{"id":20411,"date":"2004-11-10T19:00:00","date_gmt":"2004-11-10T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2004\/11\/10\/estados-unidos-la-paralisis-industrial-y-los-limites-de-la-recuperacion\/"},"modified":"2004-11-10T19:00:00","modified_gmt":"2004-11-10T19:00:00","slug":"estados-unidos-la-paralisis-industrial-y-los-limites-de-la-recuperacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/estados-unidos-la-paralisis-industrial-y-los-limites-de-la-recuperacion\/","title":{"rendered":"ESTADOS UNIDOS: LA PAR\u00c1LISIS INDUSTRIAL Y LOS L\u00cdMITES DE LA RECUPERACI\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p>El \u00faltimo tercio de la posguerra ha significado para la econom\u00eda norteamericana una p\u00e9rdida relativa de su importancia en el concierto mundial: desde los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada pasada tres recesiones de creciente amplitud han golpeado su estructura industrial, lo cual, agregado al lento desarrollo de la producci\u00f3n y de la productividad en sectores b\u00e1sicos durante el mismo lapso, ha contribuido a la p\u00e9rdida de su influencia en los mercados internacionales.<\/p>\n<p>En contraste con el continuo auge del sexto decenio, cuyo aumento promedio del Producto Interno Bruto super\u00f3 el 4% anual y los \u00edndices del sector manufacturero se situaron por encima del 4.5%, los a\u00f1os setenta se inauguraron con un brusco retroceso de la industria estadinense de menos 3% y con un estancamiento global de la econom\u00eda. El posterior restablecimiento no lograr\u00eda revertir la tendencia a la par\u00e1lisis general, present\u00e1ndose, al poco tiempo, lo que se ha denominado la \u201ccrisis industrial\u201d de 1974-75, el mayor colapso fabril desde la gran depresi\u00f3n, que afect\u00f3 a todos los pa\u00edses industrializados y para Estados Unidos, en particular, implic\u00f3 un reducci\u00f3n del 4.5% en el producto manufacturero y una contracci\u00f3n general de la actividad econ\u00f3mica cercana al 1.1%. Esta no ser\u00eda la \u00faltima reca\u00edda. A partir de 1980 y por tres a\u00f1os consecutivos, producci\u00f3n estadinense declina 1% anual en promedio y su Producto Nacional Bruto de 1982 apenas alcanza el tope registrado en 1979. Se trata de la pausa regresiva m\u00e1s prolongada, cubre de nuevo a todas las zonas desarrolladas y causa importantes desequilibrios en el comercio y las finanzas mundiales.<\/p>\n<p>Una consideraci\u00f3n que bien podr\u00eda tomarse en cuenta en el an\u00e1lisis de la actual crisis es la recurrencia de los fen\u00f3meno recesivos en ciclos muy r\u00e1pidos, tres en escasos 12 a\u00f1os, y, principalmente, lo limitado de los efectos de los cortos periodos de reactivaci\u00f3n. El hecho de que la capacidad de la industria norteamericana, o por lo menos de segmentos fundamentales de ella, se halle rezagada respecto de sus competidores extranjeros, determina que las consecuencias de la recesi\u00f3n sean all\u00ed m\u00e1s devastadoras.<\/p>\n<p>El crep\u00fasculo de la gran industria<br \/>\nRamas como la automotriz, qu\u00edmica, sider\u00fargica, caucho, astilleros, etc., pilares tradicionales de la industria de Estados Unidos y de su poder\u00edo t\u00e9cnico, sufren un franco deterioro y, lo que es a\u00fan m\u00e1s grave, cuentan con pocas posibilidades de recuperar el terreno perdido internacionalmente.<\/p>\n<p>Como es sabido, el sector automotriz constituye una piedra angular de su econom\u00eda, tanto por la ocupaci\u00f3n de mano de obra como por la demanda que representa para otras ramas fabriles. Se ha calculado que uno de cada seis empleos industriales tiene relaci\u00f3n directa o indirecta con la fabricaci\u00f3n de autom\u00f3viles y que este rengl\u00f3n consume el 20% del acero elaborado en el pa\u00eds, as\u00ed como parte considerable de otras importantes materias primas: caucho, pl\u00e1stico, productos metal mec\u00e1nicos.<\/p>\n<p>Las dificultades de los fabricantes de automotores vienen de a\u00f1os atr\u00e1s, pero se manifiestan agudamente desde el remez\u00f3n petrolero de 1973-74, el cual impuls\u00f3 la demanda de unidades m\u00e1s peque\u00f1as y menos costosas en el consumo de gasolina. La incapacidad para adecuarse r\u00e1pidamente a las nuevas exigencias, su relativo retardo tecnol\u00f3gico, el lento crecimiento de la productividad y los elevados costos de la producci\u00f3n, les hacen perder de manera acelerada la pelea contra sus hom\u00f3logos japoneses y europeos, lo mismo en su propio mercado que en el \u00e1mbito internacional.<\/p>\n<p>La Chrysler, la Ford y la General Motors, que en conjunto llegaron a controlar el 90% del mercado de Estados Unidos, han venido siendo desalojadas por firmas niponas que lograron aumentar su participaci\u00f3n durante los \u00faltimos doce a\u00f1os del 5.5% al 21.2%. Ahora bien, del abastecimiento mundial, Norteam\u00e9rica acaparaba el 85% en 1950, mientras que en 1980 apenas lleg\u00f3 al 30%. De aqu\u00ed el progresivo abandono de mercados antes cautivos y las millonarias p\u00e9rdidas contalibizadas por los monopolios yanquis, que se han visto obligadas a levantar subsidiarias o a realizar sus paquetes accionarios cedi\u00e9ndolos a sus competidores. Tal es el caso de la Chrysler que, ante la inminencia de una bancarrota financiera, determin\u00f3 la venta de sus filiales europeas al conglomerado Citroen-Peugeot; las casas argentina y brasilera fueron negociadas a la Volkswagen, y la australiana a la Mitsubishi del Jap\u00f3n.<\/p>\n<p>Otro rubro especialmente afectado por la cadena de recesiones de Estados Unidos es la industria sider\u00fargica. Un sinn\u00famero de problemas la aquejan ya desde hace m\u00e1s de dos lustros, entre los que se destacan bajos beneficios, lenta inversi\u00f3n, plantas obsoletas y p\u00e9rdidas de mercados dom\u00e9sticos y externos. Los cierres han sido considerables con importantes secuelas en el empleo y la rentabilidad: de un mill\u00f3n de personas que laboraban el 1975 s\u00f3lo 653.000 plazas permanecen abiertas para 1982, y el aprovechamiento de la capacidad instalada no supera actualmente el 42%, mientras que la utilidad obtenida representa la mitad del promedio nacional.<\/p>\n<p>Se calcula que las importaciones de acero alcanzar\u00e1n pronto el 30% del consumo interno, lo que equivale a una p\u00e9rdida de 90.000 empleos y a un d\u00e9ficit comercial similar al causado por las importaciones de petr\u00f3leo, si el gobierno no apoya a las grandes sider\u00fargicas en un plan global de reestructuraci\u00f3n, que implicar\u00eda una inversi\u00f3n anual superior a los 7.000 millones de d\u00f3lares durante los pr\u00f3ximos 10 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Algunas cifras generales pueden dar idea de la creciente injerencia de los competidores extranjeros en el marcado estadinense: el monto global de los bienes for\u00e1neos en el consumo dom\u00e9stico pas\u00f3 de un 9% en 1970 a un 19% en 1982. Se importan aproximadamente el 30% de los autom\u00f3viles, el 18% del acero, el 55% de los implementos electr\u00f3nicos de consumo y el 27% de las m\u00e1quinas herramientas. Un reciente estudio publicado por el Conference Board de Nueva York se\u00f1ala que cerca del 64% de los fabricantes en Estados Unidos depende de tecnolog\u00eda y maquinar\u00eda extranjeras, incluidas la NASA.<\/p>\n<p>A manera de comparaci\u00f3n, la mejora anual del rendimiento de la industria manufacturera en Norteam\u00e9rica, registrada para el periodo 1973-80, fue menor al 1%, a tiempo que en el Jap\u00f3n se elevaba a ritmos superiores al 7%. Asimismo algunos estudios caracterizan a la estructura industrial nipona como de alta adaptabilidad y dinamismo, muy por encima del nivel estadinense. Puede, por ejemplo, analizar y copiar en cuesti\u00f3n de meses la \u00faltima tecnolog\u00eda de microcomponentes que llev\u00f3 a los norteamericanos varios a\u00f1os desarrollar y es capaz de absorber en mayor proporci\u00f3n las t\u00e9cnicas productivas m\u00e1s modernas. C\u00e1lculos de expertos estiman que se utilizan actualmente 36.000 robots industriales en el Jap\u00f3n, mientras que en los Estados Unidos, a pesar de ser el pa\u00eds en donde se perfeccionaron inicialmente, s\u00f3lo habr\u00eda en funcionamiento cerca de 6.500.<\/p>\n<p>La rentabilidad se desploma<br \/>\nUna de las tendencias m\u00e1s claramente observadas en la econom\u00eda norteamericana durante este per\u00edodo ha sido la disminuci\u00f3n continua del crecimiento de la inversi\u00f3n en el sector manufacturero, como consecuencia del colapso de la rentabilidad.<\/p>\n<p>Seg\u00fan diverso estudios, la merma de la tasa de beneficio ha sido permanente a partir de finales de la d\u00e9cada de los sesentas, pasando de 8.3% en el periodo de 1961-65 a ceca de 4% para el promedio 1971-73. Para 1982, indica The Economist, el rendimiento en las inversiones industriales alcanz\u00f3 menos de una cuarta parte del promedio de los diez a\u00f1os anteriores. Si bien este fen\u00f3meno se generaliz\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os en todos los pa\u00edses industrializados, la econom\u00eda norteamericana fue la primera que padeci\u00f3 sus repercusiones, as\u00ed como hab\u00eda sido la que encabez\u00f3 el gran auge en la acumulaci\u00f3n de la posguerra. En medio de una feroz competencia entre los diferentes monopolios y estados capitalistas, acicateada fundamentalmente por la repercusi\u00f3n de Europa y el Jap\u00f3n, se desarrollaron factores que incidieron negativamente en la rentabilidad de la industria norteamericana, entre los cuales cabe mencionar los siguientes: el peso cada vez mayor de las inversiones en maquinaria e instalaciones y la consecuente elevaci\u00f3n de sus costos de reposici\u00f3n; la precipitada obsolescencia de los equipos por obra de la permanente revoluci\u00f3n t\u00e9cnica; el crecimiento de ciertos gastos como los que implica el control de la contaminaci\u00f3n ocasionada por la r\u00e1pida concentraci\u00f3n industrial; el pronunciado aumento de la erogaciones por concepto de impuestos, intermediaci\u00f3n financiera, etc., que gravan de manera importante a la actividad productiva propiamente dicha, y, por \u00faltimo, las conquistas sindicales de la clase obrera obtenidas durante dos d\u00e9cadas de bonanza de la industria yanqui. Constituyen entonces tendencia de largo plazo las que caracterizan las crisis de rentabilidad de los sectores manufactureros, y no simples desajustes en el comportamiento de los negocios. Por ello las consecuencias sociales, en particular sobre el empleo, tienden a agravarse de recesi\u00f3n en recesi\u00f3n y las recuperaciones hasta ahora observadas son s\u00f3lo parciales y de corta duraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00e1n reenganchados los obreros despedidos?<br \/>\nEl paro forzoso de obreros sirve de mecanismo compensatorio a la p\u00e9rdida de rentabilidad, ya sea mediante la supresi\u00f3n de los renglones no competitivos o la elevaci\u00f3n de la productividad con cambios tecnol\u00f3gicos ahorradores de mano de obra. En tiempos de crisis el fen\u00f3meno se acent\u00faa, el desempleo y la recesi\u00f3n capitalista siempre caminan juntos.<\/p>\n<p>El comportamiento de los \u00edndices de desocupaci\u00f3n en Estados Unidos, para el per\u00edodo que venimos analizando, es claro al respecto: la primera pausa industrial de 1970-71 la tasa de desempleo aumenta de 3.5% a 6%; asimismo durante la \u201ccrisis industrial\u201d de 1974-75 este porcentaje pasa de 4.9% a 8.2%, y en los tres \u00faltimos a\u00f1os, despu\u00e9s de una ligera mejor\u00eda, el paro se eleva nuevamente de 6.0% a 10.8%, m\u00e1ximo nivel alcanzado desde finales de los a\u00f1os treintas.<\/p>\n<p>Tomando solamente la industria automotriz, 211.000 operarios han sido despedidos en forma permanente; es decir, alrededor de una quinta parte de la fuerza laboral de dicha rama. De la nueva generaci\u00f3n que se sum\u00f3 en los dos \u00faltimos a\u00f1os a la poblaci\u00f3n econ\u00f3micamente activa, cerca de 800.000 no encontraron ocupaci\u00f3n. Tres millones de trabajadores han perdido sus empleos desde 1979, contribuyendo de manera efectiva el ejercito de desempleados que a finales del a\u00f1o pasado sum\u00f3 m\u00e1s de once millones, de los cuales 46% eran obreros, 26% empleados \u201cde cuello blanco\u201d, 11% j\u00f3venes, 2% trabajadores agr\u00edcolas y 15% de otras categor\u00edas.<\/p>\n<p>Las declaraciones de los l\u00edderes del sindicato de trabajadores del \u00e1rea automotriz son sintom\u00e1ticas de la situaci\u00f3n que afrontan otras actividades b\u00e1sicas: \u201cla mayor\u00eda tiene muy poca esperanza de ser reenganchada; la industria esta implementando el uso de robots y otras t\u00e9cnicas para aumentar la productividad\u201d. Estudios especializados, como los emprendidos por la Ford en sus plantas ubicadas en Norteam\u00e9rica, corroboran las denuncias laborales, al prever que para llegar a una eficiencia semejante a la de las firmas japonesas tendr\u00eda que despedirse por lo menos a las mitad de sus 256.000 operarios. De los 2.6 millones de trabajadores que las industrias de Detroit empleaban en 1978, por lo menos 600 mil perder\u00e1n sus plazas en 1985, y esto en caso de que se consiga una reactivaci\u00f3n econ\u00f3mica estable. La preocupaci\u00f3n de los grandes monopolios por \u201crobotizar\u201d sus procesos productivos, con el fin de enfrentar a los competidores internacionales, se deriva adem\u00e1s de los menores salarios existentes en otras zonas del mundo: en Jap\u00f3n la remuneraci\u00f3n por hora es 45% m\u00e1s barata mientras que la de corea del sur es cuatro veces menor que la de Hong-Kong s\u00f3lo representa 12% de la vigente en Estados Unidos. Resulta comprensible el alborozo con que los capitalistas recibieron las \u00faltimas rondas de negociaci\u00f3n con los sindicales, en las cuales, por primera vez en 15 a\u00f1os, los niveles salariales acordados se redujeron de manera absoluta. En tales negociaciones a 1.2 millones de obreros se les impuso recortes, especialmente en las industrias b\u00e1sicas a 800.000 se les concedi\u00f3 peque\u00f1os incrementos para solo el primer trimestre de 1983 y a 180.000 se les obligo a aceptar la congelaci\u00f3n de sus remuneraciones. Para los no sindicalizados y particularmente para las llamadas \u201cminor\u00edas\u201d (negros, chicanos, portorrique\u00f1os, etc.) las reducciones fueron mucho mayores, a la par que se elevaron en algunas ciudades sus \u00edndices de desempleo por encima del 30%. De aqu\u00ed que el salario real promedio haya descendido en un 6% de su valor comparado con el observado en 1977. \u201c\u00a1Por fin un alivio en los salarios!\u201d exclamaba el gran capital despu\u00e9s de la negociaci\u00f3n de las principales convenciones colectivas de 1982, pregunt\u00e1ndose a la vez si estaba en presencia de un cambio cualitativo y a favor en las relaciones con el trabajo.<\/p>\n<p>Las contradicciones del proteccionismo<br \/>\nDespu\u00e9s de haber proclamado a los cuatro vientos la ortodoxa defensa del &#8220;libre&#8221; comercio, la actual administraci\u00f3n norteamericana entra en conflicto con el Jap\u00f3n por las limitaciones impuestas a la importaci\u00f3n de autom\u00f3viles, y enfrenta la acusaci\u00f3n de violaci\u00f3n a los acuerdos del GATT lanzada por parte de las naciones de la Comunidad Europea, tras el establecimiento de tarifas y cuotas para la entrada al pa\u00eds de aceros extranjeros. Las evidentes tendencias proteccionistas adoptadas por Reagan y calificadas por algunos como un dr\u00e1stico viraje en su pol\u00edtica econ\u00f3mica, responden a la presi\u00f3n ejercida por el enorme desequilibrio comercial externo y a las exigencias de los empresarios amenazados por la quiebra.<\/p>\n<p>En efecto, la balanza se ha deteriorado en forma continua saltando el d\u00e9ficit de 117 mil millones de d\u00f3lares en 1976 a m\u00e1s de 42 mil millones en 1982, faltante que bien podr\u00eda equipararse con el total de las ganancias repatriadas por las corporaciones norteamericanas por concepto de sus inversiones directas en el exterior, cuyo monto ascendi\u00f3 para 1980, a algo m\u00e1s de 40 mil millones.<\/p>\n<p>Sin excluir al propio gabinete estas medidas han desatado una fuerte pol\u00e9mica en todas las instancias del Gobierno, reflejo de la pugna entre monopolios con intereses contrapuestos. De un lado, ya se mencionaron los sectores industriales principalmente afectados por la crisis, los cuales defienden con singular vehemencia las medidas proteccionistas apoyados por la burocracia sindical.<\/p>\n<p>Del otro, se encuentran la gran banca, las corporaciones manufactureras cuyos negocios se efect\u00faan primordialmente en el extranjero y, por supuesto, las agroindustrias dominantes en los mercados internacionales de productos alimentarios b\u00e1sicos, que de forma mancomunada propugnan la libertad de transacciones, ya que su estabilidad depende ante todo del movimiento de bienes, capital y ganancias llevado a cabo m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras nacionales.<\/p>\n<p>La importancia de los empr\u00e9stitos for\u00e1neos para los bancos norteamericanos es abrumadora. Las ocho mayores entidades crediticias, entre ellas el Citicorp, Bank of American, Chase Manhattan y Morean, originaban, en 1984, un 58% de sus ingresos de las operaciones internacionales, y pose\u00edan un total de 249.000 millones de d\u00f3lares en activos fuera de los Estados Unidos. Gran parte de los pr\u00e9stamos se destin\u00f3 al Tercer Mundo ante la imposibilidad de obtener altas ganancias en sus mercados de origen. Y como es sabido, propiciaron la carrera del endeudamiento externo que tiene en la bancarrota y al borde del abismo a las econom\u00edas perif\u00e9ricas.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n de los reclamos de los banqueros ante la ola de protecci\u00f3n radica en que el menoscabo de las exportaciones de sus clientes p\u00fablicos y privados de las neocolonias, compromete de manera cada vez m\u00e1s evidente la capacidad de los deudores para responder a sus obligaciones, y podr\u00eda sobrevenir una quiebra en cadena del sistema financiero en Estados Unidos precipitada por una cesaci\u00f3n global en los pagos de los intereses y de las amortizaciones vencidos. Igualmente la escasez de divisas en los pa\u00edses pobres, agudizada por los nuevos aranceles y barreras proteccionistas de las zonas desarrolladas, limita importantes mercados para los monopolios exportadores.<\/p>\n<p>\u00bfDar\u00e1 la protecci\u00f3n salida a la crisis de la industria b\u00e1sica de los Estados Unidos? La respuesta parece ser negativa. Con medidas de este tipo, encaminadas a mantener artificialmente la econom\u00eda, podr\u00e1 subsanarse por corto lapso la ca\u00edda de las ganancias de las empresas, pero no se superar\u00e1 su estancamiento estructural. La generalizaci\u00f3n de tales soluciones no s\u00f3lo encontrar\u00eda grandes resistencias internas sino que desatar\u00eda una guerra comercial sin precedentes entre monopolios y Estados capitalistas, poniendo en cuesti\u00f3n la estabilidad misma del sistema. Las actuales disensiones entre los gobiernos de Occidente, especialmente en el terreno comercial y financiero entre los Estados Unidos de una parte, Jap\u00f3n y los pa\u00edses europeos, de otra, revelan las crecientes dificultades de la superpotencia para mantener una hegemon\u00eda puesta en entredicho, entre otros factores, por el anquilosamiento de los principales sectores de su industria.<\/p>\n<p>Los l\u00edmites de la recuperaci\u00f3n<br \/>\nA tono con su esp\u00edritu retardatario el plan econ\u00f3mico de Reagan se concret\u00f3 en recortes del presupuesto dedicado a programas sociales, como la reducci\u00f3n de subsidios al desempleo y de las partidas destinadas a servicios p\u00fablicos, salud, educaci\u00f3n, etc. Con lo anterior, acompa\u00f1ado de alivios tributarios y subvenciones a las grandes compa\u00f1\u00edas y a las capas acomodadas de la sociedad, se pensaba ponerle fin a la recesi\u00f3n y que por ende ceder\u00edan la inflaci\u00f3n, el desempleo y el d\u00e9ficit presupuestal.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tres a\u00f1os de estancamiento, con las graves secuelas sociales mencionadas anteriormente, aparecen los primeros signos de una nueva reactivaci\u00f3n de la econom\u00eda norteamericana. Se estima para 1983 bajas tasas de inflaci\u00f3n cercanas al 4%, un crecimiento econ\u00f3mico de 5% y en general se observa una reanimaci\u00f3n m\u00e1s o menos extendida de las ventas y otras transacciones. Sin embargo, existen indicios de que los efectos de la recuperaci\u00f3n no lograr\u00e1n revertir la tendencia a la par\u00e1lisis o que por lo menos se presentan escollos dif\u00edcilmente superables para que la econom\u00eda reconquiste un dinamismo de conjunto comparable a las \u00e9pocas de auge.<\/p>\n<p>Por un lado, se se\u00f1ala el incontrolable crecimiento del d\u00e9ficit fiscal, impulsado principalmente por los extraordinarios gastos militares que le ha implicado al Gobierno la contenci\u00f3n del avance sovi\u00e9tico, y cuyas proyecciones indican que llegar\u00e1 a los 200.000 millones de d\u00f3lares en 1983. Si esto es as\u00ed, la demanda de cr\u00e9dito por parte del gobierno presionar\u00eda el aumento de las tasas de inter\u00e9s, ya de por s\u00ed altas, colocando barreras a la inversi\u00f3n en actividades productivas, promoviendo la inflaci\u00f3n y ahogando de esta manera cualquier reactivaci\u00f3n. Por otro lado, ciertos an\u00e1lisis coinciden en que la mejor\u00eda en las ventas y el aumento en la producci\u00f3n, se deben fundamentalmente a causas transitorias, por ejemplo, la baja en los precios del petr\u00f3leo y las medidas de protecci\u00f3n de corto alcance, las cuales mantienen inc\u00f3lumes los g\u00e9rmenes de la recesi\u00f3n mencionados atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Un verdadero restablecimiento demandar\u00eda entonces cambios profundos en la estructura industrial, tales como la extensi\u00f3n de la presente revoluci\u00f3n cient\u00edfico-t\u00e9cnica a las ramas b\u00e1sicas, el desarrollo de nuevos sectores, etc., es decir, lo que algunos han denominado como un proceso de &#8220;reindustrializaci\u00f3n&#8221; global, irrealizable en una situaci\u00f3n de crisis y de agudo enfrentamiento entre las dos superpotencias como la que actualmente se vive.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00faltimo tercio de la posguerra ha significado para la econom\u00eda norteamericana una p\u00e9rdida relativa de su importancia en el concierto mundial: desde los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada pasada tres recesiones de creciente amplitud han golpeado su estructura industrial, lo cual, agregado al lento desarrollo de la producci\u00f3n y de la productividad en sectores [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[177],"tags":[],"class_list":["post-20411","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tribuna-roja-no-46-bogota-diciembre-de-1983-enero-1984"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack-related-posts":[{"id":17488,"url":"https:\/\/moir.com.co\/web\/tlc-con-estados-unidos-7-anos-de-palizas-para-colombia-robledo\/","url_meta":{"origin":20411,"position":0},"title":"TLC con Estados Unidos, 7 a\u00f1os de palizas para Colombia: Robledo","author":"admin","date":"mayo 16, 2019","format":false,"excerpt":"Oficina de prensa del senador Jorge Enrique Robledo, Bogot\u00e1, mayo 16 de 2019 Los resultados de siete a\u00f1os de Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos muestran que Nuestra balanza comercial con esa naci\u00f3n pas\u00f3 de positiva en 8.990 millones a negativa en 1.702 millones de d\u00f3lares. 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