{"id":20630,"date":"2005-01-28T19:00:00","date_gmt":"2005-01-28T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2005\/01\/28\/agoniza-el-algodon\/"},"modified":"2005-01-28T19:00:00","modified_gmt":"2005-01-28T19:00:00","slug":"agoniza-el-algodon-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/agoniza-el-algodon-2\/","title":{"rendered":"AGONIZA EL ALGOD\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p>El cultivo de algod\u00f3n es uno de los m\u00e1s importantes de la econom\u00eda nacional. Lleg\u00f3 a cerca de 480.000 toneladas de algod\u00f3n\u2013semilla y gener\u00f3 divisas por 113 millones de d\u00f3lares en su mejor cosecha. Y si aceptamos que el cultivo requiere en promedio la dedicaci\u00f3n de un hombre por hect\u00e1rea, encontramos que en el a\u00f1o de 1977 el algod\u00f3n dio empleo directo a cuatro centenares de miles de personas, adem\u00e1s de incidir sobre distintas, actividades como las de agroqu\u00edmicos, maquinaria, mec\u00e1nica, transporte, empresas de aviaci\u00f3n, sector financiero, comercio, empleos institucionales, etc. A su vez la industria algodonera ha cubierto, desde 1960, pr\u00e1cticamente todos los requerimientos de las ramas textil y de grasas y aceites, con producciones de fibra y semilla hasta por un valor de 12.079 millones de pesos en un a\u00f1o, cifra nada despreciable para nuestra d\u00e9bil econom\u00eda nacional.<\/p>\n<p>Regiones importantes del pa\u00eds vivieron el impacto del desarrollo de este cultivo que convirti\u00f3 a Colombia, desde hace 20 a\u00f1os, de importadora en exportadora de algod\u00f3n. Poblaciones y zonas como Becerril, Codazzi, Bosconia y Casacar\u00e1, en el Cesar; San Juan, Villa Nueva y Fonseca, en la Guajira; Ceret\u00e9 y San Pedro, en C\u00f3rdoba y Sucre; Puerto L\u00f3pez y Granada, en el Meta; Espinal, Armero y Natagaima, en el Tolima, vieron sus calles colmadas de tractores y camiones. Miles de cosecheros atravesaron el pa\u00eds del interior a la Costa y de la Costa al interior para recolectar la blanca mota que luego, en caravanas interminables de veh\u00edculos, ser\u00eda conducida a las plantas desmotadoras y despu\u00e9s, en pacas, entregada a las compa\u00f1\u00edas textileras o puesta en los barcos para su exportaci\u00f3n. Miles de hect\u00e1reas fueron arrancadas a la selva o a las ci\u00e9nagas y convertidas en productivas empresas agr\u00edcolas. El oro blanco llev\u00f3 prosperidad a doce departamentos colombianos. Y hasta un enjambre de bares y cantinas abri\u00f3 sus puertas al jolgorio en los diferentes municipios. Pero ese auge se interrumpi\u00f3 bruscamente en su mejor momento, 1977.<\/p>\n<p>Empieza la ruina<br \/>\nEn 1977 se sembraron 115.000 hect\u00e1reas de algod\u00f3n en el interior del pa\u00eds (Meta, Tolima, Huila, Valle del Cauca y Cundinamarca) y 283.015 en los departamentos de la Costa Atl\u00e1ntica, cifras no alcanzadas antes en Colombia. La espectacular marcha algodonera vino a estrellarse contra una serie de obst\u00e1culos y errores que marc\u00f3 el comienzo de la crisis generada desde aquel a\u00f1o, y que hoy presenta una situaci\u00f3n desoladora; cantidad de peque\u00f1os y medianos agricultores quebrados y sacados de sus fundos; multitud de asalariados cesantes entre tractoristas, choferes, raleadores, cosecheros, innumerables empresas de fumigaci\u00f3n, de mec\u00e1nica y de expendio de insumos, retiradas del mercado, y profesionales sin trabajo. Todos mirando c\u00f3mo la bancarrota se propaga y c\u00f3mo las medidas del gobierno lo \u00fanico que hacen es prolongar la agon\u00eda y si acaso despertar un poco de esperanza en los m\u00e1s ilusos.<\/p>\n<p>Veamos las causas:<\/p>\n<p>1. La err\u00e1tica pol\u00edtica oficial que, a trav\u00e9s de una serie de resoluciones de los Ministerios de Agricultura, Salud y Hacienda y de la Junta Monetaria, afect\u00f3 de diversas formas la industria algodonera.<br \/>\n2. La disminuci\u00f3n de los precios internacionales del algod\u00f3n desde 86 centavos de d\u00f3lar por libra en puerto de Liverpool (promedio en marzo de 1977), a 59 centavos en diciembre del mismo a\u00f1o.<br \/>\n3. La escasez y la baja calidad de los agroqu\u00edmicos, lo cual hizo necesario un n\u00famero desmesuradamente alto de aplicaciones de insecticidas inadecuados que rompieron el equilibrio biol\u00f3gico y aumentaron la resistencia natural de las plagas.<br \/>\n4. El comportamiento clim\u00e1tico anormal que afect\u00f3 seriamente el cultivo.<br \/>\n5. Las constantes e inmoderadas alzas de los agroqu\u00edmicos, de la maquinaria y los repuestos, del transporte y el combustible, cuyos suministros est\u00e1n, fundamentalmente, en manos de los monopolios imperialistas.<\/p>\n<p>Resultados inevitables de los cinco factores anotados fueron la baja en la productividad, el aumento de los costos y las p\u00e9rdidas cuantiosas que sufrieron los algodoneros. El rendimiento nacional disminuy\u00f3 de 1.350 kilogramos por hect\u00e1rea, promedio de las cosechas anteriores durante m\u00e1s de 20 a\u00f1os, a 924. Los costos del cultivo subieron a 36.866 pesos por hect\u00e1rea, con un incremento del 34 por ciento. El precio pagado al agricultor colombiano descendi\u00f3 en cambio en un 14 por ciento. En 1977 todo ello caus\u00f3, seg\u00fan la estimaci\u00f3n de las agremiaciones, p\u00e9rdidas para el pa\u00eds por un valor de 6.000 millones de pesos y para las asociaciones un d\u00e9ficit de cartera de 1.600 millones por la venta de insumos a los agricultores.<\/p>\n<p>Pidiendo ox\u00edgeno<br \/>\nLos algodoneros elevaron repetidas solicitudes al gobierno para que les arrojara una tabla de salvaci\u00f3n. Propon\u00edan la refinanciaci\u00f3n de 83.100 millones a cinco a\u00f1os, mientras el sector absorb\u00eda el resto. Ped\u00edan asimismo una serie de medidas como el restablecimiento del CAT al nivel del 12%; la eliminaci\u00f3n de los grav\u00e1menes en el certificado de cambio algodonero; la compensaci\u00f3n de precios a la exportaci\u00f3n; el control de la importaci\u00f3n de aceites comestibles con el fin de proteger la producci\u00f3n nacional de oleaginosas y la fijaci\u00f3n de precios internos para la fibra y la semilla en relaci\u00f3n con los costos de producci\u00f3n, am\u00e9n de otras medidas de orden cambiario y tecnol\u00f3gico. Esto permitir\u00eda, seg\u00fan las agremiaciones, rehabilitar al agricultor y oxigenar de nuevo la actividad.<\/p>\n<p>Las disposiciones del gobierno constituyeron simples paliativos proyectados a corto plazo. Para los agricultores que demostraran p\u00e9rdidas se estipularon pr\u00e9stamos del Fondo Financiero Agropecuario por 1.200 millones de pesos, con plazos de dos a\u00f1os e intereses del 9%. Para las agremiaciones, refinanciaci\u00f3n por Proexpo de 680 millones al 10% anual, plazo de 24 meses y amortizaci\u00f3n a partir del d\u00e9cimoquinto mes. Se increment\u00f3 el CAT del 1% al 5% y se fij\u00f3 un mecanismo de compensaci\u00f3n para las exportaciones de algod\u00f3n del 2% del valor FOB de \u00e9stas (estimulo que fue ampliado al 10% en junio de 1978).<\/p>\n<p>Si bien Federalgod\u00f3n dice que \u201cse le plante\u00f3 al gobierno nacional que el tama\u00f1o del desastre requer\u00eda de medidas m\u00e1s de fondo, acordes con la envergadura de la crisis\u201d, la realidad es que el Estado no puede brindar soluci\u00f3n para los productores; porque sencillamente no representa los intereses nacionales sino los del saqueo imperialista, y ha beneficiado y seguir\u00e1 beneficiando a los grandes monopolios extranjeros y a la gran burgues\u00eda importadora que recogen siempre los frutos de las medidas oficiales. La demora en la aplicaci\u00f3n de las discutibles disposiciones buscaba adem\u00e1s golpear a los d\u00e9biles y beneficiar a los que lograran sobrevivir, que, indudablemente, eran los grandes algodoneros, d\u00e1ndose as\u00ed una gran concentraci\u00f3n del cultivo y del control de las agremiaciones.<\/p>\n<p>Especulaci\u00f3n de los financistas<br \/>\nSe puede resumir lo ocurrido en las posteriores cosechas, del 78 al 80, con lloriqueos del presidente ejecutivo de Conalgod\u00f3n, Hugo Mazuera Erazo, en su carta del 9 de junio de 1981 al ministro de Agricultura: \u201cEn la cosecha de 1977 los algodoneros sufrieron su mayor crisis desde cuando Colombia se convirti\u00f3 en exportador neto de este producto. A esta crisis se le dieron soluciones que contemplaron refinanciaciones de cr\u00e9dito, a personas naturales y a las asociaciones de productores, a un plazo excesivamente corto en relaci\u00f3n con su cuant\u00eda y con la esperada rentabilidad del cultivo. En esta forma la situaci\u00f3n financiera de los agricultores y sus agremiaciones qued\u00f3 seriamente comprometida para las siguientes cosechas, al tener que adicionar a sus crecientes costos de producci\u00f3n las obligaciones por cr\u00e9dito refinanciado a 1, 2, y 3 a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201cEn 1979, la cosecha tambi\u00e9n fue desfavorable y los ingresos no alcanzaron a cubrir los costos de la producci\u00f3n. La cosecha de 1980 fue favorable en cuant\u00eda comparable con las p\u00e9rdidas que nuevamente se han presentado en este a\u00f1o de 1981. En verdad esta crisis que vivimos ahora tal vez no justifica, por s\u00ed misma, la concurrencia del gobierno para ayudar a superarla, pues el algodonero conoce que sus actividades son de alto riesgo y est\u00e1 dispuesto a acudir a sus reservas para probar suerte cultivando otra vez. Pero en esta ocasi\u00f3n las p\u00e9rdidas de la \u00faltima cosecha han encontrado a los algodoneros y a sus asociaciones sin reserva, con su capacidad de endeudamiento saturada, con deudas vencidas o de inmediato vencimiento, sin posibilidad de ser atendidas, en raz\u00f3n de la carga que arrastran desde 1978.<\/p>\n<p>\u201cLos cultivadores recibieron financiaciones de corto plazo para sus deudas de 1977, que pronto se convirtieron en pr\u00e9stamos de cartera ordinaria con altos intereses\u201d.<br \/>\nA pesar de las peticiones y de las lamentaciones, los agricultores cayeron en las garras del capital financiero. As\u00ed tenemos por ejemplo que los gremios algodoneros presentan actualmente pasivos con Proexpo que superan los 1.500 millones de pesos, auque han cancelado 612 millones de capital y 711 millones de intereses, cifras en conjunto superiores a la deuda original. De otro lado, la cuenta de los afiliados con las asociaciones es hoy de 1.677 millones de pesos cuando inicialmente era de 1.525 millones.<\/p>\n<p>Exportaciones a p\u00e9rdida<br \/>\nEl desplazamiento de la producci\u00f3n de textiles a regiones con mejor tecnolog\u00eda y con ventajas comparativas sobre Colombia, como Taiw\u00e1n y Corea del Sur; la p\u00e9rdida paulatina de mercados para la exportaci\u00f3n de telas e hilazas; el contrabando creciente de tejidos y confecciones y las medidas proteccionistas de Estados Unidos para su industria de fibra, son aspectos que acrecientan las dificultades de nuestra industria textil. F\u00e1bricas importantes como Celanese, quiebra definitivamente y casi todas las empresas del ramo han despedido gran n\u00famero de trabajadores.<\/p>\n<p>\u201cLa industria textil que compr\u00f3 39.000 toneladas de algod\u00f3n en la cosecha pasada, s\u00f3lo ofrece comprar16.000 en esta ocasi\u00f3n y a un precio inferior en m\u00e1s de un 20% del que rigi\u00f3 en esa misma \u00e9poca\u201d, denuncia un comunicado de las agremiaciones algodoneras publicado en la prensa nacional el d\u00eda 9 de diciembre de 1981.<\/p>\n<p>Las \u00faltimas medidas oficiales (resoluciones 690 y 691 de Minagricultura en diciembre pasado), ordenan a la Distribuidora de Algod\u00f3n Nacional, Diagonal, pagar a 110 mil pesos la tonelada de fibra, pero le aceptan que solamente compre 16.600 toneladas. Seg\u00fan esta determinaci\u00f3n el 60% de la producci\u00f3n algodonera deber\u00e1 colocarse en el mercado internacional, en el cual los productores colombianos tienen grandes desventajas y p\u00e9rdidas, pues de acuerdo con los precios y el cambio de moneda, nuestro algod\u00f3n no es competitivo. A eso debe a\u00f1adirse que la cotizaci\u00f3n tiende a la baja por las altas cosechas logradas en los Estados Unidos, Rusia, China y dem\u00e1s grandes productores de la fibra.<\/p>\n<p>Seg\u00fan lo fijado por el gobierno y conforme a los guarismos de Liverpool, la tonelada de algod\u00f3n\u2013semilla, valdr\u00eda 45.910 pesos en los primeros d\u00edas de 1982 en el mercado nacional y s\u00f3lo 39.227 en el mundial, incluida la bonificaci\u00f3n del 9% del CAT. Adem\u00e1s, a este precio de exportaci\u00f3n abr\u00eda que hacerle con plena seguridad grandes descuentos, hasta de diez mil pesos por tonelada, por concepto de clasificaci\u00f3n de la fibra, costos de almacenamientos, seguros y comisiones, todo lo cual redundar\u00e1 en una menor liquidaci\u00f3n definitiva para el algodonero.<\/p>\n<p>\u201cEl aumento a 110.000 pesos ordenado por el gobierno para la tonelada de fibra (o sea el algod\u00f3n desmotado, limpiado y empacado) ayuda algo pero de todas maneras son precios de ruina, por las condiciones en que nos toca trabajar en Colombia\u201d, concluye un directivo de la Federaci\u00f3n Nacional de Algodoneros.<\/p>\n<p>En manos de los graseros<br \/>\nEl mercado de las semillas es m\u00e1s ca\u00f3tico a\u00fan. Si bien el gobierno ha establecido 13.000 pesos por tonelada, el agricultor queda en la pr\u00e1ctica a merced de los graseros. Estos reciben la cantidad de semilla que quieran; clasifican y valoran a su antojo el producto y, para colmo, lo cancelan cuando les provoca.<br \/>\nSobre tales hechos son ampliamente conocidas las frecuentes protestas de los cultivadores de algod\u00f3n y de soya del Valle del Cauca, en contra de los atropellos de los pulpos de la industria de grasas y aceites de Colombia, los cuales, amparados por el Ejecutivo, efect\u00faan permanentes y masivas importaciones de aceites. \u201cLa industria estuvo importando aceites crudos durante todo el a\u00f1o y tiene almacenado en cantidad suficiente para abastecer el pa\u00eds por 8 meses sin contar el que est\u00e1 en camino. Incluso consiguieron autorizaci\u00f3n recientemente para importar 14.000 toneladas de trigo y soya\u201d, se\u00f1ala Conalgod\u00f3n en su documento interno \u201cSituaci\u00f3n del cultivo de algod\u00f3n, septiembre de 1981\u201d.<\/p>\n<p>S\u00f3lo hay un camino<br \/>\nLa conjugaci\u00f3n de circunstancias adversas, como dr\u00e1sticas alteraciones del clima; bajos precios internacionales; escasez, mala calidad y encarecimiento de los insumos; dificultades financieras y costo creciente de los pr\u00e9stamos, y una desastrosa pol\u00edtica gubernamental, han llevado al sector algodonero a una situaci\u00f3n extremadamente grave, que puede convertir al pa\u00eds, en el curso de poco tiempo, en importador de la fibra.<\/p>\n<p>\u201cEl problema es tan grande, dec\u00eda un dirigente gremial interrogado por El Heraldo, de Barranquilla, y es tanto lo que hemos hecho por llamar la atenci\u00f3n del gobierno sobre esta crisis, que si no salen medidas eficaces nos veremos obligados a entregar al Estado las asociaciones para que se haga cargo de ellas\u201d.<\/p>\n<p>Se sabe de la devoluci\u00f3n al Idema de 40% del equipo de desmote en la Costa Atl\u00e1ntica, el resto del cual se entregar\u00e1 al finalizar la cosecha de este a\u00f1o. Se redujo el \u00e1rea general de siembra a s\u00f3lo 102.000 hect\u00e1reas inscritas para la cosecha 1981-1982, con casos tan alarmantes como la disminuci\u00f3n de 30.000 a 2.000 hect\u00e1reas en el departamento del Meta y de 60.000 a 3.000 en C\u00f3rdoba. Se conoce tambi\u00e9n que los algodoneros han tenido que feriar la maquinar\u00eda agr\u00edcola, las fincas, las casas y los veh\u00edculos, cuando no son v\u00edctimas de los embargos, remates y desahucios.<\/p>\n<p>Igualmente, se est\u00e1 dando en forma acelerada la concentraci\u00f3n de la propiedad de la tierra en esas zonas, la conversi\u00f3n de gran cantidad de empresas agr\u00edcolas en ganader\u00edas extensivas, el enriquecimiento de buen n\u00famero de intermediarios y el aumento en las utilidades de los usureros de todos los pelambres, tanto bancarios como extra-bancarios.<br \/>\nEl problema ha llegado tan hondo que los agricultores empiezan a tomarse las calles de los municipios algodoneros y las carreteras troncales, bloque\u00e1ndolas con tractores y remolques, como ocurri\u00f3 en 1981 en Espinal y Natagaima y como amenazaron los algodoneros de la Costa y del Meta. Y d\u00eda llegar\u00e1 en que la masa de empresarios amenazados de ruina entienda que con el r\u00e9gimen social imperante no s\u00f3lo padece hambre y miseria el desempleado sino tambi\u00e9n el que trabaja y que hay que organizarse decididamente y unirse a quienes combaten por derrocar a los opresores y construir una naci\u00f3n libre y democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>La lecci\u00f3n es muy clara: si en la mejor \u00e9poca del cultivo hubo descalabros para tantos, nada positivo se puede esperar en momentos de dificultad. El clima y las plagas son factores que influyen en los problemas de los cultivadores, es cierto, pero la causa fundamental est\u00e1 en el saqueo de un imperialismo voraz y en los manejos de un gobierno corrompido y cruel.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cultivo de algod\u00f3n es uno de los m\u00e1s importantes de la econom\u00eda nacional. 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