{"id":17770,"date":"2019-07-17T16:26:02","date_gmt":"2019-07-17T16:26:02","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/?p=17770"},"modified":"2019-07-17T16:26:02","modified_gmt":"2019-07-17T16:26:02","slug":"la-cuadra-del-cementerio-muerto-cuando-los-dias-aun-tenian-la-imaginativa-sencillez-de-la-infancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/la-cuadra-del-cementerio-muerto-cuando-los-dias-aun-tenian-la-imaginativa-sencillez-de-la-infancia\/","title":{"rendered":"La cuadra del cementerio muerto. (Cuando los d\u00edas a\u00fan ten\u00edan la imaginativa sencillez de la infancia)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Reinaldo Spitaletta, Medell\u00edn, julio de 2019<\/strong><\/p>\n<p>Ten\u00eda una particularidad: no era una cuadra, sino tres. Tres en una. Muy cerca hab\u00eda un cementerio que, cuando llegamos a vivir por esos lugares, ya estaba en decadencia. Los entierros eran pocos, casi ninguno, y la \u201csacada\u201d de restos, mucha. Hab\u00eda tumbas abandonadas y el deterioro se tragaba los pabellones. Hab\u00eda cruces ca\u00eddas, nombres borrosos, l\u00e1pidas quebradas\u2026 pero, en medio de aquella ruina, apareci\u00f3 para nosotros los muchachos del vecindario un espacio de juegos macabros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Corretear por los dominios de las b\u00f3vedas, mirar huesos dispersos, toparse con la risa eterna de una calavera era parte de un ritual de atardeceres y, de vez en cuando, de la l\u00fagubre noche en el viejo cementerio de Nazaret. Lindaba con una iglesia, la de la Preciosa Sangre, y con una escuela, del mismo nombre. Un d\u00eda presenciamos la extracci\u00f3n de una momia, de pelo blanco muy largo, mientras el sepulturero (que cumpl\u00eda una labor a la inversa) la macheteaba para dejarla lista y a la medida. Hab\u00eda que introducir los despojos a un cajoncito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A las se\u00f1oras de los alrededores les parec\u00eda ins\u00f3lito que un camposanto fuera asaltado (palabra de alguna de ellas) por pelados perniciosos (seg\u00fan varias de ellas) que solo estaban por profanar la paz de los difuntos. El cementerio en todo caso estaba m\u00e1s muerto que sus muertos y su aspecto triste era como un lamento de fantasmas. Mucho tiempo despu\u00e9s le\u00ed un relato brev\u00edsimo de Ray Bradbury sobre un rumor, lamento trist\u00f3n que surg\u00eda de las tumbas y se esparc\u00eda por la soledad dolorosa de un cementerio, y record\u00e9 aquellas jornadas de la breve infancia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"wp-captions alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"\" src=\"http:\/\/arqmedellin.co\/_wb\/_domain\/arqmedellin.co\/_wbGestor\/parroquias\/82\/Fotos\/la-preciosa-sangre-1.jpg\" alt=\"Resultado de imagen para iglesia preciosa sangre bello\" width=\"424\" height=\"469\" border=\"0\" \/><\/p>\n<p class=\"wp-caption-text\">Iglesia de la Preciosa Sangre, en Bello.<\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hacia abajo, la calle 51 ten\u00eda un lado del cementerio, la iglesia, una escuela y, en otra esquina, la tienda de don Antonio. Hacia arriba, con casas grandes a lado y lado, en la que sobresal\u00eda la de los Llano, se interrump\u00eda por un \u201cburro\u201d (aguas negras corrientes en medio de una manga) y volv\u00eda a conectarse con m\u00e1s casas. Por all\u00ed estaban los Villa, que jugaban bien a la pelota, y misia To\u00f1a, una se\u00f1ora de mucha edad (o as\u00ed nos parec\u00eda, porque cuando se es un muchacho los que tienen 30 o 40 a\u00f1os ya son muy viejos. Ella ten\u00eda m\u00e1s) y hacia arriba de mi casa una muchacha a la que mam\u00e1 y pap\u00e1 le dec\u00edan la <em>boca\u2019emojarra<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Eran los muchachos de por ah\u00ed todos futboleros. O casi todos. Ten\u00edan por supuesto sobrenombres. Al frente de mi casa, que era alargada, con un peque\u00f1o recibidor a modo de antejard\u00edn sin matas, con solar que daba a un bald\u00edo, viv\u00edan Tonina, Jaim\u00edn y otro del que ya no recuerdo su apodo. Al lado de estos, Misaca, y m\u00e1s arriba Canana y el P\u00e1jaro. A uno, de la vuelta, le dec\u00edamos Lobat\u00f3n (se llamaba Alfonso) y a otro, de m\u00e1s arriba, Cocho. Tambi\u00e9n hab\u00eda uno de apellido Guisao y otro M\u00fanera. Entonces \u00e9ramos unos \u201cculicagados\u201d (trato muy familiar que utilizaban las t\u00edas) que oscil\u00e1bamos entre los diez y los doce a\u00f1os. Los de m\u00e1s edad, no eran de nuestros afectos ni de la gallada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/upload.wikimedia.org\/wikipedia\/commons\/e\/e2\/Bosque_andino_colombiano_antioquia33.jpg\" alt=\"Resultado de imagen para quebrada el hato Bello\" width=\"261\" height=\"370\" border=\"0\" \/><\/p>\n<p class=\"wp-caption-text; clear: both; text-align: center; float: right; margin: 0 0 0.5em 1em; padding: 4px; background-color: white; border: 1px solid #ccc\">El chorrolato (quebrada el Hato)<\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Abundaban en los alrededores canchas al natural. Junto a la quebrada del Hato, despu\u00e9s de un rodadero, se llegaba a la Manga del B\u00facaro (as\u00ed la bautizamos, porque hab\u00eda un enorme b\u00facaro y un charco con el mismo nombre), donde hubo partidos hist\u00f3ricos que no registr\u00f3 ninguna cr\u00f3nica ni const\u00f3 en papel sellado alguno. Solo se quedaron en la fr\u00e1gil memoria, con sus gambetas, griter\u00edas, amagues de bronca y los goles. Hab\u00eda otras, en inmediaciones, con sus porter\u00edas de piedras y sus desniveles.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Eran los d\u00edas en que hab\u00eda \u201crobagallinas\u201d, \u201csaltamuros\u201d, \u201cbrincatapias\u201d y otras agilidades propias de ladrones dom\u00e9sticos; aunque tambi\u00e9n est\u00e1bamos los que despu\u00e9s de un <em>picado<\/em> \u00edbamos a fincas cercanas, a asaltar palos de mango y naranja. La cuadra, en cuanto al suelo, era destapada. El pavimento llegaba hasta la iglesia, de ah\u00ed hacia arriba, gravilla y tierra. No era apta para ciclas y, menos a\u00fan, para jugar partidos callejeros. No se requer\u00eda porque \u201cestadios\u201d era los que sobraban en derredor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La cuadra prolongada ten\u00eda diferencias no tan sociales, pero s\u00ed. Por donde estaban los Llano habitaban los de cierta alcurnia, porque eran trabajadores de textileras o porque eran profesores, algunos, creo, de universidad. Los de m\u00e1s arriba, era una diversidad: estudiantes, obreros, amas de casa, modistas. En casa, de la que una vez tuve que escalar el muro del solar y lanzarme al exterior, en una fuga del cintur\u00f3n materno, hubo un gato rubio que no s\u00e9 de d\u00f3nde lleg\u00f3. Pasaba bueno porque no faltaban las ratas. Y tambi\u00e9n una perra criolla, ocasional, llamada Sultana. Era amarilla clara y ten\u00eda, adem\u00e1s, otra casa, muy lejos de la nuestra. Se turnaba. Y a veces llegaba a medianoche y hab\u00eda que abrirle a las cinco o seis de la ma\u00f1ana para que tornara a su otro hogar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Eran d\u00edas de la Nueva Ola y \u2014como lo supe despu\u00e9s\u2014 de los Beatles. Una noche, en que hab\u00eda una velada en la escuela y para entrar hab\u00eda que pagar, varios nos atravesamos por el cementerio y nos colamos. Un cantante de vestuario colorido estaba interpretando a Mickey Mouse, sobre un tipo que ten\u00eda cara de rat\u00f3n y se conquistaba a todas las chicas. Era una movida canci\u00f3n que daba ganas de bailar. Correteamos entre el p\u00fablico y luego nos salimos. Era solo por demostrar que nada se interpon\u00eda ante una camada de muchachos que sol\u00edan jugar con calaveras, tibias y peron\u00e9s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En aquella cuadra solo pas\u00e9 un diciembre. Lo habitual eran los globos, que poblaban los cielos y en su ca\u00edda todos \u00edbamos a despedazarlos. No se usaban afuera ornamentos ni bombillitos. Los regalos de navidad, aparte de los tradicionales carros \u2014de cuerda, de madera, de lata\u2014 y pistolas de pl\u00e1stico o de fuegos de artificio, eran los aviones y los balones de vejiga. Cuando hab\u00edamos acumulado quereres por aquel paisaje, nos marchamos a otro barrio.<\/p>\n<blockquote><p>Jug\u00e1bamos a los fantasmas y a la resurrecci\u00f3n de los muertos<\/p><\/blockquote>\n<p>Atr\u00e1s qued\u00f3 el cementerio, que tiempo despu\u00e9s fue clausurado. Y el viento fr\u00edo de las noches en que, entre b\u00f3vedas y cruces desmirriadas, jug\u00e1bamos a los fantasmas y la resurrecci\u00f3n de los muertos. Advinieron otras calles, otros muchachos, otras distracciones y no volvimos a saber de misi\u00e1 To\u00f1a ni de aquellos pelados con los que cantamos goles y nos re\u00edamos de la osamenta de aquella \u201cciudad de los acostados\u201d. \u00c9ramos los inmortales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ah, don Antonio, el tendero, una vez se equivoc\u00f3 en la devuelta de un billete de cien y me dio m\u00e1s de la cuenta. Con esa \u201cganancia ocasional\u201d compr\u00e9 un bal\u00f3n de cascos negros. No s\u00e9 si su destino final fue el irse quebrada abajo o perecer, roto y descosido, tras partidos de casi todo el d\u00eda y todos los d\u00edas. En el cementerio no encontramos dientes de oro, pero s\u00ed pr\u00f3tesis plateadas. S\u00ed, parece que aquella cuadra, alargada a la fuerza por los recuerdos, ten\u00eda su encanto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"\"><img decoding=\"async\" class=\" \" src=\"http:\/\/origenes.online\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/cementerio_abandonado_san_andres_de_giles_tumbas3.jpg\" alt=\"Resultado de imagen para cementerio abandonado\" border=\"0\" \/><\/p>\n<p class=\"wp-caption-text; clear: both; text-align: center; float: right; margin: 0 0 0.5em 1em; padding: 4px; background-color: white; border: 1px solid #ccc\">Un cementerio abandonado.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reinaldo Spitaletta, Medell\u00edn, julio de 2019 Ten\u00eda una particularidad: no era una cuadra, sino tres. Tres en una. 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