{"id":20394,"date":"2004-11-10T19:00:00","date_gmt":"2004-11-10T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2004\/11\/10\/editorial-que-puso-al-descubierto-granada\/"},"modified":"2004-11-10T19:00:00","modified_gmt":"2004-11-10T19:00:00","slug":"editorial-que-puso-al-descubierto-granada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/editorial-que-puso-al-descubierto-granada\/","title":{"rendered":"Editorial: \u00bfQU\u00c9 PUSO AL DESCUBIERTO GRANADA?"},"content":{"rendered":"<p>Octubre de 1983<\/p>\n<p>Dos mil unidades de las fuerzas armadas norteamericanas, con el acompa\u00f1amiento m\u00e1s simb\u00f3lico que b\u00e9lico de 300 soldados de seis peque\u00f1as rep\u00fablicas de las Antillas de habla inglesa, comenzaron a desembarcar el 25 de octubre en la diminuta Granada, seg\u00fan los despachos de prensa, a las 5 y 40, hora local.<\/p>\n<p>La ocupaci\u00f3n recuerda lo que casi todos sabemos: la eterna historia de la omnipotente metr\u00f3poli que ha lapidado a los pueblos d\u00e9biles circunvecinos, pues cualquier determinaci\u00f3n improcedente e inconsulta que alguno de \u00e9stos adopte puede poner en peligro la seguridad del imperio. Para legitimar sus invasiones, a las autoridades de Washington les ha bastado con arg\u00fcir la necesidad de proteger a unos cuantos ciudadanos americanos residentes en el exterior, o mostrar los pedidos de ayuda militar de la respectiva facci\u00f3n intermediaria, o simplemente presentarse como cruzados de la democracia que han de cumplir la misionera labor en tierras extranjeras. En el caso de Granada, cuya empobrecida poblaci\u00f3n apenas bordea las 100.000 personas y habita en un per\u00edmetro de escasos 344 kil\u00f3metros cuadrados, el presidente Ronald Reagan esgrimi\u00f3 las tres disculpas. Excepto que la solicitud de apelar a los ca\u00f1ones para resolver el litigio eman\u00f3, no de uno, sino de dos pares de gobiernos de islas aleda\u00f1as, integrantes de la Organizaci\u00f3n de Estados del Caribe Oriental, OECO, un ente espurio, improvisado y establecido en 1981 precisamente para eso, para otorgarles un viso legal a las ilegalidades estadinenses. Aunque Barbados y Jamaica no pertenecen a aquel organismo, sus mandatarios prestaron el concurso a la expedici\u00f3n armada. El resto de la ficticia colaboraci\u00f3n provino de Antigua, Dominica, Santa Luc\u00eda y San Vicente.<\/p>\n<p>No sobra a\u00f1adir, conforme hemos procedido en circunstancias anteriores, que rechazamos rotundamente los atropellos contra la soberan\u00eda y dem\u00e1s derechos inalienables de las naciones, perpetrados por la superpotencia del Oeste, y sus rancias e insaciables pretensiones de convertir al Caribe y Centroam\u00e9rica en el traspatio de su Casa Blanca. No por exiguos e indefensos, los granadinos son menos dignos de darse la forma de rep\u00fablica que a bien tengan y sin intromisiones de ninguna \u00edndole, al igual que cualquier otro pueblo respetable del planeta. Esta posici\u00f3n nuestra obedece al arraigado criterio internacionalista de que la unidad de las masas trabajadoras de todas las latitudes, tan imprescindible para el buen suceso de la revoluci\u00f3n mundial, \u00fanicamente cristalizar\u00e1 sobre la base de la plena vigencia de la autodeterminaci\u00f3n de las naciones, al margen incluso de los reg\u00edmenes sociales en ellas imperantes; anhelos de libertad y de independencia que compartimos con los dem\u00f3cratas sinceros, preferencialmente en la actual coyuntura hist\u00f3rica de dura prueba.<\/p>\n<p>Pero los acontecimientos de Granada ostentan aspectos bastante ignorados, una especie de cara oculta de la luna que muy pocos han visto y que a nosotros nos interesa, sobremanera, revelar. Nos referimos al rol de los cubanos en todo este turbio asunto. En primer t\u00e9rmino, con la llegada de los infantes de marina yanquis y de sus grotescos refuerzos antillanos, se supo a ciencia cierta cu\u00e1ntos hombres manten\u00eda all\u00ed La Habana y cu\u00e1l era su car\u00e1cter, puesto que, como acaece en muchos otros pa\u00edses donde interfieren, la magnitud y el cometido de aquella intervenci\u00f3n mimetizada dif\u00edcilmente se calcula. Algunas agencias noticiosas estimaban que la cifra no sub\u00eda de un centenar, m\u00e1ximo dos, y que su encargo se circunscrib\u00eda a colaborar en tareas alfabetizadoras, campa\u00f1as de sanidad y sobre todo en la construcci\u00f3n del moderno y grande aeropuerto internacional de Salinas, en el borde sure\u00f1o de la isla, al cual el Pent\u00e1gono le achac\u00f3 muy definidos fines belicistas, mientras la mamerter\u00eda del Continente lo consideraba el mejor aporte fraternal al turismo de Granada y del Caribe entero. Al cabo de cuentas, la asesor\u00eda cubana rond\u00f3 por el tope de los mil efectivos, cantidad nada despreciable para una revoluci\u00f3n tan despoblada, y ello sin sumar la pericia de los cincuenta sovi\u00e9ticos que asesoraban a los asesores.<\/p>\n<p>Llegado el momento de la verdad, y sin que importe ya mantener encubierta la naturaleza castrense de dise\u00f1adores, ingenieros, alba\u00f1iles y ayudantes rasos del aeropuerto en ejecuci\u00f3n, Fidel Castro envi\u00f3, el 24, un d\u00eda antes del abordaje enemigo, a un oficial de alto rango, el coronel Pedro Tortol\u00f3 Comas, a objeto de que asumiera &#8220;el mando de todo el personal cubano&#8221;; el 25 imparti\u00f3 a sus huestes la orden concluyente de &#8220;no rendirse bajo ning\u00fan concepto&#8221;, y el 26, cuando todo estaba pr\u00e1cticamente consumado, explic\u00f3 que se hab\u00eda obrado as\u00ed para salvar &#8220;el honor, la \u00e9tica y la dignidad de nuestro pa\u00eds&#8221;.<\/p>\n<p>Durante la ma\u00f1ana del desembarco, los cables procedentes de Mosc\u00fa tambi\u00e9n se encaminaban a crear la impresi\u00f3n de que los cubanos se bat\u00edan m\u00e1s fieramente de lo que les tocaba. A las 9 a.m. las fuerzas expedicionarias norteamericanas hab\u00edan sufrido ya 1.200 bajas y la resistencia inmolado 800 gloriosos combatientes, de acuerdo con aquellas informaciones que en Colombia las cadenas de radio, particularmente Caracol, propalaban en el instante mismo en que las iban emitiendo los lejanos e imaginativos corresponsales, y envueltas, obviamente, en un sensacionalismo estrepitoso. A esas alturas de las acciones realmente no se conoc\u00eda a\u00fan de p\u00e9rdidas humanas, y al final de la jornada, restando s\u00f3lo unos reducidos y aislados focos de aguante, los muertos en total no pasaron de ochenta, dieciocho de las tropas de asalto y si mucho sesenta de los defensores. Sin embargo, y sea lo que fuese, la potencia de fuego y la capacidad operativa de los custodios de la isla obligaron al Pent\u00e1gono a conducir el mi\u00e9rcoles 26 otro millar de soldados de su 82a. Divisi\u00f3n Aerotransportada al campo de las operaciones. M\u00e1s tarde se especificar\u00eda que el monto global de los infantes yanquis empleados en la maniobra ascendi\u00f3 a seis mil.<\/p>\n<p>Pese a que el Comandante en Jefe se cuid\u00f3 de instruir desde La Habana a sus contingentes en Granada de que &#8220;si el enemigo env\u00eda parlamentario escucharlo y tran8mitir de inmediato sus puntos de vista&#8221;, con dichos desplantes teatrales, \u00f3rdenes categ\u00f3ricas de ofrendar la vida antes de rendirse, falsas noticias, se buscaba salvar no tanto la valent\u00eda como la justeza de la causa. Mas resulta irrebatible que los cubanos, por encima de sus proclamas antiyanquis y sus profesiones de fe revolucionaria, sencillamente luchaban por una peque\u00f1a isla de la que se hab\u00edan adue\u00f1ado. Sus legionarios se aproximaban a mil ante un ej\u00e9rcito granadino de escasos dos mil componentes mal equipados y de bajo nivel de adiestramiento. Sus obras, sus consignas, sus dict\u00e1menes empalagaban el alma de una sociedad indigente y relegada de las Antillas Menores, que, con el se\u00f1uelo de ayudarla, la utilizaron de trampol\u00edn para sus apetencias expansionistas. Ellos fueron los grandes h\u00e9roes de una mini-revoluci\u00f3n frustrada. Hasta el \u00faltimo momento se robaron la escena, combatiendo para otros por el apoderamiento de una porci\u00f3n del Caribe que no es suya, &#8220;abrazados a nuestra bandera&#8221;, la de la Cuba prosovi\u00e9tica.<\/p>\n<p>Y la bandera de Granada, \u00bfqui\u00e9n la abraz\u00f3? Maurice Bishop, quien en agosto de 1979 ascendiera al Poder mediante un golpe de Estado y se tornara, en su calidad de Primer Ministro de la isla, en un destacado y locuaz contribuyente pol\u00edtico del r\u00e9gimen castrista, hab\u00eda sido depuesto el 14 de octubre del a\u00f1o en curso por el comandante de sus propias tropas, el general Hudson Austin. El 19 de octubre termin\u00f3 pasado por las armas, junto a tres de sus ministros, dos directivos sindicales y varios m\u00e1s de sus adherentes. La dirigencia cubana reconoci\u00f3 el gobierno de sus sucesores y victimarios, aunque, dentro de su estilo inconfundible, se lav\u00f3 las manos por la responsabilidad de los insucesos, censurando no a los homicidas sino los &#8220;procedimientos atroces como la eliminaci\u00f3n f\u00edsica de Bishop y el grupo destacado de honestos dirigentes muertos en el d\u00eda de ayer&#8221;. El Kremlin no se tom\u00f3 tantos trabajos por las apariencias. Aprob\u00f3 sin rodeos la autoridad nacida de los oscuros y cruentos incidentes.<\/p>\n<p>En Granada se instaur\u00f3 entonces un mando sin piso democr\u00e1tico; antes bien, con los m\u00e9todos que le dieron origen descalificados por sus patrocinadores de La Habana, y que se vio impelido a sitiar a los habitantes de su capital cuando el adversario exterior lo sitiaba a \u00e9l para cortar su ef\u00edmera existencia. Nos rehusamos a creer que en los designios de esta banda enceguecida y en entredicho reposara segura, no digamos la victoria, pero s\u00ed la honra de la bandera granadina. Por su parte, el pueblo, violentamente reprimido y bajo el toque de queda, estaba imposibilitado para movilizarse; no sab\u00eda qu\u00e9 esperar de los golpistas que as\u00ed se comportaban como garantes de la continuaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n, ni qu\u00e9 pensar de un coronel Tortol\u00f3 Comas que Fidel Castro enviara la v\u00edspera para organizar y dirigir los destacamentos encargados de repeler la agresi\u00f3n for\u00e1nea, siendo que esos destacamentos encontr\u00e1banse directa o indirectamente comprometidos con el asesinato del ex Primer Ministro y de todos modos apoyaban a los asesinos.<\/p>\n<p>Demasiada candidez aceptar que los cubanos, quienes han aprendido las malas artes de la intriga y la maquinaci\u00f3n, tras trasegar tanto tiempo por el mundo en su car\u00e1cter de correveidiles de los sovi\u00e9ticos, se hayan privado de participar o de instigar los episodios del 14 y del 19 de octubre, con la trascendencia que \u00e9stos ten\u00edan para el futuro de su pol\u00edtica a escala insular y regional, y contando, de \u00f1apa, con cerca de mil expertos asesores, casi la mitad del ej\u00e9rcito nativo, susceptibles de transformarse en cuerpos regulares de combate como se confirm\u00f3.<\/p>\n<p>Hay algo m\u00e1s. Los socialimperialistas y sus seguidores se inclinan a preservarle a Bishop, una vez sepultado, la aureola de intermediario radical y d\u00f3cil que lo distinguiera durante su mandato. Sin embargo se sospecha que sus viejas lealtades comenzaban a extenuarse. En junio de 1983 viaj\u00f3 a Washington con motivo de una reuni\u00f3n de la OEA y traslumbr\u00f3 all\u00ed una posici\u00f3n conciliadora con los Estados Unidos; se entrevist\u00f3 muy en secreto con William Clark, el encargado de velar por la seguridad del imperio, y a su regreso a Saint George lleg\u00f3 con un pr\u00e9stamo en el bolsillo de 15 millones de d\u00f3lares autorizados por el Fondo Monetario Internacional. Aun cuando estamos al tanto de esa singular estrategia, que han tratado de instituir los &#8220;socialistas reales&#8221;, de financiar con dinero americano las revoluciones regentadas por Mosc\u00fa, y no ignoramos los empe\u00f1os obligados del expansionismo por suavizar las tensiones en Centroam\u00e9rica ante la contraofensiva del porfiado Ronald Reagan, lo curioso de este drama granadino, para expresarnos benignamente, es que las disensiones internas se agudizaron luego del referido viaje del gobernante sacrificado, y los cubanos, o hicieron todo para derrocarlo, o no hicieron nada para impedirlo. De cualquier forma, all\u00ed y en medio de la pantomima seudorevolucionaria, las contradicciones estatales se dirimieron a cuartelazo limpio y con sangrienta vindicta, a la usanza de los legendarios reg\u00edmenes latinoamericanos que giran en la otra \u00f3rbita.<\/p>\n<p>Estos espeluznantes antecedentes coadyuvaron sin duda alguna a los prop\u00f3sitos de Washington; pero han servido tambi\u00e9n para que muchos de los desprevenidos partidarios de Cuba y de sus actividades intervencionistas empiecen a formularse interrogantes de tremenda incidencia.<\/p>\n<p>Nosotros hemos insistido en que el socialismo aut\u00e9ntico no es ocupacionista ni anexionista. Nos preocupa que este punto b\u00e1sico no se comprenda a cabalidad por las fuerzas democr\u00e1ticas y revolucionarias, porque la menor intromisi\u00f3n de una naci\u00f3n en los fueros de otra, tolerada a cualquier t\u00edtulo o propiciada bajo cualquier pretexto por el movimiento obrero de un pa\u00eds, el que fuese, le inflige m\u00e1s da\u00f1o a la revoluci\u00f3n mundial que todos los atropellos juntos de los imperialistas contra la libertad y la autodeterminaci\u00f3n de los pueblos. Al fin y al cabo el capitalismo de la era monop\u00f3lica se sustenta del fruto de sus pr\u00e1cticas colonialistas. De lo contrario no sobrevivir\u00eda. Lo grave radica en que quienes hoy se autocalifican de portadores del marxismo y de la transformaci\u00f3n social, en lugar de combatir los zarpazos de los Estados Unidos y sus aliados desde posiciones y con procederes revolucionarios, emulen con ellos en la arrebati\u00f1a del globo y recurran a sus mismos medios. De prevalecer semejante tendencia, las masas golpeadas y burladas de las diversas latitudes no hallar\u00edan qu\u00e9 camino coger y la humanidad se perder\u00eda durante largo rato en uno de los m\u00e1s fragosos pasajes de su vida civilizada. Por eso, con todo y lo devastadora que se estime la acci\u00f3n estadinense en Granada, lo importante sigue siendo que aquella isla menesterosa, ubicada en la esquina suroriental del Mar Caribe y puesta de pronto en los primeros planos de la atenci\u00f3n mundial, logre aportar con su tr\u00e1gica experiencia al esclarecimiento del culminante problema planteado, por supuesto a condici\u00f3n de que haya ide\u00f3logos y partidos resueltos a desafiar la resaca y a sistematizar las ense\u00f1anzas respectivas.<\/p>\n<p>Hasta algunos de los m\u00e1s tradicionales y connotados simpatizantes del bloque socialimperialista acentuaron la nota de repudio contra el general Hudson Austin y sus compinches. Entre ellos Garc\u00eda M\u00e1rquez, siempre listo a darles una mano a sus amigos de Cuba para sacarlos de un aprieto, quien, dos d\u00edas antes de la invasi\u00f3n de los infantes de marina yanquis y desde su columna dominical de El Espectador, no perdona al jefe del Estado granadino de &#8220;mat\u00f3n del peor estilo&#8221; y a los compa\u00f1eros de aventura de \u00e9ste no los baja de &#8220;bandoleros en mala hora extraviados en la pol\u00edtica&#8221;. En dicho art\u00edculo y ajust\u00e1ndose a un razonamiento l\u00f3gico, el escritor no puede menos que hacerse la fatal reconvenci\u00f3n: &#8220;El d\u00eda en que se justifique con cualquier argumento que las fuerzas del progreso se sirvan de los mismos m\u00e9todos infames de la reacci\u00f3n, ser\u00e1 esa la hora -para decirlo en buen romance- de que nos vayamos todos para el carajo&#8221;. Incontrastablemente, aunque no sea en buen romance. Pero atribuir las consecuencias de la coloquial exhortaci\u00f3n a la conducta aislada de uno o de varios elementos envanecidos e inescrupulosos significar\u00eda lisamente evadir el meollo del asunto. Examin\u00e9moslo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se llama la at\u00e1vica costumbre de los imperialistas de trasladar divisiones de infanter\u00eda a otros territorios distintos de los suyos y permanecer en aquellos lugares por un lapso de tiempo, o indefinidamente? Tiene muchos nombres: ocupaci\u00f3n, anexi\u00f3n, pillaje, colonialismo, etc. Cuando Viet Nam se introduce en Kampuchea y Lao con cientos de miles de soldados y se instala arrogantemente all\u00e1 desde finales de 1977; o cuando Cuba desde mediados de 1975 deposita en Angola 20.000 hombres que all\u00e1 se mantienen todav\u00eda, y distribuye un n\u00famero parecido en Etiop\u00eda a partir de ese mismo per\u00edodo del inicio de su intromisi\u00f3n en \u00c1frica, \u00bfno es acaso ocupar pa\u00edses inermes, propender al anexionismo, reivindicar el pillaje, imitar a los viejos colonialistas? Inevitablemente tales actos generan la desconfianza de las gentes nativas acerca de la intenci\u00f3n de tan extra\u00f1os salvadores, desembocan en rompimientos antag\u00f3nicos y acaban incluso por prender las llamas de la guerra popular contra el despliegue extranjero. No debiera, pues, parecer ins\u00f3lito el espect\u00e1culo de desintegraci\u00f3n brindado por los conductores de la abortada revoluci\u00f3n granadina, si recordamos, por ejemplo, que los d\u00e9spotas del Kremlin, preceptores de Castro y Austin, eliminaron en septiembre de 1977 al presidente de Afganist\u00e1n Mohamed Taraki, adicto de la URSS-, para suplantarlo por Hafizullah Am\u00edn, otro colaborador m\u00e1s maleable, a quien igualmente decidieron destituir y ejecutar antes de los cuatro meses, el 27 de diciembre, fecha desde la cual alrededor de 100.000 efectivos sovi\u00e9ticos huellan el suelo de aquel lacerado pa\u00eds, en nombre del internacionalismo socialimperialista y tras la complacencia de un tercer advenedizo, el Primer Ministro Babrak Karmal.<\/p>\n<p>No nos tropezamos con un caso exclusivo que se explique por razones particulares. Desde Cuba para abajo, los pa\u00edses que se hallan atrapados en el campo gravitacional de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, por simples leyes de la f\u00edsica, carecen de rumbo propio, y sus luchas, la satisfacci\u00f3n de sus necesidades, dependen de los albures de la empresa expansionista. La URSS ha de preocuparse por su imagen; no obstante, jam\u00e1s estropear\u00e1 sus proyectos estrat\u00e9gicos y t\u00e1cticos por los apremios intempestivos de una naci\u00f3n de unos cuantos millones de habitantes. Si en el tablero internacional ha de sacrificar un pe\u00f3n para neutralizar la acci\u00f3n de un alfil enemigo, no vacila. Algo de eso visualizamos en los r\u00e1pidos movimientos ejecutados por las dos superpotencias en el Caribe. Fue notoria la inquietud de Washington por no chocar abruptamente con Mosc\u00fa mientras le sustra\u00eda a Granada. Reiter\u00f3 p\u00fablicamente la seguridad de que los consejeros sovi\u00e9ticos desalojados ser\u00edan atendidos con &#8220;cortes\u00eda diplom\u00e1tica&#8221; y &#8220;eran libres de hacer lo que quisieran&#8221;. Los primeros en conocer por boca de los invasores las miras y los alcances del desembarco fueron los gobiernos afectados por el desahucio. Hasta los cubanos recibieron desde un principio la promesa de que se les permitir\u00eda abandonar tranquilamente la isla. Las zalameras gestiones del se\u00f1or Belisario Betancur en favor del feliz retorno de los prisioneros a sus hogares estaban, de antemano, plenamente garantizadas.<\/p>\n<p>No olvidemos que la Am\u00e9rica Latina es el &#8220;patio trasero&#8221; de los Estados Unidos y el Caribe su Mar Mediterr\u00e1neo, y aunque ah\u00ed se encuentre Cuba perturbando el sosiego de los magnates de Wall Street, el Hemisferio escapa a las zonas de influencia controlables f\u00e1cilmente por los amos del Kremlin. Tal vez por el r\u00e9gimen de Cuba, que tan buenos oficios les ha prestado en \u00e9ste y en el resto de continentes y cuya inestabilidad redundar\u00eda en su desprestigio, por ning\u00fan otro pa\u00eds del \u00e1rea los rusos estar\u00edan dispuestos a sacar las casta\u00f1as del fuego en la eventualidad de que los norteamericanos presionen, con la p\u00f3lvora o con el di\u00e1logo, un reparto m\u00e1s o menos duradero y razonable de las injerencias mundiales. Una revoluci\u00f3n, como la nicarag\u00fcense o la salvadore\u00f1a, que pignora su porvenir a la superpotencia del Este en su justa aspiraci\u00f3n de desasirse del otro imperialismo y corre todos los riesgos inherentes a tal deslizamiento, en la creencia de que ser\u00e1 tenida en cuenta por sus fiadores al momento de la partija, pecar\u00e1 de ingenua.<\/p>\n<p>Los principales protagonistas del conflicto de Centroam\u00e9rica ignoran las ilusiones de una paz negociada esparcida por los platicantes de Contadora y recelan de las dulzonas palabras de los embajadores de buena voluntad designados por la Casa Blanca, y cada cual, a su modo, se alista para encarar el cruel augurio de un desenlace violento de la crisis, sobre todo despu\u00e9s de la repentina y admonitoria ca\u00edda de Granada, con la que el C\u00e9sar, en contra de la ira universal y por encima de las cr\u00edticas de sus aliados europeos, demostr\u00f3 su firme determinaci\u00f3n de no asistir apaciblemente al avance en sus vecindades del peligroso adversario. Tan asustadora ser\u00e1 la cosa, que el teniente coronel Desi Bouterse, jefe de la Junta Militar de Surinam, visto en Occidente como un recalcitrante izquierdista, con s\u00f3lo enterarse de la \u00faltima misi\u00f3n de los infantes de marina, expuls\u00f3 de sus dominios al embajador cubano y a su sarta de asistentes, t\u00e9cnicos y expertos, que en aquella ex colonia holandesa ya sobrepasaban el centenar, porque el arrepentido dirigente no quer\u00eda padecer el calvario de Maurice Bishop ni soportar los infortunios de un Hudson Austin. Jamaica, la otra oveja descarriada, hab\u00eda regresado antes a su antiguo redil, sin escandalosas efusiones de sangre, electoralmente, cuando el laborista Edward Seaga derrotara, en las urnas, el 30 de octubre de 1980, al procubano Michael Manley.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, cada pa\u00eds, cada Estado y cada gobernante de la regi\u00f3n empiezan a conturbarse por su propio pellejo y a buscar el acomodo que mejor les convenga. Pues en estas refriegas locales de las superpotencias las coces las reciben los m\u00e1s inermes y los menos cautos. El presidente de Guatemala, el general Oscar Mej\u00eda V\u00edctores, una copia del mu\u00f1eco del ventr\u00edlocuo, se ha encargado de difundir la idea gestada en Washington de desempolvar el Condeca, Consejo de Defensa de Centroam\u00e9rica, un pacto militar firmado el 14 de diciembre de 1963 y del que muy pocos se acordaban, hermano gemelo de la OECO, el ente espurio mediante el cual los Estados Unidos procuraron legitimar su invasi\u00f3n a Granada. Con las maniobras que el ej\u00e9rcito y la marina de la metr\u00f3poli realizan conjuntamente con Honduras, teniendo como sede la geograf\u00eda de este pa\u00eds y en donde las tropas americanas acampar\u00e1n, tal cual se ha admitido, por un plazo indeterminado, y simult\u00e1neo al constante asedio b\u00e9lico a que se viene sometiendo desde fuera y desde dentro a Nicaragua, cercada por rep\u00fablicas crecientemente hostiles, lo \u00fanico que falta para completar los preparativos de un asalto en regla, es poner en vigencia la mampara legal de que habla el general guatemalteco.<\/p>\n<p>Desde luego los yanquis habr\u00e1n de pagar pol\u00edtica y militarmente un precio incomparablemente mayor por la patria de Augusto C\u00e9sar Sandino de lo que les costar\u00e1 la diminuta isla de Granada. Lo delicado de la situaci\u00f3n radica en que, por m\u00faltiples indicios, el ex vaquero de Hollywood se halla inclinado a desembolsarlo. Por eso caus\u00f3 estupor en muchos medios el tan dirigido comentario de que si los sandinistas afrontasen una contingencia parecida, Cuba adoptar\u00eda una actitud id\u00e9ntica, es decir, no se movilizar\u00eda; se\u00f1alamiento hecho por Fidel Castro en la madrugada del mi\u00e9rcoles 26, en rueda de prensa en el Palacio de la Revoluci\u00f3n, reunida con la presencia de varios periodistas norteamericanos y convocada bajo el fulminante impacto de la noticia sobre la operaci\u00f3n exitosa del Pent\u00e1gono en el extremo suroriental del Caribe. Sobreentendi\u00e9ndose que los cubanos no est\u00e1n en condiciones de transportar tropas a los sitios y en el instante en que sus asesores sean violentamente defenestrados por la contraparte, ni habr\u00e1n de jugarse en paro la supervivencia en aras de la de sus coligados, sobraba en aquella noche crucial, ante la arremetida estadinense que se vino, darle a entender con antelaci\u00f3n a Reagan que, de decidirse a invadir a Nicaragua, La Habana intentar\u00eda menos de cuanto se propuso por retener su reducida posesi\u00f3n en la cola de las Antillas Menores. Ya oiremos a los \u00e1ulicos jurando y perjurando que se trata de un astuto ardid de guerra. Sin embargo, el pronunciamiento, catalogado por la prensa gringa de &#8220;inhabitualmente moderado&#8221;, deja sin remedio el vinagroso sabor de que si fuera indispensable se conceder\u00eda con lo de los dem\u00e1s a efecto de preservar lo propio. Transigir en lo secundario para resguardar lo verdaderamente clave: la integridad de Cuba.<\/p>\n<p>Claro que cada quien administra libremente sus temores, pues la Junta Sandinista, por su lado, el jueves 20 de octubre entreg\u00f3 a los funcionarios de Washington, a trav\u00e9s de su canciller Miguel D&#8217; Escoto, un memor\u00e1ndum de avenimiento tendiente a descargar la encapotada atm\u00f3sfera centroamericana en el que, entre otros enunciados, aqu\u00e9lla se compromete a cesar su respaldo a la guerrilla salvadore\u00f1a, mientras la Agencia Central de Inteligencia, la famosa CIA, har\u00eda otro tanto con los grupos alzados en armas contra el gobierno de Nicaragua. Cuando queda atr\u00e1s la controversia verbal, y el desplazamiento continuo de las fuerzas prosovi\u00e9ticas, propiciado al socaire de las incontables dificultades enemigas, tropieza, de pronto, con la instintiva reacci\u00f3n de la fiera acorralada, apenas elemental que se desaten, unas tras otras, f\u00f3rmulas transaccionales cuya caracter\u00edstica com\u00fan se basa en que los reclamos subalternos han de acallarse, o si se prefiere, han de ser postergados en provecho de intereses superiores. Y como no nos hallamos ante colectividades y pa\u00edses ciertamente soberanos, sino ante una cadena de supeditaciones escalonadas, en las que priman por sobre todas los afanes hegem\u00f3nicos de la Santa Rusia rediviva, los movimientos independentistas que \u00e9sta lidera por intermedio de sus marionetas, preferencialmente los m\u00e1s chicos y menos trascendentes, constituyen por excelencia la materia canjeable a que recurren los socialimperialistas cuando se ven empujados al regateo con las potencias occidentales.<\/p>\n<p>Fuera de que la lucha emancipadora del pueblo granadino se desvirt\u00faa al prestar su suelo como punto de apoyo de la agresi\u00f3n expansionista, el irritante, permanente y provocador merodeo de las legiones de Castro brind\u00f3 la excusa exacta para la acci\u00f3n corsaria de Reagan. As\u00ed haya siempre protestas por los vej\u00e1menes de los imperialismos, las bregas libertarias que, triunfadoras o vencidas, solamente consiguen cambiar invasores de un jaez por otro, perder\u00e1n la estima de las masas trabajadoras del orbe y se hundir\u00e1n en el aislamiento. Inexorablemente culminan con el pecado y sin el g\u00e9nero. Y a la inversa, sin haber podido alegar la imperiosa urgencia de suprimir la sistem\u00e1tica y acrecida penetraci\u00f3n sovi\u00e9tico-cubana en la zona, a Washington le hubiera resultado much\u00edsimo m\u00e1s azaroso tomarse la isla. Cierto que a los Estados Unidos nunca les faltaron sofismas para desconocer y pisotear las prerrogativas de sus vecinos, mas hoy se respiran aires muy distintos a los del remoto y cercano pret\u00e9rito. La decadente metr\u00f3poli se cuece entre las brasas de mil y una aflicciones: las crisis industrial y financiera, quiz\u00e1s comparables a la bancarrota de 1929, no acaban por pasar y la arrastran, tras la sujeci\u00f3n de los mercados mundiales, a una feroz competencia con Europa y el Jap\u00f3n, sus aliados consuetudinarios; Rusia la hostiga en los cinco continentes y por doquier desgarra sus dominios; en lo interno carece de la unidad nacional que le permita proceder desembarazadamente en la rapi\u00f1a externa; a sus neocolonias ya no les basta con los derechos y las libertades formales y se insubordinan en pos de la plena independencia econ\u00f3mica, y, de remate, las tendencias democr\u00e1ticas de todos los pueblos, incluido el norteamericano, incesantemente se robustecen y se entrelazan, obstaculizando todav\u00eda m\u00e1s los menesteres imperialistas. Empero, las gestas de liberaci\u00f3n nacional que act\u00faen como simples cajas de resonancia del expansionismo no lograr\u00e1n sacarles el jugo a tales contradicciones. Para ello habr\u00e1n de hacer valer su libre facultad de decisi\u00f3n, convenciendo adem\u00e1s a tirios y troyanos de que contienden sin manipuleos a control remoto.<\/p>\n<p>La estepa rusa est\u00e1 ubicada casi en las ant\u00edpodas de los Andes, y el factor geogr\u00e1fico incide notablemente en la estrategia que trace un emporio que apenas se inicia y ha de arrinconar por las malas a quienes le precedieron en los ajetreos colonialistas; rivales de cuidado que tienen a su haber la experiencia de decenios y hasta de centurias de pillaje, la ventaja de unas redes tupidas y afianzadas de probados intermediarios en los pa\u00edses que manejaron o manejan y la creencia cada vez m\u00e1s madura de que si no se unen se los traga la tierra. La se\u00f1ora Thatcher dej\u00f3 sentada su inconformidad por la displicencia de los Estados Unidos al comportarse casi que inconsultamente en Granada, un miembro, aunque d\u00edscolo, no menos estimable del Commonwealth, siendo que la burgues\u00eda inglesa percibir\u00e1 a la postre los dividendos de la recuperaci\u00f3n, cuando Paul Scoon, el gobernador nombrado por la Corona, integre su gabinete y principie a despachar, seg\u00fan se deduce de las indicaciones de la Casa Blanca. Lo cual trae a la memoria c\u00f3mo el se\u00f1or Reagan, despu\u00e9s de agotar las discusiones con los argentinos, tambi\u00e9n terci\u00f3, abiertamente y en medio de la c\u00f3lera de Latinoam\u00e9rica, a favor de la invasi\u00f3n brit\u00e1nica de Las Malvinas. Por mucho que la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica se obstine en separar a sus contrarios, sus \u00e9xitos surten el efecto contrario de unirlos.<\/p>\n<p>Merced a estas tres o cuatro complicaciones, comprendida la lejan\u00eda, los nuevos zares del Kremlin deben andar con tacto en cuanto concierna al Hemisferio americano, hasta donde no alcanzar\u00e1n a llegar tan expeditamente sus batallones como en el lim\u00edtrofe Afganist\u00e1n. Ac\u00e1, sin perjuicio de ir sembrando poco a poco sus asistentes cubanos, que los hay en Nicaragua y los hubo en Jamaica, Granada y Surinam, la prudencia les aconseja arreglar, componer, convenir, a objeto de salirle al paso al inevitable contraataque estadinense. Entre m\u00e1s hagan rechinar sus armas en Am\u00e9rica los Estados Unidos, m\u00e1s sermonear\u00e1n sobre los dones del di\u00e1logo y de la pacificaci\u00f3n los mandaderos de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Jam\u00e1s revoluciones que estuvieron tan cerca de la guerra clamaron tanto por la paz. Son los viceversas de un trayecto hist\u00f3rico en el cual el socialismo de una poderosa rep\u00fablica traiciona torn\u00e1ndose anexionista, y los movimientos nacionales de los pa\u00edses secularmente sometidos, en particular los m\u00e1s d\u00e9biles y peque\u00f1os, le sirven de punta de lanza en sus acometidas por la supremac\u00eda universal. Y en esa cadena de supeditaciones escalonadas a que nos refer\u00edamos arriba, la isla granadina representaba el eslab\u00f3n menos importante. El Pent\u00e1gono as\u00ed lo comprendi\u00f3; la escogi\u00f3 precisamente a ella con el objetivo de escarmentar y de medir el \u00e1nimo y las disponibilidades de sus contrincantes, sin exponerse a prender una conflagraci\u00f3n generalizada. Siguiendo el orden, los insurgentes salvadore\u00f1os han de hacer sus sacrificios por la estabilidad de Nicaragua, \u00e9sta a su vez por la supervivencia de Cuba y los tres por la feliz culminaci\u00f3n de los planes estrat\u00e9gicos y t\u00e1cticos del hegemonismo sovi\u00e9tico. Tales las prioridades que se desprenden de algunas de las f\u00f3rmulas de acuerdo elaboradas y de algunos de los pronunciamientos emitidos; relaci\u00f3n que corresponde a un conflicto que desafortunadamente a diario deja de ser menos una batalla por la emancipaci\u00f3n de las naciones para degenerar en el consabido pleito entre las superpotencias.<\/p>\n<p>Confiemos en que los pueblos puedan a la larga destramar el embrollo y corregir. Por lo pronto, Granada lo ha puesto al descubierto.<\/p>\n<p>Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR)<br \/>\nComit\u00e9 Ejecutivo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Octubre de 1983 Dos mil unidades de las fuerzas armadas norteamericanas, con el acompa\u00f1amiento m\u00e1s simb\u00f3lico que b\u00e9lico de 300 soldados de seis peque\u00f1as rep\u00fablicas de las Antillas de habla inglesa, comenzaron a desembarcar el 25 de octubre en la diminuta Granada, seg\u00fan los despachos de prensa, a las 5 y 40, hora local. 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