{"id":20590,"date":"2005-01-27T19:00:00","date_gmt":"2005-01-27T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2005\/01\/27\/en-la-costa-atlantica-la-negra-historia-del-tabaco-negro\/"},"modified":"2005-01-27T19:00:00","modified_gmt":"2005-01-27T19:00:00","slug":"en-la-costa-atlantica-la-negra-historia-del-tabaco-negro-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/en-la-costa-atlantica-la-negra-historia-del-tabaco-negro-2\/","title":{"rendered":"EN LA COSTA ATL\u00c1NTICA: LA NEGRA HISTORIA DEL TABACO NEGRO"},"content":{"rendered":"<p>Para los cosecheros del tabaco de la Costa Atl\u00e1ntica parece que el tiempo no hubiera transcurrido. All\u00ed este producto a\u00fan se rige por m\u00e9todos de cultivo y formas de elaboraci\u00f3n y de comercio propios del pasado. Sembrar la hoja no ha dejado de ser un riesgo funesto. Sin tierra, sometidas a las vetustas relaciones de aparcer\u00eda y a los \u201cadelantos\u201d, sistema de pago establecido desde 1856, diez mil familias de campesinos pobres est\u00e1n condenadas a trabajar como siervos y comprometidas de antemano a entregar la cosecha por los exiguos precios que fijan unilateralmente las firmas exportadoras.<\/p>\n<p>Hace poco m\u00e1s de un siglo, el tabaco figuraba entre los principales productos de exportaci\u00f3n del pa\u00eds, al lado de la quina, el oro y los sobreros. Hoy es apenas un rengl\u00f3n en las exportaciones menores. En los departamentos de Bol\u00edvar, Magdalena y Sucre se cultivan anualmente diez mil hect\u00e1reas, con una producci\u00f3n de 15 mil toneladas, de las cuales el 97 por ciento se destina a los mercados internacionales. Las compa\u00f1\u00edas que lo alistan y comercian ocupan cinco mil obreros. Estos asalariados laboran a destajo cerca de seis meses al a\u00f1o. Su remuneraci\u00f3n es irrisoria y de ella tienen que sobrevivir largas temporadas sin empleo. Mientras tanto, las empresas no han cesado de obtener en los \u00faltimos a\u00f1os ping\u00fces ganancias. En el solo periodo de 1980 a 1981, vendieron en el exterior el kilo de tabaco aproximadamente a 106 pesos, cuando a los campesinos se lo compraron a un promedio de 25 pesos.<\/p>\n<p>Tama\u00f1o despojo se refleja en la miseria de los pueblos de la zona tabacalera. El Carmen y Ovejas, el primero municipio de Bol\u00edvar y el segundo de Sucre, son poblaciones que reviven apenas durante el lapso de la cosecha. En menor medida, el fen\u00f3meno se palpa en los municipios cercanos de San Jacinto, Plato, Zambrano, San Juan, San Pablo y Palmitos. Inmediatamente finaliza el proceso de 7 meses de recolectar, secar, alisar, clasificar y empacar, viene la desocupaci\u00f3n forzosa; la mitad de los almacenes cierra sus puertas, crece la lista de los alimentos fiados en las tiendas y los hombres viajan a buscar el jornal en otras regiones, incluso Venezuela. Los empresarios humillan a las mujeres que les piden anticipos y las que los reciben se ven obligadas a compromete su trabajo futuro por recortados estipendios. No hace mucho, en Ovejas y en El Carmen de Bol\u00edvar era frecuente que los patronos, luego de prestar a las obreras dos o tres mil pesos propusieron desvergonzadamente \u201c\u00a1con tu hija me los pagar\u00e1s!\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEl Carmen de Bol\u00edvar, productora de d\u00f3lares\u201d, dice una valla a la entrada del m\u00e1s antiguo centro tabacalero de la Costa, un viejo pueblo de calles polvorientas y desiguales que carece de servicios durante la mayor parte del a\u00f1o. En el verano se llega a pagar hasta 60 pesos por un tarro de agua maloliente. Las madres bendicen al cielo cuando sus hijos llegan a los cinco a\u00f1os sin haber perecido por las infecciones y las enfermedades gastrointestinales. Ciertamente lo \u00fanico que ha acopiado El Carmen de Bol\u00edvar, despu\u00e9s de ciento treinta y cinco a\u00f1os de cultivar tabaco, ha sido la pobreza con todas sus tr\u00e1gicas secuelas.<\/p>\n<p>La accidentada trayectoria de la solan\u00e1cea<br \/>\nEl tabaco fue un arbusto desconocido para el Viejo Mundo hasta el descubrimiento de Am\u00e9rica. Originario de las Antillas, las comunidades ind\u00edgenas precolombinas lo aprovechaban con fines medicinales. Adem\u00e1s practicaron la costumbre de mascar y fumar sus hojas o de aspirar el polvo que de ellas extra\u00edan.<\/p>\n<p>Se relata que en 1518 el misionero espa\u00f1ol fray Romano Pane remiti\u00f3 a Carlos V semillas de la planta, que el emperador mand\u00f3 a sembrar. Desde entonces se cuenta la introducci\u00f3n de la solan\u00e1cea a Europa. Al navegante, pol\u00edtico y poeta ingl\u00e9s Sir Walter Releigh, colonizador de la Guyana y fundador de la colonia de Virginia en territorio norteamericano, c\u00fapole la distinci\u00f3n de impulsar la costumbre de fumar en Inglaterra. Aunque la man\u00eda de inhalar humo se conoc\u00eda en la milenaria China, mediante la utilizaci\u00f3n del c\u00e1\u00f1amo especialmente preparado en preciosos recipientes, le correspondi\u00f3 al tabaco allanar el camino para que aquel h\u00e1bito se impusiera en los continentes. Las terribles condenas que pesaron sobre los primeros adictos \u2013 en Rusia se les castigaba con la amputaci\u00f3n de la nariz- no lograron impedir su propagaci\u00f3n. La Rep\u00fablica Popular China, Estados Unidos, India, Brasil, la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, Turqu\u00eda, Jap\u00f3n y Bulgaria, son hoy, en este orden, los mayores productores de la planta. Colombia ocup\u00f3 en 1979 el puesto 17 entre los pa\u00edses cosechadores, con un total de 63.000 toneladas.<\/p>\n<p>Siete gigantescas compa\u00f1\u00edas monopolizan en la actualidad el mercado de los cigarros y los cigarrillos en el orbe. Se trata de la British American Tobacco, la Imperial, Tobacco Company, la Philip Morris (fabricante de Marlboro), la R.J. Reynolds, la Gulf and Western, el Grupo Rembrandt Rothmans y la American Brands. Estos pulpos, que surgieron a finales del siglo pasado, controlan aproximadamente nueve d\u00e9cimas partes de todo el tabaco elaborado en Occidente.<\/p>\n<p>Durante la Colonia, en la medida en que el negocio se iba consolidando, la Corona Espa\u00f1ola estableci\u00f3 controles al cultivo y al comercio de la hoja en la Nueva Granada. La explotaci\u00f3n del entonces llamado \u201ctabaco de humo\u201d hab\u00eda llevado cierta prosperidad a las provincias de Socorro, V\u00e9lez, Cauca, Antioquia y Mompox, y a las regiones de Oca\u00f1a, Honda y Ambalema. Mientras tanto, Espa\u00f1a estaba acosada por sus cuantiosas deudas externas y cercada militar y econ\u00f3micamente por Inglaterra y Francia. En esta situaci\u00f3n la metr\u00f3poli aument\u00f3 la expoliaci\u00f3n de sus posesiones de ultramar. A mediados del siglo XVIII, Carlos III implant\u00f3 los denominados estancos. El aplicado al tabaco fue a lo largo y ancho del imperio hispano, uno de los que mayores ingresos le report\u00f3 a la Real Hacienda.<\/p>\n<p>A causa de las inicuas cortapisas que obstru\u00edan el desarrollo, los cultivadores y comerciantes se levantaron en numerosas ocasiones contra las autoridades espa\u00f1olas. En el movimiento comunero de 1781, los tabacaleros, al lado de las resueltas huestes de Gal\u00e1n, ocuparon un puesto digno de menci\u00f3n. Casi cien a\u00f1os despu\u00e9s, a mediados del siglo XIX, el tabaco ser\u00eda de nuevo un decisivo factor en la vida de la naciente Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Desde 1854 y hasta 1874 figur\u00f3 a la cabeza de los principales productos de exportaci\u00f3n y que m\u00e1s divisas le generaban a Colombia. Ambalema y Honda, en las llanuras del Tolima, constitu\u00edan cabeceras de importantes plantaciones. Los aletargados pueblos nacidos durante la Conquista reverdecieron con la prosperidad tra\u00edda por el comercio del tabaco. La navegaci\u00f3n por el r\u00edo Magdalena se moderniz\u00f3 con la introducci\u00f3n de poderosos vapores y el pa\u00eds comenz\u00f3 a romper el enclaustramiento y a ponerse en contacto con determinados inventos venidos de Norteam\u00e9rica y Europa. A estos adelantos contribuy\u00f3 en no poca medida la abolici\u00f3n del monopolio del tabaco, conseguida bajo la administraci\u00f3n de Jos\u00e9 Hilario L\u00f3pez, en 1850, luego de ser derrotadas las fuerzas retardatarias que se beneficiaban de aquel privilegio. Otra consecuencia del apogeo de la explotaci\u00f3n de la hoja fue la aparici\u00f3n de algunos n\u00facleos precursores del proletariado colombiano. En Ambalema, por ejemplo, se instalaron las llamadas \u201ccasas de ali\u00f1os\u201d, con concentraciones de hasta 500 trabajadores, donde se manufacturaban los cigarros.<\/p>\n<p>El tabaco colombiano lleg\u00f3 a cotizarse exitosamente en la bolsa de Londres. Pero la competencia de calidades mejoradas y las trabas aduaneras de algunos pa\u00edses europeos, los altos grav\u00e1menes internos y la insuficiencia de los mercados dom\u00e9sticos hicieron que el ef\u00edmero auge en la explotaci\u00f3n de la planta llegara a su fin. Desde entonces pas\u00f3 a ser un rengl\u00f3n secundario.<\/p>\n<p>Todav\u00eda bajo la noche feudal<br \/>\nA comienzos de este siglo en Colombia se inici\u00f3 la industrializaci\u00f3n del tabaco; sin embargo, su cultivo contin\u00faa entrabado por los mismos m\u00e9todos primitivos que se empleaban en la Colonia. En peque\u00f1os fundos, por lo general menores de 2 hect\u00e1reas, los tabacaleros laboraban infatigable y desesperanzadamente. \u201cLa vida del cosechero, tanto antes como ahora ha sido angustiosa. Las ganancias son para el terrateniente, el intermediario y los explotadores\u201d, dice un anciano que se dedic\u00f3 siempre a estos menesteres. Con la rabia y la amargura asomadas en su rostro curtido, explica, mientras se\u00f1ala la inmensa llanura tapizada de pastos: \u201cNuestra suerte es injusta y cruel. Somos miles de campesinos errantes que hemos trabajado estas regiones. Con nuestras manos derribamos la selva y domesticamos las sabanas; y luego los terratenientes nos arrebataron las tierras. Desde entonces hemos estado sometidos a sus infamias\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, solamente una contada minor\u00eda es due\u00f1a de sus parcelas. Las estad\u00edsticas oficiales registran como propietarios a los usuarios de las empresas comunitarias, en las que realmente el derecho de propiedad les ha sido burlado por el Estado. El resto de los labriegos, miles de familias, vaga errante, cual primitivas tribus n\u00f3madas. Terminadas las faenas, desbaratan sus caneyes que son unos grandes boh\u00edos rectangulares, sin paredes y con techos de palma amarga que llegan hasta el suelo, en los cuales secan las hojas y en donde reservan un peque\u00f1o rinc\u00f3n para dormir. Luego, con sus escasas pertenencias a cuestas, emprenden una incierta marcha a pie, en b\u00fasqueda de un nuevo terru\u00f1o para arrendar.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del sup\u00e9rstite sistema de aparcer\u00eda, los latifundistas les entregan a los campesinos, peque\u00f1as extensiones denominadas \u201ccuarterones\u201d, con la contraprestaci\u00f3n de que una vez cumplido el ciclo productivo del tabaco, las devuelvan cubierta de pastos, para sus vacadas. Sin recursos monetarios suficientes, ni maquinaria, los siervos tienen que doblar su espinazo de sol a sol, acompa\u00f1ados por sus mujeres y sus peque\u00f1os, para cancelar con esta prestaci\u00f3n personal la obligaci\u00f3n contra\u00edda de extender los potreros de los d\u00e9spotas del campo.<\/p>\n<p>Otros, los arrendatarios, pagan altas sumas por el terraje. En \u00e9poca de elecciones los gamonales exigen hasta 30 c\u00e9dulas a cambio de ceder una hect\u00e1rea. Estas ataduras han provocado en el pasado enconadas luchas. Entre las m\u00e1s recientes sobresalen las libradas, por los aparceros de Sucre, quienes entre 1970 y 1973 efectuaron m\u00e1s de 300 invasiones. En 1972, en El Carmen de Bol\u00edvar, los arrendatarios, que generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n hab\u00edan trabajado medio siglo para los terratenientes de las haciendas \u201cLa Soledad\u201d y \u201cbuenos Aires\u201d, protagonizaron una batalla tenaz por conquistar la tierra, en la que varios de los cultivadores fueron vilmente asesinados.<\/p>\n<p>Como respuesta del gobierno, miles de trabajadores fueron ape\u00f1uscados en empresas comunitarias, despu\u00e9s de que el Incora les comprara a los latifundistas los peores suelos por mucho m\u00e1s de lo que en realidad val\u00edan. Para principios de la d\u00e9cada del 70, en los departamentos de Bol\u00edvar, C\u00f3rdoba y Sucre se concentraba el 50 por ciento de aquellos proyectos de la demag\u00f3gica reforma agraria del r\u00e9gimen olig\u00e1rquico. Hoy, la inmensa mayor\u00eda de tales concentraciones agr\u00edcolas, en muchas de las cuales se cultiva el tabaco, est\u00e1 en la ruina. En la finca \u201cLa Esperanza\u201d, del Carmen de Bol\u00edvar, por ejemplo, donde se asentaron quince empresas comunitarias, solo una logra a\u00fan subsistir con muchas dificultades, 4 desaparecieron por quiebra y en los 10 restantes el Incora hace esfuerzos desesperados por reagruparlas y mantenerlas. Acorralados por la bancarrota y por los cobros apremiantes, centenares de labriegos han tomado conciencia del enga\u00f1o oficial y les han dado la espalda.<\/p>\n<p>La penosa existencia de los cosecheros<br \/>\nDesde los primeros d\u00edas de febrero, los hombres m\u00e1s fuertes pican y preparan los terrenos. En abril se disponen los semilleros. Los menores se encargan de regar los esquejes y de mantener h\u00famedos los surcos. Tienen que traer el agua desde lejanos jag\u00fceyes, apoyando sobre sus hombros los balancines con las vasijas. En mayo y en junio toda la familia, m\u00e1s los jornaleros contratados, se dedican a la siembra, que realizan a mano. Tambi\u00e9n a mano irrigan y recogen la hoja.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima faena se completa de agosto a diciembre y h\u00e1llase a cargo de los hombres. Las mujeres y los ni\u00f1os son los responsables de clasificar las hojas seg\u00fan su calidad y de ensartarlas en cabuyas, que luego los mayores guindan en hileras bajo el techo del caney. Con el objeto de acelerar el secado los campesinos prenden hogueras; grandes y peque\u00f1os se turnan d\u00eda y noche para alimentar y vigilar el fuego. Concluida la operaci\u00f3n, la familia arma los mazos, los empaca por bultos y los entrega finalmente a los corredores o intermediarios de las exportadoras. Por todas estas meticulosas tareas, el tabaco ha sido considerado un quehacer artesanal, \u201cen el cual pr\u00e1cticamente hay que fabricar hoja por hoja\u201d.<\/p>\n<p>Seg\u00fan cifras del Ministerio de Agricultura, en 1978 el tabaco negro es el cultivo que ocupa el mayor n\u00famero de jornales por hect\u00e1rea. Mientras al caf\u00e9 se le calculan 124, a los frutales 150, a la ca\u00f1a panelera 120, a la yuca 100, a la papa 110, al algod\u00f3n 60, aquel requiere 300 jornales anuales.<\/p>\n<p>A pesar de lo duro, lo prolongado y absorbente de su trabajo, los ingresos que obtienen los campesinos pobres apenas les alcanzan para sobrevivir con una raci\u00f3n diaria de arroz, \u00f1ame y yuca. Los vegueros, sin un c\u00e9ntimo de ahorro, siempre negados de cr\u00e9dito, se hallan inexorablemente en las garras de los corredores mencionados, a trav\u00e9s de los cuales los empresarios les adelantan v\u00edveres, ropas y diversos utensilios, y los comprometen a entregar la cosecha a precios bajos fijados arbitrariamente. Los compradores califican a su antojo la hoja y adulteran las romanas en que pesan los bultos de mazos. A los agricultores se les recibe la mayor\u00eda de su tabaco como si fuera \u201cjamiche\u201d, que es de tercera calidad, y en m\u00ednimas proporciones como \u201ccapote\u201d, que es el de segunda, o \u201ccapa\u201d, que es el de primera. Adem\u00e1s, los precios dif\u00edcilmente se incrementan y, en algunos a\u00f1os, por el contrario, se han reducido. Mientras en 1972 las cotizaciones de la primera, segunda y tercera categor\u00eda fueron respectivamente de 18, 15 y 12 pesos por kilo, cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde los pagos para esas mismas clasificaciones bajaron a 16, 13 y 10 pesos. En 1980, la \u201ccapa\u201d se cancel\u00f3 a 35 pesos, el \u201ccapote\u201d a 25 y el \u201cjamiche\u201d a 16, y para 1981 los sembradores no obtendr\u00e1n aumentos sustanciales.<\/p>\n<p>Es tal la bancarrota, que el ICA, en una evaluaci\u00f3n hecha en las sabanas de Sucre, calcul\u00f3 que los tabacaleros hab\u00edan perdido 920 pesos por hect\u00e1rea sembrada en 1977. Merced a los procedimientos anacr\u00f3nicos y al empleo de la fuerza de trabajo no remunerada de sus mujeres y de sus hijos, los cosecheros apegados a la costumbre y sin otra alternativa, a\u00fan se aventuran en la siembra del tabaco.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica tradicional del gobierno para esta labranza ha sido la de no otorgar cr\u00e9dito a sus cultivadores. En la Costa, en 1976, a tiempo que las exportadoras repartieron 45 millones de pesos en anticipos, la Caja Agraria apenas suministr\u00f3 3 millones en pr\u00e9stamos a los campesinos.<\/p>\n<p>Vale la pena recordar que en 1973, en Sucre, como respuesta a la fuerte presi\u00f3n de los aparceros sobre los latifundistas y al grave problema del desempleo, el Incora dise\u00f1\u00f3 un plan de emergencia que contemplaba amplios cr\u00e9ditos. Se present\u00f3 entonces una superproducci\u00f3n y los exportadores, amos absolutos del mercado, aprovecharon el momento para disminuir dr\u00e1sticamente los precios. Hubo ocasiones en que benefici\u00e1ndose de la bonanza, pagaban a peso el kilo de tabaco. De vereda en vereda, cultivadores iracundos fueron aunando su inconformidad. En El Carmen de Bol\u00edvar, en Ovejas, en Palmitos, se protagonizaron combativas manifestaciones en las que, por indignaci\u00f3n contra el gobierno, los campesinos quemaron arrumes de pacas de tabaco.<\/p>\n<p>Sacando lecciones de estas amargas experiencias, los tabacaleros coste\u00f1os empiezan a enrumbarse por nuevos caminos. Ahora se organizan en ligas campesinas, cuya orientaci\u00f3n y manejo est\u00e1n bajo su control, sin ninguna injerencia del Incora ni del gobierno. Adem\u00e1s incitan a la lucha por la tierra y proyectan diversificar su producci\u00f3n buscando sacudirse el yugo centenario.<\/p>\n<p>Las contiendas de los proletarios<br \/>\nEl 80 por ciento de los cinco mil obreros que alisan la hoja en las factor\u00edas esparcidas a lo largo de la zona tabacalera coste\u00f1a, son mujeres, algunas menores de edad. Ellas laboran al lado de los hombres, enclaustradas en inh\u00f3spitos galpones inundados por el acre olor de la nicotina que impregna el ambiente. Son frecuentes las n\u00e1useas y la neumoconiosis, conocida en la regi\u00f3n como \u201ctabacosis\u201d, afecci\u00f3n cr\u00f3nica causada por la adherencia en el aparato respiratorio del polvillo que desprende la hoja.<\/p>\n<p>Quien lo contrae queda por lo general expuesto a otras enfermedades del pulm\u00f3n. Los patronos se han negado a atender los reclamos de los trabajadores para que en los dep\u00f3sitos se instalen adecuados sistemas de ventilaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de superar numerosos inconvenientes, los asalariados consiguieron crear, en 1972, el Sindicato de Trabajadores de Empresa de la Industria del Tabaco de la Costa Atl\u00e1ntica. Diez a\u00f1os atr\u00e1s, los obreros hab\u00edan realizado un paro por mejores salarios.<\/p>\n<p>En 1973, la naciente organizaci\u00f3n obtuvo una resonante victoria tras nueve d\u00edas de huelga, en la que cont\u00f3 con el apoyo de los cosechadores del tabaco. Los vegueros caminaban desde sus parcelas hasta las carpas de los huelguistas para llevarles provisiones y darles su aliento. Los combatientes alcanzaron a imponer 42 de los 50 puntos exigidos.<\/p>\n<p>En 1975, los explotadores se negaron a negociar el pliego pretextando que se encontraban al borde de la quiebra. Desconocieron el sindicato y coaccionaron a los afiliados a firmar pactos colectivos, dentro de una maquiav\u00e9lica maniobra para dividirlos. Cuando los explotados, en leg\u00edtima defensa, declararon el cese, la entonces Ministra del Trabajo, Mar\u00eda Helena de Crovo, ilegaliz\u00f3 el movimiento y suspendi\u00f3 la personar\u00eda jur\u00eddica de la agrupaci\u00f3n sindical.<\/p>\n<p>Los capitalistas recurrieron a distribuir en patios, garajes y otros locales los oficios que antes se efectuaban en loa galpones, con el objeto de subcontratar grupos de alisadores de no m\u00e1s de 20 personas, a los que pagan menos y les niegan cualquier tipo de prestaci\u00f3n. Pero los pulpos exportadores \u2018Espinosa Hermanos\u2019, \u2018Tabacos Bol\u00edvar\u2019, \u2018Tabarama\u2019 y \u2018Tabacos Caribe\u2019, con fuertes inversiones de capital holand\u00e9s y norteamericano, Tabacalera El Carmen y Tabacos E. P\u00e9rez V, supieron del tes\u00f3n y la entereza de la masa proletaria, y del odio que ha acumulado durante a\u00f1os de vejaci\u00f3n y expoliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Marchando al lado de los diez mil cultivadores del tabaco de la Costa, los cinco mil proletarios que manipulan la hoja esperan sobreponerse alg\u00fan d\u00eda a la miseria. Como lo dijera el Comit\u00e9 Municipal del Frente por la Unidad del Pueblo, FUP, de El Carmen de Bol\u00edvar, \u201cun buen d\u00eda de \u00e9stos los cosecheros y los jornaleros abrir\u00e1n de par en par las compuertas que represan su c\u00f3lera y se lanzar\u00e1n por campos y ciudades a saldar cuentas con sus explotadores y verdugos\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para los cosecheros del tabaco de la Costa Atl\u00e1ntica parece que el tiempo no hubiera transcurrido. All\u00ed este producto a\u00fan se rige por m\u00e9todos de cultivo y formas de elaboraci\u00f3n y de comercio propios del pasado. Sembrar la hoja no ha dejado de ser un riesgo funesto. 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