{"id":20008,"date":"2004-08-29T19:00:00","date_gmt":"2004-08-29T19:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/prueba.moir.org.co\/2004\/08\/29\/en-los-canaduzales-del-valle-del-cauca-un-ejercito-de-cien-mil-proletarios\/"},"modified":"2004-08-29T19:00:00","modified_gmt":"2004-08-29T19:00:00","slug":"en-los-canaduzales-del-valle-del-cauca-un-ejercito-de-cien-mil-proletarios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/en-los-canaduzales-del-valle-del-cauca-un-ejercito-de-cien-mil-proletarios\/","title":{"rendered":"EN LOS CA\u00d1ADUZALES DEL VALLE DEL CAUCA: UN EJERCITO DE CIEN MIL PROLETARIOS"},"content":{"rendered":"<p>En uno de los valles m\u00e1s f\u00e9rtiles de Colombia, entre ca\u00f1aduzales que se extienden sobre miles de hect\u00e1reas o en ingenios y trapiches, laboran de sol a sol, bajo aberrantes condiciones de inseguridad y sumidos en la miseria, m\u00e1s de 100.000 trabajadores que producen algo m\u00e1s de un mill\u00f3n de toneladas de az\u00facar al a\u00f1o. Los proletarios azucareros, hoy como ayer verdaderos forjadores de toda esta riqueza, poseen un tradici\u00f3n de combate clasista que se enriquece con cada d\u00eda que pasa.<\/p>\n<p>Los patronos los llaman despectiva e indistintamente \u201cpeones\u201d e \u201ciguazos\u201d, pero ellos tienen diversas tareas a su cargo: son los tractoristas, acomodadores, regadores, fumigadores y despertadores que siembran y cuidan los cogollos; o las cuadrillas de corteros que con sus trocheros y cabos de corte van tumbando las ca\u00f1as que las parejas o \u201cmangualas\u201d de alzadores recogen y acomodan en vagones. En los ingenios, rodeados de b\u00e1sculas, picadoras, calderas, filtros, evaporadoras, cristalizadoras, hornos, centr\u00edfugas y empaquetadoras, trabajan los gru\u00edstas, purgadores, brequeros, tacheros, electricistas y bulteadores. Tambi\u00e9n est\u00e1n los hombres humildes que baten y moldean panela en los cientos de trapiches regados como hornos humeantes entre la inmensidad de la ca\u00f1a. M\u00faltiples oficios dan cuerpo al proletariado azucarero.<\/p>\n<p>El trabajo de todos los d\u00edas talla sus m\u00fasculos como si fueran de chonta. El sol ardiente del valle curte su piel, las pesadas faenas manuales endurecen y llenan de callos sus manos. Los sufrimiento de su existencia insoportable tiemplan su voluntad para las m\u00e1s duras tareas. Esta masa acosada por el hambre, heterog\u00e9nea en su procedencia y en su forma, est\u00e1 identificada en su esp\u00edritu rebelde frente a los explotadores, un profundo sentimiento de clase: zambos y mulatos del Pat\u00eda, negros altos y fuertes de Guapi, Timbiqu\u00ed, Puerto Merizalde y el Choc\u00f3, sufridos hombres de las monta\u00f1as de Nari\u00f1o, nativos de la hoya del R\u00edo Cauca, han hecho con su sacrificio la verdadera historia del Valle y encarnan las necesidades y esperanzas de todo el pueblo. Cientos de ellos han muerto en los ingenios; otros entregaron su vida a la producci\u00f3n y est\u00e1n inutilizados.<br \/>\nUna dependencia absoluta.<\/p>\n<p>Colombia tiene en el Valle del Cauca una de las mejores tierras del mundo para el cultivo de la ca\u00f1a de az\u00facar, debido a que en sus plantaciones se corta todo el tiempo, sin la limitaci\u00f3n de una sola zafra por a\u00f1o que tienen Cuba, Puerto Rico y Hawai. Adem\u00e1s, su f\u00e9rtil suelo est\u00e1 regado abundantemente de manera natural, lo cual descarga al productor de las costosas instalaciones de regad\u00edo que requiere, por ejemplo, el Per\u00fa. Y el factor de la luz favorece los sembrados de manera \u00fanica.<\/p>\n<p>Con todo, su productividad es comparativa baja. Ciertamente, entre 1963 y 1975 la producci\u00f3n nacional aument\u00f3 de un 350.000 a 1\u2019001.000 toneladas. Pero tanto su financiaci\u00f3n como su mercadeo son directamente dependientes del capital monopolista norteamericano: los grandes ingenios los costean corporaciones financiaras de capital b\u00e1sicamente extranjero. Por otra parte, el transporte del total de exportaciones est\u00e1 monopolizado por la naviera \u201cGrace Line\u201d, que no embarca un producto acabado sino una materia prima: el az\u00facar no sulfitado, vale decir crudo, del cual se derivan 108 subproductos industriales de gran importancia, de los que Colombia escasamente explota ocho: az\u00facar crudo, melaza, miel de purga, bagazo, alcohol, \u00e1cido ac\u00e9tico, \u00e1cido c\u00edtrico y acetato de etilo. Con el agravante de que los ingenios cedieron los derechos de producci\u00f3n de estos derivados al mayor monopolio mundial de \u00e1cidos org\u00e1nicos, la compa\u00f1\u00eda \u201dMiles\u201d.<br \/>\nPara\u00edso de los explotadores<br \/>\ne infierno de los trabajadores.<\/p>\n<p>Al recorrer el valle y conversar con los proletarios azucareros, se recogen permanentes e indignadas denuncias sobre su explotaci\u00f3n. Las b\u00e1sculas de todos los ingenios est\u00e1n alteradas para robar el trabajo diario de corteros y alzadores. Los trabajadores son recogidos a las 4 de la ma\u00f1ana con una taza de tinto o agua panela en el est\u00f3mago por todo desayuno, y llevados al campo en camiones, como animales. Un trabajador nos dijo: \u201cUno sale de la casa por la noche y vuelve por la noche. Aguanta hambre en el corte, porque un d\u00eda s\u00ed el otro no el arroz y la papa de la mochila est\u00e1n agrios antes de las 11 de la ma\u00f1ana. Toca defenderse a punta de panela\u201d. La voracidad patronal no tiene limites: jornadas de 14 y 16 horas, turnos dobles en puestos de peligro, obligaci\u00f3n de trabajar a los enfermos con amenazas de despido. Es muy precisa la afirmaci\u00f3n de un dirigente obrero, de que \u201cLa zona azucarera del Valle y Cauca es un para\u00edso terrenal para la minor\u00eda explotadora que construy\u00f3 su imperio robando tierras y cometiendo cr\u00edmenes, y un infierno para los trabajadores y la gente humilde\u201d.<\/p>\n<p>Un cortero que nos relat\u00f3 varios accidentes de sus compa\u00f1eros, que suceden a diario y ocasionan la muerte o graves mutilaciones, denunciaba: \u201cNo nos dan siquiera la funda en qu\u00e9 guardar la pacora. Hay que rebuscar c\u00f3mo envolverla en los que sea, hasta en peri\u00f3dicos\u201d. Tanto en ingenios y trapiches como en las faenas de campo, el trabajador arriesga la integridad y la vida a cada minuto. Fundiendo, en la red de energ\u00eda, en los molinos y picadoras de ca\u00f1a. Los corteros dejan parte de su existencia en el ca\u00f1al, a cada golpe de pacora. Los alzadores se hunden en podridos barrizales donde pululan la cascabel y la talla. La pelusa de la ca\u00f1a invade el aire, se roba hasta la respiraci\u00f3n. Como lo sintetiza: \u201cDe todas estas riquezas, la miel la cogen los ricos y a nosotros nos tiran el bagazo\u201d.<\/p>\n<p>Asoca\u00f1a y sus tent\u00e1culos.<\/p>\n<p>Dentro del proceso de expansi\u00f3n de la industria azucarera se conform\u00f3 un monopolio, encarnado en la Asociaci\u00f3n Nacional de Cultivadores de Ca\u00f1a. Asoca\u00f1a que representa los intereses de una pocas familias vinculadas al Estado, y que concentra en sus manos el poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico, impidiendo su ley sobre todos los elementos de la producci\u00f3n, incluidas las masas trabajadoras. Son los Eder, due\u00f1os de Manuelita y el Ingenio del Cauca; los Holgu\u00edn, de Mayag\u00fcez; los Cabal, de Pichinch\u00ed y Providencia, y los Caicedo Gonz\u00e1lez, de Castilla, Riopaila y Begala.<\/p>\n<p>Amos y se\u00f1ores de Asoca\u00f1a, controlan las exportaciones y obligan a las empresas medianas a adherir a su cuota internacional: ingenio como Ucrania, El Porvenir, San Fernando, Mar\u00eda Luisa, El Arado, El Sam\u00e1n y muchos m\u00e1s, se denominan \u201ccolonos\u201d de los grandes pulpos que los han forzado a cerrar sus instalaciones industriales, por lo cual para subsistir tienen que dedicarse \u00fanicamente a tumbar ca\u00f1a: el 30% de la que procesan Riopaila, Manuelita, Castilla y Providencia, la suministran \u201ccolonos\u201d. Estos cuatro \u00faltimos ingenios suman 56.000 hect\u00e1reas, el 46% de la extensi\u00f3n total de los ca\u00f1ales del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Asoca\u00f1a tiene adem\u00e1s un gran poder de presi\u00f3n: el actual gobierno, caracterizado por complacencia ante los potentados, ha concedido ya en tres ocasiones cuantiosas alzas en el precio interno del az\u00facar, invariablemente precedidas de una escasez ficticia del producto, acompa\u00f1ada por declaraciones al estilo de la que comienzos de febrero emitiera Rodrigo Escobar Navia, presidente de la Asociaci\u00f3n: \u201cDebe reajustarse el precio interno y ense\u00f1\u00e1rsele a los colombianos a pagar el precio que realmente tiene el producto, y no mantenerlo en una situaci\u00f3n artificial y pol\u00edtica\u201d. Mientras esto se plantea, el gobierno a\u00f1ade a sus garant\u00edas la de cerrar los ojos ante el voluminoso mercado negro internacional del az\u00facar. El contraste es palpable en las declaraciones de una mujer del pueblo: \u201cUna ve que los muchachos tumban y tumban ca\u00f1a para el ingenio, y no tiene derecho a conseguir az\u00facar ni panela, ni aunque tuviera con qu\u00e9 pagarla\u201d.<\/p>\n<p>Verdaderos campos de concentraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por todo el Valle y el norte del Cauca, desde Cartago hasta Santander de Quilichao, los trabajadores viven hacinados como esclavos. Florida, por ejemplo, tiene 80 hect\u00e1reas de su \u201c\u00e1rea urbana\u201d invadidas de ca\u00f1a, y est\u00e1 imposibilitada para crecer, cercada por los sembrados mientras su poblaci\u00f3n aumenta al ritmo de la expansi\u00f3n permanente de las tierras de tres ingenios cuyo ensanche reclama m\u00e1s y m\u00e1s mano de obra.<\/p>\n<p>Florida es pr\u00e1cticamente un campo de concentraci\u00f3n de Castilla, Balsilla y el Ingenio del Cauca. Uno de sus m\u00faltiples inquilinatos, conocido como \u201cCasablanca\u201d, albergan en 20 m\u00edseras piezas a m\u00e1s de 140 personas. Pradera, por su parte, soporta el total abandono de sus servicios p\u00fablicos y las consecuentes epidemias y calamidades.<\/p>\n<p>Para colmo de desgracias, en todas las poblaciones se enquistan los agentes secretos y provocadores o \u201cpayasos\u201d encargados de denunciar cualquier brote de rebeld\u00eda. Muchos ingenios, m\u00e1s parecen c\u00e1rceles. Trabajadores de Castilla denunciaron que en la \u00e9poca electoral son obligados mediante amenazas y agresiones f\u00edsicas a consignar sus c\u00e9dulas, asistir a las manifestaciones de los partidos tradicionales y recorrer por las noches las carreteras coreando los nombres de sus candidatos.<\/p>\n<p>Las \u201ccampa\u00f1as de salud\u201d que proclaman los ingenios, enmascaran un macabro experimento denominado \u201cPrueba de Metabolismo\u201d, que no se ocupa de estudiar la prevenci\u00f3n de accidentes ni las enfermedades m\u00e1s comunes entre los trabajadores, sino que examina la manera de lograr que su cuerpo resista el m\u00e1ximo, buscando algo as\u00ed como la \u201cvariedad de nombre\u201d que fisiol\u00f3gicamente tolere mejor los rigores sin cuenta de la superexplotaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los sueldos miserable se suman a las dem\u00e1s calamidades de los obreros. Con el pago promedio de $21 por tonelada tumbada, un cortero escasamente puede llevar carne a su casa para un solo d\u00eda de la semana. En algunos sitios el chocolate de 20 personas se prepara con una sola pastilla. Cunde entre padres y madres la desesperaci\u00f3n al ver crecer a sus hijos a punta de pl\u00e1tanos, arroz y aguapanela, desnudos, sin escuela, amontonados en viviendas miserables, condenados a las enfermedades y desprovistos de los m\u00e1s elementales recursos. Los ancianos est\u00e1n igualmente desvalidos. Un extrabajador, condenado a la mendicidad, nos narraba su caso: \u201cMe dio paludismo de no comer, de aguantar hambre y de tomar agua de charcos. Me cogi\u00f3 y casi me mata, y ya despu\u00e9s en ning\u00fan sitio quisieron darme trabajo. Es como si al pobre le cayera una maldici\u00f3n del cielo\u201d.<\/p>\n<p>Lugares como Puerto Tejada viven sometidos a todas las humillaciones de la vida, sin agua ni alcantarillado, envueltos por el polvo que se levanta de sus calles, llenos de chozas y tugurios, con un r\u00edo totalmente contaminado por los desperdicios que arrojan los ingenios. Uno de cada 15 ni\u00f1os muere de hambre, y a diario fallecen m\u00e1s de dos a causa de la gastroenteritis.<\/p>\n<p>Las promesas de L\u00f3pez.<\/p>\n<p>El sistema de contratistas, que elimina de un tajo todos los derechos democr\u00e1ticos de los obreros, y contra el cual se levantaron los trabajadores de la Zona Bananera en 1928, se ha ganado tambi\u00e9n el odio de los proletarios azucareros. L\u00f3pez Michelsen, entonces candidato, pronunci\u00f3 un discurso en Palmira, el 18 de marzo de 1974, en el cual manifest\u00f3: \u201cNo entiendo que en los ingenios vecinos haya sindicatos en condiciones satisfactorias que permitan el sistema de enganche, mediante el cual sus hermanos trabajadores se convierten en contratistas de instituciones fantasmas para no gozar de la misma situaci\u00f3n de los sindicatos que contratan directamente. Es algo que no puede existir bajo los gobiernos liberales\u201d. Y a\u00f1adi\u00f3: \u201cNada de subterfugios ni de medios expeditos de burlar las leyes. Que sepan los trabajadores del Valle de Colombia que el 7 de agosto en adelante tambi\u00e9n habr\u00e1 para ellos una baraja nueva\u201d. Con la anuencia de su gobierno, Asoca\u00f1a ha generalizado el sistema de contratistas al 70% de los trabajadores de la ca\u00f1a. Los corteros recuerdan con iron\u00eda el discurso del Presidente, como ejemplo demagogo que juega con cartas marcadas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, los ingenios condicionan los contratos a la no-sindicalizaci\u00f3n del trabajador; dividen sus empresas en varias \u201crazones sociales\u201d, para quebrar las organizaciones existentes, como ha sucedido en Mayag\u00fcez y La Quinta, y fomentan las bases bajo bayonetas, recogen sin recato las sobras de lo que los grandes se\u00f1ores sirven a su mesas. Por todo ello, apenas el 20% de los trabajadores de la ca\u00f1a est\u00e1 sindicalizado.<\/p>\n<p>Una rica tradici\u00f3n de combate.<\/p>\n<p>Las expresiones de rebeld\u00eda de los obreros se traducen en frecuentes combates del proletariado azucarero: paros c\u00edvicos por mejores servicios p\u00fablicos, manifestaciones indignadas por los atropellos de las autoridades y la inmoralidad oficial, tomas de ingenios, pedreas en las que participan corteros pacora en mano, amas de casa, estudiantes. \u201cCuando nosotros paramos, nada se mueve\u201d, dice un trabajador de Manuelita, mientras un anciano tractorista del El Arado, viejo luchador, agrega: \u201cYo tal vez ya no llegue all\u00e1, pero los que vivan van a ver a este pueblo trabajador y honrado pararse en la raya\u201d. El esp\u00edritu de batalla de los obrero de ca\u00f1a brota por doquier: \u00a1la piola estira y estira hasta que se revienta!<\/p>\n<p>Cuando mencionan su luchas, los trabajadores azucareros recuerdan como un s\u00edmbolo su marcha de agosto de 1959, cuando tras el despido de m\u00e1s de 2000 huelguistas de Riopaila, se decret\u00f3 el paro solidario en todos los ingenios y se organiz\u00f3 una manifestaci\u00f3n en la que tomaron parte m\u00e1s de 20.000 obreros. \u201cSe alzaron los de Providencia, Manuelita, Mayag\u00fcez narra un cortero. Sali\u00f3 gente de Florida, Zarzal, La Paila, de Bugalagrande y de aqu\u00ed de Candelaria. De todas partes sal\u00edamos. Arrimamos hasta el paso del comercio pero no pudimos seguir hasta Cali porque ah\u00ed en el puente el ej\u00e9rcito empez\u00f3 a dar bala, gases y patadas\u201d. En aquella ocasi\u00f3n cayeron v\u00edctimas del primer gobierno llerista del Frente Nacional, los compa\u00f1eros Jos\u00e9 Rodolfo Chalac\u00e1n y Manuel J. Rodr\u00edguez, quienes perviven como ejemplo de sacrificio por la causa de su clase en la memoria del proletariado.<\/p>\n<p>A pesar de la represi\u00f3n generalizada, todos los a\u00f1os se suceden choques entre los trabajadores y explotadores. En todos los ingenios se narran luchas; cada obrero puede contar en cu\u00e1ntas ha tomado parte. Un ejemplo es la huelga de los de la Quinta en 1965, ante el incumplimiento de los pactos laborales por su patr\u00f3n, Joaqu\u00edn Vallejo Arbela\u00e9z. El movimiento duro 107 d\u00edas y no pudo ser debilitado ni por el chantaje, ni por la violencia, ni ante la muerte por hambre de 17 hijos de los trabajadores.<\/p>\n<p>En los actuales momentos, Riopaila vuelve a ser escenario de un aleccionador combate en defensa de los derechos democr\u00e1ticos de la clase obrera. Desde el pasado 14 de noviembre los obreros est\u00e1n en paro y de nada han valido en esta ocasi\u00f3n tampoco los rigores del clima, ni los incendios terroristas de los ca\u00f1aduzales provocados por esquiroles, ni la polic\u00eda y el ej\u00e9rcito. La muerte de Gustavo Hurtado, hijo de un huelguista, y la del obrero Jos\u00e9 Dolores Cardona, las heridas graves de estudiantes, mujeres y ni\u00f1os, han reforzado y mantienen la decisi\u00f3n de lucha de los trabajadores.<\/p>\n<p>La dispersi\u00f3n y el sistema de contratistas a que son sometidos los trabajadores azucareros, lo han llevado a apreciar \u00f1a imperiosa necesidad de la organizaci\u00f3n. Adem\u00e1s, las experiencias de lucha les ha dejado valiosas ense\u00f1anzas: uno a uno, los bandidos incrustados en sus filas son y seguir\u00e1n siendo desenmascarados y expulsados. D\u00eda a d\u00eda es mayor la independencia sindical frente a los patronos y el gobierno. Y paralelamente crece la acogida a la bandera de la unidad del movimiento obrero; en cada combate encarna y gana terreno, porque el proletariado azucarero sabe que los tres principios unitarios: servir a la clase obrera y al pueblo; aislar y combatir a las camarillas de UTC y CTC; y acogerse a la democracia sindical, los llevar\u00e1 a forjar una herramienta indispensable para el desarrollo de la revoluci\u00f3n colombiana, con cuya victoria ellos habr\u00e1n de conquistar un mundo nuevo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En uno de los valles m\u00e1s f\u00e9rtiles de Colombia, entre ca\u00f1aduzales que se extienden sobre miles de hect\u00e1reas o en ingenios y trapiches, laboran de sol a sol, bajo aberrantes condiciones de inseguridad y sumidos en la miseria, m\u00e1s de 100.000 trabajadores que producen algo m\u00e1s de un mill\u00f3n de toneladas de az\u00facar al a\u00f1o. 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