{"id":16923,"date":"2019-02-11T14:40:56","date_gmt":"2019-02-11T14:40:56","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/?p=16923"},"modified":"2019-02-11T14:40:56","modified_gmt":"2019-02-11T14:40:56","slug":"la-filosofa-de-la-pierna-artificial-apreciacion-sobre-un-perturbador-cuento-de-flannery-oconnor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/la-filosofa-de-la-pierna-artificial-apreciacion-sobre-un-perturbador-cuento-de-flannery-oconnor\/","title":{"rendered":"La fil\u00f3sofa de la pierna artificial (Apreciaci\u00f3n sobre un perturbador cuento de Flannery O\u2019Connor)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Reinaldo Spitaletta, Medell\u00edn, febrero de 2019<\/strong><\/p>\n<p>Con seguridad que te golpea y conmueve e intranquiliza. Lo m\u00e1s probable es que, al leer alguno o todos los cuentos de Flannery O\u2019Connor, al menos por unos momentos, o quiz\u00e1 por toda la vida, como lector ya no ser\u00e1s el mismo. Algo en vos, en tu condici\u00f3n de explorador de la condici\u00f3n humana, quedar\u00e1 alterado. No es para temer. Es para internarse en el conocimiento del mal, el principal recurso tem\u00e1tico de la escritora del sur de los Estados Unidos. La literatura, como ella misma lo advirti\u00f3, no es declarativa. Es para mostrar. Y ella, con creces, muestra aquello que, distinto a una enfermedad, a una patolog\u00eda, es el mal, como una elecci\u00f3n social, como un comportamiento consciente del sujeto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 los personajes de O\u2019Connor buscan un sentido mediante el ejercicio del mal. No todos, claro. Los otros pueden ser las v\u00edctimas, los afectados \u2014a veces, destruidos\u2014, por una carga en la que, si se analiza a fondo, tambi\u00e9n son parte de la culpa. Buscan, digo, un sentido por la existencia, tal vez un lugar en la tierra. En las creaciones de la cuentista y novelista subyace (a veces, como evidencia) la maldad. El ejercicio de esta como una \u201cnecesidad\u201d, como un comportamiento que no rebasa los c\u00e1nones, o las normas, sino que se torna una parte del mundo, otra m\u00e1s, que hay que tener en cuenta. Y sin manique\u00edsmos, y sin caer en trampas morales, el mal se erige como parte del hombre, contra el cual, en m\u00faltiples ocasiones, no hay c\u00f3mo parar y menos desterrar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El mal como una caracter\u00edstica, como una intr\u00ednseca regla comportamental se puede apreciar, por ejemplo, en el cuento <em>Un hombre bueno es dif\u00edcil de encontrar<\/em>. El crimen como parte esencial del modo de ser, de hacer, de entrar en contacto con los otros (aqu\u00ed podr\u00eda recordarse a Max Aub) y que se vuelve paradigma. As\u00ed acaece con el desequilibrado protagonista del relato en menci\u00f3n. En una conferencia que dict\u00f3 acerca del cuento, O\u2019 Connor dijo que un cuento \u201ces una acci\u00f3n dram\u00e1tica completa\u201d y agreg\u00f3 que \u201cen los buenos cuentos, los personajes se muestran por medio de la acci\u00f3n, y la acci\u00f3n es controlada por medio de los personajes\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un cuento, seg\u00fan la autora, debe comprometer de manera dram\u00e1tica el \u201cmisterio de la personalidad humana\u201d, y, en su brevedad, debe ser extenso en profundidad. \u201cLa forma de cada cuento es \u00fanica. Un buen cuento no puede ser reducido, s\u00f3lo puede ser expandido\u201d. Intentaremos ampliar estos criterios en una aproximaci\u00f3n a uno de los cuentos, de hondo dramatismo, de esta artista, cuyos relatos, al decir de Gustavo Martin Garzo, autor del pr\u00f3logo a la edici\u00f3n de cuentos completos en espa\u00f1ol de la escritora nacida en 1925 y muerta en 1964, \u201ctienen el poder supremo de agitar nuestra conciencia\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para el efecto, entonces, se abordar\u00e1 <em>La buena gente del campo<\/em>, uno de los 32 relatos de la autora que dec\u00eda que \u201cel arte es el h\u00e1bito del artista\u201d. En este, por supuesto, el mal, o la maldad, es parte crucial de la intriga y de la trama, aunque aparezca en la parte final del mismo, en un ambiente de aparente tranquilidad campestre, con arrendatarios y due\u00f1os y la presencia de un tipo que es capaz de disfrazar con talento sus intenciones aut\u00e9nticas de ejecutar una maligna acci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el cuento, las mujeres son parte esencial del entorno, de la acci\u00f3n dram\u00e1tica y de la construcci\u00f3n de ambientes. Son ellas las que preparan el terreno para un desenlace que puede parecer una sorpresa, sin anuncios o amarres muy claros, pero con una caracterizaci\u00f3n de unas y del individuo que aparece como una especie de \u00e1ngel del mal y que causar\u00e1 una suerte de cataclismo. El vendedor de biblias es, podr\u00eda decirse como parte de una representaci\u00f3n, un demonio, y su v\u00edctima, una doctora en filosof\u00eda, con una pierna ortop\u00e9dica, es, como bien lo dijo la creadora del relato, una mutilada tanto en lo f\u00edsico como en lo espiritual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/s26162.pcdn.co\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/1406317140320.jpeg\" width=\"327\" height=\"506\" border=\"0\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Flannery O\u2019Connor vista por Dan Murdoch<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el principio, est\u00e1n como parte del planteamiento de situaciones, dos mujeres mayores: la se\u00f1ora Freeman, arrendataria, hablantinosa, y sabrosa para el chisme; y la se\u00f1ora Hopewell, due\u00f1a de tierra y casas, adem\u00e1s la mam\u00e1 de Joy, una muchacha de 32 a\u00f1os, culta, alta y pesada, y que hab\u00eda hecho un doctorado en filosof\u00eda. Y en medio de todo, hab\u00eda una construcci\u00f3n mental, un imaginario, que se refer\u00eda a las maneras de ser de la gente del campo que, de por s\u00ed, seg\u00fan la apreciaci\u00f3n un tanto rom\u00e1ntica y apresurada, era \u201cgente buena\u201d. Ah\u00ed, en esa concepci\u00f3n, se puede encontrar un preconcepto, incluido en los puntos de vista de una universitaria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Hopewell, que, adem\u00e1s por falta de m\u00e1s candidatos, admite como arrendataria a la se\u00f1ora Freeman y su familia, marido y dos hijas, antes le hab\u00eda tocado \u201ctratar con mucha gentuza\u201d. Y antes de los Freeman hab\u00eda tenido un promedio de una familia arrendataria por a\u00f1o. Y, como divorciada, manten\u00eda no solo control sobre la heredad, sino que aspiraba a tener compa\u00f1\u00eda en el campo, porque su hija no estaba para esas faenas, no solo por tener una pierna artificial, sino por una manifiesta hosquedad con la madre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay toda una maestr\u00eda en ir contando, a cuenta gotas, dosificada con criterio, que en nada se parece al suspenso, el por qu\u00e9 la muchacha hab\u00eda perdido una pierna. El asunto de la pierna puede tener la funcionalidad de un s\u00edmbolo, de una met\u00e1fora quiz\u00e1, pero, en esencia, es un motor de la historia, una situaci\u00f3n clave para que pueda haber otras relaciones, diferentes a las de la madre, la arrendataria y la solitaria doctora en filosof\u00eda, que ten\u00eda intereses por teor\u00edas o interpretaciones sobre la nada, o al menos de c\u00f3mo este concepto era visto por la ciencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/s26162.pcdn.co\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/flannery-oconnor-1.jpg\" width=\"232\" height=\"264\" border=\"0\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Flannery O&#8217;Connor con su novela Sangre sabia. <em>Por Debbie Ritter<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aunque no expresada con nitidez, entre la madre y la hija hay una relaci\u00f3n tirante, distanciada. Y en la progenitora se desnudan decepciones acerca de una muchacha que decidi\u00f3 estudiar una disciplina m\u00e1s bien poco pragm\u00e1tica, que mantuvo en estado de pena y desorientaci\u00f3n a la se\u00f1ora Hopewell: \u201cUno pod\u00eda decir: \u201cMi hija es enfermera\u201d, o \u201cMi hija es maestra\u201d, o incluso \u201cMi hija es ingeniera qu\u00edmica\u201d. Uno no pod\u00eda decir: \u201cMi hija es fil\u00f3sofa\u201d. Eso era algo que hab\u00eda terminado con los griegos y los romanos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La capacidad narrativa de la escritora la conduce a ir retardando la acci\u00f3n del desenlace. La va posponiendo, pero sin hacer perder inter\u00e9s al lector. La aparici\u00f3n, puede decirse que la aparici\u00f3n s\u00fabita del vendedor de biblias, es la apertura hacia otros territorios, m\u00e1s en el descubrimiento de facetas impredecibles de la fil\u00f3sofa, que tambi\u00e9n tiene \u00e1nimos de seducci\u00f3n y, tal como se pinta con sutileza, cierto tufillo de superioridad, y m\u00e1s en un nuevo plano de la ficci\u00f3n, que pone a distancia, o aleja en cierta forma premeditada de las escenas m\u00e1s relevantes del relato, a las se\u00f1oras Freeman y Hopewell.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la misma charla sobre <em>El arte del cuento<\/em>, O\u2019Connor dice: \u201cSi ustedes quieren decir que la pierna de madera es un s\u00edmbolo, pueden hacerlo. Pero es, ante todo, una pierna de madera, y en tanto pierna de madera es absolutamente imprescindible para el cuento. Tiene lugar en el primer nivel, literal, de la historia, pero tambi\u00e9n opera en la profundidad, tanto como en la superficie. Prolonga la historia en todas direcciones; y \u00e9sta es, en pocas palabras, la manera por la cual el cuento burla su propia brevedad\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El t\u00edtulo de la obra, que no esconde la iron\u00eda, se vuelve fundamental en la medida que el relato va aclarando las situaciones, el conflicto, la relaci\u00f3n entre los personajes, mientras el narrador, en tercera persona, pero que aparece muy pegado a la se\u00f1ora Hopewell, como si quisiera asumir su punto de vista, va desgranando la mazorca hasta llegar a la cumbre, o el cl\u00edmax, de una maniobra que dejar\u00e1 sin aliento al lector.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No toda la gente del campo es buena. Parece ser una conclusi\u00f3n, o, al menos, una insinuaci\u00f3n, una alerta. Puede haber alguno que, con astucias donjuanescas y bondades impostadas, se robe el ojo de vidrio de alguna ingenua pretendiente o, por qu\u00e9 no, le hurte la pr\u00f3tesis dental. Puede pasar, qui\u00e9n quita. Ah, claro, y no requiere ser un campesino. La maldad es del campo, es de la ciudad. Est\u00e1 en los humanos y en las sociedades que estos han creado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En este y otros cuentos de la estupenda narradora (seg\u00fan Harold Bloom, \u201cla narradora de cuentos m\u00e1s original de Estados Unidos despu\u00e9s de Hemingway\u201d), puede haber reminiscencias de relatos de Ambrose Bierce, y tambi\u00e9n un h\u00e1lito de humor negro, como el que, de otra manera, propon\u00eda O. Henry. El di\u00e1logo, la descripci\u00f3n de hechos, los modos de mostrar c\u00f3mo en medio de un tejido torrencial que desembocar\u00e1 en una burla, en una acci\u00f3n de malevolencia, el clima y el ambiente tienen otra cara, muy diferente a la del farsante que ha dise\u00f1ado toda una fechor\u00eda, un enga\u00f1o: \u201cel cielo estaba despejado y era de un azul limpio\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En efecto, este, como otros cuentos de do\u00f1a Flannery, tiene el poder sobrecogedor de dejarlo a uno en estado de perturbaci\u00f3n, que es una cualidad de la literatura bien cocinada. Como la de esta mujer que ense\u00f1\u00f3 a caminar de espaldas a las gallinas y crio pavos reales en una granja de Georgia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"\" src=\"https:\/\/1.bp.blogspot.com\/-OCkGJfkGAMA\/W8NTtKBBQZI\/AAAAAAAAOuw\/JaWFYCOWnLcVyY8WRhWwDbo1FYgCsMSYQCLcBGAs\/s1600\/IMG_1871.jpg\" alt=\"Resultado de imagen para cuentos flannery o'connor\" border=\"0\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reinaldo Spitaletta, Medell\u00edn, febrero de 2019 Con seguridad que te golpea y conmueve e intranquiliza. Lo m\u00e1s probable es que, al leer alguno o todos los cuentos de Flannery O\u2019Connor, al menos por unos momentos, o quiz\u00e1 por toda la vida, como lector ya no ser\u00e1s el mismo. 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