{"id":18251,"date":"2019-11-14T15:54:47","date_gmt":"2019-11-14T15:54:47","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/?p=18251"},"modified":"2019-11-14T15:54:47","modified_gmt":"2019-11-14T15:54:47","slug":"los-dientes-y-el-quijote","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/los-dientes-y-el-quijote\/","title":{"rendered":"Los dientes y el Quijote"},"content":{"rendered":"<p><strong>Montero Glez, El Pa\u00eds (Espa\u00f1a), 31 de octubre de 2019<\/strong><\/p>\n<p><em>Aunque un mal catarro pudiese dejar sin dientes algunas bocas, en tiempos cervantinos la odontolog\u00eda no era considerada ciencia.<\/em><\/p>\n<p>En la \u00e9poca de Cervantes, los dentistas combinaban su oficio con el de barberos sangradores. De la misma manera que afeitaban, extra\u00edan muelas y aplicaban sanguijuelas. Sin m\u00e1s ciencia que la de sus navajas, los barberos de entonces hac\u00edan sangr\u00edas como si marcasen patillas.<\/p>\n<p>Por ejemplo, el poste de barbero que hoy lucen los establecimientos m\u00e1s\u00a0<em>hipster<\/em>\u00a0tuvo su origen en otro que se representaba con vendajes sangrientos enrollados. Los barberos anunciaban sus servicios con crudeza, ya dijimos que eran otros tiempos; una \u00e9poca de claroscuros y contrastes donde un mal catarro pod\u00eda dejar sin dientes algunas bocas, tal y como le ocurri\u00f3 a Do\u00f1a Rodr\u00edguez con la suya, cuando se mostr\u00f3 ante\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/elpais\/2019\/02\/12\/ciencia\/1549963170_648562.html\">don Quijote<\/a>\u00a0para aclararle: \u00abMi alma tengo en las carnes y todos mis dientes y muelas en la boca, am\u00e9n de unos pocos que me han usurpado unos catarros, que en esta tierra de Arag\u00f3n son tan ordinarios.\u00bb<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de la estrecha relaci\u00f3n entre problemas de salud y problemas dentales, en tiempos cervantinos\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/sociedad\/2019\/09\/08\/actualidad\/1567967341_846415.html\">la odontolog\u00eda<\/a>\u00a0no era considerada ciencia; los m\u00e9dicos de entonces despreciaban todo lo que tuviera relaci\u00f3n con la boca. De esta manera, charlatanes y barberos se ocupaban de poner sus tenazas al fuego para extraer muelas a tirones. En realidad, era un m\u00e9todo que no carec\u00eda de efectividad, pues respond\u00eda a un planteamiento simple: si no hay pieza, no hay dolor. Lo que sucede es que una boca sin muelas es igual al molino sin piedra, por decirlo a la manera cervantina tras el episodio que llev\u00f3 a don Quijote a confundir manadas de carneros con ej\u00e9rcitos, y del que saldr\u00eda con la dentadura maltrecha. Hasta ese momento, Alonso Quijano presum\u00eda de tener la boca tan sana que en toda su vida le hab\u00edan sacado diente ni muela, como tampoco se le hab\u00eda ca\u00eddo \u201cni comido de neguij\u00f3n, ni de reuma alguna\u201d.<\/p>\n<p>El neguij\u00f3n y el reuma, a los que hace referencia don Quijote, son dolencias dentales que hoy conocemos como\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/elpais\/2019\/07\/23\/mamas_papas\/1563878337_248929.html\">caries<\/a>\u00a0y como placa infecciosa. Para ser m\u00e1s acertados, en la \u00e9poca de Cervantes la caries era causa de un gusano invisible al que se combat\u00eda de ra\u00edz con la punta de una aguja puesta al fuego. Por otro lado, el reuma dental se correspond\u00eda con la gingivitis o corrimiento de las enc\u00edas que era debido a un proceso inflamatorio.<\/p>\n<p>Tendr\u00e1 que pasar tiempo para que la caries dejase de ser causa de un gusano invisible y de eso se encargar\u00e1 Pierre Fauchard cuando, en el a\u00f1o 1728, entregue a la imprenta su tratado\u00a0<em>Le chirurgien dentiste (El dentista cirujano);<\/em>\u00a0trabajo fundacional de la odontolog\u00eda donde se tratan los signos de\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/sociedad\/2019\/01\/25\/actualidad\/1548420977_577994.html\">la enfermedad bucal<\/a>, as\u00ed como se explica el m\u00e9todo para sacar muelas con caries y no trocearlas durante su extracci\u00f3n. Con unas ilustraciones al detalle, Fauchard nos va se\u00f1alando los pasos a seguir para realizar las curas.<\/p>\n<p>La historia de este m\u00e9dico da comienzo en la Marina Real donde se enrola siendo un adolescente y donde aprende que los marinos que hac\u00edan viajes largos sufr\u00edan de ulceraci\u00f3n en las enc\u00edas provocada por la falta de vitamina C, enfermedad conocida como escorbuto. La curiosidad de Fauchard no tuvo l\u00edmites y gracias a ella, los postes de barbero empezaron a perder su significado original.<\/p>\n<p>Adaptando instrumentos de relojeros y joyeros -herramientas precisas y delicadas a la vez- Fauchard puso en pr\u00e1ctica la cirug\u00eda maxilofacial. Tambi\u00e9n emple\u00f3 marfil para reemplazar piezas. Lo hizo igual a un orfebre que engastase una piedra en un anillo, demostrando que el dentista no s\u00f3lo ha de poseer el \u00edmpetu de un mec\u00e1nico, sino que tambi\u00e9n ha de contar con el tacto de un artesano. Como acert\u00f3 a decir don Quijote tras el episodio de los carneros, \u201cen mucho m\u00e1s se ha de estimar un diente que un diamante\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Montero Glez, El Pa\u00eds (Espa\u00f1a), 31 de octubre de 2019 Aunque un mal catarro pudiese dejar sin dientes algunas bocas, en tiempos cervantinos la odontolog\u00eda no era considerada ciencia. En la \u00e9poca de Cervantes, los dentistas combinaban su oficio con el de barberos sangradores. De la misma manera que afeitaban, extra\u00edan muelas y aplicaban sanguijuelas. 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