{"id":19439,"date":"2022-01-28T19:54:02","date_gmt":"2022-01-28T19:54:02","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/?p=19439"},"modified":"2022-01-28T19:54:02","modified_gmt":"2022-01-28T19:54:02","slug":"scripta-manibus-escribir-el-pensamiento-a-mano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/scripta-manibus-escribir-el-pensamiento-a-mano\/","title":{"rendered":"Scripta manibus: escribir el pensamiento a mano"},"content":{"rendered":"<p><strong>Emiliano Bruner y Carmen Cremades, Jot Down, enero de 2022<\/strong><\/p>\n<p>El origen y la evoluci\u00f3n del lenguaje siguen siendo una obsesi\u00f3n incondicional de la biolog\u00eda evolutiva, y por supuesto con toda la raz\u00f3n. El lenguaje es un rasgo \u00fanico de nuestra especie, y es la clave crucial de nuestros dos pilares ecol\u00f3gicos y cognitivos, es decir, la complejidad social y la complejidad tecnol\u00f3gica. Lenguaje, sociedad y cultura representan el tr\u00edpode donde se apoyan todos aquellos caracteres que, utilizando una jerga probablemente abusada, nos hacen humanos. Si se quita una sola de las tres patas, ya esta historia natural no se sujeta. Adem\u00e1s hay que a\u00f1adir que, a lo largo de mucho tiempo, se ha interpretado el lenguaje como una herramienta para transmitir el pensamiento, pero ahora unos cuantos pensamos que la ecuaci\u00f3n es al rev\u00e9s: el lenguaje podr\u00eda ser el proceso que permite y genera el pensamiento, y no un medio de su expresi\u00f3n. Si no soy capaz de decirlo, no soy capaz de pensarlo. De hecho, pensamos estrictamente o por im\u00e1genes o por palabras, manejando un mundo donde l\u00e9xico y geometr\u00eda generan etiquetas y conceptos, recuerdos y previsiones, forjan nuestras realidades, as\u00ed como todas sus alternativas.<\/p>\n<p>En el siglo XIX,\u00a0Paul Broca\u00a0descubri\u00f3 que hab\u00eda una regi\u00f3n del cerebro crucial para producir el habla, y\u00a0Carl Wernicke\u00a0encontr\u00f3 otra decisiva para descodificarlo. Esto fue suficiente para avalar aquella\u00a0<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Psicolog%C3%ADa_cognitiva\">perspectiva cognitivista<\/a>\u00a0que interpreta el cerebro como un ordenador, una m\u00e1quina con sus partes dedicadas a distintas tareas y a funciones espec\u00edficas, sensible a las influencias del ambiente pero, aun as\u00ed, aut\u00f3noma e independiente. Algo que no se aleja mucho de aquella\u00a0<a href=\"https:\/\/www.jotdown.es\/2021\/12\/futur-anterieur-historia-niputaideaismo-3\/\">frenolog\u00eda<\/a>\u00a0que intentaba asignar a cada \u00e1rea cortical una funci\u00f3n, como en aquellas tablas de carnicer\u00eda donde el ganado se representa segmentado en sus distritos anat\u00f3micos en funci\u00f3n del corte y de su destino culinario. El cerebro como artilugio aut\u00f3nomo, con sus piezas dedicadas espec\u00edficamente al lenguaje.<\/p>\n<p>Pero hoy en d\u00eda sospechamos que las cosas no son tan sencillas. Sabemos que estas \u00e1reas corticales se activan en tareas muy distintas. Sabemos que el cerebro funciona como un \u00fanico sistema, y aunque haya \u00e1reas cruciales para algunas funciones, en realidad todo el cerebro se involucra incluso en las labores m\u00e1s humildes. Sabemos que muchas veces lo que cuenta no es el tama\u00f1o o el desarrollo de un \u00e1rea, sino sus conexiones con las dem\u00e1s. Pero sobre todo sabemos que no sabemos mucho, porque no tenemos nada claro c\u00f3mo se reparten estos mecanismos y estos deberes, dado que a veces puedes quitar cachos muy gordos de corteza cerebral y aun as\u00ed no notar cambios importantes en las capacidades de un individuo. Y, al mismo tiempo, una peque\u00f1a lesi\u00f3n puede llegar a crear un da\u00f1o dram\u00e1tico y funesto.<\/p>\n<p>En fin, parece que trocear el cerebro en partes cada vez m\u00e1s peque\u00f1as (\u00e1reas, luego tejidos, luego c\u00e9lulas, luego mol\u00e9culas\u2026) nos ha llevado a saber muchas cosas sobre los ladrillos anat\u00f3micos y fisiol\u00f3gicos de nuestro enc\u00e9falo, pero no tanto sobre su funcionamiento global. Y menos sobre c\u00f3mo funciona\u00a0<a href=\"https:\/\/www.investigacionyciencia.es\/blogs\/medicina-y-biologia\/80\/posts\/obsesiva-mente-20439\">una mente<\/a>. Como consecuencia, unos cuantos han empezado a tener la duda de que a lo mejor est\u00e1bamos solo considerando una parte del sistema, y esto nos estaba impidiendo entender el mecanismo general. Y entonces se han salido del cr\u00e1neo, buscando m\u00e1s all\u00e1 de las neuronas.<\/p>\n<p>Las hip\u00f3tesis sobre\u00a0<a href=\"https:\/\/www.investigacionyciencia.es\/blogs\/medicina-y-biologia\/80\/posts\/extendida-mente-17204\">extensi\u00f3n cognitiva<\/a>\u00a0(tambi\u00e9n conocidas como\u00a0<a href=\"https:\/\/oxford.universitypressscholarship.com\/view\/10.1093\/acprof:oso\/9780195333213.001.0001\/acprof-9780195333213\">Teor\u00eda de la mente extendida<\/a>) proponen que la mente no es un producto del cerebro, sino un proceso que se genera a trav\u00e9s de la interacci\u00f3n entre cerebro, cuerpo y ambiente. El cuerpo ser\u00eda una interfaz activa en la gesti\u00f3n de este flujo y, en el caso de los humanos, la cultura y la tecnolog\u00eda representan los elementos fundamentales de este ambiente que participa como constituyente fundamental del proceso. De hecho, nuestra cultura y nuestras capacidades cognitivas no son sencillamente \u00abfacilitadas\u00bb por nuestras herramientas, sino que dependen integralmente de ellas. Miramos con nuestros ojos y con nuestros telescopios. Manejamos n\u00fameros con nuestros l\u00f3bulos parietales y con nuestras calculadoras. Almacenamos recuerdos en nuestras neuronas y en nuestras fotograf\u00edas. Nuestras herramientas son perif\u00e9ricas externas del sistema cognitivo, que nos permiten exportar parte de nuestras funciones mentales fuera del cuerpo. Las herramientas como elementos mentales extracorporales que aumentan el rango de posibilidades, mejorando algunas capacidades perceptivas o anal\u00edticas, e introduciendo algunas totalmente nuevas. Sigue valiendo la analog\u00eda del ordenador, pero donde el cerebro solo es el microprocesador, que para funcionar necesita dispositivos externos, servidores lejanos, aplicaciones en l\u00ednea, y una buena se\u00f1al inal\u00e1mbrica. Todo necesariamente pasando por la descodificaci\u00f3n activa de sus puertos de entrada: el cuerpo y sus sentidos.<\/p>\n<p>Esta perspectiva, evidentemente, abre puertas a un mundo nuevo y desconocido, ventanas hacia paisajes imprevisibles, y ba\u00fales llenos de tesoros inesperados para los que investigan en evoluci\u00f3n, neurobiolog\u00eda o ciencias cognitivas. Si cuerpo y ambiente son partes funcionales del proceso cognitivo, hay que repensarlo todo. Y en este todo hay un aspecto que a lo mejor todav\u00eda se ha quedado en la sombra, porque estamos acostumbrados a darlo por hecho: la evoluci\u00f3n de la escritura.<\/p>\n<p>Todos estamos de acuerdo en que el origen de la escritura ha sido un hito para el g\u00e9nero humano, pero lo hemos interpretado como un hito hist\u00f3rico y cultural, m\u00e1s que como un salto cognitivo. Porque claro, si interpretamos la cultura como un producto del cerebro, la escritura no ha sido sino un triunfo m\u00e1s de nuestro asombroso enc\u00e9falo. Sin embargo, si lo vemos a la luz de las teor\u00edas sobre extensi\u00f3n cognitiva, desde luego esta definici\u00f3n se queda muy corta.<\/p>\n<p>Con la escritura hemos desarrollado el primer disco externo de memoria de nuestra mente. Una vez m\u00e1s, la primera etapa fueron las im\u00e1genes (aquellas bellas pinturas rupestres, primer almac\u00e9n externo de nuestros registros visuales), luego vinieron los repositorios de palabras. Nuestra fr\u00e1gil memoria interna, limitada por la capacidad de nuestros l\u00f3bulos temporales, hab\u00eda hecho hasta entonces milagros, pero ya estaba petada, y no daba de s\u00ed. Exportando la memoria a elementos perif\u00e9ricos, hemos ampliado nuestra capacidad de almacenamiento de datos hasta un nivel inimaginable. Cuevas, estelas, papiros, libros, luego los soportes digitales, y ahora nuestra memoria ya est\u00e1 fuera del cr\u00e1neo, mientras que el cerebro se encarga de la delicada tarea de ordenar, de mapear y de enlazar, funcionando como un motor de b\u00fasqueda encargado de saber d\u00f3nde est\u00e1 la informaci\u00f3n, m\u00e1s que de guardarla en peque\u00f1os cajones neuronales.<\/p>\n<p>Y no olvidemos la interfaz: el cuerpo. En el cerebro tenemos un mapa sensorial y motor de todo nuestro cuerpo, el\u00a0<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Hom%C3%BAnculo_cortical\">hom\u00fanculo cortical<\/a>\u00a0de\u00a0Wilder Penfield, y este mapa est\u00e1 directamente enlazado con nuestros sentidos, y con nuestros m\u00fasculos. Este hombrecito cerebral no es proporcional al tama\u00f1o real de nuestras partes anat\u00f3micas, sino a su sensibilidad perceptiva y a su capacidad de movimiento. Y, por supuesto, tiene manos enormes. Pensamos sobre todo con las manos, sentimos con las manos, actuamos con las manos. Hoy sabemos que, cuando agarramos una herramienta, todo el cuerpo se reequilibra para a\u00f1adirla estructuralmente a la arquitectura de huesos y tendones, y, acto seguido, el mismo cerebro incluye esta herramienta en los esquemas del cuerpo, como si fuese un elemento anat\u00f3mico m\u00e1s.<\/p>\n<p>Somos ciborgs, desde que agarramos una piedra y empezamos a pensar en funci\u00f3n de sus posibilidades. Somos seres evolutivamente especializados en extender nuestras funciones integrando elementos externos a nuestros circuitos sensoriales y mentales, gracias a una capacidad prot\u00e9sica que se ha seleccionado finamente en los \u00faltimos doscientos mil a\u00f1os de nuestra historia. Pensamos con las manos, y con los ojos. El sistema ojo-mano, visi\u00f3n-tacto, es la gran apuesta evolutiva de los primates, y en particular, de nuestra propia especie. Exploramos el ambiente que nos rodea con los ojos, e interactuamos con \u00e9l a trav\u00e9s de nuestras manos. Las primeras obras pintadas en unas cuevas fueron manos, el cuerpo como herramienta antes de extenderse en un pincel, una mano que deja su huella bajo la mirada atenta de sus propios ojos. Cuerpo y visi\u00f3n, nuestras medidas del mundo, y de un modelo aproximativo de este mundo que llamamos\u00a0<em>realidad<\/em>. No es de extra\u00f1ar, entonces, que a la hora de evolucionar nuestros archivos de memoria externos, hito incre\u00edble del proceso prot\u00e9sico de extensi\u00f3n cognitiva, hemos tenido que hacerlo contando con estos dos puertos principales, a\u00f1adiendo una pluma al brazo para que sea m\u00e1s funcional y, m\u00e1s tarde, unas lentes adicionales a nuestras retinas, llamadas gafas, para mejorar sus defectos.<\/p>\n<p>La\u00a0<a href=\"https:\/\/www.tandfonline.com\/doi\/full\/10.1080\/02643294.2017.1367654?casa_token=cfZru8yfJJ4AAAAA%3ACKy6FZMHc7-vpltU8ogC75KJ2aH9-scsizBz1jYDyOW74YmwybBlHFme9p1LBYDlly52n_WxdqV3\">capacidad gr\u00e1fica<\/a>\u00a0empieza a manifestarse alrededor de los dos a\u00f1os, y sigue desarroll\u00e1ndose hasta la adolescencia. La escritura necesita incorporar sus elementos gr\u00e1ficos en los patrones motores autom\u00e1ticos, en la memoria corporal a largo plazo, para que se vuelva mecanismo espont\u00e1neo de expresi\u00f3n y de razonamiento. Entre los siete y los diez a\u00f1os ocurren los cambios m\u00e1s patentes, y se afina el sistema de control visual y corporal que permite automatizar el proceso. Se implican las \u00e1reas cerebrales som\u00e1ticas (perceptivas y motoras) asociadas a la corteza frontal, parietal y cerebelar. Mira t\u00fa por d\u00f3nde, todas ellas regiones que est\u00e1n particularmente desarrolladas en nuestra propia especie,\u00a0<em>Homo sapiens<\/em>, incluso si nos comparamos con los hom\u00ednidos extintos.<\/p>\n<p>La ejecuci\u00f3n de programas motores enlaza cerebro y ambiente, cerrando un c\u00edrculo funcional entre microprocesador y perif\u00e9rica. Como para muchas otras funciones cognitivas, los datos de im\u00e1genes biom\u00e9dicas sugieren que cuanto m\u00e1s h\u00e1bil es un individuo en la escritura, menos recursos cerebrales tiene que utilizar. En el escritor avezado, la funci\u00f3n se delega al cuerpo y a su extensi\u00f3n boligr\u00e1fica, a trav\u00e9s de un di\u00e1logo entre visi\u00f3n y percepci\u00f3n corporal (propiocepci\u00f3n). Y claro, si es que el lenguaje no es la expresi\u00f3n del pensamiento sino su fragua, algo parecido tiene que pasar con la escritura. Existen much\u00edsimos\u00a0<a href=\"https:\/\/www.udg.mx\/es\/noticia\/sin-sistema-escritura-mayoria-lenguas-hay-mundo-afirma-linguista\">idiomas \u00e1grafos<\/a>\u00a0(incluso algunos muy exitosos, como el\u00a0<a href=\"https:\/\/www.languageconnections.com\/blog\/quechua-language-the-language-of-the-incas\">quechua<\/a>), as\u00ed que tenemos evidencias de sobra de que no hace falta saber escribir para poder pensar. Pero tenemos que reconocer que, a nivel evolutivo y cognitivo, la escritura no ha ofrecido solo un soporte de memoria, sino tambi\u00e9n una forma nueva de ordenar sensaciones e informaciones. Es la \u00ab<a href=\"http:\/\/resumenes-comunicacion-uba.blogspot.com\/2014\/11\/walter-ong-oralidad-y-escritura.html\">tecnolog\u00eda de las palabras<\/a>\u00bb de\u00a0Walter Ong. Tal como soy capaz de escribirlo, probablemente soy capaz de pensarlo. Escribir a veces revela, y a veces genera. As\u00ed como hablar y vocalizar muchas veces aporta al pensamiento, escribir y deletrear puede activar funciones adicionales, que necesitan la extensi\u00f3n de la mano en una pluma (o de las yemas en un teclado) para poder cerrar un circuito entre cuerpo y cerebro.<\/p>\n<p>Es gracioso que, en ingl\u00e9s, la escritura a mano se define con el t\u00e9rmino de\u00a0<em>longhand<\/em>, precisamente rematando la concepci\u00f3n del escritor como ciborg extendido en su estilogr\u00e1fica. Utensilio que, a estas alturas, ha sido casi integralmente remplazado por el teclado. Lo cual ha sido un avance incre\u00edble, porque entre velocidad y capacidad de dise\u00f1o y revisi\u00f3n hemos enganchado a nuestros cerebros una herramienta potent\u00edsima, que ha mejorado sensiblemente las potencialidades de nuestra mente escritora. Pero una cosa no quita la otra, y no habr\u00eda que enterrar los viejos l\u00e1pices en los museos como si fueran despojos arqueol\u00f3gicos. Al fin y al cabo, la conexi\u00f3n f\u00edsica y prot\u00e9sica con estos elementos r\u00edgidos y peque\u00f1os es muy poderosa, verdaderos ap\u00e9ndices literarios de nuestra mano, con un sitio de honor en nuestra corteza cerebral som\u00e1tica.<\/p>\n<p>Escribir a mano conecta directamente\u00a0<a href=\"https:\/\/uxdesign.cc\/forget-the-computer-heres-why-you-should-write-and-design-by-hand-19031089138f\">el mundo interno con el mundo externo<\/a>, lo que constituye un puente funcional continuo y tangible, una puerta inmediata entre cerebro, cuerpo y memoria externa (\u00a1un trozo de papel!). De hecho, resulta que tomar apuntes a mano, en lugar de usar un teclado, puede estar relacionado con una\u00a0<a href=\"https:\/\/journals.sagepub.com\/doi\/full\/10.1177\/0956797614524581\">mayor capacidad de procesamiento<\/a>\u00a0de la informaci\u00f3n que se est\u00e1 almacenando. Escribir a mano\u00a0<a href=\"https:\/\/ecoosfera.com\/2018\/02\/escritura-manual-cerebro-creatividad\/\">activa las capacidades psicomotoras<\/a>, ejercita la capacidad de comprensi\u00f3n, y tiene un efecto relajante. Adem\u00e1s entrena la capacidad de concentraci\u00f3n, que es una habilidad clave de\u00a0<a href=\"http:\/\/editorialkairos.com\/catalogo\/focus\">la atenci\u00f3n<\/a>, madre de todas las capacidades cognitivas. Y, a quien practica meditaci\u00f3n, puede interesar, de hecho, intentar escribir lentamente con una sensibilidad abierta a las percepciones som\u00e1ticas, desde las tensiones musculares hasta la presi\u00f3n del l\u00e1piz y la rugosidad del papel: \u00a1una verdadera experiencia de atenci\u00f3n plena!<\/p>\n<p>La escritura manual traza un camino sobre la cartograf\u00eda mental que permite hilar un discurso al tiempo que se escribe. \u00abCaminante no hay camino, se hace camino al andar\u00bb. Del mismo modo, ante el papel en blanco, no es que el pensamiento se plasme tal y como fue concebido: el texto no es una simple copia, una foto, del pensamiento mental. El acto de escribir se retroalimenta con el acto de pensar. Escribir es pensar en voz alta. El mecanismo de la escritura activa el engranaje del pensamiento. En muchas ocasiones, coger el boli y deslizarlo por el desierto de papel crea una conexi\u00f3n cerebro-mano que permite que el discurso fluya de un modo que solo pensando o solo hablando no es posible. El movimiento de los garabatos sobre el papel funciona como una dinamo que da vida al propio pensamiento y lo hace fluir de tal modo que se revela aquello que se ocultaba en la mente a nivel inconsciente y se hace no solo consciente, sino f\u00edsico.<\/p>\n<p>El trazado de ese pensamiento \u2014la escritura\u2014 constituye el resultado de los procesos cognitivos de resolver, argumentar, reflexionar, razonar. El producto de ese proceso son las palabras reflejadas, tatuadas, demarcadas sobre el papel. \u00abPoner negro sobre blanco\u00bb, se dice. Pero, adem\u00e1s de ser el resultado de un proceso, el solo hecho de escribir, el procedimiento en s\u00ed de la escritura, es la v\u00eda que genera ese pensamiento. As\u00ed como los exploradores marcaban sobre el mapa la ruta hacia el tesoro, los pensadores dejan su camino de tinta de A a B con todos sus baches, retrocesos, atajos y desv\u00edos, todos ellos evidencias en el terreno de las propias modulaciones, curvas y caminos abiertos en su trayecto de salida del laberinto que constituye el propio inteligible cerebro.<\/p>\n<p>La escritura ha sido un gran salto hacia una extensi\u00f3n cognitiva de tipo f\u00edsico, el invento de la memoria externa, de un archivo formal de almacenamiento externo y transferencia de datos, recopilaci\u00f3n de informaci\u00f3n que ya no se encuentra en el disco duro (el sistema nervioso central), sino en repositorios extraneurales, informaci\u00f3n almacenada fuera de la piel. Lo cual requiere desarrollar una adecuada capacidad prot\u00e9sica (el boli, un nuevo elemento en el circuito mano-ojo) y nuevas funciones para el cerebro (el motor de b\u00fasqueda). Y esta conexi\u00f3n la traemos, inconscientemente, a nuestras palabras. Las emociones, tradicional y simb\u00f3licamente asociadas al coraz\u00f3n, se\u00a0<em>tocan<\/em>. \u00abMe has tocado el coraz\u00f3n.\u00bb Las emociones nos dejan \u00abtocados\u00bb, porque se transmiten por la piel, por el cuerpo. Son algo t\u00e1ctil, tangibles, pura carne. Pero el pensamiento, sin embargo, no se puede tocar, ni o\u00edr: solo se puede\u00a0<em>leer<\/em>. \u00abMe has le\u00eddo el pensamiento\u00bb. Se asocia al lenguaje, y m\u00e1s concretamente al texto. Y para que el pensamiento se pueda leer, necesariamente, tiene que ser algo que se escribe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Emiliano Bruner y Carmen Cremades, Jot Down, enero de 2022 El origen y la evoluci\u00f3n del lenguaje siguen siendo una obsesi\u00f3n incondicional de la biolog\u00eda evolutiva, y por supuesto con toda la raz\u00f3n. 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