{"id":20457,"date":"2004-11-26T19:00:00","date_gmt":"2004-11-26T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2004\/11\/26\/editorial-que-es-la-paz\/"},"modified":"2004-11-26T19:00:00","modified_gmt":"2004-11-26T19:00:00","slug":"editorial-que-es-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/editorial-que-es-la-paz\/","title":{"rendered":"Editorial: \u00bfQU\u00c9 ES LA &#8220;PAZ&#8221;?"},"content":{"rendered":"<p>Francisco Mosquera<\/p>\n<p>I<br \/>\nDos necesidades coincidentes<\/p>\n<p>En medio de la encrucijada de la quiebra econ\u00f3mica, el r\u00e9gimen de Belisario Betancur se aferra con angustia de n\u00e1ufrago a una de las pocas pol\u00edticas suyas que sobreaguan: la de pacificar el pa\u00eds a trav\u00e9s de la transacci\u00f3n con los grupos insurrectos. La desventura estriba en que despu\u00e9s de tantos imprevistos e improvisaciones, cuando comienzan a aparecer los s\u00edntomas inequ\u00edvocos del envejecimiento prematuro de su prestigio y todav\u00eda le falta buen trecho de su existencia institucional por recorrer, el presidente sigue a la espera del resultado del carisellazo de la &#8220;paz&#8221;, soportando a una centena de comandantes que, con cualquier petici\u00f3n a los delegados gubernamentales, todos los d\u00edas someten a prueba la virtud de la paciencia, y sufriendo la inquisitiva vigilancia de las capas adineradas, cuyos sectores menos complacientes no disimulan el disgusto porque la funci\u00f3n no termina.<\/p>\n<p>Lo cual no significa que las propuestas de entendimiento no se hubieran tramitado a\u00f1os atr\u00e1s. De creer en las declaraciones de los dirigentes de las Farc, desde el &#8220;mandato de hambre&#8221; empez\u00f3 el carteo de \u00e9stos a las altas esferas del poder olig\u00e1rquico en procura de un cese negociado de las hostilidades, Luego Turbay Ayala constituir\u00eda la primera de las muchas comisiones para tales fines, poniendo a presidirla a su porfioso contrincante, el se\u00f1or Carlos Lleras Restrepo, quien, como era de preverse, pronto discrep\u00f3 y renunci\u00f3 fulminantemente. No obstante, bajo \u00e9l anterior per\u00edodo se abri\u00f3 el &#8220;di\u00e1logo&#8221; a ra\u00edz de la toma de la embajada de la Rep\u00fablica Dominicana, seg\u00fan lo pregonan los mismos integrantes del M-19; y las C\u00e1maras Legislativas dieron asomos de inclinarse al perd\u00f3n, sancionando normas absolutorias que si no surtieron efecto se debi\u00f3 a las restricciones estipuladas, principalmente en lo tocante a la exclusi\u00f3n de determinados delitos y al peliagudo asunto de las armas.<\/p>\n<p>Aunque en los comicios de 1982 todas las agrupaciones y tendencias, a excepci\u00f3n del MOIR, invitaron a sosegar la rep\u00fablica mediante un gran acuerdo colectivo, y el propio candidato reeleccionista estamp\u00f3 el lema de que &#8220;la paz es liberal&#8221; por esos albures de la lucha pol\u00edtica y merced al fallo de las. urnas, le corresponder\u00eda a un jerarca conservador quedarse con el distintivo y, peor a\u00fan, tratar de cristalizarlo en el momento menos auspicioso; durante una coyuntura en la que Colombia corre hacia su completa bancarrota, la descomposici\u00f3n social se precipita aluvionalmente y el imperialismo y sus intermediarios vendepatria acuden, tras la reanimaci\u00f3n de las actividades productivas y de los negocios, a un recorte sustancial de las asignaciones de las masas trabajadoras de la ciudad y el campo. Con todo, al actual mandatario, bajo el impacto de las tremendas tribulaciones de la hora, incluido el agobio de que cada vez coinciden menos sus palabras con sus logros, le reporta, innegables ventajas conseguir presentarse cual el mes\u00edas de la reconciliaci\u00f3n y la tranquilidad ciudadanas. M\u00e1xime teniendo en cuenta que la violencia, en sus m\u00e1s crudas, abigarradas y ca\u00f3ticas manifestaciones, ha proliferado a lo largo del cuarto de siglo de haberse convenido la concordia del Frente Nacional y que desde antes la anormalidad jur\u00eddica, cong\u00e9nita a un estado de sitio pr\u00e1cticamente cr\u00f3nico, ha sido la \u00fanica manera de regir sobre los colombianos.<\/p>\n<p>Lejos de lo que muchas mentes acaloradas piensan, est\u00e1 dentro de los prospectos de la minor\u00eda privilegiada la opci\u00f3n de un pleno retorno a los cauces habituales del orden constitucional y legal. Para el buen suceso de las operaciones econ\u00f3micas burguesas siempre ser\u00e1 preferible un clima de calma y transigencia a otro de zozobra y pugnacidad. El ambiente explosivo y la inseguridad de la que tanto se quejan los gremios ahuyentan m\u00e1s inversionistas extranjeros de los que atraigan las modificaciones a la Decisi\u00f3n 24 del Acuerdo de Cartagena, anunciadas por las burocracias de los pa\u00edses andinos tras la mira de equilibrar sus balanzas cambiarias y de salir de la recesi\u00f3n.(1) No ha de extra\u00f1arnos escuchar con frecuencia voces provenientes de las filas del capitalismo, tanto en las naciones oprimidas como en las opresoras, que llaman a velar por la observancia de las normas democr\u00e1ticas y hasta recalcan el pro de los reajustes sociales enderezados a promover la convivencia de las clases. Desde sus albores, el modo de producci\u00f3n erigido sobre la esclavitud del trabajo asalariado no s\u00f3lo proclam\u00f3 la 1ibertad% sino la &#8220;igualdad&#8221; y la &#8220;fraternidad&#8221; entre los hombres. Pese y debido a que estas pr\u00e9dicas nunca dejaron de, ser una forma de dominaci\u00f3n, meras formulaciones escritas para azote y escarnio de la poblaci\u00f3n laboriosa, los expoliadores las mantienen enhiestas. Asiduamente se refieren a ellas como a pautas primordiales del andamiaje estatal interno e incluso de las relaciones internacionales, siendo que en la era del imperialismo, con el saqueo de continentes enteros por parte de los monopolios de unas cuantas metr\u00f3polis, la contradicci\u00f3n entre los postulados republicanos y &#8220;humanitarios&#8221; de la burgues\u00eda, de un lado, y la vida de penuria y sojuzgaci\u00f3n de miles de millones de habitantes del planeta, del otro, se hace palmaria e irreconciliable en absoluto. Obviamente lo expuesto no niega que las fuerzas dominantes arr\u00eden sus apreciadas ense\u00f1as, suspendan sus melosas convocatorias a la uni\u00f3n sin distingos y lancen por la borda los c\u00f3digos, el certamen electoral, las instituciones, la Constituci\u00f3n \u00edntegra, cuando el desarrollo de los conflictos interiores y exteriores que atentan contra las primac\u00edas y las subordinaciones establecidas requiera de un tratamiento directo, r\u00e1pido y quir\u00fargico.<\/p>\n<p>Argentina, verbigracia, con el triunfo de Ra\u00fal Alfons\u00edn, acaba de emerger de una noche de terror castrense que arroj\u00f3 un balance de miles y miles de personas asesinadas y desaparecidas, el costo del aniquilamiento de las organizaciones de extremaizquierda de corte ERP, Ej\u00e9rcito Revolucionario del Pueblo, y tambi\u00e9n, desde luego, de la sofocaci\u00f3n de las luchas populares. La oligarqu\u00eda de aquella porci\u00f3n de Am\u00e9rica, al volver por los fueros de la democracia representativa, no efect\u00faa otra cosa que acomodarse a las mudables circunstancias, recuperando de pasada su relativo ascendiente entre las multitudes, con cuya compa\u00f1\u00eda marcha hoy hasta los estrados judiciales a juzgar a sus espadones ca\u00eddos en desgracia, los mismos que ayer la salvaron de los brotes disolventes. Utilizar primero los m\u00e9todos duros y luego los blandos, o viceversa; alternar la tiran\u00eda militar con la civil, la represi\u00f3n abierta con la encubierta, el &#8220;gran garrote&#8221; con la &#8220;zanahoria&#8221;, simplemente obedece al comportamiento caracter\u00edstico de los adalides de la sociedad burguesa, y en nuestro caso de la sociedad neocolonial y semifeudal, que pugnan por fortalecer su supremac\u00eda y con ella sus beneficios pecuniarios. Ignorar esta experiencia tan com\u00fan y corriente, formando cauda tras los capitalistas cuando \u00e9stos, o parte de \u00e9stos se deciden por la segunda categor\u00eda de los m\u00e9todos se\u00f1alados, y hacerlo en nombre de la revoluci\u00f3n, configura una falta imperdonable, para no hablar de traiciones.<\/p>\n<p>Sea como fuere, la &#8220;paz&#8221; se convirti\u00f3 en una de aquellas obsesiones t\u00edpicamente colombianas que de vez en cuando contagian por igual los campamentos de las distintas parcialidades contrapuestas. Refleja la conjunci\u00f3n de dos necesidades coincidentes. La de un bipartidismo tradicional que acosado por las quiebras y el endeudamiento urge de arreglar la casa y serenar los esp\u00edritus; y la de una guerrilla que hostigada sin piedad por los aparatos represivos est\u00e1 lista a pulir su conducta y amoldarla a una atenuaci\u00f3n de las confrontaciones internacionales, sugerida por sus preceptores extranjeros ante el contraataque de Ronald Reagan, particularmente en Am\u00e9rica Latina. Consciente o inconscientemente, llevados por la curiosidad o arrastrados por los acontecimientos, desde do\u00f1a Berta hasta el llamado ML, con la solitaria omisi\u00f3n del moirismo, las bander\u00edas de todas las cadencias han echado su cuarto a espadas respecto a la novedosa estratagema. Merced a ello, en los complicad\u00edsimos regateos encaminados a suplir la controversia b\u00e9lica con el debate incruento, hemos visto disput\u00e1ndose la gratitud republicana y el elogio de la &#8220;subversi\u00f3n&#8221; a jefecillos de la talla de un Germ\u00e1n Bula Hoyos, la horma por excelencia del atrabiliario cacique de provincia; de un John Agudelo R\u00edos, otro intonso y obediente pe\u00f3n de brega de los trajines antinacionales y antipopulares, de sus superiores; o de un Otto Morales Ben\u00edtez, el insaboro, voluble y frustrado precandidato del llerismo, \u00faltimamente en pos de la representaci\u00f3n de las facciones part\u00edcipes de la legitimidad de su partido. Las caprichosas expresiones del caleidoscopio pacifista no devienen ni datan, pues, del fracaso en las urnas del continuismo liberal-conservador de L\u00f3pez frente al intempestivo repunte de la renovaci\u00f3n conservadora-liberal betancurista, aun cuando el cabecilla del Movimiento Nacional estime desde sus let\u00e1rgicas alturas que puede sacarles mejor tajada que el resto de sus coterr\u00e1neos y coet\u00e1neos. Si para los simples manzanillos de profesi\u00f3n simboliza un hito en sus anodinas trayectorias coadyuvar a tan procero empe\u00f1o de la democracia prevaleciente, para el primer magistrado, quien a similitud de Marco Fidel Su\u00e1rez reclama el m\u00e9rito de haber asido una a una las oportunidades que la rep\u00fablica de la libre competencia les depara a sus v\u00e1stagos predilectos, y que ocupa el solio como salida pantom\u00edmica de la crisis y sin otra misi\u00f3n factible que la de ahondarla, el ostentar el t\u00edtulo de pacificador, o de apaciguador de 25 a\u00f1os de conatos insurgentes representa no s\u00f3lo una proeza consagratoria sino un contrapeso a los incontables descalabros de su &#8220;s\u00ed se puede&#8221;.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>LA DILACI\u00d3N DE LOS PROCEDIMIENTOS<\/p>\n<p>El mismo 7 de agosto, ambicionando adue\u00f1arse del sentir general, el vencedor del 30 de mayo iz\u00f3 la bandera blanca y arranc\u00f3 con la tortuosa cruzada. &#8220;No quiero que bajo mi gobierno se derrame una sola gota de sangre de ning\u00fan compatriota m\u00edo, de ning\u00fan soldado&#8230; ni de ning\u00fan guerrillero, que tambi\u00e9n son hermanos nuestros&#8221;, dijo en la Escuela Militar de Cadetes, a los tres d\u00edas de posesionado, delante de unos regimientos que lo atisbaban entre remisos e incr\u00e9dulos. (2) Llover\u00edan de inmediato las demandas de tres o cuatro ej\u00e9rcitos del pueblo, cuyos estados mayores vislumbraban en los labios disertos del se\u00f1or Betancur el badajo de la campana anunciadora de las prologales conquistas de la revoluci\u00f3n. A partir de entonces la empresa conciliatoria entrar\u00eda en una nueva etapa, un lento y complejo torneo de aguante, no tanto por las disparidades como por las concordancias. Mientras la rebeli\u00f3n armada se decide a vender caro su aplacamiento, el presidente se resigna a pagar lo que cueste amansarla. Con la resignaci\u00f3n de \u00e9ste crece el precio de aqu\u00e9lla y a la inversa. Al extremo de que el proceso est\u00e1 bastante lejos de tocar a su fin, a causa de la infinidad de materias previstas en las agendas de discusi\u00f3n, y a la abundancia de requisitos, pasos, pr\u00f3rrogas e intervalos por cumplir. \u00bfSe prefiere pintar la paloma a echarla a volar? \u00bfO ser\u00e1 que los padres de la publicitada apertura democr\u00e1tica obtienen m\u00e1s beneficios de los dolores del parto que de la criatura? Para resolver el misterio al pa\u00eds no le queda otra que la de aguardar a la culminaci\u00f3n del suspenso. Hasta ahora conoce \u00fanicamente cuanto se han dignado avisarle los meticulosos alarifes de la conciliaci\u00f3n: que la &#8220;paz&#8221; es muy dif\u00edcil, los tr\u00e1mites muy prolijos y las condiciones muy perentorias. No necesitamos reconstruir toda la trama, puesto que sus bulliciosos y festivos episodios permanecen frescos a\u00fan en la memoria de las gentes que los han vivido y padecido minuto a minuto durante m\u00e1s de un trienio. Basta enumerar sus principales pasajes, junto a las disensiones generadas en el seno de diversos estamentos y entidades, con el objeto de disponer de un tel\u00f3n de fondo que nos sirva de referencia para el examen y las conclusiones de rigor.<\/p>\n<p>De entrada hay que anotar c\u00f3mo los surtidos matices del anarquismo criollo, apenas con la ausencia del ELN y de un ala disidente de las Farc, deponiendo antiguas rencillas se afanan en unificar sus reclamaciones, coordinar sus maniobras y respaldarse mutuamente; lo que ha redundado en el abultamiento de las exigencias elevadas a las autoridades y en la dilaci\u00f3n de los procedimientos propuestos. Levantado el estado de sitio en el atardecer de la administraci\u00f3n Turbay Ayala y suprimido el nefasto Estatuto de Seguridad, el altercado gir\u00f3 entorno a la libertad de los presos pol\u00edticos y a la condonaci\u00f3n de delitos como el secuestro, la extorsi\u00f3n y el asesinato fuera de combate, que los legistas de la parte opositora identificaban con el eufem\u00edstico calificativo de &#8220;anexos&#8221; a la rebeli\u00f3n, mas para los jurisperitos y centuriones del r\u00e9gimen eran escuetamente &#8220;cr\u00edmenes atroces&#8221;. El Ejecutivo accede y el Parlamento vota la Ley de Amnist\u00eda conforme a los pedidos de los sublevados. Cada quien crey\u00f3 reafirmar lo suyo, un presidente bufo escenificando el papel de campe\u00f3n de la confraternidad nacional; unos congresistas borregos sublimando las magnanimidades del despotismo burgu\u00e9s, y unas oligarqu\u00edas impotentes, glori\u00e1ndose no de eximir de culpa a unos cuantos adversarios detenidos 0 interdictos sino de perdonarle la existencia a una revoluci\u00f3n arrepentida. En lo atinente a los activistas rehabilitados, \u00e9stos, una vez abandonaron las c\u00e1rceles, se calaron sus brazaletes y volvieron a enmontarse, tras la determinaci\u00f3n de continuar combatiendo a tiros por los acuerdos entre gobernantes y gobernados y antes de que la patria llegue &#8220;al punto del no retomo&#8221;. Muchos actores y espectadores de la originaria ronda de la &#8220;paz&#8221; cayeron presa de las naturales sensaciones del desconcierto. La naci\u00f3n se sent\u00eda asaltada en su buena fe. Cuanto se negoci\u00f3 y discuti\u00f3, p\u00fablica y privadamente, lo convenido y aprobado en el Capitolio, las concesiones ofrecidas, todo, se hab\u00eda llevado a efecto sobre la base de que cuando menos los petardos se acallar\u00edan y los favorecidos con la gracia oficial no reincidir\u00edan en las andanzas por las que se les absolvi\u00f3. Plumas exentas de cualquier sospecha de inquina contra el pensamiento y las guapezas de los amnistiados no vacilaron en catalogar de &#8220;grave error pol\u00edtico&#8221; la burla a las expectativas creadas. Esgrimieron razones como \u00e9stas: &#8220;Se est\u00e1n entregando en bandeja de plata argumentos a la reacci\u00f3n&#8221;. (3) Ciertamente la ultraderecha, ni corta ni perezosa, ante un pa\u00eds enterado de los litigios por la armon\u00eda, salt\u00f3 a sindicar a los contingentes de la extrema contraria, y una vez m\u00e1s a trav\u00e9s de ellos al movimiento revolucionario en su conjunto, de otra atrocidad, la de mofarse de la palabra empe\u00f1ada. A los pocos d\u00edas de sancionado el texto legal por el cual se amnistiaban las infracciones de cinco lustros, englobadas las menos defendibles, y cuando ya era del dominio p\u00fablico que las guerrillas no renunciar\u00edan a sus azares y rebatos, El Tiempo pronostic\u00f3 desde su editorial del 25 de noviembre del 82: &#8220;El Ej\u00e9rcito de Colombia tendr\u00e1 que afrontar, con el respaldo absoluto de las grandes mayor\u00edas nacionales, una lucha abierta que, como todas las de ese g\u00e9nero, desatar\u00e1 mucha violencia y generar\u00e1 no pocos muertos&#8221;. Fue as\u00ed como aun al diario de los Santos, la conciencia liberal hecha tinta, hasta la fecha parco en sus juicios sobre los desplantes belisaristas, se le exalt\u00f3 la bilis, llegando al extremo de aguijonear a los militares para que procedan con vehemencia y sin contemplaciones de ninguna \u00edndole. (4)<\/p>\n<p>Con la indignaci\u00f3n de quienes in\u00fatilmente condescendieron y la perplejidad de los que consideraban un \u00e9xito sin paralelo la completa exculpaci\u00f3n de los rebeldes, se cerr\u00f3 el cap\u00edtulo introductorio a este novelado esfuerzo por la convivencia civil. Una inc\u00f3gnita s\u00ed hab\u00eda sido despejada: la amnist\u00eda no era la &#8220;paz&#8221;. \u00bfEn qu\u00e9 radica entonces? A la audiencia en ascuas los miembros del M-19 replicaron desde las puertas de La Picota con otras interrogaciones. &#8220;\u00bfQui\u00e9n se puede acoger a la amnist\u00eda en zonas de guerra si no hay cese del fuego?&#8221; &#8220;\u00bfQu\u00e9 vamos a hacer nosotros al salir de la c\u00e1rcel si sabemos que a nuestros compa\u00f1eros los est\u00e1n atacando en muchos frentes?&#8221; &#8220;\u00bfNo se est\u00e1 convirtiendo esta situaci\u00f3n en un nuevo trampol\u00edn hacia la guerra?&#8221;.(5) Con tales reflexiones qued\u00f3 inaugurada la fase subsiguiente, cuyo objetivo consistir\u00eda en obligar a los dignatarios de los sumos poderes a suscribir una tregua que se tradujera en un t\u00e1cito reconocimiento de los brazos armados como fuerzas beligerantes. En el lapso anterior la puja se hab\u00eda cifrado en el olvido de todas y cada una de las conductas delictivas; ahora se centrar\u00eda en la no entrega de los fusiles y en la desmilitarizaci\u00f3n de las \u00e1reas neur\u00e1lgicas. Nadie descartaba que la Casa de Nari\u00f1o convendr\u00eda en agotar otros arbitrios. Mucho antes de la promulgaci\u00f3n de la amnist\u00eda con que el presidente, a trav\u00e9s del Congreso, dispens\u00f3 todas y cada una de las faltas de sus impredecibles interlocutores, aqu\u00e9l hab\u00eda divulgado sus teor\u00e9ticas nociones acerca de que el generoso gesto no ser\u00eda suficiente para ponerle coto a las desconfianzas. Idea que con gusto y al un\u00edsono esparcieron a los vientos los propagandistas de la &#8220;paz&#8221;, desde los obispos cat\u00f3licos hasta los pont\u00edfices del revisionismo, pasando por la gama intermedia de ex\u00e9getas y ar\u00faspices del emblema que haya despertado las mayores ilusiones en la cr\u00f3nica contempor\u00e1nea de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>Empero, curiosamente, entre m\u00e1s int\u00e9rpretes coinciden respecto a los medios y prop\u00f3sitos, el apaciguamiento menos descifrable se torna. Si la primera solicitud de los insurgentes requiri\u00f3 alrededor de tres meses para ser satisfecha, la segunda habr\u00eda de demorar a\u00f1o y medio en concretarse. Mientras la una cosech\u00f3 las instigaciones de los gacetilleros de la \u00e9lite ilustrada en pro de una pacificaci\u00f3n a lo Pablo Morillo y se enter\u00f3 muy pronto del arrepentimiento de la C\u00e1mara de Representantes por haber prestado o\u00eddos a Belisario Betancur, la otra, ocasionando en su retardo serias fisuras entre la c\u00fapula cuartelaria y su jefe constitucional, repercutir\u00eda en la repentina sustituci\u00f3n del ministro de Defensa y en el apremiante licenciamiento de un peligroso tr\u00edo de generales identificados con las quejas de su superior jer\u00e1rquico.(6) Landaz\u00e1bal, en declaraciones ampliamente reproducidas por los medios informativos y en juntas reservadas de orden p\u00fablico, precis\u00f3 de continuo c\u00f3mo el perd\u00f3n concedido por la Ley 35 del 21 de noviembre de 1982, reg\u00eda hacia el pasado y no hacia el futuro de su promulgaci\u00f3n, pugnando por una t\u00f3nica diferente a la presidencial en los tratos con los &#8220;subversivos&#8221;, a los que, en las brigadas, no se les ha dejado de equiparar con la delincuencia com\u00fan, y ante quienes, por consiguiente, no caben delicadezas ni miramientos singulares. El 17 de enero de 1984, cuando las discrepancias lucieron demasiado obvias e insoslayables, a los oficiales de alto rango se les llam\u00f3 a calificar servicios.<\/p>\n<p>Temiendo un eventual pleito entre las dos investiduras, los distintos estratos olig\u00e1rquicos saltaron a apuntalar los fundamentos jur\u00eddicos del sistema, as\u00ed tuvieran que renovarle de relance el respaldo a la administraci\u00f3n responsable de empollar tantos entuertos en un tiempo tan relativamente escaso. A la aguda recesi\u00f3n, a los trastornos de los entes bancarios, al insondable d\u00e9ficit fiscal, a la enorme deuda externa y al resto de las falencias materiales ning\u00fan burgu\u00e9s deseaba a\u00f1adir la conmoci\u00f3n an\u00edmica de una cura castrense, que en lugar de componer los negocios podr\u00eda empeorarlos. Las anomal\u00edas econ\u00f3micas le ayudaron a neutralizar los enredos pol\u00edticos al presidente, y \u00e9ste, por lo menos moment\u00e1neamente, se sinti\u00f3 reconfortado para no decaer en su ingrata faena de abogado del diablo.<\/p>\n<p>Sobre las carreras muertas de cuatro militares de tres soles dados de baja por Betancur se convino al fin el alto al fuego, en desarrollo del pacto de La Uribe, suscrito el 28 de marzo entre la Comisi\u00f3n de Paz y las Farc. Pero el alto no se sell\u00f3 definitivamente, como cabr\u00eda esperarse, sino por un &#8220;per\u00edodo de prueba o de espera&#8221; de doce meses y a partir del 28 de mayo. A este armisticio lo seguir\u00eda el firmado durante la pen\u00faltima semana de agosto por el EPL, el M-19 y un fragmento del ADO, complet\u00e1ndose el mosaico de los grupos insurrectos que optaron por tender un puente de tupidas relaciones con el r\u00e9gimen belisarista. De los acuerdos se desprende que los alzados en armas las &#8220;depondr\u00e1n pero no las entregar\u00e1n&#8221;, para repetirlo con el giro empleado por algunos de ellos; que habr\u00e1 otra considerable tardanza con el objeto de verificar la suspensi\u00f3n de las hostilidades, y que las partes involucradas propiciar\u00e1n m\u00e1s convergencias, de aqu\u00ed en adelante tras la haza\u00f1a de ver por aproximarse a escarificar las purulentas llagas de la Colombia neocolonizada y atrasada, y esto conjuntamente, o sea el pa\u00eds redondo y sin reparos de clase.<\/p>\n<p>En suma, el forcejeo, en lugar de simplificarse y acortarse a medida que transcurre, se ha enmara\u00f1ado y dilatado enormemente. En compensaci\u00f3n, los colombianos consiguieron saber que la tregua tampoco era la &#8220;paz&#8221;. Resuelto dichosamente el segundo equ\u00edvoco, los infatigables compromisarios de la reconciliaci\u00f3n se aprestaron a entrar en el tercer laberinto: el Gran Di\u00e1logo Nacional, con may\u00fasculas. Cual su nombre lo indica, esta secuencia reside en emprender una intrincada pol\u00e9mica acerca, de los candentes antagonismos pol\u00edticos y de las profundas privaciones econ\u00f3micas y sociales del pa\u00eds, con la participaci\u00f3n de todas las fuerzas vivas, comprendidos los gremios patronales y los sindicatos obreros, los directorios partidistas y las asociaciones de consumidores, los cuerpos colegiados y la acci\u00f3n comunal, la curia y los usuarios campesinos, la guerrilla y el ej\u00e9rcito. La autor\u00eda de la ingeniosa f\u00f3rmula pertenece al M-19 que la concibi\u00f3 con bastante anticipo, mientras que la supresi\u00f3n previa de los combates y la verificaci\u00f3n de la misma por un a\u00f1o fue m\u00e1s bien inventiva de las Farc. Cada estado mayor insurgente se arrima a la mesa de negociaciones con su propio portafolio de requisitos y reclamos, de cuyo estricto acatamiento depende la conservaci\u00f3n de su autonom\u00eda e identidad. Y puesto que la alianza los obliga a secundarse entre si, refrendando sin falta las varias peticiones, por redundantes o engorrosas que fueren, el proceso pacificador con cada etapa vencida no gana ni en concisi\u00f3n, ni en rapidez, ni en claridad.<\/p>\n<p>No obstante los dones milagrosos y la desusada ocurrencia que les atribuyen sus promotores a las conversaciones entre las diferentes clases y corrientes pol\u00edticas, los intentos de amortiguar el choque de los intereses encontrados mediante la persuasi\u00f3n de la pl\u00e1tica son tan viejos como el &#8220;contrato social&#8221; de Rousseau. En el Continente no hay burgues\u00eda que en cierto momento hist\u00f3rico no hubiese puesto en vigor el cacareado &#8220;di\u00e1logo&#8221; y algunas, incluso, a semejanza de lo acaecido en el Per\u00fa bajo la f\u00e9rula del general Velasco Alvarado, han conseguido rubricar compromisos de reformas con estamentos organizados de la poblaci\u00f3n. Entre nosotros, y sin ir m\u00e1s all\u00e1 del interregno del Frente Nacional, el mandatario de turno con frecuencia habla y propicia la &#8220;concertaci\u00f3n&#8221; o el &#8220;pluralismo ideol\u00f3gico&#8221; sin necesidad de abrumarlo con operaciones terroristas.<\/p>\n<p>L\u00f3pez Michelsen, inmediatamente despu\u00e9s de ascender al solio en 1974, en un arranque de contagiosa demagogia llam\u00f3 a un entendimiento global entre los principales sectores vinculados a la producci\u00f3n, conformando la c\u00e9lebre &#8220;comisi\u00f3n tripartita&#8221; que agrupaba a patronos, sindicalistas y gobierno, y a la que un buen d\u00eda recibi\u00f3 en la residencia presidencial para avisarle que la naci\u00f3n atravesaba por un per\u00edodo crucial, ante el cual se requer\u00eda del noble renunciamiento de magnates e indigentes por igual. El mamertismo, que integraba la comisi\u00f3n y asisti\u00f3 a la reuni\u00f3n de Palacio, dej\u00f3 una lastimera constancia en protesta por la burla de que hab\u00eda sido objeto la membrec\u00eda revolucionaria. Luego se decretar\u00eda la emergencia econ\u00f3mica con su rosario de impuestos y alzas contra el pueblo, de prebendas para los grandes potentados y dem\u00e1s medidas antinacionales y antipopulares que distinguieron al &#8220;mandato de hambre&#8221;. Y en lo que llevamos del &#8220;s\u00ed se puede&#8221; ya hubo un primer ensayo de las discusiones multilaterales, cuando se convoc\u00f3 en septiembre de 1982 la &#8220;cumbre&#8221; de colectividades partidistas. Fuera de los funcionarios gubernamentales y de algunos de los fragmentos en que se hallan divididos el liberalismo y el conservatismo, concurrieron el Partido Comunista y el M-19, encabezados por Gilberto Vieira y Ramiro Lucio, respectivamente. Que valga destacar, el se\u00f1or Vieira &#8220;pidi\u00f3 romper el monopolio bipartidista en la Comisi\u00f3n Asesora de Relaciones Exteriores&#8221;, es decir, curs\u00f3 la solemne demanda de una silla para su agrupaci\u00f3n en dicho organismo; y el se\u00f1or Lucio anot\u00f3 que &#8220;en los diez puntos del ministro de Gobierno est\u00e1n contenidos los problemas fundamentales de la vida colombiana&#8221;.(7) Los contactos, el intercambio de opiniones y los concursos de oratoria entre clases y entre gremios, congregados de trecho en trecho por las burgues\u00edas dominantes, no tipifican, pues, ninguna revolucionarizaci6n de las modas democr\u00e1ticas, ni en Colombia, ni en Am\u00e9rica Latina, ni en el resto del mundo. Adem\u00e1s, al cierre de tales floreos los trabajadores de ordinario confirman c\u00f3mo se les ha extraviado algo de sus magras entradas o de su independencia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>EL DESGASTE DEL AGUANTE<\/p>\n<p>Acciones de la espectacularidad de la toma a bala del municipio vallecaucano de Yumbo, a cargo de un comando irregular y la ruidosa permanencia guerrillera durante casi una semana en las poblaciones de El Hobo y Corinto, autorizada por Betancur, al lado de la proliferaci\u00f3n intempestiva de los secuestros, la extorsi\u00f3n y el &#8220;boleteo&#8221; preludiaron los sobresaltos y sinsabores que habr\u00e1n de plasmarse en el tercer acto del drama de la &#8220;paz&#8221;, el de los coloquios. Iniciado de modo formal s\u00f3lo el 1\u00ba de noviembre, en el recinto de la Casa de Moneda, estuvo antecedido de tres pertubaciones estrechamente interconectadas: el incremento de las discrepancias entre los militares y su jefe supremo; la cascada de enconados mensajes emitidos por financistas, industriales y terratenientes que no encuentran otra explicaci\u00f3n a la ola de inseguridad que las ingenuas tolerancias del primer magistrado, y los reiterativos rumores de un golpe cuartelario, proveniente de la descarada conspiraci\u00f3n de acuciosos gamonales de los dos bandos de la coalici\u00f3n olig\u00e1rquica gobernante.<\/p>\n<p>Tan pronto entr\u00f3 en vigor la tregua convenida, Miguel Vega Uribe, entonces comandante general de las Fuerzas armadas, redact\u00f3 una circular record\u00e1ndoles a las tropas bajo su mando la raz\u00f3n de ser del ej\u00e9rcito perenne de la naci\u00f3n y los cometidos esenciales de \u00e9ste, entre los cuales enfatiza los de garantizar las &#8220;instituciones patrias&#8221; y preservar el &#8220;orden interno&#8221;. Determina por tanto el despliegue de &#8220;operaciones permanentes de control militar en las zonas de influencia de las cuadrillas de las Farc&#8221;, haciendo la salvedad de que el aplastamiento de las &#8220;otras formas delictivas de caracter\u00edsticas diferentes&#8221; les ata\u00f1e a las &#8220;autoridades civiles o de Polic\u00eda Nacional&#8221;(8) Con los nuevos eventos cada vez hab\u00eda menos duda respecto a que los uniformados no solamente continuaban neg\u00e1ndose a compartir el lenguaje y los enfoques de su alegre presidente, sino que estar\u00edan dispuestos a ir hasta la desobediencia con tal de no regalarles a los insurrectos ni una sola regi\u00f3n colombiana, por deshabitada o improductiva que ella fuere. En su puntillo de honor los gendarmes del r\u00e9gimen se ven estimulados con los clamores crecientes de unos ricachos que no comprenden por qu\u00e9 el Estado, con el objeto de satisfacer las exigencias de los alteradores de la tranquilidad p\u00fablica, se atreve, as\u00ed sea temporalmente, a quitarles la vigilancia a que tienen derecho y dejarlos inermes en manos del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En efecto, desde cuando se suscribieron los armisticios y se sopes\u00f3 en concreto su factible incidencia, en las filas de empresarios y finqueros empezaron a cundir las reservas sobre la eficacia de los mismos. Para ellos, que hab\u00edan accedido a acolitar los inagotables pujos pacifistas de la administraci\u00f3n del &#8220;cambio con equidad&#8221; y lo \u00fanico que apetecen en el mundo es poner a salvo sus humanidades y sus bienes, ning\u00fan progreso se obtuvo a no ser permitirles a las guerrillas conservar los fusiles y, de propina, certificarles que durante un a\u00f1o no sufrir\u00e1n asedio b\u00e9lico por parte de la autoridad leg\u00edtima. Ante todo les encrespa que la figura que saludaron alborozados un 30 de mayo ya no tan venturoso, pretenda acumular m\u00e9ritos jugando con los haberes y el pellejo ajenos.<\/p>\n<p>Por primera vez desde su asunci\u00f3n al poder el loado carisma del se\u00f1or Betancur recibir\u00eda una descarga cerrada de ap\u00f3strofes y censuras procedentes de la masa de grandes y medianos propietarios que estimaron llegada la hora de amonestar al mandatario por sus equ\u00edvocos, veleidades y candideces. Y esto parad\u00f3jicamente a ra\u00edz de conocerse la primicia del alto al fuego, convenido al cabo de las incontables acrobacias; en la esquiva y feliz oportunidad en que aqu\u00e9l podr\u00eda vanagloriarse de presentar por \u00faltimo a sus gobernados algo palpable, los textos de unas actas de acuerdo debidamente aprobadas y signadas por los grupos insurgentes. Pero, no. A muchos de sus distinguidos y pesados patrocinadores hoy por hoy no les hacen ning\u00fan chiste sus gestos populacheros de candidato de vereda en trance electora1, ni sus frases de mostrador con que instruye a alcaldes y gobernadores, ni su huero optimismo para rellenar los arriscados abismos econ\u00f3micos del pa\u00eds, ni sus imprevisiones en el tratamiento con los organismos internacionales de cr\u00e9dito y en particular con Norteam\u00e9rica, ni su secreta ambici\u00f3n de lucir sobre la banda el Premio Nobel de la paz. Ni siquiera su afici\u00f3n por la poes\u00eda, por la mala poes\u00eda. El prestigio del presidente ha descendido varios puntos en el concepto de los estratos elevados, sin que haya forma tampoco de que se sostenga ante los ojos de las clases menos favorecidas y m\u00e1s estrujadas por el desastroso ejercicio belisarista. Y este aspecto del an\u00e1lisis no resulta irrelevante puesto que sin lugar a especulaciones la t\u00e1ctica de una pacificaci\u00f3n parlamentada descansa en buena parte, como se ha demostrado, en la capacidad de aguante y en la tolerancia de la c\u00faspide del \u00f3rgano ejecutivo.<\/p>\n<p>En dr\u00e1stica carta remitida al inquilino de la Casa de Nari\u00f1o, las agremiaciones del Huila prorrumpen: &#8220;No estamos dispuestos a ceder ni un mil\u00edmetro del territorio del departamento ni vamos a ofrecer m\u00e1s vidas in\u00fatilmente con su burlada pol\u00edtica de paz. Lo que suceda de aqu\u00ed en adelante ser\u00e1 exclusivamente responsabilidad de su gobierno&#8221;. En misiva parecida, los ganaderos de C\u00f3rdoba puntualizan: &#8220;Con el respeto debido le comunicamos que no estamos dispuestos a que el fruto de nuestro honrado trabajo nos sea esquilmado. Creemos tener el derecho a que el gobierno nos d\u00e9 la protecci\u00f3n a nuestra honra, vida y bienes, a que est\u00e1 obligado por mandato de la Constituci\u00f3n&#8221;. Los cafeteros del Quind\u00edo se apresuraron a denunciar el &#8220;aumento inusitado en la regi\u00f3n de la extorsi\u00f3n, el chantaje, los secuestros y la violencia en la gama m\u00e1s amplia de sus manifestaciones&#8221;. Y en el mismo tonillo de agresi\u00f3n y disgusto se pronunciaron portavoces, de los hombres de negocios del Valle y Cauca, de la Sabana de Bogot\u00e1 y del Magdalena Medio, de Antioquia, Caldas, Sucre y otros departamentos de la de la Costa Atl\u00e1ntica. La Sociedad de Agricultores de Colombia y la Federaci\u00f3n Nacional de Ganaderos, luego de exteriorizar en mensaje conjunto sus preocupaciones por el alarmante deterioro de1a seguridad, sobre todo en los campos, y no obstante haberse pactado el cese de las hostilidades, afirmaron concluyentemente: &#8220;Reprimir a quienes no cumplan con la tregua, o a quienes al amparo de ella violen la ley, es indispensable para aclimatar y afianzar la paz que todos los colombianos estamos buscando&#8221;. (9)<\/p>\n<p>Aunque la extremaizquierda intente minimizar los alcances de los anteriores reproches, encasill\u00e1ndolos sin mayor detenimiento, maquinalmente, dentro de las obvias y acostumbradas reacciones con que las esferas m\u00e1s oscurantistas suelen afrontar los desarrollos de cualquier campa\u00f1a de innovaci\u00f3n, hay un hecho de bulto. Turbas de burgueses y terratenientes, en persona, no ya s\u00f3lo a trav\u00e9s de sus orientadores ideol\u00f3gicos o de sus l\u00edderes pol\u00edticos, han resuelto terciar en la trifulca, conminando al despacho presidencial con virulentas requisitorias para que cese no el fuego sino el juego, no la violencia sino la benevolencia. Su argumentaci\u00f3n: que se realicen las promesas comiciales pero que se cumplan los juramentos constitucionales. Y la conclusi\u00f3n: de lo contrario se ver\u00edan en la inexorable disyuntiva de proveerse de regimientos privados y administrar justicia por cuenta y riesgo propios.<\/p>\n<p>Con la propagaci\u00f3n de cuadrillas de matones a sueldo en extensos per\u00edmetros de la geograf\u00eda patria, an\u00e1logas a las que han devastado algunas \u00e1reas campesinas, como los &#8220;campovolantes&#8221; en los Llanos Orientales, los &#8220;tiznados&#8221; en Santander y el mismo &#8220;Mas&#8221; en el Magdalena Medio, se columbra una perspectiva demasiado comprometedora para el movimiento revolucionario colombiano en las actuales circunstancias, dados los vac\u00edos organizativos, la dispersi\u00f3n, los rudimentarios niveles de conciencia y la indisponibilidad para la guerra de las mayor\u00edas laboriosas. El desbordamiento de aquellos g\u00e9neros de terror blanco y su aclimataci\u00f3n en otros \u00e1mbitos departamentales nada positivo traer\u00edan, salvo impedir la libre actividad de las vanguardias contrapuestas al r\u00e9gimen y entorpecer enormemente el reagrupamiento de las fuerzas del pueblo. Y as\u00ed se pregone con bombo la &#8220;apertura democr\u00e1tica&#8221;, habr\u00e1 importantes extensiones prohibidas a la agitaci\u00f3n y la propaganda que no sean las de los directorios bipartidistas, en proporciones superiores al n\u00famero de las que pian piano se han ido clausurando como represalia a la aventuras y las listezas de los n\u00facleos foquistas, inclusive bajo el reinado del apaciguador y pese a la amnist\u00eda, la tregua y el di\u00e1logo.(10) No se trata meramente de cuerpos paramilitares que la Procuradur\u00eda no desarticula con sus fofas investigaciones. Estas bandas que act\u00faan en la penumbra pero que est\u00e1n dotadas de una precisa estructura de unidades y de mandos, y que culminan imponiendo su vand\u00e1lica voluntad en comarcas enteras, gozan de un patrocinio muy definido, acaso sin parang\u00f3n en la historia reciente de la rep\u00fablica, y es el que les proporcionan los latifundistas y magnates exasperados de tributar tras cualquier especie de chantajes. Los cuales est\u00e1n decididos a ponerle punto final a sus sobresaltos, blandiendo el cuchillo y la horca contra quienes ellos identifican con el gen\u00e9rico vocablo de &#8220;subversivos&#8221;. Junto al agravante de que esta sublevaci\u00f3n de los potentados, prevalida de los ingentes recursos que coloca a su disposici\u00f3n el dinero y la complicidad de las tropas y funcionarios locales, se halla en condiciones de aglutinar con relativa prontitud a los campesinos medios halagados o atemorizados, a la vez que arrincona, desmoraliza y apabulla al antojo a los jornaleros y campesinos pobres. Los terratenientes se sacuden el hostigamiento de los francotiradores enmontados, mientras que la poblaci\u00f3n trabajadora, con cuyas l\u00e1grimas paga la vindicta, siente sobre los hombros c\u00f3mo aprieta m\u00e1s la coyunda de la explotaci\u00f3n de los patronos. Desenlace previsible cuando las revoluciones se lanzan por el atajo de una insurrecci\u00f3n imaginaria, extreman las formas de lucha o se lumpenizan.<\/p>\n<p>Si en el pr\u00f3logo de la cr\u00f3nica de la &#8220;paz&#8221; nos tropezamos con un fervor contaminante, convertido en mandato por los comicios presidenciales de 1982; y si en el cap\u00edtulo inicial leemos c\u00f3mo se concibi\u00f3 y aprob\u00f3 con notoria aquiescencia la ley que puso en la calle a la totalidad de los detenidos pol\u00edticos a la saz\u00f3n existentes en Colombia, que eran los sindicados de pertenecer, con verdad o no, a las agrupaciones insurrectas tantas veces nombradas, o de participar en acciones terroristas; y si por las p\u00e1ginas referentes a las contingencias que precedieron a la suspensi\u00f3n de los enfrentamientos tuvimos noticia de los primeros respingos de la gran prensa y del relevo inopinado de cuatro generales, en la parte dedicada a los preparativos y desenvolvimientos del &#8220;gran di\u00e1logo&#8221; nos encontramos con que desde diversas esquinas del pa\u00eds burgueses y terratenientes confabulados zahieren al presidente, concit\u00e1ndolo a que se ci\u00f1a a las disposiciones constitucionales, y dentro de ellas, a cooperar con la versi\u00f3n pacificadora de las Fuerzas Armadas, o atenerse en su defecto a las consecuencias de los amotinamientos desde arriba. El espacio para los malabarismos se estrecha sin que de ning\u00fan lado se avizore la coronaci\u00f3n de la cima.<\/p>\n<p>Lo que arrancara con un asentimiento casi un\u00e1nime tras la estrepitosa derrota del turbolopismo, se ha vuelto una encerrona para el caudillo vencedor. Privado precozmente de los m\u00e1gicos atributos de la popularidad, v\u00edctima de los caprichos exeg\u00e9ticos de la Corte Suprema de Justicia que ech\u00f3 a tierra su segunda emergencia econ\u00f3mica, sujeto a los pupitrazos de un Congreso mayoritariamente regido por los clientelistas liberales, centro de las murmuraciones y recelos de su propio partido, sin un peso en el fisco con qu\u00e9 saciar las fauces de la gula olig\u00e1rquica y concluir sus proyectos piloto, con el fracaso de Contadora a cuestas y la desconfianza gringa pendiente sobre s\u00ed como una espada de Damocles, transformado en blanco de la sigilosa vigilancia de los oficiales que lo escoltan y hecho ya pasto de los chascarrillos del ingenio bogotano, testimonios vivos de su desprestigio, Belisario Betancur ha tenido que devolver a pedazos la supremac\u00eda usurpada y sofrenar poco a poco su complejo de N\u00fa\u00f1ez. Por dos veces se ha visto en la premura de redistribuir las carteras ministeriales con el objeto de aplacar las molestias del socio destronado. Menguada su ascendencia, semiinm\u00f3vil, ahora aguarda con los brazos cruzados a que otros dispongan sobre asuntos en torno de los cuales su despacho sentaba c\u00e1tedra en medio de los aspavientos de la demagogia. Bien podr\u00eda afirmar lo que Turbay Ayala les replic\u00f3 a los periodistas de Europa que lo acosaban con cuestionarios capciosos respecto a los sesgos represivos de su gobierno: &#8220;el \u00fanico preso pol\u00edtico que hay en Colombia soy yo&#8221;.<\/p>\n<p>Misael Pastrana, el fiel y desvelado padrino, hubo de adelantar por meses, contra todos los pron\u00f3sticos, la candidatura de Alvaro G\u00f3mez, persuadiendo con este movimiento a la godarria alebrestada de que el tinglado belisarista, en v\u00eda de extinci\u00f3n, servir\u00e1 de conducto para el pleno y posterior predominio de la doctrina azul. Y al ministro Jainie Castro, ave canora del gabinete y cuota clave del legitimismo liberal le toc\u00f3 salir a la pantalla chica a dar satisfacciones a la insubordinaci\u00f3n de los plut\u00f3cratas y asegurarles que la pol\u00edtica conciliadora del Ejecutivo contempla antes que nada la &#8220;presencia permanente y acci\u00f3n decidida de la fuerza p\u00fablica en todo el territorio narional&#8221;.(11) Aqu\u00e9lla nunca fue ciertamente la explicaci\u00f3n de la Presidencia, pero era lo que esperaban o\u00edr quienes han insistido en aplicar mano de hierro contra la delincuencia subversiva, y o\u00edrlo de una garganta autorizada y sobre todo cuerda de la gran coalici\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando, consternado frente a tantas incomprensiones, el pobre de Betancur, en ep\u00edstola al general Matamoros, quiso constatar su inocencia arguyendo que las C\u00e1maras amnistiaron a los guerrilleros sin condicionarlos al desarme, \u00e9ste le respondi\u00f3 record\u00e1ndole los art\u00edculos, 2, 166 y 48 de la Carta, concernientes a las bases exclusivas de la soberan\u00eda, al papel del ej\u00e9rcito y a la no posesi\u00f3n de armas de guerra por parte de los particulares, e igualmente el art\u00edculo 7\u00ba de la Ley de Amnist\u00eda, en el cual se fij\u00f3 entre dos y cinco a\u00f1os de c\u00e1rcel para quienes violen la prohibici\u00f3n antedicha.(12) La historia se repite. El oficial de m\u00e1s alto rango vuelve y rechaza los evasivos razonamientos que en su ayuda trae el atribulado comandante en jefe, saca a relucir sus lagunas en las materias del derecho, lo refuta directamente, paladinamente, ante la presencia toda de la naci\u00f3n expectante, y en esta ocasi\u00f3n tal vez con menos venias a como lo hiciera Landaz\u00e1bal Reyes. Sin embargo, al presidente le queda embarazoso sustituir cada seis meses a su ministro de Defensa. Y todav\u00eda peor si \u00e9stos se cobijan con el palio sacrosanto de la ley de leyes. Una cosa es botarlos cuando amenazan el entramado institucional y otra muy distinta cuando personifican la postrera opci\u00f3n de vigencia del mismo.<\/p>\n<p>Est\u00e1 visto que los principales exponentes de la casta militar no se demoraron en aprender las lecciones de la cr\u00edtica jur\u00eddica. Si somos hechura y protectores de la Constituci\u00f3n, \u00bfpor qu\u00e9 no parapetarnos tras los art\u00edculos de \u00e9sta? \u00bfDe d\u00f3nde ac\u00e1 la iterativa sospecha sobre los m\u00f3viles de nuestros riesgosos menesteres, si nos compete por encargo indelegable reprimir los estallidos an\u00e1rquicos y someter a los infractores, apell\u00eddense como se apelliden y h\u00e1llense donde se hallen? \u00a1Que no se nos siga zarandeando y destituyendo en bien del funcionamiento legal del pa\u00eds, siendo que nosotros constituimos la ley armada!<\/p>\n<p>En esta comedia de las equivocaciones hace rato que se trastrocaron los parlamentos. Desde la platea la concurrencia, en el cl\u00edmax del espect\u00e1culo, observa c\u00f3mo los alf\u00e9reces les ense\u00f1an a los leguleyos que la Constituci\u00f3n configura un todo compacto de libertades y proscripciones, y que si las unas son permisibles las otras son indispensables. Que no hay nada m\u00e1s constitucional que la persecuci\u00f3n y el castigo del delito, al igual que el estado de sitio, las brigadas, los pan\u00f3pticos y el resto de los instrumentos coercitivos con los cuales se limpia y se cautela a diario la rep\u00fablica inundada de elementos indeseables.(13) Dentro del malestar en aumento de las clases pudientes, el deslustre progresivo del caudillaje belisarista y la insignificancia de los frutos de la escurridiza &#8220;paz&#8221;, al generalato le han reportado valiosos dividendos sus incursiones en la jurisprudencia y sus aires de severidad republicana. Septiembre fue, por decirlo as\u00ed, el mes de las charreteras. Por doquier se exhalaron alabanzas a los mandos castrenses que, seg\u00fan los antiguos y recientes \u00e1ulicos, hab\u00edan hecho realidad el milagro de una angustiosa y desesperante b\u00fasqueda de la concordia, aun soportando las injurias de sus proverbiales malquerientes. (14)<\/p>\n<p>\u00a1Y ah\u00ed fue Troya! El aspirante secreto al Nobel de la paz, en impetuosa embestida por recobrar las riendas sueltas de la situaci\u00f3n, atron\u00f3 el 24 de septiembre desde las llanuras de Arauca, adonde se hab\u00eda trasladado a reconocer los promisorios yacimientos de petr\u00f3leo all\u00ed descubiertos; escenario y motivo no impropios para tratar de impresionar a la oligarqu\u00eda contrita y con l\u00edos econ\u00f3micos. Luego de admitir que las fuerzas militares han sido &#8220;vilipendiadas&#8221; alert\u00f3 que ahora son &#8220;aduladas s\u00f3lo para incitarlas demencialmente, in\u00fatilmente, al golpe de Estado&#8221;. Vaga aunque corrosiva imputaci\u00f3n. Que conllevaba adem\u00e1s la imprudencia de poner en boca de todos lo que a la chitacallando se depart\u00eda en los salones.<\/p>\n<p>Betancur esboza la contraofensiva con los mismos hierros y en el campo escogido por sus censores. Persigue un voto de confianza presionando una definici\u00f3n en cuanto a si la constitucionalidad reside m\u00e1s en los albedr\u00edos presidenciales emanados del sufragio democr\u00e1tico, o en la soldadesca por excelencia subordinada, obediente y no deliberante. Pero esto, lejos de ser una estrategia para recuperar los terrenos invadidos por unas conjuraciones compuestas por hombres de carne y hueso, con intereses muy tangibles y dotadas de medios poderosos de lucha, le parece m\u00e1s a las disquisiciones del tinterillo que apela en segunda instancia. Encima de que si las p\u00f3lizas de los espadones suben y bajan en la bolsa de la controversia p\u00fablica, ganan o pierden simpat\u00edas, se debe a que forman parte y a veces hacen de jueces del conflicto. Forman parte, entre otras cosas, porque el jefe supremo los provoca a que hablen y tomen posici\u00f3n, dirigi\u00e9ndoles misivas eminentemente pol\u00e9micas; los senadores y representantes los citan a menudo a que debatan en el Capitolio sus cargos y descargos, y hasta el M-19 los convida a que destapen en el &#8220;di\u00e1logo nacional&#8221; sus tesis sobre lo divino y lo humano. (15)<\/p>\n<p>Todo, por supuesto, sin importar una h\u00edga que los c\u00e1nones fundamentales e incluso el reglamento interno les venden de modo tajante a soldados y polic\u00edas la intervenci\u00f3n en pol\u00edtica. Y a veces hacen de jueces en el conflicto porque empu\u00f1ando las armas de la rep\u00fablica, cuentan con qu\u00e9 acallar cualquier discusi\u00f3n, abolir cualquier cabildo y deponer a cualquier mandatario. No pasemos por alto que cuando la mamerter\u00eda latinoamericana, siempre de gancho con los dem\u00f3cratas liberales del Continente, se hac\u00eda lenguas enalteciendo el profesionalismo del ej\u00e9rcito chileno, y visualizaba en \u00e9ste a un providencial soporte para la v\u00eda pac\u00edfica de la revoluci\u00f3n de Allende, el general Augusto Pinochet dio su jaque mate, del cual no se acaban de reponer a\u00fan los pobladores del hermano pa\u00eds. (16)<\/p>\n<p>El trompetazo de Arauca aguz\u00f3 los instintos pesquisidores de los periodistas, quienes se entregaron a la tarea de seguir los rastros dejados por la conspiraci\u00f3n e identificar a los cabecillas. La gente no tard\u00f3 en enterarse de que un conjunto de 40 parlamentarios conservadores organizaron a hurtadillas de la presidencia un &#8220;desayuno de trabajo&#8221; con los mandos castrenses, tras el prop\u00f3sito de obtener un informe de primera mano sobre los brotes de la inseguridad y con su concurso entrever las secuelas cabales de la paz belisariana. No obstante aclarar que por razones ocultas los generales al fin no concurrieron, los implicados aceptaron el \u00e1gape matinal como un hecho cumplido, o una intriga frustrada. Asimismo, otros 60 congresistas de ambos bandos de la coalici\u00f3n dominante redactaron una nota comprobatoria de sus acendradas lealtades hacia el estamento militar, y con la cual se propon\u00edan tachar por improcedentes las investigaciones de verificaci\u00f3n que, a ra\u00edz de los encuentros b\u00e9licos acaecidos d\u00edas antes en la localidad de Riosucio, hab\u00edan emprendido algunos de los comisionados ad hoc. Y para consumar esta juntura de cabos, durante la \u00faltima semana del mes de las charreteras se coment\u00f3 con maliciosa insistencia el banquete que, en desagravio al ej\u00e9rcito y a trav\u00e9s de Vega Uribe, brindaron los miembros de la Comisi\u00f3n II constitucional del Senado, presidida por el liberal Eduardo Abuchaibe. Conoci\u00e9ndose la dimensi\u00f3n de la conjura y a diferencia de la actitud asumida ocho meses atr\u00e1s ante las escaramuzas que confluyeron en el relevo de Landaz\u00e1bal, los comentaristas de oficio del cuarto poder le restaron trascendencia al asunto. Algunos aseguraban que eso no era un golpe sino un autogolpe; y otros se deleitaban recab\u00e1ndoles a los secretarios de Palacio la lista de los complotados, en el entendido de que el gobierno no podr\u00eda admitir impunemente una horadaci\u00f3n tan extendida de sus sustent\u00e1culos social y pol\u00edtico.<\/p>\n<p>As\u00ed, en semejante clima, Colombia se acerc\u00f3 de puntillas, temerosa y dubitativa, a los portales del Gran Di\u00e1logo Nacional. Los mejores hervores del entusiasmo se hab\u00edan extinguido. El taumaturgo de la odisea, el garante de los copiosos compromisos, de la tregua cronom\u00e9trica, de los tr\u00e1mites interminables, de las ofertas extracontractuales, el buenazo del se\u00f1or Betancur, ya no lidera con su bandera blanca; se limita a disuadir a sus escapadizos pros\u00e9litos de que cometen un error cuando malician de las competencias, las aptitudes y las intenciones de su presidente. Al dialogante decisivo le quedan arrestos s\u00f3lo para eso, dialogar.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>P\u00d3CIMAS VIEJAS CON MEMBRETES NUEVOS<\/p>\n<p>Pero, \u00bfel di\u00e1logo ser\u00e1 la &#8220;paz&#8221;? Incuestionablemente no. Quien repase el pacto de La Uribe y dem\u00e1s documentos transaccionales notar\u00e1 que la consagraci\u00f3n definitiva de los augurados goces del sosiego, tal cual lo avistamos atr\u00e1s, se supedita a la suerte de un policromo, ramillete de reivindicaciones tanto econ\u00f3micas como pol\u00edticas. Las unas, conforme rezan los convenios con las Farc, abarcan t\u00f3picos que se extienden desde la reforma agraria y el mejorestar campesino, hasta los &#8220;constantes esfuerzos por el incremento de la educaci\u00f3n a todos los niveles&#8221; y de &#8220;la salud, la vivienda y el empleo&#8221;; y las otras comprenden desde &#8220;garant\u00edas a la oposici\u00f3n&#8221;, &#8220;elecci\u00f3n popular de alcaldes&#8221;, &#8220;reforma electoral&#8221;, &#8220;acceso adecuado de las fuerzas pol\u00edticas a los medios de informaci\u00f3n&#8221;, &#8220;control pol\u00edtico de la actividad estatal&#8221;, &#8220;eficacia de la administraci\u00f3n de justicia&#8221; e &#8220;impulso al proceso de mejoramiento de la administraci\u00f3n p\u00fablica&#8221;, hasta &#8220;iniciativas encaminadas a fortalecer las funciones constitucionales del Estado y a procurar la constante elevaci\u00f3n de la moral p\u00fablica&#8221;. A su vez, el acuerdo con el M-19 y el EPL pormenoriza los temas objeto del &#8220;gran di\u00e1logo&#8221;: &#8220;la discusi\u00f3n y desarrollo democr\u00e1tico de las reformas pol\u00edticas, econ\u00f3micas y sociales que requiere y demanda el pa\u00eds en los campos constitucional, laboral, urbano, de justicia, educaci\u00f3n, universidad, salud, servicios p\u00fablicos y r\u00e9gimen de desarrollo econ\u00f3mico&#8221;.<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente un experto en renovaciones y enmendaduras superar\u00eda la desbocada imaginaci\u00f3n de nuestros heraldos de la concordia civil. Fuera de la lista no hay en verdad, esferas, \u00f3rbitas y \u00e1mbitos dignos de mencionarse y sobre los cuales no se piense verter la savia vivificadora de la pacificaci\u00f3n. La &#8220;paz&#8221; siempre ha estado ligada de manera indisoluble a la mudanza del pa\u00eds. Y \u00e9sta es la \u00fanica verdad de fondo que dilucida por qu\u00e9 el itinerario seguido, distante de conducir a un pronto y cabal arreglo, se empantana a medida que transcurre. Los grupos guerrilleros, no obstante acariciar, por lo menos de dientes afuera, la posibilidad de incorporarse a las actividades legales, no lo har\u00edan merced a la falta de condiciones para sostener la contienda armada, sino, por lo contrario, en virtud de sus \u00e9xitos y de los golpes infligidos a un enemigo al cual han puesto a discutir con ellos, de t\u00fa a t\u00fa y de pe a pa, cada una de las cuestiones medulares de la rep\u00fablica. En lugar de corregir con mesura los descarrilamientos de su t\u00e1ctica, andan a la caza de enmendarle la plana al r\u00e9gimen, reafirm\u00e1ndose en el desaf\u00edo impl\u00edcito de no prescindir del manual de Ernesto Che Guevara. Y con ello se colocan muy por debajo de la comandancia foquista latinoamericana de la d\u00e9cada del sesenta que, pese a sus concepciones antimarxistas sobre el Estado y la revoluci\u00f3n, al cabo de torturantes lucubraciones y desgarradores enjuiciamientos internos, plante\u00f3, &#8220;sencillamente&#8221;, cual lo refiere Teodoro Petkoff, &#8220;trasladar la lucha desde el terreno espec\u00edficamente militar al pol\u00edtico, para salir del callej\u00f3n ciego donde se encontraba&#8221;. (17)<\/p>\n<p>En Colombia todav\u00eda los dirigentes de la extremaizquierda defienden las explosiones insurreccionales con el simple y metaf\u00edsico considerando de que la miseria y la brutalidad propias de la sociedad explotadora de por s\u00ed ameritan las m\u00e1s contundentes o descabelladas respuestas de las organizaciones revolucionarias. A su juicio, cu\u00e1n viables y \u00fatiles resultan, en cualquier contingencia hist\u00f3rica y por caros que sean, los operativos para hacer propaganda marcial entre los moradores de los peque\u00f1os poblados, proveerse de millonarios recursos financieros, repartir bolsitas de leche en las barriadas fam\u00e9licas, ajusticiar a los esquiroles de las centrales patronales, secuestrar a los avaros gerentes de las empresas monop\u00f3licas que se resistan a subir los salarios, caer a la brava sobre los liceos y arengar a sus alumnos&#8230; Estilos de beligerancia que en lugar de descalificarse por improcedentes o extemporales se les estima m\u00e1s bien rentables. De ah\u00ed que esta &#8220;guerra&#8221; habr\u00e1 de ser permutada por el &#8220;cambio social&#8221; y la &#8220;apertura democr\u00e1tica&#8221; o no se le erradica.<\/p>\n<p>Dilema rotundo y aparentemente incontrastable. Pero aun cuando a las fajas m\u00e1s exaltadas de la peque\u00f1a burgues\u00eda estudiantil y profesoral les parezca la mejor confirmaci\u00f3n de la entereza de los insurgentes y les suene en sus o\u00eddos como un enriquecimiento original de la &#8220;combinaci\u00f3n de todas las formas de lucha&#8221; tal alternativa, por mucho que se le envuelva en un estridente radicalismo, no a\u00f1ade nada sustancial a las proclamas distribuidas por los combatientes del ELN a los somnolientos habitantes del olvidado municipio de Simacota en aquel amanecer del 7 de enero de 1965. Envasa, al rev\u00e9s, a\u00f1ejas y da\u00f1inas creencias en modernas y m\u00e1s absurdas versiones.<\/p>\n<p>Dentro de su r\u00fastica visi\u00f3n, Fabio V\u00e1squez Casta\u00f1o y seguidores se hallaban convencidos de que los adelantos ideol\u00f3gicos y organizativos, el paciente aprendizaje a trav\u00e9s de la pelea cotidiana en contra de las tropel\u00edas y en pro de los derechos, la contraposici\u00f3n p\u00fablica y en la m\u00e1s ampl\u00eda escala de los programas y soluciones de las diversas vertientes, el \u00e1nimo de las masas de derrocar a sus expoliadores y llevar el combate hasta las \u00faltimas consecuencias, am\u00e9n de las ventajas que en una coyuntura precisa y sin escapatoria ha de permitir el Estado desp\u00f3tico, debido a las crisis, divisiones, desbandadas y dem\u00e1s impedimentos para movilizar sus unidades y repeler el asalto del pueblo enfurecido, no eran requisitos b\u00e1sicos de las haza\u00f1as por la liberaci\u00f3n. En suma, que los factores ata\u00f1ederos a la correlaci\u00f3n de fuerzas ning\u00fan rol desempe\u00f1an en el desencadenamiento de la insurgencia civil, destinada a imponer, tras el triunfo, las transformaciones revolucionarias correspondientes. Que el tableteo de las ametralladoras sacar\u00eda al pa\u00eds de su marasmo secular y deparar\u00eda, como por generaci\u00f3n espont\u00e1nea, cada uno de los elementos imprescindibles para el estallido general. Con arreglo a tales desvar\u00edos no es la lucha pol\u00edtica la escogida para desobstruir la senda del levantamiento insurreccional sino \u00e9ste el encargado de promover aqu\u00e9lla. La insurrecci\u00f3n no depende de la pol\u00edtica. All\u00ed la pol\u00edtica depende de la insurrecci\u00f3n. \u00bfEn cu\u00e1ntas asambleas o foros no se habr\u00e1 querido enmudecer al MOIR a causa de la carencia de un brazo armado con qu\u00e9 darle brillo y realce a la justeza de sus asertos? Pues bien, durante m\u00e1s de dos decenios los colombianos han venido curioseando el desfile sin fin de grupos, grupitos y grup\u00fasculos que en este siglo de las siglas, con diferencias de denominaci\u00f3n, acento e insignias, se obstinan en incendiar la pradera al margen o en contra de la voluntad de las mayor\u00edas. Si entre nosotros los precursores y herederos del infantilismo de &#8220;izquierda&#8221; han justificado al un\u00edsono sus declaratorias insurreccionales con las urgencias del cambio, hace poco los segundos, en una aplicaci\u00f3n innovadora del argumento, resolvieron extenderlo a la &#8220;paz&#8221;. Pero como algo va de la victoria a la transacci\u00f3n, las enmiendas han de circunscribirse a aspectos tangenciales, a tiempo que se guardan o abandonan las de mayor enjundia. Y esto, a su vez, no puede menos que reflejarse en un raro amoldamiento de la consigna central. Antes se pregonaba a voz en cuello: \u00a1A las armas por la revoluci\u00f3n! Ahora se amaga: \u00a1Reforma o &#8220;guerra&#8221;! Desde el punto de vista te\u00f3rico semejante transmutaci\u00f3n conduce a un exabrupto menos inteligible. La acci\u00f3n armada se pon\u00eda ayer a la orden del d\u00eda d\u00e1ndole la espalda a la lucha de clases y mirando exclusivamente la perentoriedad de los vuelcos estructurales que requiere Colombia. Hoy, aunque se contin\u00faan ignorando los zigzagueos de la contienda y las disponibilidades de los contendientes, la prosecuci\u00f3n o no de la labor militar se subordina ya a unas cuantas reparaciones circunstanciales; algunas de estirpe constitucional, pero de todos modos enmarcadas dentro del orden jur\u00eddico imperante.<\/p>\n<p>A los lectores reticentes les basta devolverse unos cuantos renglones y re leer los pedidos y reclamos expuestos en los convenios de la tregua. Verificar\u00e1n que a pesar de la apretada enumeraci\u00f3n ninguna de aquellas pretensiones rebasa los mojones de la sociedad neocolonial y semifeudal; ni implicar\u00edan, de concederse, la m\u00ednima merma del dominio de los estratos olig\u00e1rquicos. Unas, a la inversa, tienden intr\u00ednsecamente a perfeccionarlo y robustecerlo, como las enderezadas a impulsar el proceso de mejoramiento de la administraci\u00f3n p\u00fablica&#8221; o a &#8220;fortalecer las funciones constitucionales del Estado&#8221; y la &#8220;eficacia de la administraci\u00f3n de justicia&#8221;. Tampoco tienen por qu\u00e9 debilitarlo la &#8220;reforma electoral&#8221;, la &#8220;elecci\u00f3n popular de alcaldes&#8221;, las &#8220;garant\u00edas a la oposici\u00f3n&#8221; el &#8220;control pol\u00edtico de la actividad estatal&#8221;, o el &#8220;acceso adecuado de las fuerzas pol\u00edticas a los medios de informaci\u00f3n&#8221;. Incluso, luego de instarse a que, al tenor del estatuto constitucional y &#8220;para la observaci\u00f3n y restablecimiento del orden p\u00fablico, s\u00f3lo existan las fuerzas institucionales del Estado&#8221;, se concluye que de su &#8220;profesionalismo y permanente mejoramiento depende la tranquilidad ciudadana&#8221;. El punto alude l\u00f3gicamente a las camarillas paramilitares, pero se opt\u00f3 no por la negativa sino por la positiva -decimos positiva en sentido metaf\u00f3rico- de admitir la bondad y abogar por la cualificaci\u00f3n de los custodios de la ley. Hay tambi\u00e9n formulaciones completamente et\u00e9reas cual la de &#8220;procurar la constante elevaci\u00f3n de la moral p\u00fablica&#8221;, que, fuera de su vaciedad, parte de la rectitud inmanente del gobierno, y en este caso del reato y la predisposici\u00f3n a autorregenerarse de los escalones m\u00e1s encumbrados y corruptos de la burocracia oficial, la manzana podrida que contagia al resto.<\/p>\n<p>Acaso la \u00fanica demanda cuya cristalizaci\u00f3n podr\u00eda relacionarse con un problema de estructura es el de la &#8220;reforma agraria&#8221;. Sin embargo, los tratados pacificadores no especifican el modelo ni la cobertura de la misma, ni cabr\u00eda esperar que apunten a una repartici\u00f3n de las incultas y grandes propiedades rurales a favor de los pobres del campo, con el m\u00f3vil de barrer el sistema de explotaci\u00f3n terrateniente, el minifundio improductivo y los remanentes de servidumbre; o sea derribando una de las trabas ancestrales que, aunada al saqueo imperialista, condena a la naci\u00f3n a la ruina econ\u00f3mica y a las clases laboriosas a las terribles situaciones de vida derivadas de aquellos yugos. Ni so\u00f1arlo. Cada vez que el reformismo echa a volar sus sofismas acerca de &#8220;cerrar la brecha&#8221; o reducir los desequilibrios del agro colombiano y cacarea con la distribuci\u00f3n de tierras, sus audacias no pasan de la titulaci\u00f3n de bald\u00edos o del reparto de unos cuantos eriales comprados a sobrecosto a los latifundistas. Por ning\u00fan sitio afloran indicios de que el pr\u00f3digo se\u00f1or Betancur se haya comprometido a trasponer tales fronteras, habida cuenta adem\u00e1s de que sus delegatarios son los firmantes y no \u00e9l, y los documentos, escritos con sutileza de notario, est\u00e1n salpicados de ambig\u00fcedades y giros nebulosos de este cariz: &#8220;La Comisi\u00f3n de Negociaci\u00f3n y Di\u00e1logo tiene la certeza de que el gobierno buscar\u00e1 lograr, con el concurso de los partidos pol\u00edticos, el congreso y la participaci\u00f3n ciudadana, un amplio acuerdo que permita modernizar y fortalecer la vida democr\u00e1tica del pa\u00eds&#8221;. 0 esta otra: &#8220;La Comisi\u00f3n de Paz da fe de que el gobierno tiene una amplia voluntad de&#8230; &#8220;. Y todo se esfuma en &#8220;hacer constantes esfuerzos por&#8230; &#8220;, &#8220;mantener su prop\u00f3sito indeclinable de&#8230; &#8220;, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Empero, supongamos que los guerrilleros sab\u00edan qu\u00e9 estaban pactando cuando se avienen a propugnar una reanimaci\u00f3n y un acoplamiento de los planes agrarios oficiales, tras la voz de socorrer al campesinado de las zonas afectadas por el flagelo de la violencia. \u00bfCon qu\u00e9 se sufragar\u00e1n los gastos? Las chapucer\u00edas del Incora han valido sumas astron\u00f3micas, provistas con pr\u00e9stamos extranjeros y partidas del erario, que son saldadas por el pa\u00eds, y en \u00faltimas por el pueblo, sobre quien recae b\u00e1sicamente la carga impositiva. Los d\u00e9ficit presupuestarios del mandato del &#8220;s\u00ed se puede&#8221; se contabilizan en cientos de miles de millones de pesos, los m\u00e1s altos en los anales de la rep\u00fablica. El Ejecutivo pena por que las C\u00e1maras le permitan emitir ininterrumpidamente moneda sin respaldo, esa alquimia de los tiempos nuevos con que desde hace rato se defrauda a los colombianos, y que se torn\u00f3 a la postre en la fuente discrecional de finanzas del r\u00e9gimen olig\u00e1rquico, ante la restricci\u00f3n de los empr\u00e9stitos for\u00e1neos, la insuficiencia de los recursos tributarios y el incesante acrecentamiento de las erogaciones. Y a la par, todo gestado por la bancarrota en que se debaten las naciones del Tercer Mundo y en particular Latinoam\u00e9rica. Si Betancur no ha logrado sacar a flote los dos o tres r\u00f3tulos llamativos de su plataforma electoral; pasa tramojos aliviando los desmesurados faltantes de banqueros e industriales o reuniendo la modesta paga de los trabajadores del servicio p\u00fablico, y ha de resignarse a mantener clausurados centros educativos y hospitalarios por inopia f\u00edsica, \u00bfcon qu\u00e9 subvencionar\u00e1 las concertaciones del &#8220;gran di\u00e1logo&#8221; en materia de salud, educaci\u00f3n, vivienda y empleo, o en temas como el agrario, laboral y urbano? Valga insistir en que los avances o retrocesos en cualquiera de tales asuntos no han de sustraerle ni agregarle un gramo de hegemon\u00eda a la alianza burgu\u00e9s-terrateniente mangoneadora del poder, aunque las conquistas econ\u00f3micas, y desde luego las pol\u00edticas, faciliten las palancas y los puntos de apoyo con los cuales habremos de centuplicar el empuje de la gesta libertaria. Pero de ah\u00ed a exigirlas cual cl\u00e1usula sine qua non de la &#8220;paz&#8221;, denota francamente un desconocimiento supino, o de los par\u00e1metros rectores de la actual sociedad colombiana, o de sus fases evolutivas.<\/p>\n<p>Cu\u00e1n vitales se nos revelan aqu\u00ed las gu\u00edas de una estrategia y de una t\u00e1ctica correctas, compendiadas a partir de la irradiaci\u00f3n de los principios universales del marxismo sobre las peculiaridades del pa\u00eds. Gracias a las primeras comprendemos que el desempleo, por ejemplo, tan severo y cr\u00f3nico en una neocolonia atrasada y exprimida como la nuestra, no puede remediarse ni paliarse sin el rescate de la soberan\u00eda nacional y la supresi\u00f3n del semifeudalismo y del capitalismo, al igual que de todos los otros \u00e1lgidos problemas de \u00edndole econ\u00f3mica. No ahondaremos en predicamentos que forman parte del abec\u00e9 y aguardemos a que los grupos insurgentes, al convenir con los delegados de Betancur en &#8220;hacer constantes esfuerzos&#8221; por el empleo, no hayan aspirado a que la ANDI ampl\u00ede gradualmente sus cupos laborales hasta absorber el paro y a costa de sus dividendos, pues ello significar\u00eda ordenar la eutanasia del sistema, y ordenarla por decreto.(18) Pero de no ser esto as\u00ed, entonces la paradoja planteada, reflexiva o irreflexivamente, s\u00ed es \u00a1reforma o &#8220;guerra&#8221;!<\/p>\n<p>El enfoque t\u00e1ctico nos advierte sin embargo que el cuatrienio belisarista, con todo y deberle su apoteosis a la perdici\u00f3n del continuismo de sus predecesores, y haberse beneficiado de las felon\u00edas de Carlos Lleras Restrepo, el reformador, no cuenta ni remotamente con las holguras que a \u00e9ste le posibilitaron sus remiendos y corcusidos sobre la red de los institutos del Estado; entre 1966 y 1970 el r\u00e9gimen de la Transformaci\u00f3n Nacional estatuy\u00f3 entidades a granel espesando la fronda burocr\u00e1tica -una manera de dar ocupaci\u00f3n-, y derroch\u00f3 caudales en sus distritos de riego e indemnizaciones a los finqueros incorados, en sus unidades agr\u00edcolas familiares y empresas comunitarias, en sus comit\u00e9s de usuarios campesinos y dem\u00e1s trapisondas agraristas. En la actualidad, antes que discurrir sobre el futuro, han de cancelarse los d\u00e9bitos legados por las administraciones anteriores. Si se presta ser\u00e1 para cumplir, primordialmente con las cuotas de los intereses vencidos. Aunque- no se haya protocolizado todav\u00eda la capitulaci\u00f3n frente al Fondo Monetario Internacional, el curso de la econom\u00eda lo determinan ya, conforme a sus \u00e1vidos y mezquinos c\u00e1lculos, los linces de las agencias prestamistas internacionales. En Colombia a las ef\u00edmeras pompas del reformismo les pas\u00f3 calendarios ha su cuarto de hora hist\u00f3rico, y nuestros estafetas de la reconciliaci\u00f3n tomaron demasiado a pecho los motes propagand\u00edsticos, del &#8220;s\u00ed se puede&#8221; y estuvieron muy de malas al pensar que \u00e9ste era el per\u00edodo de las oportunidades. Mientras ellos platican sobre el cu\u00e1ndo y el d\u00f3nde recomponer la rep\u00fablica maltrecha, los hacendistas del gabinete se devanan los sesos ingeni\u00e1ndose el c\u00f3mo recortar la n\u00f3mina, suspender subsidios, subir precios, tarifas y grav\u00e1menes. De suerte que si las comandancias guerrilleras se oponen a enmendar, no el pa\u00eds, sino sus err\u00f3neas apreciaciones, la &#8220;paz&#8221; nunca llegar\u00e1 a conferirse. Puesto que, desde la m\u00e1s vasta y estrat\u00e9gica perspectiva, el belisarismo en el gobierno, no dejar\u00e1 de ser, con sus malabaristas, magos, enanos y payaso, una de las tantas variedades del Estado de los negreros de la \u00e9poca contempor\u00e1nea, y desde el \u00e1ngulo de un escrutinio t\u00e1ctico e inmediato, el agobiado de Betancur no tiene pr\u00e1cticamente con qu\u00e9 comprarle alpiste a la paloma.<\/p>\n<p>Lo ins\u00f3lito de toda esta torre de Babel es que no obstante expresarse cada quisque en su jerigonza partidista, los animadores de la pacificaci\u00f3n dialogada se identifican en que la patria no se har\u00e1 acreedora a la tranquilidad entretanto no repare la casa y subsane o mitigue los desajustes y las injusticias. Con ello creen abastecer de profundidad a sus superficialidades, sin percatarse de que no hacen m\u00e1s que alzar un murall\u00f3n inexpugnable a los preconizados reposos de su concordia ciudadana. Liberales y conservadores, generales y civiles, capitalistas y revisionistas, ministros del despacho y ministros de Dios, editorialistas y suscriptores, todos a una, como en Fuenteovejuna, con la excepci\u00f3n dos veces dicha del MOIR, han rivalizado casi tres a\u00f1os en rodear el proceso pacificador de tan r\u00edgidos condicionantes, rebuscadas razones y dotes prodigiosas, que el pa\u00eds c\u00f3nico rod\u00f3 hacia el despe\u00f1adero que \u00e9l mismo cavara insensata y parsimoniosamente: que no habr\u00e1 &#8220;paz&#8221; porque no habr\u00e1 reformas, ni techo, ni drogas, ni parcelas, ni trabajo. Y no los habr\u00e1 m\u00e1s de cuanto los hubo bajo Turbay, L\u00f3pez o Pastrana, sino menos, merced a que la sociedad colombiana se halla a\u00fan en la cresta de la crisis, quiz\u00e1 tan demoledora como el crac de 1929, que no acaba de transcurrir, y, de encima, ha de desembolsar anualmente, por concepto del servicio de su elevada deuda externa, una cifra pr\u00f3xima al valor de sus exportaciones cafeteras. Un pantanero en el que las oligarqu\u00edas intermediarias de los monopolios imperialistas, al contrario de aflojar la clavija, restablecen su cuota de ganancia y la de sus amos redoblando el desvalijamiento de Colombia y reduciendo al m\u00e1ximo los exiguos ingresos del campesinado y de la clase obrera.<\/p>\n<p>El propio presidente, tratando de darle contenido y lustre a su cruzada del apaciguamiento, improvisa y ensarta uno a uno apotegmas parecidos a \u00e9ste: &#8220;En muchos casos son m\u00e1s subversivas las situaciones que las personas envueltas en ellas&#8221;. E increpa: &#8220;&#8230;c\u00f3mo no va a ser subversiva la situaci\u00f3n en que Am\u00e9rica Latina est\u00e1 enfrente de las grandes potencias&#8221;. Para \u00e9l los quebrantos de la tranquilidad, el incesante derramamiento de sangre, se originan tanto en los &#8220;agentes objetivos&#8221; como en los &#8220;subjetivos&#8221;. Los unos &#8220;son las condiciones de desigualdad, injusticia y carencias en que viven grandes n\u00facleos de la poblaci\u00f3n&#8221;; y los otros &#8220;est\u00e1n constituidos por la inconformidad que aquellas injusticias producen&#8221;. Y luego de sus cabriolas por los cielos de la sociolog\u00eda ha de aterrizar inevitablemente en la fatal sentencia: la &#8220;paz&#8221; anhelada &#8220;no va a lograrse solamente con las f\u00f3rmulas de la amnist\u00eda, sino con el implantamiento de sustanciales reformas en los campos pol\u00edtico, econ\u00f3mico y social&#8221;. De ah\u00ed que sus disertaciones, muchas por cierto, est\u00e9n atiborradas de solemnes juramentos alusivos a que satisfar\u00e1 a los &#8220;agentes subjetivos&#8221; o &#8220;personales&#8221; destruyendo los &#8220;objetivos&#8221; o &#8220;impersonales&#8221;, es decir, al sistema, para lo cual tendr\u00e1 que obtener desde la baja de los altos \u00edndices del inter\u00e9s bancario hasta la modernizaci\u00f3n de Colombia, pues &#8220;el subdesarrollo es por s\u00ed subversivo&#8221;.<\/p>\n<p>Con las argucias presidenciales sucede a la peque\u00f1a escala de nuestro solar patrio lo que acontece con los infaustos yerros en que ha incurrido la humanidad en su sinuoso devenir, que, por la apariencia de las cosas, sus manifestaciones exteriores o los visos efectistas de veracidad que ostentan, se las abraza, se las santifica y el vulgo se embarca en ellas sin reparar en su exactitud, en su utilidad o en sus efectos.(19) Pero el pensamiento revolucionario tanto m\u00e1s se engrandece cuanto m\u00e1s enormes y contumaces sean las mentiras contra las que combate. \u00bfNo fueron finalmente tumbadas de su pedestal tesis tan duraderas y tan falsas cual las del origen divino y la inmutabilidad de las especies, registr\u00e1ndose as\u00ed un salto gigantesco en las ciencias naturales del siglo XIX? \u00bfNo llegaremos los marxistas colombianos a despejar los infundios tejidos por el pacifismo en boga y contribuir correspondientemente al acervo te\u00f3rico de los trabajadores? El pa\u00eds ya aprender\u00e1 que en los asuntos de la guerra y de la paz, aunque se hallen relacionados con los fen\u00f3menos econ\u00f3micos, el inicio o el t\u00e9rmino de las hostilidades no han de subordinarse directamente a aqu\u00e9llos, ni m\u00e1s ni menos a como la revoluci\u00f3n, que se ejecuta para desobstruir el desarrollo, estalla no por la trascendencia de sus \u00e9picas tareas sino por la potencialidad real de acometerlas en unas circunstancias dadas.<\/p>\n<p>Ignoramos cu\u00e1l ser\u00e1 el ep\u00edlogo de la comedia de las equivocaciones y no est\u00e1 en nuestras apetencias aventurar ning\u00fan tipo de profec\u00edas al respecto. No resulta lo mismo escribir sobre los acontecimientos cuando \u00e9stos pertenecen a la historia que cuando a\u00fan no culminan su ciclo. Ateni\u00e9ndonos, sin embargo, a las dilaciones del evento, al hecho ir\u00f3nico de que los guerrilleros requieren ahora un indulto, porque la Ley de Amnist\u00eda obviamente no reg\u00eda para el porvenir; remiti\u00e9ndonos a los pululantes resquemores exteriorizados por los burgueses y terratenientes que le achacan a la blandura del Ejecutivo la promoci\u00f3n del secuestro y dem\u00e1s eclosiones delictivas; tanteando el debilitamiento acelerado de Betancur y sus crecientes dificultades para hacer aprobar del Congreso cualquiera de las propuestas esbozadas en los acuerdos, y especialmente circunfiri\u00e9ndonos al desatino de mezclar el regreso a la acci\u00f3n legal con los cambios sociales, cuando el gobierno no ha cumplido o no ha conseguido cumplir siquiera con el levantamiento del estado de sitio, podemos afirmar, a estas alturas, tal cual est\u00e1n echadas las cartas por los augures de la reconciliaci\u00f3n y de no desecharse las concepciones ilusas, que la &#8220;paz&#8221; es la &#8220;guerra&#8221;.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>EN LUGAR DE AVANZAR, SE RETROCEDE<\/p>\n<p>Entrado el mes de septiembre de 1982 el despacho presidencial configur\u00f3 lo que motejara de &#8220;Comisi\u00f3n de Paz Asesora del Gobierno Nacional&#8221;, y en la cual, de manera inconsulta y antojadiza, incluy\u00f3 al compa\u00f1ero Marcelo, Torres, miembro de nuestro Comit\u00e9 Ejecutivo Central. Prestos, rechazamos la enconosa distinci\u00f3n, explicando que nunca se nos hab\u00eda pasado por la mente asesorar a administraci\u00f3n alguna, ni en tales ni en otros apuros. Por lo dem\u00e1s, no ten\u00edamos velas en el entierro, ya que &#8220;el MOIR -dijimos- no ha impetrado la paz, entre otras cosas porque no ha declarado la guerra&#8221;.<\/p>\n<p>Desde entonces nos hemos limitado a una distante y hasta cierto punto benigna expectaci\u00f3n, cuidando eso s\u00ed que los frentes de masas bajo la influencia revolucionaria del Partido no sucumban a la embriaguez colectiva, ni mucho menos se involucren en las diligencias de un anarquismo envuelto a las veinte en tratos y tretas contemporizadores. Qued\u00f3 expreso de modo di\u00e1fano que prohij\u00e1bamos &#8220;1asjustas exigencias por la excarcelaci6n incondicional de los presos pol\u00edticos y por el cese inmediato de los asesinatos y torturas de los guerrilleros y dem\u00e1s luchadores que han ca\u00eddo en manos del r\u00e9gimen&#8221;.<\/p>\n<p>Empero, conoc\u00edamos bastante bien las tendencias y los personajes que iban a encerrarse a negociar. Est\u00e1bamos en antecedentes del ideario profesado y de las demandas proferidas por quienes ahora tremolan los ramos de olivo. Cre\u00edamos muy poco en la autonom\u00eda de vuelo de un presidente sin votos propios que arribaba al solio gracias a los insustituibles y puntuales espaldarazos de las dos alas unidas del conservatismo, y cuyas intemperancias habr\u00edan de amoldarse indefectiblemente a las correas del art\u00edculo 120 de la Carta, que consagra &#8220;con car\u00e1cter permanente el esp\u00edritu nacional en la Rama Ejecutiva&#8221;, o sea la regencia compartida de las castas pol\u00edticas de siempre, pertenecientes a las colectividades tradicionales y a la vez estipendiarias de los saqueadores de afuera y de adentro. Debido a todo ello hicimos un voto y formulamos una exhortaci\u00f3n. Eran, de un lado, la esperanza de que a la postre salieran favorecidos &#8220;unos m\u00e9todos y una t\u00e1ctica revolucionarios y correctos&#8221;, y, del otro, el temor a que las gestiones emprendidas sirvieran para ocultar a\u00fan m\u00e1s &#8220;la \u00edndole antinacional y antipopular de los nuevos administradores de la vetusta rep\u00fablica&#8221;(20)<\/p>\n<p>As\u00ed fij\u00f3 nuestra direcci\u00f3n sus puntos de vista, llanamente, si se quiere en tono menor, acerca y al comienzo de las conversaciones entre las siglas armadas y el r\u00e9gimen betancurista reci\u00e9n establecido. No por discretos, dichos conceptos fueron menos oportunos, claros y premonitorios. Con la \u00faltima sustituci\u00f3n en la cumbre del poder olig\u00e1rquico de rostros, ret\u00f3ricas y sones particulares de gobernar, se inaugur\u00f3 aquel 7 de agosto de 1982 un trayecto en el que pusi\u00e9ronse simult\u00e1neamente de moda, tanto las c\u00e1balas alrededor del eventual marchitamiento en Colombia de la muy cubana teor\u00eda del foco y de las acciones terroristas, como los espejismos, por lo com\u00fan cuatrienales, de que tras el relevo del mandatario sobrevendr\u00edan los respiros econ\u00f3micos y la apertura democr\u00e1tica. En cuanto a las primeras, a la revoluci\u00f3n colombiana le interesa vivamente que desaparezcan modalidades de combate que, por su extemporaneidad o incongruencia, en vez de jalonarla, le crean infinitos y artificiales escollos en su desenvolvimiento. Y en cuanto a los segundos, tampoco registraremos progresos significativos en la organizaci\u00f3n de una corriente revolucionaria verdaderamente de masas, mientras no seamos capaces de sembrar entre obreros y campesinos pobres el criterio cient\u00edfico y b\u00e1sico de que la catadura del Estado imperante, cual maquinaria de dominaci\u00f3n y de fuerza de la minor\u00eda expoliadora, no se trasmuda por el simple hecho de que tome el control de la misma una u otra de las fracciones pol\u00edticas de la burgues\u00eda.<\/p>\n<p>Lamentablemente ninguna de estas contradicciones ha evolucionado en el sentido favorable al que nosotros propendemos. La m\u00e1s trascendente y antigua de las batallas ideol\u00f3gicas que hubimos de librar se llev\u00f3 a cabo precisamente en el terreno de la t\u00e1ctica y tuvo que ver con el r\u00edgido e infantil modelo entronizado por los rebeldes de la Sierra Maestra, cuyo triunfo marc\u00f3 \u00e9poca, avivando el sentimiento antiimperialista del Continente e imprimi\u00e9ndole una singular din\u00e1mica a la contienda revolucionaria. Por la excepcional experiencia y la inmadurez circunstancial de un movimiento al que todo le hab\u00eda salido tan r\u00e1pido y bien a pesar de sus lances y temeridades, los postulados de los h\u00e9roes del Moncada no se traducir\u00edan s\u00f3lo en regocijo y entusiasmo. Al caer su casu\u00edstica en el surco abonado de una peque\u00f1a burgues\u00eda puesta al margen de las realidades de tiempo y lugar, aun cuando \u00e1vida de redimir a la patria mancillada e impaciente por imitar las proezas de sus \u00eddolos favoritos, dar\u00eda p\u00e1bulo a la floraci\u00f3n de vanguardias extremoizquierdistas en infinidad de naciones de Am\u00e9rica Latina. Pero acaso en ninguna parte con tal exuberancia y recurrencia como en Colombia.<\/p>\n<p>La lucha interna desatada en 1965 en las filas del extinto MOEC, luego de los incontables y calamitosos fracasos de una l\u00ednea en esencia militarista y an\u00e1rquica, obedeci\u00f3 a los esfuerzos preliminares de un peque\u00f1o n\u00facleo de cuadros que llamaban la atenci\u00f3n sobre la necesidad de hacer un alto en la marcha, rectificar en serio y poner en pr\u00e1ctica las sabias ense\u00f1anzas del marxismo-leninismo, en lo concerniente al car\u00e1cter obrero y la estructura centralizada y democr\u00e1tica del Partido; a la preponderancia de la acci\u00f3n pol\u00edtica en las labores de movilizar al pueblo y enraigarnos en \u00e9l; a lo valioso de una plena comprensi\u00f3n de las complejidades nacionales y de un robustecimiento progresivo del nivel te\u00f3rico y cultural de militantes y activistas; a la justeza de atenerse a los aportes de las bases y a los esfuerzos propios en el sostenimiento financiero, sin vivir dependiendo del apoyo internacional, o de disparatados operativos de azarosa realizaci\u00f3n y consecuencias liquidacionistas. Y ante todo trazar el rumbo estrat\u00e9gico a partir del an\u00e1lisis de las clases y de su comportamiento dentro de la sociedad, y escoger los medios t\u00e1cticos de pelea conforme se vaya desencadenando el pugilato entre esas mismas clases. Mas no al contrario, seleccionando a priori la lucha armada cual el modo predilecto o impostergable, y concluyendo de antemano la naturaleza no de nueva democracia sino socialista de la revoluci\u00f3n. Par de peregrinas invenciones que colocaba.<\/p>\n<p>Lamentablemente ninguna de estas contradicciones ha evolucionado en el sentido favorable al que nosotros propendemos. La m\u00e1s trascendente y antigua de las batallas ideol\u00f3gicas que hubimos de librar se llev\u00f3 a cabo precisamente en el terreno de la t\u00e1ctica y tuvo que ver con el r\u00edgido e infantil modelo entronizado por los rebeldes de la Sierra Maestra, cuyo triunfo marc\u00f3 \u00e9poca, avivando el sentimiento antiimperialista del Continente e imprimi\u00e9ndole una singular din\u00e1mica a la contienda revolucionaria. Por la excepcional experiencia y la inmadurez circunstancial de un movimiento al que todo le hab\u00eda salido tan r\u00e1pido y bien a pegar de sus lances y temeridades, los postulados de los h\u00e9roes del Moncada no se traducir\u00edan s\u00f3lo en regocijo y entusiasmo. Al caer su casu\u00edstica en el surco abonado de una peque\u00f1a burgues\u00eda puesta al margen de las realidades de tiempo y lugar, aun cuando \u00e1vida de redimir a la patria mancillada e impaciente por imitar las proezas de sus \u00eddolos favoritos, dar\u00eda p\u00e1bulo a la floraci\u00f3n de vanguardias extremoizquierdistas en infinidad de naciones de Am\u00e9rica Latina. Pero acaso en ninguna parte con tal exuberancia y recurrencia como en Colombia.<\/p>\n<p>La lucha interna desatada en 1965 en las filas del extinto MOEC, luego de los incontables y calamitosos fracasos de una l\u00ednea en esencia militarista y an\u00e1rquica, obedeci\u00f3 a los esfuerzos preliminares de un peque\u00f1o n\u00facleo de cuadros que llamaban la atenci\u00f3n sobre la necesidad de hacer un alto en la marcha, rectificar en serio y poner en pr\u00e1ctica las sabias ense\u00f1anzas del marxismo-leninismo, en lo concerniente al car\u00e1cter obrero y la estructura centralizada y democr\u00e1tica del Partido; a la preponderancia de la acci\u00f3n pol\u00edtica en las labores de movilizar al pueblo y enraigarnos en \u00e9l; a lo valioso de una plena comprensi\u00f3n de las complejidades nacionales y de un robustecimiento progresivo del nivel te\u00f3rico y cultural de militantes y activistas; a la justeza de atenerse a los aportes de las bases y a los esfuerzos propios en el sostenimiento financiero, sin vivir dependiendo del apoyo internacional, o de disparatados operativos de azarosa realizaci\u00f3n y consecuencias liquidacionistas. Y ante todo trazar el rumbo estrat\u00e9gico a partir del an\u00e1lisis de las clases y de su comportamiento dentro de la sociedad, y escoger los medios t\u00e1cticos de pelea conforme se vaya desencadenando el pugilato entre esas mismas clases. Mas no al contrario, seleccionando a priori la lucha armada cual el modo predilecto o impostergable, y concluyendo de antemano la naturaleza no de nueva democracia sino socialista de la revoluci\u00f3n. Par de peregrinas invenciones que colocaba.<\/p>\n<p>Lamentablemente ninguna de estas contradicciones ha evolucionado en el sentido favorable al que nosotros propendemos. La m\u00e1s trascendente y antigua de las batallas ideol\u00f3gicas que hubimos de librar se llev\u00f3 a cabo precisamente en el terreno de la t\u00e1ctica y tuvo que ver con el r\u00edgido e infantil modelo entronizado por los rebeldes de la Sierra Maestra, cuyo triunfo marc\u00f3 \u00e9poca, avivando el sentimiento antiimperialista del Continente e imprimi\u00e9ndole una singular din\u00e1mica a la contienda revolucionaria. Por la excepcional experiencia y la inmadurez circunstancial de un movimiento al que todo le hab\u00eda salido tan r\u00e1pido y bien a pegar de sus lances y temeridades, los postulados de los h\u00e9roes del Moncada no se traducir\u00edan s\u00f3lo en regocijo y entusiasmo. Al caer su casu\u00edstica en el surco abonado de una peque\u00f1a burgues\u00eda puesta al margen de las realidades de tiempo y lugar, aun cuando \u00e1vida de redimir a la patria mancillada e impaciente por imitar las proezas de sus \u00eddolos favoritos, dar\u00eda p\u00e1bulo a la floraci\u00f3n de vanguardias extremoizquierdistas en infinidad de naciones de Am\u00e9rica Latina. Pero acaso en ninguna parte con tal exuberancia y recurrencia como en Colombia.<\/p>\n<p>La lucha interna desatada en 1995 en las filas del extinto MOEC, luego de los incontables y calamitosos fracasos de una l\u00ednea en esencia militarista y an\u00e1rquica, obedeci\u00f3 a los esfuerzos preliminares de un peque\u00f1o n\u00facleo de cuadros que llamaban la atenci\u00f3n sobre la necesidad de hacer un alto en la marcha, rectificar en serio y poner en pr\u00e1ctica las sabias ense\u00f1anzas del marxismo-leninismo, en lo concerniente al car\u00e1cter obrero y la estructura centralizada y democr\u00e1tica del Partido; a la preponderancia de la acci\u00f3n pol\u00edtica en las labores de movilizar al pueblo y enraigamos en \u00e9l; a lo valioso de una plena comprensi\u00f3n de las complejidades nacionales y de un robustecimiento progresivo del nivel te\u00f3rico y cultural de militantes y activistas; a la justeza de atenerse a los aportes de las bases y a los esfuerzos propios en el sostenimiento financiero, sin vivir dependiendo del apoyo internacional, o de disparatados operativos de azarosa realizaci\u00f3n y consecuencias liquidacionistas. Y ante todo trazar el rumbo estrat\u00e9gico a partir del an\u00e1lisis de las clases y de su comportamiento dentro de la sociedad, y escoger los medios t\u00e1cticos de pelea conforme se vaya desencadenando el pugilato entre esas mismas clases. Mas no al contrario, seleccionando a priori la lucha armada cual el modo predilecto o impostergable, y concluyendo de antemano la naturaleza no de nueva democracia sino socialista de la revoluci\u00f3n. Par de peregrinas invenciones que colocaba a la justa libertaria, tanto por el contenido como por la artificiosa radicalizaci\u00f3n de la lucha, m\u00e1s all\u00e1 de los intereses y de las disponibilidades reales de las masas.<\/p>\n<p>Estos desenfoques, engendrados en los finales de los cincuentas y principios de los sesentas, no fueron jam\u00e1s corregidos cr\u00edtica y conscientemente. Con cada descalabro, con cada agrupaci\u00f3n desaparecida, se les introduc\u00edan ciertas adiciones conceptuales para perpetuarlos. \u00bfCu\u00e1nto no habremos o\u00eddo eso de &#8220;combinar todas las formas de lucha&#8221;, sin parar mientes en que la una pueda contraponerse a la otra? Aunque se haya aceptado verbalmente la supremac\u00eda de lo pol\u00edtico sobre lo militar, el viraje no ha ido m\u00e1s lejos de la caricaturesca conformaci\u00f3n de aparatos legales paralelos a los ilegales. Muchos de los menos moderados, luego de hartas vueltas y revueltas, llegaron hasta inclinar sus prejuicios sectarios y admitir en sus pr\u00e9dicas la conveniencia de un frente amplio, inclusive con la participaci\u00f3n de la burgues\u00eda nacional, mas sin advertir que con sus miopes y desaforados extremismos impiden de entrada y de facto cualquier acercamiento hacia los campesinos ricos o empresarios consecuentes y dem\u00f3cratas. Peripecias pol\u00edticas que han tenido en las capas medias de la poblaci\u00f3n, y sobre todo en los estamentos estudiantiles e intelectuales, una nutriente inacabable, un soporte hist\u00f3rico relativamente vigoroso dentro del innato atraso de un semifeudalismo en decr\u00e9pito esplendor. De ah\u00ed que tales desviaciones, en lugar de baldarse con los reveses, recuerdan m\u00e1s bien a la lagartija que reproduce su cola.<\/p>\n<p>Efectivamente, desde hace veinticinco a\u00f1os rasga el panorama de Colombia un mont\u00f3n de ej\u00e9rcitos del pueblo, comandos de autodefensa, brigadas urbanas militares, etc., perfilando con su cruce mete\u00f3rico una tendencia fija, de muy marcados ribetes de clase; pol\u00edticamente dome\u00f1able, por supuesto, pero indestructible hasta tanto prevalezcan los sustentos de linaje social que la reanudan sin descanso. El que su tr\u00e1nsito haya sido a colmo regresivo, se palpa en la intensificaci\u00f3n cronol\u00f3gica de sus peores trazos izquierdistas. Por obra de lo cual hemos visto ofrendar en los supuestos altares de la insubordinaci\u00f3n de los despose\u00eddos, desde el asesinato de un exministro y el ajusticiamiento de un personero de las carnarillas patronales, hasta los frecuentes asaltos a bancos y la perpetraci\u00f3n cotidiana de secuestros en campos y ciudades. Mecanismos proscritos por las revoluciones que en el mundo han estado a la altura de su nombre, y que en nuestro tr\u00f3pico cobran categor\u00eda de sublimes recetas para ennoblecer y popularizar la causa de la emancipaci\u00f3n.(21) \u00a1Ah engorroso que las gentes f\u00eden su destino al buen juicio de quienes incursionen por semejantes parajes, echen mano de procedimientos que lindan o se confunden con los de la delincuencia com\u00fan, le den a la represi\u00f3n institucionalizada excusas a granel para atacar y silenciar el descontento, o tercamente insistan en suplir la acci\u00f3n de los contingentes populares con los golpes cinematogr\u00e1ficos de unos cuantos iniciados, por m\u00e1s sinceros y agalludos que \u00e9stos sean!<\/p>\n<p>Cuando anticipamos hace m\u00e1s de dos a\u00f1os nuestro agrado por que el enjuiciamiento de la &#8220;guerra&#8221; concluyera sin m\u00e1s escarceos ni demoras en la extirpaci\u00f3n de todas esas expresiones del anarquismo criollo, nos alumbraban cinco lustros de dolorosa escuela. Sab\u00edamos de memoria que el campesinado de las comarcas atenazadas por la violencia, antes de aglutinarse y lidiar con alguna eficacia contra los terratenientes, la gran burgues\u00eda y el imperialismo, sus tres mort\u00edferos enemigos, zozobraba irremisiblemente en la disgregaci\u00f3n o el caos. Y lo testimoni\u00e1bamos con conocimiento cercano de causa. All\u00e1 donde el MOIR hab\u00eda obtenido alg\u00fan grado de integraci\u00f3n de las familias en las ligas, en las cooperativas, o en torno de cualquier otro tipo de actividades comunitarias, y no nos fue factible evitar el entrometimiento de las contracorrientes extremoizquierdistas, sin escape los preludios de un quehacer coordinado se echaron a perder, los mejores y m\u00e1s aguerridos paladines perecieron y las regiones quedaron indefensas entre los garfios del terror. En contraste con las ilusorias divulgaciones pacifistas de los grandes rotativos, llega, por ende, desde los cuatro horizontes del pa\u00eds, un rabioso clamor: que se les ponga punto final a los devaneos, tan est\u00e9riles y tan contraproducentes, del oportunismo de &#8220;izquierda&#8221;. Nosotros a\u00f1adimos que se los cancele sin. someterlos a las ofertas cumplidas o incumplidas, pactadas o por pactar con los \u00f3rganos del r\u00e9gimen. Que se los arranque de cuajo, no tras muchas o pocas condiciones, sino en pos de la condici\u00f3n suprema de que la revoluci\u00f3n colombiana ha de imponer una t\u00e1ctica concordante con las fluctuaciones de la lucha de clases y con la correspondencia de las fuerzas, desterrando de su vera las convocatorias a insurrecciones imaginarias que no hacen m\u00e1s que coadyuvar a soltar los mastines de la represi\u00f3n; y ci\u00f1\u00e9ndose a un vasto plan de trabajo a largo plazo, que se base en la paciente, esmerada y efectiva organizaci\u00f3n de los destacamentos del pueblo, as\u00ed como en las movilizaciones de \u00e9ste tras sus conquistas y derechos elementales. \u00danica forma de enfrentar con \u00e9xito a la coalici\u00f3n olig\u00e1rquica, usufructuaria a\u00fan de un enorme poder, pero corro\u00edda dentro de su parasitismo y arrinconada por la insoluble crisis econ\u00f3mica de un sistema estancado en lo interno y exprimido sin tasa ni medida por los monopolios internacionales.<\/p>\n<p>No le prestemos a la reacci\u00f3n motivos innecesarios para que saque a relucir sus cl\u00e1usulas intimidatorias y pueda desbaratar en un santiam\u00e9n y sin mayores apremios lo que las masas han labrado con tantos sacrificios. \u00a1Basta de gratuitos pretextos, de inocentes complicidades a cuyo amparo se autentican los brutales atropellos del despotismo al mando! Que los fariseos burgueses paguen pol\u00edticamente cada vez que conculquen las exiguas garant\u00edas ciudadanas abreviadas en los c\u00f3digos; exhiban, a sus expensas y ante la faz del pa\u00eds, la endeblez y la doblez de su republicanismo, cual corresponde a los manipuladores de un Estado edificado sobre la desdicha de las mayor\u00edas laboriosas. Se arranquen ellos mismos la careta, demostrando la incompatibilidad de la democracia con sus traiciones a Colombia y a sus gentes. Reconozcan con sus hechos: &#8220;La legalidad nos mata&#8221;.(22) No nos apresuremos a correr tras la batalla decisiva, que \u00e9sta acaecer\u00e1 inexorablemente; afan\u00e9monos m\u00e1s bien para arrostrarla a su hora lo mejor preparados posible y con el respaldo seguro no de miles, o de cientos de miles, sino de millones y millones de seres.<\/p>\n<p>Mas todo indica que al proletariado colombiano y a su Partido, en calidad de forjadores de la brega libertaria, el porvenir les reserva a\u00fan duros retos ideol\u00f3gicos y pol\u00edticos, antes de que el grueso de los oprimidos se ponga de pie al tenor de una t\u00e1ctica coherente e invencible. La extremaizquierda, al rehusarse en sus variables tonalidades a deponer, no digamos las armas, sino sus m\u201atodos subjetivos y disolventes, que ser\u00eda lo \u00f3ptimo, continuar torpedeando por alg\u00fan rato la solidez de un movimiento revolucionario de envergadura. Las sagacidades dilatorias no se abandonan. El 26 de noviembre de 1984 la prensa sorprendi\u00f3 con el parte de que en una de las tantas comisiones, la de Verificaci\u00f3n, se hab\u00eda puntualizado que el cese de hostilidades con las Farc se contar\u00eda a partir del l\u00ba de diciembre y no del 28 de mayo, conforme lo dejaban entrever los acuerdos de la Uribe de finales de marzo pasado. \u00bfAl principio se concert\u00f3 un &#8220;alto al fuego&#8221; y \u00faltimamente &#8220;una tregua&#8221;? Aunque entre estos t\u00e9rminos no media distinci\u00f3n alguna, o cuando menos nadie se ha tomado la molestia de explicarla, por ella, al parecer, se le han refundido al proceso otros seis meses. Abarcando las diligencias y los contactos emprendidos en el ocaso de la administraci\u00f3n Turbay Ayala, el pa\u00eds lleva tres a\u00f1os en el peregrinaje del apaciguamiento, a los cuales pr\u00e1cticamente habremos de sumar uno m\u00e1s, puesto que ahora el &#8220;el per\u00edodo de prueba o de espera&#8221; s\u00f3lo se cumple hasta diciembre pr\u00f3ximo. Entonces s\u00ed conoceremos el verdadero rostro de la esquiva y fomentada tranquilidad, bajo la presunci\u00f3n, desde luego, de que los asuntos anden sobre rieles. Pero en las postrimer\u00edas de 1985 el &#8220;cambio con equidad&#8221; estar\u00e1 ya haciendo maletas entre la chiflatina del p\u00fablico y su maniobrabilidad habr\u00e1 finiquitado por completo. Ignoramos si las pr\u00f3rrogas responden o no a un astuto y preconcebido dise\u00f1o de las comandancias guerrilleras para conducir las discusiones con el gobierno; en todo caso el transcurso del tiempo ha marcado un endurecimiento de la posici\u00f3n oficial. El presidente, en medio de las furibundas impugnaciones de los se\u00f1ores del agro y de la urbe, despidi\u00f3 1984 vociferando despechadas amenazas, in\u00e9ditas dentro de la prosa belisarista, contra quienes habiendo &#8220;resuelto voluntariamente actuar y vivir dentro de las instituciones&#8221; persisten en &#8220;mantenerse fuera de la ley&#8221;, y, en consecuencia, les dio largas a las tropas para rastrillar, los asentamientos de las agrupaciones insurgentes.(23)<\/p>\n<p>El que la reacci\u00f3n poco se haya entusiasmado con las larguezas presidenciales y juzgue demasiado flacos los logros despu\u00e9s de semejante ajetreo, no significa que desprecie la oportunidad para llenarse de raz\u00f3n antes de acometer cualquier represalia. No hay que olvidar c\u00f3mo en definitiva quienes pasaron por indulgentes y generosos fueron los caimacanes del Poder, mientras que la revoluci\u00f3n ha ocupado el banquillo del reo convicto y confeso al que se le exime graciosamente de su condena. Los tiranuelos ufan\u00e1ndose de compasivos, la intransigencia vistiendo las galas de la tolerancia y los extorsionadores perdonando la extorsi\u00f3n, un gusto que se prodigaron los seculares verdugos del pueblo en este tira y afloja de la pacificaci\u00f3n dialogada, y que a punto fijo har\u00e1n valer el d\u00eda de su noche de San Bartolom\u00e9. Ser\u00e1 una forma de adelantar negociaciones pero no luce gananciosa para la masa desvalida y discriminada.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el sendero de la inasible concordia civil se ha visto adornado de encomiosas insinuaciones a los \u00f3rganos constitucionales, de cortes\u00edas para mucho patricio a cargo del funcionamiento de las instituciones y, sobre todo, de lisonjeras reverencias ante quien por jerarqu\u00eda representa a dignidades y dignatarios, el primer magistrado de la naci\u00f3n. \u00c9l ha sido inobjetablemente el cid campeador de la jornada. Gilberto Vieira lo defini\u00f3 como &#8220;gobernante sincero&#8221;. Alfredo V\u00e1zquez Carrizosa, otro bizarro espadach\u00edn de la &#8220;apertura&#8221; y de la &#8220;paz&#8221; no vacil\u00f3 en pedir, en tono hist\u00f3rico y a favor de la convergencia democr\u00e1tica, &#8220;una marcha de todo el pueblo colombiano detr\u00e1s de Belisario Betancur&#8221;. Jaime Bateman declar\u00f3 sin ambages: &#8220;Vamos a apoyar todas las medidas positivas del gobierno. Absolutamente todas. Creemos que se ha creado un ambiente positivo, y esa es la mejor actitud que nosotros podemos asumir&#8221;.(24) Naturalmente el incienso se ha ido apagando con las ominosas disposiciones del Estado no s\u00f3lo en cuanto a materias econ\u00f3micas y sociales, o a la privaci\u00f3n de los derechos, derivada, entre otros factores, de la permanencia del 121, sino respecto a la humillante resignaci\u00f3n de la soberan\u00eda nacional ante el imperialismo norteamericano, en t\u00f3picos como el paulatino acatamiento a las exacciones del Fondo Monetario Internacional, la &#8220;descolombianizaci\u00f3n&#8221; de la banca, los leoninos est\u00edmulos al capital extranjero y la extradici\u00f3n de ciudadanos sub j\u00fadice para ser juzgados en las cortes estadinenses en lugar de las colombianas. No estamos en los fastos del apogeo del &#8220;s\u00ed se puede&#8221; cuando se vaticinaba que la &#8220;modernizaci\u00f3n&#8221; de la rep\u00fablica ser\u00eda sin\u00f3nimo de &#8220;belisarizaci\u00f3n&#8221;. Precisamente por eso, y aunque las ovaciones hayan de tasarse ya con la cautela y los considerandos del cr\u00edtico momento, \u00bfqu\u00e9 mejor tonificante para el achacoso r\u00e9gimen bipartidista que quienes se proclaman contradictores suyos susurren palabritas al o\u00eddo de su presidente?<\/p>\n<p>Asimismo, las reformas por las que contienden las guerrillas se amalgaman a la extra\u00f1a reivindicaci\u00f3n de rescatar el obsoleto y podrido Congreso olig\u00e1rquico; rescate que se introduce sutilmente, mas no por ello de manera menos inaudita, cual lo efect\u00faan por ejemplo las Farc en su comunicado a senadores y representantes: &#8220;La Paz Democr\u00e1tica para Colombia se conquista con lucha y el Parlamento debe ocupar un sitio de honor en esta bat\u00abl1a&#8221;. La exaltaci\u00f3n de la cavernaria asamblea, timbre y orgullo de la democracia burguesa, controlada aplastantemente por la coalici\u00f3n liberal conservadora y a la que los trabajadores y el pueblo no le adeudan m\u00e1s que golpes arteros, obedece a que por su tamiz ha de pasar el sartal de enmiendas previstas en las actas de los convenios pacificadores. No hace falta predecir de qu\u00e9 jaez ser\u00e1n las decisiones de tan magno cuerpo, ni cu\u00e1l el &#8220;sitio de honor&#8221; que le conferir\u00e1 el ma\u00f1ana. Deseamos apenas referir hasta d\u00f3nde el desmantelamiento del foquismo se entrevera adem\u00e1s del ping\u00fce repertorio de transformaciones, con el respaldo ostensible al alto gobierno y la velada rehabilitaci\u00f3n de los consustanciales instrumentos de la caduca sociedad. Pero hay m\u00e1s. Los alzados encuadran su retorno a la vida civil dentro de la perspectiva de una acariciada intervenci\u00f3n popular en las potestades del Estado, vale decir, de su intervenci\u00f3n; y por lo cual ha de arreglarse la democracia imperante y ampliar los canales de entronque y confluencia con las gestiones oficiales. En cuanto al reconocimiento y a la sustentaci\u00f3n de apetitos tan singulares, tambi\u00e9n son las Farc las m\u00e1s francas y las menos inhibidas. En un solemne memorando presentado por su plana mayor a los comisionados de la &#8220;paz&#8221; se plantea que la &#8220;Reforma de las Costumbres Pol\u00edtica&#8221; ha de quebrantar las preeminencias del bipartidismo y abrir &#8220;cauce a la participaci\u00f3n de las grandes mayor\u00edas nacionales en los asuntos del gobierno&#8221;.(25) Con disimulo, y a ratos no tan discretamente, se han ido ampliando los alcances del vocablo apertura. Si en un comienzo se exig\u00eda abolir las medidas coercitivas emanadas de los decretos de excepci\u00f3n, junto al establecimiento de determinadas garant\u00edas democr\u00e1ticas, y todo dentro del sano criterio de obtener herramientas legales propicias para el combate de los oprimidos contra los opresores, gradualmente las transiciones van implicando la urgencia de un gran entendimiento con las clases dominantes que modifique las costumbres y la moral p\u00fablicas, reduzca el monopolio olig\u00e1rquico sobre la opini\u00f3n y hasta viabilice una extra\u00f1a modalidad de cogobierno.<\/p>\n<p>Para la insurgencia b\u00e9lica, que desde su nacimiento a fines de los cincuentas se mostraba reacia frente a cualquier tipo de actuaci\u00f3n pol\u00edtica, pero que en el \u00faltimo lustro remeda cada d\u00eda con menor escr\u00fapulo las artima\u00f1as de los propugnadores del reformismo, tal vuelco patentiza no un avance sino un retroceso. A la vez, sus retr\u00f3gradas mutaciones han estado qu\u00edmicamente catalizadas por el influjo nocivo de los revisionistas, con los que la extremaizquierda viene manteniendo una t\u00e1cita y febril alianza y quienes son los indefectibles tramitadores de una avenencia en regla con los c\u00edrculos pudientes, o parte de ellos, que, fuera de proporcionarles las canonj\u00edas buscadas, contribuya a inclinar la balanza del r\u00e9gimen colombiano hacia una ubicaci\u00f3n propiciatoria o por lo menos neutralizable, ante los proyectos de expansi\u00f3n en el Continente del socialimperialismo sovi\u00e9tico y de su amado sat\u00e9lite, Cuba. De ah\u00ed que para todas estas vertientes la campa\u00f1a de la &#8220;paz&#8221;, lejos de tener como Norte el entierro voluntario de las desviaciones an\u00e1rquicas, surja al abrigo y dependa de la ola pacifista promovida por Mosc\u00fa con el objeto de contener la contraofensiva del imperialismo yanqui, principalmente en Latinoam\u00e9rica, y no descarte el apoyo interesado a las instituciones vigentes y la utilizaci\u00f3n oportunista de la accesible burgues\u00eda liberal, liberal en sentido gen\u00e9rico.<\/p>\n<p>Este contubernio, por lo dem\u00e1s, tampoco constituye una novedad en Colombia. La degenerativa conducta de cerrar filas alrededor de uno u otro bando de la pol\u00edtica olig\u00e1rquica, aduciendo la mejor protecci\u00f3n de las prerrogativas de los desheredados de la fortuna, se remonta a las calendas de la fundaci\u00f3n de la rep\u00fablica. S\u00f3lo que en las \u00faltimas d\u00e9cadas le ha correspondido al Partido Comunista revisionista la justificaci\u00f3n y propagaci\u00f3n del pernicioso h\u00e1bito. El ardid consiste en sujetar las reclamaciones mediatas e inmediatas de los desvalidos y de la naci\u00f3n al despeje del dilema &#8220;dictadura o democracia&#8221; haciendo caso omiso de que estas dos voces conciernen, en cuanto a la cuesti\u00f3n del Estado, al mismo fen\u00f3meno, la una referida al predominio de clase y la otra a la estructura de dicho predominio. La \u00fanica diferencia entre ambas radica en lo siguiente: toda democracia es una dictadura, pero no toda dictadura es una democracia. Movilizar las multitudes tras la democratizaci\u00f3n del r\u00e9gimen obviando o diluyendo el decisivo problema de que por m\u00e1s democr\u00e1tico que \u00e9ste fuere no dejar\u00e1 de ser el avasallamiento de la mayor\u00eda por la minor\u00eda, significa postrarlas ante sus expoliadores, a saber, la coalici\u00f3n liberal-conservadora reinante.<\/p>\n<p>Los foros de los derechos humanos y sus respectivas comisiones, la extinta Uni\u00f3n Nacional de Oposici\u00f3n, el Frente Democr\u00e1tico alineado, las plataformas electorales seudorrevolucionarias, el apoyo a las facetas positivas de las administraciones de turno, las &#8220;aperturas democr\u00e1ticas&#8221; y hasta los festivales de la escler\u00f3tica facci\u00f3n han plasmado el fraude del siglo de hacer circular las pretensiones de una burgues\u00eda &#8220;avanzada&#8221; y de un imperialismo &#8220;socialista&#8221; bajo la etiqueta de la emancipaci\u00f3n social y pol\u00edtica. Por ello el mamertismo, a semejanza de Di\u00f3genes, ha trasegado con linterna en mano indagando por los hombres situados a la izquierda de la derecha. Y en concordancia, siempre detectaron a qui\u00e9n respaldar o alentar, no importa la rama del Poder, la dependencia y el nivel donde se hayan guarecido las bandas supuestamente susceptibles de ser auxiliadas. Hubo un L\u00f3pez M., &#8220;en parte el presidente del descontento y la esperanza de grandes masas&#8221; enfrentado al ultramontano de Alvaro G\u00f3mez que compart\u00eda constitucionalmente con aqu\u00e9l los atafagos del mando; as\u00ed como hubo primero un enaltecido general Landaz\u00e1bal Reyes con sensibilidades sociales y luego otro reprensible general Landaz\u00e1bal Reyes adversario jurado del proceso de &#8220;paz&#8221;. Imposible describir los interminables hallazgos hechos por la lamparilla, de la vulgar dial\u00e9ctica mamerta; entre otras razones porque los rebeldes colocados a la extrema izquierda de la &#8220;izquierda&#8221; aprendieron tambi\u00e9n a aplaudir los rasgos prometedores del discurso oficial y exhortan a que &#8220;la pelea entre democracia y dictadura no se ha ganado todav\u00eda&#8221;, tal sol\u00eda repetirlo en vida el comandante Jaime Bateman Cay\u00f3n. Y eso que llevamos, desde el Congreso de C\u00facuta, 164 a\u00f1os de sojuzgaci\u00f3n republicana.(26)<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>1 En la reuni\u00f3n de Palacio del 7 de octubre de 1983 con los gremios empresariales, invitados por Belisario Betancur a objeto de limar asperezas con \u00e9stos y contrarrestar sus crecientes sobresaltos tras el acentuamiento del receso econ\u00f3mico y las repetidas laxitudes oficiales en aras de la &#8220;paz&#8221;, se trajo a cuento el platillo de la inversi\u00f3n for\u00e1nea, una inquietud avivada de continuo por la administraci\u00f3n del &#8220;cambio con equidad&#8221;. El representante de la Exxon asever\u00f3 tajantemente: &#8220;El capital extranjero tiene miedo de venir a Colombia&#8221;. La informaci\u00f3n la suministr\u00f3 La Rep\u00fablica al otro d\u00eda, de donde la hemos extra\u00eddo.<\/p>\n<p>El diario complement\u00f3 as\u00ed su noticia:<\/p>\n<p>&#8220;Hablando durante el controvertido desayuno de Betancur con los empresarios, el presidente de Intercol (una de las subsidiarias de la Exxon), Ram\u00f3n de la Torre, le dijo al propio jefe del Estado que el pa\u00eds no ha tratado con suficiente rigor el problema del secuestro y que hoy en d\u00eda hay un gran miedo dentro de los c\u00edrculos internacionales.<\/p>\n<p>&#8221; &#8216;Yo dir\u00eda que hoy en d\u00eda desafortunadamente vendr\u00eda al pa\u00eds menos inversi\u00f3n extranjera por ese problema que por cualquier otro&#8217;, declar\u00f3, e incluso record\u00f3 que una entrevista concedida por Betancur a la revista norteamericana Newsweek, hizo aumentar el miedo de los zares de las finanzas&#8221;.<\/p>\n<p>2 El Espectador, agosto 11 de 1982.<\/p>\n<p>3 Aludimos a una columna de Daniel Samper Pizano, difundida por El Tiempo del 26 de noviembre de 1982. Samper colabor\u00f3 con su colega Enrique Santos Calder\u00f3n en la fundaci\u00f3n del grup\u00fasculo hipomamerto Firmes, al que luego renunciaron ambos, dejando el malogrado ensayo partidista en manos de Gerardo Molina, Diego Monta\u00f1a Cu\u00e9llar y Jorge Regueros Peralta, miembros sup\u00e9rstites de la generaci\u00f3n de la &#8220;revoluci\u00f3n, en marcha&#8221; de los a\u00f1os treintas.<\/p>\n<p>Cinco d\u00edas antes Santos Calder\u00f3n tambi\u00e9n hab\u00eda comentado que &#8220;no entiendo el recrudecimiento de acciones armadas por parte de movimientos guerrilleros que vienen hablando de paz y apertura democr\u00e1tica. A veces da la impresi\u00f3n de que el gobierno, de Betancur les hubiera cogido la ca\u00f1a al promulgar una amnist\u00eda para la que en el fondo no estaban preparados, o que tal vez no esperaba&#8221;.<br \/>\nEn igual forma se expresaron otras personas a las cuales nadie podr\u00e1 tachar de propugnadores de la represi\u00f3n anticomunista. El candidato presidencial del se\u00f1or Gilberto Vieira en 1982, Gerardo Molina, seg\u00fan, noticia de la fecha arriba mencionada y de la secci\u00f3n pol\u00edtica de El Espectador a cargo del redactor Carlos Murcia, &#8220;pidi\u00f3 a Jaime Bateman y sus compa\u00f1eros que recapaciten porque ser\u00eda un grave error pol\u00edtico que rechazaran la amnist\u00eda que se les brinda de manera tan amplia y que la utilizaran s\u00f3lo como una treta para obtener la libertad de sus presos&#8221;.<\/p>\n<p>Y el 29 de noviembre, por informaci\u00f3n de El Tiempo, el mismo Molina se atrevi\u00f3 a asegurar los siguiente:<br \/>\n&#8220;&#8230;tal vez por las condiciones en que ha vivido en los \u00faltimos a\u00f1os distanciado del pa\u00eds, metido en el monte, sin referencias de lo que se vive en las ciudades-, Bateman no est\u00e1 en condiciones de darse cuenta de lo que la opini\u00f3n nacional desea.<\/p>\n<p>&#8220;Me da la impresi\u00f3n de que es un hombre temperamentalmente inestable, que fluct\u00faa mucho, y eso lo lleva a que adopte en poco tiempo l\u00edneas de conducta muy diversas&#8221;.<\/p>\n<p>El 26 de noviembre, la articulista de El Espectador, Mar\u00eda Teresa Herr\u00e1n, exhal\u00f3 as\u00ed su desencanto: &#8220;A la opini\u00f3n p\u00fablica le queda la impresi\u00f3n amarga de que, en cierta forma y mientras no se le demuestre lo contrario, el M-19 le ha estado mamando gallo al pa\u00eds. La expresi\u00f3n muy criolla y muy colombiana es la precisa para calificar esa inconsistencia en las determinaciones, o esa manera poco franca de ir sacando las cartas poco a poco para ridiculizar a la contraparte&#8221;.<\/p>\n<p>Hasta do\u00f1a Clementina Cay\u00f3n, la se\u00f1ora madre del entonces jefe m\u00e1ximo del M-19, en entrevista concedida a El Espectador del 24 del mes referido, manifest\u00f3 su sorpresa: &#8220;La verdad que he quedado completamente desconcertada, ya que yo estaba convencida de que \u00e9l se acoger\u00eda a la amnist\u00eda en esta semana aqu\u00ed en Santa Marta y m\u00e1s concretamente en la Quinta de San Pedro Alejandrino, pero tal parece que cambi\u00f3 de pensamiento y eso en realidad me tiene bastante preocupada y me ha puesto muy triste y no s\u00e9 lo que pueda pasar de aqu\u00ed en adelante&#8221;.<br \/>\nLas anteriores opiniones son apenas unas cuantas de las muchas propaladas a ra\u00edz de la expedici\u00f3n de la \u00faltima amnist\u00eda y de la respuesta que a \u00e9sta le dieron los alzados. Las traemos para ilustrar los aturdimientos que, entre los m\u00e1s sinceros defensores de una pacificaci\u00f3n voluntaria, produjeron los rumbos inusitados hacia los cuales confluy\u00f3 el primer intento de &#8220;apertura&#8221; de Belisario Betancur. Testimonios irrefragables en los que falta, por supuesto, el no menos autorizado de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, quien, asimismo, plant\u00f3 sus pinitos cr\u00edticos por aquella data y en id\u00e9ntica direcci\u00f3n.<br \/>\n4 No obstante el riesgo de aburrir a los lectores a punta de citas, recordemos algunos de los pronunciamientos de los otros matutinos de la capital, a guisa de prueba del enojo olig\u00e1rquico. Conste que nos limitamos a un sector representativo s\u00ed pero reducido de la gran prensa, cuando 1982 agoniz\u00f3 en medio de las sanguinolentas amenazas de c\u00e9lebres figuras de la alianza bipartidista dominante que se sintieron majaderamente enga\u00f1adas con los precarios frutos de la amnist\u00eda.<\/p>\n<p>La Rep\u00fablica, \u00f3rgano de la antigua vertiente ospinista aliada cercana del pastranismo, estuvo permanentemente objetando la suavidad del gobierno frente a la insurgencia guerrillera. El 25 de noviembre de 1982 se reafirm\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s en sus malos augurios:<br \/>\n&#8220;La actitud de los alzados en armas que orienta Bateman no nos sorprende. Nunca cre\u00edmos en su sinceridad y en sus deseos de regresar a una vida normal y civilista. Distantes de este tipo de ingenuidad as\u00ed lo cre\u00edmos y por ello nunca nos arrebat\u00f3 el lirismo de la operancia de la amnist\u00eda (&#8230;).<\/p>\n<p>&#8220;Se impone una vez m\u00e1s, algo que permanece irreductible en nuestras convicciones: el total apoyo e irrestricta confianza para nuestro ej\u00e9rcito&#8221;.<br \/>\nEse mismo d\u00eda El Espectador, a pesar de haberse constituido en un apoyo constante para Betancur desde las toldas liberales, de todas maneras conmin\u00f3 al presidente a salvaguardar la &#8220;integridad nacional&#8221;:<br \/>\n&#8220;&#8230;a la actitud asumida por los dirigentes del M-19, no se puede dar m\u00e1s que el calificativo de una treta inaceptable para el pa\u00eds y el Gobierno. Porque, sencillamente, esconde una burla y pone de bulto una contradicci\u00f3n flagrante en sus prop\u00f3sitos (&#8230;)<br \/>\n&#8220;No se hace as\u00ed la paz. Entre otras razones, porque la Constituci\u00f3n Nacional ha erigido al Presidente de la Rep\u00fablica en jefe supremo de las Fuerzas Armadas, y le ha confiado la guarda de la integridad nacional, que no se vulnera s\u00f3lo cuando el extranjero huella su territorio, sino tambi\u00e9n cuando se consiente por omisi\u00f3n o por gratuita d\u00e1diva el cogobierno paralelo&#8221;.<\/p>\n<p>Y el 23 de noviembre, El Siglo, por ser el vocero de Alvaro G\u00f3mez Hurtado, ex embajador en Washington, ex designado y virtual candidato \u00fanico del conservatismo para las elecciones presidenciales de 1986, hab\u00eda fijado su posici\u00f3n en t\u00e9rminos un tanto diplom\u00e1ticos:<br \/>\n&#8220;Ser\u00eda inapropiado que insistieran en otros puntos adicionales para plegarse a la amnist\u00eda. Primero que todo porque ella no es una negociaci\u00f3n entre el Estado y los grupos guerrilleros, sino una concesi\u00f3n de la autoridad leg\u00edtima a quien no la tiene. Y en segundo lugar porque la &#8216;tregua&#8217; que solicitan los guerrilleros, y que implica una desmilitarizaci\u00f3n de los territorios donde se desarrolla la lucha, equivaldr\u00eda a otorgarle a la guerrilla, en su aspecto militar, un car\u00e1cter de beligerancia id\u00e9ntico al del estamento militar leg\u00edtimo del Estado, y a entregarle, por lo tanto, un importante territorio de la naci\u00f3n. La amnist\u00eda no puede convertirse en una descalificaci\u00f3n del Ej\u00e9rcito colombiano, ni es una tregua entre dos fuerzas enfrentadas. El Ej\u00e9rcito tiene la misi\u00f3n constitucional de velar por la integridad del territorio patrio, y esa misi\u00f3n es inalienable y por lo tanto debe cumplirse&#8221;.<\/p>\n<p>5 El Espectador, noviembre 24 de 1982.<\/p>\n<p>6 Decimos que hubo arrepentimiento de la C\u00e1mara porque, como se recuerda, la corporaci\u00f3n, con todo y haber expedido alborozadamente la amnist\u00eda, aprob\u00f3 poco despu\u00e9s una destemplada proposici\u00f3n contra la Presidencia de la Rep\u00fablica, rechazando casi que por unanimidad la invitaci\u00f3n a que una comisi\u00f3n de parlamentarios asistiera al &#8220;Banquete de la Paz&#8221;, organizado en el Hotel Tequendama por Belisario Betancur. Aunque el choque entre los dos \u00f3rganos del poder debi\u00f3se en realidad a que el Ejecutivo objetaba las dietas del Congreso, los representantes decidieron desquitarse evocando la memoria de Gloria Lara, asesinada no hac\u00eda mucho por el grupo que la hab\u00eda secuestrado, y vaticinando el fracaso de la pol\u00edtica pacificadora. El 2 de diciembre de 1982, El Tiempo revel\u00f3 apartes de la proposici\u00f3n de la C\u00e1mara.<\/p>\n<p>7 El Tiempo del 16 de septiembre de 1982 dio una detallada informaci6n sobre los inocuos resultados de la &#8220;cumbre pol\u00edtica&#8221;.<\/p>\n<p>8 El Tiempo, en su edici\u00f3n del 1&#8242; de junio de 1984, public\u00f3 el texto \u00edntegro de la extensa circular del general Vega.<\/p>\n<p>9 Le\u00edmos los pronunciamientos de los gremios huilenses, de los hacendados de C\u00f3rdoba y de los cafeteros del Quind\u00edo en las correspondientes ediciones de El Tiempo de septiembre 13 y 15 y de octubre 2 de 1984. El mensaje conjunto de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, y de la Federaci\u00f3n Nacional de Ganaderos, Fedeg\u00e1n, lo reprodujo El Tiempo, del 28 de septiembre. Las otras desobligantes declaraciones contra la gesti\u00f3n oficial a que hicimos referencia pero que no extractamos por falta de espacio f\u00edsico, al igual que los m\u00faltiples comentarios cr\u00edticos y sat\u00edricos proferidos por elementos decepcionados de los partidos tradicionales, fueron publicados en la prensa de los meses posteriores a los acuerdos firmados en La Uribe, El Hobo, Corinto, Medell\u00edn y Bogot\u00e1. Personajes de marras, cual Germ\u00e1n Bula Hoyos y Otto Morales Ben\u00edtez, precursores de la cruzada apaciguadora, formularon incluso sus reparos. El primero rechaz\u00f3 el marginamiento de la fuerza p\u00fablica en algunos casos y la aparici\u00f3n de las guerrillas como guardianes del orden, anotando que en la aplicaci\u00f3n de la amnist\u00eda ha habido &#8220;procedimientos que dejan mucho qu\u00e9 desear&#8221; (El Tiempo, septiembre 19 de 1984). El segundo testimoni\u00f3 que &#8220;el pa\u00eds est\u00e1 asustado por lo que ha visto a lo largo del proceso de paz, y entre los colombianos aflora el temor de que el Estado ha cedido ante las pretensiones de los alzados en armas&#8221;. (El Tiempo, septiembre 14 de 1984).<\/p>\n<p>10 Gilberto Vieira, en un debate en la C\u00e1mara de Representantes, denunci\u00f3 a mediados de octubre la desaparici\u00f3n en Puerto Boyac\u00e1 de un miembro de su partido, de nombre Faustino L\u00f3pez, quien, junto a un compa\u00f1ero suyo tambi\u00e9n posiblemente muerto, hab\u00eda regresado a dicho municipio mucho tiempo despu\u00e9s de haberlo abandonado a causa de las matanzas del &#8220;Mas&#8221;. Confiesa en su discurso el parlamentario Vieira que el militante desaparecido retorn\u00f3 a la ensangrentada poblaci\u00f3n porque &#8220;crey\u00f3 que hab\u00eda cambiado de ambiente&#8221;, refiri\u00e9ndose a la firma de los pactos entre las Farc y la Comisi\u00f3n de Paz. Finalmente narra c\u00f3mo una nutrida delegaci\u00f3n que en varios veh\u00edculos se transportara a la localidad, pensando en sentar el repudio por los dos cr\u00edmenes y en hacer acto de presencia p\u00fablica al amparo del proceso pacificador, fue recibida a palos por energ\u00e1menos manifestantes de una facci\u00f3n del Oficialismo liberal y obligada a salir al vuelo. Tales incidentes ilustran a cabalidad lo que venimos se\u00f1alando. En el Magdalena Medio el traj\u00edn guerrillero dio pr\u00e1cticamente al traste con el trabajo legal. All\u00ed han inmolado sus vidas miles de luchadores del pueblo sospechosos de colaborar con los secuestros y la extorsi\u00f3n, ya que las batallas propiamente militares han ocurrido en cuant\u00eda harto menor a la de aquellas modalidades delictivas que tanto enardecen a los grandes y medianos propietarios; y a los integrantes conocidos del PC se les ha exterminado y perseguido con tal sa\u00f1a en toda la regi\u00f3n, que casi no quedan, por lo menos en forma visible. La intervenci\u00f3n en el Congreso del secretario de la agrupaci\u00f3n revisionista se halla impresa en Voz, de octubre 25 de 1984.<\/p>\n<p>11 El Espectador, octubre 1 de 1984.<\/p>\n<p>12 Un su edici\u00f3n del 7 de septiembre de 1984, El Tiempo insert\u00f3 los textos completos de la cartas cruzadas entre Belisario Betancur y Gustavo Matamoros.<\/p>\n<p>13 El ponente de la ley de amnist\u00eda, Germ\u00e1n Bula Hoyos, sin el menor inconveniente sintetiz\u00f3 en la siguiente frase lapidaria la susodicha inversi\u00f3n de funciones, transfiri\u00e9ndole a la maquinaria militar las facultades interpretativas de la Corte: &#8220;La misi\u00f3n de las Fuerzas Armadas no consiste \u00fanicamente en preservar la Constituci\u00f3n y el orden establecido, sino en asegurarse de que \u00e9stos sean correctamente interpretados&#8221; (Reportaje a El Tiempo, septiembre 26 de 1984).<\/p>\n<p>14 Las revelaciones de simpat\u00eda con los militares van desde el apoyo de la Asociaci\u00f3n Algodonera del Sin\u00fa al ministro Matamoros por &#8220;su solicitud al doctor Belisario Betancur, presidente de la Rep\u00fablica, para que se respete la Constituci\u00f3n en lo relativo al uso de uniformes y porte de armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas del pa\u00eds&#8221; (El Tiempo, septiembre 15 de 1984), hasta el siguiente convencimiento de Garc\u00eda M\u00e1rquez: &#8220;Las Fuerzas Armadas han acatado la autoridad del presidente Betancur y est\u00e1n colaborando con \u00e9l, para consolidar su pol\u00edtica de paz. No reconocer eso ser\u00eda una injusticia&#8221; (El Espectador, septiembre 2 de 1984).<\/p>\n<p>En su columna de El Tiempo del 2 de septiembre pasado, por ejemplo, Enrique Santos Calder\u00f3n declar\u00f3: &#8220;Nunca he sido apologista de las Fuerzas Armadas, sino m\u00e1s bien su cr\u00edtico constante y en ocasiones tal vez excesivo. ( &#8230; ) Pero al conocer mejor su trayectoria y vida interna, y al ver su conducta de fondo frente al complejo proceso de la paz, hay que agradecer de veras el que tengamos el ej\u00e9rcito que tenemos&#8221; .<\/p>\n<p>Y si a estos reconocimientos les sumamos las muestras de solidaridad que por aquella fecha les hicieron llegar a los uniformados los consabidos dirigentes de la reacci\u00f3n, no le falta piso al general Vega Uribe al alardear de &#8220;este gigantesco respaldo que nos est\u00e1n dando&#8221; (El Espectador, octubre 28 de 1984); o al general Valencia Tovar cuando anota: &#8220;Hay virajes evidentes. \u00f3pticas nuevas para juzgar a las Fuerzas Militares y de Polic\u00eda, que se registran con agrado por la prestancia de quienes lo expresan, su influencia en la opini\u00f3n p\u00fablica y la calidad de sus escritos&#8221; (El Tiempo, septiembre 7 de 1984).<\/p>\n<p>15 El 12 de septiembre el Comando Superior del M-19 le remiti\u00f3 una carta al ministro de Defensa Nacional, en la cual, despu\u00e9s de aclamarse que el di\u00e1logo &#8220;es el camino nuevo y realmente democr\u00e1tico que Colombia puede abrir para Am\u00e9rica Latina&#8221;, se consigna: &#8220;El respeto que a los militares colombianos hemos mantenido como hombres y como contrarios en el campo de batalla, y la oportunidad excepcional de este tratado de cese al fuego, nos mueve a reafirmar nuestra disposici\u00f3n a un dialogo directo con las Fuerzas Armadas, sea donde sea, y a insistir en que el gran dialogo es el instrumento, la f\u00f3rmula y la oportunidad para que todos, Congreso y pueblo, Iglesia y gremios, Gobierno, Ej\u00e9rcito y guerrillas, hagamos el esfuerzo grande de buscar caminos nuevos para un viejo problema: la Patria que a todos nos duele&#8221; (Tomado de El Tiempo, 21 de septiembre de 1984).<\/p>\n<p>16 Antes del asesinato del presidente Salvador Allende, Gilberto Vieira sostuvo: &#8220;Un factor verdaderamente decisivo en Chile es el Ej\u00e9rcito. Lo han demostrado los hechos. La reciente visita de una misi\u00f3n militar chilena a Cuba me parece un acontecimiento sensacional y significativo de todo ese proceso. 0 sea, no es f\u00e1cil que el imperialismo pueda movilizar al ej\u00e9rcito chileno, en su conjunto, contra el gobierno de la \u00abUnidad Popular\u00bb, y esa es una de las ventajas m\u00e1s grandes con que cuenta el pueblo chileno&#8221; (Reportaje concedido a U. Valverde y 0. Collazos a principios de 1972 y publicado en 1973 en el libro Colombia tres v\u00edas a la revoluci\u00f3n, C\u00edrculo Rojo Editores, Bogot\u00e1, P\u00e1gs. 76 y 77).<\/p>\n<p>17 Teodoro Petkoff, Proceso a la izquierda, Editorial La Oveja Negra, Bogot\u00e1, 1983, P\u00e1g. 53.<\/p>\n<p>18 El inciso g) del punto octavo del Pacto de La Uribe manda: &#8220;Hacer constantes esfuerzos por el incremento de la educaci\u00f3n a todos los niveles, as\u00ed como de la salud, la vivienda y el empleo&#8221;. El Tiempo, del 28 de mayo de 1984, public\u00f3 el acuerdo con las Fare y el 23 de agosto el suscrito con el M-19 y el EPL.<\/p>\n<p>19 Esta man\u00eda, tan belisarista, de subordinar el logro de la &#8220;paz&#8221; a las reformas, a la transformaci\u00f3n del pa\u00eds, a la supresi\u00f3n del subdesarrollo y de las desigualdades, campea en casi todas las exposiciones del presidente sobre el tema. Los apartes extractados los tomamos en su orden, de un reportaje suyo a Colprensa y publicado en La Rep\u00fablica del 9 de agosto de 1982; una rueda de prensa concedida en La Paz y reproducida por El Espectador del 11 de octubre de 1982; un discurso ante gobernadores y alcaldes y transcrito en El Tiempo del 18 de octubre de 1983, y una carta enviada al director de El Tiempo y conocida el 7 de noviembre de 1982. Con todo y lo absurdo que suena someter los convenios de la pacificaci\u00f3n a las conquistas econ\u00f3micas y sociales, pues equivale a atravesar una talanquera insuperable, dif\u00edcilmente encontraremos qui\u00e9n no lo haga. Con el objeto de convencer a los lectores de la existencia de este enredijo universal, vertiremos a continuaci\u00f3n la opini\u00f3n de dirigentes de las m\u00e1s diversas procedencias, advirtiendo que la muestra se queda corta para lo que hay por conocer.<\/p>\n<p>El general Bernardo Lema Henao cuando a\u00fan no hab\u00eda pasado a las filas de las reservas: &#8220;Lema dijo que es un convencido de la necesidad de la paz en el pa\u00eds, &#8216;porque yo la concibo como el bienestar colectivo del pueblo colombiano&#8217; &#8221; (La Rep\u00fablica, agosto 13 de 1982).<\/p>\n<p>&#8220;La amnist\u00eda no es la paz. En esto no debemos equivocarnos. Es posible que ella pueda conducir al restablecimiento de la paz, pero por s\u00ed sola no basta. Para lograr ese beneficio es indispensable aplicar otras medidas, como la integraci\u00f3n ciudadana y una justa ayuda a los sectores m\u00e1s necesitados&#8221; (El Espectador, octubre 3 de 1982).<\/p>\n<p>Jaime Bateman Cay\u00f3n:<\/p>\n<p>&#8220;Para el M-19 paz son libertades pol\u00edticas, respeto a la vida de los luchadores populares, es la participaci\u00f3n del pueblo en las riquezas nacionales, es una pol\u00edtica social que cubra las inmensas necesidades del pueblo de pan, techo, trabajo, educaci\u00f3n y salud&#8221; (El Tiempo, agosto 19 de 1982).<br \/>\n&#8220;Paz y democracia son posibles si el nuevo gobierno pacta con el pueblo y se establece un compromiso hist\u00f3rico que dirija al pa\u00eds por las v\u00edas de la justicia econ\u00f3mica, social y pol\u00edtica&#8221; (Mensaje del M- 19 al Congreso, El Espectador, julio 23 de 1982).<br \/>\n&#8220;La paz hoy es el cese al fuego, pero tambi\u00e9n son salarios justos, servicios p\u00fablicos eficientes y al alcance del pueblo, salud y educaci\u00f3n para todos.<br \/>\n&#8220;La paz hoy es la participaci\u00f3n pol\u00edtica de las mayor\u00edas nacionales, es el respeto a la cultura y la tierra de los ind\u00edgenas, condiciones de vida y trabajo dignas para los colonos y campesinos y es tambi\u00e9n la defensa de la soberan\u00eda sobre nuestras riquezas naturales.<\/p>\n<p>&#8220;Por eso la paz debe ser el resultado de un gran acuerdo entre gobernantes y gobernados, entre naci\u00f3n y gobierno, producto de un proceso de conversaciones de paz al que hemos llamado el Di\u00e1logo Nacional&#8221; (Carta a Betancur, El Tiempo, noviembre 25 de 1982).<br \/>\nMonse\u00f1or Mario Revollo Bravo:<\/p>\n<p>&#8220;La paz es fruto de la justicia y mientras haya injusticia social, inmoralidad y un estado de depresi\u00f3n, no habrd paz, por lo tanto, hay que acudir a la redistribuci6n de la riqueza, hay que proporcionar trabajo y suplir las necesidades m\u00e1s urgentes del pueblo&#8221; (El Espectador, agosto 21 de 1982).<\/p>\n<p>Gilberto Vieira:<\/p>\n<p>&#8221; &#8216;Los cambios pol\u00edticos, econ\u00f3micos, sociales y culturales enunciados anteriormente son factores esenciales para la paz que todos los colombianos anhelamos, pues est\u00e1 demostrado que ella no se logra mediante soluciones militares y represivas&#8217;, dice el documento&#8221; (Ponencia ante la &#8220;cumbre pol\u00edtica&#8221;, El Tiempo, septiembre 16 de 1982).<\/p>\n<p>Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc:<\/p>\n<p>&#8220;Nosotros estamos en la lucha guerrillera no por idealismos sino por situaciones concretas de este pa\u00eds como la injusta concentraci\u00f3n de las riquezas en pocas manos, en los denominados grupos financieros ligados al capital imperialista, todo ello posible por la pol\u00edtica econ\u00f3mica gubernamental, mientras la gran mayor\u00eda del pueblo colombiano se debate en medio de la miseria y el empobrecimiento progresivo&#8221; (&#8230;)<\/p>\n<p>&#8220;Por lo anterior decimos que toda acci\u00f3n en la b\u00fasqueda de la paz debe incluir medidas econ\u00f3micas, sociales y pol\u00edticas tendientes a modificar favorablemente la grave situaci\u00f3n de los colombianos y requiere adem\u00e1s de un efectivo desmonte de los mecanismos represivos. La paz no se logra con simples ejecutorias de acci\u00f3n c\u00edvico-militar porque ella no va a la causa de la problem\u00e1tica social para resolverla&#8221; (Carta a Betancur, El Espectador, octubre 13 de 1982).<\/p>\n<p>Declaraci\u00f3n de las cuatro centrales, UTC, CTC, CGT y CSTC:<\/p>\n<p>&#8220;Recogemos el clamor de las mayor\u00edas de nuestro pa\u00eds en el sentido de que la amnist\u00eda general es un paso importante pero no suficiente para conseguir la paz, ya que \u00e9sta supone realizar transformaciones de orden social, econ\u00f3mico y pol\u00edtico que aseguren a todos los colombianos el disfrute de unas mejores condiciones de vida y de trabajo&#8221; (El Tiempo, noviembre 5 de 1982).<\/p>\n<p>Oscar William Calvo, vocero del EPL y del PCC ML<br \/>\n&#8220;Cuando firmamos este acuerdo, es porque somos luchadores y amantes por la paz. Pero no por eso, podemos afirmar que el hecho de firmar este acuerdo, signifique la conquista de la paz en el territorio nacional. Es un paso importante, pero no es la culminaci\u00f3n de las bases mismas que generan1a violencia, porque es la miseria, la carencia de derechos pol\u00edticos, porque es el desempleo, el incremento de los impuestos, los azotes de la deuda externa, las precarias condiciones de salud, las deficiencias en la educaci\u00f3n, todos estos factores traen consigo la violencia y propician la delincuencia. Por ello, decimos que no se ha logrado la paz&#8221; (El Mundo, agosto 24 de 1984).<\/p>\n<p>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez:<\/p>\n<p>&#8220;&#8230;como tanto se ha dicho en Colombia, en estos d\u00edas, la amnist\u00eda es s\u00f3lo parte de los elementos para que la paz reine en Colombia. Los otros elementos ya se sabe cu\u00e1les son: una mayor justicia social, en fin, son temas ya bastante conocidos en Colombia&#8221; (El Espectador, octubre 25 de 1982).<\/p>\n<p>Dentro de la copiosa literatura escrita respecto al asunto, extra\u00f1amente nadie ha ca\u00eddo en cuenta de que condicionar el proceso pacificador en tal forma, consiste en ubicarlo en una sinsalida. Exceptuando las objeciones muy marginales de algunos liberales, interesados mejor en contradecir a Betancur que en arrojar luz sobre el problema, s\u00f3lo hemos encontrado un comentario de Jos\u00e9 Arizala, aparecido en Voz del 6 de septiembre \u00faltimo, en el que fustiga la trillada incoherencia de que &#8220;mientras haya hambre no habr\u00e1 paz&#8221;. No obstante, se la imputa \u00fanica y exclusivamente al ELN, cual si no fuese el m\u00e1s generalizado de los dogmas colombianos de los tiempos actuales. Al dirigente revisionista no le preocupa otra cosa que descalificar al grupo guerrillero porque \u00e9ste no quiso integrarse a la campa\u00f1a nacional de reconciliaci\u00f3n. Explica c\u00f3mo las sociedades explotadoras de hoy conllevan, por &#8220;situaci\u00f3n inherente&#8221;, los males que se derivan de la sobreentendida expoliaci\u00f3n. Y complementa: &#8220;Si la causa de la lucha armada, de la guerra civil, fuera la pobreza del pueblo, en todos las pa\u00edses capitalistas habr\u00eda o deber\u00eda haber una guerra revolucionaria&#8221;. Aunque esta pol\u00e9mica del se\u00f1or Arizala no parece representar un bandazo de la direcci\u00f3n del Partido Comunista, s\u00ed demuestra fehacientemente que las estribaciones m\u00e1s primigenias de la extremaizquierda en Colombia siguen, sin ninguna otra contemplaci\u00f3n, supeditando la &#8220;guerra&#8221; al cambio de r\u00e9gimen, a la par que el mamertismo y sus adjutores conf\u00edan en que el r\u00e9gimen supedite el cambio a la &#8220;paz&#8221;. Puntos contrapuestos entre los cuales, a la hora de nona, podr\u00eda no haber mucha distancia.<\/p>\n<p>20 Los extractos transcritos pertenecen al pronunciamiento expedido el 20 de septiembre de 1982 por el Comit\u00e9 Ejecutivo Central del MOIR, y con el cual se desautorizaba la pretensi\u00f3n del gobierno de designar a Marcelo Torres para la Comisi\u00f3n de Paz. Tribuna Roja, N* 44, febrero de 1983.<\/p>\n<p>21 Varias agrupaciones extremoizquierdistas han reconocido t\u00e1cita o desembozadamente el uso y la utilidad de estas modalidades de terrorismo. El M-19 de labios de su ex m\u00e1ximo jefe, Jaime Bateman Cay\u00f3n, reivindic\u00f3 as\u00ed, en reportaje a la periodista Patricia Lara, la ejecuici\u00f3n, durante el per\u00edodo de la administraci\u00f3n L\u00f3pez, del entonces presidente de la Confederaci\u00f3n de Trabajadores de Colombia, CTC, Jos\u00e9 Raquel Mercado:<br \/>\n&#8220;Interpretamos al pueblo cuando juzgamos y ajusticiamos a un traidor de la clase obrera &#8230; El juicio y ajusticiamiento a Mercado le abri\u00f3 nuevas perspectivas al movimiento sindical &#8230; Demostr\u00f3 hasta d\u00f3nde llegaba su podredumbre&#8230; Despert\u00f3 a muchos dirigentes obreros quienes se dieron cuenta de que su funci\u00f3n no era la de traicionar a los trabajadores colombianos. La gente oy\u00f3 nuestro mensaje:<br \/>\n( &#8230; )<br \/>\n&#8220;-Hermano, aqu\u00ed hay que comportarse. Hermano, aqu\u00ed no se le pueden hacer jugadas chuecas a la clase trabajadora.<\/p>\n<p>&#8220;No quiero decir con eso que el movimiento sindical ya sea puro ni que haya cambiado totalmente. Pero despu\u00e9s de la muerte de Mercado, se le abrieron nuevos caminos a la unidad sindical colombiana&#8221;.<br \/>\n&#8220;El M-19 despeg\u00f3 con la muerte de Mercado. \u00a1Despeg\u00f3 mil veces, mil veces, mil veces!&#8221;.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se\u00f1al\u00f3 que con el secuestro del gerente de Indupalma, hecho en 1974 para presionar a la empresa a firmar el pliego de peticiones de los trabajadores en huelga, &#8220;apareci\u00f3 entonces un nuevo camino en la lucha sindical el cual, desgraciadamente, no se continu\u00f3&#8221;.<\/p>\n<p>Luego de realzar la importancia de aquel expediente para proporcionarle br\u00edos y cauces al sindicalismo colombiano, el comandante del M-19. sin embargo, vacila en cuanto a la validez de sus aserciones y las aten\u00faa un tanto al hablar de los m\u00e9todos de financiamiento:<\/p>\n<p>&#8220;A nadie, y menos a nosotros, le gusta el secuestro. \u00a1Nosotros preferir\u00edamos mil veces no vernos obligados a secuestrar gente! Pero como el Estado no tiene un impuesto destinado a financiar la revoluci\u00f3n de los pobres; y como los que tienen dinero no lo aflojan a las buenas; y como no queremos ser una organizaci\u00f3n revolucionaria financiada por la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica o cualquier otro pa\u00eds extranjero y dependiente de \u00e9l, no nos queda m\u00e1s remedio que secuestrar a unos pocos oligarcas&#8221;.<\/p>\n<p>Para rematar m\u00e1s adelante en la misma entrevista:<br \/>\n&#8220;Queremos hacer un secuestro m\u00e1s, uno s\u00f3lo, pero uno que nos deje tres millones de d\u00f3lares&#8230; As\u00ed solucionar\u00edamos definitivamente, con un costo pol\u00edtico muy bajo, el problema econ\u00f3mico de la revoluci\u00f3n&#8221; (Patricia Lara, Siembra vientos y recoger\u00e1s tempestades, Segunda edici\u00f3n, Bogot\u00e1, Editorial Punto de Partida, abril de 1982, P\u00e1gs. 116, 117,118, 119, 120 y 121).<\/p>\n<p>22 La frase pertenece a Qdilon Barrot, premier del gabinete del gobierno provisional surgido de la revoluci\u00f3n de febrero de 1848, en Francia, investidura que sigui\u00f3 ostentando bajo Luis Bonaparte, luego del triunfo electoral de \u00e9ste en diciembre del mismo a\u00f1o, la pronunci\u00f3 a la saz\u00f3n, apenas nacida la segunda rep\u00fablica francesa, en el sentido de que el andamiaje jur\u00eddico reci\u00e9n impuesto en cierto modo encarnaba un obst\u00e1culo para las pretensiones de consumar un golpe de Estado y restablecer la monarqu\u00eda bonapartista, como en efecto ocurri\u00f3 m\u00e1s tarde, instaur\u00e1ndose el reinado, as\u00ed conocido, de Napole6n III.<\/p>\n<p>Carlos Marx cita la expresi\u00f3n de Barrot en sus art\u00edculos titulados gen\u00e9ricamente Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, en donde expone, entre otras tesis relevantes, important\u00edsimas apreciaciones sobre la t\u00e1ctica revolucionaria de la clase obrera. En su concienzudo an\u00e1lisis de las fuerzas enzarzadas y de los agudos duelos de aquellos d\u00edas precisa c\u00f3mo la conspiraci\u00f3n de los detentadores del poder podr\u00eda llevarse a cabo en la medida en que se presentara un &#8220;mot\u00edn&#8221;, &#8220;un pretexto de salut public&#8221; (seguridad p\u00fablica), que les permitiera &#8220;violar la Constituci\u00f3n en inter\u00e9s de la propia Constituci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>El ministerio Barrot instig\u00f3 en todas las formas a sus oponentes, los irrit\u00f3, los incit\u00f3 a cometer estupideces, a fin de que cayeran en el garlito y le proporcionaran lo que quer\u00eda: un &#8220;mot\u00edn&#8221;. &#8220;La legalidad nos mata&#8221;, razonaban los conjurados oficiales, y hemos de deshacemos de ella, mas necesitamos un porqu\u00e9, pues la disculpa, el subterfugio, no es menos trascendente que el prop\u00f3sito, y un manejo adecuado de la situaci\u00f3n nos reportar\u00e1 puntos valiosos, definitivos, sobre la contraparte.<\/p>\n<p>Marx concluye: &#8220;El proletariado no se dej\u00f3 provocar a ning\u00fan mot\u00edn porque se dispon\u00eda a hacer una revoluci\u00f3n&#8221;; y Engels, en su introducci\u00f3n a la obra mencionada, se detiene en estas reflexiones y las profundiza cual consejos fundamentales para ser estudiados y aplicados por los estrategas del combate del trabajo contra el capital.<\/p>\n<p>A su turno, Lenin, el aventajado disc\u00edpulo y continuador de la gesta comunista, tom\u00f3 atento apunte de la clave advertencia, verti\u00e9ndola y complement\u00e1ndola en infinidad de textos suyos, pol\u00e9micos unos, did\u00e1cticos otros, de car\u00e1cter te\u00f3rico los m\u00e1s. Como en Colombia la batalla contra el r\u00e9gimen antinacional y antipopular imperante ha adolecido ante todo de la carencia de una l\u00ednea t\u00e1ctica acertada, no sobra transcribir aun cuando sea algunas pocas palabras de aquellos escritos pertinentes. Hemos cogido casi que por azar uno breve, acerca de &#8220;La II Duma y la segunda ola revolucionaria&#8221;. Dice all\u00ed el art\u00edfice de la gloriosa Revoluci\u00f3n Socialista de Octubre, vendida y desconceptuada despu\u00e9s por Kruschev y sus sucesores:<br \/>\n&#8220;&#8230;la lucha en su forma m\u00e1s aguda es indiscutiblemente inevitable.<\/p>\n<p>&#8220;Pero por eso mismo que es inevitable, no debemos forzarla, apresurarla ni azuzarla. Dejemos eso a los Krushev\u00e1n y los Stolipin (personeros de la reacci\u00f3n y de la autocracia zarista). Nuestra tarea es decir la verdad al proletariado y al campesinado, de modo bien claro, sin rodeos, franco e implacable; abrirles los ojos sobre el significado de la tormenta que se avecina, ayudarlos a enfrentar organizadamente al enemigo con la serenidad de los hombres que van hacia la muerte, como el soldado que espera al enemigo agazapado en la trinchera y dispuesto, despu\u00e9s de las primeras descargas, a lanzarse a una furiosa ofensiva.<\/p>\n<p>&#8221; &#8216;\u00a1Se\u00f1ores burgueses, tiren ustedes primero!&#8217;, dec\u00eda Engels en 1894, dirigi\u00e9ndose al capital alem\u00e1n. &#8216;\u00a1Se\u00f1ores Krushev\u00e1n y Stolipin, Orlov y Romanov, tiren primero!&#8217;, diremos nosotros. Nuestra tarea es ayudar a la clase obrera y al campesinado a aplastar el absolutismo de las centurias negras cuando \u00e9l se lance contra nosotros.<\/p>\n<p>&#8220;Por eso, \u00a1nada de llamamientos prematuros a la insurrecci\u00f3n! Nada de solemnes manifiestos al pueblo. Nada de pronunciamientos, nada de &#8216;proclamas&#8217;. La tormenta se nos viene encima por s\u00ed sola. No hace falta blandir las armas&#8221;.<\/p>\n<p>Agreguemos que las anteriores amonestaciones de Lenin fueron redactadas en febrero de 1907, cuando, como \u00e9l lo indica, &#8220;han pasado dos a\u00f1os de revoluci\u00f3n&#8221; y &#8220;la situaci\u00f3n es indiscutiblemente revolucionaria&#8221;. El mero contraste entre los criterios anotados y los que profesa la totalidad de la franja anarquista colombiana es aleccionador. No hemos vivido en a\u00f1os un verdadero auge del movimiento de masas y ya contamos con un historial de levantamientos armados de tama\u00f1o, aspecto, tinte, duraci\u00f3n y fortuna diversos, quiz\u00e1s sin parang\u00f3n en el mundo. En contrav\u00eda a las universales deducciones del marxismo, lamentablemente en Colombia a los insurrectos, insurrectos de cabeza ardiente y fr\u00edo coraz\u00f3n, que adem\u00e1s no distinguen entre la democracia de los explotadores y la de los explotados y se confunden cuando aqu\u00e9llos especulan sobre lo preferible de una sojuzgaci\u00f3n matizada, no les ha temblado el pulso al acometer cualquier g\u00e9nero del acciones temerarias o de dudosas actividades que enloden las banderas independentistas, sacrifiquen alegremente fieles seguidores y desaten la cruenta persecuci\u00f3n contra las gentes del com\u00fan.<\/p>\n<p>El ensayo de Carlos Marx lo consultamos en C. Marx F. Enge1s Obras Escogidas, Tomo, 1, Mosc\u00fa, Editorial Progreso, 1973, P\u00e1gs. 190 a 306. Los p\u00e1rrafos de Lenin los entresacamos de sus Obras Completas Tomo XII, Buenos Aires, Editorial Cartago, 1960, P\u00e1g. 107.<br \/>\n23 En su alocuci\u00f3n televisiva del 2 de diciembre de 1984, Relisario Betancur hizo esta &#8220;notificaci\u00f3n perentoria y categ\u00f3rica&#8221;, o &#8220;advertencia clar\u00edsima y rotunda&#8221; como \u00e9l mismo la calificara:<\/p>\n<p>&#8220;&#8230;en adelante quienes han resuelto voluntariamente actuar y vivir dentro de las instituciones, tendr\u00e1n el espacio pol\u00edtico para moverse y ser\u00e1n estrictamente respetados, pero siempre que lo hagan dentro de los l\u00edmites establecidos por la ley. En ese sentido, quiero hacer una notificaci\u00f3n perentoria y categ\u00f3rica, una advertencia clar\u00edsima y rotunda:<br \/>\n&#8220;Quienes persistan en la violencia, en el crimen, en el secuestro, en la extorsi\u00f3n, sufrir\u00e1n todo el peso de la ley. Sobre esto no les quede sombra de duda: si persisten en mantenerse fuera de la ley, sufrir\u00e1n el peso de esa ley. Esta es la orden irrevocable a la totalidad de las autoridades. Boleteos, amenazas, asaltos, narcotr\u00e1fico, toda la gama de los delitos, ser\u00e1 castigada sin una sola excepci\u00f3n. Y quienes se acojan a la ley y la respeten, \u00e9sos deben sentirse protegidos por esa ley&#8221; (El Tiempo, diciembre 3 de 1984).<\/p>\n<p>Entretanto, los mandos militares, envalentonados por las circunstancias, mostr\u00e1ronse muy activos maquinando sus celadas en diversas regiones escogidas cuidadosamente. El nuevo a\u00f1o se inaugur\u00f3 con un voluminoso inventario de intermitentes violaciones a los armisticios. Aunque el cerco de casi un mes a una columna del M-19, tendido por el ej\u00e9rcito en las inmediaciones de la poblaci\u00f3n de Corinto, configur\u00f3 la refriega de mayor calibre, el resto de grupos irregulares tambi\u00e9n padeci\u00f3 con igual rigor su respectivo n\u00famero de bajas tras el hostigamiento b\u00e9lico de las partidas del r\u00e9gimen. Estos incidentes en la fase ulterior del inconcluso pleito corroboran la sospecha de que la &#8220;paz&#8221; pese a su f\u00e1cil y espl\u00e9ndido despegue, discurre no como la ciencia, de lo complejo a lo simple, sino como la creaci\u00f3n, de lo simple a lo complejo. De no descomplicarse, de no invertir su malformaci\u00f3n, contingencia muy remota, la consigna, por mucho que sea coreada a la colombiana por gobernantes e insurrectos, fenecer\u00e1 incluso antes y no despu\u00e9s de haber sido realmente aplicada.<br \/>\n24 Las expresiones de Vieira, V\u00e1zquez y Bateman las extractamos respectivamente de: Cromos, noviembre 23 de 1982; El Espectador, octubre 25 de 1982, y El Tiempo, septiembre 18 de 1982.<\/p>\n<p>25 Los dos \u00faltimos apartes citados de los pronunciamientos de las Fare los sacamos de publicaciones aparecidas en el \u00f3rgano del Partido Comunista, Voz. El primero sali\u00f3 el 19 de julio de 1984 y el segundo el 11 de octubre del mismo a\u00f1o, y cuyo p\u00e1rrafo completo reproducimos:<\/p>\n<p>&#8220;Dentro del marco de la apertura democr\u00e1tica, las Farc, en uni\u00f3n con otros partidos y corrientes de izquierda luchar\u00e1n utilizando todos los medios a su alcance por una Reforma de las Costumbres Pol\u00edticas en direcci\u00f3n a desmontar el monopolio de la opini\u00f3n pol\u00edtica, ejercido por los viejos partidos tradicionales en beneficio de la oligarqu\u00eda dominante, abriendo cauce a la participaci\u00f3n de las grandes mayor\u00edas nacionales en los asuntos del gobierno&#8221;.<\/p>\n<p>Claro est\u00e1 que las Fare no es la \u00fanica sigla armada que haya abogado por el perfeccionamiento de las instituciones prevalecientes, o haya cifrado sus sue\u00f1os transformadores en los veredictos de \u00e9stas, e incluso, en la injerencia o influencia de las vertientes contrarias al r\u00e9gimen dentro de las actividades gubernamentales de ese mismo r\u00e9gimen. Con obvias variaciones de lenguaje y de \u00e9nfasis, los otros grupos comprometidos con la cruzada de la pacificaci\u00f3n y el pacto social igualmente lo han hecho, extrayendo, del cuarto de aparejos de la burgues\u00eda, pendones ra\u00eddos en pro de una &#8220;democracia participativa&#8221; o &#8220;directa&#8221;, en la que el pueblo recupere su &#8220;soberan\u00eda&#8221;, su &#8220;papel de constituyente primario&#8221; y dem\u00e1s antiguallas por el estilo. Esto de un lado, y del otro, recu\u00e9rdese que tales agrupaciones, no obstante presentar cada cual sus particulares demandas, son solidarias entre s\u00ed. No tenemos noticia de que los llamamientos de las Fare hayan merecido reprobaci\u00f3n alguna de sus ocasionales y sufridos aliados. Salvo, tal vez, una convocatoria signada conjuntamente por el Partido Comunista y ciertos movimientos amigos suyos, como Firmes, el Partido Socialista Revolucionario, Convergencia Socialista, etc., en la que \u00e9stos, a raja tabla, le impusieron a los mamertos la siguiente nota refutator\u00eda: &#8220;Alertamos contra las pretensiones de imponer un remedo de democratizaci\u00f3n por parte de los n\u00facleos olig\u00e1rquicos, como lo indican los \u00faltimos pronunciamientos de destacadas figuras de los partidos tradicionales y del gobierno, en los cuales no se observa una voluntad expresa de respaldo a una verdadera apertura pol\u00edtica&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;En tal contexto, no es posible esperar que el Congreso de la Rep\u00fablica apruebe los cambios exigidos por las fuerzas democr\u00e1ticas, que implique una reforma constitucional y el desmonte del monopolio bipartidista&#8221; (Voz, mayo 24 de 1984). Empero el Partido Comunista no son las Fare, ni los dem\u00e1s firmantes tampoco son grupos armados.<\/p>\n<p>De contera, los revisionistas hicieron expl\u00edcitas sus &#8220;reservas&#8221; sobre la validez de los argumentos que colocan en tela de juicio la capacidad innovadora de las C\u00e1maras, siendo que la glosa en cuesti\u00f3n no niega de plano dicha capacidad, simplemente la supedita a la buena disposici\u00f3n de los &#8220;n\u00facleos olig\u00e1rquicos&#8221; para acabar con su propio &#8220;monopolio bipartidista&#8221;.<br \/>\nPara percatamos m\u00e1s de las afinidades ideol\u00f3gicas entre los distintos sectores insurrectos partidarios de la reconciliaci\u00f3n nacional, releamos mejor un pasaje de un documento del M-19, dirigido a los parlamentarios, y del que da cuenta La Rep\u00fablica, del 22 de julio de 1982: &#8220;El Congreso de Colombia no puede rezagarse. El Congreso debe responder a las expectativas y esperanzas de un pueblo que lo eligi\u00f3. El Congreso puede y debe jugar el papel que le corresponde como \u00f3rgano legislativo y guardi\u00e1n de la democracia&#8221;.<\/p>\n<p>La postura pueril de depositar la confianza en los organismos estatales y en su cebada burocracia ya ha cosechado sus primeros desenga\u00f1os. Como seguramente hojearon en la Constituci\u00f3n que el oficio de la Procuradur\u00eda es &#8220;cuidar de que todos los funcionarios p\u00fablicos al servicio de la Naci\u00f3n desempe\u00f1en cumplidamente sus deberes&#8221; y como en la actualidad ese cargo est\u00e1 en manos de un picapleitos un tanto d\u00edscolo, no obstante haberlo escogido el mismo Betancur, los delegados del EPL y el M-19 resolvieron hacer insertar en uno de los puntos del armisticio del 23 de agosto que aquella entidad recibir\u00eda el &#8220;concurso&#8221; del gobierno para la afortunada cristalizaci\u00f3n de dos tareas en concreto; investigar sobre las personas desaparecidas y atender las denuncias relativas a la violaci\u00f3n de los derechos humanos. En posterior despacho, a finales de octubre, el Procurador, despu\u00e9s de testimoniar que &#8220;nuestras altas autoridades militares y policivas&#8221; realizan cuanto pueden para &#8220;mantener a sus tropas dentro de la moral y la ley&#8221;, se abalanz\u00f3 contra las &#8220;bandas guerrilleras&#8221;. Les atribuye la autor\u00eda de &#8220;secuestros&#8221; o &#8220;desapariciones en las zonas rurales&#8221; y de toda especie de cr\u00edmenes, desde cobrar impuestos o &#8220;vacunas&#8221; hasta de robo de ganado y animales de corral. Tambi\u00e9n las inculpa de la desolaci\u00f3n econ\u00f3mica del campo. Y remata con esta andanada: &#8220;&#8230;la subversi\u00f3n colombiana carece hoy y desde hace bastante tiempo de toda autoridad moral para empu\u00f1ar la bandera de los derechos humanos, hablar a nombre de la naci\u00f3n o sentar c\u00e1tedra sobre la legalidad y la \u00e9tica de la violencia. La larga cadena de desafueros de toda clase por ella cometidos la hacen hist\u00f3ricamente responsable de la desorganizaci\u00f3n de nuestra sociedad y de nuestra econom\u00eda y le niegan todo t\u00edtulo para hacer un uso acusatorio de hechos como el que ocupa el presente informe&#8221; (El Tiempo, octubre 22 de 1984). En s\u00edntesis, la oficina seleccionada de consuno por las partes para supervigilar y frenar los desmanes de las huestes envueltas en la pugna, sin m\u00e1s requilorios le quita el piso de la credibilidad a una de ellas, mientras se lo otorga plenamente a la otra. Si en tal forma se comportan quienes por encargo jur\u00eddico act\u00faan de fiscalizadores, y cuando no se han esfumado del todo las euforias por el apaciguamiento, \u00bfqu\u00e9 diremos luego de las cuotas aportadas a la transformaci\u00f3n de Colombia por las otras corporaciones menos imparciales del sistema, en desarrollo del quim\u00e9rico contrato social entre ah\u00edtos y hambrientos?<br \/>\n26 La primera de las dos \u00faltimas citas pertenece al &#8220;Informe al pleno del Comit\u00e9 Central del PC&#8221;, de mayo 17-19 de 1974, y divulgado por Documentos Pol\u00edticos, n\u00famero 110. La segunda cita corresponde a un reportaje a Jaime Bateman, hecho por El Pueblo de Cali y reproducido por El Tiempo, del 18 de septiembre de 1982.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francisco Mosquera I Dos necesidades coincidentes En medio de la encrucijada de la quiebra econ\u00f3mica, el r\u00e9gimen de Belisario Betancur se aferra con angustia de n\u00e1ufrago a una de las pocas pol\u00edticas suyas que sobreaguan: la de pacificar el pa\u00eds a trav\u00e9s de la transacci\u00f3n con los grupos insurrectos. La desventura estriba en que despu\u00e9s [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[182],"tags":[],"class_list":["post-20457","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tribuna-roja-no-50-bogota-febrero-de-1985"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack-related-posts":[{"id":7409,"url":"https:\/\/moir.com.co\/web\/la-marcha-por-la-paz-del-9-de-abril\/","url_meta":{"origin":20457,"position":0},"title":"La marcha por la paz del 9 de abril","author":"admin","date":"marzo 24, 2013","format":false,"excerpt":"\u00a1Que no se confunda apoyo a la paz con el respaldo a reelecci\u00f3n del presidente Santos! El Polo Democr\u00e1tico Alternativo apoya todas las iniciativas de paz promovidas por los diversos sectores sociales y pol\u00edticos de la sociedad para darle respaldo a la salida negociada del conflicto armado. Esa soluci\u00f3n se\u2026","rel":"","context":"En \u00abPolo Democr\u00e1tico Alternativo\u00bb","block_context":{"text":"Polo Democr\u00e1tico Alternativo","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/category\/polo-democratico-alternativo\/"},"img":{"alt_text":"","src":"","width":0,"height":0},"classes":[]},{"id":7446,"url":"https:\/\/moir.com.co\/web\/el-polo-ratifica-respaldo-al-proceso-de-paz\/","url_meta":{"origin":20457,"position":1},"title":"El Polo ratifica respaldo al proceso de paz","author":"admin","date":"abril 5, 2013","format":false,"excerpt":"Exhorta a no confundir apoyo a la paz con apoyo a la reelecci\u00f3n. La construcci\u00f3n de la paz en Colombia tiene hoy como centro las negociaciones entre el Gobierno y las Farc orientadas a concretar acuerdos para ponerle fin al conflicto interno del pa\u00eds y debe incluir alternativas con el\u2026","rel":"","context":"En \u00abPolo Democr\u00e1tico Alternativo\u00bb","block_context":{"text":"Polo Democr\u00e1tico Alternativo","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/category\/polo-democratico-alternativo\/"},"img":{"alt_text":"","src":"","width":0,"height":0},"classes":[]},{"id":3859,"url":"https:\/\/moir.com.co\/web\/la-guerra-y-la-paz\/","url_meta":{"origin":20457,"position":2},"title":"La Guerra y la Paz","author":"admin","date":"diciembre 13, 2009","format":false,"excerpt":"","rel":"","context":"En \u00abCaricaturas\u00bb","block_context":{"text":"Caricaturas","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/category\/multimedia\/caricaturas\/"},"img":{"alt_text":"","src":"","width":0,"height":0},"classes":[]},{"id":1584,"url":"https:\/\/moir.com.co\/web\/ni-guerra-ni-paz\/","url_meta":{"origin":20457,"position":3},"title":"NI GUERRA NI PAZ","author":"admin","date":"diciembre 22, 2006","format":false,"excerpt":"","rel":"","context":"Entrada similar","block_context":{"text":"Entrada similar","link":""},"img":{"alt_text":"","src":"","width":0,"height":0},"classes":[]},{"id":17398,"url":"https:\/\/moir.com.co\/web\/para-el-avance-de-la-paz-y-el-progreso-no-a-las-objeciones-robledo\/","url_meta":{"origin":20457,"position":4},"title":"Transcripci\u00f3n: Para el avance de la paz y el progreso, no a las objeciones: Robledo","author":"admin","date":"mayo 2, 2019","format":false,"excerpt":"Transcripci\u00f3n de la intervenci\u00f3n del senador Jorge Enrique Robledo, plenaria del Senado, 30 de abril de 2019 Este debate sobre la Justicia Especial de Paz y sobre las objeciones hay que enmarcarlo dentro del proceso de paz. No ha ca\u00eddo del cielo, sino que es parte de un proceso. El\u2026","rel":"","context":"En \u00abImperialismo y Neoliberalismo\u00bb","block_context":{"text":"Imperialismo y Neoliberalismo","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/category\/temas\/imperialismo-y-neoliberalismo\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/moir.com.co\/web\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/robledoJEP2019.jpeg?fit=743%2C405&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/moir.com.co\/web\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/robledoJEP2019.jpeg?fit=743%2C405&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/moir.com.co\/web\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/robledoJEP2019.jpeg?fit=743%2C405&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/moir.com.co\/web\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/robledoJEP2019.jpeg?fit=743%2C405&ssl=1&resize=700%2C400 2x"},"classes":[]},{"id":10515,"url":"https:\/\/moir.com.co\/web\/nobel-de-paz-respalda-el-proceso-y-debe-estimular-acuerdos-robledo\/","url_meta":{"origin":20457,"position":5},"title":"Nobel de paz respalda el proceso y debe estimular acuerdos: Robledo","author":"admin","date":"octubre 7, 2016","format":"audio","excerpt":"El senador Jorge Enrique Robledo se pronuncia sobre la decisi\u00f3n de concederle el Premio Nobel de Paz al presidente Juan Manuel Santos.","rel":"","context":"En \u00abJorge Enrique Robledo\u00bb","block_context":{"text":"Jorge Enrique Robledo","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/category\/jorge-enrique-robledo\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/moir.com.co\/web\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/robledotulua.jpg?fit=300%2C202&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]}],"jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20457","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20457"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20457\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20457"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20457"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/moir.com.co\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20457"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}