{"id":20512,"date":"2005-01-23T19:00:00","date_gmt":"2005-01-23T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2005\/01\/23\/los-vendedores-ambuulantes-cada-dia-de-trabajo-una-jornada-de-combate\/"},"modified":"2005-01-23T19:00:00","modified_gmt":"2005-01-23T19:00:00","slug":"los-vendedores-ambuulantes-cada-dia-de-trabajo-una-jornada-de-combate","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/los-vendedores-ambuulantes-cada-dia-de-trabajo-una-jornada-de-combate\/","title":{"rendered":"LOS VENDEDORES AMBUULANTES: CADA D\u00cdA DE TRABAJO UNA JORNADA DE COMBATE"},"content":{"rendered":"<p>Hace 7 a\u00f1os Pedro Ortega era un campesino que viv\u00eda de lo que sembraba en una peque\u00f1a parcela en el Tolima. Por la presi\u00f3n de los terratenientes abandon\u00f3 la tierra y se vio obligado a emigrar a la ciudad. Hoy debe pasar el d\u00eda en una esquina de Bogot\u00e1, ofreciendo baratijas a los transe\u00fantes y soportando el acoso constante de las autoridades, para regresar en la noche a la casa de inquilinato donde vive, al sur de la capital, llevando el sustento a sus siete hijos.<\/p>\n<p>Por defender el derecho que \u00e9l y sus compa\u00f1eros tienen a trabajar, Pedro ha pasado varias noches en los patios de la Estaci\u00f3n IV de Polic\u00eda, sin recibir un pan o una cobija. Ni las detenciones, ni los golpes, ni las amenazas de conducirlo a la c\u00e1rcel han logrado desterrarlo. Despu\u00e9s de cada atropello vuelve con su caj\u00f3n atiborrado de objetos al mismo sitio de donde fue desalojado a la fuerza.<\/p>\n<p>Al igual que Pedro Ortega, se calcula que uno 60 mil vendedores ambulantes en Bogot\u00e1 y cerca de 200 mil en todo el pa\u00eds padecen m\u00faltiples penalidades y riesgos para poder llevar el pan a sus casas. Para ellos cada d\u00eda de trabajo es un d\u00eda de combate.<\/p>\n<p>Como desde 1977 la Alcald\u00eda Mayor suspendi\u00f3 la expedici\u00f3n de licencias, 50 mil vendedores callejeros viven ejerciendo ilegalmente la \u00fanica actividad que les permite subsistir.<\/p>\n<p>Aunque las Constituci\u00f3n, en su art\u00edculo 17, consagra el derecho al trabajo, a este gremio se le persigue como no se hace con los delincuentes. La falta de la licencia o la violaci\u00f3n de una de las absurdas normas que han sido dictadas para exterminar a los vendedores, da derecho a la polic\u00eda para detenerlos 24 horas, para impedirles laborar durante varios d\u00edas y para cometer toda serie de tropel\u00edas. La \u00fanica justificaci\u00f3n para estos abusos es la de que los vendedores \u201cenmugrecen la ciudad\u201d.<\/p>\n<p>Pero ninguna de las medidas impuestas logra detener la avalancha de personas que cotidianamente se lanzan a las calles. Al sector de las ventas ambulantes confluyen gran parte de los desempleados y de los que buscan una forma para aumentar sus m\u00edseros y espor\u00e1dicos jornales. En la calle hay sitio para todos ellos. S\u00f3lo se requiere de unos pocos pesos para iniciarse vendiendo cigarrillos o cordones de zapatos. En 1968 se estimaba que en Bogot\u00e1 hab\u00eda 3.000 buhoneros. Hoy la cifra sobrepasa los 60 mil y en temporada navide\u00f1a los 120 mil.<\/p>\n<p>Al tiempo que aumenta la represi\u00f3n aumenta tambi\u00e9n la unidad de los vendedores. Al grito de \u201c\u00a1Con la licencia o sin la licencia trabajamos!\u201d, consigna impuesta por el Sindicato Nacional de Unidad de Comerciantes Menores (Sinucom) desde 1976, este sector ha librado una larga lucha, peleando palmo a palmo por un sitio en los andenes. Cada vez son menos los vendedores que envuelven la mercanc\u00eda a toda prisa y huyen ante la amenaza de una batida.<\/p>\n<p>Ahora se ven hombres, mujeres y ni\u00f1os que se enfrentan valerosamente a las autoridades y ante la brutalidad y las amenazas siempre responden: \u201cTrabajar no es un delito. Mientras el gobierno no nos garantice un empleo seguiremos en esta actividad\u201d.<\/p>\n<p>Por el derecho a subsistir<br \/>\nLos vendedores ambulantes son hijos del desempleo. El hecho de que la prensa, recogiendo datos oficiales, hable de que la tasa de ocupaci\u00f3n subi\u00f3, no quiere decir que la econom\u00eda haya generado un n\u00famero suficiente de puestos de trabajo en los \u00faltimos a\u00f1os. Por el contrario, este \u00edndice, en relaci\u00f3n con el aumento de la poblaci\u00f3n, ha ido decreciendo paulatinamente. En 1979, mientras la fuerza laboral activa se increment\u00f3 en siete ciudades en 234.700 personas, la industria produjo solamente 45 mil nuevos empleos, seg\u00fan la ANDI.<\/p>\n<p>En las estad\u00edsticas \u201cdisminuye\u201d el desempleo porque se considera \u201ctrabajador independientes\u201d a todo aquel que genera sus propias paup\u00e9rrimas entradas, como es el caso del comerciante callejero.<\/p>\n<p>La migraci\u00f3n del campo ha influido en este fen\u00f3meno. Diariamente llegan a radicarse en Bogot\u00e1, seg\u00fan cifras de Planeaci\u00f3n Distrital, 1.200 personas. En este momento el 50 por ciento de la poblaci\u00f3n capitalina est\u00e1 conformada por gentes oriundas de otros lugares, hasta el punto de que Soacha, de peque\u00f1o pueblo de Cundinamarca, pas\u00f3 a ser un suburbio de Bogot\u00e1, con 350 mil habitantes, desplazando a Girardot, que s\u00f3lo tiene 80 mil.<\/p>\n<p>Otro factor decisivo en el aumento de vendedores ambulantes y estacionarios es el bajo nivel de los salarios, comparado con el costo de la vida. En Bogot\u00e1, en 1979, el 60 por ciento de las personas ocupadas ganaba menos de 7 mil pesos. Ahora, tomando como base la remuneraci\u00f3n nominal de noviembre de 1974, el sueldo diario de $115 de diciembre de 1978 equival\u00eda a un salario real de $38.70 de aquel a\u00f1o.<\/p>\n<p>Miles de colombianos que no logran obtener ocupaci\u00f3n, o para los cuales el salario m\u00ednimo equivale a una condena al hambre, encuentra asidero temporal o permanente en las ventas ambulantes, una labor riesgosa, inestable y esclavizante. Por lo general se inician como \u201cmaneros\u201d que no necesitan vitrinas pues escasamente ofrecen lo que pueden llevar en las manos y sobre los hombros. En algunas ocasiones venden sacos, sombrillas o cigarrillos y deambulan con estos objetos a lo largo de varias cuadras. A veces, con ahorros o pr\u00e9stamos de familiares o amigos, el principiante se hace a un caj\u00f3n y busca un sitio de afluencia de transe\u00fantes que le garantice un ingreso m\u00ednimo.<\/p>\n<p>En la Oficina de Registro y Control del Distrito est\u00e1n catalogados 62 tipos de ventas ambulantes. Las m\u00e1s comunes son las de dulces y cigarrillos, frutas, alimentos cocidos, loter\u00edas, cosm\u00e9ticos, peri\u00f3dicos, libros, discos, etc. Pero como este oficio es un reflejo de la crisis de la sociedad y de la miseria del pueblo, adquiere a menudo las caracter\u00edsticas de un espect\u00e1culo irritante: la se\u00f1ora que, parada todo el d\u00eda en una esquina, le hace propaganda a sus atrapamoscas, envueltos en trocitos de papel brillante rojo; el hombre que brinda cordones de zapatos; los desesperados que ofrecen su sangre alrededor de los hospitales y laboratorios clandestinos; los chamarileros que encog\u00edan con l\u00e1pidas de segunda; los ancianos que extienden sobre un pl\u00e1stico treinta aparejos dis\u00edmiles y los venden a igual precio, y los miles de mujeres que deben criar a sus hijos en cajas de cart\u00f3n que colocan al lado de sus ventorrillos, sintetizan todos ellos la imagen de la Colombia perseguida y vejada.<\/p>\n<p>Trabajo arduo y mal retribuido<br \/>\nLa vida del vendedor ambulante es una batalla sin tregua. La mayor\u00eda debe trajinar por la calle incluso el domingo para conseguir con que comer el lunes. Soportan faenas que por lo general sobrepasan las 10 horas, sometidos a las inclemencias del tiempo, y lo \u00fanico que poseen para protegerse y cuidar sus tenderetes son pl\u00e1sticos viejos. \u201cCuando llueve nos toca prolongar largamente la jornada para completar el diario. Y a veces nos coge la media noche, despu\u00e9s de haber llegado a las 8 de la ma\u00f1ana\u201d, dice una desamparada mujer madre de cinco hijos.<\/p>\n<p>El comerciante callejero desempe\u00f1a un importante papel como canal de distribuci\u00f3n, aun de las grandes empresas. Un alto porcentaje de los chicles, dulces y chocolatinas se vende a trav\u00e9s de ellos. El director de ventas de Grancolombiana cuenta con 23 distribuidores encargados exclusivamente de proveer los peque\u00f1os puestos de Bogot\u00e1. Infinidad de industrias caseras de dulces, cuero o confecciones deben su existencia a los vendedores ambulantes y estacionarios.<\/p>\n<p>El sistema de intermediarios, los cuales imponen los precios y las condiciones, no permite al vendedor un mayo margen de utilidades: por cada caja de chicles se gana 3 centavos, por cada dulce 30. Hay contadas excepciones. Una cajetilla de cigarrillos marlboro, por ejemplo, deja hasta diez pesos. La utilidad mensual promedio de un expendedor estacionario, ubicado en un buen sitio, bordea los 10 mil pesos. Los relegados a lugares de poco tr\u00e1fico peatonal a veces no alcanzan a igualar el salario m\u00ednimo. \u201cNo tenemos ni m\u00e9dico, ni ayuda para la educaci\u00f3n de nuestros hijos, ni primas, ni incentivos, todo es por nuestra propia cuenta\u201d, relata un vendedor de fritanga, Carlos Pirac\u00f3n, resumiendo la situaci\u00f3n de su gremio, y agrega: \u201cVivimos en condiciones infrahumanas, arrumados en barrios piratas o de invasi\u00f3n\u201d. A la pregunta de si dejar\u00eda las ventas para trabajar en una f\u00e1brica, que se formula a todo el que ingresa a SINUCOM, un 85 por ciento contesta que s\u00ed.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la agotadora jornada, en que se calma el hambre con una gaseosa y un pan, los vendedores \u201ccierran\u201d su caj\u00f3n o su kiosco. Inician entonces en las calles un desfile de carritos que ruedan sobre balineras y son conducidos al sitio donde se guardan de noche. Por amontonarlos en garajes, bodegas, o debajo de escaleras, pagan $300 al mes. En algunos sectores se organizan para que los que trajinan de d\u00eda cuiden las exiguas pertenencias de los que trasnochan y viceversa.<\/p>\n<p>Incontables desafueros oficiales<br \/>\nLa reglamentaci\u00f3n de este oficio ha estado a la arbitrariedad de los bur\u00f3cratas del Distrito. Para los vendedores ambulantes cambian las reglas del juego con cada nuevo alcalde. A principios de la d\u00e9cada del sesenta, cuando eran unos pocos los que se colocaban dispersos a lo largo de la carrera d\u00e9cima, el alcalde Gait\u00e1n Cortes pens\u00f3 que la mejor manera de terminar con ese mercado que \u201cafea\u201d la ciudad consist\u00eda en blandir el fuste. Se hac\u00edan batidas diarias y se llevaba a la gente, con sus b\u00e1rtulos, en camiones hasta el Salto de Tequendama, donde la dejaban abandonada para que cada cual regresara como pudiera. Como este m\u00e9todo atrabiliario no dio resultado y d\u00eda a d\u00eda llegaban m\u00e1s y m\u00e1s, crey\u00f3 que la soluci\u00f3n definitiva ser\u00eda destinarlos a un solo lugar. \u201cLimpiaron\u201d la d\u00e9cima y confinaron a 700 vendedores en lo que en esa \u00e9poca era el parqueadero de San Victorino, formando las Galer\u00edas de Nari\u00f1o. Pero esta situaci\u00f3n no dur\u00f3 mucho tiempo. Los vendedores llevados all\u00ed no pudieron mantener un negocio que requer\u00eda capital para estabilizarse, pues se trataba de un centro comercial con todas las de la ley, y tuvieron que ceder sus locales a personas pudientes y regresar de nuevo a las aceras.<\/p>\n<p>A partir de entonces, y a medida que se agrava el problema, el gobierno ha dictado una serie de decretos igualmente represivos que tienden a liquidar esta actividad. Tal pol\u00edtica, como es l\u00f3gico ha recibido el patrocinio de Fenalco, entidad que ve en los vendedores ambulantes una \u201ccompetencia desleal\u201d, y de la gran prensa que los califica de \u201clacras humanas\u201d que \u201cpretenden disfrazar su ociosidad\u201d. El Tiempo ha tachado de incapaces a las administraciones distritales por no haber \u201crecuperado las v\u00edas para los peatones\u201d. Hasta la Sociedad de Ornato de Bogot\u00e1 ha clamado al cielo por el crecimiento exagerado de este sector y, en carta enviada al alcalde Dur\u00e1n Duss\u00e1n, sostiene que de no tomar medidas m\u00e1s en\u00e9rgicas su nombre pasar\u00e1 a la historia \u201ccomo responsable del deterioro bogotano\u201d.<\/p>\n<p>Haci\u00e9ndose eco de estos requerimientos, los \u00faltimos burgomaestres invariablemente han buscado entorpecer y obstaculizar el trabajo de los vendedores. En primer lugar, se exige la llamada licencia de funcionamiento para ejercer la actividad, cuando en la pr\u00e1ctica no hay un organismo que la expida; en segundo lugar, se vetan las zonas comerciales y los separadores de las avenidas, es decir, los puntos de mayor afluencia de los transe\u00fantes, y en tercer lugar, se establecen otros requisitos como acreditar la propiedad de los activos relacionados con el negocio y pintar las casetas con colores distintivos para cada sitio.<\/p>\n<p>Por su parte, el alcalde menor inventa sus propias disposiciones. A los mil fritangueros de la zona industrial de Puente Aranda se les pide el visto bueno de la Secretar\u00eda de Salud, aprobaci\u00f3n imposible de conseguir. Tampoco hay forma de obtener por los canales regulares el servicio de energ\u00eda el\u00e9ctrica, y quien la necesita ha de recurrir al contrabando y exponerse a las consecuencias. A los due\u00f1os de los kioscos se les proh\u00edbe permanecer en ellos durante la noche con el objeto de cuidarlos. En Chapinero, por razones de \u201cest\u00e9tica\u201d, se sanciona el que los pl\u00e1sticos de protecci\u00f3n est\u00e9n sucios o rotos. A los que tienen casetas de un metro y medio de frente se les ordena que sean de 80 cent\u00edmetros y a los que tienen de 80 cent\u00edmetros que sean de 150. todo est\u00e1 encaminado a desesperar al vendedor y colocarlo en un laberinto donde cualquier cosa es ilegal y nada parece tener soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hernando Dur\u00e1n Duss\u00e1n, como obsecuente disc\u00edpulo y protegido de Turbay Ayala, ha optado por la demagogia. A los 60 mil vendedores ambulantes de la capital les anunci\u00f3 no hace mucho, con bombos y platillos, que les construir\u00e1 su \u201cunicentro para pobres\u201d. Sin embargo, no es necesario ser profeta para vaticinar que semejante estupidez, de llegarse a concretar, se convertir\u00eda en otra trampa contra la inmensa multitud que deriva el sustento de su feria maldita.<\/p>\n<p>Entretanto, la Alcald\u00eda de Bogot\u00e1 adjudic\u00f3 a dos parientes cercanos del Presidente de la Rep\u00fablica, asociados en la firma Figura Ltda., un escandaloso contrato para instalar 300 casetas en las esquinas y los andenes m\u00e1s frecuentados de la ciudad, para monopolizar el comercio callejero y lucrarse donde las gentes humildes y sin influencias son desalojadas.<\/p>\n<p>Sinucom, arma de los despose\u00eddos<br \/>\nEn 1968, despu\u00e9s de vivir durante a\u00f1os ofreciendo ropa por los barrios de la capital, Avelino Ni\u00f1o se instal\u00f3, por consejo de un amigo, en San Victorino, con una caja de cart\u00f3n, en la que exhib\u00eda camisas. Por esa \u00e9poca no eran muy numerosos los vendedores y el trabajo conclu\u00eda cuando la polic\u00eda los desalojaba a bolillo. Poco a poco el lugar se empez\u00f3 a poblar de estacionarios y ambulantes. Fue entonces cuando Avelino, junto con dos compa\u00f1eros, decidi\u00f3 crear un comit\u00e9 de unidad para resistir los desmanes.<\/p>\n<p>El mismo cuenta los comienzos de lo que m\u00e1s tarde ser\u00eda Sinucom:<br \/>\n\u201cEn el 74 la arremetida del gobierno fue demasiado fuerte. Hab\u00eda redadas todos los d\u00edas; la polic\u00eda atropellaba a puntapi\u00e9s las vitrinas. Formamos el comit\u00e9 y repartimos hojas volantes decidiendo que la \u00fanica salida era combatir. Nadie nos crey\u00f3 hasta cuando se dio la pelea de los libreros en la Calle 19. Los uniformados ten\u00edan la orden de levantar los puestos. Nosotros organizamos a la gente y dimos la orientaci\u00f3n de permanecer encerrados dentro de las casetas. Ganamos la contienda y ca\u00edmos en cuenta de que para un enfrentamiento como el que nos esperaba, un comit\u00e9 es muy d\u00e9bil y limitado y formamos un sindicato, Sinucom\u201d.<\/p>\n<p>La primera gran batalla se efectu\u00f3 el 9 de noviembre de 1974. Fue s\u00e1bado el d\u00eda en que amaneci\u00f3 militarizado todo San Victorino. Los cuerpos represivos impidieron que los mil ocupantes de la zona sacaran sus catres y los cajones para exhibir las mercanc\u00edas. Sinucom, con sus primeros 50 afiliados, decidi\u00f3 ponerse a la cabeza del movimiento. Se formaron columnas de buhoneros rumbo a la Alcald\u00eda. Eran millares de hombres y mujeres, exigiendo a gritos el derecho al trabajo. Al final el gobierno tuvo que acceder y los vendedores regresaron triunfantes a San Victorino.<\/p>\n<p>\u201cAl d\u00eda siguiente \u2013 cuenta Avelino \u2013 atendimos una fila de 150 personas que quer\u00edan la afiliaci\u00f3n a nuestro sindicato\u201d. Esta especie de bautismo de fuego abri\u00f3 nuevos horizontes a Sinucom y en 1975 se extendi\u00f3 en otros barrios de la capital. Por iniciativa de esta organizaci\u00f3n se cre\u00f3 el comit\u00e9 intersindical del gremio que ha evitado en repetidas oportunidades el desalojo de los vendedores de las v\u00edas comerciales. Entre sus logros narran la derogatoria del decreto 240 de 1975 y otras disposiciones igualmente lesivas, derrotadas mediante m\u00edtines y movilizaciones masivas. As\u00ed han convertido los sitios vedados en sus trincheras de combate.<\/p>\n<p>Los vendedores han dejado de pensar en forma individualista y ya no ven al vecino como a un enemigo mortal que les hace competencia. Cada vez m\u00e1s se unen en torno al inter\u00e9s com\u00fan.<\/p>\n<p>Esto lo se\u00f1ala el testimonio de un compa\u00f1ero de la Avenida Jim\u00e9nez:<br \/>\n\u201cAntes exist\u00eda mucha rivalidad, nadie respetaba el puesto de nadie. Por eso tocaba madrugar a la una de la ma\u00f1ana y acostarse a guardar el sitio sobre peri\u00f3dicos o en el catre que uno llevara. Pero desde el d\u00eda en que esto amaneci\u00f3 inundado de tropa y todo era verde porque estaban hasta en los tejados de las casas, realizamos una ofensiva a la Alcald\u00eda y nos unimos. Hoy, cuando llega la polic\u00eda a molestar a un compa\u00f1ero, somos diez o veinte los que luchamos\u201d.<\/p>\n<p>Ana Fidelia, una robusta mujer que hace 7 a\u00f1os vende gallina en este mismo sector, afirma que el Sindicato le ha garantizado algunos derechos importantes. Durante a\u00f1os soport\u00f3 culatazos y cercos que la obligaban a salir corriendo, con sus ollas arrastrando. \u201cNos pegaban mucho, dice, nos quitaban la comida y nos ten\u00edan hasta trece d\u00edas encarceladas, dizque porque este trabajo era un delito. Hasta nos regaban gasolina encima de los alimentos. Por eso me sindicalic\u00e9 y las cosas han empezado a cambiar. Ahora somos solidarias y nos defendemos colectivamente\u201d.<\/p>\n<p>Los cinco mil afiliados a Sinucom en Bogot\u00e1 saben que no est\u00e1n solos. Para respaldarlos, la organizaci\u00f3n est\u00e1 dividida en 18 zonas que corresponden a las Alcald\u00edas Menores del Distrito. Cada una de ellas tiene su directiva, que afronta directamente los problemas, y dispone de jefes de cuadra que dan la primera alarma cuando se presenta una embestida de la fuerza p\u00fablica. A nivel nacional el sindicato ha fundado seccionales en 17 departamentos.<\/p>\n<p>Temilda, una mujer casi anciana que expende tinto en las horas de la noche porque su esposo qued\u00f3 paral\u00edtico y debe responder ella misma por sus obligaciones, sacrifica horas de descanso para ir a la Alcald\u00eda o para luchar hombro a hombro con sus camaradas cuando se anuncia un desalojo. Ni la edad, ni las penurias, ni la represi\u00f3n han mermado su \u00e1nimo. En 1975 encabez\u00f3 un desfile de protesta portando la bandera de Sinucom. La polic\u00eda, que ten\u00eda la orden de no dejarlos llegar a su destino, se lanz\u00f3 con toda su fuerza a contener la manifestaci\u00f3n. Fue de las primeras en caer, duramente golpeada. Temilda habla con orgullo de aquel d\u00eda como de una experiencia inolvidable que acendr\u00f3 m\u00e1s su odio contra los explotadores y le ayud\u00f3 a comprender mejor la urgencia de la emancipaci\u00f3n de los de abajo.<\/p>\n<p>Para quienes derivan su sustento del precario comercio constituye un est\u00edmulo el episodio ocurrido hace un par de meses frente a la Empresa de Tel\u00e9fonos de Bogot\u00e1, cuando en el momento en que la tropa intentaba desalojar a uno de sus compa\u00f1eros, decenas de obreros se solidarizaron con \u00e9l e impidieron que lo detuvieran. Este hecho, no tan ocasional, es una premonici\u00f3n para la lucha de los vendedores ambulantes; la de que el proletariado no s\u00f3lo les brinda el apoyo fundamental a sus reclamos, sino que, en definitiva, los intereses y objetivos de \u00e9ste ser\u00e1n los suyos como sector desplazado y despose\u00eddo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace 7 a\u00f1os Pedro Ortega era un campesino que viv\u00eda de lo que sembraba en una peque\u00f1a parcela en el Tolima. Por la presi\u00f3n de los terratenientes abandon\u00f3 la tierra y se vio obligado a emigrar a la ciudad. 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