mundo. Se calcula que a disposici\u00f3n directa o indirecta de los dos hermanos se hallaban por aquel entonces unos 13 mil millones de d\u00f3lares; su fortuna figuraba inmediatamente despu\u00e9s de las de Rockefeller, Morgan y Ford, y en 1921 el presidente Harding design\u00f3 como secretario del Tesoro de su primer gabinete a Andrew Mellon, un cargo que este ocupar\u00eda hasta 1929.<\/p>\n<p>Entre sus m\u00faltiples empresas familiares se encontraba la Gulf Oil Company, que gozaba del suficiente poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico para echar atr\u00e1s las determinaciones de cualquier gobierno, y que compr\u00f3 los derechos de la Concesi\u00f3n Barco a sabiendas de que el Ejecutivo colombiano estaba a punto de declarar la prescripci\u00f3n del contrato firmado en 1905.<\/p>\n<p>Veamos c\u00f3mo se desarroll\u00f3 esta truculenta historia. El 2 de febrero de 1926, a los 28 d\u00edas de haberse formalizado la venta de la Colpet al emporio de Pedro Nel Ospina declar\u00f3 que \u201cdel estudio detenido que he hecho de este asunto he llegado a la convicci\u00f3n de que la Concesi\u00f3n Barco est\u00e1 caducada\u201d, y acto seguido promulg\u00f3 el decreto correspondiente. En \u00e9l se dec\u00eda que el concesionario, el general Virgilio Barco, hab\u00eda incumplido las cl\u00e1usulas que lo obligaban a presentar planos y estudios de la regi\u00f3n del Catatumbo, a comenzar los trabajos de explotaci\u00f3n dentro del t\u00e9rmino acordado tres a\u00f1os y a pagar las regal\u00edas pactadas con la naci\u00f3n, el 5% del producto bruto. La sentencia oficial agregaba que, por no haber observado ninguno de estos compromisos, el general no ten\u00eda facultades para traspasar sus derechos a terceros.<\/p>\n<p>Aunque algunos historiadores se hab\u00edan esforzado por encontrarle a esta medida diversos \u201caspectos positivos\u201d, supuestamente nacionalistas, lo cierto fue que Pedro Nel Ospina jam\u00e1s defendi\u00f3 los recursos naturales del pa\u00eds frente a las pretensiones de los pulpos norteamericanos, como la prueba, entre otras cosas, la legislaci\u00f3n petrolera que expidi\u00f3 durante su mandato. Su administraci\u00f3n ampli\u00f3 el plazo para otorgar futuras concesiones, aument\u00f3 en diez a\u00f1os la pr\u00f3rroga de las mismas y colm\u00f3 de privilegios a los monopolios extranjeros, especialmente a la Andian National Corporation, una empresa filial de Rockefeller que en 1923 inici\u00f3 la construcci\u00f3n del oleoducto Barrancabermeja-Cartagena. El contrato que firm\u00f3 con aquella compa\u00f1\u00eda lesionaba hasta tal punto los intereses de Colombia que el Congreso tuvo que investigar las denuncias de la opini\u00f3n p\u00fablica, muchas de las cuales demostraron que altos funcionarios de la rama ejecutiva, judicial y legislativa, sin, excluir al Presidente de la Rep\u00fablica, hab\u00edan recibido cuantiosos sobornos de la Andian.<\/p>\n<p>El hecho de que Pedro Nel Ospina prefiriera tratar con Rockefeller, sin embargo, no desanim\u00f3 a Andrew Mellon, un hombre que pod\u00eda contar con el respaldo de inmensas sumas de dinero y con el apoyo discreto pero efectivo de la Casa Blanca. No obstante, su paciencia pareci\u00f3 llegar al l\u00edmite cuando Miguel Abad\u00eda M\u00e9ndez, el candidato triunfante en las elecciones de 1926, confirm\u00f3 el decreto de caducidad de la Concesi\u00f3n Barco. Mellon puso a funcionar sus influencias en el Departamento de Estado y en enero de 1928 el embajador de los Estados Unidos en Colombia, Samuel Piles, manifest\u00f3 su profunda extra\u00f1eza \u201cpor la determinaci\u00f3n del gobierno\u201d y la consider\u00f3 \u201ccontraria a las pr\u00e1cticas usuales entre naciones amigas\u201d. Los abogados de la Colpet y los herederos del general Virgilio Barco acusaron al primer mandatario de tener acuerdos secretos con la Anglo Persian, una compa\u00f1\u00eda brit\u00e1nica que pretendi\u00f3 explotar los yacimientos del Golfo de Urab\u00e1, y en sus alegatos invocaron la protecci\u00f3n de la Doctrina Monroe y blandieron las m\u00e1s burdas amenazas. Finalmente, en septiembre de 1928, Andrew Mellon logr\u00f3 que el Departamento de Comercio de los Estados Unidos expidiera la \u201ccircular especial No. 305\u201d, un documento que alertaba a los banqueros norteamericanos sobre los riesgos de invertir en Colombia y que en la pr\u00e1ctica signific\u00f3 un chantaje a trav\u00e9s de la manipulaci\u00f3n de los empr\u00e9stitos externos, lo que provoc\u00f3 una profunda crisis en los altos estamentos oficiales del pa\u00eds.<\/p>\n<p>El magnate de Pittsburgh le hab\u00eda puesto el dedo en la llaga a la oligarqu\u00eda colombiana. Enrique Olaya Herrera, a la saz\u00f3n embajador en Washington, entr\u00f3 en contacto inmediato con la National City Bank de Nueva York, con el Departamento de Estado y con el propio Mellon, y todos ellos insistieron en que la revocatoria del decreto de caducidad de la Concesi\u00f3n Barco, as\u00ed como la redacci\u00f3n de un nuevo c\u00f3digo petrolero, eran requisitos indispensables para \u201crestablecer la confianza de los inversionistas\u201d y reabrir la llave de futuros cr\u00e9ditos.<\/p>\n<p>El contrato Chaux \u2013 Folsom<br \/>\nAunque a la larga se presentara una relativa recuperaci\u00f3n de la producci\u00f3n colombiana, la Gran Depresi\u00f3n de 1929 tuvo sus repercusiones calamitosas para la naci\u00f3n. Los ingresos del gobierno disminuyeron en un 50% durante el lapso de unos pocos meses, el comercio exterior descendi\u00f3 vertiginosamente y el mercado interno se redujo a los art\u00edculos m\u00e1s imprescindibles. Muchos peque\u00f1os y medianos empresarios se vieron abocados a la quiebra y fueron absorbidos por los bancos. Los salarios bajaron y la miseria en que se debat\u00edan las masas populares, acorraladas por la usura y la inflaci\u00f3n, las condujo a numerosas huelgas, paros y protestas.<\/p>\n<p>El \u00faltimo cuatrienio de la llamada Hegemon\u00eda Conservadora, instaurada en 1886, se derrumb\u00f3 en las elecciones de 1930, y un miembro del Partido Liberal lleg\u00f3 a la Presidencia de Colombia por primera vez en casi medio siglo.<\/p>\n<p>Pero el liberalismo de Enrique Olaya Herrera, Alfonso L\u00f3pez Pumarejo y otros \u201creformistas\u201d de la \u00e9poca ya se hab\u00eda convertido en lo que es actualmente; una fuerza pol\u00edtica con jurisdicci\u00f3n y mando al servicio de los testaferros del imperialismo. En el caso particular de Olaya Herrera, que gobern\u00f3 con una facci\u00f3n del Partido Conservador hasta 1934, sus actos estuvieron dirigidos a truncar el avance del movimiento obrero y a cumplir al pie de la letra los dict\u00e1menes que hab\u00eda recibido cuando era embajador ante la Casa Blanca. Poco despu\u00e9s de haberse posesionado de su cargo sancion\u00f3 la Ley 37 de 1931, o \u201cley del Petr\u00f3leo\u201d, un conjunto de disposiciones redactadas por George Rublee, asesor del Departamento de Estado, y ese mismo a\u00f1o el se\u00f1or Clarence Folsom, apoderado de los hermanos Mellon, suscribi\u00f3 con el ministro de Industrias del r\u00e9gimen liberal, Francisco J. Chaux, el convenio que retribuy\u00f3 la Concesi\u00f3n Barco a sus antiguos due\u00f1os.<\/p>\n<p>El contrato Chaux Folsom, que obtuvo la bendici\u00f3n del Congreso en marzo de 1931, devolvi\u00f3 a la Colombian Petroleum Company, Colpet, el dominio exclusivo sobre los yacimientos petrol\u00edferos del Catatumbo, y facult\u00f3 a la South American Gulf Oil Company Sagoc, socia de la anterior, para construir el oleoducto Tib\u00fa-Cove\u00f1as. La Colpet, ten\u00eda \u201cderechos de v\u00edas\u201d y \u201cservidumbres\u201d en un \u00e1rea de 187 mil hect\u00e1reas y era libre de utilizar toda la tierra que requiriese para campamentos, tanques, bodegas, instalaciones, caminos tel\u00e9grafos, tel\u00e9fonos, edificios de habitaci\u00f3n, piedras y maderas, \u201cincluyendo la le\u00f1a necesaria\u201d. Pod\u00eda emplear los terrenos \u201cpara hacer potreros para ganados y bestias de servicio y para hacer plantaciones agr\u00edcolas\u201d, al tiempo que la Sagoc quedaba autorizada para usufructuar \u201cuna zona aut\u00f3noma y privilegiada, paralela al oleoducto y sus ramales, de 30 metros de extensi\u00f3n a cada lado de aquel y de estos\u201d. Seg\u00fan los t\u00e9rminos del acuerdo, el erario recib\u00eda el 10% del producto bruto y la familia Barco el 3.5%. La vigencia de la concesi\u00f3n expiraba a los 50 a\u00f1os y a las compa\u00f1\u00edas se les permit\u00eda vender el combustible al gobierno colombiano con los mismos precios de Puerto Arturo, Texas, los m\u00e1s altos del mundo. H.A. Metzger, representante ejecutivo de la Tropical Oil en Bogot\u00e1, exclam\u00f3 al conocer los resultados de la negociaci\u00f3n: \u201cEs el mejor contrato que yo haya visto en Colombia; \u00a1es maravilloso!\u201d.<\/p>\n<p>Diez lustros de pillaje<br \/>\nEn agosto de 1931, una vez \u201crestablecida la confianza de los inversionistas\u201d, la Colpet abri\u00f3 sus oficinas en C\u00facuta y el National City Bank de New York aprob\u00f3 un cr\u00e9dito de 20 millones de d\u00f3lares para el gobierno colombiano. Al a\u00f1o siguiente entraron por los r\u00edos Catatumbo y Sardinata las embarcaciones de la South American Gulf con las primeras herramientas de taladro. Por el ferrocarril de T\u00e1chira y las v\u00edas fluviales que desembocan al Lago de Maracaibo llegaron los equipos de perforaci\u00f3n que luego segu\u00edan por carretera y a la naciente poblaci\u00f3n de Petr\u00f3lea, y miles de despose\u00eddos abandonaron el campo para \u201cengancharse\u201d con la empresa a cambio de una paga miserable. El origen de las luchas de estos obreros se remonta a julio de 1934, durante la llamada \u201chuelga del arroz\u201d, cuando se apoderaron de la planta de energ\u00eda en protesta contra la p\u00e9sima alimentaci\u00f3n que se les descontaba del sueldo todas las quincenas. Cuarenta d\u00edas m\u00e1s tarde se revelaron 400 operarios en solidaridad con un compa\u00f1ero despedido, y poco a poco se fueron echando los cimientos para la creaci\u00f3n del Sindicato de Trabajadores del Catatumbo, Sidelca, que agrupar\u00eda a los asalariados de la Colpet y de la Sagoc.<\/p>\n<p>Por otra parte, a mediados de 1936 los hermanos Mellon vendieron sus acciones en la Colpet a dos compa\u00f1\u00edas norteamericanas, la Mobil Oil y la Texaco, que en 1938 empezaron los trabajos del oleoducto cuando ya se hallaban cerca de 40 pozos perforados. Una peque\u00f1a refiner\u00eda se termin\u00f3 de construir el 2 de octubre de ese a\u00f1o, y en 1939 se inici\u00f3 la explotaci\u00f3n comercial con un promedio de 17 mil barriles diarios.<\/p>\n<p>Durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, el transporte de combustible se torn\u00f3 cada vez m\u00e1s dif\u00edcil para los aliados, y esta circunstancia se reflej\u00f3 de inmediato en la producci\u00f3n del Catatumbo, que en 1942 descendi\u00f3 a menos de la cuarta parte de lo que hab\u00eda sido en 1939. A pesar de que Colombia importaba por aquel entonces m\u00e1s de 34 millones de galones de gasolina, la Colpet orden\u00f3 licenciar a centenares de trabajadores alegando como causales el conflicto b\u00e9lico y la estrechez de las exportaciones. S\u00f3lo despu\u00e9s de 1945 la extracci\u00f3n del crudo de la Concesi\u00f3n Barco volvi\u00f3 a ser lo suficientemente rentable a los ojos de los monopolios del petr\u00f3leo, y en la d\u00e9cada siguiente, de 1951 a 1960, la concesi\u00f3n alcanz\u00f3 el mayor rendimiento de su historia: 26 mil barriles diarios.<\/p>\n<p>Entre tanto, los obreros desafiliaron el sindicato de la UTC en 1959, y en agosto de 1960 se lanzaron a una huelga de 29 d\u00edas exigiendo la derogatoria del sistema de contratistas y de la \u201ccl\u00e1usula de reserva\u201d, una norma que autorizaba a la empresa para despedirlos sin f\u00f3rmula de juicio. Un a\u00f1o despu\u00e9s realizaron multitudinarias manifestaciones callejeras para demandar la nacionalizaci\u00f3n de la Colpet, pero el ministro de Minas de Alberto Lleras Camargo, Hernando Dur\u00e1n Duss\u00e1n, neg\u00f3 reiteradamente la solicitud.<\/p>\n<p>A partir de ese momento declin\u00f3 la producci\u00f3n en forma vertical, y en 1964 la compa\u00f1\u00eda principi\u00f3 a preparar su retirada, vendi\u00f3 los equipos que deb\u00eda transferir sin costo alguno al pa\u00eds; desmantel\u00f3 las instalaciones y dej\u00f3 los pozos exhaustos; elimin\u00f3 los departamentos de taladro y las actividades extractivas y los trabajadores de las cuadrillas de perforaci\u00f3n \u201cfueron trasladados a servir en los clubes, bares, casinos y otras dependencias\u201d.<\/p>\n<p>En tales condiciones estall\u00f3 la huelga de 1971, durante la administraci\u00f3n de Misael Pastrana, que pronto se convirti\u00f3 en un paro c\u00edvico que repudi\u00f3 al consorcio imperialista en todo el Norte de Santander. Los obreros exigieron la reversi\u00f3n de la Concesi\u00f3n y como resultado de las protestas, que se prolongaron por varias semanas, una comisi\u00f3n gubernamental designada en medio del conflicto tuvo que reconocer que la compa\u00f1\u00eda hab\u00eda violado distintas obligaciones del contrato, y entre ellas mencion\u00f3 el no pago de regal\u00edas a la naci\u00f3n, la venta ilegal de muchos materiales y \u201cel mal estado de mantenimiento de los campos petroleros\u201d, de la maquinaria y los equipos de las v\u00edas de acceso y de los pozos\u201d. Por \u00faltimo, el ministro de Minas se vio obligado a promulgar una resoluci\u00f3n en la cual afirmaba que \u201ccab\u00eda declarar la caducidad\u201d del convenio firmado con la Colpet en 1931.<\/p>\n<p>Era tan descarado el abandono de los yacimientos que ni el gobierno pod\u00eda dejar de registrar el hecho. Pastrana amenaz\u00f3 a la Colpet e hizo p\u00fablicas las conclusiones de la comisi\u00f3n tratando de ganar tiempo para desmovilizar el paro c\u00edvico departamental, dividir la huelga y aumentar las medidas represivas. Y una vez conseguidos estos objetivos, el r\u00e9gimen declar\u00f3 que la Colombian Petroleum Company hab\u00eda \u2018subsanado las faltas que se le imputaron en 1971\u2019 y procedi\u00f3 a comprar lo que deb\u00eda revertir gratuitamente al pa\u00eds. El 17 de marzo de 1972, por la suma de 55 mil d\u00f3lares, la Mobil Oil vendi\u00f3 sus acciones en la Concesi\u00f3n Barco al Estado colombiano, y tres a\u00f1os despu\u00e9s, en 1975, Alfonso L\u00f3pez Michelsen recibi\u00f3 los derechos de la Texaco a cambio de hacerse cargo del fondo de jubilaciones de los trabajadores, que ascend\u00eda a una cifra superior a los 700 millones de pesos. Ecopetrol pas\u00f3 a manejar unos campos que entraban en barrena inexorablemente, luego de que las compa\u00f1\u00edas for\u00e1neas, en un lapso de 50 a\u00f1os, extrajeron m\u00e1s de 256 millones de barriles de petr\u00f3leo, distribuidos de la siguiente manera: el 88.25% para la Colpet, el 8.25% para Colombia y el 3.5% para la familia Barco. Este \u00faltimo porcentaje, consignado en New York, arrojaba una renta l\u00edquida de m\u00e1s de 52 mil d\u00f3lares mensuales.<\/p>\n<p>La escandalosa historia de la Concesi\u00f3n Barco, en resumidas cuentas, demuestra que todos y cada uno de los gobiernos liberales y conservadores del presente siglo, sin excluir a ninguno, han representado los intereses del imperialismo yanqui y de un reducido c\u00edrculo de cortesanos que desempe\u00f1an el papel de intermediarios.<\/p>\n<p>El general Virgilio Barco Mart\u00ednez era uno de aquellos favoritos de Palacio que traficaron con el patrimonio del pa\u00eds y crearon una casta olig\u00e1rquica \u00edntimamente vinculada a los monopolios norteamericanos, y su nieto, el frustrado candidato del llerismo para las elecciones de 1982, es en la actualidad uno de los m\u00e1s caracterizados exponentes de ella. Aunque los dos ex mandatarios que patrocinaron la candidatura de Virgilio Barco Vargas intentaron presentarlo como un hombre ajeno a los vicios seculares de la pol\u00edtica colombiana, hoy condensados en Alfonso L\u00f3pez Michelsen, lo cierto fue que lo escogieron en virtud de su larga hoja de servicios a las clases dominantes criollas y a las entidades financieras de los Estados Unidos. La historia de Virgilio Barco, como la de la concesi\u00f3n que lleve su nombre, est\u00e1 hecha con la entrega del pa\u00eds y con la explotaci\u00f3n del pueblo colombiano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El compa\u00f1ero \u00c1lvaro Concha, secretario regional del MOIR en Norte de Santander, escribi\u00f3 recientemente un peque\u00f1o libro titulado La Concesi\u00f3n Barco: s\u00edntesis hist\u00f3rica de la explotaci\u00f3n petrol\u00edfera del Catatumbo, que hemos querido resumir en este n\u00famero de Tribuna Roja, por dos razones principales. 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