{"id":20548,"date":"2005-01-23T19:00:00","date_gmt":"2005-01-23T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2005\/01\/23\/dura-y-heroica-sera-la-lucha-salvadorena-por-la-libertad\/"},"modified":"2005-01-23T19:00:00","modified_gmt":"2005-01-23T19:00:00","slug":"dura-y-heroica-sera-la-lucha-salvadorena-por-la-libertad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/dura-y-heroica-sera-la-lucha-salvadorena-por-la-libertad\/","title":{"rendered":"DURA Y HEROICA SER\u00c1 LA LUCHA SALVADORE\u00d1A POR LA LIBERTAD"},"content":{"rendered":"<p>Para los cinco millones de habitantes de El Salvador, los primeros veinte d\u00edas de 1981 fueron un per\u00edodo muy rico en acontecimientos pol\u00edticos. El 9 de enero, con la consideraci\u00f3n de que hab\u00eda que pasar a la insurrecci\u00f3n antes del ascenso al Poder del presidente electo de los Estados Unidos, Ronald Reagan, que se efectu\u00f3 el 20 del mismo mes, las organizaciones guerrilleras agrupadas alrededor del Frente Democr\u00e1tico Revolucionario (FDR) decretaron el comienzo de la \u201cofensiva final\u201d. A las pocas horas de haber dado a conocer sus intenciones atacaron un aeropuerto del ej\u00e9rcito en las afueras de San Salvador, convocaron a una huelga general contra el gobierno y se apoderaron de algunas poblaciones de provincia. Los principales combates tuvieron lugar en las calles de Santa Ana, la segunda ciudad m\u00e1s grande del pa\u00eds, y en las regiones campesinas de Moraz\u00e1n, Chalatenango y San Vicente.<\/p>\n<p>Mientras los marines que custodian la Embajada de los Estados Unidos eran puestos en estado de alerta, dos asesores norteamericanos del Instituto Salvadore\u00f1o de Transformaci\u00f3n Agraria, junto con el presidente de la misma entidad, cayeron abaleados por grupos paramilitares de extrema derecha en un hotel de la capital.<\/p>\n<p>Mil doscientas personas, entre obreros, trabajadores del campo, dirigentes pol\u00edticos y sindicales, estudiantes, sacerdotes y periodistas perdieron la vida durante las primeras tres semanas del a\u00f1o que comienza, cuando la fuerza p\u00fablica inici\u00f3 su contraataque. La violencia cotidiana ejercida contra el pueblo se recrudeci\u00f3 hasta el borde de lo insostenible en un naci\u00f3n que, seg\u00fan palabras de Alexander Haig, el nuevo jefe de la diplomacia yanqui \u201cconstituye el mayor desaf\u00edo para la seguridad de Estados Unidos en el \u00e1rea centroamericana\u201d.<\/p>\n<p>El genocidio<br \/>\nDe acuerdo con informes de la Iglesia Cat\u00f3lica, en el curso de 1980 fueron asesinados cerca de diez mil salvadore\u00f1os por efectivos de la Guardia Nacional y de los escuadrones de la muerte. Estos \u00faltimos, como \u201cOrden\u201d y la \u201cUni\u00f3n Guerrera Blanca\u201d, que se mueven sin ning\u00fan impedimento legal, reciben ingentes sumas de dinero por intermedio de la oligarqu\u00eda criolla exiliada en Miami, act\u00faan con el apoyo sistem\u00e1tico de los altos mandos militares y tienen a su disposici\u00f3n todos los arsenales del gobierno. Por otra parte, estad\u00edsticas de las Naciones Unidas se\u00f1alan que 3.500 presos \u201cdesaparecieron\u201d misteriosamente de las c\u00e1rceles durante el a\u00f1o pasado, y que en el resto de pa\u00edses de Am\u00e9rica Central hay unos 200 mil refugiados, en su mayor\u00eda campesinos, provenientes de El Salvador.<\/p>\n<p>Aunque la represi\u00f3n ha cobrado innumerables v\u00edctimas en todos los sectores de la sociedad opuestos a la Junta fascista, son los pobres de las zonas rurales contra quienes la barbarie se ense\u00f1orea con mayor crudeza. Uno de los casos m\u00e1s pat\u00e9ticos sucedi\u00f3 el 14 de mayo de 1980, sobre las riberas del r\u00edo Sumpul, en la frontera con Honduras, cuando catorce camiones del ej\u00e9rcito salvadore\u00f1o llegaron a la aldea de San Jacinto y los soldados ejecutaron en masa a todos los habitantes, acusados de colaborar con las guerrillas. Un testigo de los hechos afirm\u00f3 que seiscientos agricultores murieron fusilados contra un viejo pared\u00f3n de adobe, en una masacre que dur\u00f3 hasta el anochecer, luego de que los militares incendiaran sus viviendas y arrasaran sus cultivos de ma\u00edz y de mandioca. Los cad\u00e1veres fueron arrojados a las aguas del Sumpul, y los pocos sobrevivientes que lograron huir a territorio hondure\u00f1o perecieron bajo el fuego de las tropas locales, estacionadas al otro lado de la frontera.<\/p>\n<p>En los cantones de esta regi\u00f3n lim\u00edtrofe entre los dos pa\u00edses, que se extiende a lo largo de 340 kil\u00f3metros de terreno agreste y monta\u00f1oso, la Guardia Nacional de El Salvador ha emprendido verdaderas campa\u00f1as de exterminio contra la poblaci\u00f3n civil. A pesar de que la zona estuvo bajo control y vigilancia de la OEA desde la llamada \u201cguerra del f\u00fatbol\u201d, en 1969, hasta el Tratado de Tegucigalpa, suscrito por ambas naciones en diciembre de 1980, los campesinos que residen en ella han soportado toda clase de vej\u00e1menes y han tenido que aprender a defenderse como puedan. La dictadura militar bombardea sus campos de labranza, los persigue hasta en los caser\u00edos m\u00e1s lejanos y los acorrala finalmente en los linderos con Honduras, donde millares de proscritos han sido \u201creubicados\u201d en paup\u00e9rrimos refugios, si consiguen escapar con vida. El ba\u00f1o de sangre que se ha desatado contra ellos, y contra el pueblo salvadore\u00f1o en su conjunto, s\u00f3lo es comparable con el que sufrieron sus antepasados en 1932, en tiempos del general Maximiliano Hern\u00e1ndez Mart\u00ednez, cuyo gobierno reprimi\u00f3 un levantamiento agrario en las provincias de Izalco, Sonsonate, Ilopango, Zaragoza y Caba\u00f1as con un saldo de 30 mil agricultores muertos.<\/p>\n<p>Los labriegos de ese entonces peleaban por la tierra; por el derecho a sembrar, a trabajar y a organizarse en forma aut\u00f3noma; por la baja de los arriendos en los latifundios cafeteros, y por el pago de mejores jornales durante los meses de recolecci\u00f3n de las cosechas. Hoy, medio siglo despu\u00e9s, sus descendientes contin\u00faan luchando por la misma causa.<\/p>\n<p>Los amos de la heredad<br \/>\nEn 1944, cuando se vino a pique el r\u00e9gimen del general Maximiliano Hern\u00e1ndez Mart\u00ednez, despu\u00e9s de varios meses de huelgas, manifestaciones y conflictos callejeros, El Salvador segu\u00eda siendo uno de los pa\u00edses m\u00e1s atrasados del mundo. Como en la actualidad, la mayor parte de su econom\u00eda estaba dedicada a producir caf\u00e9 y materias primas con destino a los mercados norteamericanos, y unos cuantos monopolios for\u00e1neos controlaban los ferrocarriles, los servicios p\u00fablicos, los puertos y el comercio exterior. Un n\u00famero insignificante de grandes terratenientes era due\u00f1o del 42 por ciento de la tierra cultivable, y la naciente industria manufacturera hab\u00eda ca\u00eddo en manos de las mismas 14 familias propietarias de los bancos, las empresas de aviaci\u00f3n, las firmas importadoras de maquinaria, los almacenes de lujo, los hoteles, los teatros y los cementerios.<\/p>\n<p>El derrocamiento del tirano no signific\u00f3 gran cosa para esta oligarqu\u00eda voraz, intermediaria y par\u00e1sita, que ha manejado la vida pol\u00edtica de la naci\u00f3n desde la independencia de Espa\u00f1a hasta nuestros d\u00edas. Sus adalides de turno exigieron un Consejo de Gobierno que administr\u00f3 sus intereses comunes durante los meses de insubordinaci\u00f3n popular, y a partir del t\u00e9rmino de \u00e9sta, en abril de 1944, se las ingeniaron para colocar en el Poder a diferentes mandatarios, civiles y militares \u201celegidos\u201d o impuestos por las armas, que regentaron el pa\u00eds hasta 1961. El resultado fue que El Salvador inici\u00f3 la d\u00e9cada de los a\u00f1os sesentas en condiciones de indigencia a\u00fan m\u00e1s alarmantes que las anteriores. S\u00f3lo tres de cada diez personas encontraban trabajo permanente en las ciudades; el analfabetismo llegaba al 73% en las zonas rurales; menos del ocho por ciento de la poblaci\u00f3n recib\u00eda la mitad del ingreso nacional, y el consumo de calor\u00edas por habitante no era muy superior a los niveles registrados en Biafra.<\/p>\n<p>Sin embargo, a ra\u00edz del triunfo de la revoluci\u00f3n cubana, un acontecimiento que alent\u00f3 a los inconformes de todos los rincones de Am\u00e9rica Latina, el dominio absoluto de la oligarqu\u00eda salvadore\u00f1a comenz\u00f3 a ser impugnado una vez m\u00e1s. Contra la costumbre establecida hasta el momento, algunos sacerdotes de la Iglesia Cat\u00f3lica denunciaron el contraste entre la miseria total de la inmensa mayor\u00eda y el derroche ostentoso de una peque\u00f1a casta de privilegiados. Los estudiantes universitarios se\u00f1alaron al imperialismo norteamericano como el principal causante de la pobreza material y cultural de El Salvador, y muchos de ellos se vincularon a los paros obreros, a las invasiones campesinas, a los brotes peri\u00f3dicos de descontento. El estruendoso fracaso de la estrategia estadinense de aquel tiempo conocida con el nombre de Alianza para el progreso, contribuy\u00f3 a gestar un movimiento de rebeld\u00eda que puso de manifiesto toda la hondura de la crisis. Surgieron nuevas agrupaciones pol\u00edticas y otras salieron de la clandestinidad.<\/p>\n<p>El reformismo en acci\u00f3n<br \/>\nEn 1970, el Partido Dem\u00f3crata Cristiano (PDC), el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) y la Uni\u00f3n Democr\u00e1tica Nacionalista (UDN) conformaron una coalici\u00f3n de fuerzas que se llam\u00f3 la Uni\u00f3n Nacional Opositora (UNO). El PDC hab\u00eda sido fundado en 1962 por un sector de terratenientes alejados de la burocracia estatal y molestos con algunas medidas del gobierno, el MNR representaba a un n\u00facleo de industriales, intelectuales y comerciantes partidarios de la socialdemocracia europea, y la UDN era la mampara que utilizaba el Partido Comunista pro-sovi\u00e9tico de El Salvador para ganar adeptos.<\/p>\n<p>La Uni\u00f3n Nacional Opositora (UNO) se present\u00f3 a las elecciones de 1972 con un programa conjunto que promet\u00eda \u201cmodernizar la sociedad, fomentar un desarrollo independiente de la econom\u00eda y defender los derechos inalienables del pueblo salvadore\u00f1o\u201d. Su plataforma pol\u00edtica estipulaba que \u201cdentro de las normas constitucionales bien cumplidas puede lograrse un Estado social, justo, libre y soberano\u201d y, sus declaraciones p\u00fablicas aseguraban a los trabajadores que unas cuantas reformas conseguidas a trav\u00e9s de las urnas, eran suficientes para que el pa\u00eds saliera de su atraso secular y se implantara el imperio de la democracia. El actual jefe de la Junta C\u00edvico-Militar, Jos\u00e9 Napole\u00f3n Duarte, figuraba como candidato a la Presidencia de la Rep\u00fablica en las islas oficiales de la UNO; Guillermo Manuel Ungo, hoy dirigente m\u00e1ximo del Frente Democr\u00e1tico Revolucionario (FDR), fung\u00eda como su compa\u00f1ero de formula.<\/p>\n<p>A pesar de que los dos personajes obtuvieron la mayor cantidad de votos, un escandaloso fraude electoral impuso en el poder al coronel Arturo Molina, quien gobern\u00f3 hasta 1977 en nombre de los grandes potentados de la tierra y las finanzas y organiz\u00f3 los comicios de este a\u00f1o. La Uni\u00f3n Nacional Opositora result\u00f3 victoriosa una vez m\u00e1s, pero diversas artima\u00f1as en los escrutinios le dieron el triunfo al general Carlos Humberto Romero quien desempe\u00f1\u00f3 el cargo hasta 1979. Ambos reg\u00edmenes reprimieron de manera sanguinaria a sindicatos fabriles y asociaciones del campo. Las universidades fueron militarizadas. Una huelga nacional de educadores tuvo que ser levantada a balazos por la polic\u00eda, y las bandas armadas de los latifundistas e iniciaron los asesinatos en las regiones agrarias.<\/p>\n<p>El Partido Comunista, sin embargo, continu\u00f3 con su estrategia de buscar \u201cmejoras\u201d en el marco de la Constituci\u00f3n y de las leyes, y su proceder conciliador, claudicante y liberal termin\u00f3 por desenmascararlo incluso ante su propia militancia. Su dependencia de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y su bancarrota ideol\u00f3gica y pol\u00edtica, junto con el auge las luchas populares de entonces, fueron factores que ayudaron a que los numerosos destacamentos obreros, campesinos y estudiantiles se decidieran a construir nuevas organizaciones. As\u00ed, en el curso de la d\u00e9cada del 60, aparecieron los principales grupos guerrilleros de la actualidad: las Fuerzas Populares de Liberaci\u00f3n Farabundo Mart\u00ed (FPL), el Ej\u00e9rcito Revolucionario del Pueblo (ERP) y las Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional (FARN).<\/p>\n<p>El cuartelazo<br \/>\nEl 15 de octubre de 1979, menos de tres meses despu\u00e9s de que cayera Anastasio Somoza en Nicaragua, una Junta C\u00edvico Militar de cinco miembros se hizo cargo del gobierno salvadore\u00f1o. El embajador norteamericano se comunic\u00f3 personalmente con el general Carlos Humberto Romero, vencedor en las elecciones de 1977, y le aconsej\u00f3 que se exiliara en Guatemala, donde sin duda ser\u00eda bien recibido. Un vocero del Departamento de Estado declar\u00f3 al d\u00eda siguiente que el nuevo r\u00e9gimen de El Salvador significaba una \u201capertura\u201d de car\u00e1cter \u2018progresista y razonable\u2019. El coronel Adolfo Arnoldo Majano, uno de los promotores de la revuelta, concedi\u00f3 una conferencia de prensa para manifestar que los Derechos Humanos y las reformas moderadas ser\u00edan los objetivos centrales de su administraci\u00f3n. A las pocas horas fue disuelto con tanques un desfile de fuerzas democr\u00e1ticas en las calles de la capital, y en algunas poblaciones rurales se utilizaron bombas incendiarias para sofocar a los rebeldes. La Junta suspendi\u00f3 las garant\u00edas constitucionales, instaur\u00f3 la ley marcial y decret\u00f3 el toque de queda.<\/p>\n<p>El prop\u00f3sito de los golpistas no era destruir la maquinaria del Estado olig\u00e1rquico sino remozarla; no buscaban abolir los aparatos represivos sino embellecerlos: intentaban realizar algunos cambios menores en el terreno econ\u00f3mico y pol\u00edtico, pero pretend\u00edan que tales cambios no afectaran a las clases dominantes, y que se adelantaran por medio de un ej\u00e9rcito con el poder\u00edo suficiente para prevenir cualquier desbordamiento revolucionario de las masas. Un trabajador agr\u00edcola del departamento de Chalatenango resumi\u00f3 la situaci\u00f3n en esta forma: \u201cEl golpe lo dio la misma instituci\u00f3n que le ha servido de soporte a todas las dictaduras salvadore\u00f1as, y sus cabecillas jam\u00e1s le pasar\u00e1n la cuenta de cobro a los responsables de que el pa\u00eds se encuentre al borde de la guerra civil\u201d.<\/p>\n<p>Aunque los hechos posteriores confirmaron la verdad de estas palabras, en el mes de octubre de 1979 casi todo el mundo procuraba ignorarlas. La Organizaci\u00f3n de Estados Americanos, las naciones del Pacto Andino, gobiernos como el de Nicaragua, Cuba, Granada, Jamaica y Panam\u00e1, expresaron su reconocimiento a la Junta y prometieron apoyarla. Una delegaci\u00f3n de diplom\u00e1ticos paname\u00f1os, que trataba de servir de mediadora entre los militares y las guerrillas, se entrevist\u00f3 con representantes de Fidel Castro en noviembre de 1979, y de com\u00fan acuerdo decidieron \u201cinfluir para bajar el nivel de los enfrentamientos y respaldar la tesis de la tregua\u201d, que en s\u00edntesis quer\u00eda decir dos cosas; darle tiempo al r\u00e9gimen salvadore\u00f1o para sacar adelante sus pretendidas reformas, por una parte, y estimular a los sectores \u201cdemocr\u00e1ticos y progresistas\u201d de las Fuerzas Armadas, por la otra.<\/p>\n<p>Todos los partidos pol\u00edticos de El Salvador, sin excepci\u00f3n alguna, se sumaron a la \u201ctregua\u201d mencionada. La Democracia Cristiana, el Movimiento Nacional Revolucionario y el Partido Comunista pro-sovi\u00e9tico integraron el primer gabinete ministerial. El ex presidente Carter ofreci\u00f3 reanudar la ayuda econ\u00f3mica, y la violencia reaccionaria sigui\u00f3 cobrando su cuota inexorable de v\u00edctimas.<\/p>\n<p>La intervenci\u00f3n for\u00e1nea<br \/>\nCuando se hizo evidente que los cambios anunciados no estaban dirigidos a beneficiar al pueblo, y cuando qued\u00f3 absolutamente claro que los grupos paramilitares de extrema derecha contaban con el visto bueno de la camarilla gobernante, casi todos los ministros renunciaron a sus puestos. Los \u00fanicos que se mantuvieron en ellos fueron los del Partido Dem\u00f3crata Cristiano. No obstante, la Uni\u00f3n Democr\u00e1tica Nacionalista (UDN), o sea el revisionismo, conserv\u00f3 su participaci\u00f3n burocr\u00e1tica en Alcald\u00edas y otros organismos menores hasta mayo de 1980, un mes despu\u00e9s de que se promulgaran las leyes de Reforma Agraria, de \u201cnacionalizaci\u00f3n\u201d de la banca y del comercio exterior.<\/p>\n<p>Hasta el d\u00eda en que se expidieron los decretos, el 6 de abril de 1980, cerca de 1.500 personas hab\u00edan ca\u00eddo asesinadas por el ej\u00e9rcito desde el 15 de octubre de 1979, y m\u00e1s de 1.300 millones de d\u00f3lares depositados en las cuentas bancarias de la oligarqu\u00eda hab\u00edan sido trasladados fuera del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Mientras tanto, millares de familias campesinas, que hab\u00edan invadido latifundios ociosos desde mucho tiempo atr\u00e1s, fueron desalojadas de sus tierras por la Guardia Nacional. El 5 de junio del a\u00f1o pasado, en el departamento de Cuscatl\u00e1n, al norte de San Salvador, ochenta agricultores perdieron la vida en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Diversos comentaristas han coincidido en afirmar que, a ra\u00edz del anuncio de la reforma agraria, se desat\u00f3 una verdadera campa\u00f1a de cr\u00edmenes y deportaciones masivas contra los labriegos salvadore\u00f1os.<\/p>\n<p>Empero, lejos de adormecer el esp\u00edritu insumiso de la poblaci\u00f3n, las reformas chocaron con la resistencia organizada de los campesinos, los obreros, los estudiantes y sectores medios de la sociedad. La Junta C\u00edvico Militar se vio obligada a incrementar los hechos de terror con el objeto de llevarlas a la pr\u00e1ctica, y para ello decidi\u00f3 encumbrar en el Poder a un hombre que gozara de la confianza plena de los Estados Unidos. El coronel Majano fue destituido de todas sus funciones, sin pena ni gloria, y Jos\u00e9 Napole\u00f3n Duarte, miembro del Partido Dem\u00f3crata Cristiano, pas\u00f3 a ocupar la Presidencia de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Ronald Reagan, en diciembre de 1980, declar\u00f3 con respecto a la situaci\u00f3n de El Salvador: \u201cNo se puede pelear en una guerra civil y establecer reformas al mismo tiempo. Primero hay que salir de la guerra civil, y luego establecer las reformas\u201d. Cuatro presidentes que lo antecedieron en el cargo perpetraron desembozados actos de agresi\u00f3n armada contra Am\u00e9rica Latina durante los dos primeros a\u00f1os de sus respectivos mandatos: Eisenhower intervino en Guatemala por intermedio de un ej\u00e9rcito de mercenarios, para derrocar a Jacobo Arbenz en 1954; Kennedy orden\u00f3 la frustrada invasi\u00f3n de Bah\u00eda Cochinos, en la isla de Cuba, en 1961; Jhonson patrocin\u00f3 el abaleo de decenas de estudiantes paname\u00f1os en enero de 1964 y dispuso el desembarco de 450.000 marines en la Rep\u00fablica Dominicana, a principios de 1965, y Nixon estuvo al frente de las operaciones que condujeron al asesinato de Salvador Allende y a la posterior masacre de los trabajadores chilenos. No existe ning\u00fan motivo de peso para suponer que el nuevo h\u00e9roe de los monopolios yanquis, Ronald Reagan, vaya a ser una excepci\u00f3n a esta regla.<\/p>\n<p>Por el contrario, una de las primeras medidas de su administraci\u00f3n fue la firma de un acuerdo de ayuda econ\u00f3mica por 65 millones de d\u00f3lares que ser\u00edan otorgados al gobierno de El Salvador junto con fusiles autom\u00e1ticos, municiones, granadas y helic\u00f3pteros para el transporte de tropas. El material y los empr\u00e9stitos han sido utilizados por la dictadura dem\u00f3crata cristiana para combatir con m\u00e1s fiereza al movimiento guerrillero, cuya \u201cofensiva final\u201d logr\u00f3 desembocar en una insurrecci\u00f3n de envergadura nacional pero que a\u00fan se mantienen firme en las regiones campesinas de Chalatenango, Moraz\u00e1n, La Uni\u00f3n y San Vicente, donde los rebeldes siguen hostigando al enemigo y recuperando medios de guerra para armarse y continuar la lucha.<\/p>\n<p>El pueblo salvadore\u00f1o tendr\u00e1 que preparar a sus huestes para una batalla prolongada y dif\u00edcil, sin dejarse intimidar por el despotismo y sin caer en las manos de los reformistas y los demagogos. Sus combatientes habr\u00e1n de levantar la bandera de la soberan\u00eda nacional contra el imperialismo norteamericano, y al mismo tiempo deber\u00e1n cuidarse de las pretensiones hegem\u00f3nicas de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y de sus aliados, que s\u00f3lo buscan manipular la crisis del pa\u00eds en beneficio de sus propios intereses de expansi\u00f3n. En el camino que les queda por delante, los desheredados de El Salvador contar\u00e1n con el apoyo entusiasta, generoso y desinteresado de todos los pueblos del mundo.<\/p>\n<p>Marcel Salam\u00edn:<br \/>\nFue Asistente del jefe de Gobierno de Panam\u00e1, general Omar Torrijos, de octubre de 1977 a octubre de 1978, y a partir de entonces se desempe\u00f1\u00f3 como asesor pol\u00edtico del Comandante en Jefe de la Guardia Nacional paname\u00f1a. En julio de 1979 fue nombrado embajador de la Rep\u00fablica de Panam\u00e1 ante el gobierno de Nicaragua, y en septiembre de ese mismo a\u00f1o asisti\u00f3 a la VI Conferencia Cumbre de Pa\u00edses No Alineados, celebrada en La Habana, Cuba, en calidad de asesor del general Torrijos. A finales de 1979, el se\u00f1or Salam\u00edn presidi\u00f3 la delegaci\u00f3n de diplom\u00e1ticos paname\u00f1os que intent\u00f3 servir de mediadora en la crisis de El Salvador.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para los cinco millones de habitantes de El Salvador, los primeros veinte d\u00edas de 1981 fueron un per\u00edodo muy rico en acontecimientos pol\u00edticos. 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