{"id":16718,"date":"2019-01-07T14:25:56","date_gmt":"2019-01-07T14:25:56","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/?p=16718"},"modified":"2019-01-07T14:25:56","modified_gmt":"2019-01-07T14:25:56","slug":"vivir-por-un-libro-una-memoria-sobre-la-lectura-y-los-libros-al-vuelo-de-la-infancia-y-la-adolescencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/vivir-por-un-libro-una-memoria-sobre-la-lectura-y-los-libros-al-vuelo-de-la-infancia-y-la-adolescencia\/","title":{"rendered":"Vivir por un libro (Una memoria sobre la lectura y los libros, al vuelo de la infancia y la adolescencia)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Reinaldo Spitaletta, enero de 2019<\/strong><\/p>\n<p>No recuerdo el primer libro que le\u00ed (tampoco la primera pel\u00edcula que vi, aunque pudo ser una del Oeste). En casa, en la m\u00edtica infancia, en la que se crean fantasmas y solo se existe para el juego y la imaginaci\u00f3n, hab\u00eda algunos viejos libros de texto que eran aquellos que mam\u00e1 conserv\u00f3 de su paso por las aulas: libros de historia antigua, las ruinas de Palmira, los faraones, otros de qu\u00edmica, cartillas de Bru\u00f1o y desempastadas Alegr\u00edas de leer, geograf\u00edas con continentes gordos y deformes, y no recuerdo ning\u00fan libro infantil. Despu\u00e9s llegaron algunos de <em>Bot\u00e1nica Oculta<\/em>, varios tomos de la enciclopedia <em>El tesoro de la juventud<\/em> y nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/pictures.abebooks.com\/LIBRERIACALLE59\/22581888485.jpg?resize=458%2C704&#038;ssl=1\" alt=\"Resultado de imagen para mosaico de fabulas\" width=\"458\" height=\"704\" border=\"0\" \/><\/p>\n<p>A los Grimm y a Perrault los le\u00ed en la biblioteca p\u00fablica de Bello, donde hab\u00eda una se\u00f1ora, creo que se llamaba Margarita, que nos sacaba a pellizcos cuando nos atacaba la risa por alguna ilustraci\u00f3n o por las historias de Pulgarcito y otras aventuras que, m\u00e1s que todo, nos hac\u00edan soltar carcajadas. Sal\u00edamos, con Alejandro Molina y otros, con risas a granel y algo de sorpresa por el trato o maltrato, a la plazoleta Andr\u00e9s Bello, en la que hab\u00eda urapanes y al frente la urna v\u00edtrea con la choza de Marco Fidel Su\u00e1rez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas, torn\u00e1bamos a la sala infantil a proseguir con las lecturas y las risotadas. Y entonces nos top\u00e1bamos con Esopo y Samaniego y La Fontaine y Pombo\u2026 Y vuelva y comience con la <em>pellizquer\u00eda<\/em> de la do\u00f1a bibliotecaria. Tal vez el primer libro completo que le\u00ed, y ya hab\u00eda pasado la primaria, fue <em>Ivanhoe<\/em>, de Walter Scott, en una edici\u00f3n ilustrada que pap\u00e1 me trajo de uno de sus viajes laborales. Y despu\u00e9s de la <em>Carta a Garc\u00eda<\/em> y relatos aislados de <em>Las mil y una noches<\/em>, las veladas dom\u00e9sticas estuvieron, en una adolescencia agitada, en la que hab\u00eda mucho f\u00fatbol, juegos callejeros, cine y desaf\u00edos a pedradas entre galladas de distintos barrios, adobadas por lecturas m\u00e1s inquietantes. Una, por la de un libro que me regal\u00f3 Chucho, uno de los muchachos de la tropilla de El Congolo: <em>Moulin Rouge<\/em>, de Pierre La Mure, sobre la vida y obra de Henri Toulouse-Lautrec, y otras, por los dos tomos de <em>Las mil y una noches<\/em> que me prest\u00f3 \u00c1lvaro, alias \u00d1embo, y que me tragu\u00e9 en una semana o tal vez dos. Fue entonces cuando descubr\u00ed que mam\u00e1, que era una estupenda narradora oral, ya me hab\u00eda relatado hace tiempos muchos de esos cuentos \u00e1rabes adaptados a su cultura antioque\u00f1a, incluidas arrier\u00edas y colonizaciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, cuando en la casa comenzaron a aparecer libros de escritores estadounidenses (Faulkner, Steinbeck, Hemingway\u2026) y tambi\u00e9n algunos de P\u00e4r Lagervist, Heinrich B\u00f6ll, Kafka y Poe, las noches se hicieron m\u00e1s largas y propicias para las lecturas. Mam\u00e1 a veces gritaba desde su pieza que apag\u00e1ramos el bombillo y recuerdo sus perentorias \u00f3rdenes de \u201cdej\u00e1 de leer tanto que te vas a enloquecer\u201d, pero m\u00e1s le\u00eda uno y ella tornaba con su grito: \u201c\u00a1O apag\u00e1s o voy y pedaceo el foco!\u201d. Y hab\u00eda que posponer la lectura para la noche siguiente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/sinalefa2.files.wordpress.com\/2014\/05\/whale_col_small.jpg?w=800\" alt=\"Resultado de imagen para simbad el marino\" border=\"0\" \/><\/p>\n<p>La casa y la escuela (y, en mi caso, tambi\u00e9n el barrio) eran como huertas, donde se abonaban las ganas de mil cosas, pero, en particular, las de descubrir, las de tener intenciones de aprender dis\u00edmiles asuntos, como los de inmiscuirse en lo que los libros dicen y proponen, con historias y peripecias. No se me han olvidado los relatos babil\u00f3nicos y las gestas de acadios y asirios, ni los experimentos con una campana y un p\u00e1jaro asfixiado, ni los filtros de Paracelso. Y aquellos intentos de acercar las estrellas o tener nociones de un gran mentiroso como el bar\u00f3n de M\u00fcnchausen en selecciones que se hac\u00edan en aquella enciclopedia de pasta dura verde botella en las que hab\u00eda desde poemas de Poe hasta notas sobre la Ilustraci\u00f3n y pr\u00f3ceres de distintas batallas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 el bautizo para la lectura estuvo en la cuna, cuando, seg\u00fan supe despu\u00e9s, hab\u00eda cantos y rimas y recitaciones de poemas que despu\u00e9s jam\u00e1s he vuelto a escuchar, como uno denominado <em>Salutaci\u00f3n a Am\u00e9rica<\/em> y tambi\u00e9n las rimas de B\u00e9cquer y todo en la voz de la se\u00f1ora rubia que luego, en noches y ma\u00f1anas, nos cont\u00f3 aventuras de T\u00edo Conejo y Sebasti\u00e1n de las Gracias y nos deton\u00f3 la imaginaci\u00f3n con su voz particular de Scheerezada antioque\u00f1a, con los viajes de Simbad el marino y zocos persas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Creo que por aquellos a\u00f1os, los de la educaci\u00f3n sentimental, los de calle-casa-escuela-pelota-barrio, la lectura flu\u00eda sin obligaciones y como una condici\u00f3n natural, sin pretensiones ni imposturas. No era para posar sino para sentir el vuelo, los sonidos, las palabras, los ritmos, la m\u00fasica. Vocales y consonantes nos prolongaron los sue\u00f1os y nos vistieron con los trajes de cenicientas y las desnudeces de fantasmas que ya no asustaban. S\u00ed, eran el libro, las letras, los cuentos y f\u00e1bulas partes de una manera de ser, de vivir, de estar en crecimiento sin saber en teor\u00eda qu\u00e9 era la infancia ni la adolescencia. Un flujo com\u00fan. Un tr\u00e1nsito hacia los asombros y los hallazgos. No recuerdo que nos dijeran que hab\u00eda que leer. Se le\u00eda, as\u00ed como hab\u00eda que desayunar o ir a asaltar fincas suburbanas en busca de naranjas, mangos y ciruelas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.olanetaeditor.com\/wp-content\/uploads\/JuguetesInstructivos-316x496.jpg?resize=162%2C255&#038;ssl=1\" alt=\"Resultado de imagen para cofres cuentos de calleja\" width=\"162\" height=\"255\" border=\"0\" \/><\/p>\n<p>No solo al cine y a la primera maestra, do\u00f1a Rosa Bother, y despu\u00e9s a \u00c1lvaro S\u00e1nchez, el <em>profe<\/em> de espa\u00f1ol y literatura que nos hac\u00eda memorizar poemas, recitarlos ante el resto de condisc\u00edpulos, y leer algunas cr\u00f3nicas de Azor\u00edn, les debemos el amor ilimitado por leer, sino, claro, a las aventuras de peri\u00f3dicos con c\u00f3mics como Tarz\u00e1n y El Fantasma, a las revistas mexicanas y chilenas, al Reyecito y Mandrake, a los luchadores como El enmascarado de plata y Neutr\u00f3n, y una colecci\u00f3n de peque\u00f1os cuentos que editaba Saturnino Calleja, albergados en cofres met\u00e1licos muy pintorescos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y digo al cine, porque tras ver tanto western, y pel\u00edculas de capa y espada, y a Ulises, y a Perseo el Invencible, y a H\u00e9rcules, y a Maciste, y todos los gladiadores, y a los pistoleros como Wayne y Cooper, y las diligencias, a los indios que cuando ca\u00edan de sus caballos la griter\u00eda en el teatro era como si se cantara un gol (algo hab\u00eda en esos filmes de colonialismo, de discriminaciones, de despojo cultural, pero eso lo supimos mucho despu\u00e9s). Y entonces, en los intercambios o trueques, con papa rellena y aj\u00ed picante incluidos, en las antesalas de los teatros, estaban Marcial Lafuente Estefan\u00eda y sus novelitas del Lejano Oeste.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y luego, el mundo adulto, m\u00e1s complejo, y ya perdida la inocencia, nos condujo por otros textos y caminos. Y vino la sofisticaci\u00f3n. La lectura en varios niveles. El an\u00e1lisis y el pensamiento. Y la cr\u00edtica. Y todo lo que en rigor debe tener una \u201cseria\u201d manera de enfrentar libros y autores. Y cada uno de aquellos que habitamos hace a\u00f1os la misma casa, y escuchamos a la misma madre, y luego tuvimos diversos maestros, fuimos haciendo la biblioteca personal. Creo que les ha pasado a muchos. Nada del otro mundo. Pero s\u00ed hay en esas formaciones (otros dir\u00e1n deformaciones) de criterio, de car\u00e1cter, de memoria, un ejercicio, tal vez simple y en cierto modo natural, de querer los libros, sin tenerlos en ning\u00fan nicho sacrosanto, pero con la certeza que en ellos hay tesoros y son albergue de m\u00faltiples deslumbramientos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La lectura es una apertura a la inteligencia, a la imaginaci\u00f3n, a convertirse en otros, a caminar-volar-nadar-explorar-bucear- por lo m\u00e1s oscuro y lo m\u00e1s luminoso de los humanos y sus circunstancias. El lector puede ser como un devoto, un peregrino, un m\u00edstico, una suerte de empedernido auscultador de almas. Y tendr\u00e1 al libro como un preciado material que no le calmar\u00e1 su sed de saber, pero har\u00e1 que la lengua se le seque. Un libro es para aumentar las ganas; no para calmarlas. El escritor, fil\u00f3sofo y autor de canciones, Manlio Sgalambro, el del <em>Tratado de la impiedad<\/em>, expresa una inquietante certeza: \u201cPuede que s\u00f3lo por eso merezca la pena existir, por leer un libro, por ver los inmensos horizontes de una p\u00e1gina. \u00bfLa tierra, el cielo? No, s\u00f3lo un libro. Por eso, muy bien se puede vivir\u201d.<\/p>\n<figure class=\"wp-caption alignnone\"><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/i.pinimg.com\/originals\/d0\/8f\/fd\/d08ffd934cf7592cae806fdb5dcf1f53.jpg?w=800&#038;ssl=1\" alt=\"Resultado de imagen para libros arte objeto\" border=\"0\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Un libro es un pasaporte a la cultura, la imaginaci\u00f3n y la inteligencia.<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reinaldo Spitaletta, enero de 2019 No recuerdo el primer libro que le\u00ed (tampoco la primera pel\u00edcula que vi, aunque pudo ser una del Oeste). 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